Disclaimer: Nada de lo que puedas reconocer me pertenece. Rowling creo casi todo y es rica. Yo no. Así que nada de demandas, que todo aquí es por el amor al arte.
El viento helado le golpeó el rostro. Se arrepintió. No era un buen momento para eso. Quizás para un época más cálida. Los pasos adentro, que se acercaban le hicieron darse cuenta que ya no había vuelta.
Sin más, corrió hacia el lago negro.
A un Paso del Vacío
X
De trastornos y de risas
Sintió como le fallaba la respiración. El calor del interior, contrastaba en demasía con el frío del exterior. Y al salir corriendo y tomar una bocanada de aire helado, sintió como si miles de astillas de hielo se le clavaran en la garganta y le impidieran respirar, produciéndole un punzante dolor. Tosió.
Un poco recuperado volvió la vista hacia los terrenos. Un silueta sinuosa le indicó por donde ir.
— ¡Lily!
Gritó pero su llamado se perdió. Casi perdía de vista a la chica. Corrió manteniendo los brazos pegados al cuerpo, tratando de mantener un poco el calor. Lamentaba mucho no haberse puesto la bufanda.
Lily ya estaba en la orilla del lago. Volteó a ver. James Potter se acercaba rápidamente. Fue por eso, quizás, que se decidió. Se despojó de su túnica y la arrojó a un lado. Hizo igual con los zapatos. Y con delicadeza dejó su varita con las demás cosas.
El chico la miraba con horror mientras corría hacia ella. Aún mirándolo avanzó hasta rozar el agua con sus pies.
— ¡No!
Ella comenzó a avanzar. Al primer contacto con el agua su cuerpo dio una gran sacudida.
— ¡Lily¡NO!
Pero ella ya no le hacía el menor caso. Siguió avanzando. El agua congelada, que le llegaba a las rodillas, le quemaba la piel.
James Potter se quitó con brusquedad su túnica. Tiró los zapatos en cualquier lado. Y corrió, pero a menos de un paso del agua se detuvo. Lily lo observaba, y soltó una pequeña risita, tiritona. La pelirroja se dio la vuelta y avanzó. El agua rozaba sus muslos, y la falda se le pegaba. Miró hacia atrás, no había vuelta, además Potter ya se estaba metiendo al agua también. Uhg. No pensó que pisar las piedras planas y viscosas del fondo sería tan incómodo.
Siguió avanzando. Pegó un resbalón y de una se sumergió hasta la cintura. Se detuvo un segundo y siguió avanzando. Sabía que James le estaba hablando, pero avanzar, atravesando esa terrible superficie helada, requería de toda su concentración. Cuando estuvo lista se sumergió. Nadó un poco y emergió. Se echó la cabellera mojada hacia atrás. Un vez pasado el primer impacto ya no parecía tan frío.
Pero James no estaba.
Eso no le gustaba. Después de todo no tenía ningún sentido estar ahí, si él no arriesgaba nada. El también debía estar ahí. Los intentos eran eso, intentos. Quien, si no, podría detenerla.
Un chapoteo. Rápidamente dos cosas la atraparon, una por la cintura, otra por la boca. Tardó unos segundos en darse cuenta de que eran unos brazos. ¿Brazos? Más bien se trataba de James Potter.
— No grites¿Si?- le susurró.- Alertarás a todos en el castillo. Te soltaré sólo si prometes no gritar... ¿Estamos de acuerdo?
La chica no dijo palabra alguna, más bien por que él se lo impedía. James interpretó su falta de expresión por una respuesta positiva y la soltó. Pero sólo sacó su mano de la boca. Lo que en verdad hizo fue bajar el brazo hasta los hombros de ella.
— Dijiste que me ibas a soltar.
— No especifiqué. Te he soltado la mano de la boca.- respondió con una sonrisa de suficiencia.
Ella forcejeó pero el agarre del chico era mucho más fuerte, y la arrastraba hacia la orilla.
— ¡Suéltame!- Pero como él no lo hizo, ella lo pisó.
Estaban descalzos. Pero un impacto a un dolorido y entumecido pie fue más de lo que James pudo soportar. Aulló, pero enseguida se reprimió metiéndose un puño en la boca. Lily rauda y veloz comenzó a bracear internándose en el lago. Sin duda a Lily también le había dolido el pisotón, pero no estaba para quejarse. Debía nadar.
James no tardó en seguirle el paso. No lograba alcanzarla, por que ella pataleaba muy fuerte, tirándole toda el agua, que salpicaba a su cara. Con toda la intención de hacerlo, sin duda, pensó James. Aguantó un poco más. Los lentes estaban llenos de agua y no veía nada, además, de mucha oscuridad. Estiró las manos al azar. Intentó y algo se cruzó con su palma. Como si se tratase de la snitch se aferró a ella, como si de esa acción dependiera la Copa Europea de Quidditch.
— ¡Estúpido¡Me ahogas!- y un montón de sonidos indescifrables. Recibió un empujón y a través de sus mojados lentes pudo ver a Lily. Cabreada según el tono de su voz, por que en verdad no podía distinguir su rostro con claridad.
— Pensé que intentabas suicidarte. Pensé ayudarte un poco.- respondió. Y aun que quiso evitarlo, la mandíbula le tembló igual.
— La idea es que yo me suicide. Solita. Y se supone que tú tienes que evitarlo- aclaró Lily, también con escalofríos recorriéndola completa.
— ¿Y cómo pensabas hacerlo¿Vas a esperar a que el agua te deshaga?- y una risa afloró de su garganta, sin dejar de sonar tiritona.
— Pues si espero a congelarme quizás no esté tanto tiempo aquí.
— Si, ese es un buen punto.- admitió él.
— Aun que en realidad- aclaró Lily.- Venía a intentar que el calamar hiciese un banquete conmigo.
— Ehh... No creo que eso suceda, en realidad.
— ¿Qué quieres decir?- que el chico lo dijese con ese tono de voz de Me burlaría de ti, pero en realidad tu plan es tan malo que lo que me da es, más bien, lástima, le sacaba de quicio.
— Pues... Digamos que al calamar no le gusta la carne humana.
— Ah. - Lily miró hacia abajo. Estaba acostumbrada a mirar sus pies cada vez que no tenía algo que decir. Esta vez una espesura negra los cubría.- ¿Cómo sabes eso?
James abrió la boca. Pero titubeante la cerró. Lily frunció el ceño, no siempre se veía al chico dudar así.
— Eso te lo contaré cuando seas mayor.
— ¡Tengo la misma edad que tu!
El chico esbozó una sonrisa. Esa sonrisa de haber hecho una travesura. Levantó una mano y la puso sobre la cabeza pelirroja y luego la subió hasta su propia altura.
Lily se indignó. ¡Le acababa de decir enana¡Y burlándose, encima! Enseguida se ofuscó, mirándolo con rencor. Desapoyó una mano de la cadera y la llevó al agua, que en ese momento le llegaba a la cintura. Un salpicón de agua le llegó el pleno rostro al buscador y Lily no pudo evitar reírse.
James, que se había limpiado los lentes y veía un poco mejor que antes, había vuelto a ver en plan vamos a la casa de los espejos y entornemos los ojos. Ahora fue él quien la salpicó en la cara a ella. Pero Lily le devolvió el agua con ambas manos. Y James no se quedó atrás y también utilizó ambas manos. Lily hizo eco de eso pero tomó impulso y salpicó con manos y brazos. James no fue menos y la imitó.
Comenzaron a salpicar con lo que tuvieran a mano. James le puso una mano sobre la cabeza e intentó hundirla. Pero Lily se zafó y se tiró sobre él y sí que lo hundió, pero el dio vuelta los lugares y la hundida fue ella.
La risa los inundó. Los inundó más que la inmensidad de agua que los rodeaba. La risa nacía de sus corazones y no podían hacer nada contra ellos. Y no es que lo quisieran. Simplemente dejaron que pasara. Entre risas y salpicaduras pasó un buen tiempo, que ellos nunca llegarían a poder determinar con exactitud.
Ya estaban exhaustos. Pero los había cogido esa risa floja que no se va con nada. Lily de vez en cuando volvía a salpicarlo, pero el no hacía nada, simplemente se reía y la contemplaba reírse. Su risa era clara, limpia, pura. Como si nunca la utilizara. Como si naciera de un manantial, como algo único que nace de lo más profundo sin tener razón de ser, pero que lo llena todo. Cálida como el calor que brota de un abrazo, que te reconforta verdaderamente, no desde afuera, sino del interior y que sabes que si se ha encendido nunca nada podrá aplacarlo. Vibrante como cuando algo te hace estremecer de aquella manera que no eres capaz de explicar, pero no tienes la necesidad de las palabras, por que de ti escapa esa sonrisa que todo lo puede, sin ser una mueca, sin ser ensayada, por que tienes la certeza que es de verdad. Como la esencia de las cosas más simples, que de una manera infinita vuelca en ti esa risa casi profética, de un porvenir, no asegurado, pero si lleno de momentos felices.
Sentía su propia risa salir de algún lugar de una manera que el nunca conoció. Y pudo darse cuenta de muchas cosas.
De pronto, Lily gritó. Y desapareció. Emergió agitando los brazos, intentando no hundirse. James no entendía nada. Sabía que Lily intentaba de decirse algo, pero entre el agua que intentaba no tragar y el esfuerzo por mantenerse a flote, nada coherente surgía. La chica comenzó a apuntar algo hacia abajo. Y el buscó. Pero no veía nada. Malditos lentes mojados, no veía nada. Los arrojó a un lado con rabia. Y achicando, y forzando, su vista más de lo prudente, pudo ver como algo aferraba las piernas de ella y la arrastraba a las profundidades.
Se tiró como una piraña a esa cosa. Y lo mordió (la cosa). Se detuvo, no podía atacarlo a ciegas.
— ¡Grih..¡Duh...¡Diluh...¡...Jirindi¡..Dilou!
James estaba recibiendo demasiados estímulos, y no sabia donde enfocarse. Efectivamente no podía enfrentarse a una criatura de la cual no sabía nada. Pero al parecer, la chica sí que lo sabía.
Buscó su varita. La había dejado en el bolsillo trasero de su pantalón. Pero no estaba. La buscó en los demás bolsillos. Nada. Eso lo inquietó, su varita no estaba. Y él, como idiota, se había estado revolcando en esa inmensidad de lago, por lo que su varita podría estar en cualquier parte. La chica indicó la orilla. El volteó y la varita de la chica brilló a la luz de las estrellas. Corrió hacia ella, la tomó y volvió donde la pelirroja.
Pero temía lanzar un hechizo y que impactase a Lily. No podía lanzarlo así, a ciegas. Tan sólo si supiera de que criatura se trataba.
— ¡Es un grindylow!
Faltaba más.
— ¡Relashio!
Un grindylow. Algo parecido a un chorro de agua caliente saltó de su varita e hizo unas ronchas rojas en la pálida piel verde del demonio acuático. Soltó a la chica y salió pitando, perdiéndose entre las algas. Lily dejó de forcejear. Tenía la ropa revuelta, mojada y pegada al cuerpo. Respiraba agitada y sus labios estaban tomando un alarmante color morado.
Lily lo miraba con una expresión extraña, entre áspera y testaruda, pero sin poder ocultar una sonrisa liviana. Esa expresión que sólo se da cuando existe demasiada confianza, y que pretende dar señal de ofensa, sin parecer demasiado grave. James se encogió de hombros y dejó escapar esa risilla que había mantenido en un segundo plano, al ver a Lily patalear y forcejear con la criatura marina.
Lily sacó la lengua al pasar por su lado cuando se dirigía a la orilla.
- Congelarse no es divertido.- argumentó cuando el agua ya le llegaba a los tobillos. Tenía la ropa empapada, que se le pegaba al cuerpo y le pesaba más de lo debido. Tomó la falda en sus manos y la estrujó. Lo mismo hizo con el cabello. Sólo cuando tembló entera y lo miró, James apartó la mirada, contrariado.
— He perdido mi varita. ¿Me esperas a que la busque?
— Hum... No mucho- respondió sin prestarle demasiada atención. El poco calorcillo que le proporcionaba su túnica seca, estratégicamente dejada en la orilla, abrumaba todos sus sentidos. Se acurrucó en ella y se acomodó en una piedra de la orilla, observando al chico.
Pasó un buen rato, en que James recorría el lago, rastreando con la mirada y con las manos, su varita. Estar encorvado tanto rato estaba incomodándole, por no decir que le dolía la espalda como si trajera un cadáver al hombro. La ropa estaba helada y casi que le quemaba la piel. Frustrado, golpeó con ambos puños la superficie calma del lago.
— Ahg, no salpiques- se quejó Lily, cómodamente sentada en la orilla.
— Podrías ayudar en vez de quedarte ahí mirando ¿No?
— No se por que le das tanta importancia. No es más que un trozo de madera insignificante
— ¡¿Un trozo de madera insignificante?!- alucinó James.
— Si, tu varita a mi me parece insignificante.
— Es que es mi varita.- recordó James aprensivo.- ¿Me vas a ayudar?
— Mmm... ¡Ahg! Está bien- accedió Lily.- Pero sólo por que me quiero ir luego de aquí. Quiero la chimenea y mi camita caliente y como que me da penita dejarte aquí.
— ¡Eh!
Lily soltó una risita. James la miraba con tal resentimiento que hasta la pelirroja, que nunca se inmuta por nada, se sintió un pelín mal. La chica se levantó, al parecer lo iba a ayudar. James, ablandó la expresión, y la miró enternecido. Luego... ¡Un momento¡¿Dijo enternecido?! Saca, quita, elimina esa palabra. Pon... Agradecido, sí eso. La miró agradecido.
Lily caminó hacia el lago, sin llegar a chapotear en él. Sacó su varita.
— Accio varita de James- pronunció quedamente.
Y una varita de caoba, flexible y de once pulgadas, salió de un punto del lago, y a juzgar por la cara de James, el chico había pasado más de cinco veces por allí, voló limpiamente hasta la mano de Lily. La pelirroja temió por que se le desencajara la mandíbula al buscador de tan abierta que tenía la boca.
— ¡¿Por que no me dijiste que podías convocar mi varita?!- exclamó James indignado. Alucinaba. Había estado allí Merlín sabe cuanto rato y ella ni se dignaba a decirle que podían convocar el maldito trozo de madera insignificante.
— ¿Y por que no se te ocurrió a ti?- se medio defendió Lily fastidiada, aun que la sonrisa traviesa no se la quitaba nadie.
— Es que ahora tengo las neuronas demasiado congeladas como para pensar en algo.- se excusó avergonzado. Lily se carcajeó sin pudores y James, luego se mirarla contrariado, terminó contagiado de su risa.
James salió del agua y tomó sus cosas. Lily caminó a su lado, burlándose aún de él, que ni se le había pasado por la cabeza convocar la varita. Tranquilamente llegaron a la Sala Común, ya vacía, y se sentaron frente a la crepitante chimenea, sin importarles que luego cogieran un resfriado monumental.
□□□
— Sabes, sigue pareciéndome extraño.
Octubre pasó con rapidez. Hace un mes habían sucedido muchas cosas extrañas. Pero para Sirius Black, que caminaba hacia el Gran comedor, todo estaba correcto. Todo estaba tal y como debía ser. Su compañera, y podría decirse única amiga mujer, Miranda Lawless, no lo comprendía del todo.
Faltaba, aún, un poco para la hora de la cena, pero ya todo Hogwarts se movilizaba emocionado para un nuevo Banquete de Halloween. Era su último Halloween en el colegio. Pero lejos de sentirse triste o nostálgico, situaciones así sólo lo ponían eufórico. Y ahora se encontraba alegre, como siempre con la sonrisa infinita en el rostro, pero mantenía sus revoluciones bajo control.
Encontrarse caminando con Mila no era una sorpresa. Era una chica muy agradable, divertida, con quien pasar un buen rato. Pero eran ocasiones. Sirius Black se pasaba el día con su tres amigos, y sobre todo con su hermano, James Potter. Y no parecía posible que en aquella circunstancia, medianamente importante, dado que era una celebración del colegio y que los merodeadores siempre eran el centro de atención, no se encontrara con ellos.
— Tranquila. Todo está bien, déjalos. Se están llevando bien y eso es bueno.- argumentó Sirius sabiamente.
— Claro que es bueno.- dijo Mila con firmeza.- Me encanta que se estén llevando bien. Pero me parece muy sospechoso que ambos estén resfriados, al mismo tiempo y justo después de haber desaparecido una noche. ¿No te parece sospechoso a tí?
— Que sospechoso es, sí.- concedió Sirius. Recordaba perfectamente como la pelirroja y su amigo habían aparecido hace algunos días atrás con las orejas humeando producto de la poción Pepperup de la enfermera, para combatir el resfriado.- Pero no ha pasado nada, créeme.
— ¿A sí¿Tú estabas de almohada, acaso?
Sirius soltó una gran carcajada que llamó al atención de algunos. El sonido, curiosamente, parecía más un ladrido, que risa.
— Hay muchas otras mejores formas de saberlo. Y mucho más dignas, por cierto.- agregó Sirius risueño.- Pero no. No andarían tan amiguitos y tan juntitos.
— ¿Por que no? Si, extrañamente para nosotros, ellos se gustaran o algo, sería lógico que anduvieran así de pegados.
— No, estás olvidando de quienes estamos hablando. Eso corre para cualquiera. Cualquiera que no sea ni James Potter ni Lily Evans. Y menos si se trata de ambos, juntos.
Mila se cruzó de brazos. Cruzaron el gran comedor y se acomodaron en los asientos correspondientes a la mesa de Gryffindor. La chica miraba al moreno sin convencerse del todo.
— Ahg. Yo no lo entiendo. Se supone que las mujeres siempre entendemos más de estas cosas que los hombres. Sin embargo tu pareces saberlo todo.- medio lo acusó.
— Es que tu estás hablando con el chico más inteligente de Hogwarts.- replicó Sirius exhibiendo una gran sonrisa.
— En eso te equivocas. Antes está James. También Lily y Remus. - enumeró Mila.- Osbourne y Bell de Ravenclaw, D'Angelo y...
— ¡Ok! -le cortó Sirius.- Uno de los más inteligentes. ¿Ahí está bien?
— Bueno... Eso es discutible por que...- comenzó Mila.
A Mila le encantaba llevarle la contraria a Sirius Black. Puede ser debido a que el chico siempre tenía tan buenos argumentos (como irrelevantes) que en él siempre se podía encontrar una conversación interesante y dinámica. Aun que no era más que un juego, ambos lo tenían claro. Llevarse la contraria no era otra cosa que una forma de pasar un buen rato, discutiendo temas sin importancia, entre amigos.
La mesa de los leones se llenó con rapidez. Al igual que las otras tres mesas. Remus y Peter llegaron al rato, seguidos de Donna. Luego se les unió James y Lily. El banquete de Halloween comenzó con un inusual grupo, compartiendo, como si se conocieran de toda la vida.
□□□
— Potter, no te soporto.- dijo Lily. Iba hacia la biblioteca. A su lado, caminaba James Potter, despreocupadamente, con las manos en los bolsillos y mirando los terrenos a través de los ventanales del pasillo del segundo piso.
— Pues te aguantas. Aparte, no creo que sea tanto, después de todo, por algo me pediste que te acompañara a la biblioteca.
— Te pedí que me acompañaras para que cargaras con los libros. Pero ni eso haces.-se quejó Lily cargando con un librote tamaño enciclopedia.
— Haberlo pedido directamente.-repuso el chico, desordenándose el pelo distraídamente.- Sólo me quieres por mi cuerpo.
— Si quererte por tu cuerpo significa que te necesito como burrito de carga, pues, sí Potter, "te quiero por tu cuerpo".
— ¡Eh!
Lily no ocultó su sonrisa burlesca, pero James no se dio por enterado. Sabía de sobra que a la chica le fascinaba, no sabía hasta que punto, hacer burla de él. Pero a James, lejos de molestarle, le causaba curiosidad esta manía de la pelirroja. Nunca la vio tan vital como cuando se dedicaba a picarlo. No era la risa fresca que había escuchado en una ocasión, pero sin duda esta Lily traviesa era mil veces mejor que la Lily depresiva.
Lily devolvió el libro a Madame Pince, quien no despegaba la vista del merodeador. Cuando los chicos se internaron en las estanterías en busca de nuevos libros para la lectura personal de la prefecta, James siguió sintiendo sobre su espalda la mirada hostil de la bibliotecaria. Irma Pince vigiló cada movimiento del destructivo niño, según sus propias palabras, por toda la biblioteca hasta que hubo salido. No dejaba de tener razón, ya desde hace algunos años, los temerarios merodeadores hacían blanco frecuente de la biblioteca, y el mayor temor de la bibliotecaria es que alguno de sus preciados libros sufriera algún daño. Lejos estaba esta vez, ya que James Potter se comportó como un perfecto invitado en aquella selva intelectual de la cual se sentía muy deferente, e incluso lejano.
Lily Evans salió cargada tres veces más de lo que entró. Pero no le importó mucho, por que en cuanto tubo oportunidad le enganchó la carga a su compañero. El no dijo mucho, ya que pensaba en otra cosa.
— Esa mujer me odia
— ¿Qué¿Quién?- inquirió Lily, que no se enteraba de nada.
— La bibliotecaria.
— Nah, no lo creo- desechó la chica, acomodándose la túnica.
— Que sí, no me despegó la mirada desde que entré hasta que salí de allí.
— ¿En serio? A mí nunca me ha hecho algo semejante.
— Eso es por que tú no eres yo, y no has convertido de su biblioteca un campo de batalla, entre otras cosas.
— Bueno, eso si es cierto. A quien se le ocurre comenzar una guerra de pintura en la biblioteca, una semana antes de los exámenes.- le recordó Lily con cierto reproche.- Estábamos en quinto, y teníamos los TIMOS. No sabes lo histérica que me encontraba. Pero... En ese momento tampoco te habría importado.
— No...
— No que te importe ahora.- añadió Lily risueña.
— La gente cambia, Lily.-argumentó James.- Pero hay gente que no es capaz de apreciarlo. La misma bibliotecaria. Desde al año pasado que no hago nada en su cochina biblioteca, sin embargo ella sigue viéndome como si fuera a saltar sobre ella, o peor sobre sus queriditos libros, y comenzara a lanzar fuego por la boca o algo parecido.
La carcajada que Lily soltó resonó por todo el pasillo.
— No te rías. Se ve que esa mujer no ha visto mucho mundo. Ni sale de la biblioteca. Juraría por mi escoba a que tiene un affaire con alguno de sus libros.
— Eso no lo jures, jurar en el mundo de la magia puede traer muchas consecuencias-adujo Lily.
— Eso ya lo sé…
— Lo que no sabes, es que Pince... tiene un affaire con Filch
— ¡¿Qué?!
— Pues eso.- confirmó Lily.- Pasar tantas horas en la biblioteca tiene otras regalías, además de ser una buena estudiante. A parte, claro está, de enterarte de los chismes antes que nadie y de primera mano. Aquí en Hogwarts, todos son idiotas. La biblioteca es el segundo lugar más concurrido para contar chismes. El primero, un clásico: los baños. Pero hay algunos, varios, que se creen inteligentes por ir a contar sus secretos más sucios a la biblioteca. Por que claro, hay un montón de lugares donde esconderse, hablas en voz baja; lo que no llama la atención,-enumeró.- y están sólo los chicos más nerd del colegio; que no le contarán a nadie lo que puedan haber llegado a escuchar.
— Wow- dejó escapar James.
— Lo que nadie sabe,- prosiguió la pelirroja.- es que Skeeter tiene encantamientos espía en toda la biblioteca. La chica es astuta. Pero no lo suficiente, por que sólo oye voces. Le faltan imágenes. Y por eso es que nadie se enteró de lo de Pince y Filch. Aparte nadie se pasa tantas horas en la biblioteca como yo para notarlo.
— ¿Estás queriéndome decir que...?
— Los vi. Y sí, fue asqueroso.
— ¿Nos vas a decirme nada más?- exclamó James curioso.
— ¡Claro que no! Además podrás imaginártelos. Una mujer y un hombre, detrás del mesón, en la sección prohibida, en la sección de restauración de libros, en un armario de escobas, etc.
— ¡Por Merlín¡Pensé que estaba hablando con una niña inocente!
— Tampoco soy una pervertida- se defendió Lily molesta por la imagen que Potter pudiera estarse formando de ella.
— No claro, no se puede ser todo lo que se dice pervertido si te pasas la vida encerrada leyendo libros.- razonó James.
— No si los libros son el Kamasutra- comentó Lily como quien no quiere la cosa.
— ¡¿Has leído el Kamasutra?!- casi gritó James.
— Baja la voz, idiota. Que todo el colegio se entera. Y no. No lo he... leído- dijo Lily dejando un espacio de silencio, lo suficientemente largo como hacer dudar a cualquiera.
— ¿Entonces, has visto los dibujos?- preguntó James sumamente impresionado.
— No.-aclaró con decisión.- Sólo... le eché un vistazo al Magisutra
— ¿Y eso?
— La versión mágica del Kamasutra.- aclaró Lily.
— ¿Y que diferencia tiene del Kamasutra?- preguntó James interesado.
— Bueno... Tiene unas... que, bueno... De no tener varita... -medio explicó incómoda- ¡Y yo que sé¡Yo sólo vi la portada!
— Dijiste que le habías echado un vistazo-recordó él.
— Pues eso, lo mismo.- replicó Lily de brazos cruzados y evitando mirar al chico.
— Después de todo, Lily Evans no es una santurrona.- canturreó James alegre y con cierto tono pícaro.
La chica no dijo nada, pero siguió sin mirarlo. James, para relajar el ambiente, le revolvió un poco el cabello pelirrojo y la atrajo a si, tomándola por lo hombros. Lily de inmediato volteó a verlo, entre indignada e incómoda.
— Cuidado con esas confianzas Potter.
James alzó ambas cejas, sin comprender del todo.
— La apuesta aún no ha terminado. Y yo en cualquier momento puedo terminar esta tregua amistosa, y reemprender lo de mi suicidio. Aún no has visto mi artillería pesada.
Y desasiéndose del agarre del moreno, y recuperando su pila de libros, siguió caminando, mentón a lo alto, muy digna de si misma. James acomodó sus manos en los bolsillos un tanto contrariado. Una sonrisa apareció. No había visto su artillería pesada, por supuesto. Y durante todo lo que quedaba de día y los siguientes, James Potter, embelezado, no pudo quitarse la imagen mental de Lily Evans ojeando escandalizada, aun que interesada, la versión mágica del Kamasutra.
□□□
— ¡No lo vamos a matar, de acuerdo¡Sólo queremos saber si esta bien!
— Esta muy bien, seguro les envía saludos
— Queremos verlo.-aclararon.
—... De acuerdo.-suspiró, pero fiera añadió- Sólo no vayan a molestarlo, que no se inquiete ni nada. Estaré en el despacho, cualquier señal extraña y les echaré de aquí a patadas.
Los pasos se alejaron y terminaron en fuerte portazo, al final de la estancia. Después, pasos de dos personas se acercaban hacia él. Por detrás del biombo aparecieron los rostros familiares de dos de sus amigos: Sirius Black y Peter Pettigrew, sonrientes.
— ¿Qué tal, campeón?- le saludaron.
— Como pueden ver, he sobrevivido.- declaró Remus ceremoniosamente.
— Si, aun que anoche te pasaste- se quejó Sirius.-: aún me duele el zarpazo de la espalda. He tenido que estar todas las clases inclinado sobre la mesa, y ha parecido que estudiaba. Los profesores sospecharon de que hubiese hecho alguna broma y no me han despegado el ojo todo el día.
— No me hagas reír.- dijo Remus riéndose, intentando sujetarse las costillas vendadas, aun que no ponía mucho empeño en parar.- Les has dado tanto material para sospechar estos años, que no es raro que se alarmen al menor indicio de quietud. Es como la calma antes de la tormenta.
— Sí, pero yo no he hecho nada.- aclaró inmediatamente Sirius.- Seguro si ocurre algo, me lo achacan a mí.
— Pues tranquilo.- dijo Peter que hasta el momento no había abierto la boca.- Tony Schwartz ya ha descubierto que has sido tu el que le ha encantado la mochila y seguro a corrido a decirle a Flitwich. Así que puedes estar tranquilo, no ha sido injusto.
Sirius puso cara de furia, pero se calmó al darse cuenta que el pequeño tenía razón. Enseguida su humor cambió cuando recordó como la mochila de Schwartz le había seguido intentando ahorcar a su dueño con las correas. Sonrió.
— Sólo me pregunto como se enteró.
— Mike Loran se lo ha dicho.-apuntó de nuevo Pettigrew.- Te dije que estaba allí, mirando, Sirius. Pero tu ni caso me hiciste. Era obvio que se vengaría por lo de Daphne.
— ¡Pero si eso ocurrió el año pasado!
— El idiota de Loran es rencoroso, sabes bien que te lo dije.
— ¿Y por que rayos yo no recuerdo ninguna de tus advertencias?-repuso Sirius enfurruñado.
— Sería por que estabas riéndote como un descosido mientras encantabas la bendita mochila.- Apuntó Peter sin darle importancia, pero mirándolo con cierto desdén.
— ¿Han venido a verme a mí o a discutir entre ustedes mientras yo no me entero de nada?- preguntó Remus harto de intentar comprender lo que se desprendía de los extraños reproches de sus amigos.
— Lo siento Lunático. Pero tendría que haber visto como Tony Schwartz corría.- repuso Sirius con una sonrisa.
— ¿Por qué no ha venido James?- pidió el licántropo, pasando totalmente de la veta de sádico de Black.
— Venía con nosotros, pero a visto a Evans correr en dirección contraria y le ha entrado la curiosidad.- explicó Peter.
— Comprendo.- concedió Remus con una sonrisa. James ya estaba perdido.
Sirius se había sentado a los pies de la cama de Remus. Miraba pensativo por la ventana. Peter Pettigrew se preguntaba que era lo que mantenía ocupada la mente del moreno.
— ¿Cuánto tiempo le das a la pelirroja para que le ponga correa a James? Un galeón a que lo hace en cinco días.
— Yo voy por 2 días.- apuntó Peter de inmediato.
Remus lo miraba con el horror pintado en la cara. Peter y Sirius se miraron. Comenzaron a sacudirse levemente, y Remus se preguntó si les estaba dando un ataque. Al segundo comprendió. Los chicos estallaron en carcajadas que inundaron por completo la enfermería.
— ¡Pero que catástrofe esta ocurriendo aquí¡Mocosos sin respeto¡Largo de aquí¡FUERA!
Madame Pomfrey agarró a Peter y a Sirius por la parte posterior del cuello de su túnica y los arrastró hasta la puerta. Remus alcanzó a gritar "¡4 días!" antes de que un portazo estremeciera los cristales de las ventanas.
La enfermera se encerró en su despacho. Remus se acomodó entre las mantas y pensó que se había olvidado preguntarle algo a Sirius. Era una duda, completamente superficial, pero que se mantenía allí, incordiando en la encrucijada de pensamientos que era la mente de Remus Lupin.
Bufó. Y alguien entró en la enfermería. Deseó que fuera su amigo, intentando sabotear la protección que Poppy imponía en sus dominios. Eran pasos suaves, así que desechó de inmediato que fuera su amigo. La voz de una chica le preguntó algo a la enfermera. Cruzaron unas palabras y la enfermera se marchó.
Los pasos suaves se acercaron hacia su cama, sin embargo el era incapaz de ver de quien se trataba. El biombo se lo impedía.
— Oh
Alzó las cejas delgadas imperceptiblemente.
— Hola Mila ¿Cómo estás?
— Bien, bien. Mejor que tú, presumo.- dijo Mila sonriendo.
— Si, pero me recupero rápido, ya sabes.
Y claro que sabía. Se había enterado, junto a Lily Evans, de su condición de licántropo, por una especia de... casualidad. Sin embargo, no hizo diferencia ni menor comentario. Todo siguió como siempre. Remus supo que eran personas confiables, aun que siempre sospechó que no habían resistido comentarle a Donna Blake.
— ¿Qué haces aquí? Supongo que no has venido a verme a mí- repuso Remus con curiosidad.
— Yo... No, en realidad no sabía que estabas aquí.- Mila mantenía sus manos haciendo presión en su vientre bajo.
— Nadie sabe que estoy aquí, a excepción de James, Sirius y Peter.
— Claro
Silencio.
— Pomfrey ha ido a buscar mi poción... Hum... Para...
Remus arrugó su entrecejo sin entender.
— Digamos... Para problemas mensuales femeninos.- dijo Mila con un mohín de vergüenza. Remus sonrió.
— Entonces yo estoy aquí por una especie similar. Ya sabes, problemas mensuales masculinos.-Miranda rió relajada. Remus añadió titubeante.- Sirius suele decir que me viene la regla con la luna llena.
— Si, se lo he escuchado un par de veces.- concordó Mila risueña.
— ¡¿Qué?! -exclamó Remus molesto.- ¿Por qué tiene que andar, ese idiota, publicando mi vida?!
— No seas tan duro con él.
— Bueno...- concedió Remus.- De todas maneras le partiré la cabeza cuando lo vea.
Miranda rió. La puerta de la enfermería se abrió y una voz llamó a la chica.
— Me tengo que ir. Ya nos veremos pronto
— Claro
Un alboroto al final de la Enfermería y luego se sumió en silencio. Remus Lupin, solo, otra vez, deseó salir luego de allí.
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Dobló la esquina y corrió, agotado. Llevaba en eso, ya, más de lo que recordaba. Y le llevaba un montón de delantera.
Fue un segundo que la vio. Corrió hacia allí, pero a punto de cruzar el umbral, reparó en el cartel que indicaba "Baño de Mujeres". Y titubeó. Esperar o entrar. Se decantó por la segunda. Un par de niñas de Hufflepuff lo miraron escandalizadas. Una Ravenclaw le miró extraño y salió de allí. Y otras chicas más salieron. Le bastaba con la primera mirada para saber que su presencia, allí, era desavenida. Pero nadie dijo nada, sería por ser James Potter, quizás.
— ¿eh Lily...¿Estás aquí?- su voz retumbó en la baldosa húmeda.
— ¿Potter?!- la voz le llegó desde uno de los cubículos, deslizándose suave, como un reptil, sonando levemente histérica.
— ¿No estarás intentado suicidarte?- su voz sonó hueca y se repitió como haciendo burla de él.
— ¡No¡Andate de aquí!
— Pero...
— ¡ANDATE!
La orden de Lily fue tajante. Fue determinada. Fue algo que el chico no pudo desobedecer. Salió de allí y se apoyó en la pared, frente a la puerta, cruzado de brazos. No fue mucho lo que esperó, sin embargo el estaba impaciente.
— ¡¿Por qué demoraste tanto?!- inquirió James cuando finalmente Lily salió, arreglándose el cabello.
— No es asunto tuyo, idiota- contestó suavemente.
James preguntó de inmediato, preocupado. La había visto correr por el pasillo y le había dado mala espina. Se mantenía muy pendiente de ella. Por si volvía con la apuesta. Por eso la siguió. Por eso.
— ¡¿Qué hacías¿No te has matado?
Sin embargo, James no reparó en lo estúpido de su pregunta.
— Por supuesto que sí. Mi cadáver yace en el baño y yo no soy más que una proyección astral de mí misma.
Irónica. Siempre Lily Evans es irónica.
— No tienes para que burlarte... Yo estaba preo... Lo que quería decir era-.
— Se lo que querías decir.- interrumpió Lily.- Sólo quería ir al baño.
— ¿Y por que corrías?- preguntó James, sin dejar de sonar desafiante.
— ¡No estaba corriendo! Sólo... llevaba prisa.
— Estabas corriendo
— ¡No!
— Es que corres tan lento que parece que vas caminando.
Pum. Golpe en el pecho. James sonrió, un cosquilleo. Le gustaría sonreír socarronamente, por que eran esa clase de golpes que las chicas daban, y que creían que dolían a los chicos, pero que sólo activaba en ellos una parte que muy pocas veces utilizaban, y de la cual, desconocían totalmente su función. Sensibilidad, que los chicos denominarían mediocremente como: cosquilleo.
Se contuvo, Lily estaba cabreada y no quería empeorar las cosas. Ante la no respuesta del buscador, Lily pensó en decir algo.
— Acaso no puedes entender que solo quería ir al baño. Simplemente-.
— ¡Hey, Lily!
Ambos voltearon a ver. Una cabellera castaña clara, larga, brillante y de suaves bucles, ondeaba tras una chica, que se acercaba a ellos.
— Hola chicos- saludó a llegar.- Lily, tenemos que ir a buscar unas cosas.
— ¿Cosas?
— ¿Para qué?- preguntó a su vez Lily, dejando invalidada la duda de James.
— Esta noche hay junta de chicas en Gryffindor. Ya sabes, nos toca lo de siempre.- apuntó Mila.
— Que fastidio...- dijo Lily, arrugando la naricilla, un tanto indiferente. Mila se encogió de hombros.
— Quedé en encontrarnos con Donna en el hall. Nos estará esperando ¿Vamos?
— Claro- concedió Lily.- Adiós Potter.
— Nos vemos
— No pienses meterte en nuestra junta esta noche¿Eh James?- advirtió Mila con camaradería.
— No pensaba hacerlo.- Se encogió de hombros, con una sonrisa tranquila en el rostro.
Se dio la vuelta y caminó en dirección opuesta a las chicas, por el pasillo. Tan alto como era, se irguió. Y sonrió. Recordó como Tony Schwarts daba un espectáculo graciosísimo mientras arrancaba de su mochila. Seguro a Lunático le hará gracia, pensó, mientras encaminaba sus pasos hacia el Ala de Enfermería.
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Las cosas iban a tirones. Los estudios siempre parecieron ser la prioridad fundamental en su esquema de vida. Y estaba conforme. Era la mejor alumna, y era una de las más brillantes prefectas. El director lo sabía, los profesores también. Sus compañeros, no importaba la casa, curso o condición. Y ella misma lo sabía. Y desde una concepción muy bien basada en sus principios, aun que nunca supo, exactamente, por qué, sabía que si ella creía en ella, los demás lo harían. Y por eso mismo temía.
Era una costumbre. Era algo esperable. Era normal. Completamente normal como sacar un 112 sobre cien en un examen de dificultad en Defensa. O de siempre tener la mejor respuesta sobre las 97 propiedades subyugantes de la coclearia en Herbología. Algo muy normal, muy gastado.
Pero ahora, algo andaba fuera de esos límites.
Cómo en ese momento, su hambre voraz. Junta de chicas significaba mucha comida rica en grasas (no que a ella le importara), chicas en camisón y cotilleos. Muchos, de los más variados. Y eso le tenía más o menos ansiosa.
"¿No te asusta lo que puedan preguntarte las chicas?", le preguntaron.
¿De qué? No había mucho que saber de ella. No había nada que pudiera interesarles. Nada por que pudieran descuerarla.
"Últimamente pasas mucho tiempo con James Potter".
Increíble como siete palabras podían tambalear la fortaleza que era su mente. Su escudo, su defensa reaccionó rápidamente y contestó que no le importaba, que no había nada que hablar acerca de eso. Que no le preocupaba ir a la dichosita junta, por que ella no hacía nada malo, nada por que esconderse.
En verdad iba por que no sería ella, precisamente, la aguafiestas que se perdiera tales eventos sociales. La comida estaba bien, los rumores, también, estaban bien. Es bueno informarse de lo que ocurre a tu alrededor. Era sólo una espectadora, todas lo sabían, ella lo sabía. O no.
La mención de que ella pudiera ser tema, la desequilibraba. Las manos le temblaban y en lugar de llevar las golosinas a la habitación de séptimo, donde se acordaban hacer las juntas, se había escapado al baño de prefectos a saciar un hambre que no tenía, con una prisa demencial, con un ansia descontrolada.
El tercer paquete de galletas tamaño familiar. Introdujo la pequeña mano y tomó un puñado de galletitas de chocolate. Las vació en su boca y el sólo mascar le daba un terrible alivio, sin embargo, momentáneo.
Paró. Un momento se detuvo y miró su alrededor. Estaba sentada en el frío suelo del baño de prefectos, rodeada de comida para por lo menos 7 personas y en el suelo, paquetes abiertos, comidos a medias, y lleno de migas y trozos que habían escapado de su cruenta desesperación.
Soltó la comida y se giró, para evitar ver lo que había hecho. No era terrible. Todo el mundo tenía sus momentos de gula. Pero, no era gula. No era hambre. No era ansiedad. Era rabia consigo misma. Por perder el control. Por dejarse afectar por lo que un montón de cabezas huecas pudiera decirle, pudieran pensar de ella. Y siempre habían sido lo mismo. La inseguridad de toda la vida, enfrascada, prensada dentro de una imagen, de una forma de ser que no le correspondía a pesar de las infinitas ganas y del irrefrenable esfuerzo puesto en ello. Quería ser fuerte, valiente, leal. Ser una mole que nadie pudiera derribar. Pero por sobre todo, verdadera.
Y en eso fallaba, precisamente.
Últimamente pasas mucho tiempo con... Últimamente era ella, de verdad. Si había hablado, si había gruñido, ironizado, empujado, molestado. Si había reído. Había sido ella. Una risa de verdad en mucho tiempo.
Nada que los demás pensaran debía importarle. Y era exactamente eso lo que temía. James Potter había sacado una versión de ella, una versión que ella quería ocultar. Una versión original.
Abrazó sus rodillas. Pensó que tendría que reponer todo lo que había comido, o no. Por que tenía que ir a la famosita junta, no había punto de discusión. O iba o la descueraban. Al menos, estando presente tendría oportunidad de defenderse. ¿De qué? No lo sabía con exactitud. Pero con temeridad se enfrentaría a lo que fuera. Y es que eso tenía de bueno la memoria, que aprendes que la coherencia es solo cuestión de tiempo.
Últimamente...
El nunca digas nunca empotrado en todos los recovecos de su difícil corazón. Tan fácil de ver como se veía a un hippie, a la treintena, engominado y encajado en un traje o al soltero recalcitrante bien cogidito de la mano. Evolucionar, involucionar. Aprender, errar. Lo único que permanece es el cambio.
Lo que no cambia es lo que se gasta.
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Nota de la Autora:
Esta vez no he tardado. Y me ha quedado largísimo. Pero no estoy completamente conforme con el capítulo. En parte lo amo y en parte lo odio. Una contradicción total. Me gusta, por que la escena del principio, la del lago, la he pensado, no hace mucho, pero si bastante durante las noches e insomnio. Y en mi cabeza va genial sin embargo cuando la escribo no sale tal cual. Y lo he intentado en un montón de ocasiones, eh! Al final la he dejado como más me ha gustado, de las que he escrito. La escena del Kamasutra ha salido, de quien sabe donde, de mi cabecita pervertida seguro, pero muy de la nada. Y ha salido así tal cual está. Y me gustó mucho. Lo otro, son Sirius, Remus, Donna y Mila. No quiero entrar en detalles con ellos, pero también tienen su historia. A ver si alguien adivina por donde van las cosas. Si alguien no entiende del todo los últimos párrafos, no importa (y es que la Bea me bajo la moral con su crítica, antes de publicar), Lily cambia, y es hora de que comience a darse cuenta de ello ¿no? Eso es solo una pequeña reflexión.
Quisiera recomendarles una fanfiction que comencé hace poco, se llama "Me enamoré de una túnica de piel de dragón" y pueden encontrarla en mi profile. Un poco de publicidad no puede ser dañina ¿no? Jejeje. Es una adaptación de un libro buenisimo que leí, ojalá si tiene un tiempo, se hacen el ánimo y pasan.
Ojalá les guste a todas el capitulo, y ya saben cualquier opinión, duda sugerencia, critica, reclamo, felicitación, tomatazo, en un review. Que ya saben que los review motivan mucho, y hasta subo capítulos adelantados y esas cosas, jejeje.
Gracias por leer. Por cierto, lo reviews están respondidos en otro review, formado por mi misma (en la página de los revies, por supuesto).
Besos.
Belén.
