Capítulo 9
Impotencia
Linda Williams era lo que cualquier mujer de a pie quería ser, atractiva, simpática, inteligente y famosa. Lo que la gente no sabía es que no era demasiado apreciada por los suyos. Desde que había abandonado a su marido y a su hija por su carrera la familia había roto casi todos los lazos con ella. La propia Sarah solo la había visto un par de veces desde que les dejó. La última vez fue hacía tres años en el funeral de su abuelo.
Y después de tres años aparece en la puerta de la casa de su jefe como si no hubiera pasado nada entre nosotras.
-¿Me vas invitar a pasar, Sarah? O ¿me tengo que quedar en la puerta? –le preguntó Linda, sonriendo.
-¿Qué estás haciendo aquí, mamá? Recuerdo haberte dicho que no quería saber nada de ti la última vez que nos vimos. –le dijo ella seriamente-. Además, estoy trabajando.
-Sí, eso me ha comentado Robert, por favor concédeme solo media hora. No te pido más.
-Ahora estoy muy liada, ¿Cuánto tiempo vas a estar en la ciudad? Tal vez podamos quedar otro día. –le dijo ella intentando hacer que se fuera.
-Te conozco, Sarah. Sé que no quieres hablar conmigo pero es sobre algo relacionado con mi padre. Necesitas saberlo, no estaría aquí si no fuera importante.
-Como te he dicho ahora mismo estoy muy liada. Tal vez en el fin de semana podamos quedar para hablarlo.
-El viernes podríamos quedar para cenar. Solas tú y yo. Lo que tengo que contarte es grave.
-Dame un adelanto.
-Ándate con ojo, había muchos oficiales furiosos con tu abuelo y ahora que tú ocupas su puesto están dispuestos a eliminarte. Tengo varios nombres pero es preferible que hablemos en privado.
-Alguno de ellos no se apellidará Roberts, ¿verdad?
-Roberts y Sacheverell encabezan la lista. Son cuñados y sus hijos podrían darte problemas. Richard y Samantha han sido embaucados por sus padres y ahora van a por todos los que quieres. Cuídate, mi niña. Y cuida a los que quieres. –después de eso abandonó la casa.
-¡Mamá! –gritó Sarah antes de que se fuera-. Escóndete y no salgas hasta que yo te haya avisado. No confíes en nadie, seguro que también van a por ti.
-No te preocupes por mí, Sarah. Sé cuidar de mí misma. Te quiero, mi niña. –después de eso montó en su coche y se fue.
-Yo también te quiero –susurró, Sarah.
No sintió que alguien se le había acercado por detrás.
-Era tu madre, ¿verdad? ¿Qué es lo que ocurre, Sarah?
-Las cosas son más serias de lo que pensaba. Ten cuidado fuera de casa, David. –dijo ella antes de irse a su habitación.
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Dimas Enrich llegó al instituto a las 9:30 cuando todos los alumnos estaban ya en sus clases y nadie deambulaba por los pasillos. No le gustaba mucho ir a esos lugares pero por Sarah, siempre podía hacer una excepción. El director le recibió casi de inmediato. Pudo observar que era un hombre de unos 48 años, soltero y con una buena posición social por la forma en que vestía.
-Buenos días, tengo entendido que el colegio ha puesto una denuncia contra una de sus alumnas, ¿es cierto?
-Así es, una muchacha descarriada que no conseguimos encauzar por el buen camino, Diana Jones es su nombre.
-¿Qué puede decirme de la muchacha, señor Smith? ¿Había cometido antes algún otro acto delictivo? ¿Era una chica problemática?
-Lo cierto es que no la conocía mucho. Había oído hablar de ella por ser hija de David Robert Jones pero no sabía nada más. Esta era la primera vez que hablaba con ella. Ya sé que es raro que un director no sepa quienes son sus alumnos pero tiene que tener en cuenta que aquí hay más de quinientos estudiantes y siempre hay mucho trabajo.
-Es comprensible, de igual manera, también tengo una cita con el profesor de la joven, por lo que, estoy seguro de que él podrá darme los detalles que necesito sobre la muchacha. Además, necesitaré las grabaciones del día desde primera hora de la mañana hasta el momento en el que no queda nadie en la institución.
-Nuestro conserje se las podrá facilitar. Haré que se las envíe a su oficina para que pueda tener las pruebas.
Dyd estaba seguro de que el director mentía pero, por ahora, de nada servía desenmascararlo. Revisó los papeles sobre la denuncia y encontró otro de los datos que quería discutir con el director, la identidad de la compañera que había avisado sobre el saquito, pues, estaba seguro de que había sido ella la que había robado la llave a Diana.
-Otro tema que me gustaría tratar con usted es el nombre de la compañera de la señorita Jones que dijo haber visto a la muchacha guardar la droga en su taquilla. Necesito hablar con ella y tomarle declaración. Dado que es una testigo presencial, es necesario que preste declaración en la central para así poder redactar el informe que entregaremos a la fiscalía para que se haga cargo del caso una vez llegue a los tribunales.
-Por supuesto, comprendo su necesidad pero debo negarme dado que esta institución debe proteger a sus estudiantes que no podré darle el nombre de la señorita que dio el nombre de esa muchacha. Eso va contra la normativa de la escuela y, además, con el contrato que hicimos con sus padres.
-Debe saber, señor Smith, que soy un hombre de recursos y que aunque usted intente mantener el nombre de la muchacha en el anonimato no tardaré en saber quién es y en tomarla declaración y poco importa al Estado las normas de una escuela. Mucho me temo que la seguridad, de la que usted tan preocupado está, debería ser revisada, pues es extraño que en una escuela con tan buena protección se haya colado droga, ¿no cree usted? -miró su reloj para darle más énfasis y continuó-. Debo dejarle señor Smith, mi cita con el señor Roberts es dentro de veinte minutos y todavía tengo que hacer unas cuantas llamadas antes de entrevistarme con él. Muchas gracias por su atención y seguiré en contacto con usted.
Después de decir eso abandonó el despacho, dejando al director temblando. Estaba claro que ese era un hombre peligroso aunque a simple vista no lo pareciera. El hombre sentía miedo de la próxima vez que se encontrara con él.
Al salir Dyd cogió su teléfono y llamó a Sarah. Estaba claro que el director estaba implicado en todo aquello y necesitaba una cosa que solo ella podía conseguir. Mientras esperaba a que lo cogiera abrió el periódico y se encontró cara a cara con la aplastante noticia Al parecer ya toda la ciudad estaba enterada de la deshonra de la familia Jones y estaba claro que ahora empezarían los problemas de verdad.
-¿Dyd, eres tú?
-Sí, Sarah soy yo. Acabo de salir de la reunión con el director de la escuela y he visto la noticia en el periódico, ¿Cómo están las cosas por allí?
-No muy bien, Dyd. La prensa amarilla no para de acosar la puerta de la mansión y ninguno hemos salido, a excepción de David. Toby, Diana, Ludo, las criadas y yo hemos permanecido en la casa para que no pase nada.
-Vale, permaneced así mientras todo siga así. Yo voy a darme la máxima rapidez en solucionar este embrollo.
-Ten cuidado, Dyd. Ayer después de que os fuerais mi madre estuvo aquí y me dijo que la familia de los Generales Roberts y Sacheverell estaban detrás de mi cabeza. Ahora ya no hay dudas de que fue el tutor de Diana el que se encargó de tenderle una trampa y que lo hizo por mi culpa. Ándate con ojo con ese hombre y, por favor, no intentes nada contra él del ámbito físico. Ya arreglaremos cuentas Richard Roberts y yo, después de esto va a desear no haber nacido.
-Bien, necesito hablar con Diana. ¿Puedes pasármela?
Sarah no contestó pero la voz de la adolescente se hizo oír a través del auricular del teléfono de Dyd.
-Señor Enrich, soy Diana. ¿Qué necesita de mí?
-Necesito que me digas el número de tu taquilla en la escuela. Voy a solicitar la llave para ver si alguien además de ti la ha tocado. De ser así, tendremos una huella dactilar reciente de la muchacha que colaboró con el director Smith y el señor Roberts.
-Mi taquilla es la número setenta y dos. Está en los pasillos a la derecha de la entrada de la escuela. ¿Necesita algo más?
-No preciosa, pero recuérdame que para cuando todo esto termine te enseñe unas clases de defensa personal y tiro. Está claro que necesitas defenderte, pero no le digas nada a tu padre ni a Sarah. Esto queda entre tú y yo. Ahora deja que este humilde caballero andante consiga salvar a esta damisela en apuros, milady. –no tardó en escuchar la risa de la muchacha-. Te dejo Diana, tengo que tratar con tu ex tutor. Y no temas, siempre puedes contar conmigo y con Sarah.
-Gracias, Dyd. –contestó ella cómplice y colgó.
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-Señor, se ha producido una reunión extraordinaria y los accionistas insisten en verle. –le dijo su secretaria a David a las diez y media de la mañana.
Él ya estaba preparado para eso y estaba seguro de que le pedirían que se fuera de la empresa hasta que todo estuviera aclarado. Lo cierto es que desde que había llegado a la oficina dos horas antes había estado reunido con Robert para contarle todo lo que había pasado con relación a su hija y para que tramitara lo antes posible la demanda que pondría a la escuela y al señor Roberts en cuanto Sarah y sus compañeros tuvieran las pruebas que respaldaran la inocencia de su hija.
-Ahora mismo voy, Stella. Gracias por avisarme. –después de eso cortó la comunicación-. Robert, debo dar por terminada nuestra reunión. Espero que cuides bien de la empresa en mi ausencia.
-Puedes contar con ello, David. Te avisaré con todo lo que ocurra y tú mantenme al tanto de lo que ocurre entre el "señor" Roberts y tu hija. Tal vez deba tomar yo también medidas.
-Te lo agradezco, viejo amigo. Si lo deseas podríamos vernos esta noche. Si entras por la puerta de atrás de mi casa seguro que no hay periodistas y nadie sabrá que has estado allí.
-Me parece bien. Estoy contigo, muchacho. –le dijo Robert imitando al padre de David-. Haz lo que sea necesario por proteger a tu familia y no acabes como acabé yo con la mía.
Mientras se dirigía a la undécima planta fue pensando en todo lo que iba a decir. Al entrar encontró a catorce hombres y mujeres esperándolo muy serios.
-Buenos días, señoras, caballeros. –dijo él al entrar y ponerse al frente de la mesa.
-¿Ha leído el periódico, señor Jones? –preguntó uno de los accionistas.
-Lo cierto es que no he tenido tiempo desde que he llegado pero puedo imaginar lo que pone. Estoy al tanto de la denuncia que el instituto en el que estudiaba mi hija ha puesto en su contra.
-¿Sabe el motivo, señor Jones?
-Sí y estoy tramitando todo lo antes posible para hacer que el culpable de este incidente se vea en la cárcel como muy tarde la semana que viene.
-Entonces no tenemos porque ocultarle que el FBI quiere investigar la empresa con el fin de saber si la ha usado usted como tapadera para el traspaso de drogas. Eso es algo que no podemos tolerar. Esta empresa lleva existiendo más de setenta y cinco años y jamás se nos había relacionado con ningún negocio turbio hasta ahora. Como comprenderá, dada la situación no podemos hacer otra cosa que relegarle de su puesto. Hasta que las cosas no estén aclaradas no queremos que se acerque a la empresa, señor Jones. No sé como ha sido capaz de deshonrar de la forma en la que lo ha hecho a todos sus antecesores, piense en como se sentiría su padre si aún estuviera vivo. Aprenda a controlar a su hija y después podrá volver a la empresa hasta entonces no se acerque. El señor Williams se encargará de mantenerla hasta su regreso.
Tras esas palabras David abandonó la sala para dirigirse a la salida trasera del edificio. Las palabras de los accionistas todavía resonaban en su mente.
"Piense en como se sentiría su padre si estuviera vivo." Su padre ese era un tema que no quería oír bajo ningún concepto, sobre todo, teniendo en cuenta que tanto él como su primera esposa, Clarisa, habían muerto por su culpa.
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Richard Roberts estaba en su despacho esperando la llegada del agente del FBI que había solicitado una cita con él con relación a Diana Jones. Lo cierto es que estaba un poco desconcertado, ¿por qué un caso menor como el que una adolescente tuviera drogas fuera llevado por el FBI? Y, ¿por qué Sarah Williams todavía no se había puesto en contacto con él? Eso lo estaba poniendo nervioso.
La puerta sonó justo a la hora a la que tenía la cita con el agente, cuando entró el hombre con el que se iba a entrevistar no pensó para nada que se tratara en un agente, bien parecía un militar.
-Buenos días, señor Roberts. Soy Dimas Enrich el encargado de llevar el caso de la denuncia del instituto contra Diana Jones. –dijo el hombre, tranquilamente.
-Buenos días, señor Enrich.
-Estoy aquí para hacerle algunas preguntas sobre la joven. ¿Conocía usted a la joven de algún curso anterior?
-No, me temo que este es mi primer curso en este instituto y ella solo era una de los treinta alumnos que tengo a mi cargo.
-Muy bien. ¿Sabe usted de alguien que pudiera haberle pasado ese paquete?
-Lo cierto es que no, pero, ¿por qué iba yo a saber algo sobre eso? –preguntó el profesor poniéndose a la defensiva.
-Lo digo porque los paquetes no aparecen en la taquilla de la gente por arte de magia y si lo tenía en la taquilla quiere decir que no quería llevarlo a casa, ¿no cree usted? Por lo tanto tiene que ser alguien del centro o ajeno a la casa. Por eso lo preguntaba, por si acaso usted había visto a alguien extraño cerca de ella.
Richard se relajó un poco, lo cierto es que pensándolo bien era una pregunta muy normal.
-Sí, tiene razón y lo cierto es que no he visto nada extraño cerca de la chica o en los alrededores del centro.
-Tengo entendido que fue otra de sus compañeras de clase la que desenmascaró a la señorita Jones, ¿podría decirme su nombre? Es que tiene que constar en el acta.
-El nombre de la muchacha es Eva Simmons, una de nuestras mejores alumnas, su actitud es intachable y sus notas de las mejores de la institución. Un orgullo para todos nosotros. –dijo él con orgullo.
-Bueno, pues creo que con esto puedo dar por finalizada esta entrevista. En dos días a lo más tardar me pondré en contacto con usted, señor Richards. –dijo Dyd con una sonrisa.
Antes del salir del instituto, Dyd se acercó a conserjería donde pidió los videos del día anterior y la llave de la taquilla de Diana. Al salir del instituto sabía que si todo salía bien allí encontraría las pruebas que necesitaba para librar a Diana y a su familia del calvario que estaban pasando.
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Notas de la Autora: Hasta aquí el capítulo 9. Espero que os guste y doy un aviso a partir de ahora las cosas se enredan en serio, aunque parezca que pronto se va a volver a la tranquilidad, ahora viene lo duro.
Un saludo,
Shaery.
