Capítulo 10
Desgraciadamente, el deseo de Merlin no se hizo realidad. La mañana llegó y no podían permanecer más ahí. Había que volver al trabajo. Arthur se había ido en busca de algo de comida para el camino, ya que habían gastado todas las provisiones. Y Merlin era el encargado de vigilar a Morgana.
Mientras esperaban por Arthur, preparó los caballos. Merlin tenía toda intención de ignorar su presencia, aunque sentía que en cierto modo debería estar agradecido con ella. Gracias a ella no había más secretos en su relación con Arthur. Lástima que no era esa clase de alma caritativa, pues ella había causado demasiado dolor. Había hecho daño a Arthur demasiadas veces, y a estas alturas, debería saber que si le hacía daño a Arthur, tendría que enfrentarse a Merlin. Ella, como Arthur, sabía, ahora, todo lo que Merlin era y lo que estaba destinado a ser.
"Te acepta," dijo ella de la nada. Pero aunque Merlin no le respondió. Notó que no sonaba enfadada, ni tenía su altanería habitual. "¿Le crees?"
"Sí," contestó, simplemente. Estaba ocupado apretando las riendas de las sillas y comprobando que todo estaba listo. Morgana estaba tras él, podía escucharla, pero no temía que huyera. La detendría.
"¿De verdad crees que no le importa que seas un mago?" preguntó, un poco más salvajemente, pero no más de lo que solía sonar cuando se encontraba alterada o apasionada con algo. Hizo que Merlin extrañara esos días, cuando era una amiga. "¿Y qué… te ama?"
Merlin dejó lo que estaba haciendo y se giró hacia ella. "Sí," dijo, seriamente. "Creo que me quiere."
Morgana pareció dolida por un momento, a lo mejor sus amarres estaban demasiado fuertes. "¿Cómo puede ser eso?" preguntó. "Fue educado por Uther para odiar a los brujos, ¡rastrear y matar a nuestra especie!"
"Arthur nunca ha sido como su padre," se encogió de hombros Merlin. "Recuerdo de una época en la que tú creías lo mismo."
"Las cosas cambian," ladró, sacudiéndose para mirar al árbol al que estaba atada.
"Lo único que ha cambiado eres tú," Merlin se giró hacia los caballos. Dejándolo estar, no tenía sentido discutir esto con ella. Nunca entraría en razón. En su cabeza, estaba haciendo lo correcto, aunque eso significara dañar a tanta gente de la que solía preocuparse.
Arthur volvió poco después. Apretando una bolsa de bayas y sonriendo como un tonto, se podría decir. Merlin le sonrió al verle acercarse.
"Creo que no son venenosas," dijo Arthur, besando a Merlin en la sien y dejando la bolsa en sus manos. "Pero si lo son, al menos moriremos juntos."
"Creía que eras un extraordinario hombre de campo," se burló Merlin, tomando una baya de la bolsa porque, sin importar lo que dijera, confiaba en el juicio de Arthur. "No tan seguro de tus habilidades, ¿Eh?"
"Estaba distraído," confesó Arthur, un poco grave, antes de sonreír de nuevo.
"Oh, ¿estabas distraído?" la sonrisa de Merlin no titubeó ni un segundo. "¿Con qué?"
"contigo," Arthur le guiñó un ojo y se alejó, hacia su caballo.
"¡Ni siquiera estaba ahí!" argumentó Merlin.
"Detalles sin importancia," Arthur movió la mano. Miró a Morgana, ahí quieta y observándoles. El Rey se volvió más serio de repente. "¿Estamos preparados para irnos?"
"Sí, creo que sí."
El viaje de vuelta a Camelot duró mucho más que el de salida. Sobretodo por Morgana. Llevar a un prisionero cuando sólo eran dos, aunque fueran un rey y un mago. Aún así solo habían dos caballos y Merlin tenía que llevar a Morgana, por temor a que intentara hacerle algo a Arthur, si estaba lo suficientemente cerca. Y ni él ni Arthur eran tan crueles como para hacerla andar todo el camino.
Leon y Gwen estaban esperándolos en los escalones cuando llegaron al pueblo la mañana siguiente. Ambos parecían aliviados y para sorpresa de Merlin, Gwen le abrazó a él primero, en vez de a Arthur.
"¡Estaba tan preocupada por vosotros!" dijo, en su oído, mientras le soltaba. "La próxima vez que Arthur tenga una estúpida idea sobre ir corriendo directo hacia el peligro, ¿Podrías, por favor, quitárselo de la cabeza?"
"Hago lo que puedo, pero no es fácil… nunca me escucha," le sonrió. A lo que ella rió, después miró a Morgana. Merlin fingió no ver la tristeza en los ojos de Gwen. Viendo como Leon y ahora Gwaine, la llevaban a las celdas.
"¿Cómo hicisteis para capturarla?" preguntó Gwen, una vez pasaron la puerta. "La última vez que la vi, intentó matarme y entonces, desapareció en la nada."
Merlin lo recuerda, fue hacia tan solo unos meses y él estaba allí. No le dijo nada de eso a Gwen, simplemente se encogió de hombros. "Es una larga historia."
Arthur apareció entonces, puso una mano en la espalda de Merlin, sonriéndole e ignorando por completo a Gwen. "Debo ir a lidiar con nuestra…huésped," rodó los ojos y se giró a mirar a Gwen. "Guinevere," dijo, y se fue. Tal cual. Merlin le miró por un momento y se giró hacia Gwen.
Fingió no ver la tristeza en sus ojos tampoco esta vez.
Se sentía fatal por alguna razón. No eliminaba la felicidad que aún sentía, pero la disminuyó. Entró en los aposentos de Gaius con la cabeza agachada y antes de abrir la boca para llamar a Gaius, fue envuelto en un abrazo.
"¡Estaba preocupado por ti, Merlin!" recibió una colleja repentina y se quejó, mirándole con las cejas arrugadas. "Bueno," le urgió Gaius. "¿Qué pasó?"
"Capturamos a Morgana," dijo, sobándose la cabeza.
"¿Y…?"
"Y él lo sabe," Merlin le dijo, con gravedad, y un largo suspiro, sólo para castigarle por el golpe. Merlin estaba convencido de que no se lo merecía. A veces Gaius mostraba su afecto igual de horrible que Arthur.
"Merlin…" Gaius pareció asustado por un segundo. Escudriñando a Merlin en busca de respuestas. Merlin no aguantó más y sonrió. Quedándose sin aire por la felicidad que sentía. "Merlin…" dijo Gaius de nuevo, con más cariño. "¿Qué pasó?"
Así que Merlin se lo contó. Bueno… la mayor parte.
Era tarde cuando por fin se dirigió a los aposentos del rey. Tuvo que bañarse y cambiarse de ropa, porque olía a sudor, suciedad y otras cosas similares. Esperaba que Arthur hubiera echo ya todo eso también y no estuviera enfadado porque Merlin no se hubiese aparecido a ayudarle. Hablar con Gaius le tomó mas tiempo del que esperaba, pero tenía mucho que contarle y Gaius, muy contento por como había salido su viaje, hizo un montón de preguntas.
Pero cuando Merlin entró en los aposentos del rey, Arthur no estaba ahí. En realidad, era un poco extraño. Intentó no preocuparse demasiado, si algo hubiera pasado con Morgana, alguien le habría avisado… ¿verdad?
Claro que lo harían. Se dijo. Caminando hacia la ventana, se inclinó contra el alféizar y miró a la oscura ciudad de Camelot. Vio un flash de luz blanca, que lo sorprendió de repente y lo hizo retroceder. Su mente volvió a las celdas… pero se cortó al escuchar un toque en la ventana.
Contra la oscuridad de la noche, vio un pequeño dragón blanco, golpeando su hocico contra el cristal. Merlin rió y se estiró, abriendo la ventana. Aithusa entró volando.
"¿Nos has seguido a casa?" preguntó, acariciándola. Ella empujó la cabeza contra su mano, haciendo ruidos de felicidad. "¿Por qué no te gusta estar con Kilgarrah?"
Hizo un sonido que sonó como "no lo sé," o algo así… puede que Merlin sólo estuviera imaginando cosas. Ciertamente podía ver porque no le gustaba pasar tiempo con el Gran Dragón, le gustaba demasiado hablar con acertijos. Había molestado a Merlin más de una vez también.
"Será mejor que salgas de aquí; No creo que al rey le guste tener un pequeño dragón en sus aposentos."
Con esto, empezó a volar por la habitación, bajo la cama y detrás del biombo de Arthur. Como si estuviera buscando a dicho rey.
"No está aquí," le dijo Merlin. Ella se detuvo y se acostó en la cama de Arthur. Merlin la miró mientras daba vueltas, antes de acurrucarse como un gato y cerrar sus ojos azules. "Oh no, ¡no puedes dormir ahí!"
Pero el ligero rumor de uhmmm que salían del dragón le hicieron callar y suspiró. Sacudiendo la cabeza mientras se dejaba caer en una de las sillas rojas de Arthur. Simplemente la dejaría dormir un rato.
