10. Durante su ritual o rituales matutinos.
Encuentra a Holmes en el piso, respirando con dificultad y evitando preocuparse lo patea ligeramente con la pierna, para saber si tiene que llamar a alguien y preocuparse o sólo reñirlo un poco. El que yace en el suelo no pierde tiempo en sujetarle el pie y detener cualquier posible nuevo ataque.
— No, no otra vez.
— ¿Qué? —Jala su pie hacia atrás, bastante alarmado por el tono lúgubre que ha usado y las palabras que ha elegido, como si fuera un soldado deseando que no lo vuelvan a tirar al piso por heridas de bala, deseoso que no haya otro bombardeo. — El desayuno está listo, si no te levantas ahora voy a marcharme antes y la comida se enfriará.
El de cabellos negros lo suelta y se queda mirando el techo.
— ¿Eso significa que quieres que coma solo?
— Tengo suficiente con esto. —Señala con dificultad un envase cerca de su mano. Movido por su curiosidad, el doctor se mueve hacia el frasco, es pequeño y liviano, sin tapa, parece que ya le han dado un trago. Reza internamente porque no sea algo tan bizarro como líquido para embalsamar que alguna vez le vio tomar o una concentración nociva de cualquier sustancia líquida. Lo olfatea.
— ¿Es té?
— Sí, brillante, es té, trato de experimentar con el sabor y los ingredientes para hacerlo mucho más vigorizante, pero creo que me pasé un poco. No puedo moverme del todo. Mi cuerpo se siente pesado.
El mayor alza la ceja, pensando que es ridículo tener que lidiar con los efectos de un experimento tan temprano por la mañana y que se le va a hacer tarde si lo ayuda, pero es que se ve tan lamentable en el piso que no puede hacer otra cosa que escucharlo.
— Vamos a levantarte. —Se inclina a su lado y jala uno de sus brazos para ponerlo en pie.
— ¿Te he dicho que no me gustaría que te casaras? —Le murmura al oído, una vez que se está apoyando en el otro. No parece particularmente triste, pero está siendo sincero, a veces es bueno mentir descaradamente una y otra vez, hace que la verdad difícil de contar se vista más frecuentemente como mentira que como declaración, lo que hace que uno se desahogue más fácilmente al ser tomando como mentiroso. Un buen artilugio a la hora de jugar. — Nuestra vida no sería buena si lo hicieras.
— ¿Nuestra?
— Sí, nuestra vida.
— Eso no era té, ¿verdad? —protesta, arrastrándolo hacia la mesa en donde el desayuno está servido. Muy pocas veces come con compañía. Sobre todo cuando es el único que se despierta temprano. A veces no sabe si el otro come cuando está solo o cuando siente que se está desfalleciendo. Los músculos en su cuerpo no debieron haber aparecido como por arte de magia. — Es irónico que te refieras a una vida que compartimos como nuestra cuando ni siquiera eres capaz de seguir un horario normal y sentarte a desayunar conmigo, ¿cuándo es que te rasuras? No te haría mal que lo hicieras después de comer.
— Quizás eso es lo que me falta —reflexiona en voz alta, apoyándose en la silla y mirando la comida delante de él. Más motivado porque no le han negado el hecho de que es su vida que por no escuchar una declaración o insinuación de que se está viendo con una representante del sexo opuesto. — Gracias. Ahora comamos. Necesitamos recuperar las energías.
En contadas ocasiones el detective asesor se presenta tan feliz a la mesa y esta es una de esas ocasiones en donde además del dulce sabor de su café puede disfrutar de una sonrisa que remarca aún más el brillo misterioso de los ojos del contrario.
