Ínfimo y precioso a la vez.

Él no era un pluviofilo, pero aquella gota de agua que se atrevió a resbalar desde el fin del paraguas y arrojarse a su mejilla, rosada por el frío, lo obligó a espiarla de soslayo.

Un segundo duró un lustro cuando la muchacha la degustó con la punta de la legua y le sonrió al sabor del diluvio. Algo entre sus muslos lo electrizó, algo que nunca antes habría logrado identificar.

Los oídos se le destaparon y lo invadió la muchedumbre del cruce de Shibuya , todo el mundo avanzó y Sasuke no volteo a verla. Aunque se llevó con él su paraguas azul, sus labios rojos tinto, su bufanda acuadrillé.

Sus ojos transparentes ignorándolo.


Reconozco mi ausencia. Algunos asuntos de salud, estudios y un leve ataque de "todoloqueescriboesmierda".

Nada que no se pueda solucionar. Gracias por el apoyo y prometo que voy a contestar unos PM que se que debo...

La frase de Borges, recomendada por una linda lectora y persona :)