Disclaimer: Repito, Inuyasha no me pertenece, todos sus derechos son íntegramente de Rumiko Takahashi y no pretendo conseguir ningún lucro con mis escritos, la historia es solamente para entretener y la trama es mía C:
De lo malo siempre se puede sacar algo bueno
Me aferraba con vehemencia a él, estrujando con desesperación el kosode de él. No intentaba nada más, solamente disfrutaba de la cálida cercanía con mi amado. Sin embargo no podía evitar sentirme escandalosamente nerviosa, y estaba segura que sus mejillas ardían. En un pequeño vistazo me di cuenta de donde estábamos y reparé en la pequeña lluvia de agua que caía sobre ellos. Me sentí aún más nerviosa al darme cuenta con que estaba cubierta, lo cual me llevó a la conclusión de que debajo de esa prenda no llevaba nada; sin embargo no sentí miedo, solo nerviosismo y una abrumadora timidez.
Tenía los ojos cerrados, aspirando con tranquilidad la agradable fragancia que despredía Inuyasha, mi cuerpo y mi mente me avisaban que era peligroso mantenerse en esa situación; pero el corazón le decía que se negara a escuchar.
Cuando las manos de Inuyasha subieron a mi cabeza, para levantarme. En definitiva no se esperaba que me besara. El beso comenzó lento, cautivador, tierno; pero a medida de los segundos su intensidad subió notablemente. Las garras de él se enterraron en mi cabello mojado, enredándose en él, erizando hasta el último vello en mi nuca. Tan distraída estaba que no me di cuenta como Inuyasha introdujo su lengua en su boca; hasta que ésta comenzó a acariciar la suya, iniciando un duelo encarnizado dentro de mi cavidad.
Sin poder hacer nada más, enredé mis brazos en el cuello de Inuyasha, abrazándolo, atrayéndolo aún más a mí, para profundizar tal beso; dejando escapar uno que otro gemido cada vez más alto. Cuando debimos separarnos para respirar, Inuyasha me miraba con unos ojos oscurecidos y con las pupilas dilatadas, dándole un toque peligrosamente sensual. Sin darme tiempo para recuperarme, volvió a lanzarse sobre mí, repitiendo aquel acto. Pero esta vez no se limitó a mí boca, inició un camino exquisito, viajó por mi mejilla, el pómulo hasta llegar al mentón, donde lo delineó con la lengua; acto que sin lugar a dudas fue lo más erótico que había sentido en mi vida.
Me retorcí incansablemente, soltando profundos suspiros, hasta que él comenzó a besar mi cuello, y aquel fue el límite de mi resistencia. Gemí, gemí arqueándome contra él, como si me estuviera quedando sin aire y fuera a morir en cualquier momento
Me sentía rendida, rendida al placer, pero sin sentirme del todo satisfecha, encontré que no era justo que solamente él tuviera diversión. Me enderecé sintiendo su gruñido en protesta, quizás pensaba que me había arrepentido. Llevé mis manos a su nuca, acariciando su sedoso cabello, que se encontraba ligeramente enmarañado. Escuché como él respiró aún más fuerte contra mi cuello, yo sonreí ante esto. Seguí mi camino por su cabeza, hasta encontrar mi objetivo, sus afelpadas orejas. Las capturé en una caricia lenta, buscando estimularlas y saciar mi curiosidad por que tanta era su sensibilidad.
Para mi sorpresa, Inuyasha gimió en el momento que comencé a masajearlas y al continuar con la caricia, comenzó a ronronear y a gruñir suavemente contra mi garganta. Y antes de que pudiera hacer nada, su brazo izquierdo me aferró con mayor firmeza a su cuerpo, subió su boca hasta la mía, besándome de nuevo, compartiendo conmigo su aire caliente y pesado.
Mis manos pierden la timidez y bajan de sus orejas hasta el borde de su kosode, abriéndolo con torpeza e impaciencia. Me siento frustrada casi al acto al notar como la maldita prenda se mantiene en su lugar sin moverse siquiera. Un ligero gruñido de mi parte distrae de su deliciosa tarea a Inuyasha, que era besar mi cuello y se ríe entre dientes. Pensaba decir algo respecto a esa estúpida risa, cuando él se levantó para quitarse los pantalones.
Toda la valentía y la impaciencia que sentía hasta el momento, se me cayeron hasta los pies. Pero al ver como el mantenía su kosode, que le llegaba hasta las rodillas me sentí más tranquila. No era como si me negara a llegar a ese paso, pero tampoco quería que pareciera que me urgía, aunque en realidad era así…pero no era necesario que él lo supiera ¿verdad?
Me quedé quieta esperando alguna reacción de su parte y no protesté cuando él volvió a apresarme entre sus brazos con ternura, besándome de nuevo en los labios y retornando su camino por mi cuello. Pero esta vez no se limitó a eso, sus manos paseaban con libertad por toda mi espalda, creando sensaciones electrizantes, que me hacían perder cada vez más la cordura.
De nuevo atrapé sus orejas torturándolas con mis caricias lentas, y él en respuesta, coló su mano por debajo de su haori, acariciando mi abdomen y la piel circundante a mis senos desesperándome. Alejé mis manos de sus orejas, repitiendo la misma hazaña que él, pasando mis manos por debajo de su kosode, acariciando sus marcados pectorales, arrancándole deliciosos suspiros a mi acompañante.
Me sentía orgullosa de causarle estas sensaciones a él, a Inuyasha, ya que estaba segura que Kikyou jamás lo habrá hecho, y esta será una diferencia aún más marcada para volvernos cada vez más lejanas. La mano de Inuyasha dejó de torturarme y subió hasta mis pechos, rozándolos con una lentitud martirizante. Sin poder evitarlo me arqué casi al instante, sintiendo en mi cuello una sonrisa arrogante de su parte.
En un segundo me había despojado de la prenda que me cubría y me había dejado al completo descubierto frente a sus hambrientos ojos. El ver como sus pupilas dilatabas brillaban con malicia me hizo creer que era la mujer más bella, o al menos a sus ojos. Sus manos volvieron a capturar mis cumbres y las apretaron delicadamente, robándome un gemido más.
Cuando su boca bajó lo suficiente para alcanzar el botón que coronaba mis pechos; sentí que perdía toda la cordura que me quedaba en ese momento. Y al sentirle succionar en ese lugar, me olvidé de hasta mi nombre, me olvidé de todo excepto del hombre que me causaba estas nuevas sensaciones.
—Inuyasha…—gemí sin poderme contener. Sentí como el sonreía aún en su erótica tarea y dejaba ese pezón para pasar al otro, causando la misma reacción en mí.
Sin poder esperar más, aferré mis manos con fuerza a las solapas de su desarreglado kosode y como pude comencé a abrirlo. Al deshacer el nudo que lo mantenía en su lugar no pude evitar dejar salir una sonrisa de satisfacción. Cuando pretendía despojarle por completo de esa prenda molesta; sus manos aprisionaron las mías. Mientras él sin mucha dificultad se deshacía de ella, dejándola congelada.
De manera inevitable su cara se pobló de un notable sonrojo, que hizo que casi soltara un chillido de exaltación. Inuyasha me miró nervioso, como si temiera una reacción desfavorable de mi parte. Sin saber bien de dónde sacaba tantas agallas, me acerqué a él y pasé mis brazos por sus hombros, acariciando toda su espalda, hasta llegar a su cintura, donde me aferré con fuerza aprisionándolo en un fuerte abrazo.
Mi nerviosismo era palpable, además no era como si tuviera alguna experiencia en esto. De hecho creo que Inuyasha sabe que él será el primero, como lo ha sido siempre, el primero en abrazarme, besarme y enamorarme y algo me hace pensar que será el último. No tuve mucho tiempo para seguir pensando, cuando la mano de Inuyasha tuvo contacto con mi lugar tan privado. Arrancándome un profundo gemido y un gritillo de exaltación.
Era más grande de lo que esperaba, y la verdad me causó algo de miedo la posibilidad de no poder recibirlo. Inuyasha pareció darse cuenta que yo mantenía mi mirada fija en ese lugar de su anatomía, por lo que cerré mis ojos con fuerza sintiéndome avergonzada. Él capturó mi rostro entre sus fuertes manos, besándome con ternura, quizás intentando esfumar mis miedos.
Sin poder hacer nada más, enterré mi cabeza en la cuenca que formaba su cuello, respirando la seductora fragancia a bosque mojado que desprendía. No podía evitar retorcerme en ocasiones entre sus brazos. Cuando él enterró su cabeza entre sus pechos y ronroneó ligeramente me vi obligada a sostenerme de sus hombros porque sentía que las piernas no me respondían. Respiraba pesadamente sintiendo como en cualquier momento mi corazón saldría disparado de mi tórax. Mis mejillas ardían y sentía como el lugar entre mis piernas se humedecía cada vez más debido a su tacto.
La piel de Inuyasha se sentía tan bien pegada a mi cuerpo, con mis manos temblorosas recorrí sus brazos y su espalda, hasta llegar a su pecho, donde lo acaricié con mayor insistencia. Éste era el lugar que más acostumbrada estaba a ver. Pero me encantaba poder verlo sin necesidad de curarlo por terribles heridas y admirarlo libre de cicatrices o cortes. Era perfecto.
—Inuyasha…aquí no—logré suspirar al sentir como él me posicionaba para lo que vendría—Inuyasha pareció entender y me levantó en brazos. Al sentir que estábamos de pie, giré hacia la pared, cerrando la llave del agua; para después girarme a mirarlo con intensidad.
Vamos a mí recámara. Él asintió al momento, agachándose para recoger las ropas que había terminado echas jirones en una esquina de la ducha. Las colocó en su brazo y sin demoras salió del baño. Quise hacer el camino menos incómodo, por lo que empecé a acariciar con lentitud su pecho, sintiendo como la piel debajo de mis dedos se erizaba. Sin poder evitarlo mi pecho se hinchaba de orgullo. Solo yo puedo causarle estas sensaciones a Inuyasha. No Kikyou no nadie más…después de esta noche él sería mío y de nadie más.
Cuando terminamos de subir las escaleras y logré ver la puerta de mi recámara, de manera casi inconsciente me acerqué más a él. Inuyasha acariciaba suavemente el hombro por donde me tenía sujeta. Dicho tacto me mantenía bastante relajada.
Cuando su mano tomó el picaporte, la mano con la que me sujetaba temblaba ligeramente, como si se sintiera nervioso. Yo lo miré, pero desde la posición en la que me encontraba solo veía su mandíbula que se encontraba tensa al igual que su cuello. Levanté mi mano derecha para alcanzar su mejilla y la acaricié suavemente. Otorgándole mi consentimiento para continuar.
Él sonrió en respuesta y terminó de abrir la puerta, para después entrar y cerrarla después. Yo me giré antes de que avanzara y puse el cerrojo. Inuyasha me miró al notar esto y me sonrojé profusamente.
—No quiero que haya la posibilidad de interrupciones—señalé sin poder controlar el ardor en mi cara. Él se sonrojó también al recibir dicha respuesta y sin más me colocó sobre mi cama. Yo me sonrojé al notar como cierta parte de su cuerpo aún estaba emocionaday por tanto evité mirarlo. Sentí como él se sentaba al lado mío y pasaba su brazo tras mis hombros y por fin reaccioné, girándome hacia él besándolo con pasión.
Inuyasha correspondió sin problemas mi beso, y aferró con posesividad mi cintura acercándome a él. Sentía como mis mejillas ardían aún más por ser tan desvergonzada en mi actitud, pero…la verdad es que también yo quería disfrutar. Cuando mi lengua entró en su boca supe que habíamos retomado el camino correcto.
Inuyasha me fue inclinando cada vez más hasta que mi espalda tocó el colchón y él se colocó encima de mí. Sus piernas estaban a los lados míos sosteniendo su peso ayudado por sus brazos que estaban apoyados al lado de mi cabeza. Cuando yo lo abracé con mayor ímpetu acercándolo más Inuyasha hizo lo mismo capturando mi cabeza entre sus manos recargándose ligeramente en mí, permitiendo que nuestras intimidades se rozaran.
Ambos gemimos al acto, y las manos de él se pusieron de nuevo inquietas, recorriendo mi estómago y mis senos, para bajar hasta mis caderas donde mantuvo sus manos sosteniéndolas. Me sentí nerviosa ante este acto, sabiendo el porqué las inmovilizaba, una de sus manos bajó un poco más, acariciando mi retaguardia y al final llegó a mi centro; logrando que soltara un grito ahogado enterrando los dedos en sus hombros.
Inuyasha parecía disfrutar de hacer eso, ya que comenzó a mover su mano con mayor rapidez estimulando mi seno izquierdo con su mano libre. Mi rostro ardía por lo sonrojada que estaba y no me preocupaba en bajar el tono de mis gemidos. Aferraba con fuerza a Inuyasha sintiendo como si no pudiera sostenerme, resistiendo el reflejo de cerrar las piernas para alejar su mano de allí. Inuyasha buscó distraerme buscando mis labios, cosa que yo acepté gustosamente.
Sin poder resistirme, dejé que mi mano derecha vagara por el cuerpo de Inuyasha. Recorriendo los marcados músculos de sus brazos y espalda, pasando por sus abdominales perfectamente esculpidos. Y cuando llegué a mi objetivo ahora fue el turno de Inuyasha de gemir. Mi mano envolvió temblorosamente su miembro, temiendo lastimarlo o parecer pervertida. Pero las reacciones de Inuyasha me decían que no iba tan perdida. Por lo que continué acariciando aquel lugar, explorándolo.
Al escuchar un ligero gruñido de su parte me detuve y levanté mi mirada observándole fascinada. Sus ojos se encontraban oscurecidos, con las pupilas fuertemente dilatadas, su cabello revuelto y todo su rostro sonrojado por la actividad. Definitivamente era una visión que ni en un millón de años olvidaría.
Sus manos se colocaron en mis piernas, separándolas ligeramente. Yo ante esto en reflejo opuse resistencia cerrándolas. Inuyasha ante esto me besó con intensidad de nuevo, abriéndolas de nuevo y esta vez lo obedecí dejando que él se colocara entre éstas. Sus brazos volvieron a mi cintura acercándome a él levantándome ligeramente. Me sentía nerviosa, verdaderamente nerviosa.
—E…¿estás segura de esto Kagome?—preguntó dificultosamente, respirando con fuerza. Yo abrí los ojos ante su pregunta y lo encontré mirándome a los ojos.
—Si Inuyasha, estoy…segura—murmuré de manera casi ahogada por la intensidad de las sensaciones. Él me miró un poco más, buscando algún rastro de duda en mis ojos, para al final asentir y cerrar los ojos, acto que reproduje al instante. Busqué sus labios con desesperación y él me correspondió con mayor intensidad, frotándose un poco contra mi entrada, gimiendo al unísono.
Sin separar sus bocas en ningún momento, él comenzó a entrar con cuidado. Al instante sentí dolor ante la intromisión, por lo que me aferré a él dejando escapar un quejido. Inuyasha continuó entrando hasta que sentí que topaba con mi barrera, tragué con lentitud, sabiendo lo que vendría y sin esperarlo Inuyasha terminó de entrar de golpe en mí, causándome un tremendo dolor.
Sin poder evitarlo rompí el beso que manteníamos y enterré las uñas en su espalda retorciéndome debajo de él. Dolía y dolía mucho, sentía como si me estuviera desgarrando por dentro. Unas lágrimas corrían copiosas por mi rostro, siendo secundadas por sollozos. Inuyasha me miró culpable ante esto y empezó a besar mi cara, manteniéndose quieto.
—Pe…perdón Kagome, no debí ser tan brusco—murmuró Inuyasha recogiendo con sus labios mis lágrimas. Repartiendo después pequeños besos en mi boca. Cuando el dolor fue disminuyendo hasta volverse solo un fuerte ardor, decidí que no era justo para Inuyasha el estarse obligando a detenerse. Podía sentir que estaba conteniéndose, al notar la tensión en sus brazos, y los ligeros temblores que tenían estos.
Por lo tanto moví mis caderas un poco, señalándole que podía continuar, casi me retracté al instante. La fricción que causó en ese momento me tentó a obligarlo a salir en ese momento, pero el amor que sentía por él me obligó a continuar. El rostro de Inuyasha estaba enterrado en la unión de mi cuello y mi hombro, respirando con dificultad.
Poco a poco sentí que los suaves movimientos de Inuyasha comenzaban a ser menos dolorosos. Dejando atrás el dolor que me causó al principio. Por lo cual más recuperada comencé a mover mis caderas contra él, sintiendo como sus movimientos ayudaban cada vez más a que la unión se sintiera cada vez más placentera.
En poco tiempo los suaves movimientos se convirtieron en fuertes embestidas, el aire a nuestro alrededor se volvía cada vez más difícil de respirar y nuestros cuerpos se esforzaban en aún recordar el siquiera respirar. Mi mente estaba completamente en blanco, había olvidado por completo todo y solamente me dejaba hacer, me aferré con mayor ímpetu a los fuertes hombros de Inuyasha y me preparaba para el final.
En mi vientre bajo se acumuló toda la tensión y sentía como si en algún momento fuera a explotar, mis jadeos eran incontrolables, siendo solamente superables por los roncos gruñidos de parte de Inuyasha. El ritmo que llevábamos aumentó e Inuyasha comenzó a lamer la carne entre mi hombro y mi cuello, distrayéndome aún más.
Y entonces sucedió, mi paredes internas se contrajeron otorgándome un placer exquisito, que me hizo sentir como si mi alma se hubiera separado de mi cuerpo y estuviera alcanzando el cielo con la punta de mis dedos. Me arqué de manera inconsciente contra Inuyasha, y escuché el atronador gruñido de placer que el emitió, al igual que el líquido caliente que se esparció en mi interior terminando de subirme al séptimo cielo. Mi viaje hubiera durado más de no ser por la sensación de una fuerte mordida en mi desprotegido hombro logrando bajarme de golpe del edén en donde me encontraba.
Me sentí de verdad enfadada, hubiera sido perfecta la experiencia de no haber sido por esa atroz mordida en mi pobre cuello. ¿A qué venía eso?
Sin poderlo evitar sollocé ligeramente, escuchando unos pequeños susurros de su parte, mientras lamía mi reciente herida con culpabilidad. Los suaves gemidos de su parte me hicieron cierta gracia, sonaba como un perrito regañado. Sin tener tiempo para hacer nada, él se enderezó capturándome en sus brazos; atrayéndome hacia él, colocando su mentón sobre mi cabeza, aspirando mi aroma recargándose en la cabecera aún sin salir de mí.
—Kagome, te juro que lo nuestro aún puede salvarse y te lo demostraré, más aún que estamos más unidos que nunca—murmuró acariciando mi revuelta cabellera, sentía mis mejillas hirviendo, no es como si después de esto aún sintiera vergüenza de estar así con él. Sin poder hacer nada más, me acurruqué en su pecho, buscando la tranquilidad que tanta falta me hacía, no solo para mi cansado cuerpo, si no para mi preocupado corazón.
¡Hola!, de veras me disculpo por la tardanza, pero pues es que…pfff en realidad no se que carajos me pasó, pero aquí estoy reportándome. Es mi primer lemon y como podrán notar este fic siempre es el conejillo de indias, fue el primero en ser escrito y el primero en tener contenido erótico. Espero haber logrado cumplir sus expectativas y dejarles bien el hilo de la historia. Espero para la próxima no tardar tanto. Mmmm no estoy segura, pero debo decirles que a este fic le queda poco tiempo de vida, creo que solo se vendrán tres capítulos más y pues se acabará.
Es algo triste, pero bueno, algún día debía de terminar….
Por favor espero sus comentarios, me encantaría conocer sus opiniones C:
(Creo que recibirás algunas amenazas de muerte y bastantes reclamos)
-.- lo sé Kimiko, pero pues nada hay que hacer
PD: Espero pronto continuar mis otras historias, pero la inspiración es así a la musa le gusta burlarse de mí de vez en cuando XD
Besos…
