"LIMERENCIA"

"O PERDER LA CABEZA POR AMOR"

Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Dragon Ball Z me pertenecen. Son única y exclusivamente del magnánimo Akira Toriyama.


"La felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer"- J.C

—¿Estás absolutamente seguro de acompañarme al Carnaval?

—Nadie me obliga a hacer algo contra mi voluntad, mujer.

Bulma sonrió mientras conducía su automóvil, teniendo a Vegeta como copiloto. Parecía bastante firme en su posición, a pesar de que sabía que Vegeta no era del tipo que perseguía los lugares abarrotados de gente.

Un sentimiento de alegría y orgullo llenó su pecho.

Iba al carnaval con él.

Por su parte, apenas ingresó al lugar, Vegeta se arrepintió de ir con ella a aquel sitio acaudalado de niños gritones y parejas copiosas. El lugar estaba cargado con luces de colores y una melodía resonaba en cada parlante instalado adecuadamente para no dejarlo en paz.

Observó a la peliazul con los ojos relucientes de alegría. Podría jurar que no había ni una sola cosa en el mundo que esa desquiciada mujer no encontrara fascinante. Comenzó a cantar la fastidiosa canción que resonaba, mientras brincaba en un pie y giraba como chiquilla, logrando que su vestido bailara como ondas marinas.

You're all the things I've got to remember

You're shying away

I'll be coming for you anyway

—¿No es encantador?

Encantador no es exactamente la palabra que usaría.

—Oh vamos, señor gruñón— lo palmeó en el hombro. Vegeta permaneció estático al sentirla gritar muy cerca de su oído —¡Mira! ¡Algodón de azucar! ¡Me encanta! — saltó nuevamente, tomando de la mano a un sorprendido Vegeta y arrastrándolo hacia el vendedor.

—Para una bonita muñeca como tú, es gratis— sonrió el vendedor, entregándole una enorme bola de algodón de azúcar.

—¡Gracias! — sonrió ampliamente, alejándose con Vegeta. —Eso fue muy agradable, ¿no lo crees? —

—Muy estúpido— replicó —¿Cómo pretende obtener ganancia de las ventas si regala el producto a cada chica bonita que encuentre? —

Bulma se detuvo en seco y miró con coquetería a Vegeta.

—¿Piensas que soy bonita?

El vendedor piensa que eres bonita—corrigió

—No tienes que sentirte apenado por sentirte descubierto. Claro que sé que soy bonita.

—Agh, no empieces, pesada.

—¿Quieres? –ofreció, acercando un trozo de algodón de azúcar

—No

—Pero está riquísimo

—No

—¡Pero es dulce! Yo sé que te gustan las cosas dulces. Eres el único que devora todos los postres que hace mamá.

—No

—Ten, cabeza dura. No te envenenaré

—No

—¿Por favorcito?

—¿Eres estúpida o acaso tienes los oídos…

Vegeta calló al sentir el pedazo azucarado en su boca. Aquella maldita mujer y su maldita manía de tocarlo. Cuando volteó a reclamarle, la joven había corrido rápido al encuentro de los demás idiotas -es decir Kakaroto y la urraca de su novia, el enano pelón, el alto pelón, la rubia bipolar, y el exnovio inútil- a quienes vislumbró en la siguiente atracción.

Evidentemente la diferencia de género contribuía a inhibir sus deseos de quebrarle la cabeza a Bulma cuando se volvía demasiado fastidiosa, como ahora. Cerró los ojos y suspiró con fuerza. Se acercó a ella con mirada asesina.

—¿Te gustó?—preguntó inocentemente, como si sus acciones previas fueran la cosa más normal del mundo.

—Si vuelves a hacer eso de nuevo, juro que te…—

—¡Mira! ¡Una máquina dispensadora de peluches! ¡A por ellos! —

Vegeta se dejó arrastrar nuevamente, preso de su propia perplejidad. "¿Desde cuándo esta mujer es más poderosa que mi fuerza de voluntad?"

—¡Hola Vegeta! — saludó Gokú, ondeando su mano. —¡Espero que tengas una buena tarde en el carnaval!

—No me digas lo que tengo que hacer— replicó, dándole la espalda y enfocando su atención en la máquina dispensadora.

—¿Tiene que ser tan grosero? — se quejó Chi-chi, lanzándole una mirada de recelo a Bulma por haber invitado a Vegeta al carnaval. Y bien sabía su amiga que no gustaba de aquel renegado.

—No es su culpa, Chi-chi— Bulma sonrió —Vegeta sufre de esa rara enfermedad genética en la que su expresión neutra lo hace ver como un enojado asesino en serie. Y todo lo que dice, también— guiñó el ojo y se acercó a la máquina dispensadora, donde se encontraba Yamcha recostado — ¡Oh, Totoro! ¡Me encanta Totoro!—

Yamcha la observó de pies a cabeza. Se veía preciosa con su vestido de pliegues azul oscuro. No lo había notado en su momento, pero el cabello corto le sentaba de maravilla. Ingresó una moneda en la máquina —Intentaré agarrarlo—

El muchacho se crispó al sentirla tan cerca de él, logrando ponerlo nervioso —Cielos, apestas en este juego, Yam…—

El sobrenombre logró que algo dentro de él se removiera. Recuerdos nostálgicos de su pasado surgieron ante sus ojos. —¡Bulma! Es más difícil de lo que pensé—

—Que pérdida de dinero. Mejor me voy a buscar a Vegeta. Quién sabe qué cosas raras estará haciendo por ahí—

Yamcha bufó con recelo e intentó concentrarse en la máquina, hasta que escuchó sonidos de vidrios rotos y chillidos.

—¡Vegeta! ¡¿Que diablos estás haciendo?!

Al enfocar la vista en el origen de los ruidos, visualizó a Bulma con un enorme Totoro bajo su brazo, a Vegeta con la chaqueta vendada alrededor de su brazo, y la máquina dispensadora de muñecos totalmente rota. El muy condenado la había reventado.

—Dijiste si podía conseguirlo—comentó impasible, sacudiendo los trozos de vidrio de su chaqueta.

—¡Eso no era lo que quería decir!—carcajeó la peliazul, dejando que lágrimas de histeria rodaran por sus mejillas —Vámonos antes de que llamen a los de seguridad— sentenció, tomándolo nuevamente del brazo y emprendiendo la carrera.

—Suéltame

No muy lejos de ellos, el grupo de amigos volvía a acomodar la mandíbula desarticulada por la sorpresa.

—No lo creería si no lo estuviese viendo con mis propios ojos— comentó Ten, alzando las cejas.

Yamcha se acercó a ellos y suspiró con tristeza —Pensé que sería interesante espiarlos y ver cómo discutían, pero no es así. —observó a la pareja a lo lejos —Ambos actúan de forma…extraña. —

—Como si se complementaran—Krilin replicó

Yamcha continuó —Sigue siendo el mismo ogro antisocial de siempre, pero por alguna razón Bulma es capaz de arreglárselas con eso.—

—¿Saben algo? No había notado cuánto se parecen—intervino Gokú, devorando un enorme hotdog.

—Ambos son tercos, caprichosos y engreídos, tienen un humor negro bastante marcado, y nunca nadie había sido capaz de seguirle el hilo con tanta finura a los comentarios sarcásticos y argumentos astutos de Bulma, como lo hace Vegeta. — el comentario de Ten logró que todos sonrieran, incluso Yamcha.

Krilin intervino—Caray, al final no resultaron ser tan opuestos como pensamos. —

Yamcha arrugó el ceño—Tengo un mal presentimiento de todo esto. Aún desconfío de él.

—Vegeta no es tan mala persona…

—Gokú, no se qué demonios pasa por tu cabeza y la de Bulma que siempre están defendiéndolo a pesar de todo.

Gokú se encogió de hombros—Tal vez estén destinados a estar juntos.—

—Te has convertido en todo un romanticón— se burló Krilin

Gokú carcajeó —No lo sé, algunas cosas trabajan de una forma extraña, para bien.

—Espero que estés en lo cierto. — suspiró Krilin.


::::::Son Goku Hausu:::::

Chi-chi nunca imaginó que la cita en el carnaval, sería el detonante para que todo el deseo que acumulaba por Gokú, saliera desbocado al menor contacto de sus pieles. En su casa, sigilosa en la oscuridad para que su abuelo no pudiera descubrirlos, había convencido a Gokú de que la dejara dormir esa noche.

Petición hipócrita, pues era justamente lo que no harían.

Lo supo cuando ingresaron a la habitación y él, contrario a su actuar, la besó apoyado en el marco de la pared. El beso fue haciendo estragos en su interior, al sentir la enorme mano masculina que ahora le apretaba los glúteos con tenacidad.

¿Ese era su Gokú?

De solo pensar que probablemente el lado salvaje y animal de su Gokú tomara las riendas de la situación y la estampara contra el escritorio para follársela sin contemplaciones por detrás -e incluso azotarla- logró que sus bragas se humedecieran instantáneamente.

Gokú le sonrió con una expresión siniestra que le aceleró el corazón.

—Tal vez…— la pelinegra rompió con el silencio —Deberíamos quitarnos la ropa— agachó el rostro, intentando ocultar el sonrojo que la invadió. Gokú la observó con intriga, y sin mucho protestar, se deshizo de todo ropaje, como Kami lo trajo al mundo.

"¡Que me maten ya!"

Chi-chi casi desfallece del ardor. Cada pulgada del cuerpo de Gokú era lujuria pura. Sus ojos se enfocaron justo en la creciente excitación que se izaba gloriosa y prepotente. Acercó su mano con suavidad, rozando el palpitante miembro que parecía que tuviese vida propia. Detalló su grosor y lentitud, sintiendo temor por primera vez.

Estaba segura de que le dolería.

Se separó de él y comenzó ahora a desvestirse lentamente, sin ninguna pizca de sensualidad, como quien retira su ropa antes de entrar al baño. Sentía los ojos de Gokú sobre ella, ansiosos, curiosos, risueños. Se agachó ligeramente para rebuscar entre su bolso, y sacó un empaque de preservativo.

Los siguientes minutos fueron incómodos. Por mas que lo intentó, Chi-chi no fue capaz de ponerle el preservativo. Gokú, sacando un quinto condón de su empaque, intentaba recordar vagamente lo que le había dicho Yamcha acerca de estos. Recordó que la explicación fue bastante extensa y que sólo memorizó unas leves palabras que juntas se escuchaban poco esperanzadoras.

No podía pensar en otra cosa que no fuese globos largos con formas de animales.


::::::Capsule Corp.:::::::::::

—¡Cielos! ¿Por qué guardamos tanta basura? Bueno, supongo que tendré que ordenarlo.

Bulma depositó de mala gana unas cajas en el sótano de su vivienda. Sacudió sus manos y giró por unas enormes cajas apiladas hasta que se encontró a Vegeta echado en el suelo en posición fetal. Portaba una camisilla negra y una sudadera gris holgada. Su mano derecha descansaba cerca de su rostro. Sobre su nariz tenía una bandita.

—¿Pero qué…? ¡VEGETA!

La peliazul se abalanzó al suelo. —¡Oh por kami, Vegeta! —

—Mh...—Vegeta fue saliendo de su inconsciencia lentamente y tensionó el rostro a modo de puchero. Se levantó pesadamente, aún con los ojos cerrados hasta quedar sentado. Rascó su nariz con el envés de su mano, como un gesto más propio de un minino y bostezó. —Bulma… ¿Por qué tienes que ser tan escandalosa?

—¡Deja de asustarme así! ¡Si te encuentro echado en un sitio como este, obviamente voy a pensar que estás muerto!

—No me mates tan fácilmente, mujer—comentó Vegeta, rascando la punta de su nariz. Aun permanecía con los ojos cerrados. Se veía terriblemente tierno. A Bulma le dieron unas enormes ganas de acercarse y besarle la punta de su nariz con bandita.

La peliazul se sentó a su lado, recostada sobre las enormes cajas. —¿Qué hacías aquí?— el pelinegro bostezó de nuevo y apoyó su cabeza. Delante de ellos, un enorme ventanal se alzaba, glorioso. Bulma se sorprendió. A pesar de vivir en aquella casa desde que tenía uso de memoria, era la primera vez que notaba que en ese ventanal del sótano la vista era perfecta. El cielo oscuro teñía todo el marco y unas tenues estrellas decoraban el hermoso cuadro. Ningún edificio taponaba aquella obra de arte natural –Oh, ya veo. Desde aquí algunas estrellas son más visibles—

Señaló hacia el cielo —Cuando una estrella nace, primero se forma un centro de condensación que atrae las partículas próximas e incluso las que están bastante alejadas. Si una estrella cercana nace en ese momento, empieza una danza en la que sus nucleos se atraen con fuerza, rodeándose en un letal abrazo. Ese momento cósmico hace que también se repelen antes de finalizar la danza. Y siguen su camino, separadas. Sólo queda la estela de que alguna vez bailaron juntas.—

Vegeta se preguntó si tal vez algo había mutado en ese corto lapso. Tal vez era el hecho de que se encontraba recién despierto y aún estaba aturdido por el sueño. Pero contra toda regla natural entre ellos dos, por primera vez sintió agradable disfrutar del parloteo -como muchas veces lo llamaba- de Bulma. Al observarla a sus lagunas celestes, supo que el momento de deleite se debía a la pasión que desbordaba Bulma al hablar. Como si realmente apreciara lo que decía. Hablaba con tanta gracia y determinación, que era contagiosa, incluso para alguien como él.

–Cuenta la leyenda que, el séptimo día del séptimo mes lunar, las estrellas que alguna vez danzaron juntas vuelven a encontrarse, después de un largo año de espera. — La joven lo miró directamente a los ojos y sonrió. Vegeta se sintió intimidado y le apartó la vista.

Esta vez, participó –Conozco el fenómeno. Las condiciones lumínicas hacen que se atenúe el brillo de la Vía Láctea, vislumbrando lo que parece ser, un puente entre ambas estrellas. —

Bulma casi lo abraza, totalmente orgullosa de él. "Chico listo"

Continuaron observando el ventanal, en completo silencio. Hasta que una foto empolvada y anclada en una caja, captó la atención de Vegeta. En ella, una Bulma bastante infantil sonreía junto con la versión miniatura de Kakarotto, ambos sostenían una esfera con 4 estrellas rojas grabadas. No pudo ocultar su asombro.

—Eso…—permaneció en silencio unos segundos, en los que Bulma lo observó con intriga —¿Eso es una esfera? —

"Y hablando de estrellas…"

—No es cualquiera, es una esfera del…

—Dragón—

—¿Cómo lo sabes? —

—Cuando era niño, tuve una—

Bulma parpadeó, perpleja —¿'Tuve'? —

—La perdí— respondió francamente. Bulma afiló su mirada.

Bulma recordó las veces en que espió la cámara de gravedad o a la habitación de huéspedes donde descansaba Vegeta, encontrando únicamente orden y pulcritud. —Eso no suena como algo que harías. Eres obsesivamente maníatico con tus cosas personales—

Vegeta pensó en acabar la conversación desde antes de que empezara, pero aún seguía presente la extraña sensación de agrado. Así, encontró realmente fácil hablar con ella sobre cosas que preferiría guardarse a sí mismo. Antes de que pudiera irse, su cerebro le había dado órdenes a su lengua para que hablara a merced.

—Era un niño descuidado. La perdí durante una pelea en Bills no tera.

—Es una lástima.

—Hmp

—¿La has buscado?

—No— Mintió. Por supuesto que la había buscado, pero todas sus pesquisas concluían en tiempo muerto. —¿Por qué te preocupas tanto? —

—Bueno, solo tengo curiosidad.

—Mentirosa.

La mujer era increiblemente fácil de leer.

—Tengo una idea. Pero no creo que te guste

—Entonces no la digas

—Al diablo. ¿Qué tal si diseño un radar de esferas para rastrearla? Se que además de estar compuesta por ambar, polímeros elásticos y algo parecido al cristal, contienen sangre de tu madre que dan la figura de estrellas. Lo sé porque Gokú me contó todo sobre la esfera. Supongo que debe ser igual en tu caso, y si es así ¡Si deposito tu ADN en el radar, tal vez po-

—No— refutó inmediatamente

—¿No crees que vale la pena intentarlo?

—No—

—¡Pero puede ser el único recuerdo que tengas de tu pasado!

—No hay ni un solo recuerdo que necesite exportar de mi pasado.

—¿En serio? ¿No hay absolutamente nada que quieras rescatar de tu niñez? —

—Hmph—

"Cabeza dura"

Bulma cruzó las piernas contra su pecho y apoyó su barbilla en una de sus rodillas —Cuando era pequeña, un astronauta nos visitó al instituto para hablar sobre su trabajo. Estaba tan facinada que prometí ser como él cuando creciera. Él me regaló una camiseta con el logo de NASA plasmado. La usaba para todas las ocasiones, incluso la usaba encima de mi vestido tutú—

La peliazul carcajeó al ver el aturdimiento en Vegeta, quien probablemente la imaginaba así —Lo sé, es ridículo, pero la amaba. Crecí muy rápido y luego la olvidé. —notó el ceño aún más fruncido del joven —Está bien, ya sé que no puedo comparar eso con tu esfera y…—lo escuchó gruñir.—Oh, lo siento, estoy siendo habladora de nuevo—

Bulma suspiró, cediendo esta vez al muro inescrutable de Vegeta. Posó sus manos en el suelo, dispuesta a marcharse, siento detenida por la voz profunda de Vegeta.

—Quédate—


::::::Son Goku Hausu:::::

—Chi… estás tan fría… y delgada

—Esa es la lámpara, Gokú

Bajo las pesadas cobijas, Gokú y Chi-chi no habían podido superar la etapa de los nervios por el primer encuentro. Dando vueltas una y otra vez, el nerviosismo los repelía como dos polos opuestos cada vez que se tocaban.

—Ponte así…

—Oh… espera ¡Es mi pie!

Goku pasó una mano por su frente sudorosa. Observó el techo de su habitación y se preguntó si tal vez había algo malo en ellos. Era obvio que la quería, pero las cosas no resultaron como lo pensó. Ni siquiera había sido capaz de mirarle directamente los pechos.

—¿Gokú? —

La delgada voz de Chi-chi hizo que algo rugiera dentro de él.

Lo sintió brotando desde el fondo de su ingle, avanzando por sus manos y estirándole la piel. Antes de que pudiese anunciarlo, ya se encontraba encima de Chi-chi, ubicado entre sus piernas ahora temblorosas. La observó con el cabello suelto y revoltoso, por primera vez. Recorrió su lánguido cuello y sus grandes pechos. Un fuerte impulso por chuparlos y arrancarlos a mordiscos lo obligó a agachar el rostro habia ellos, quitando aquella ansiedad que corría enloquecida por cada rincón de su cuerpo.

Y fue allí cuando succionó el pezón izquierdo, que la sintió gemir.

Continuó saboreando sin cesar, demorado, tenaz y repetido. Los estrujó con necedad y lamió el canal entre ellos. La pelinegra, tan curiosa como él, comenzó a tocar los fuertes bíceps, la espalda tallada, los glúteos gruesos, y la creciente erección, húmeda y pastosa en la punta.

Como si fuesen espejos dobles de hambre y sed, sus cuerpos se compactaron en un profundo abrazo lascivo, unidos las bocas, pechos, abdomen y sexo. Chi-chi sintió todo el calor de su varonil cuerpo justo en su miembro firme, que se apretaba contra su muslo. Las ganas de sentirlo adentro eran tan intensas, que parecían irreales. Respiró profundo y separó las piernas, bajando una mano para darle mas espacio a su estrecha cavidad. Guiado únicamente por su instinto, Gokú situó su virilidad en la entrada y empujó lento y certero. La exhalación que emanó del fondo de su garganta fue casi un jadeo, al golpearle el culo con los testículos, hundido en lo más profundo de la pelinegra.

Chi-chi ni siquiera fue capaz de gritar.

Por fín lo estaba haciendo con Gokú

Su Gokú.

Las primeras embestidas fueron lentas y asombrosamente suaves. El ardor que Chi-chi sentía en su entrepierna evitaba que disfrutara el hecho de tener ese trozo de piel ajena dentro de ella. Se cubrió los pechos y bajó el rostro para mirar con morbo el punto de unión de ambos cuerpos. Notaba su verga caliente salir con gusto y volver a perderse en su ser. Brillaba cada vez que salía, reluciente en fluidos vaginales.

Chi-chi sonrió con orgullo. Ella lo había puesto así de duro y ansioso, con tal magnitud que hasta le temblaba el vientre. Dejó escapar un gemido prolongado y débil que se sumó a los sucios sonidos que retumbaban por toda la habitación y que cada vez iban aumentando en intensidad y decibel: ruidos líquidos, gruñidos masculinos, crujidos metálicos de la cama...

Gokú apretó el fémino cuerpo contra él, sintiendo que debía aumentar las acometidas. Comenzó a penetrarla con fuerza y virilidad, sin percatarse de las lágrimas que corrían del rostro de su amante. Le ardía la espalda por las uñas clavadas en ella, y fue justo cuando Chi-chi ahogó su nombre en un gemido, que sintió el climax subiendo hasta su cabeza, arrancándole un último rugido animal.

Por fin lo hizo con Chi-chi


::::::::Capsule Corp.::::::::

Se observaron fijamente, iluminados por relámpagos que abrían paso entre el cielo oscuro. Había comenzado a llover.

El momento de éxtasis comtemplativo fue cortado por la sonora carcajada de Bulma.

Vegeta no se pudo contener —¿Qué fue eso? —

—Recordé que le compuse canción a mi camiseta de la NASA. Era exactamente la misma melodía de la canción de Prince que tanto detestas.

—No

—La cantaré

—¡No!

—¡Muack Muack muack Muack Kiss!

—Estás demente, maldita sea. No tienes arreglo—

—¿Sabes que tiene arreglo? Encontrar tu esfera—

Vegeta gruñó una vez más. La mujer definitivamente era la más pesada y terca de todos los universos.

—No, Bulma—sentenció, empezando a sentir que el momento agradable parecía disolverse, finalmente —Y aún no entiendo por qué te concierne tanto—

Se encogió de hombros —Pienso que sería bueno si la tuvieras de vuelta contigo

—No hablo de la esfera. ¿Por qué te preocupas tanto por mi? —

—Yo…—

La pregunta tomó fuera de base a Bulma. Usualmente hubiese respondido con el típico argumento "Porque somos amigos", mientras escuchaba cómo Vegeta le refutaba que no eran tal. Esta vez su reacción fue extraña.

—Olvídalo. Hace parte de tu naturaleza fisgona y patéticamente solidaria. — respondió el pelinegro, levantándose para marcharse y dejar atrás a la muchacha de cabellos azulados.

Las estrellas continúan su camino, totalmente intactas pero destinadas a conservar por siempre, parte del polvo estelar de la otra. Mientras cruzaba el pasillo directo al cuarto de huéspedes, una analogía de la metáfora surgió en su mente, logrando ruborizarlo y odiarse a sí mismo.

En ese momento, supo que una vez terminara el torneo y se separara de Bulma, su propia energía, sus conocimientos científicos, y su calidez descomplicada, lo acompañarían hasta el fin de su existencia misma. Era la energía estelar de Bulma, la que lo hacía brillar con más fuerza.

Gruñó mentalmente y se preguntó si por alguna broma del destino, de entre todos los organismos de la Via Láctea, su estrella tenía que danzar precisamente con la de ella.


Notas del autora: Ya puedo decir que pude pervertir por fin a Gokú! Nunca había hecho un lemmon tan "inocente". Aun así, espero que no los haya decepcionado.

¿Qué creían? ¿Qué iba a pervertir a Vegeta y Bulma? No señor, ese par necesitan acumular mas tensión sexual para hacer ese encuentro como el apocalipsis, ¡Que arrasen con todo!

El tema del carnaval es Take on me - a-ha

Nos leemos!