DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
AMOR DE VERANO
CAPITULO IX
Llevaban tres horas en esa habitación.
Tres horas en las que Edward había querido que Bella le contara cada mínimo detalle de la vida de Nessie.
¿Cómo había elegido su nombre? ¿A qué colegio iba? ¿Cuánto le gustaban sus clases? ¿Qué actividades extra escolares hacía? ¿A qué le gustaba jugar? Etcétera
Bella llevaba su tercera taza de café, pero ya se le estaba haciendo largo el día.
- Edward, ¿podemos seguir con esto en otro momento? Es tarde, debería irme a casa.
- Lo siento – sonrió comprensivo mirando la hora – No me di cuenta que era tan tarde.
- No hay problema.
- No tienes que irte. – dijo y se ganó una mirada aprensiva de la chica – Ya sabes, la suite está pagada toda la noche... Nessie está en casa de Rose...
- Oh, no – negó rápidamente – No creo que sea apropiado.
- ¿Por qué no? No es como si no hubiéramos pasado nunca una noche juntos.
- No, Edward, sabes que no. Esto no es lo mismo.
- Sabes, hoy cuando me acerqué a ti en la boda – confesó sonriendo a la vez que se acercaba a ella que estaba completamente tumbada en el mullido sofá – Sólo pensaba en salir contigo y volver a vivir algo de lo que vivimos hace seis años – murmuró poniéndose de rodillas en la moqueta para quedar con su rostro frente al de ella.
Bella se había descalzado hacía rato ya y había deshecho su peinado en un intento de ponerse todo lo cómoda que fuese posible.
Edward estiró su mano para enredar su dedo en un mechón castaño que caía sobre el rostro de la joven.
- Edward... – gimió cerrando los ojos
Se sentía demasiado exhausta para luchar contra los sentimientos que Edward despertaba en ella, pero sabía que ése sería un error mayor que todos los que había cometido con él alguna vez.
- No, Edward, sería una tontería...
- ¿Tú crees? – murmuró él estirando su brazo para alcanzar la cremallera del vestido de Bella que bajaba por su espalda
- Sabes que sí... Edward...
La mano de Edward llegó al final de la cremallera, quedando sobre la curvatura del comienzo de sus nalgas.
Movió entonces la tela del vestido bajándola por el hombro de la chica descubriendo un pecho pequeño y firme.
- Detente, Edward... – pidió sin convicción
- No quieres que me detenga... – susurró él acariciando con la palma de la mano el pequeño pezón que se irguió ante su contacto.
- Esto no está bien, Edward... tenemos una hija... – murmuró nerviosa
- Shh – la cortó bajando sus labios hasta el pecho para introducir el pezón entre sus labios.
No lograba entender qué le hacía ese hombre, qué tenía para convertirla en esa mujer sexy y excitada, pero habían bastado un par de horas para que estuviera dispuesta a entregarle lo que no había entregado a nadie en seis años.
Fue entonces que recordó la conversación que había tenido con su madre sólo una semana antes: No puedo soltarme. La única vez que me solté resulté embarazada de un hombre de quien no sé ni su apellido...
Llevó la mano a su vestido y lo subió para cubrir su pecho alejando a Edward de él.
- Relájate, preciosa...
- No puedo, Edward – reconoció sentándose en el sofá y separándose de él
Edward suspiró sentándose sobre sus talones.
- Lo siento, pero esto es una locura – espetó sin atreverse a mirarle mientras se levantaba para subir la cremallera de su vestido.
- Déjame a mí – pidió Edward poniéndose en pie sabiendo que ya no había nada más que hablar.
Se acercó a ella y subió su cremallera.
- De verdad puedes quedarte aquí esta noche, Bella. Te prometo que no me propasaré. Yo me instalaré en el sofá y tú podrás ocupar la habitación. De hecho puedo irme a otra habitación si lo prefieres.
- Prefiero irme a casa.
- De acuerdo. Te llevaré.
- No hace falta. Sólo pediré un taxi.
- No. Yo te llevaré – aseguró besando su hombro desnudo
Edward la dejó en la puerta de casa y se marchó después de que intercambiaran sus números telefónicos, algo que se habían arrepentido cientos de veces, de no haberlo hecho seis años atrás.
No durmió mucho ya que se la pasó dando vueltas en la cama.
Cuando Rosalie trajo a Nessie después de comer, acababa de salir de la ducha, intentando despejar su cansancio.
- Hola, mami – gritó la niña al entrar
- Hola, cariño ¿cómo estás?
- Muy bien. He estado jugando Mario Kart con tío Emmett y le he ganado todas las veces.
- ¿De verdad, cielo? – preguntó con una sonrisa – Eres una campeona.
- Sí, lo soy. Y me ha prestado el juego – dijo enseñándole la caja del juego antes de correr al salón para conectar la consola.
Rosalie sonreía detrás de la niña.
- Hola, Bells – la saludó besando su mejilla – ¿Cómo estás?
- Bastante cansada.
- ¿Cómo fue todo con Edward ayer?
- No sé. Creo que bastante bien – confesó dirigiéndose a la cocina – ¿Tienes tiempo para un café?
- Desde luego. Emmett está con Henry en la casa.
Se sentaron ante la isla de la cocina, frente a las tazas que Bella sirvió para ambas.
- Cuéntame – pidió su amiga con real interés
- No sé, Rose, todo es tan confuso.
- ¿Habéis llegado a algún acuerdo?
- No lo sé. Edward ha accedido a no decirle la verdad a Nessie hasta tanto sepamos cómo lo vamos a llevar. Quiere ser su padre y ocupar su lugar en todos los sentidos. Pero ambos estamos de acuerdo que viviendo no sólo en diferentes ciudades sino en diferentes continentes, no será fácil.
- ¿Qué es lo que quiere? ¿Régimen de visitas? ¿Custodia compartida?
- No lo sé, ya que cualquiera de las dos serán difíciles de compaginar. Un régimen de visitas, viviendo él en Europa, obligaría a que ella pasase sus vacaciones con él ya que lo de los fines de semana queda descartado, pero por otra parte, la custodia compartida obligaría a vivir seis meses en un sitio y seis en otro y eso imposibilitaría el colegio, entre otras mil cosas.
- ¿Entonces?
- No lo sé, Rose. No nos hemos puesto de acuerdo. De momento quiere conocerla y le he ofrecido que pase tiempo con ella.
- ¿Con qué excusa?
- Ninguna muy buena, en realidad. Supongo que le diremos que hemos hecho amistad ya que él es el hermano de Alice. Así podrán conocerse y Ness no sentirá que está obligada a estar con él por quién es.
- Creo que será lo mejor. ¿Cuánto tiempo se quedará Edward en Seattle?
- Dos semanas. Hasta que los chicos vuelvan de la luna de miel.
- ¿Nada más? Supongo que no es mucho.
- No, supongo que no, pero imagino que tendrá que volver a trabajar.
- ¿Sabes que su familia ha intentado convencerle de que se vuelva a los Estados Unidos desde que se marchó?
- No lo sabía – confesó – ¿Y por qué no quiere hacerlo? Toda su familia está aquí, además de que podría trabajar aquí igual que allí. Al fin y al cabo la empresa es de su familia.
- Sí. No estoy segura, pero hay algo de que tuvo no sé qué discusión con Carlisle cuando se marchó.
- ¿Y nunca lo solucionaron?
- Lo solucionaron lo suficiente como para hablarse, pero no tanto como para que Edward quiera regresar.
- Entiendo. Supongo que entonces la baza de la familia no le importará demasiado.
- Supongo que no.
Edward estaba tan aturdido y conmocionado como Bella. Así que no fue muy participativo en la comida familiar que tuvieron con Alice y Jasper antes de llevarles al aeropuerto.
- Ayer te perdimos de vista – comentó Alice suspicaz llamando su atención cuando se reunieron en el salón para el café.
- Supongo que estaba un poco cansado – mintió
- Tanya se quedó un poco desilusionada – agregó haciéndolo sentir culpable – Se comentaba que habíais estado coqueteando gran parte de la noche.
- ¿Ah, sí? – sonrió – ¿Quién lo comentaba?
- Todos los que se pasaron por vuestra mesa en algún momento del banquete.
Sonrió volviendo la atención a su café.
- No vas a decirme nada, ¿verdad? – aventuró la chica encontrándose con su silenciosa sonrisa – Tanya me contó que le pediste una cita para después de la boda
- No – negó – No lo hice.
- ¿Cómo no? ¿Acaso no le dijiste que iríais a cenar algún día?
- No. Dije "tal vez podríamos ir a cenar" y las palabras claves eran "tal vez"
- ¿Qué quieres decir? ¿No vas a salir con Tanya?
- No lo creo.
- ¿Por qué no? ¿No te gusta? No conocerás ninguna chica más guapa y divertida que Tanya.
- No estoy tan seguro.
- ¿Qué quieres decir?
- Mira, Alice, Tanya es guapísima, y no hace falta que yo lo diga porque es obvio y todos lo pueden ver. Supongo que también será divertida, pero tiene un defecto para mí.
- ¿Cuál?
- Está demasiado preocupada por gustarme, caerme bien.
- No es verdad.
- Sí, lo es. Es demasiado complaciente.
- ¿Preferirías alguien que sólo te llevara la contraria?
- No, desde luego que no. Pero preferiría alguien que estuviera dispuesta a defender su posición y sus opiniones, aún si eso significara estar en contra de mi opinión.
- Ha esperado tanto porque tú la invitaras a salir que supongo que no quiere perdérselo. ¿Por qué no le das una oportunidad? No te defraudará.
- Lo siento, Alice, pero no creo que eso vaya a suceder.
- ¿Por qué no? Hazlo. Te prometo que no te arrepentirás.
- No lo creo, Ali. – intentó cortarla pero su hermana no era un rival que se retirara con facilidad.
- ¿Es por Bella? – soltó la chica a bocajarro llamando su atención
- ¿Disculpa?
- ¿Es por Bella? – repitió – Ayer te vi hablando con ella, y un tiempo después ambos habíais desaparecido.
- No es de tu incumbencia, Alice.
- Entonces sí es por ella.
- Repito, no es de tu incumbencia.
- Déjame decirte que te arrepentirás.
- ¿Qué quieres decir?
- Bella me cae muy bien – aseguró la chica – Es la mejor amiga de Jazz y Rose, y te aseguro que me cae muy bien, pero no es para ti.
- ¿Por qué no?
- Tiene una hija.
- Lo sé. – gruñó – Nessie. Creía que pensabas que era una niña deliciosa.
- Lo es. Claro que lo es – aseguró – Pero eso no quita que nadie sabe quién es su padre. Lo cual no habla muy bien de Bella.
Edward se incomodó y deseó espetarle a su hermana la identidad del padre de Nessie.
- Para ser que te cae muy bien Bella, lo disimulas bastante bien al juzgarla.
- No. No me malinterpretes. No la estoy juzgando. Me parece muy noble de su parte haber decidido tener a la niña, aún sabiendo que la tendría sola. Tuvo incluso que dejar la universidad para poder cuidar de su niña y eso me parece digno de admiración. Pero no sé si quisiera para mi hermano una chica que se va a la cama con cualquiera.
- Dios, Alice – dijo mirándola con desprecio – Eres bastante más troglodita de lo que yo imaginaba.
- No es verdad – discutió – Pero venga ya, Edward, no vas a decirme que no es preocupante que no sepa quién la embarazó.
- ¿No crees que ella sí debe saberlo?
- Pues se avergüenza bastante de ello ya que nunca lo ha dicho. Y ni siquiera le ha dicho a ese pobre tipo que tiene una hija.
- Tal vez no sea un "pobre tipo". Tal vez Bella no sepa cómo comunicarse con él – espetó con rabia
- Tú no sabes nada, no conoces a Bella.
- Tal vez seas tú quien no la conoce.
- Venga ya, Edward. ¿Por qué la defiendes tanto? ¿Al final te acostaste con ella ayer?
- No, no lo hice, pero si lo hubiera hecho, ¿qué tendrías que decir?
- Sólo lo dicho. Que es una chica que se acuesta con un tipo que apenas conoce.
- Y eso me convertiría a mí en un tipo que se acuesta con una chica a la que apenas conoce – dijo arqueando una ceja
- Es diferente – discutió incómoda
- ¿Por qué? Imagino que una chica liberal del siglo veintiuno no me dirá que porque yo soy un hombre y ella una mujer.
- Es diferente y hasta tú lo sabes. La cuestión es que sería una tontería que dejaras de salir con Tanya por tener un lío con Bella.
- Pues para mí la cuestión es que no es de tu incumbencia. Y déjame decirte que si Jazz es tan buen amigo de Bella como dice ser, no creo que le guste saber la opinión que tienes de su amiga.
- No tengo una mala opinión de ella – arguyó
- Pues yo diría que has hablado como si Bella fuera una furcia.
- No es así.
- Como quieras, Alice. Sólo voy a decirte que tengo treinta y tres años, lo que me convierte en un adulto, y eso hace que sea capaz de decidir con quién quiero salir y con quién no. Y, más allá de si decido salir con Bella o no, algo está claro, y es que no voy a pedir tu opinión al respecto y por lo pronto no voy a salir con Tanya. Fin de la cuestión.
- Ok. Sólo espero que no te arrepientas.
- No lo haré. Puedes estar segura de que no lo haré.
¿Qué les pareció el capi de hoy?
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer.
Adelanto del siguiente capítulo:
Entraron a la cocina y Bella preparó café antes de volver juntos al salón con sendas tazas.
- ¿Siempre es así? – preguntó cuando por fin se sentaron
- ¿Así cómo?
- No sé, así, tan dinámica y tan extrovertida
- Sí, supongo que sí. Suele ser extrovertida, bastante más que yo – aseguró Bella sonriendo – Pero tampoco conoce mucha gente nueva, y desde luego no muchas figuras masculinas.
- ¿Y con tus parejas? – preguntó curioso y bastante más celoso de lo que estaba dispuesto a admitir
- ¿Disculpa?
- Ya sabes, tus parejas, los tipos con los que hayas salido en este tiempo.
Besitos!
Paula Cullen: Bienvenida y gracias por tu rr y por tus palabras. Ojalá te siga gustando el fic.
yazmin: Bienvenida tú también al fic y gracias por leerme y por tu rr. Espero no decepcionar.
