Capitulo 9

Candy había tratado de evitar a Albert en toda la mañana, no le había sido muy difícil, pues ambos habían tenido mucho trabajo. Se acercaba baile de primavera, y había muchas cosas por hacer. Albert siempre era quien se encargaba de manejar todo lo relacionado con el baile, claro que contaba con la colaboración de Patty, los estudiantes, y por supuesto los profesores, todos tenían un papel importante en la organización del evento.

Los estudiantes estaban eufóricos, pues el baile de primavera era el más esperado por todos, no solo por tratarse de una fiesta en la cual podían olvidarse de las obligaciones del estudio por una noche, sino también, porque implicaba la llegada de una estación muy apreciada por ellos. Ese año, el comité de estudiantes había decidido que sería una fiesta de disfraces, todos, absolutamente todos, alumnos, directivos, empleados y profesores, debían ir vestidos caracterizando a algún personaje.

Candy estaba sentada en una mesa de la cafetería de la escuela, almorzando junto con Patty y Annie. Las tres estaban discutiendo sobre cómo se disfrazarían para la fiesta.

- Yo creo, Patty – Estaba diciendo Annie – Que deberías ir disfrazada de Cleopatra, tu rostro me hace recordar a Elizabeth Taylor.

- ¿Eso crees? – Patty pareció pensativa, se dijo que podía rentar un disfraz parecido al traje utilizado por Liz Taylor en la película.

- Claro – Continuó Annie – Tal vez puedas convencer a Albert para que vaya disfrazado de Marco Antonio.

- ¿Albert? – Preguntó Candy, confundida.

- ¿Es que acaso no lo sabes, Candy? Patty está enamorada de Albert desde hace años – Patty se sonrojó y bajo la mirada, mientras que Candy se sintió mal por ella.

- No lo sabía – Fue lo único que dijo. Había estado pensando en contarle a ella lo que había pasado con Albert la otra noche, pero con esto, lo creía innecesario, después de todo, Candy no tenía interés en Albert, le gustaría que él se fijase en una mujer como Patty.

- ¿Ya vieron quien acaba de entrar a la cafetería? – Dijo Annie, señalando disimuladamente hacia la entrada, donde un apuesto hombre se acercaba al mostrador para comprar su almuerzo.

Candy volteó a ver donde Annie había señalado. Definitivamente se trataba de un hombre muy apuesto, y con un aire misterioso.

- ¿Quién es él?

- Es el nuevo entrenador del equipo de futbol – Explicó Patty – Albert lo contrató la semana pasada. No estaba muy seguro de hacerlo, pues estuvo combatiendo en Vietnam por cinco años y ya sabes cómo pueden llegar a ser las personas que están expuestas a la guerra por tanto tiempo.

- ¿Qué tienen que ver eso con el hecho de que le den un empleo? – Preguntó Candy, algo molesta por esas palabras.

- Lo siento Candy, se que tu primo también estuvo en Vietnam, pero muchos de ellos pueden llegar a tener secuelas psíquicas muy difícil de resolver.

- ¿Y crees que negándoles la posibilidad de conseguir un empleo es una buena terapia?

- ¡Claro que no! Pero no estoy muy segura de que sea apto para trabajar con jóvenes adolescentes, y Albert tampoco lo está.

- Y entonces ¿Por qué lo contrató?

- Porque ya saben cómo es él... Siempre quiere dar oportunidades a los demás, como lo hiso contigo, Candy.

- ¡Yo obtuve mi puesto por que soy apta!

- Pero nunca has enseñado, ni siquiera tienen experiencia alguna... Aunque creo que Albert te ha contratado por otros motivos... – Le dijo mirándola acusadoramente.

- No sé a qué te refieres

- No te hagas la tonta, Candy – Patty cambió completamente su actitud – Se que Albert te invitó a salir la noche pasada, todo la escuela lo está comentando.

- Fue solo como amigos

- ¡Pues a mí no me engañas!

- ¡Ya basta Patty! – La detuvo Annie – No tienes porque hablarle de eso modo.

- No, Annie, no importa – Candy se levantó y tomó su charola – Mejor iré a comer a otra mesa.

Candy estaba furiosa, no podía soportar que Patty insinuara que había conseguido su empleo deshonestamente, pero todo era culpa de Albert, si él no hubiera insistido en tener algo con ella, esto no estaría pasando. Caminó apresuradamente sin mirar al frente, estaba tan distraída, que sin quererlo chocó contra un hombre. Las charolas de ambos cayeron al piso, provocando un gran estruendo en la cafetería.

- ¡Lo siento mucho! – Se disculpó Candy, completamente avergonzada. Entonces levantó la vista, y se encontró con el nuevo entrenador del equipo de futbol. Pensó que, de cerca, era mucho más apuesto.

- No se preocupe, señorita – Le dijo mirándola de arriba abajo – Creo que lo mejor será que vaya al baño a limpiarse.

- ¡Oh! - Candy miro hacia abajo, su vestido blanco se había manchado con café – Era mi vestido favorito.

- Si le pones sal a la mancha y luego lo dejas secar tres horas bajo el sol, desaparece – Candy lo miró sorprendida.

- ¿Cómo sabes eso?

- Es lo que mi madre solía hacer – Contestó con naturalidad – Trabajaba en una cafetería, y siempre llegaba con su ropa manchada de café, es un método efectivo.

- Gracias – Lo miró a los ojos – Soy Candice White, la profesora de literatura.

- Terrence Grandchester

- Eres el nuevo entrenador del equipo ¿Verdad?

- Así es

- Pues te deseo suerte – Le sonrió – Creo que mejor iré ver si tienen sal en la cocina antes que la mancha se sequé. Fue un placer conocerte, Terry.

Él se quedó viendo como se marchaba la rubia... Le había dicho "Terry", no era la primera que lo llamaba de ese modo, pero quedaba tan dulce escucharlo salir de sus labios...

- ¿Qué es lo que ha pasado aquí? – Terry escuchó a furiosa voz de Albert.

- Nada, solo ha sido un accidente.

- Pues parece que no has empezado con el pie derecho, Grandchester.

- Ya le he dicho que fue un accidente – Terry comenzaba a perder la paciencia, no soportaba el modo en que lo trataba Albert, siempre esperando lo peor de él.

- Pes espero que no se vuelva a repetir – Miró hacia el piso - ¿De quién es la segunda charola?

- De Candy

- ¿Candy?

- Si, la rubia de ojos verdes

- ¡Se quién es Candy! – Le gritó – Lo que no entiendo es por qué la tratas con tanta familiaridad.

- Pues... – Terry torció la boca, había encontrado una forma de fastidiar al rubio – Ella me llamó "Terry" y fue muy amable conmigo, además... – Notó como el ojo derecho de Albert comenzaba a temblar – Es muy bonita, tal vez la invite a salir.

- ¡No está permitida esa clase de relación entre los profesores!

- Lo cual no sería un inconveniente si me despide – Había dado en el punto, con esa frase tenía asegurado su puesto de trabajo.

- Dedíquese a entrenar al equipo – Le dijo, arrastrando las palabras.

Albert se dio media vuelta, y se retiró de la cafetería. Terry tenía una sonrisa de triunfo en los labios, no había creído esa estúpida norma de la escuela, sobretodo porque estaba seguro de que, si Candy lo aceptará, Albert no dudaría un segundo en formar una relación con ella. Terry no iba a permitir que nadie le dijera que hacer, y por supuesto, ese director de cuarta no iba a pasarlo por encima.

ooo

Al día siguiente, Candy había llegado más temprano de lo normal a la escuela, pues había prometido a sus alumnos que los ayudaría con los preparativos para el baile, pero al pasar por el pasillo donde se encontraba la oficina del director, Patty la detuvo.

- Albert quiere hablar contigo – Le dijo de mala gana – te está esperando.

Candy ni siquiera la saludo, aún estaba enfadada por la forma en que la había tratado el día anterior en la cafetería, pasó junto a su escritorio y entró en la oficina de Albert.

- ¿Quería verme director?

- ¿Director? – Le preguntó extrañado – Quedamos en que solo me llamarías Albert.

- Lo siento, pero la gente comienza a hablar y creo que lo correcto es que lo llame de ese modo.

- No tienes que hacer caso a los comentarios de la gente

- Pero no están muy errados de la realidad

- ¿A qué te refieres?

- A que usted "Director" me ha invitado a cenar una noche, y no precisamente en términos de trabajo.

- Ya te he explicado por qué lo he hecho – Dijo Albert, suavizando su tono de voz – Yo te amo, Candy.

- Albert, por favor, no me hagas esto... yo no puedo corresponderte.

- Si tan solo me dieras una oportunidad

- ¡No intentes forzar mis sentimientos!

- Lo siento, Candy – Albert quiso cambiar de tema – Pero no es eso de lo que quería hablarte.

- ¿De qué se trata, entonces?

- Es sobre Grandchester

- ¿El entrenador?

- Si, he oído que ayer tuviste un encuentro con él – Dijo Albert, no pudiendo evitar cierto tono de reproche en su voz.

- Si – A Candy, eso le sonaba a una escena de celos, y no iba a permitírselo – Me tropecé con él, lo hice tirar su charola.

- Quiero que tengas cuidado con Grandchester.

- ¿Cuidado? ¿A qué te refieres?

- No es un hombre común, ha estado en Vietnam cinco años, temo que pueda lastimarte.

- No puedo creer lo que estás diciendo, Albert. El hecho que sea un ex combatiente no lo transforma en un hombre peligroso.

- Solo ten cuidado – Hiso como si no la hubiera escuchado – Lo mejor será que no tengas ningún tipo de contacto con él. Ayer hemos hablado, y me hiso entender que tenía interés en ti, el no es un hombre para alguien como tú.

- ¡Mantente alejado de mi vida privada, Albert! – Candy no podía soportarlo más – De lo contrario, conseguirás que llegue a odiarte – Salió de la oficina completamente furiosa, ante la mirada sorprendida de Patty, quien se preguntaba que podría haberle dicho Albert para que Candy se ponga de esa forma, tal vez, él había decidido ponerle un freno a su relación y ella no pudo soportarlo, sea como sea, Patty no perdería la oportunidad de lograr conquistar el corazón del único hombre que había amado.

Candy no podía creerlo, Albert no tenía ningún derecho de meterse en su vida privada, y se lo había dejado en claro, no perimiría que existiera con él, una relación más allá de lo laboral.

Se dirigió hacia el salón donde se encontraban sus alumnos, encargándose de los preparativos para la fiesta, y se dedicó a ayudarlos, al menos, eso la mantendría ocupada por un momento, para no pensar en las palabras de Albert.

ooo

A la hora del almuerzo, Candy se sentó un una mesa sola, alejada de Patty y Annie. No le gustaba que la trataran como una cualquiera, ya los otros profesores de la escuela, comenzaban a mirarla de una mala manera, probablemente por lo que Patty les había contado, que no eran más que mentiras.

Apenas comenzaba a comer, cuando alguien se paro al lado suyo.

- ¿Puedo sentarme contigo? – Le pidió Terry – Es que todas las mesas están ocupadas, y tú eres la única con quien al menos he conversado – Le dijo divertido – Al parecer, los demás profesores intentan evitarme.

- Claro que si, Terry – Le dijo Candy, sonriendo – Siéntate, por favor.

- Gracias – Terry se sintió en la silla frente a la rubia - ¿Has podido sacar la mancha de tu vestido?

- Si – Contestó ella – Tu consejo ha sido de gran ayuda.

- Me alegro

- ¿Cómo te ha ido en tu primera semana como entrenador?

-Bien... los chicos son buenos, creo que este año ganaremos el campeonato.

- ¿Habías entrenado antes?

- No, pero era un gran jugador en la escuela. Sé que podre hacerlo.

- He oído que has estado en Vietnam cinco años...

- Si – Candy notó como se tensó el rostro de Terry.

- Debe haber sido muy duro... mi primo también ha estado en la guerra por un tiempo, y aún tiene dolorosos recuerdos.

- Es algo que nadie puede imaginar hasta que no le toca vivirlo – Terry comprendió que Candy no lo juzgaría, como lo había hecho el resto de la gente, con ella podía hablar tranquilamente – He visto cosas capaces de impresionar al más fuerte de los hombres.

- Eres muy valiente, Terry – Le dijo Candy dulcemente – Sabes que puedes hablar conmigo siempre que lo necesites.

- Gracias, Candy – Le dedicó una sonrisa – Tu eres diferente al resto de los profesores.

Candy se sonrojó, no pudo explicar lo que había sentido al escuchar las palabras del castaño. Le gustaba Terry, no podía negar que era un hombre muy apuesto, alguien capaz de dejar sin habla a miles de mujeres con solo mirarlo a los ojos. Pero ella no estaba segura de ser capaz de afrontar una nueva relación en aquellos momentos, y sabía que Terry tampoco. Aunque nada les impedía mantener una relación sin compromisos por el momento, después de todo, ambos eran adultos y libres.

Continuaron charlando amenamente durante el resto del almuerzo, sin darse cuenta, que un par de ojos celestes, los miraban de lejos, deseando arrancarle la cabeza a Terry, y dejarle en claro que Candy le pertenecía.

Continuará...


Mil gracias por los reviews =)