Capítulo X:

Hermandad y Dolor


Todoko es la única que entra a mi habitación sin tocar. Me encanta que sea así.

—Osomatsu nii-san, tengo algo para ti ¡Voltea por favor!— abro un ojo para hacerme al interesado y me giro sin levantarme del suelo.

—¿Qué es?— muestro interés. Hay algo emoción en su voz, espero que sea dinero. Me urge apostar en los caballos, presiento que me irá bien.

—¡Taráááááán!— Todoko saca algo de sus bolsillos. Reconozco el color de los billetes por su denominación y cojo el dinero que llueve del cielo.

—¿Q-Q-Qué hiciste?— ya no tengo sueño, al contrario, quiero salir a divertirme, ver que consigo ¡Está el pachinko, el puesto de oden de Chibita o pasearme por algún bar para ver si pesco algo! ¿Debería hablarle a Totoko? Na.

—Ne, ne, adivina— Todoko me abraza y levanta la carita para que me pierda en sus ojos. Conozco sus jugarretas, todo lo que sabe es parte de mi enseñanza. Su talento no sería aprovechado por Cacamatsu o ninguno de mis hermanos, son muy idiotas.

—¿Lo robaste?— cuento el dinero.

—No.

—¿Ganaste en el Pachinko?— hago a un lado mis cuentas mentales y alzó una ceja. No me gustaría que Todoko fuera mucho mejor que yo en las apuestas.

—¡No! Además, soy menor de edad. No me dejan entrar a esos sitios— me responde con una risilla. Que bonita se ve cuando se tapa la boca, me da la impresión de que es adorable cuando es una hija de puta. Mi hija de puta.

La última es la vencida —¿Atsushi?— que tonta es mi risa cuando le presto atención...

—¡Bingo, Osomatsu-kun!— el sonrojo me hace toser, ¿por qué diablos tiene que llamarme así?

—¿Qué dijiste?— ¡¿escuche mal, no es así?!

—¡Atsushi-kun me dio dinero y me invitó a salir!— Todoko se cuelga de mi brazo. Me uno y la abrazo, vuelvo a lanzar el dinero ¡Qué me importa cuanto sea si vamos a tener más! Los dos brincamos por toda la habitación ¡VAMOS A TENER DINERO!

—¡Dinero, dinero, dinero!— los dos repetimos a coro. Hasta que caigo en la cuenta que nos pueden escuchar y le tapo la boca a mi hermanita.

—Todoko, ¿te das cuenta que ya podemos iniciar con el negocio?— le digo demasiado cerca que puedo sentir su respiración en mi rostro. Mi hermana me asiente con esa cara de ratón tierno y le apreto las mejillas hasta que se le quedan rojas. Ella me infla los cachetes y yo le saco el aire al picárselos con el dedo. —Mañana no irás a la escuela, saldremos a comprar algo de ropa y con lo que sobre nos divertiremos un rato— la suelto y recojo unos cuantos billetes —Mis honorarios, hermanita— a triunfar en el pachinko.

—Ne, Osomatsu nii-san, ¿no me vas a agradecer por mi buen trabajo? — sus palabras me agradan y me rasco la nariz.

—¡Qué tonto! Se me olvidaba— voy a la puerta y me aseguro de que nadie este cerca. Paso seguro y le levanto la blusa. Todoko se quita el brassier y se sienta en la cama. Me le arodillo para quitarle la falda. Me gusta ver como la ropa interior se le enrosca en las rodillas, es cuando aprovecho a usar la boca y a deslizarla hasta que llega al suelo. Le digo adiós a la camisa, y al pantalón lo mando a volar de una patada. Estoy duro y me sostengo el pene para tocarlo. Todoko se aprovecha de eso y se lo mete a la boca. Pongo cara de estúpido cuando me la chupa, es demasiado buena... Las piernas me tiemblan por la humedad de su boca y por su modo hambriento de absorber. La puta hace unos sonidos que me la ponen más tiesa. Un momento, no me quiero correr tan pronto ¡Quiero coger!

Le jalo el cabello para que no me la siga mamando y le sonrío mostrándole los dientes. Ella conoce la señal y me deja ponerme boca arriba en la cama. —¿te gusta así, verdad?— Todoko no me responde. La puta de mi hermana me enseña su vagina al abrirsela con dos dedos. Está muy mojada. Que rico...

Se introduce el pene y sin perder el tiempo me rebota encima. Le sostengo de los pechos y me siento para besarle los pezones. Su estrecha vagina me hace gruñir, controlo el ruido mordiéndole el cuello. Ella se mueve más a prisa, y oculta su rostro en mis hombros para aguantarse los gemidos. Estamos en casa y tenemos muchos hermanos. Para torturarla un rato, me muevo a un ritmo más a presurado. Su espalda se hace para atrás y sus ojos se le abren demasiado. Ama que me la coja y se la meta hasta al fondo, es lo que hago cuando cae de espaldas en la cama. Me le pongo encima y le levanto una pierna.

—¿te gusta, no es así?— le muerdo el labio inferior y la embisto hasta que la cama hace demasiado ruido y tenemos que bajar la intensidad. Que aburrido.

—Más... Más... Más...— Todoko me abraza por el cuello y me besa los labios. Casi nunca intercambiamos besos. Sólo nos gusta el sexo a escondidas. Le acepto sus babas, es como si tuviera una novia.

Nos besuqueamos y eso ayuda a que dejemos de hacer ruido. La levanto por la caderas, mi pene roza diferente. Ella aprieta demasiado que dejo de besarla para poder respirar. Todoko hace algo que me asombra, se levanta de los codos y termina haciendo un arco con su cuerpo. Los senos se le tensan, se los pellizco con los dientes. Me carcajeo por sus sonidos y ella me abofetea sin fuerza por mis burlas.

—Te encanta que te folle— soy un cínico.

—M-Me e-encanta...— me responde y se muerde los labios. Creo que le daré más duro.


Todoko no fue a clases. La vigilo por su calidad de mercancía interesante. Hay que ser muy ingenuo para caer en su actuación y yo tengo práctica en esa clase de ambiente.

—Iyayo, ¿qué opinas de ella?— le pregunto a mi asistente y amante principal. Iyayo se pasa el cabello detrás de la oreja y baja un poco la ventanilla para observar mejor a la niña. Me gira los ojos y se recarga en mi hombro. Estamos en silencio, la música clásica queda para otra ocasión.

—Muy simple, no me gusta— le doy un beso en la frente. Su respuesta me llena de honra. No le gustan las chicas más jóvenes y hermosas que su persona. Elegí bien.

Me causa interés la convivencia con su hermano mayor. No es un simple lazo familiar, hay algo más entre ellos, lo deduzco por como se miran y se rozan los dedos. Huele a perversidad, Todoko no era virgen cuando nos acostamos. El lenguaje de su cuerpo sacó a relucir la verdad, estoy encantado por su experiencia y su escaso tabú.

Los hermanos usan el dinero para acatar mis ordenes de encontrar algo lindo para mi señorita. Eso habla bien de ellos, cumplen con su plan y yo me haré al sorprendido. Usaré palabras vanas y corrientes: "Qué hermosa te vez, Todoko" y me catalogará como un hombre más a su lista. Creerá que soy común y corriente para desvivirme por una niña con buena figura. Les aseguro lo contrario, ella no podrá vivir sin mí.

Es momento a que haga mi aparición. Le digo a Iyayo que este pendiente de lo que ocurre y le beso las manos. Me salgo del auto y camino con normalidad. Entro a la misma tienda en la que se encuentra Todoko y su hermano, y observo a los maniquís para dar la imagen de que no tengo idea de que comprar. Al fondo de la tienda veo a mi presa, y camino a su dirección.

—Todoko.

—¿Atsushi-kun?— su sorpresa es verdadera.

—¿Por qué no estás en clase?

—Salí temprano y pasé a comprar algo para ti con unas amigas.

—Entonces, será mejor que me vaya o te llevaré conmigo.

Todoko se ríe. Los clientes estarán encantados con su ternura, ¿qué precio será conveniente para tan alta calidad? Me despido besándole la mejilla. Ella baja la cara con su vergüenza fíngida y le respondo con una sonrisa nerviosa tan falsa que pasa por real. El día de nuestra cena, Todoko no regresará a casa.


La entrada escolar me parece muy triste sin mi novia esperándome. Me acostumbré demasiado rápido a tener una novia que me sonría y me tome de la mano, caminé hasta aquí sólo para perder mi tiempo ¡Todoko-chan es tan linda! Me urge apretarla y llenarla de besos. Si tuviera el dinero suficiente para comprarle ropas bonitas que fueran con su personalidad, le tomaría tantas fotos que ya no sabría que hacer con el material. Es preferible que me vaya a casa, tengo que estudiar… La próxima semana inician los exámenes de nuevo… Espero que Ichimatsu estudie… Aunque no tengo idea de como pasa sus materias si nunca abre un libro.

No me iré sólo, Jyushimatsu sale corriendo de la escuela. Es extraño…No está con Homura-chan, ¿Por qué no están juntos? Me da mala espina, algo terrible está por pasar… Trago saliva como si el mal estuviera frente a mí.

Me revuelvo el cabello, estoy siendo muy paranoico… ¡tengo que relajarme!

—Choromatsu-san, ¿está todo bien en casa?— reconozco la voz.

—Todo está muy bien en casa, muchas gracias por tu preocupación, Homura-chan— le hago una reverencia por sus buenas intenciones. Sólo que dudo por el comportamiento de Jyushimatsu…

Homura me sonríe.

—¿Y tú, cómo estás?— estoy obligado a preguntarle. Su sonrisa es distinta, la finge para que nadie se preocupe por ella.

—Todo bien, gracias— ahora es ella quien me reverencia... E-E-es como si no la mereciera.

—¿S-segura?

Me asiente y se cubre el rostro. Llora… Y soy todo un imbécil por no ayudarla…

—Jyushimatsu-kun terminó conmigo.

Suelto mi maletín y me voy de espaldas... Esto no lo vi venir...


La aparición de Atsushi me dejó sin aire, y está vez tuve suerte de que no se encontrase con Osomatsu nii-san. No tendría una excusa creíble para andar con mi hermano de compras en lugar de estar en la escuela. Que mal, la excusa de que las clases terminaron antes no la podré usar en bastante tiempo. Tendré que pensar en otras mentiras para las compras de negocios. Eso será luego, por el momento, luzco el vestido nuevo que Osomatsu me escogió. No me gusta mucho, es demasiado virginal hasta para mí. Es muy blanco y en las orillas de los olanes tiene demasiado encaje. Lo único que me atrae es el cuello en V que me estiliza la figura... Por el resto, creo que sólo lo usaré para la cita con Atsushi.

Hago diferentes poses para ver cual queda mejor con esta apariencia. Me aprieto las mejillas y me tomo una buena sesión de fotos para subir al rato. Giro y la falda se eleva sin mostrar casi nada por lo acolchado de su estilo. Soy un princesa y si me suelto el cabello, parece que tengo menos edad. Me veré muy bonita este fin de semana.

Escucho un golpe en el piso de abajo y doy un gritito por el susto. En mi casa hay mucho ruido pero no de esa clase. Me bajo el cierre del vestido, me desvisto rápido. Ahora gritan, es la voz de Choromatsu y Jyushi. No entiendo lo que dicen, pero me da miedo de que se agarren a los golpes... Las escenas entre Karamatsu y Osomatsu pueden ser las peores. Me visto con rapidez con la ropa de diario y bajo corriendo las escaleras. Mi cabello rebota porque olvidé trenzarlo, pero es un detalle menor para lo que ocurre. Espero que ninguno este borracho y su pelea sea por alguna tontería... Nunca falta. Giro los ojos.

—¿Por qué terminaste con Homura-chan?— llegó a la sala justo a tiempo para escuchar el reclamo por parte de Choromatsu. Es momento de actuar y mostrarme sorprendida por la confesión. Mis hermanos guardan silencio, yo me tapo la boca sólo para encajar.

Jyushimatsu no responde, se queda en el mismo sitio con el cuerpo tenso. Su comportamiento deja con un aire de extrañeza a toda la casa. Karamatsu se para en medio de los que pelean y estira su mano para mantener la distancia y no se golpeen. Choromatsu tiene un pie en la mesa y sus cuadernos están desparramados por el suelo. Me comporto como una buena novia y me agacho a recogerlos sin meterme a la zona de peligro. Miro a mis hermanos de reojo como si estuviera a punto de llorar y cuando uno se mueve, me hago a la que tiene miedo y me coloco detrás de Osomatsu.

—Basta, burazas. Comportense— Karamatsu aleja a Choromatsu por ser el más arisco de todos los presentes.

—¡Karamatsu! ¡Terminó con Homura-chan y él muy cobarde no le explicó nada! ¡Está jugando con ella!— Choromatsu grita.

Ichimatsu tuerce la boca y me observa. Me acusa, sabe que yo lo causé. Hago como que no lo veo y mantengo mi tristeza por la noticia. No me voy a dejar intimidar por un adicto.

Osomatsu chifla y se mete a la pelea —Oe, Jyushimatsu, sí que eres estúpido. Homura-chan tiene muy buenas razones para no dejarla ir— cuando levanta ambas manos a la altura del pecho, se que habla de sus senos. Por celos, le pellizco el brazo. Karamatsu me da el visto bueno, cree que corrijo a mi hermano mayor.

Jyushimatsu está vacío y sus ojos están muy rojos: lloró. Con lentitud, nos da la cara. A cada hermano le sonríe y se le salen las lágrimas. Se detiene conmigo y sale corriendo. Su dolor resuena junto con sus pisadas en la escaleras y azota la puerta de su habitación. Se escucha su berrido, tiene un modo muy desgarrante para soltar su dolor. Sabe como sufrir para desahogarse pronto.

—¡Oe, Jyushimatsu!— Karamatsu lo persigue y Choromatsu sube a su habitación con un aura de enojo que nos aleja. Salgo de mi escondite detrás de Osomatsu y a Ichimatsu le saco la lengua. Me encargaré de él, tengo un plan para que caiga. Por ahora, mi "prioridad" es mi novio.