Uff... sí que me costó hacer este cap... tiempo, esfuerzo y unas cuantas neuronas quemadas...

Me parece que mi instinto se está agotando, al menos para este fic... pero, estoy intentando que sea lo más agradable posible para ustedes. Estamos en los momentos culminantes de esta historia, así que les pido paciencia para aguantar hasta el final, que no creo que sea en más de tres capítulos.

Los dejo para que disfruten y comenten, o tiren tomates virtuales. Gracias a todos, en especial a mi amiga Conchito.

NOTA: Recuerden que los Flash Back están escritos en cursiva.

Dos meses y medio

- ¡Haruto! – gritó. No estaba acostumbrada a llamarlo cuando él estaba en su forma shinigami, al menos no en público, más sabiendo que él odiaba que ella se le acerque, pero tenía que llamarlo. Lo que tenía que decirle era importante.

Él se dio vuelta de forma despectiva y le clavó sus ojos helados a la chica, que se frenó en seco al verlo.

- Haruto, que bueno que de detuviste… - Miyu jadeaba. Lo había corrido desde la escuela hasta el parque. Lo miró de arriba abajo con extrañeza, porque era cierto que estaba transformado en shinigami. La pregunta era, '¿por qué?'.

- ¿Qué quieres? – le dijo sin ganas, apartando su mirada del rostro de la chica.

- Es que… sentí tu reiatsu de pronto… y me preocupé… además de que me llamó papá para decirme que vayamos para su casa… - seguía respirando fuerte. Haruto la volvió a mirar con sus ojos muy abiertos.

- ¿Los dos? – le preguntó incrédulo. ¿Para qué los dos a su casa? ¿Qué locura se le había ocurrido a Ichigo ahora?

- Si… ¿qué haces transformado en shinigami?

- Sentí una presencia extraña y quise ir a investigar. Dejé mi cuerpo en los vestuarios – contestó.

- Haruto, deberíamos volver a la escuela, no hay ninguna presencia extraña

- Como no, ¿qué vas a saber tu de eso? – la miró con enojo. Ella afinó sus ojos, pero no dijo nada. Haruto le ocultaba algo, de eso estaba segura.

- Volvamos

- Ve tú, yo tengo algo que hacer – inmediatamente desapareció usando su shumpo.

Habían pasado dos meses y medio desde que Orihime regresó de Kyoto. Vivía en la mansión junto a Miyu y Uryu. Los tres se llevaban bien, salvo cuando Orihime quería cocinar. La última vez que lo hizo terminaron todos en la clínica de los Kurosaki, intoxicados.

A Rukia ya se le notaba la panza de embarazada, ya que iba por los seis meses de gestación. Ichigo había vuelto a la normalidad después de los tres primeros y estresantes meses de bendito reposo que le había recomendado Unohana.

Sentados en la mesa del comedor de la casa de los Kurosaki estaban Unohana, Urahara, Rukia e Ichigo. Los dos capitanes traían una cara un tanto preocupada, mientras que los otros dos se miraban entre sí haciéndose unos extraños gestos, que terminaron en riñas silenciosas.

- ¿Qué es lo que debemos hacer de ahora en más? – preguntó al fin Ichigo, mientras sostenía la mirada intimidante con Rukia.

- Es muy simple, como Rukia ya salió del primer trimestre de gestación, ya pudimos comprobar la integridad espiritual y física del bebé. A partir de ahora no habrá que tomar más que los recaudos habituales durante un embarazo humano – explicó Unohana, volviendo a su sonrisa habitual.

- ¿Ya no tendré que hacer reposo? – Rukia se veía contenta.

- No será necesario – Urahara miró a Ichigo – pero, sin embargo, te recomiendo que controles semanalmente tu gigai, ya que estás engendrando una vida humana dentro de un cuerpo falso. Si notas algún tipo de desperfecto, por favor, avísanos cuanto antes

- Por supuesto – Rukia sonrió y miró a Ichigo. Por fin estarían libres de la tortura del reposo. Ichigo suspiró aliviado.

Haruto había supervisado el entrenamiento diario que tenía Miyu con su padre en el jardín de la mansión. Todos los días, después de la escuela, iban a entrenar con su reiatsu, puntería, mediciones, y varios etcéteras, todo milimétricamente calculado por Uryu y observado, con desgano y desesperación, por Haruto.

Miyu estaba de regreso en la escuela, con su rostro algo compungido. ¿Qué era lo que estaba haciendo Haruto? ¿Era tan importante como para que saliera casi corriendo de la escuela?

Buscó el gigai en el vestuario y allí estaba, con su gikongan dentro. Lo llamó y se fueron a la casa de los Kurosaki.

- ¡Hola! ¡Llegué! – gritó Miyu al entrar, seguida por el gigai de Haruto que tenía una expresión algo tonta en la cara. Miyu evitaba mirarlo para no tentarse de la risa.

- ¡Hola Miyu! – Rukia apareció desde la cocina con el delantal puesto, que le quedaba chico y corto debido a su gran panzota, que era algo más que la normal, considerando el tamaño del cuerpo de la shinigami.

- ¿Haruto? No… - rió Rukia al notar la expresión del gigai. Definitivamente no era su hijo.

- No sé donde está, se transformó en shinigami en medio de la clase de educación física y se fue – dijo preocupada la chica.

- ¿Sucedió algo? No registré anormalidades en los reiatsus – Rukia se acercó al sillón de la sala y se sentó en él, haciendo maniobras para sentarse.

- Yo tampoco, no sé qué le pasa. Está algo nervioso por tu embarazo… - Miyu se quitó la mochila y la colgó en el perchero.

- ¿Nervioso? – Miyu se acercó y se sentó junto a Rukia en el sillón.

- Últimamente está distraído y pensativo, y más malhumorado que de costumbre

- Ichigo también… ahora que lo dices… - miró el reloj de su muñeca – Ichigo tendría que haber vuelto hace más de una hora… pensé que los había ido a buscar

- A ver… - Miyu cerró sus ojos, adivinando lo que estaba pensando Rukia. Elevó su reiatsu hasta que unos listones aparecieron. Tres rojos. Uno era el de Rukia y los otros dos, el de Ichigo y el de Haruto, que venían de la misma dirección.

- Están juntos… qué raro – las dos se miraron y luego se echaron a reír.

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En algún lugar abierto de Karakura…

- ¿Esto es lo que querías? – Ichigo preguntó con un tono elevado mientras se abalanzaba con Zangetsu en mano contra su oponente.

- No exactamente – contestó Haruto mientras desenfundaba rápidamente a Kuroitsuki para contraatacar.

- ¿Entonces qué es lo que quieres? – los filos se sacaban chispas.

- Quisiera poder entrenar más duro – Haruto parecía concentrado mientras que Ichigo fruncía más su ceño.

- ¿Más? – seguían peleando mientras hablaban.

- Últimamente estuvimos viniendo menos – aclaró Haruto como excusa.

- Es que Rukia no me deja salir – Ichigo lo embistió con más fuerza esta vez, haciendo que su hijo retrocediera con un salto.

- Otra vez con esa excusa tonta… - arremetió nuevamente. El impacto de las espadas cargadas de reiatsu provocó una pequeña explosión. Haruto comprobó que la barrera que había puesto se hubiera mantenido en pie, pero se sorprendió cuando volvió a escuchar la voz de su padre.

- Ban Kai – dijo Ichigo y una explosión de reiatsu por poco y aplasta a Haruto, que apoyó una de sus rodillas en el suelo mientas se sostenía de Kuroitsuki.

- ¡¿Qué haces?! – gritó con indignación, ¿acaso estaba loco para liberar semejante cantidad de energía de un golpe?

- ¿No querías más? – Ichigo sonrió, estaba disfrutando el entrenamiento.

- BAN KAI – Haruto gritó con fuerza y un rayo atravesó el cielo.

Los dos se miraron a los ojos, Ichigo sonriendo y Haruto a medias. Luego desaparecieron y un choque se sintió a lo lejos. Ese día seria de los mejores…

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Rukia había vuelto a la cocina. Preparaba algo con dedicación para la cena que Ichigo había improvisado hacía algunas horas. Mientras tanto, Miyu preparaba la mesa para la ocasión.

- Hoy la profesora de teatro nos dijo que daremos la obra el día de la graduación – comentó Miyu a Rukia.

- ¿En la graduación? – Rukia se detuvo un momento y la miró, arqueando una ceja.

- Si, es extraño, pero así son las cosas…

La profesora estaba sentada en una cómoda silla frente al escenario del salón de actos de la escuela. Miyu y Kazu estaban parados en el escenario, ensayando la escena del baile. Los demás miraban, incluso Haruto… pero con odio.

- Muy bien – la profesora se levantó – acérquense – todos se pusieron frente a ella –Decidí quienes interpretarán los papeles que faltan. El hada madrina seré yo – todos murmuraron – silencio por favor – los miró mal, luego fijó su vista en Haruto – y el rey será Kuchiki

- ¿Haruto-kun? – preguntó ilusionada Rei. SI él era el rey y ella la madrastra mala, seguramente bailarían juntos… le brillaban los ojos imaginando la escena. Tamiko la codeó para que volviera a la Tierra.

- Él es el actor perfecto para ese papel, además podremos verlo participar en una actividad… me encantaría que ahora ensayemos alguna escena donde aparezca él

Haruto no dijo nada, sólo miraba con furia a la profesora. ¿Cómo se le ocurría a esa humana desagradable que él actuaría en una obra de teatro? Pero, decirle algo sería inútil, después de todo nadie allí, excepto Miyu, conocía su verdadero linaje y reputación. Cerró sus ojos, y, resignado, subió al escenario con el libreto en la mano.

- ¿Y Haruto actuará? – Rukia sonrió maliciosamente. Si él había aceptado un papel, de seguro que iba a ser muy divertido ir a verlo.

- Si – Miyu también sonrió – él hará del Rey

- ¿Rey? – las dos rieron. Era el papel perfecto para Haruto.

Miyu y Haruto caminaban a casa por la vereda. Él iba callado y molesto y ella sonreía.

- ¿Por qué no le dijiste a la profesora que no querías el papel? – Miyu quería molestarlo más de lo que estaba. Era obvio que no le había gustado la decisión de la profesora, eso sin contar que lo había regañado y corregido varias veces durante el ensayo.

- Es inútil discutir con los humanos. Haré lo que me diga y se dejará de molestar – refunfuñó sin voltearse para ver a Miyu. Sabía de sobra que ella estaba diciendo eso para molestarlo y no caería en su juego.

- ¿Y actuarás frente a todos el día de la graduación? – sonrió más y unas imágenes de Haruto con su traje de rey frente a todos atravesaron su mente. Esta situación no podía ser mejor. Era perfecto para que pudiera demostrar varias cosas, incluido lo que le había pedido durante la fiesta y que todavía no cumplía. Su rostro dejó de sonreír al recordar eso.

- Me da igual, nadie me conoce – Miyu sonrió otra vez… ¿Realmente no iría NADIE conocido?

- Ah, ya veo – comentó como si nada ocurriera. Ambos siguieron caminando en silencio.

- Así que el Rey… ¿y tú eres Cenicienta, no?

- Aja… y el príncipe es Ebizawa

- ¿El rubio insoportable de la fiesta? – Miyu le había contado todo a Rukia. Había logrado ser muy buenas amigas desde que Orihime se fue hasta ahora, pasando porque vivieron juntas algún tiempo.

- Ese mismo… - suspiró desganadamente, de sólo recordar que tenía que hacer el 80 de sus escenas con Kazu le revolvía el estómago.

- ¡¿Por qué demonios no le dijiste a la profesora que cambie al inútil de Ebizawa de ese papel?! – Haruto gritaba desesperadamente ya que estaba harto de escuchar a Miyu durante más de la mitad del camino hablando de la maldita obra. ¿Es que se lo hacía a propósito o qué?

- ¿Por qué no se lo pediste tu? – contestó con sorna. Era obvio que su charla había causado el efecto deseado.

- No puedo hacer eso… - contestó resignado. ¿Cómo pedirle semejante cosa a ese tipo? Eso sería rebajarse a reconocer que tenía una relación con la humana…

- ¿Por qué no? Si no estás conforme, puedes protestar – insistió Miyu. Era perfecto. Si Haruto le pedía a Kazu que renunciara a su papel o que se lo intercambiara era su perfecta oportunidad para decirles a todos que ella era su novia.

- No – él volvió a negar y ella arrugó su entrecejo. ¡¿Por qué demonios era tan testarudo?!

Haruto se detuvo, ella también. La miró a los ojos y la tomó por la cintura, sorprendiéndola.

- ¿Qué sucede? – Miyu estaba extrañada por la actitud de chico… ¿abrazándola en medio de la calle? Eso sí que no se lo esperaba…

- Nada – la apoyó contra la pared y la besó. Definitivamente eso de que actuaría en pareja con Ebizawa no le caía para nada bien y comenzaba a demostrarlo. Miyu cerró los ojos y se entregó al beso. Luego se separaron un instante.

- De verdad que estás raro – le dijo ella con una sonrisa maliciosa.

- ¿Eso crees? – él sonrió a medias y volvió a besarla, esta vez con más pasión. No dejaría así como así que las cosas quedaran tan mal paradas y menos que volvieran a pelearse por ese tipo.

Al rato Ichigo y Haruto volvieron, como si nada hubiera ocurrido. Ichigo en su cuerpo y Haruto como shinigami.

- ¡Papá! – Miyu corrió a saludar a Ichigo, ignorando a Haruto. Él la miró mal.

- Hola Miyu, hola Rukia – Ichigo sonrió. Haruto no dijo nada y comenzó a caminar hacia la escalera.

- Tu cuerpo está en tu habitación – le dijo Rukia con una sonrisa. Él sólo subió en silencio. Miyu y Rukia se miraron.

- ¿Por qué no volviste temprano? – le preguntó Rukia a Ichigo, haciéndose la enojada. Esperaba con ansias la estúpida y ridícula excusa que le daría.

- Porque sentí el reiatsu de Haruto y fui a ver qué estaba sucediendo – en parte, eso era cierto, el único y pequeño detalle que omitió era que lo hacían todos los días…

- ¿Y qué pasó? – Rukia se mostraba entre enojada y preocupada mientras le dedicaba miradas de soslayo a Miyu que intentaba no reírse.

- Nada, entrenamos un poco – Ichigo amagó a irse también, no quería contar demasiado de sus entrenamientos a escondidas. Normalmente eran por la noche, pero esta vez lo adelantaron por la reunión en la casa.

- Oh, ya veo – Rukia volvió a mirar a Miyu y ambas sonrieron. Era cierto, estaban juntos, y no sólo eso, sino que entrenando… Al menos, podían estar juntos para hacer algo sin pelearse demasiado…

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Unos quince días después… el día de la graduación había llegado…

- ¡Vamos, rápido! – Miyu le gritaba a sus padres que venían caminando lentamente por la vereda. Ella corría adelante. Tenía puesto el uniforme de la escuela.

- Ya vamos… - Orihime le respondió con una sonrisa. Hacía un tiempo que se habían arreglado las cosas con Uryu y ahora compartían un poco más que una simple amistad.

- Es que llegaremos tarde y no tendrán buenos lugares – Miyu seguía caminando rápido.

Orihime miró a Uryu y sonrió.

- Parece que está emocionada con la graduación – le comentó mientras se afianzaba a su brazo.

- Es cierto, y algo nerviosa… - Uryu se acomodó sus lentes mientras volvía su vista a Miyu, que se alejaba corriendo entre la gente que entraba a la escuela.

- No es para menos, actuarán frente a todos…

- Aún no entiendo cómo es que Haruto aceptó…

- Yo tampoco… - ambos sonrieron con picardía.

Miyu entró corriendo a la escuela y encontró a Rukia, Ichigo, Tatsuki, el marido, Yuki y Noa, parados y charlando amablemente. Haruto no estaba a la vista.

- Hola… - saludó Miyu. Todos le respondieron con una sonrisa y una mirada un tanto extraña.

- Hola Uryu, ¿cómo estás? – Ichigo dijo cuando vio que se acercaba al grupo con Orihime del brazo. Lo miró con una media sonrisa, ya que sabía lo que estaba pasando entre ellos, pero no hizo ningún comentario. Uryu carraspeó.

- Bien… gracias… - lo miró mal, tal vez porque no consideraba el mejor momento como para que hiciera algún comentario al respecto.

- Hola Ichigo, Rukia… - Orihime hablaba cantarinamente mientras se acercaba a Rukia y le acariciaba la panza - ¡qué bonita que estás!

Todos charlaban mientras Miyu miraba para todas partes buscando a Haruto, hasta que decidió acercarse a Ichigo y preguntarle bajo.

- ¿Dónde está? – le susurró a su papá sustituto.

- Un rubio se lo llevó – le contestó sin mirarla.

- ¿Ebizawa? – se preguntó para sí misma. ¿Podía ser que Haruto se haya dejado llevar por Kazu?

- Se fueron al baño o algo así…

Miyu lo miró sorprendida y tomó a Noa del brazo con algo de brusquedad.

- Acompáñame – le dijo y la arrastró hacia dentro de la escuela, entre el tumulto de estudiantes y padres que había ese día.

- ¿Qué sucede? ¡Miyu! – Noa estaba algo contrariada.

- ¡Haruto está con Ebizawa en el baño!

- ¿Y eso qué? – Noa afinó sus ojos con malicia - ¿temes por la seguridad de Ebizawa?

- Shh… - hizo una seña con su dedo índice sobre sus labios mientras continuaba arrastrándola en dirección a los baños.

Siguieron caminando. ¿Qué estarían haciendo los dos en el baño? ¿Acaso Kazu quería provocar a Haruto? ¿O Haruto se había decidido a sacarlo del papel justo antes del estreno?

Próximo episodio: Cenicienta