Tobi, Obito y el artista
Deidara no tenía razón alguna para estar de buen humor.
No. Ni siquiera por haber capturado él solo a aquel jinchuuriki, visto el enorme reconocimiento que se había llevado por ello. Aquellos pensamientos sarcásticos eran difíciles de evitar después de que gracias a haber conseguido salir vivo de una emboscada y tras ser rodeado por varios ninjas de Konoha, nadie le hubiese preguntado si estaba si quiera bien.
La respuesta a la hipotética pregunta, sin embargo, habría sido no. No estaba bien. Le hubiera alegrado el día un poco haber conseguido estrangular a Tobi, pero al límite de sus fuerzas como estaba, el molesto ayudante de Zetsu no había tardado en soltarse de alguna manera.
Ahí estaba el infeliz, delante de él y portando sus valiosos brazos. Deidara volvía a sentir unas nauseabundas ganas de asesinarlo cada vez que jugueteaba con las lenguas que caían inertes a un lado de las bocas entreabiertas.
—¡Deja de hacer eso, hm! —gritó.
De no haber estado sujetando sus brazos, Deidara le habría dado rienda suelta a su impulso de patearle el trasero con todas sus fuerzas. Tanto Tobi como Zetsu miraron hacia atrás.
—¡Sólo les estoy dando mimitos, Deidara! ¡Se veían tristes!
—¡No trates mis valiosos medios para hacer mi arte como si fueran cualquier cosa!
—Piensa que podría ser peor. Si no los llevara yo, Zetsu ya se los habría almorzado.
Los aludidos miraron hacia atrás.
—Por muy deliciosos que huelan esos brazos, al jefe no le gustaría ver que uso de almuerzo la capacidad de Deidara de crear bombas —replicó Zetsu blanco con tono ofendido.
A Deidara le pareció que ponía un énfasis inusual en la palabra 'jefe', pero su fatigado cerebro no estaba por la labor de analizarlo.
—Dejen de decir estupideces. Ambos —intervino Zetsu negro.
Tobi se encogió de hombros con un suspiro amortiguado.
—Ah, está bien. Pero solo porque planeo que Deidara-senpai y yo seamos la pareja número uno de Akatsuki, y para eso necesita sus brazos.
Deidara podía incluso encontrarlo cómico. Tras acabar de salir de aquella situación de mierda, tal vez le viniera bien reírse un rato. Tobi decía estupideces eso era cierto, pero tenían su gracia.
—Tú en Akatsuki. Pero yo de ti no empezaría a llamarme senpai tan pronto. ¿Cómo estás tan seguro de que Pein-sama te va a aceptar?
Tobi liberó un brazo para mostrarle su mano. Deidara perdió la sonrisa. En el pulgar enguantado de su mano izquierda se encontraba el anillo con el símbolo 玉 sobre el fondo púrpura. La visión le dejó una desagradable sensación en el cuerpo. Hace mucho, Sasori y él conversaron sobre sus anillos. Su fallecido compañero mencionó que no podía haberle tocado uno mejor pues ese símbolo, sacado de la pieza de shôgi del rey retador le venía, valga la redundancia, como anillo al dedo. Demasiado apropiado para alguien como él, con un vasto ejército de poderosos guerreros a merced de sus habilidades de titiritero y su red de espías en todos los rincones del continente, fieles a él a través de sus adquiridas técnicas de control mental.
Volvió a mirar a Tobi, consciente de repente de lo grande que le quedaba a él el anillo del rey retador. Del general enjoyado.
—¿Estás tan emocionado por ser mi compañero que te quedaste sin habla, Deidara-senpai?
—Está bien. Llámame como quieras pero no te hagas muchas ilusiones, hm.
Como si no hubiera oído la última parte de su frase, Tobi dio un patético y agudo gritito de alegría.
—¡Gracias por los ánimos, senpai! Pein-sama es un hombre sabio, seguro también verá el buen par que hacemos y nos dará su bendición.
Molesto de repente por la perspectiva de hacerle de niñera al chico de los recados de Zetsu, Deidara apretó los dientes. No. No iba a pasar ni en un millón de años.
—Akatsuki acaba de perder uno de sus más valiosos recursos —replicó Deidara, no muy preocupado por herir los sentimientos del idiota—. ¿Qué tienes tú para ofrecer?
—Sé hacer las mejores galletas con chispas de chocolate —respondió Tobi, levantando el índice al aire—. Tan deliciosas que cuando Pein-sama las pruebe se convencerá del todo.
Si no podía distraerse de sus tóxicos pensamientos de otra manera, Obito se concentraría en decir la mayor cantidad de estupideces posible.
—¿Qué experiencia tienes matando? —Preguntó Deidara.
Obito fingió estar dubitativo y nervioso.
—Hmm... Déjame que piense...
—Lo sabía. No tienes nada, hm. ¿Crees que el objetivo de Akatsuki es hacerse un hueco en el negocio de la repostería?
Niñato engreído y despreciable. A Obito le faltaba muy poco para comenzar a temblar de rabia.
—¡Matar el tiempo! Soy un as matando el tiempo, nunca te aburrirás estando a mi lado, senpai. Seguro que con Sasori te aburrías mucho, no tenía pinta de ser alguien muy divertido. Qué horror... ¿Cómo se les ocurrió contratarlo?
Obito no estaba del todo seguro si su cabreo era porque la primera vacante que había surgido en Akatsuki en un buen tiempo era junto al miembro que más detestaba de todos, o por verlo tan despreocupado después de perder sus brazos y su compañero todo en el mismo día. La satisfacción inicial de verlo sin brazos ya se había desvanecido. Casi desde el principio y muy consciente del hecho de que Deidara era poderoso y el proyecto Tsuki no Me lo necesitaba, Obito había fantaseado con borrar esa sonrisa confiada de su cara para siempre.
Sí, el mundo era un infierno y a él le hacía hervir la sangre cuando su camino se cruzaba con alguien que no parecía haberse dado cuenta de ese detalle, o que la vida cruel no lo hubiera tratado tan mal como para hacerlo evidente. Aún.
Obito había soñado con ver a Deidara así. Privado de su arte, la cosa más importante del mundo para él. Habiendo perdido a alguien con quien parecía tener un estrecho vínculo.
Ahora Sasori estaba muerto, y no había servido de nada. Ni para cumplir esa pueril fantasía suya. Deidara tenía razón, Akatsuki acababa de perder uno de sus recursos más valiosos y Obito parecía ser el más contrariado por la pérdida que suponía.
Se consoló pensando que tal vez no lo había asimilado del todo y en unas horas la realidad comenzaría a asentarse en su cabeza. Sólo para sentir un renovado brote de resentimiento cuando observó la mano inerte que portaba y como la lengua temblaba con cada uno de sus pasos. Deseó más que nunca salirse de su acto de Tobi, darle esos brazos a Zetsu y decirle que se sirviera él mismo mientras expulsaba a Deidara de la organización por no ser de más ayuda.
No lo mataría. Lo dejaría vivir despojado de su amado arte. Lo protegería de cazarrecompensas y ANBU sólo para prolongar su desesperación. Porque la vida, al final, siempre se quitaba la máscara. Ver ese hecho ocurrir una y otra vez era una de las pocas alegrías que se permitía Obito. Pero Deidara no sólo se resistía a verlo, sino que no parecía darle importancia ni a algo tan trágico como la pérdida de lo que más disfrutaba en la vida y su compañero.
Era peor que basura. Aquellos que abandonan a sus compañeros son peor que basura.
Obito se detuvo, pensando en la frase carente de sentido en la que tan firmemente creyó una vez. Tener algo más por lo que sentir rencor hacia Deidara lo había llevado a desenterrar la ilusa filosofía de su antiguo yo. Conjuró todas sus fuerzas antes de que el amargor insoportable de su propio odio lo llevase a hacer una tontería.
—¿Ocurre algo, Tobi? —dijo Zetsu negro.
—Uh... Sólo... Me puse triste de repente. Soy un muy mal compañero para mi futuro senpai. Acabo de recordar que está herido, ha perdido mucha sangre y los muñones deben de dolerle mucho. ¿Podríamos descansar?
¿Y por qué no estaba doblado de dolor en el suelo?
—Esto no se siente más que como un rasguño para mí, hm. Y no estamos tan lejos de la guarida, prefiero llegar cuanto antes y descansar.
Zetsu blanco rió.
—Deidara, ese entrenamiento de Iwa no defrauda. Ya veo que es efectivo.
—¿Entrenamiento? ¿Entonces no te duele?
—Me duele, Tobi. Mucho. Pero no es nada comparado con el genjustu de dolor de Iwa.
—En Iwa existe algo llamado "sesiones semanales de dolor". Todos los aspirantes a genin deben tomarlas, hasta que se gradúen como jonin —explicó Zetsu blanco.
—El viejo siempre las llevó en secreto —dijo Deidara—. Muy buen trabajo de espionaje, Zetsu.
—¡Siempre! —contestó él animado por el cumplido.
Entonces, los ninjas de Iwa no sólo eran peligrosos por su valentía suicida, el tener tan alto el umbral del dolor los llevaba a seguir luchando eficientemente hasta su último aliento, incluso si resultaban heridos o mutilados. Eso explicaría por qué Deidara estaba ahí caminando y sonriendo fresco como una rosa a pesar de haber perdido ambos brazos. Otro en su lugar se habría desmayado ya.
Pensar en esas "sesiones semanales de dolor" lo llevó a sentir una inesperada compasión por Deidara, a la vez que avivaba su odio por el sistema shinobi. Tan despiadado. Mientras imágenes de un Deidara niño bajo el influjo del genjustu de dolor atenuaba su desdén por él, Obito sintió más fuerte que en mucho tiempo la llamada del deber. Madara le había confiado una importante misión, y él estaba ahí para construir un mundo mejor. Uno que no torturase niños semanalmente para convertirlos en armas de guerra.
Fingió que estaba llorando.
—Pobre futuro senpai... Si no estuviera cargando tus valiosas manos te daría un abrazo bien grande.
—Antes abrazo a un cáctus, hm.
El amago de simpatía que había sentido por él, se esfumó. Siguió con su acto, fingiendo que las maleducadas palabras habían herido a Tobi e intentando ignorar que en realidad era el propio Obito quien estaba dolido. Intentó consolarse como pudo, pensando en la ironía de que su extraviado ojo hubiera sido el causante de cercenar uno de sus brazos.
—¡Vamos senpai, abre la boca!
El muslo de pollo se estrelló contra sus labios firmemente apretados. Puede que hubiera perdido los brazos, pero no la dignidad. Se rebeló como pudo, intentando morder el brazo de su nuevo compañero, el cabeza hueca que Zetsu había encontrado a saber dónde y que le hacía de ayudante. Tobi ahogó un grito, apartándose antes de que sucediese.
—Puedo comer solo, no te necesito —escupió.
¿Había perdido Pein-sama la cabeza? ¿Por qué lo hacía cargar con el idiota?
—Oh... ¿De verdad? Está bien pues. Vamos a ver cómo exactamente.
Dejó el bento sobre la mesa a su alcance y se cruzó de brazos. Deidara tenía la certeza que lo estaba mirando, no podía ver el ojo tras el único agujero negro de aquella máscara naranja, pero lo sentía. No le hacía gracia comer en esas condiciones, pero estaba hambriento, más hambriento que nunca. Su cuerpo había quedado muy estropeado tras su última pelea y le pedía a gritos energía para poder recomponerse. Se inclinó con la intención de agarrar el muslo de pollo con la boca, justo en el instante en que Tobi tomó la cajita, retirándola de nuevo de su alcance.
—¡Ups! ¡Un momento!
—¿¡Y ahora qué!? —gritó enojado.
—Acabo de recordar que no debo dejar a Deidara-senpai hacer esfuerzos para que se ponga bueno antes, así que es mi deber cuidar de ti lo mejor que pueda —dijo con entusiasmo.
—¡Deja el bento en la mesa ahora mismo, hm!
Debió haberlo estrangulado en el bosque, eso es. Había sentido una lejana gratitud hacia él por haber encontrado su preciado brazo, aunque en realidad el mérito había sido de Zetsu, con la espora dentro del anillo no le supuso ningún reto el localizarlo.
—Si no te portas bien te quedarás sin postre —dijo, hablándole como si fuera un niño malcriado.
Esa fue la gota que derramó el vaso para Deidara.
—¿¡Por qué demonios tengo que estar soportándote!?
Enojado a más no poder, se levantó y lo acorraló contra la pared dando una serie de patadas altas que le hubieran cerrado la boca para siempre al vejestorio de Onoki sobre su nivel de taijutsu. Ninguna le dio, Tobi era rápido eso debía reconocérselo. Y justo cuando lo tenía acorralado comenzó a sentirse mal, como si estuviera desfalleciendo, su respiración se volvió ruidosa y su visión comenzó a oscurrecerse. No debió haber hecho eso. Estaba muy débil aún.
—Sé un buen paciente, senpai...
Consiguió, haciendo acopio de todas sus fuerzas, el mantenerse en pie y poco a poco, su pequeño momento de debilidad quedó atrás.
—Estoy bien, hm.
Y en ese instante, su estómago rugió con fuerza, traicionándolo. Volvió a la silla y apoyó la frente en la mesa. No quería ver a Tobi, no quería ver a nadie en el mundo salvo a Kakuzu. Saber que pronto iba a tener sus brazos reconectados a su cuerpo lo hizo sentir más impaciente que nunca, si el cabeza hueca seguía comportándose así iba a arrepentirse, seguro no les iba a gustar cuando usase su C0 ahí mismo en la guarida. Al infierno con todos.
Sintió que Tobi agarraba su hombro y lo obligaba a ponerse recto en la silla.
—Vaaaamos, un bocadito por Tobi.
Volvió a intentar alimentarlo y esa vez, accedió, mirando hacia el lateral. Debía pensar que pronto tendría sus brazos de nuevo y podría retomar el diseño de sus creaciones. Se le habían ocurrido varias ideas y no podía esperar a llevarlas a la realidad. Era algo que siempre le ocurría. Cuando tenía una idea, una urgencia compulsiva lo instaba a realizarla. Era como si no pudiera estar en paz hasta que no la hubiera sacado de su cabeza. No le gustaba sentirse tan dependiente de Tobi, pero cuando tuviera sus brazos le iba a quedar bien claro quién era el que mandaba ahí. Se dejó alimentar mientras su mente se perdía lejos de allí hasta que la voz de su nuevo compañero lo trajo de vuelta.
—Dime una cosa, senpai. ¿Cómo te sientes al haber perdido lo único que te apasionaba en la vida?
La pregunta le sorprendió tanto que dejó de masticar unos segundos. Era él otra vez molestándolo, como de costumbre. Aunque con un modus operandi distinto al habitual.
—Nada en particular, porque resulta que Kakuzu me va a reparar hoy mismo y lo sabes, hm.
—Pero podrías haberlos perdido para siempre. ¿Qué hubieras hecho?
—Y yo ya te he dicho que no importa. Es inutil discutir un supuesto que no va a darse —se atragantó, cuando Tobi forzó en su boca los palillos cargados de hojas de rúcula. Las escupió, tosiendo—. ¿¡Qué rayos te pasa, idiota!?
Lo oyó reír de forma infantil, ligeramente amortiguado por la máscara.
—Ahora mismo no los tienes. ¿De veras no te sientes que ya nada merece la pena, Deidara-senpai?. Sin Sasori-san y sin tu arte... ¿Qué te quedaría? —volvió a reír, con la atención fija en él, esperando su reacción—. Hay que saber cuando darse por vencido.
Por alguna razón que no conseguía comprender, Tobi parecía disfrutar especialmente el hacerlo enfurecer. Sasori siempre dijo que eran imaginaciones suyas, que Tobi era así con todo el mundo y que la culpa era de él por seguirle la corriente y morder el anzuelo de sus provocaciones en lugar de ignorarlo como hacían todos. Pero en eso también se equivocaba. El hasta ahora ayudante de Zetsu tenía una cuanto menos curiosa fijación con enojarlo. Era molesto con otras personas, pero con él lo era aún más, no importa lo que los demás le quitasen importancia. Deidara sabía que tenía razón.
Y ahora estaba elevando la crueldad en sus comentarios poco a poco, solo para verlo perder la cabeza de nuevo. Decidió contestarle con calma, porque en realidad el idiota no le caía del todo mal. Era alguien peculiar, que decía lo que pensaba sin tener idea de nada, ni de arte, ni de él. Pero tal vez si se lo explicaba acabaría entendiendo su forma de pensar y ver la vida. Si es que dicho logro estaba dentro de sus capacidades.
—Sasori no Danna era un shinobi, y perdió limpiamente, la muerte es una amenaza constante cuando uno elige este camino. ¿No te enseñaron eso en la academia de tu aldea? En Iwa es lo primero que dicen a los nuevos alumnos. Un discurso sobre los peligros de ser ninja es el primer proceso de criba para descartar a los que no valen para esto —dijo, había detestado la repugnante visión del arte de Sasori, pero por encima de eso había admirado su fuerza y su creatividad sin límite a la hora de pelear, Zetsu le mostró su última lucha, la cual grabó desde un rincón, fue una visión esclarecedora, aún creía que Sasori se reblandeció al ser su oponente su propia abuela y opinaba que de haber sido cualquier otra persona tanto ella como la chuunin de Konoha estarían ahora mismo en su colección. Todo el mundo tiene su punto débil, y el de Sasori, precavido, inventivo y mortal como era, fue ese. Fue inesperado, pero al final del día, nada es eterno y su difunto compañero lo había por fin comprendido—. En cuanto a mis obras, si me hubiera quedado sin brazos, habría encontrado otras maneras de llevar a cabo mi aporte al arte. Con los pies tal vez, con la boca... Una mera discapacidad no me hubiera detenido, un artista que se precie no puede permitirse que un contratiempo frene su capacidad creadora, hm.
Lo dijo con una sonrisa, para mostrarle que no iba provocarle insomnio el no tener sus manos, que iba a seguir haciendo lo que le gustaba a toda costa. Le fastidiaba, era verdad, pero deprimirse no lo iba a volver atrás en el tiempo. Se inclinó sobre el vaso sobre la mesa para beber agua a través de la cañita. Pero una repentina, intensa y fugaz oleada de intención homicida hizo que se detuviera, su corazón dando un vuelco. Sobresaltado, dejó de beber, las alarmas de su instinto shinobi activándose a la vez ante la inminente amenaza.
Pero todo se fue tan rápido como llegó, y él no pudo evitar preguntarse si no lo habría imaginado. Miró a Tobi frunciendo el ceño. Por mucho que le costase de creer, eran los únicos en la cocina. Tenía forzosamente que venir de él.
—¿Tobi? —murmuró, observando su lenguaje corporal tenso.
Su puño temblaba y los palillos en su mano se habían partido, debió haberlos apretado demasiado. El agujero de su máscara naranja clavado en él se veía de repente más siniestro que nunca.
Aquella actitud extraña se desvaneció en menos de un segundo para no volver.
—Uh... Ja ja, disculpa si te asusté. Sólo me enojaba con los que te han dejado así. Mi pobre senpai...
—¿Qué fue eso? —le exigió saber, no creyéndose su explicación del todo.
La pregunta quedó sin responder. Y su extraño nuevo compañero reanudó la tarea de darle de comer, llevando la conversación por otros temas más inofensivos e insustanciales. Hasta que Zetsu apareció en el suelo para anunciar que Kakuzu estaba listo para recibirlo.
Tobi se inclinó un poco más hasta que su máscara quedó a escasos centímetros del muñón. Kakuzu lo miró de reojo, el odio contenido brillaba en aquellos írises verdes carentes de pupila. Todos sabían lo escasa que era su paciencia, todos menos Tobi. Pero si seguía en ese plan, con total seguridad lo averiguaría en menos de cinco minutos.
El tesorero de Akatsuki conectó el brazo cercenado de Deidara con su correspondiente lugar. Una extraña hebra negra brotó de una de las costuras en su brazo, moviéndose en el aire por su cuenta para unir de nuevo lo que había sido cortado.
—¡Asombroso, Kakuzu! ¡Eres tan genial...! ¡De veras te admiro! —exclamó el nuevo integrante de Akatsuki.
—¡Deja de molestar! —gritó Deidara—. ¿No tienes nada más que hacer o qué? ¡Kakuzu y yo estamos ocupados ahora mismo, hm!
Nada quedaba de aquella misteriosa y momentánea pérdida de compostura. Puso especial atención en percibir si aparecía, pero Tobi volvía a ser el mismo bobo de siempre, incluso con mayor vehemencia.
—Qué caracter... —murmuró Tobi, suspirando resignado mientras su vista se fijaba en el torso de su senpai—. Oye... ¿Y ese tatuaje que tienes en el pecho qué es? ¿Qué significa?
Alargó la mano para tocarlo, pasando su dedo por la abertura cosida. Deidara gruñó molesto. De haber tenido sus manos conectadas al cuerpo habría fabricado un regalito para Tobi y lo habría explotado en su cara. Afortunadamente, ese no era su único recurso o no habría escapado con vida de la emboscada que le tendieron. Dobló su espalda e inclinó su cabeza, atrapando la mano de su nuevo compañero entre sus dientes, mordiendo lo más fuerte que pudo.
—¡Auch! ¡Duele, duele, duele, duele, duele! —gritó agitando el brazo para liberarse—. ¡Kakuzu-san, regaña a Deidara-senpai por ser malo conmigo!
El brazo quedó balanceándose en el aire, a medio coser.
—¡Deja de moverte, Deidara! ¡Mi técnica requiere concentración! ¡Una interrupción más y te dejo así!
El artista no se atrevió a protestar, sabía donde estaba el límite y necesitaba sus brazos de vuelta para recuperar sus herramientas más preciadas. Frustrado por no poder replicar, apretó tanto los dientes que los hizo rechinar.
—¡Y tú! —agregó Kakuzu encarando a Tobi, el rojo en sus ojos se volvió incandescente, haciendo que dejase de reír de golpe—. ¡Como vuelvas a hacer otra estupidez más te sacaré el corazón y lo incrustaré en tu garganta! ¿¡Me oíste!?
—Qué violentos son todos ustedes... —murmuró frotándose la cabeza.
—No se qué vio el jefe en ti de todos modos. Debió de haberse cansado de oírte mendigar un puesto en Akatsuki —dijo Kakuzu—. Yo habría tomado otras medidas. ¿Tan desesperados están que no pueden ni reemplazar a Sasori como es debido?
Era cierto que tenían el tiempo en contra para reunir a todos los jinchuuriki, pero según Deidara, hubiera esperado el listón algo más alto para el sustituto de alguien tan fuerte como Danna.
—Lo que no entiendo es por qué el jefe ha decidido que yo tenga que cargar contigo —se quejó el artista mientras Kakuzu seguía cosiendo su brazo—. Eras el recadero de Zetsu, lo lógico sería seguir con él.
La reacción de Tobi fue soltar una risita divertida, mostrando con orgullo el anillo que había pertenecido a Sasori en el pulgar izquierdo de su mano enguantada tal y como hacía cada cinco minutos desde que se puso la túnica negra de nubes rojas por primera vez.
—Zetsu ya tiene a Zetsu, por tanto si me voy con Zetsu seremos tres y no dos —explicó, contando con los dedos—. Pero Deidara-senpai ya no tiene a Sasori-san y eso me hace feliz porque soy fan de los bichos explosivos del senpai. Le estoy tan agradecido a esos ninjas de Konoha por esta oportunidad de estar contigo y...
—¿¡Fan!? ¿¡Ahora eres fan!? ¿¡No eras tú el que decía que el arte es para ociosos sin nada mejor que hacer y no para shinobis serios!?
—¿Quieren comprobar lo bueno que soy cosiendo bocas? —gruñó Kakuzu concentrado en terminar de soldar el brazo—. Ya he terminado. Pruébalo.
Sintió la sangre volver a circular de nuevo por su extremidad, el intenso hormigueo que sintió era molesto, pero era buena señal. Deidara flexionó los dedos varias veces, satisfecho.
—¡Buen trabajo, Kakuzu! Funciona a la perfección —metió la mano en su bolsa de arcilla, mordiendo un pedazo y fabricando una pequeña araña. Su buen humor aumentó inmediatamente, podría seguir ejerciendo su arte como siempre lo cual era lo más importante. Hasta se sentía de repente capaz de tolerar a Tobi como compañero—. Todo en orden. Gracias, hm.
Kakuzu asintió levemente.
—El otro va a ser algo más complicado. Sin el codo no puedo volver a pegártelo, pero ya tengo aquí la solución —dijo el tesorero.
Sacó del interior de su túnica algo envuelto en un paño blanco y lo abrió sobre la mesa. Era un brazo amputado, arrugado y de piel oscura. Deidara quiso protestar. El brazo no tenía buena pinta pero Kakuzu se había ofrecido a remendarlo gratuitamente y su paciencia ya estaba cerca de agotarse gracias a Tobi. No quiso jugarse que intentase cobrarle, o que le diera su otro brazo a Zetsu de aperitivo.
—kakuzu-san ¿Vas a arreglar el brazo de mi senpai con ese brazo sacado de un basurero? ¡Ay, no!
Y ahí estaba Tobi, verbalizando con descaro lo que él se había callado. Deidara tragó saliva, mientras Kakuzu cortaba la zona requerida del brazo ajeno y lo pegaba a su propio antebrazo sin dar muestras de haber oído. La reacción le pareció sospechosa. ¿Sería que Kakuzu realmente lo había sacado de un basurero? No era una hipótesis tan descabellada.
—Este brazo, para tu información, perteneció a un gran guerrero. Tuve que regatear durante diez minutos para que mi proveedor me lo dejara a buen precio.
—¿Ah sí? ¿No será... Que te habrán timado y no eres tan astuto como dices?
Y por una vez, Deidara estuvo de acuerdo con él pero sabía que no era buena idea expresarlo delante de Kakuzu. Tobi acababa de salir de su lista negra.
El antebrazo del tesorero guiado por una maraña de pelo negro, salió disparado en dirección a Tobi que lo esquivó de milagro dando un grito.
—Último aviso, novato.
Después de aquella escalofriante intervención, ninguno de los dos dijo nada más. Kakuzu terminó de cortar la sección del brazo que necesitaba antes de unirlo todo. Deidara estaba preocupado porque no funcionase, pero tras el ensamblaje final, pudo comprobar que a pesar del remiendo, la movilidad de su brazo y la eficacia de su técnica eran las mismas de siempre.
—No lo muevas demasiado durante las siguientes veinticuatro horas. Si se deshacen los puntos, no voy a volver a arreglarte gratis.
Como la especialidad de los artistas no era amasar fortuna, Deidara se comprometió a cumplir sus indicaciones. Agradeció de nuevo a su compañero antes de dirigirse al apartamento dentro de la guarida que hasta entonces había compartido simbólicamente con Sasori, pues su carencia de necesidades fisiológicas hacía que a penas pasase tiempo allí. El mantenimiento de su cuerpo era realizado en el mismo taller.
—¡Espera senpai, olvidaste tu ropa! —oyó a Tobi decir tras él— ¡Recuerda que el jefe dijo que debíamos pasar tiempo juntos para fortalecer el vínculo de compañerismo y todo eso!
—Tobi. No he dormido nada estos días. Tenemos mucho tiempo para preocuparnos por el estúpido vínculo cuando descanse —dijo molesto.
—Pero tengo un dilema... Aún no he elegido un color de esmalte de uñas y Pein-sama ha dejado claro que ese detalle es súper importante. ¿No puede Deidara-senpai ayudarme para que no me meta en problemas con el jefe?
—Ese es un detalle demasiado personal como para que yo lo elija —dijo Deidara.
—Entonces me las pintaré a juego con el senpai.
—¡NO! ¡Eso sí que no! ¡Montaña de acero #803 es exclusivamente mía! ¡Nadie más puede usarla!
—Entonces... ¿Cuál es tu color favorito?
Deidara rodó los ojos. No tenía un color favorito y si lo tuviera jamás permitiría que Tobi lo usara para pintarse las uñas.
—Piérdete, hm.
—¡Decidido! Serán azules como los ojos del senpai.
Llegaron al apartamento al fin, Deidara fallando en su intento de encerrarse en él con Tobi afuera, a pesar de que técnicamente debían compartirlo. No sabía qué pensar del hecho de que su nuevo discípulo quería pintarse las uñas del color de sus ojos. Tampoco conseguía ubicar esa repentina zalamería cuando justo ese mismo día le había parecido que intentó convencerlo de que sin su arte no era nada.
Y aquella intención homicida... ¿Qué era? Lo intrigaba, pero por más que había esforzado en encontrar cualquier vestigio del cambio de actitud, no lo logró.
—¿Qué tal aguamarina #442?— insistió Tobi.
Su lado artístico tomó el poder, obligándolo a participar en la conversación casi contra su voluntad.
—Ese tono es muy oscuro, yo diría que cielo azul #419.
Mierda...
¿Qué estaba diciendo?
Deidara debía descansar. No podía mantener una discusión con Tobi estando exhausto. Él iba probablemente a ganarla. De hecho, ya le había ganado.
—¡Perfecto! —canturreó Tobi con entusiasmo.
—Oye, Tobi —dijo mientras iba a deshacerse el peinado y prepararse para irse a dormir—. Te estás emocionando demasiado con todo esto. Céntrate en asegurarte que funcionamos bien juntos peleando y ya está. Desde que ingresé en Akatsuki he peleado junto a Sasori. El cambio se va a notar, y más con alguien de tu nivel, hm.
Quería ofenderlo, un poco al menos, en un intento por desencadenar lo de antes. Pero Tobi no pareció molesto en lo más mínimo. Cuando se fue a dar cuenta, Tobi estaba junto a él. Aún no se había puesto de nuevo la camiseta, y tenerlo tan cerca era... Perturbador. Otra muestra de lo rápido que era, casi ni se había dado cuenta.
—No te preocupes senpai, estaré a la altura.
—Eso espero —dijo intentando restarle importancia.
—Es más —prosiguió su discípulo, arrodillándose frente a él y tomando su mano.
—¡Ten cuidado! ¡Mi brazo aún está en recuperación, hm! —protestó.
—Tobi promete que cuidará de Deidara-senpai, compartirá su dango con él y hará todo lo que él diga a partir de ahora. Y no dejará que nunca, jamás le pase nada.
Fue un momento extraño, pero Tobi lo era y por tanto que sus costumbres también lo fueran no era sino lógico. A pesar de la extrañeza, le gustó saber que él se iba a tomar las cosas en serio.
—Muy bien... Pero no hacía falta arrodillarse para eso.
Y así sin más, Tobi levantó ligeramente su máscara y besó su mano.
El tiempo pareció congelarse. La cara de Deidara se tornó roja, ahora era su propia intención homicida la que se podía sentir claramente.
—¿He dicho algo malo?
Dos segundos después un miembro de Akatsuki con la cara cubierta por una máscara naranja de un solo agujero corría como nunca por los intrincados pasillos de la guarida huyendo de tres pajaritos blancos hechos con arcilla explosiva.
—¡Kisame me dijo que era una tradición de iniciación! ¡Auxilio! —gritó.
En la habitación, Deidara se frotaba distraídamente el revés de su mano con la mirada fija en la puerta. Incapaz siquiera de pestañear. O moverse.
Obito apareció en medio del bosque, liberando toda la intención homicida que había estado reprimiendo. Pájaros y ardillas huyeron del lugar al sentirla. Entendía por qué estaba enojado, pero no por qué le estaba afectando tanto. Siempre le molestó su pueril pasión por el arte, y ahora que no tenía sus manos, pensó que lo hundiría, quería sentir aquella satisfacción de verlo sumido en la desesperación, pero ahí estaba, diciendo que aprendería a moldear con los pies o con la boca el muy ridículo. Y lo peor era que casi se queda él en evidencia.
Se aproximó a un árbol a grandes pasos y con un gruñido gutural le dio un puñetazo en el tronco, derribándolo con un estruendo que alteró aún más la quietud del bosque.
—Me parece que alguien está enfadado —canturreó el Zetsu blanco a sus espaldas.
—¿Algo va mal? —preguntó la parte negra.
—He cometido un error... Me he salido del acto sin querer y Deidara lo ha notado —explicó.
Zetsu se acercó un poco más.
—Es cierto, es preocupante. ¿Cuál ha sido la razón? —preguntó el blanco.
—¡No hace ni tres días que Sasori ha muerto! ¿¡Por qué ya parece haberlo superado!? ¡Era su compañero!
— Ayer nos pidió que le pasásemos los recuerdos de la pelea, se ha interesado por Sasori y las circunstancias de su muerte —dijo Zetsu negro.
—¿Qué dijo?
—Que ahora entendía ciertas cosas, nada demasiado concreto. No debería si quiera preocuparte.
Pero no se sentía cómodo explicándole eso, ni tan si quiera a quien se había convertido en el individuo más cercano a él. Pues debía recordarse que al fin y al cabo seguiría su propio camino en lo que se refiere al proyecto, y no le iba a gustar. La información es poder, y no quería darle pleno control sobre él.
—Debe ser que llevo demasiado sin tratar tan directamente con personas y me cuesta acostumbrarme, más aún con un joven inmaduro y de mal carácter. Pero no volverá a ocurrir. Supongo que no me queda otra que acostumbrarme a su forma de ser hasta que ya no nos haga falta.
El experto en espionaje asintió.
—Podemos quitarlo de en medio y buscar a alguien más, si su personalidad te resulta difícil de manejar —propuso el Zetsu negro.
—No. Es complicarse innecesariamente. Me aseguraré que lo de hoy no vuelva a pasar. No queda tanto para que la estatua esté completa al fin y al cabo.
Y por el camino le iba a enseñar una lección, aún no sabía como pero lo haría. Cuando la vida lo golpease con toda su fuerza, una ridícula afición no iba a salvarlo.
Nada iba a salvarlo.
Aquí estamos de nuevo. Para este momento ya debería haber actualizado "Cambiemos", pero como estaba yendo más lento de lo que me gustaría y se me ocurrió esta idea, pensé en alterar mis planes.
Se me ocurrió la idea de que Obito comenzó detestando a Deidara mientras escribía "Mintámonos" pero sólo la toqué por encima. Lo imaginaba sintiendo algo negativo muy intenso por él, no solo porque con 17-18 años que tenía cuando iba con Sasori lo imagino como niñato insoportable sino que también está el hecho que Obito no soporta ver a otros felices porque él no lo es. Con Sasori a pesar de que también es artista no se obsesionó tanto, es diferente, porque nadie sabe realmente lo que pasa con él, ahí metido siempre en Hiruko, pero Deidara no solo está al descubierto, sino que es alguien muy expresivo y las emociones tal y como las va sintiendo se van manifestando.
En cuanto a Deidara, no podía terminar el fic sin dejar que sintiera intriga por él. Siempre lo vio como el molesto esbirro de Zetsu, pero ahí Obito ha cometido un error y él lo ha notado. Creo que Tobi en lo sucesivo va a cumplir rigurosamente el papel de Tobi, y cuando se va a dar cuenta ese desdén obsesivo se ha transformado en algo más. Quizá empezó con formas de molestarlo que requerían contacto físico, como parte de su plan, pero acabó tomándole cariño a su personaje de Tobi, a la cercanía con Deidara y acabó un poquito enamorado hasta la médula o algo jajaj. xD En cuanto a Dei todo comenzó con atracción física y nada más, y Obito lo permitió porque pensó que era una forma de calmar sus impulsos hacia él sin involucrarse demasiado, poco a poco también eso cambió.
Lybra, esa mesa está hecha de adamantita como mínimo. Llevo como dos semanas sin publicar limón y ya lo extraño, parece que han sido años T_T El siguiente será M, tengo algo escrito ya de antes, pero quizá lo deje para más adelante y escriba más limoncito. Tobi seme es adictivo de escribir, es como si al principio dejase que Dei marcara el ritmo y ahora está imparable, aprende rápido. Bueno es que dicen que los Uchiha desatan todo su potencial con los que aman, ya incluso un uke como Dei no tiene nada que hacer jajajaj Me dio nosebleedeo intenso de imaginarlos llenos de huellas de manos, ahí bien marcaditos *-* Pein-sama tendrá su limonada muy pronto! :D
Alest, siii era hora de escribir algo bien kinky, creo que ambos se dan a ello. Me gusta eso de Tobi viendo a Dei dormir y concentrandose en parar el nosebleedeo que le de al ver su culito ahí bien vulnerable. Tobi celoso de una botella, vamos mejorando. ¿Qué será lo siguiente? Tobi jr xDDD *-* A veces me gustaría que le hablase más sucio aún, pero tengo dilemas con los modismos, trato de escribir en español lo más neutral posible, aunque en fics de otros, los modismos no me molestan, pero esa preocupación al escribir me limita en ese sentido, espero ir experimentando al respecto, y para las virgencitas, que lo prueben, que libera tensiones jajaja Si hubiera celulares en ese mundo Tobi tendría la memoria llena de fotos de Dei y su culito marcado. Itachi se va a enterar de lo que es bueno cuando esos dos pillen su futón, diría que quiero ver su cara pero seguro que no se inmuta. Y mira que Dei le puso empeño esa vez.
Mochi, me fui a escuchar la canción jajja el fetiche con su culito es ya headcanon, me encanta, se lo debe pasar super bien estrujándolo como Dei a la arcilla xD También me gusta verlos en todas las facetas, tanto duro contra la mesa del trabajo como haciendo cucharita. Dei no deja a Tobi ser un buen chico. Para el cumple de Dei subieron un par de comics nuevos, uno de ellos me hizo gracia porque Dei le quita la máscara a Tobi mientras duerme y casi lo besa, al contrario de lo que pasa en mi fic jajajj luego hay beso de verdad aunque se hacen de rogar ¬¬ Me alegra que te guste leerme, yo me lo paso genial escribiendo *-*
Y bien, esto iba a ser un fic de humor, pero acabé dándole la vuelta, aunque sigue teniendo humor pero el trasfondo hace como que no lo sea exactamente. Próxima actualización MAS LEMON.
¡Gracias por leerme y hasta el siguiente!
