Capítulo 10
En cuanto Aang abrió los ojos bajo de inmediato a la habitación donde estaba Zuko y entró sin llamar.
-¡Sé donde la tienen! Pero necesito de tu ayuda para que me ubiques y poder rescatarla- le dijo sin preámbulo.
-¡¿De qué me estás hablando?!- le preguntó el príncipe del fuego, después de apagar las llamas que había formado debido al susto que se llevó.
-¡De Katara!
-Me quieres explicar todo con calma para que sea capaz de entenderte.
Aang respiró profundamente para tranquilizarse y poder explicar lo que había visto en la torre.
-La verdad no sé como sucedió pero estaba en una de las torres meditando, cuando de repente sentí como me alejaba y me vi sobrevolando el mar hasta llegar a la Nación del Fuego, me adentré en ella hasta llegar al palacio, me introduje por sus pasillos, baje por varias escaleras hasta que llegué a unos calabozos, me detuve frente a uno y ahí estaba Katara, ¡era ella, estoy seguro!
-¿Sabes lo que eso significa?- le preguntó Zuko asombrado.
-Claro, que podremos rescatarla con rapidez y sin arriesgarla demasiado.- Contestó el Avatar, contento por primera vez desde que se la habían llevado.
-Aparte de eso- insistió el maestro fuego, pero vio que Aang no entendía lo que le quería decir. –Tienes una fuerte conexión espiritual con ella.
-Puede ser- le respondió Aang con duda, sin saber lo que esto significaba en realidad.
-Bueno, yo no tengo ninguna duda. Si no fuera así, tu espíritu no la hubiera encontrado y déjame decirte que no es algo que pase a menudo, ni siquiera para los avatar.
-¿Cómo es que sabes tanto de esto?
-Mi tío Iroh me lo contó. Hablando de él, le mande un mensaje para que esté atento a los barcos que lleguen a la Nación del Fuego, aunque no se va a poder acercar. Cuando huí, mi padre sospechó de él y se tuvo que esconder.
-Entiendo, espero que Iroh tenga cuidado para que no lo capturen.
-Lo tendrá, no te preocupes.
-Regresando al asunto del resácate, necesito tu ayuda y la de Sokka para hacer un mapa.
-Claro, además de que podemos pedirle al rey un mapa de la Nación del Fuego para planear el ataque.
-Bien, entonces mañana haremos los mapas- Aang se despidió de Zuko y salió de la habitación para dirigirse a la suya.
A la mañana siguiente mientras desayunaban, el Avatar le platicó a Sokka lo que había pasado la noche anterior, el príncipe del Polo Sur se quedó muy sorprendido por lo que estaba escuchando.
Cuando terminaron se dirigieron a una sala donde les proporcionaron un gran mapa de la Nación del Fuego. Con las indicaciones que le dieron Aang y Zuko, Sokka pudo hacer un mapa del interior del palacio, además de que determinaron cual era la mejor ruta para llegar a la ciudad.
-Me parece muy extraño que la hayan llevado ahí. Esos calabozos no se han usado en años- dijo el príncipe de fuego, con el ceño arrugado.
-¿A qué otra parte la podrían llevar?- preguntó Aang, tenía que estar preparados por si la sacaban de ahí antes de que la rescataran.
-Bueno, la prisión de máxima seguridad es La Roca Hirviente.
-Está en un volcán.- preguntó el Avatar, debía de tener toda la información.
-No, es un tipo de geiser con agua hirviendo alrededor. Según mi punto de vista es el lugar más apropiado para llevarla pero mi padre puede ser impredecible.
-Pues a mí no me parece tan descabellada la idea de llevarla al calabozo del palacio, ¿quién se puede imaginar que va a estar ahí? Además de que la seguridad es grande y difícil de penetrar.- Dijo Sokka, analizando los mapas –creo que es el lugar ideal para tenerla.
-Además de que si la quieren interrogar la tienen a la mano- intervino Toph por primera vez –aunque también la pueden querer como rehén, para chantajear a rey Hakoda o a ti mismo Aang, sería un golpe bajo e inesperado.
Ante esas palabras el maestro aire se levantó de un salto de su asiento.
-Si se atreven a quemarle un solo cabello, no me detendré por nada- esto último lo dijo mirando a Zuko.
-Tienes razón, mi padre se ha pasado y tiene que pagar por todo lo que ha hecho.
En ese momento entró un sirviente con una lechuza ártica en el hombro, Sokka se levantó de inmediato y se acercó a al reconocer el ave, comunes mensajeras en los Polos.
-Este mensaje acaba de llegar- le dijo al príncipe mientras se lo entregaba.
Sokka lo leyó de inmediato.
-Es de mi padre, dice que ya están cerca, tal vez hoy en la noche llegue con una flota de barcos- dijo entusiasmado.
-¿Cómo pudo llegar tan rápido?- dijo Aang –le mandamos el mensaje a penas hace dos días.
-Se lo preguntaremos en cuanto llegue. Llévale el mensaje al rey para que esté al tanto- le dijo Sokka al sirviente.
En cuanto salió, todos siguieron afinando el mapa para cuando tuvieran la reunión con el rey y los generales, dentro de una hora.
Aang esperaba que esta información fuera de gran ayuda al momento de atacar y así facilitar la victoria. Estaba determinado a vencer a Ozai, no quería que la guerra se extendiera por más tiempo.
Cuando llegó el momento de la reunión, todos se dirigieron a la sala donde iba a tener lugar, ya los estaban esperando el rey y los generales. El Avatar pidió la palabra para ponerlos al tanto de la visión que tuvo y de cómo ya habían hecho un mapa muy detallado con la ayuda de Zuko y Sokka.
-Si me lo permite- se dirigió al rey- me gustaría entrar al palacio solo con un pequeño grupo.
-Me parece adecuado, los demás aseguraremos un perímetro para que no haya sorpresas- después se volvió hacia Sokka –ya avistamos las naves de la tribu agua, calculó que toquen tierra al atardecer. Me gustaría que cuando lleguen tengamos una reunión con ellos para ponerlos al tanto de nuestros planes.
Todos estuvieron de acuerdo; terminaron de revisar los mapas y dieron por terminada la reunión.
Aang se sentía inquieto, necesitaba hablar con Hakoda antes de que tocara tierra.
-Sokka tengo que hablar con tu padre de inmediato.
-¿Por qué?- le preguntó asombrado.
-Le prometí que cuidaría bien de Katara en este viaje y ve lo que paso- le explicó el Avatar afligido.
-Te entiendo- le dijo Sokka. –Puedes volar para llegar a su barco, con seguridad es el que encabeza la flota.
Aang le sonrió agradecido, por su apoyo y comprensión, se dirigió a su habitación para ir por su planeador.
Una vez en los aires, se sintió un poco mejor y pensó en lo que le diría a Hakoda. Los barcos estaban más cerca de lo que esperaba, vio con asombro que maestros agua los estaban impulsando, eso explicaba el que llegarán tan pronto al puerto.
-Señor, algo se aproxima volando- le dijo un soldado al rey, y le tendió el telescopio. El rey miró por él y una leve sonrisa se posó en su rostro.
-Es el Avatar- dijo, le regreso el telescopio y espero a que aterrizara.
Cuando estaba cerca del primer barco, empezó a descender y vio al Hakoda parado, observándolo. Aterrizó sin ningún problema y se inclinó ante el rey, él se inclinó a su vez en respuesta.
-¿Podría hablar con usted un minuto en privado?
-Vamos a mi camarote- le dijo Hakoda indicándole el camino.
El camarote era pequeño pero estaba decorado de una forma muy elegante en diferentes tonos de azul.
-¡Le fallé!- dijo Aang sin preámbulos, en cuanto cerró la puerta. Hakoda lo miro con extrañeza.
-¿Por qué dices eso?-
-Le prometí que cuidaría muy bien de Katara y ahora... – hizo una pausa para disipar el nudo que tenía en la garganta –se la llevaron.
-Por lo que me dijo Sokka en su carta, ustedes habían ido a Ba Sin Se a pedir una audiencia al rey y Katara se quedó en el campamento con varios soldados de la Tribu Norte.
-Así es- respondió Aang.
- No fue tu culpa,- le dijo mientras ponía su mano en el hombro del Avatar –nadie sabía que había soldados de la Nación del Fuego. Lo que debe importarnos en estos momentos en rescatarla ilesa, ese debe ser nuestro objetivo.
El Avatar se sintió mejor ante las palabras del rey Hakoda, y comenzó a contarle la visión que tuvo de Katara, así como los preparativos que habían hecho en Ba Sin Se.
-Veo que todo está listo, así que mañana mismo podremos partir hacia la Nación del Fuego.
Aang asintió solemnemente. Se quedó en el barco hasta que tocaron tierra, ahí ya los esperaban Sokka y dos generales del rey Kuei. En una hora tenían una reunión para poner al tanto al rey Hakoda de los planes. El Avatar escogió al grupo con que iba a entrar al palacio, todos estaban optimistas en poder controlar la situación y salir victoriosos.
Pero la mayor preocupación del Avatar era rescatar a Katara y ponerla a salvo. La reunión terminó y todos se retiraron a dormir, tenían que descansar porque al siguiente día saldrían al amanecer, con la ayuda de los maestros agua esperaban llegar a la Nación del Fuego pasado el medio día.
Aang estaba recostado en la cama pero no podía dormir, sus pensamientos estaban en su bella Katara, aquella muchacha de piel morena y ojos azules, que lo cautivo desde el momento en que la vio y justo en ese momento un sentimiento lo invadió con tal fuerza que se quedó sin aliento durante unos segundo: ¡LA AMABA! ¡La amaba con toda su ser! solo esperaba que los espíritus le dieran la oportunidad de decírselo, no, ¡de demostrárselo!
~o~o~o~
En un calabozo de la Nación del Fuego, Katara permanecía acostada en el camastro destartalado, buscando una forma de escapar, cosa nada sencilla porque su celda estaba muy bien custodiada por cuatro soldado, además que esos pasillos le parecieron una especie de laberinto, bueno era una suposición por que la llevaron con los ojos vendados desde que bajaron del barco y ni siquiera sabía en donde estaba.
Dos veces había ido a "verla" Azula, más bien a burlarse de ella y de su tribu, diciendo que ahora la iban a destruirla como lo hicieron con la Tribu Agua del Norte, Katara no pudo evitar lanzarse hacia ella pero solo logro una sonrisa maliciosa por parte de la maestra fuego.
Pero lo que la tenía más inquieta era la visita que le acababa de hacer Ozai, fue "muy amable", lo que hizo que se le pusieran los pelos de punta. Ahora sabía que ella era un simple señuelo para vencer a la Tribu Agua del Sur y al Avatar.
-Es una suerte que seas su prometida, así mataré dos pájaros de un solo tiro
-¡Qué gana con hacer esto, está destruyendo al mundo!- le contesto la maestra agua con desesperación.
-Veo que no lo entiendes, no estoy destruyendo nada estoy mejorando al mundo, cuando termine habrá más progreso.
-Pero existen otras formas para hacerlo, no es necesario que muera gente inocente.
-Jajajajajaja que ilusa eres.
Y se marchó, dejándola más angustiada que cuando despertó y se encontró atrapada en un barco de la armada de la Nación del Fuego.
Cerró nuevamente los ojos y un sinfín de recuerdos llenaron su mente, recuerdos de Aang y de los días que habían pasado juntos. Sintió una punzada dolorosa en el corazón, ahora ya no tenía duda de que estaba totalmente enamorada de él, sospechaba que todo empezó en el viaje a la Isla Kioshi, como no enamorarse de ese Nómada Aire, de su alegría, de su forma de ver la vida. Lo que más le dolía es no habérselo dicho antes, se había tragado el "Te amo" tantas veces, cada vez que la besaba sentía la necesidad de decírselo pero no quería parecer una niña tonta que se enamora en unos cuantos días, ahora se arrepentía y lo que más deseaba en ese momento era tener la oportunidad de poderle decir cuánto lo amaba, se limpió una lágrima que corrió por su mejilla.
La noche pasó y la princesa apenas si pudo dormir, calculaba que era un poco más de medio día cuando escuchó unas explosiones, se paró de inmediato y se acercó a la puerta de su prisión.
-¿Qué está pasando?- les preguntó a los guardias pero no obtuvo respuesta.
Las explosiones se escuchaban más cerca. "¿Los estarán atacando?" se preguntó entre aliviada y preocupada. No sabía de lo que podía ser capaz Ozai para derrotar a su padre y a Aang. En ese momento escucho pasos apresurados acercarse.
-¡Hola!- dijo con la esperanza que alguien la fuera a rescatar, pero estas murieron cuando vio a unos soldados acompañados del mismo Ozai.
-Muy bien princesita es momento de irnos- le dijo con una sonrisa malvada que hizo que Katara sintiera escalofríos.
-¡¿A dónde me lleva?!
-Ya lo verás.
Pero no pensaba desperdiciar ninguna oportunidad, por pequeña que fuera, para escapar. Aunque fue en vano, no pudo dar ni dos pasos cuando un soldado se acercó rápidamente y presionando diversos puntos de su cuerpo, la dejo inmóvil.
-Muy bien hecho Ty Lee, necesito que esté consiente pero que no se ponga difícil. Cárgala- le ordenó a otro soldado, que de inmediato obedeció.
Caminaron por los pasillos, como había supuesto Katara, era un laberinto. Cuando salieron a un patio, la princesa cerró los ojos ante la intensa luz del sol de medio día, en cuanto se acostumbro a la claridad pudo ver que iban hacia un globo dirigible. En el momento que abordaron vio una gran explosión que derribo la puerta del palacio y parte de las bardas que estaban a los lados. Y entonces lo vio, era Aang, imponente y poderoso, con un grupo de guerreros.
-¡Es una trampa! ¡Es una trampa!- le grito la maestra agua, aunque dudaba que la hubiera escuchado, debido al ruido de la batalla. Sintió un golpe en la nuca y todo se volvió negro.
El Señor del Fuego sonrió complacido, todo estaba saliendo como lo había planeado.
Hola, ¿qué les pareció el capítulo? Cómo verán nos acercamos al final de la historia, el siguiente será el último capítulo pero habrá un epilogo.
Maya 1234: Muchas gracias por leer y comentar. Si mi querido Aang está preocupado :( Besos y abrazos también para ti XD
Lupsss: Gracias por tu comentario. Sí arriba el Kataang :3
Saludos, nos leemos en el siguiente capítulo ;D
