Hellow!
Humana: bueno, por seguir pistas XD el Laboratorio es inteligente (?) y el hecho de que Kikyo haya esparcido rumores, seguro que los siguen, porque de seguro tienen a alguien que habla japonés, ¿no? XD la curiosidad mató al gato (o en este caso a la autora (?))
15 de Mayo (6 días para la publicación de Aiko).
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Dos rivales de más
Cuando Mamoru volvió por la noche siguiente, parecía un poco distraído. Asami se rio de él un par de veces y él no entendía, o no quería entender, el motivo por el que lo hacía. Cuando Asami le preguntó el motivo por el que estaba tan distraído, Mamoru le dijo que les habían citado como guardaespaldas a él y a otros asesores para proteger a una princesa extranjera que llegaba el siguiente día a media mañana. Asami, empezó a interesarse por esa mujer, pero Mamoru, finalmente se negó a darle información de ella.
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Por la mañana siguiente, cuando Mamoru llegó al aeropuerto, se sentía extraño. El hecho de que la policía le hubiera dado un arma para proteger a la princesa, le hacía sentir realmente como un último recurso. Pero el día fue pasando sin ningún tipo de percance, excepto porque la princesa, desde el primer momento en qué lo había visto, solo se interesaba por su vida privada. Tampoco era que Meyer Alexandra fuera una chica realmente fea, pero para Mamoru esa chica era mucho más bonita que Asami, algo que reconocería interiormente, pero que no iba a reconocer con nadie. Estaba maquillada, no en exceso, pero un poco para darle un rubor continuo en sus mejillas. Sus ojos marrones eran grandes y brillantes. Sus dientes perfectamente situados y muy blancos. Debajo de su ojo izquierdo, tenía un pequeño lunar que le daba un aire más desenfadado. Y su pelo castaño oscuro, atado en colitas, perfectamente onduladas, lo tenía cogido con una cinta de oro, con cinco diamantes rosados que cubrían su frente. Mamoru empezó a notar que la princesa se interesaba, cuando se acercó por su espalda, en completo silencio y empezó a andar a su lado durante un buen rato. Mamoru la vio de reojo, pero solo pensó en que era una chica con mucha energía. Pero para Mamoru, lo más extraño de todo aquello era que habían solicitado unas veinte personas de guardaespaldas, cuando la chica ya llevaba como siete personas haciendo ese trabajo. Por la noche, cuando la princesa llegó a su hotel, Chieko, Akira, Sonoko y Makoto fueron los que se esperaban a fuera para recibirles. Cuando vieron que Mamoru les acompañaban, Akira no pudo evitar reírse de espaldas a ellos, llevándose un buen codazo de parte de Chieko. Mamoru, al pasar por su lado, les dijo un: ni un solo comentario al respecto; haciendo que Akira se riera con más fuerza. La princesa se quedó hablando con los guardaespaldas que ella llevaba y estos se alejaron en seguida de allí. Mamoru se acercó a la mujer una última vez, con la que solo hablaban en inglés, puesto que ella no sabía japonés y los demás no sabían su idioma.
— Bueno, le dejamos en buenas manos —sonrió hacia ella con su mejor sonrisa forzada.
— Espera —Alexandra le cogió de la mano antes de que Mamoru se alejara de ella—. Mis guardaespaldas ya se fueron a dormir y se olvidaron de revisar mi habitación —puso su mejor cara de puchero infantil.
— Pues llámelos —respondió él.
— Pero es que ya se habrán dormido —se quejó ella. Mamoru arqueó una ceja. Acababan de irse al ascensor y seguramente tampoco habrán llegado a la habitación—. Y no quiero llevar a mi servicio al extremo de no dejarles descansar, porque así solo haría mal su trabajo de protegerme. Por favor…
— Está bien, le diré a alguien que lo…
— Es que no confío en nadie más de la policía japonesa, por favor —susurró ella.
Mamoru miró a su lado. Akira los estaba mirando y se estaba burlando completamente de ellos haciendo gestos extraños. Mamoru lo fulminó con la mirada mientras intentaba soltarse de la mano de ella.
— Como usted desee, señorita Meyer —Mamoru se acercó a la recepción y le pidió la llave de la mujer mientras Chieko lo fulminaba con la mirada viendo que seguía manteniendo la mano de esa princesa cogida—. Kyogoku como hagas algún comentario al respecto te voy a hacer comer las llaves de todo el hotel.
— Sí, claro —Akira se rio mientras le daba la llave—. Yo no pienso decir nada, pero no pareces muy satisfecho.
Mamoru se alejó a paso rápido hacia el ascensor mientras Meyer Alexandra seguía cogiéndolo de la mano. Cuando llegaron a la suite del hotel, Mamoru consiguió soltarse de ella. Mantuvo su mano agarrada a la culata de la pistola y revisó con detalle cada rincón y posible escondite de la habitación, sin darse cuenta (o aparentarlo) de que la princesa cerraba la puerta del lugar. La princesa, se sentó en el sofá que había en una parte de la habitación y desabrochó el primer y el segundo botón de su pequeña capa rosada, dejando que cayera por sus hombros de una manera sensual. Cuando Mamoru terminó de revisar, se acercó a ella y le hizo una pequeña reverencia, intentando no mirarla.
— Todo correcto —dijo—. No hay posible amenaza por el momento. Vendremos mañana a primera hora de la mañana a buscarla para llevarla al congreso con el primer ministro japonés.
— ¿Va a dejarme sola? —preguntó ella lamiéndose un dedo. Mamoru se giró en redondo intentando no verla por todos los medios y se acercó a la puerta.
— Tengo que volver a mi casa, señorita —respondió él. Girando el pomo de la puerta. La puerta no se abrió. Se giró pero se encontró acorralado entre la puerta y la princesa.
— ¿Cuánto más os haréis de rogar? —preguntó ella.
— Señorita Meyer, no es que no seáis bonita, pero… estoy prometido y tengo dos hijos a los que tengo que ir a recoger, antes de que crean de que los estoy abandonando. Así que si podéis devolverme la llave para abrir la puerta, os lo agradecería —dijo Mamoru.
— Sois complicado —se rio ella—. A estas alturas muchos como tú ya habrían empezado a dejarse llevar —la princesa acercó sus labios a los de Mamoru pero él puso su mano al medio para que no pudiera acercarse más a él.
— No soy complicado, pero estoy muy enamorado de mi prometida —respondió él—. Si me disculpáis tengo cosas que hacer.
— Como deseáis —la princesa le dio la llave a la mano y él abrió la puerta para salir, luego le devolvió la llave.
— Tal vez mañana lo consiga —sonrió ella mirándolo.
— Lo dudo mucho, señorita Meyer. Cerrad con la llave y no abráis a nadie. Que paséis una buena noche —Mamoru hizo otra pequeña reverencia y esperó a que la puerta se cerrara. Observó los dos agentes que habían subido para ponerse a hacer guardia a la puerta—. Vigilad que no salga. Es un peligro para la humanidad esta mujer.
— Como quieras Hattori-kun —se rio uno de ellos haciendo gestos desagradables.
— Os lo digo en serio —se rio él alejándose—. Hasta mañana.
— Hasta mañana, Hattori-kun —respondió el otro mientras su compañero seguía haciendo esos gestos—. ¿Quieres parar?
— No.
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Cuando llegó a casa con los niños, Asami los estaba esperando con la comida preparada en la mesa. Él solo se arrodilló delante de ella y la cogió de las piernas en un abrazo. Asami lo miró extrañada, al igual que Kizuna y Kazuki.
— No quiero ir mañana a trabajar, por favor —se quejó en un susurro.
— ¿Cómo que no? —Asami frunció el ceño.
— No quiero ir, quiero quedarme contigo —añadió él.
— Ah, entonces Kizuna no quiere ir al colegio —la niña se cogió a Asami también en un abrazo.
— Kazuki tampoco —se quejó el niño imitando a su hermana.
— ¿De qué narices estáis hablando? —Asami arqueó una ceja—. Vosotros dos iréis al colegio y tú irás a trabajar.
— No puedes hacerme esto, Asami —se quejó Mamoru mirándola aún desde abajo—. Esa princesa quiere ligar conmigo.
— ¿Ah? —Asami puso sus manos en sus caderas—. ¿Le dijiste que estabas prometido?
— Claro —Mamoru respondió con rapidez.
— ¿Le dijiste que tienes dos hijos?
— Sí —Mamoru volvió a responder rápidamente.
— ¿Es bonita? —Asami arqueó una ceja. Mamoru abrió la boca para responder, pero en seguida desvió la mirada—. Como no respondas con sinceridad ahora mismo te arreo, Mamoru —dijo con una voz muy fría mientras se cruzaba de brazos.
— Sí, lo es…
— ¡Pero bueno! —Asami le golpeó en la cabeza—. ¡¿Cómo puedes responder así?!
— Dijiste sinceramente —se quejó él poniendo sus manos en su cabeza mientras Asami se alejaba de él. Los niños los miraban confundidos, ya que no estaban entendiendo nada de lo que ellos estaban diciendo—. Pero deberías de haber visto como se puso en ese sofá.
— En serio no quiero saberlo —se rio Asami girándose—. Aguanta un poco, Hattori, solo te queda un día, ¿no?
— Pero es que… —Mamoru se levantó del suelo y la abrazó—. Es una mujer terrible.
— Estoy convencida de que a cada país que va lo hace —dijo Asami—. Te estás preocupando demasiado, ¿no crees?
— ¿Cómo puedes decir eso?
— Porque confío en Mamoru —ella sonrió hacia él, haciendo que el hombre frunciera el ceño—. ¿Tú no confías en ti mismo? —Asami lo miró sorprendido y luego lo miró amenazante—. Vamos muy mal por ese camino.
— No, es solo que… me confundes cada vez que dices eso —se rio Mamoru—. Te creía realmente alguien más celosa.
— Eso es ofensivo —Asami se cruzó de brazos de nuevo sacándole la lengua.
— Sí, creo que sí —añadió él haciendo una sonrisa de disculpa hacia ella.
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Por la mañana siguiente, Asami siguió corriendo hacia el parque. Hacer un poco de ejercicio era algo que siempre le había alegrado el día. Recordaba que en ese lugar, en dónde Marcos y Frank la habían llevado, no podía salir casi nunca a notar el aire. Siempre veían el sol a través de ventanas herméticamente cerradas y algunas veces podían salir en el jardín, un sitio reducido a la capacidad de veinte personas, y rodeado de paredes que pocas veces te dejaban respirar aire puro. Se sentía muy claustrofóbica estando allí, pero sabía que debía de resistir para salir, y así lo había conseguido. Con los auriculares dentro de sus oídos y una capucha cubriéndole el rostro, ella podía estar tranquila de que nadie la reconocería por la calle. Se paró delante de la fuente, agarrándose las rodillas. No podía hacer más de diez minutos sin quedar terriblemente agotada. ¿Por qué? Se sentó en un banco y se quedó mirando la gente de su alrededor. Una empresaria que andaba a pasos rápidos y controlaba su reloj: llegaba tarde. Una mujer empujando un cochecito con un bebé, bien arreglada y con la cabeza bien alta: ¿un encuentro amoroso, o tal vez su primer hijo? Negó con su cabeza intentando quitarse esas cosas de la cabeza. Siempre que estaba sola viendo a la gente hacía eso. No podía evitarlo. Era una manía que había adquirido conforme se había ido formando como detective. A su lado, alguien se sentó. Una chica completamente vestida de rosa, con un lazo atando su pelo marrón oscuro en una cola de caballo y unos ojos azules profundos que la miraban solo a ella. Asami frunció el ceño. La chica iba muy maquillada y parecía muy enojada.
— Hola.
Asami miró a su alrededor. No había nadie cerca de ellos, volvió a mirar a la chica que la estaba mirando a ella directamente.
— Hola —Asami frunció el ceño.
— Mi nombre es Akimoto Haruka —dijo la chica con una sonrisa muy fría.
— Un placer —Asami frunció el ceño.
— ¿Eres Kudo Asami, verdad? —la chica se acercó un poco a ella, sobrepasando los límites de espacio vital de Asami. Se agachó un poco para verla debajo de la capucha, mientras Asami se apartaba hacia un lado—. Estoy convencida de que lo eres, puesto que a Mamoru se lo ve muy feliz recientemente —la chica volvió a acercarse y Asami volvió a apartarse. ¿Una fan de Mamoru? Akimoto Haruka, no recordaba de haber escuchado su nombre, así que tal vez fuera reciente o alguien que nunca se había metido por el medio. La chica volvió a acercarse a ella, pero Asami ya no podía apartarse más, puesto que estaba en el límite del banco. Ella sacó un cuchillo y lo puso encima del muslo de Asami—. ¿Sabes? Hay veces en las que una mujer debería de saber cuándo rendirse. Y este es tu momento, Kudo Asami.
— ¿Rendirme? ¿En qué? —Asami no quería ponerse nerviosa, pero parecía que el contacto del filo del cuchillo en su pierna le estaba haciendo que no consiguiera evitarlo.
— Deberías de alejarte de Hattori Mamoru —respondió ella—. No vuelvas jamás con él. Aléjate y todo saldrá bien. Porque Hattori Mamoru ahora tiene dos hijos preciosos que ni siquiera son tuyos, aunque él lo niegue.
— ¿No deberías de creer con las palabras del chico al que amas? —preguntó Asami sonriendo.
— El chico al que amo es demasiado tímido para confesar un adulterio —respondió ella bajando el cuchillo hacia el lado del muslo de Asami—. Y tú te fuiste en el momento justo, ¿eh? Asustada por lo que él había sido capaz de hacer, estoy segura de eso.
— Sí, y me fui de allí atándolo cruelmente a una cama para que no me persiguiera con esos niños que no son míos —Asami habló con ironía.
— Claro que sí —respondió Haruka—. Empezamos a entendernos, ¿no crees?
— ¿Entendernos? —Asami frunció el ceño—. ¿Es que nunca te han hablado en ironía a ti? No sé qué es lo que pretendes —Asami se levantó y puso su pie encima del cuchillo, clavándolo entre las ranuras de la madera del banco—, pero jamás renunciaré a Mamoru por alguien que va amenazando a la gente.
Asami echó a correr de nuevo, mientras la chica intentaba desclavar el cuchillo del banco. Asami no se sentía en condiciones para poder llegar hasta su casa, pero al menos podría llegar hasta medio camino. Cuando llegó allí, había demasiados coches de policía resguardando la entrada. Por suerte, Chieko estaba en frente de la puerta y pidió a los policías que la dejaran entrar. Consiguió entrar a dentro justo cuando la chica del lazo rosa estaba llegando en el hotel. Chieko se giró hacia ella.
— ¿A dónde vas con estas pintas? —preguntó.
— Bueno, te diría la verdad, pero se me ocurren cientos de excusas mejores que esa —respondió Asami.
— ¿Viniste a ver a Mamoru? —preguntó ella.
— ¿Mamoru está aquí? —Asami frunció el ceño—. ¿No estaba con esa princesa?
— Está aquí —respondió Chieko señalando hacia el comedor—. ¿No te dijo?
— No, para nada —Asami se fue hacia dónde le señalaba con su amiga pisándole los talones. Vio a Mamoru en un rincón, de brazos cruzados y mirando hacia fuera mientras la princesa, vestida con un jersey amarillo dorado, que usaba como vestido, le hablaba acercándose cada vez más a él.
— ¿Por qué no la hecha? —preguntó Chieko.
— Porque sigue siendo protegida por él —Asami rodó los ojos y se acercó a ellos en silencio.
— Y… ¿sabes?—decía la princesa en una voz muy baja—. Tampoco llevo nada debajo…
— Oh, qué bien que no lo lleve, ¿cierto?—Asami cruzó sus brazos haciendo que Mamoru se apartara de golpe de la princesa y por poco no terminara al suelo. La princesa la miró de arriba abajo con desprecio.
— ¿Quién er…?
— ¡¿Asami?! —Mamoru la miró de arriba abajo.
— Te dejo solo y mira lo que consigo —la chica lo cogió por la mejilla y tiró de él lejos de la princesa, pero la mujer lo cogió de la mano—. ¿Qué pasa contigo? —se quejó soltándolo.
— ¿Conmigo? Ya llevo dos vueltas al salón con ella detrás —respondió Mamoru rápidamente. Chieko se rio detrás—. No le veo la gracia, Chieko —se quejó él—. ¿Podríais tenerme un poco de pena al menos?
— No, para nada —respondieron las dos a la vez.
— Crueles —Mamoru fulminó con la mirada a Asami que se rió—. ¿Y? ¿Qué haces aquí? —Mamoru se soltó de Alexandra, pero ella le cogió de la manga del jersey.
— Una fan tuya acaba de amenazarme con matarme —respondió Asami—. Y no estoy en forma para llegar hasta casa, así que he venido al lugar más cercano.
— ¿Tienes miedo de una fan mía? —Mamoru sonrió y Asami le golpeó con el pie—. Oye… —la princesa lo cogió por el brazo y tiró de él con fuerza—. Y por cierto… ¿qué llevas puesto?
— ¿Qué? —Asami se miró de arriba abajo—. ¿Tan raro queda?
— No es nada femenino, Asami —respondió Chieko.
— ¿Y quién quiere ser reconocida? —Asami arqueó una ceja y se encogió de hombros—. La próxima vez haces tú un disfraz perfecto, ¿vale?
— Mejor lo hago ahora —Chieko sonrió cogiéndola de la mano y llevándosela de allí.
— No la tortures, Chieko —se rio Mamoru—. Es bueno que sea natural.
— ¡Anticuado! —gritó Chieko antes de desaparecer.
— Mamoru ayúdame —se quejó Asami.
— Para nada os las arregláis vosotras —Mamoru se rio despidiéndose con la mano libre.
— ¿Quiénes son? —preguntó la princesa interesada mientras Mamoru se soltaba de ella una vez más. Habían hecho la conversación en japonés y ella no lo había entendido para nada.
— Con todo el respeto del mundo que puedo darle, no creo que sea de su incumbencia, señorita Meyer —respondió él sonriendo—. Tenemos que irnos en menos de cinco minutos, así que le agradecería que se estuviera quieta en el sofá, hasta que podamos salir con el coche.
— No seas así —se quejó la princesa—. Quiero saber quiénes eran.
— Mi prometida y nuestra amiga en común—respondió Mamoru—. Y ahora, por favor siéntese quietecita—Mamoru señaló hacia el sillón con cara de enfado—. Ya que quiero demasiado a esa chica como para que me vea una segunda vez con usted de esta manera.
— No seas así, corta con ella y quédate conmigo, esta chica ni siquiera tiene estilo —sonrió ella—. Podrás tener el dinero que quieras y te haré la persona más importante de mi reino.
— Lo siento señorita Meyer —Mamoru sonrió satisfecho—. Pero mi vida es en la policía y al lado de Asami y mis dos hijos. Jamás cambiaría eso ni por todo el dinero del mundo. Así que si me permite, seguiré haciendo mi trabajo y luego volveré junto a mi prometida.
— Tenemos que irnos ya, señorita Meyer —uno de los demás policías se acercaron a ellos.
— Usted primera, señorita Meyer —dijo Mamoru señalando hacia fuera.
— Está bien —Alexandra siguió a sus guardaespaldas y a varios policías mientras Mamoru la miraba desde lejos.
No parecía alguien acostumbrada a que le dijeran que no. ¿Pretendería alguna otra cosa esa mujer? ¿Podrían fiarse de ella? Cuando llegaron al lugar en dónde la princesa debía de encontrarse con el primer ministro, todos salieron del coche antes que ella. Fue Mamoru el primero en escuchar el ruido del coche a toda velocidad por la calle y fue el primero en cerrar la puerta antes de que los guardaespaldas de la princesa y ella misma salieran del vehículo. Todos se quedaron viendo el coche que se paró al medio de la calle y arrancó de nuevo hacia otro lugar, con mucha prisa, pocos segundos más tarde. Estaba demasiado lejos para verle la matrícula. Mamoru, vio un paquete al suelo e informó con signos a los demás policías de que se acercaría él. Conforme se iba acercando al lugar, pudo ver que ese paquete tenía pies y cabeza. Parpadeó confundido acercándose más de prisa. Era un niño. Era un niño de seis años que él reconoció haber visto en una lista de la policía de desaparecidos. El niño tenía los ojos cerrados y no se movía.
— ¿Estás bien? —preguntó Mamoru cuando faltaban pocos metros para llegar a él. La gente que estaba por la calle, esperando ver a la princesa y al primer ministro japonés, se quedaron quietos al ver a ese muchacho al suelo. Mamoru se acercó más y se arrodilló a su lado—. Oye, ¿estás bien? —el niño estaba helado… no tenía pulso.
Mamoru se giró rápidamente hacia los demás policías para pedirles que llamaran a por ayuda y que alejaran a la princesa y al primer ministro de allí. Se quitó la chaqueta y cubrió al niño por encima. Estaría bien que la gente creyera que solo estaba herido, mientras los ojos de ese pequeño siguieran cerrados. Justo cuando terminaba de dejar la chaqueta vio que el pequeño tenía algo en su mano. Un pequeño tique en blanco, con letras escritas a mano: 2.08.201 X, pelea entre Hiroki y Masaru.
Y los otros dos personajitos que compiten con Kikyo (?), en el tema de fastidiar a Asami:
-MEYER ALEXANDRA (メイエルアレクサンドラ), tiene 28 años. Su fecha de nacimiento y sus padres son desconocidos (nada importantes (?)). Su nombre significa 'La que es protectora' (es de origen griego, pero no, su reino no es de Grecia XD). No tiene alias.
- AKIMOTO HARUKA (秋本春花), tiene sobre unos 26 años (no especificado por el autor (?)). Su fecha de nacimiento y sus padres son desconocidos. Su nombre significa 'Flor de Primavera'. No tiene alias.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'El caso'.
