Disclaimer: No me pertenecen los personajes, son de Jeff Davis y en lo que corresponda a la cadena CBS y ABC. Las canciones tampoco, sólo me pertenecen las ideas que surgen al escucharlas.

A/N: Podría estar en el mejor espectáculo, en medio de la crema y nata política, pero había cosas que para Prentiss valían más la pena.

Interrupciones

Capítulo 10

Los vestidos de noche parecían motas de colores brillantes bajo las luces del vestíbulo del Kennedy Center, antes de entrar a la Gala de Tenores organizada en beneficio de los veteranos de guerra. El programa era atractivo, las piezas más conocidas de las óperas populares serían cantadas por tenores de todos los continentes.

La embajadora Prentiss estaba acompañada por su hija, como era usual en este tipo de funciones. La señora Prentiss portaba un Carolina Herrera de la temporada otoño, cubierto del escote, con tela vaporosa estampada con motivos marítimos, emulando olas en tonos azules grisáceos montadas en fondo negro. La hija, portaba a la misma diseñadora, pero ella lucía un escote que permitía apreciar su cuello largo, blanco, casi marmóleo por el poco sol que recibía, sin embargo, no era tan bajo como para descubrir el tatuaje que tenía en su seno izquierdo. En su caso, la tela no era vaporosa, era lisa en azul muy obscuro, y la parte del talle hacia abajo, tela con estampados, que en su caso, daban la impresión de ser nubes en distintos tonos, grises, azules, blancos, con fondo azul tan obscuro como el usado en el torso. Ambas llevaban unas muy elaboradas chalinas que les cubrirían de las inclemencias del tiempo al salir del espectáculo. Iban escoltadas con el asistente y guardia personal de su madre, el Sr. Dreyfuss.

Tomaron asiento en la quinta fila, no al centro, pero sí bastante cerca para apreciar todo lo que se desarrollaba en el escenario. Como era usual, ambas mujeres se sentaron juntas, y atrás, en las filas pegadas al pasillo de acceso, se sentó el caballero de cabello gris, Sr. Dreyfuss, que tenía ocupaciones específicas con la embajadora, pero igual era confidente de Emily Prentiss. El espectáculo empezó puntual, se hizo una presentación breve sobre el objetivo de la función y se agradecía a todos los asistentes por sus donaciones a la causa. El primero en presentarse fue un tenor canadiense, cantando la pieza más conocida de la obra del Barbero de Sevilla, de Rossini. Aparentemente la joven Prentiss parecía estar enfocada en la representación, entendía perfectamente el italiano, su adolescencia la había vivido en Roma, en donde su madre hacía funciones de embajadora. Sin embargo, el Sr. Dreyfuss notó que de vez en cuando inclinaba la cabeza discretamente hacia su regazo.

La agente de cabello obscuro hizo todo lo posible por disimular, pero quien fuera observador hubiera notado que en esta ocasión Emily no había guardado su celular en la cartera, desde la compra de los vestidos lo trajo siempre a la vista, y en todo momento de la gala, estaba en sus manos o su regazo. Lo había puesto en modo vibrador, por eso quería tenerlo cerca, donde pudiera percibir si llegaba un mensaje o una llamada. Quería saber qué sucedía con JJ, pero, por otro lado, sabía que lo más sano era darle espacio, no acosarla, no acorralarla, era su momento de decidir, por ella y por su hijo, así que no le marcaría ella, no deseaba interrumpir ningún evento de la responsable de comunicaciones de la Unidad. Sin embargo, no podía negar su ansiedad por conocer qué pasaba en esos momentos, ¿ya habría hablado con Will? ¿a qué arreglo llegarían? ¿qué le diría Jennifer? ¿cómo respondería Will? ¿qué pasaba por la mente y el corazón de Henry?. Para tranquilizarse puso una foto de Jennifer como pantalla bloquedora de su teléfono móvil, al menos así tendría el consuelo de ver su rostro.

Al finalizar la pieza aplaudió, como correspondía. Se presentó al siguiente intérprete, y las inclinaciones de su cabeza, continuaron. Anunciaron la primera pausa del espectáculo. Los asistentes se pararon para descansar, pero sobre todo, para mezclarse con los invitados y socializar, era una buena oportunidad para conocer las últimas novedades no oficiales de la política exterior e interior del país. La embajadora permitió que se acercaran algunos caballeros con sus señoras, la joven Prentiss simplemente dio espacio para que su madre hiciera despliegue de sus habilidades políticas. A ella esto no le interesaba, y no lo consideraba útil por más que la embajadora le insistía en que sería una buena plataforma para su carrera. A la hija le gustaba su trabajo, se había hecho un nombre por sí misma, y últimamente, una rubia ocupaba más su mente y su corazón que su propia carrera.

- ¿Quién es la afortunada que roba tu atención, Emily?

Le dijo en tono paternal el señor Dreyfuss a la agente especial. Sin poder evitar sonrojarse, la mujer de cabello obscuro sonrió y vio el rostro del leal servidor de su madre.

- Siempre me sorprende cómo es que puedes descubrir cosas de las que mi madre ni se entera estando yo a su lado.

El guardaespaldas experimentado soltó una risita.

- Haz mejorado tus habilidades para evadir responder mis preguntas, ragazza.

Ahora era la joven Prentiss la que reía levemente, halagada al ser reconocida por tan experimentado asistente.

- ¿Cómo te diste cuenta?

- Tal como tú te das cuenta de los sospechosos que atrapas: observando; en intervalos de tiempo, cuando creías que las luces podrían cubrirte, te agachabas a ver tu celular, donde, supongo, tienes una imagen de la persona que extrañas y con la que deseas estar en lugar de pasarla entre la rancia comunidad de políticos aquí presentes.

- Le diré a mi madre que le dijiste rancia.

Dreyfuss rio.

- No más rancia que yo, y sé que no se lo dirás, excepto hagas un berrinche como cuando niña, para llamar su atención, y señorita, hace mucho que dejaste esas edades.

- Y también ya aprendí que es inútil tratar de llamar la atención de mi madre, a estas alturas, lo que me interesa más es que me deje en paz. La asistencia a estos eventos es un precio justo porque no me busque el resto del año.

Le dijo en tono amargo, guiñando el ojo a su confidente, que bien comprendía de lo que hablaba, pues había sido testigo de muchos episodios tristes y violentos entre ambas mujeres. Repentinamente Emily percibió la vibración de su celular que traía en la mano, por su rostro cruzó un gesto casi imperceptible de decepción, no era la rubia que esperaba; verificó de un vistazo que era Penélope quien le hablaba.

- Prentiss…

Ni siquiera la dejó terminar, una amiga apurada le cortó toda posibilidad de cortesía.

- Princesa, necesitamos que el escuadrón de amigas esté reunido, JJ…

Emily fruncía el ceño ante las palabras apuradas de García, tratando de entender lo que le decía, pero cuando escuchó el diminutivo de JJ, cortó el hilo de palabras de su interlocutora.

- ¿Qué le pasó a JJ?

Dijo en el tono más controlado posible, pero denotando apuro.

- Mi ahijado, ella no, está hospitalizado en Quantico.

- ¿Henry? ¿Qué le pasó?

- Él...

Prentiss observó al asistente de su madre, no dejó que Penélope le dijera más, la interrumpió en plena frase, no quería perder tiempo.

- Luego te marco, voy en camino.

Dreyfuss le prestó atención, algo no estaba bien y estaba dispuesto a ayudarla en lo que pudiera.

- Por favor, necesito que me lleven al hospital de Quántico.

- ¿Una amiga?

Ofreció el asistente de su madre.

- Su hijo, está hospitalizado

Voltearon a ver a la embajadora que estaba a punto de regresar a su asiento. Sonrió amargamente.

- Será una de las tantas cosas que luego tendrá que disculparme.

- Yo te cubro, no te preocupes. Te estarán esperando en la puerta.

Le dijo el viejo asistente, mientras marcaba al chofer para que esperara a la joven Prentiss en la entrada del recinto y la llevara al hospital al lado de su amiga. Dreyfuss seguía teniendo un toque especial para elegir al personal que trabajaba para su madre; el chofer de la limusina encontró la ruta más rápida para llegar al hospital. Emily trató de marcarle de nuevo a su amiga técnica especialista en sistemas, pero la mandaba al buzón, repentinamente vibró su teléfono. Era mensaje de García.

- JJ no sabe que vienes, Henry fue quien pidió que vinieras, no pude resistir sus súplicas.

La agente de cabello obscuro no entendía nada, pero lo sabría al llegar al hospital, debía saber qué había pasado con su pequeño cómplice.

- ¿Necesita algo más, señorita Prentiss?

Le dijo el chofer dejándola justo enfrente de la entrada al área de emergencias.

- No, gracias, Paolo, con que soporten los enojos de mi madre por abandonarla en medio de la función, es suficiente.

Paolo tocó su gorra característica de chofer y le dio una sonrisa amable a manera de despedida. Sin tomar en cuenta las miradas de sorpresa y de envidia por su atuendo, Emily apuró su paso por el corredor para llegar al módulo de información, ahí le indicaron cómo llegar al piso de pediatría. Jennifer estaba en el pasillo, platicando con la pedíatra que atendía a Henry, de pronto, escucharon pequeñas expresiones de sorpresa que interrumpieron su conversación, las dos mujeres voltearon a ver qué lo causaba, ambas quedaron atónitas. JJ no fue capaz de articular palabra alguna, su corazón perdió un salto al ver la elegancia del vestido, pero sobre todo, la gracia de quien lo llevaba, ver a Emily en medio del pasillo de un hospital en aquel ropaje, parecía irreal.

La ex agente de la Interpol estudió a distancia la postura de la chica de Pennsylvania, obviamente estaba tensa, y acercándose, notó en su rostro cansancio y preocupación. Jennifer no pudo retomar la conversación hasta que Emilly estuvo cerca de ellas.

- JJ

- Emily

Se saludaron, la doctora vio el pequeño intercambio de miradas y medias sonrisas entre ellas. La criminóloga de cabello obscuro desvió su mirada a la doctora, con lo que la madre joven regresó a la realidad.

- Emily Prentiss

- Elizabeth Corday, ¿y usted es?

Jennifer Jareau recapacitó, y de manera espontánea tomó la mano de la recién llegada.

- Amiga de la familia, puede decir lo que sea frente a ella.

Ante tal gesto, asumió que efectivamente había una relación cercana. Así que retomó la palabra y explicó lo que le hicieron a Henry y lo que esperaban en el transcurso de la noche. Si no se presentaban síntomas de ningún tipo, estaría dado de alta al mediodía del domingo. Se despidió de ambas con un apretón de manos, e inmediatamente cuando quedaron solas, Jennifer comenzó a articular palabras.

- Emily, yo…

- Por favor, no te preocupes, después…

- Pero…

Intentó de nuevo. Emily apretó la mano en señal de que en verdad en ese momento no eran necesarias las explicaciones.

- Penélope me dijo que Henry me quiere ver.

Jennifer comprendió, y asintió en silencio, sin soltar su mano, la guio al interior del cuarto. Morgan saludó a Emily con un gesto, Penélope y Reid hablaban con Henry para distraerlo, por lo que no escucharon cuando entró la pareja de mujeres.

- Mira quién está aquí.

Interrumpió JJ, sabiendo que la noticia le caería bien a su hijo, dada su súplica cuando lo instalaron en el cuarto. Penélope fue la primera en lanzar un pequeño grito.

- ¡Oh, Emily!

El niño la siguió con un grito de sorpresa y contento.

- ¡EM!

La hija de la embajadora no pudo evitar lanzarse a llenar de besos la frente del retrato infantil de JJ, se veía tan desvalido en medio de aquella cama de hospital.

- ¡Hola, Henry! ¿qué te pasó? ¿cómo te sientes?

- Tengo sueño, pero tenía que hablar contigo…

Jennifer percibió que el niño desearía hablar a solas con su nueva mejor amiga, al menos, en sus circunstancias, ella lo haría.

- Los dejamos, tengo que hablar con Penélope un momento.

Dijo JJ lanzando una pesada mirada a Penélope, ella, jaló a Morgan y a Reid, no quería recibir el regaño sola por haber llamado a Emily sin consultarle primero a la mamá del infante.


A/N: Gracias por continuar con la historia ;) KEy