CAPÍTULO 10

HACE CINCO AÑOS…

Durante todo el día, Kou se dedico a buscar por todo el instituto a Kenji, con intención de luchar contra él. Daba igual lo mucho que se negase, no iba a parar hasta que consiguiera tener un combate contra él. Sin embargo, no lograba dar con él, como si se ocultase o lo evitase. Seguro que era eso. Finalmente, tras haber ido dando vueltas de un lugar a otro sin parar, lo encontró en la azotea, tumbado disfrutando del buen día que hacía, en pose despreocupada.

- A-Al fin… t-t-te encuentro… - estaba agotado de haber corrido de un lado a otro.

- Pareces cansado, ¿tan dura ha sido la clase de Educación Física?

- ¡Pero qué dices, si llevo todo el día buscándote!

- No me he movido de aquí en toda la mañana, ¿eh?

- ¡Se acabó! ¡Ponte en posición de combate y luchemos! Aunque antes… - se sentó – Déjame recuperar el aliente, por favor…

Kenji no sabía ya que pensar, ¿de verdad ese tipo es quien controló toda la zona en su ausencia? Cualquiera lo diría, porque lo mirase por donde lo mirase no le parecía más que un idiota. O quizás simplemente le estaba tomando el pelo.

- En serio, mira que eres pesado… ya te he dicho que no tengo intención de meterme en peleas personales.

- ¿Y qué tiene de malo? Sería un combate amistoso.

- Que no…

- Mmm… mira que eres soso. ¿De qué te sirve tener poder si no lo utilizas para divertirte? A es verdad, que en los torneos siempre te retirabas antes del último combate, ¿por aburrimiento?

- Ganar algo sin esfuerzo no tiene ningún mérito…

- Ese golpe que has hecho antes… - recordó como había derribado al gigante con tan solo dos patadas – Ese movimiento se hacía usando las manos, ¿no es así? Se daba un puñetazo en la boca del estómago para debilitar al rival y luego un upper cut para derribarlo, sin embargo, tú lo has hecho con las piernas variándolo. ¿Tiene que ver con lo que te pasó en las manos hace cinco años?

Por primera vez desde que había subido ahí arriba, Kou captó la atención del chico. Lo miraba estupefacto, como si acabará de decir algo que no debiera.

- ¿C-Cómo sabes tú eso…?

- Llevas las manos siempre cubiertas por unos guantes, dejando al descubierto solo tus dedos. Y apenas las usas para luchar, todo el rato empleas las piernas, por lo que he visto en tus competiciones en América.

- Responde a mi pregunta.

- Si tienes un combate conmigo – Kenji se tiró de nuevo mosqueado, ignorándolo - ¡Espera, espera! Era una broma. Cuéntame como te hiciste lo de las manos y yo te diré como lo sé.

- Así que como me lo hice eh…

- Sé que te pasó algo en las manos, pero no conozco los detalles. Me gustaría oír tu historia.

- Mmmm… - sus manos le escocían de pensar en ello. ¿Debía contárselo? ¿Pasar de todo? Solo conocía a una persona, aparte de su familia, que supiera lo que le ocurrió en las manos. Sentía curiosidad, ¿sería quién pensaba? – Oíste hablar del incendio al oeste de Odaiba, ¿no es así?

- ¿Dónde estaba antes el colegio, verdad? Si, yo aún no vivía aquí pero cuando llegué me lo contaron.

- La cosa es… que hace cinco años, el quince de julio…

5 AÑOS ATRÁS, 15 de julio de 1994.

Kenji corría lo más rápido que podía. Se había entretenido de más en su entrenamiento y ahora llegaba tarde para ir a recoger a sus hermanos. Lo más seguro es que si lo veía algún profesor le acabarán pegando una bronca, porque se había saltado un par de clases para poder entrenar. Que más daba, para él eso era lo más importante. ¿Cómo iba a proteger a sus hermanos si no entrenaba por lo menos tres horas todos los días? Igual sus hermanos ya se habían ido a casa, aunque no creía, le había pedido a Tai que esperara con Kari en el jardín de infancia. Prometió ir a buscarlos, aunque igual se retrasase un poco.

Ya le faltaba, solo tenía que girar el gran bloque de oficinas que estaba atravesando y estaría en el jardín de infancia. Frenó en secó, quedándose paralizo ante lo que vio. Todo el recinto del colegio estaba cubierto de unas feroces llamas que se elevaban hasta las nubes. Los vecinos de los alrededores, a la espera de que llegarán los bomberos, usaban cubos de agua para intentar apaciguar un poco el fuego, sin gran éxito.

- ¿P-Pero qué ha…?

- ¡Kenji-san! – Sora, cubierta por una manta, se acercó a él. Estaba histérica - ¡Tai-kun y Kari-chan están ahí dentro!

- ¡¿Qué has dicho? – Miró al edificio. Era un completo infierno, ¿de verdad estaban ahí dentro?

- E-Empezó el incendio y Tai-kun… fue a por Kari-chan y no ha vuelto… él…

- ¡Joder!

Kenji quiso entrar, pero varios adultos lo agarraron impidiéndoselo. Por más fuerza que hacía no lograba zafarse.

- ¡¿A dónde crees que vas chico?

- ¡Soltadme! ¡Mis hermanos están ahí dentro!

- ¡No seas idiota, si entras ahí morirás calcinado!

- ¡He dicho que me suelten! – Logró dar un par de patadas en la espinilla a los que los sujetaban, logrando liberarse.

Usó uno de los cubos llenos de agua para empapar su cuerpo, eso le protegería del calor durante un corto periodo de tiempo. Luego agarró un par de mantas y se cubrió con ellas, otra protección que le ayudaría a mantenerse a salvo. Más que por él, las necesitaba luego para sus hermanos. También se llevó un par de botellas de agua que los vecinos más próximos a las llamas usaban para refrescarse.

A pesar de los gritos de los adultos, entró en el edificio, desapareciendo de su vista entre las llamas. Ya en el interior, tenía que pensar con rapidez, el tiempo no le sobraba. El edificio se dividía en tres clases de párvulos, la sala de profesores, los baños y el gimnasio. ¿A dónde podrían haberse metido? Acudió con Tai a las explicaciones de los bomberos cuando fueron al colegio. No debía entrar en lugares con mucho mobiliario porque eso haría que pronto quedará atrapado, por lo que podía descartar las aulas y la sala de profesores. Eso le dejaba el gimnasio y los baños. El mejor lugar para resguardarse era uno grande, así que intentaría primero en el gimnasio.

Parte del techo se derrumbó, logrando evitar quedar atrapado de puro milagro. En parte si que estaba atrapado, porque la salida había quedado cubierta por un montón de llameantes escombros. Tendría que encontrar otro modo de salir. Eso ahora daba igual. Raudo, llegó al gimnasio. No era tan grande como el del colegio, pero si bastante espacioso para que las llamas no se hubiesen extendido por allí tanto como en el resto del edificio.

Había acertado. En un rincón, donde había menos fuego, sus hermanos estaban acuclillados y temblando. Tai protegía a su hermana pequeña con su cuerpo.

- ¡Tai! ¡Kari! – Los llamó. Consiguió captar la atención de su hermano pero no de su hermana. Estaba demasiado asustada como para abrir los ojos.

- ¡Hermano! ¡Aquí!

Esquivando las líneas de fuego que habían en el suelo, llegó hasta sus hermanos pequeños. Lo primero fue comprobar que estaban bien. No parecía que tuvieran ninguna herida externa. Algo de hollín tenían en la ropa y la cara, tosían bastante, eso quería decir que habían tragado algo de humo.

- ¡Tapaos con esto! – Los cubrió con las mantas - ¡Y bebed agua, venga!

Ambos bebieron casi la mitad de la botella que entregó a cada uno. Con el resto, se la tiró por el cuerpo, para refrescarlo. Él ya estaba empezando a notar que su piel se estaba secando, así que tenía que darse prisa. Media botella no iba a ayudar a que aguantasen mucho.

- ¡Os voy a sacar de aquí, ¿vale? ¡Solo aguantad un poco y no se os ocurra quitaros las sábanas!

Miró a su alrededor. Tenía que haber algún sitio por el que escapar. No había más puertas que por la que había venido y no podía ir por allí otra vez, la salida estaba bloqueada y el baño no tenía ningún sitio por el que escapar. El gimnasio contaba con varias ventanas que daban al jardín, el patio y el parque infantil. Problema grave, ya que muchas estaban rodeadas por las llamas, incluso la que tenía muy cercana a ellos.

- Coff… coff…

- ¡Kari, aguanta!

No podía quedarse más tiempo pensando. Su hermana se ahogaría o moriría por el fuerte calor como no hiciera algo pronto. De golpe, la ventana que tenía a su lado reventó, y los cristales salieron volando por los aires. Tai no pudo reaccionar a tiempo, y pensaba que tanto a él como a su hermana pequeña les golpearían los cristales. No fue así. Kenji si que pudo reaccionar rápidamente, con los reflejos de un felino, y protegió a sus hermanos con su cuerpo. Sufrió varios cortes, pero donde recibió mayor daño fue en sus manos, las que puso delante de la zona de la manta que no cubría a sus hermanos, para protegerlos.

- U-Ugh…

- ¡Hermano, ¿estás bien?

- No te preocupes… mira… al menos tenemos una salida – cogió a los dos, lo que provocó que varios de los cristales que se habían clavado en la palma de las manos, tanto grandes como pequeños, se clavaran aún más en sus carnes, provocándole un intensó dolor que lo hizo caer de rodillas.

- ¡Kenji!

- N-No es nada… - lo calmó con una sonrisa – Os voy a sacar de aquí, ¿de acuerdo?

Eso decía, pero la verdad es que notaba como le pesaban las piernas, casi no podía respirar y su visión era cada vez más borrosa. No se lo podía creer, ¿para eso se había estado entrenando tan duramente durante dos años? ¿Iba a fallar cuando de verdad sus hermanos le necesitaban? No, no iba a permitirse caer. El peso de ambos hacía que los cristales se clavasen en sus carnes, notaba como el humo entraba por su nariz ahogando sus pulmones, como el calor calcinaba su piel… pero le daba igual, los sacaría de allí al precio que fuera.

Uso todas las fuerzas que pudo reunir y corrió hacía la ventana. Podía lograrlo, no le quedaban más que un par de metros, luego podría saltar y atravesarla. Una viga llameante se desplomó, cayendo directamente hacía ellos.

- ¡Kenji! ¡Cuidado!

Ni siquiera pensó en lo que iba a hacer. Si no actuaba rápido, ese chamuscado trozo de madera les cortaría su única vía de escape. Así que, sin dudarlo un solo segundo, le entregó a Tai su hermana pequeña y golpeó la viga de madera con todas sus fuerzas con su puño derecho, partiéndola por la mitad. Sintió las ardientes astillas clavarse y fundirse en su piel, las intensas llamas calcinarle las carnes. Aún así dejó el dolor a un lado y saltó, logrando salir del edificio.

- Tras eso… - se quitó los guantes – En mi mano izquierda solo resultaron dañados algunos músculos por lo que fue más fácil arreglarla pero la derecha… tuvo que someterse a varias operaciones de cirugía porque se habían quemado incluso los tendones… - las miraba sabiendo que nunca serían las mismas. Estaban cubiertas de cicatrices, algunas curadas, otras que se dejaban notar de forma brusca. En cuanto a la derecha, una parte de la piel era casi como rojo vivo.

Miró a Kou, que estaba llorando a moco tendido, por mucho que intentaba disimularlo las cataratas de lágrimas le salían por ambos lados hasta caer en el charco que había formado a su alrededor.

- ¿Estás… llorando?

- ¡Idiota! ¡¿Crees que una historia tan tierna como esa me iba a hacer llorar? ¡Es solo que me sudan los ojos, buaaaaaah! ¡Hacer tal sacrificio por tus hermanos es tan enternecedor!

- Desde entonces… no es que no pueda usar las manos. Puedo dar golpes con poca fuerza y solo notaré un cosquilleo, pero si las usará en un combate en serio… podría ser que se me destrozarán los ligamentos y no sería ya posible volver a usarlas, ni con operaciones. Por eso adapté lo que aprendí a mis piernas, para poder seguir defendiendo a Tai y Kari si era necesario…

- E-Eres mejor tipo… sniff… de lo que pensaba… Kamiya Kenji – secó sus mocos y sus lágrimas – Ahora entiendo porque tuviste que irte.

- Te toca responder a mi pregunta. ¿Cómo sabes lo de mis manos? Aparte de mi familia, y como mucho Sora-chan, solo había una persona que lo sabía – cubrió de nuevo sus manos con los guantes, sintiendo un pequeño escozor en la mano derecha.

- Si, eso es. Fue esa persona quien me habló de ti y me contó lo sucedido, aunque no con todo detalle. Solo me dijo que tuviste un accidente con tus manos y eso te imposibilitó seguir entrenando. Para cuando llegué aquí, ya te habías marchado. Mi maestro no era muy bueno dando detalles, aunque cuando sacaba el tema se notaba que no le gustaba hablar de ello.

- ¿Tu maestro… lo sabía? Un momento, no puede ser…

- Claro – sonrió al ver que por fin se había dado cuenta – Kanzaki Jin fue mi maestro cuando llegué a esta ciudad en tu búsque-

Kou se asustó cuando Kenji se lanzó sobre él, agitado. No esperaba esa reacción de ataque, ¿es qué había dicho algo malo?

- ¡¿De verdad tu maestro es Kanzaki Jin? ¡¿Lo dices de verdad? – Parecía emocionado, lo que lo dejó un tanto perplejo.

- S-Si… - asintió – Un anciano con larga barba blanca y poco pelo, con un tatuaje del Ying y el Yang sobre la frente.

- N-No puede ser… ese viejo… ¡dime, ¿sabes dónde está?

- ¿E-Eh? Si, claro que lo sé.

- ¡Por favor, llévame a verle al terminar las clases! – Rogó, feliz de saber que podría volver a verlo, después de cincos largos años.