Capitulo 8

Abri mi bolso y entonces respondí mi teléfono, balanceándolo entre mi hombro y la oreja para así poder continuar empacando mi ropa. Era martes en la mañana, y después de hablarlo con Yukino y tener su opinión sobre la situación, había decidido irme hoy. S parecía inmensamente feliz por esto, al igual que Rufus. Todavía me faltaba hablar con mi padre al respecto lo que en realidad me sorprendió; había imaginado que me llamaría inmediatamente al saberlo. Usualmente tenía algo que decir sobre todo lo que hacía, o al menos así era cómo se sentía para mí. Desde que me mudé a Coffs Harbour, había logrado disminuir su participación en mi vida e incluso mi madre había retrocedido y me dio espacio para vivir mi propia vida. Era el tipo de mujer que tenía algo que decir en todo lo que su familia se encontrara involucrada. Me estaba empezando a sentir bastante aprehensiva en cuanto a sumergirme en la vida del club otra vez; había luchado tanto por mi independencia y no estaba dispuesta a renunciar a ella por nadie.

—¿Hola? —respondí el teléfono.

—Lucy —era Gray—, ¿a qué hora sales?

—Pronto, cariño. ¿Tienes tiempo para venir a despedirte? —Realmente necesitaba verlo antes de irme. Yukino era mi mejor amiga pero Gray era la persona que siempre me calmaba, y podría venirme bien algo de calma en estos momentos.

—Allí estaré —respondió y colgó.

Abrí mi armario y comencé a arrojar ropa en mi bolso. Mis planes eran tan improvisados que en realidad no tenía idea de lo que necesitaría, así que solo llené el bolso, suponiendo que podría comprar más luego si lo necesitaba.

Yukino entró campante y se sentó en mi cama observándome empacar.

—Ese hombre tuyo es temperamental. He estado intentando hacer conversación con él, pero me rendí —dijo.

—Vamos a dejar algo claro. No es mi hombre —dije, mientras terminaba de empacar mi bolso.

—¿Por qué rompieron? —preguntó. Suspiré y me senté en la cama junto a ella.

—Hubo muchas razones por la que rompimos, pero él fue quien lo terminó cuando lo acusé de engañarme. Cuando supe después que no me engaño pensé que tal vez tendríamos la oportunidad de volver a estar juntos, pero más cosas pasaron, y me pidió que me fuera del club, que me fuera de la ciudad. Se cansó de mí.

—Cabrón —soltó y disparó una mirada asesina; las mejores amigas eran la mierda. Amaba que Yukino nunca me presionara por más información de la que estaba dispuesta a dar. A pesar de que hemos sido mejores amigas por dos años ya, nunca me ha empujado a hablar sobre cosas de mi pasado. Sabía que había pasado por algo de lo que no me gustaba hablar, y sabía que tuve una ruptura desastrosa, pero era feliz con solo dejarlo así.

—Sí, cabrón. —Sonreí y la abracé—. Dios, te voy a extrañar. Me abrazó con fuerza y luego se apartó.

—Lo sé. También yo. Tal vez pueda ir y visitarte pronto —dijo. Negué con mi cabeza.

—No creo que debas, cariño. Por lo que S y Rufus me han dicho, las cosas están bastante mal por el momento. No quiero que termines envuelta en todo eso.

—A la mierda. No puedo dejar sola a mi mejor amiga cuando me necesita. Estoy segura que S y sus chicos pueden velar por nosotras.

Solté una carcajada.

—No tiendes ni idea, pero te amo. Ahora, saca tu trasero de la cama y ayúdame a cargar mis cosas.

Cargamos mi bolso hacia la sala de estar y me encontré con Gray justo cuando acababa de pasar por la puerta principal. Me abrazó y permanecimos así por un momento. Sería difícil dejarlo ya que había llegado a depender de él en estos dos últimos años. Era mi voz de la razón cuando mi nivel de locura llegaba a proporciones épicas, y era la única influencia constante en mi vida.

—Sabes dónde estoy si me necesitas, pequeña —murmuró en mi oído y me soltó.

Mis ojos se encontraron con los suyos y le sonreí.

—Absolutamente. Será mejor que mantengas ese teléfono cerca todo el tiempo porque estoy segura que te llamaré seguido. Necesitaré que me hagas entrar en razón cuando pierda la cabeza. ¿De acuerdo?

Asintió, me agarró de la mano y la apretó.

—Lo digo en serio, Lu, si me necesitas, aquí estoy.

Un teléfono comenzó a sonar y me giré para encontrar a S observándonos fijamente a Gray y a mí. Estaba de pie en el umbral entre la cocina y la sala de estar, y no lo había escuchado venir. Era su teléfono el que sonaba, pero no se estaba apresurando a responderlo.

—¿Vas a responder eso? —espeté.

Me frunció el ceño y apuñaló su teléfono para contestarlo.

—¿Qué? —ladró y regresó a la cocina, lejos de nosotros. Puse los ojos en blanco y me volví a Gray y Yukino.

—¿Lyon y Kana vendrán a despedirse? —le pregunté a Gray.

—No, están ocupados, pero creo que ambos te darán una llamada después — contestó Gray. Señaló con su cabeza a S, y preguntó—: ¿Qué fue todo eso?

Me encogí de hombros.

—No tengo idea. —Y en realidad no la tenía. S podía ser un bastardo temperamental y supongo que solo estaba en uno de sus estados de ánimo, especialmente por todo lo que estaba pasando con Cobra y el club.

—¿Estás segura que quieres que él te lleve devuelta a casa? Podría llevarte — se ofreció.

—No, iré con S —dije rápidamente y Gray levantó una ceja.

Mierda. Eso fue muy ansioso de mi parte. Maldita sea, esto no era bueno.

Tenía que mantener mi distancia de S.

—No, tal vez podrías llevarme —cambié de parecer y miré a Gray quien asentía en acuerdo.

—Lucy irá conmigo —gruñó S, y me giré para encontrarlo parado casi justo detrás de mí. Me tomó por sorpresa y me tambaleé hacia atrás un poco, y su mano salió disparada para evitar que me caiga. Su brazo se envolvió en mi cintura y me sostuvo firmemente. Levanté la mirada hacia él mientras se me acercaba más; nuestras respiraciones se mezclaron y sentí mi estómago apretarse con ese sentimiento de anticipación que no había sentido otra vez desde que rompimos—. Irás en mi moto, es más seguro —ordenó.

—Creo que Lucy puede elegir por su cuenta —replicó Gray.

S apartó sus ojos de los míos y miró fijamente a Gray.

—Mierda, ¿no me escuchaste la primera vez? Irá conmigo.

—Bromeas, ¿no? —resopló Gray—. Lucy es una mujer adulta y puede tomar sus propias decisiones.

—Maldición, ¿te parece que estoy bromeando? —retó S a Gray, y me di cuenta que era tiempo de interrumpir esto antes de que se fuera de las manos. Gray seguía siendo educado, probablemente por mi bien, pero si un empujón aparecía, Gray no duraría en meterse con S.

Puse una mano en el pecho de S, y dije a Gray:

—Está bien, iré con S. Tiene razón. Con Cobra fuera del radar será más seguro si me quedo con él.

Gray y S continuaron mirándose el uno al otro, así que empujé a S en el pecho y me alejé de su agarre.

—¿Nos vamos? —le pregunté, impaciente. Apartó la mirada de Gray y me miró para asentir.

—Sí, sacaré nuestras cosas y te veré afuera. —Con eso, tomó nuestras pertenencias y se dirigió a su moto, disparándole una última mirada a Gray antes de irse.

—Como dije, temperamental —declaró Yukino y entrelazó su brazo con el mío mientras lo seguíamos afuera. Giró la cabeza hacía mí con un brillo malvado en sus ojos—. Apuesto a que es jodidamente intenso en la cama, ¿no?

—¡Oh por Dios! No vamos a ir ahí. —Negué exasperada. Yukino tenía una mente muy ida la mayoría de los días y hoy no era la excepción.

Se rio y no pude evitar unírmele; en serio era el rayo de luz en mi vida.

Agarré a Gray y Yukino en un abrazo grupal.

—Los llamaré una vez lleguemos allí. Será dentro de cuatro o cinco horas.

S me esperaba en su moto y podía sentir su impaciencia así que terminé de despedirme y me subí detrás de él. Aparte de la otra noche, habían pasado años desde que había estado atrás de una motocicleta y se sentía bien. Lo había extrañado. Envolviendo mis brazos alrededor de la cintura de S, intenté alejar los pensamientos de lo bien que se sentía estar en su moto. Él atrajo mis manos de modo que lo apretara más fuerte y el placer se disparó a través de mi cuerpo ante su toque. Me pregunté si él también lo sintió, pero descarté con rapidez el pensamiento porque, seamos honestos, él fue quien terminó todo hace años atrás.

Salimos y empezamos un viaje largo. Me daría algo de tiempo para tratar de ordenar mis pensamientos y sentimientos por S, y por el hecho de volver a casa. Por mucho que a mi cuerpo le emocionara estar cerca de él, mi cabeza y corazón no estaban tan encantados. Había sido el amor de mi vida; romper con él me había devastado. Tuvimos muchos roces desagradables después de separarnos, y me destrozó verlo ir de mujer en mujer. Después de mudarme, nunca escuché de él, y no había pretendido verlo otra vez. Mi corazón seguía frágil; no lo había vuelto a dar desde que él lo destrozó y no estaba segura si podía hacerle frente a estar de nuevo cerca de él. Pero el corazón quiere lo que quiere. Muchas veces no tenemos voz ni voto sobre a quién elije, y confiaba y esperaba con todo mi ser que mi corazón supiera que S tenía el poder de destruirme otra vez.