Día Diez
Era de madrugada, Harry estaba listo.
Había esperado hasta que sus compañeros estuvieran dormidos, cortesía de un hechizo para dormir que lanzó cuando pareció que no llegaba a ellos el sueño naturalmente. Metódicamente empacó las pertenencias que todavía no tenía en su baúl. Ya había, prudentemente, vaciado y sellado la Cámara de los Secretos. Quizá nunca regresaría a Hogwarts después de este día, y era mejor no correr riesgos dejando atrás algo que pudiera causarle problemas en el futuro.
—Los dragones y Nundu están en posición, Harry— le informó Yeter´el—. Se quedarán allí hasta que se les ordene atacar.
Harry le dio las gracias y terminó de ponerse su túnica de batalla, asegurándose de que Ajani estuviera cómoda; luego cubrió el traje completo con su túnica escolar, después de hacerle algunas alteraciones leves con el fin de que le cayera confortablemente. Usar a los dragones y a los Nundu sería el último recurso. A los Nundu apenas les estaban saliendo los dientes y su aliento no sería tan potente hasta un par de años más, pero aún así era lo suficientemente venenoso para causar daño, y los dragones eran muy jóvenes pese al empujón de crecimiento que la magia de Andras les había dado.
— ¿Hay algo más que necesites hacer antes de bajar a desayunar?— le preguntó rápidamente Yeter´el, ya que el hechizo para dormir de Harry estaba comenzando a perder su efecto, y sus compañeros comenzaban a despertar.
—Sólo me resta advertirles a mis amigos aquí en el castillo— respondió Harry en voz baja mientras formaba con su mano pequeñas aves mensajeras, enseguida las envió a sus destinatarios—. Será su decisión si actúan o no. No culparé a ninguno que decida no volar su coartada.
Haciendo una última revisión visual a la habitación, Harry estuvo satisfecho de que todo estuviera listo y se dirigió a la Sala Común. Parvati estaba allí esperándolo, como él sabía que estaría. Parecía que la chica se había vestido inmediatamente después de recibir el mensaje.
— ¿Esto es en serio?— inquirió ella.
Harry asintió.
—Esta no es exactamente mi primera opción para manejar el asunto, pero es oportuno y no desperdiciaré la ventaja.
Parvati cerró los ojos y asintió antes de preguntar:
—Blaise irá contigo, ¿no es así?
Harry la miró con simpatía, sabiendo lo difícil que era para ella elegir entre su familia y su amor por Blaise; Blaise que había jurado ser su amigo y apoyarlo hasta el final.
—No sé lo que Blaise elegirá, no he hablado con él desde que elegí tomar esta decisión, pero creo que vendrá conmigo. Te envíe un mensaje para que supieras que eres bienvenida si quieres irte con nosotros.
Parvati dio un paso atrás con lágrimas en sus ojos.
—No puedo, Harry. Amo a Blaise, pero no puedo seguirlo en esto. No diré nada, pero… Dile a Blaise que me preocupo por él, de verdad lo hago.
Cuidadosamente, como si estuviera acercándose a un asustadizo animal salvaje, Harry abrazó a su compañera de Gryffindor.
—Búscame si alguna vez necesitas algo, Parvati. Blaise y yo estaremos esperando. No te daremos la espalda por decidir no irte con nosotros hoy.
Parvati asintió contra el pecho de su amigo antes de alejarse y limpiar sus lágrimas.
—No me siento muy bien, creo que no bajaré a desayunar. Le diré a Lavender que se disculpe por mí.
Harry miró cómo Parvati entraba silenciosamente al dormitorio de las chicas, enseguida se giró y dejó la Torre Gryffindor por última vez.
El desayuno transcurría sin incidentes. Con el pasar del tiempo Harry se ponía más tenso, hasta que a la mitad del desayuno diez Inefables aparecieron repentinamente en medio del Gran Comedor. Harry no se movió, aunque los estudiantes en las mesas de alrededor inmediatamente saltaron y apuntaron sus varitas hacía los desafortunados hombres. Éstos estaban envueltos para regalo, cada uno amarrado y amordazado, y todos atados juntos con una gran cinta negra con pequeñas marcas tenebrosas verdes bailando en ella. Sólo podía ser obra de Tom. Había interceptado a los hombres que iban a atacarlo, creyendo que él no sabía que venían, y le había enviado a los cautivos como advertencia para que se marchara. Por un momento, Harry se preguntó por qué Tom había dejado a los hombres con vida, pero sus sentidos le dieron la respuesta: había un desagradable hechizo en la cinta, uno que simultáneamente mataría a los hombres al momento de que alguien los liberara. No era algo que se pudiera detectar, ni siquiera por Dumbledore. Tom había usado magia en pársel para la maldición y la había disfrazado animando las pequeñas marcas oscuras de la cinta.
Harry se quedó en silencio sobre este pequeño detalle cuando Dumbledore se acercó mientras lanzaba un hechizo para ver si había alguna amenaza, no encontrando ninguna. Harry no iba a hacer nada por ayudar a los hombres que habían enviado para matarlo. No tenía esperanzas de que se lo llevaran con vida, no después de que Tom había demostrado que Azkaban podía ser atacada, y los Inefables jamás eran enviados por un simple arresto. Sin encontrar nada, Dumbledore cortó la cinta.
De inmediato los hombres comenzaron a ahogarse, los ojos se llenaron de miedo cuando la muerte los atrapó con sus fieras garras. No fue una muerte bonita, pero lo que alarmó a Harry fue que la apariencia de aquellos hombres cambió cuando murieron. Poción Multijugos. No eran los verdaderos Inefables, sino un montón de idiotas del Ministerio enviados como señuelo. Harry se giró.
— ¡Es una trampa!— gritó a sus aliado en el Gran Comedor, éstos se habían relajado cuando los "Inefables" aparentemente ya no fueron una amenaza— ¡Tom atacó a una tropa de señuelos!
Las puertas del Gran Comedor se abrieron con increíble fuerza; varios hechizos volaron hacía Harry, pero él estaba listo para contraatacar. Se lanzó hacía un lado y envió una oleada de sus propios hechizos en respuesta. Habían como dieciséis o diecisiete Inefables, más de los que Harry había esperado que enviaran a por él, ya que aparentemente tenían el apoyo de Dumbledore. Harry supo que su lado estaba severamente superado en número.
— ¡Beleth!— gritó al mismo tiempo que enviaba miles de agujas de luz mágica hacía uno de los Inefables, dando la señal arreglada previamente—. Te llamo a ti y a los tuyos a las armas ¡Defiéndanme!
De inmediato los seis demonios aparecieron, saltando a la batalla con espadas, arcos y garras para cumplir su juramento a Harry, incluso Ajani entró al caos, mordiendo todos los tobillos expuestos.
— ¿Qué es esto, Dumbledore?— gritó uno de los Inefables mientras luchaba contra Andras— ¡Nunca dijiste nada sobre Potter confraternizando con demonios!
Pero Dumbledore tenía sus propios problemas con Beleth y Severus, los dos trabajaban muy bien juntos pese a que nunca antes se habían visto, se encargaban muy bien de Dumbledore y McGonagall. Harry sintió a Yeter´el a su espalda, protegiéndolo de un Inefable que había logrado alcanzar a Blaise con una maldición cortante.
—Yeter´el, llama a los Nundu y a los dragones— ordenó Harry y envió una maldición de sangre hirviente a su oponente— ¿Todavía estás conmigo, Blaise?
—Si— graznó el chico al mismo tiempo que cubría la herida. Trató de dejar de lado el dolor para volver a la batalla cuando los Nundu y los dragones se unieron a la revuelta con sus afilados dientes—. Me distraje estúpidamente, no se desharán de mí tan fácilmente.
—Bien— contestó Harry. Intentó levantar la moral de Blaise y darle algo por lo cuál pelear pese a las probabilidades. Los Inefables eran una fuerza de lucha de élite, donde uno solo podía hacerse cargo de un puñado de personas, lo que decía bastante de la fuerza que habían enviado contra él—. Hay alguien que me mataría si algo te sucediera.
— ¿Ella está a salvo?— se atrevió a preguntar Blaise. Alivio y renovada determinación lo llenaron cuando Harry le dio el mensaje de Parvati—. Entonces no tengo objeción.
— ¡Harry!— exclamó la aguda voz de Hermione, la mayoría de los estudiantes había dejado el Gran Comedor a excepción de aquellos que apoyaban a Harry, pero Hermione y Ron se habían quedado para oponérsele— ¿Cómo puedes hacer esto? ¿Cómo puedes traicionarnos después de todo lo que hemos hecho por ti?
Harry esquivó la maldición que ella le envió y le lanzó una propia. En su lucha contra los Inefables, agradeció a Merlín por el riguroso entrenamiento que le habían insistido que tomara.
— ¿Qué? ¿Después de lo que has hecho por mí?— inquirió Harry incrédulo, una corta carcajada de burla, digna de Severus, salió de su garganta—. Ustedes no han hecho nada más que subirse a la cola de mi fama. Bueno, déjenme decirles algo, no soy tan estúpido como creen y me enteré de la verdad. ¿Cuánto te paga Dumbledore por ser mi amiga? ¿Es dinero como a Ron? ¿O algo más?
Harry se dejó caer al piso para evitar otra maldición antes de seguir hablando:
"Sé lo que le ofreció a mi padre si éste me sacrificaba para abrir el Portal entre los reinos. James soñaba con ser Ministro de Magia, pero era demasiado flojo para hacerlo por sí mismo, así que se dirigió a Dumbledore y la magia negra que éste le ofreció. Si Voldemort no hubiese llegado antes que Dumbledore esa noche, habría matado a James a la primera oportunidad que tuviera y habría tomado el poder para sí.
— ¡Mentira!— gritó Dumbledore sin aliento— ¡Siempre he apoyado la Luz!
—La luz de tu ambición, quizá— refutó Harry— ¿Sorprendido de ver a Severus peleando en tu contra? Rompí el hechizo de servidumbre que pusiste sobre él, lo liberé de tus manipulaciones.
Los ojos de Dumbledore se endurecieron.
—Pudiste tenerlo todo, Harry. Y ahora lo botas, ¿por amor? ¿De verdad crees que Voldemort siente amor?
Harry sonrió ante el recuerdo de unos días atrás.
—Sé que lo hace. Tu tiempo se acabó, ya nunca más tendrás la oportunidad de envenenar o retorcer la mente de ningún otro estudiante.
—No seré vencido tan fácilmente— gruñó Dumbledore, empujó a Beleth hacía atrás y atrajo el poder del mismo Hogwarts, así que las mismísimas piedras parecían gritar en agonía— ¡En varia…!
Harry abrió los ojos como platos, las duras palabras hicieron sonar algo dentro de él y rápidamente tomó a Ajani.
— ¡Vámonos ahora! ¡Tomen los trasladores! Andras, Yeter´el, agarren a los animales.
Se fueron justo a tiempo, unos segundos después la fuerza oscura de Dumbledore se habría desatado completamente contra ellos, derrotándolos. Harry sintió cuando el traslador lo llevaba a la seguridad a lado de Tom.
— ¿Estás bien?
Tom ya lo esperaba, paseándose preocupado porque Harry no había aparecido inmediatamente después de recibir su regalo de advertencia.
—Hubo problemas— explicó el chico cuando Tom lo envolvió en un abrazo, ignorando el hecho de que tenían audiencia—. El grupo que enviaste como advertencia era un señuelo de los verdaderos Inefables, y Dumbledore decidió mostrar sus verdaderos colores.
— ¿Para qué?— preguntó Tom, con la mente trabajando para hacer su próxima movida.
—No lo sé— respondió Harry honestamente—. Depende de cuánto Dumbledore mantenga el hechizo.
Una hora después una edición especial del diario El Profeta arribó, el titular rezaba:
¡Harry Potter Asesino! ¡Unido con el Señor Tenebroso!
Harry leyó el contenido junto a Tom.
"Gran Comedor destruido… un puñado de sobrevivientes… 'No recuerdo mucho después de que Potter sacó su varita … Inefables dan su vida… Dumbledore protege a los ex amigos de Potter, sufriendo agotamiento mágico…"
Harry dejó el periódico a un lado.
—Parece que tenemos mucho trabajo por delante. Tendremos que entrar en una guerra completa contra Dumbledore si queremos detenerlo. El tiempo es casi perfecto para realizar otro ritual del Portal. No podemos permitir que tenga éxito.
Tom estuvo de acuerdo.
—Ya he llamado a nuestros aliados aquí y en el extranjero. Estaremos listos para atacar en dos días, antes sería imposible. Sólo desearía que no fuera Hogwarts el escenario del ataque.
El Décimo Día de Navidad, el Señor Oscuros me regaló:
Diez idiotas del Ministerio envueltos con una cinta.
