Todo viaje tiene su fin. Mi primera historia tan larga, no sabría que me iba a llevar tantos años acabarla, pero siempre hay que terminar lo que se empieza. Ha sido un placer escribirla, a lo largo de los años. Y que si vuelvo a escribir, que no sea con tantos tiempo de por medio para acabar un fanfic de 10 capítulos JAJA, ¿no creéis?. Gracias por leer, a todos. Sin más dilación, me despido, ¡disfruten!
Capítulo 10: Me gustan los caballos si tú estás a mi lado
El tiempo vuela. El tiempo vuela cuando estás bien acompañado, cuando el sol acaricia tu cara gentilmente, cuando la brisa mece ligeramente tu melena. El tiempo vuela cuando una preciosa morena te envuelve entre sus brazos con firmeza y cariño en una fría noche de invierno y ¡ay cuando se coloca encima de ti!, susurrándote esas cosas que te vuelven loca, que despiertan tus instintos primitivos y hacen que pierdas el control que siempre sueles tener en tus manos. Y cuando posa sus bellas manos sobre ciertos sitios, o te da unas clases de lingüística, ya ni te cuento.
El tiempo vuela y, cuando te das cuenta, ya ha pasado un año desde aquel día en que la personita que más te hace suspirar de la galaxia te llevó a aquel mirador, el cual ya se ha convertido en un sitio concurrido en las noches cálidas y despejadas, cuando se aprecia perfectamente el cielo nocturno, o un día soleado y templado que hace que queráis revivir aquel picnic especial. Durán y los pajarillos ya no se extrañan cuando os ven entregaros a vuestra pasión desenfrenada, ya es costumbre. Una costumbre de duración indefinida, en la que vuestras almas nunca están satisfechas y quieren más la una de la otra, siempre hambrientas.
Vuestro amor, fuente inagotable de deseo, de caricias debajo de las finas sábanas, de devorarse con cuchillo y tenedor de plata, de bailes frenéticos hasta el amanecer. Amor puro, amor ardiente, vehemente, de intensos delirios. Ella y tú, tú y ella, ecuación incendiaria. La llama que nunca se apaga y siempre arde, sin importar qué pase, sin importar lo muy enfadada que estés porque te has caído del caballo pintado y a ella se le haya escapado una sonrisita, sin importar que le escondas la mayonesa y se enfurruñe porque no le puede echar su tan preciada substancia a la doble hamburguesa, sin importar que una araña aparezca y os estropee la tarde con sus piques y su simple presencia, o que Mai decida aparecer de imprevisto cortando vuestro tiempo a solas. Condenada pelinaranja y su dichosa nueva aficción por cortaros el ambiente, pero en el fondo la aprecias mucho, y siempre te alegras de verla. Al menos se acuerda de ti y no como la desgraciada de Mikoto, que no se ha dignado a aparecer por el pueblo... seguro que si la sobornases con comida, vendría, quizás un día de estos lo hagas, al fin y al cabo ya hace más de un año que no os véis.
Un año, doce meses, 365 días y no sé cuántos minutos y segundos, que eres demasiado vaga para calcular, y lo sabes, pero no importa, todo el mundo capta lo que quieres decir. Un año es mucho tiempo, y poco a la vez. Cuánto y cómo puede cambiar tu vida en un año, es completamente increíble. Ya sabes montar con gracia a caballo, has tenido una grandísima profesora y vuestras clases han sido intensas en todos los sentidos. Tu padre está orgulloso, ella más aún si es posible. Te mira desde lejos galopar sobre su Durán y se le derrite el corazoncito, no puede evitarlo. Ahora, hasta disfrutas cabalgando libremente, cosa impensable hace un año. Eres libre y estás en la mejor compañía que puedas haber tenido nunca. Ella. Es tan grande el sentimiento, que siempre hay mariposas revoloteando en tu estómago, aún ahora después de tantos meses. El suave roce de su piel contra la tuya hace que se te erice y que una corriente de placer recorra tu organismo. Un choque de substancias químicas en tu corteza cerebral que te lleva a un profundo éxtasis, y eso que solo te está rozando, imagínate lo siguiente.
Hoy le tienes preparada una sorpresa especial, una velada romántica. Has alquilado en el videoclub del pueblo "Perdona si te llamo amor", aquella película que visteis juntas pero separadas cuando aún no os conocíais, todo muy vintage. Va ser noche de cena casera y manta y peli, pero ¿hay algo mejor que eso? De cena, unos makis preparados especialmente por ti para la ocasión y colocados estratégicamente en forma de corazón en una bandeja de plata. Tienes las velas encendidas, las luces apagadas y alguien llama a la puerta. Hoy Natsuki es puntual, sabe que es una ocasión especial y cuando abres la puerta te sorprende con un ramo de rosas rojas, haciendo juego con sus mejillas.
- Etto..
- Ara, unas rosas... qué romántica mi Natsuki, como sabe lo que me gusta. - le dices mientras las coges para olerlas. - Pasa...
Os dirigís al comedor, donde has preparado la cena y tienes la mesa puesta.
- Shizuru... - Natsuki se queda sorprendida al ver la bandeja de plata, ya que recuerda perfectamente las palabras de aquel día de picnic. - Eres increíble. - te dice mientras te mira fijamente a los ojos y se acerca para juntar sus labios con los tuyos.
El amor se respira en el ambiente, la noche transcurre bien, son risas, caricias y conversaciones agradables las que reinan en la sala. Luego os dirigís al salón, es hora de ver la película.
- ¿Cuál has alquilado? Alquilar... qué vintage eso, cuando puedes verla online...
- Shhhshsh. - La callas con otro beso. - Es una sorpresa. - pones la película en el reproductor dvd y le das al play.
La cara de la morena al ver los créditos de inicio es épica.
- ¡Shizuru! - protesta la morena, acordándose de la vergüenza que pasó al no tener dinero para entrar, luego aplaudir en el cine y lo borde que fue contigo luego. Un combo redondo, pero sonríe, sonríe porque sabe que fue un día especial, a pesar de todo, porque tú estabas incluída. - ¿Cómo eres tan tierna? - posa una mano sobre tu mejilla, y te sonríe de una forma que derrite tus más profundas entrañas. Ya casi no tienes ganas de ver la película, solo saltar sobre ella y devorar a tu morena, pero todo a su tiempo.
Veis la película acurrucadas en el sofá, una en los brazos de la otra. Y te sientes en paz, completa serenidad y armonía os envuelve, es un momento mágico a pesar de que suene a cotidiano, de todos modos ¿no son a veces esos instantes los más bellos? Sois simples, pero la simpleza es un pilar de vuestra felicidad. La película acaba más pronto de lo esperado, el tiempo vuela.
- Ara ara... ¿Mi Natsuki no aplaude esta vez?
- ¡Baka!
La besas, como si no hubiese mañana, como si no la hubieses besado antes, con las ansias de los primerizos, solo que eres ya toda una experta. Le empiezas a desabotonar esa camisita tejana con la que se presentó hoy tu bella princesa, y no se oyen quejas. La noche acaba de empezar y sabes que será una velada fantástica, como lo son todos y cada uno de los segundos pasados con ella, la dueña y señora de tu corazón. Y lo es.
A la mañana siguiente, unos rayos se filtran entre las cortinas, despertándoos. El tiempo vuela, el tiempo siempre vuela y lo sabéis, por eso no queréis desperdiciar ningún minuto. Nunca está desperdiciado si la situación incluye un ''juntas''.
- Ne, Natsuki, ¿vamos a cabalgar un rato?
- ¿Dónde está aquella Shizuru que no le gustaba eso?
- Natsuki... - la miras a los ojos fijamente, esos ojos verdes que tanto te han dado en tan poco tiempo. La miras y te ves a ti misma reflejada, dos almas unidas, entrelazadas como una cadena, inseparables. - Me gustan los caballos si tú estás a mi lado.
