William pensó que el ensayo no acabaría jamás. Que ridículo era Collins, haciendo sin parar preguntas, cuando su tarea era acompañar a Jane. En cuanto a William, parecía no tener control sobre la dirección de su mirada, sus ojos casi nunca se apartaron de Elizabeth.
Pero él estaba más preocupado por la dirección de sus pensamientos. En su imaginación, abandonaba su lugar al lado de Charlesy se acercaba a Elizabeth. Ella lo recibía con una cálida sonrisa, y él la tomaba en sus brazos, sintiendo el calor y la suavidad de su cuerpo contra el suyo y bajando la cabeza, degustaba sus suaves labios. Sus brazos entrelazados alrededor de su cuello, y ella se apretaba contra él, gimiendo. El fuego corría por su cuerpo, y su mano se deslizaba hacia el final de su espalda, en dirección a...
¡Alto!Se supone que debo estar ensayando para una boda, no fantasear con la dama de honor. Si permito que mi fantasía continúe, me pondría en una situación incómoda.
Exhaló un suspiro fuerte, apretó los dientes, y obligó a apartar los ojos de Elizabeth.
Así cuando el ensayo terminó, una voz chillona resonó en la iglesia.
- ¡Jane! ¡Jane! ¡Jane! ¡Jane! ¡Estamos aquí! - Una mujer de mediana edad con pelo corto teñido de rubio llegó resoplando por el pasillo, el eco de sus pasos estrepitosos llenaron la iglesia.
- Mis padres están aquí- Explicó Jane al reverendo Wallace. - Esta es mi madre, Frances Bennet.
- Siento llegar tarde, Jane, querida -jadeó la señora Bennet, envolviendo a su hija en un abrazo.
- No pasa nada . ¿Había mucho trafico?
- ¿Qué? ¡Oh, no, el tráfico estaba bien¡. Lydia fue a visitar a unos amigos, y la niña perdió la noción del tiempo, y por supuesto no podíamos dejarla allí. ¡Jane, mi amor, te ves hermosa! ¿Verdad, Charles?
- Claro que si, como siempre.
Frances Bennet se acercó a Charles, que la abrazó con una serenidad que William sabía que el no podría haber igualado. Luego escaneo la sala con los ojos ansiosos.- ¿Dónde están tus padres?
- Ellos se reunirán con nosotros en el hotel.
- ¡Lizzy! ¡Lizzy! Ahí estas. - Dijo la señora Bennet
- Hola, mamá.- Elizabeth fue hacia su madre y la abrazó.
- Te ves muy bien, querida. Puedes ser tan atractiva cuando haces el esfuerzo. Ni la mitad de hermosa que Jane, por supuesto, pero eres una chica muy bonita cuando quieres.
William sintió una punzada de compasión. Sintió la injusticia de la comparación. Jane era sin duda hermosa, pero le faltaba la energía Elizabeth, su chispa. Por no hablar de su cuerpo, agregaron sus instintos más bajos. Estaba tratando de concebir una respuesta que defendiera a Elizabeth sin sonar tonto, cuando Charlestomó la palabra.
- Todas sushijassonhermosas, señoraBennet. Yyosoymuy afortunado de que una deellasvaya apasar suvidaconmigo. - Jane lo besósuavemente.
- ¡Oh, Charles, eres un amor!¿No es así Andrew?
Un hombre de mediana estatura, con cabello oscuro salpicado abundantemente por canas, se acercaba por el pasillo mientras respondía.
- No escuché lo que dijiste, Francie, pero después de treinta años de matrimonio, sé que mi mejor opción es decir que estoy de acuerdo.
Los labios de William temblaron. Ya podía ver de donde había sacado Elizabeth su sentido del humor.
Los ojos del señor Bennet aterrizaron en Elizabeth, y de inmediato fue a su lado y la abrazó. - Es maravilloso verte, Lizzy.
- Hola, papá-susurró Elizabeth aferrándose a su padre.
- ¡Oh, señor Darcy, he estado tan entusiasmada con que usted asistiera a la boda de mi Jane! ¡Y a su marido de tener un padrino tan destacado! Tocara en el hotel después de la cena ¿Verdad? He prometido a todos mis amigos que van a escucharte.
William se apartó y cruzó los brazos sobre el pecho. - Lo siento, señora Bennet- Dijo con frialdad- pero Charles y yo ya hemos hablado de eso, y yo no voy a tocar. Rara vez toco en fiestas privadas.
- Sra. Bennet, por supuesto, que a todos nos encantaría escuchar a William, pero Jane y yo le pedimos que fuera nuestro padrino, no el show man. – Dijo Charles.
- Aunque el señor Darcy no toque mañana - Observó Bill Collins- considero que es un gran honor servir como acompañante de Elizabeth en la boda.
- Eso es muy amable de su parte, Sr. Collins -respondió la señora Bennet, acariciando su mano. - Me alegro de que al menos alguno de los amigos músicos de Charlesno se consideren demasiado importantes para tocar en la boda de mi hija.
William apretó los labios y volteo los ojos. Él y Charlesya había debatido el asunto, y esta mujer odiosa no tenía porque cuestionar su decisión.
- Mamá, ¿dónde están Kitty y Lydia?- Preguntó Elizabeth.
- Andrew , ¿sabes dónde están las niñas?
La última que las vi, estaban en el estacionamiento comiéndose con los ojos un coche deportivo. Un BMW de color rojo.
- ¡El Z3! Exclamo Elizabeth. Yo lo vi también. ¡Buen coche!
William sonrió. - Es mío.
- ¿Tuyo?- preguntó Elizabeth.
- Lo alquile para el fin de semana.
- Nunca te habría imaginado al volante de un coche deportivo- comentó Elizabeth.
Charles se echó a reír. - Eso sólo sirve para demostrar que no conoce a William, es un amante de la velocidad.
- Charles, deja de exagerar. - William no quería parecer temerario.
- Apuesto a que es divertido de conducirlo- dijo Elizabeth.
William juraría haber escuchado una nota de nostalgia en su voz.
- Así es. Te invito a probarlo este fin de semana, si puedes conducir con transmisión manual.
La sorpresa fue evidente en su rostro.
- ¡Oh, me encantaría! - Por un delicioso momento en sus ojos, William sonrió, y transmitió todo su calor a través de su cuerpo.
- ¡Jane, mira que hora! - dijo Charlesen tono agitado. - Tenemos que irnos para el hotel. Mis padres estarán allí pronto, y se van a enfadar si no estamos allí para recibirlos.
- ¡Oh, Dios mío, sí¡ -admitió Jane. - Lizzy, ¿estás lista para ir?
- No puedo. Bill y yo todavía tenemos que ensayar el "Ave María".
- Pero tenemos que irnos ya. - dijo Jane. Ella frunció el ceño brevemente y luego miró a Bill Collins.
- Bill, ¿podrías acompañar a Lizzy hasta el hotel, cuando acabéis?
- Me encantaría - respondió Bill. - Pero Jim me trajo, y su bajo esta en el asiento de atrás trasero y el maletero está lleno de libros de música, los amplificadores, los cables y otros equipos. ¡Oh, querida, por favor, acepte mis más sinceras disculpas!
- Yo te esperaría, Liz- dijo Charlotte - pero tengo que llegar a la tienda para recoger mi vestido antes de que cierren.
Jane asintió con la cabeza, mordiéndose el labio, y luego se aclaró la expresión.
- Charles, ¿puedo irme contigo y así poder dejarle el coche a Lizzy?
- Eso va a ser imposible. Yo he venido con William, y él tiene solo dos plazas.
- Charles, ¿por qué no os vais vosotros dos en el coche de Jane?- Sugirió William. - Puedo esperar a que acaben y llevar a Elizabeth.- Decidió no examinar el impulso que le había llevado a hacer esta sugerencia.
- ¡Suena perfecto!- Charles tomó del brazo a Jane y la condujo hacia la salida de la iglesia. - Vámonos todos de aquí para que Lizzy y Bill puedan tener un poco de paz y tranquilidad, para ensayar.
Poco a poco, la iglesia se quedo vacía, hasta que no quedo nadie, excepto Lizzy, Bill Collins, y William. Bill lanzó una mirada de suficiencia a William, se sentó al piano y tocó algunas escalas muy rápido.
Es como si me estuviera desafiando a un duelo. William rió. Tal vez supone que lo voy a quitar del piano y voy a tocar las mismas escalas, excepto que más rápido.
Elizabeth se coloco junto al piano. Ella asintió con la cabeza a Bill, quien comenzó a tocar la introducción de "Ave María".
El corazón de William tartamudeo cuando empezó a cantar. Su voz era dulce y clara Su rostro, transfigurado de alegría, era la vista más hermosa que había visto en su vida. Pensó en las sirenas de la mitología griega, que con hermosas voces hacían a los marineros atraídos saltar de sus buques y nadar hacia la isla de las sirenas, o dirigir sus barcos muy cerca de las rocas. El resultado en ambos casos era un desastre.
¿Es eso lo que ella significa para mí? ¿Un desastre? No recuerdo haber visto nunca mujer tan maravillosa. Pero venimos de mundos diferentes, demasiado diferentes, creo. Miles de recuerdos agridulces inundaron su mente, de su madre cantando en casa. Le encantaba escucharla, y ahora podía oírla con perfecta claridad.
Pronto, la canción terminó, y los acordes finales del acompañamiento hicieron eco a través de la iglesia. Caminó lentamente hacia el piano, donde Elizabeth y Bill estaban discutiendo el tono de la canción.
- ¿Lista para viajar?- Preguntó William, ignorando a Bill.
- Oh, pero ¿no te gustaría ensayarla una o dos veces más?- Bill preguntó a Elizabeth, con una mirada de esperanza en sus ojos.
Ella negó con la cabeza. - No, creo que estuvo muy bien. Tengo algunas estrofas para ensayar por mi cuenta, pero hiciste un trabajo maravilloso. Muchas gracias.
Bill miró con aire de suficiencia de William, y luego le respondió a Elizabeth. - Fue un placer. Te pido disculpas por no haber podido llevarte a la cena, espero que entiendas y me puedas perdonar.
- No hay ningún problema-respondió Elizabeth saliendo en dirección a la salida.
- Me encanta este coche- Suspiró Elizabeth.
- ¿Eres una fanática de los coches deportivos?- Preguntó William intrigado.
- Sí, al menos en teoría. Nunca he conducido ninguno, pero siempre me lo he imaginado.- Sus ojos brillaban mientras contemplaba en el coche, mientras decía esto.
El sonrió. - Eso va a cambiar. - ¿Quieres que quite la capota?
- ¡Oh, sí, por favor¡
- ¿Estas segura? Tu pelo podría acabar muy mal.
- No me importa. Quiero que la experiencia sea completa.
Se le ocurrió que la mayoría de las mujeres que él conocía eran demasiado apáticas como para emocionarse por nada. Sus ojos la acariciaron afectuosamente.
-En ese caso...- Le tendió las llaves del coche.
Sus ojos se abrieron.- ¿En serio me vas a dejar conducir?
Él asintió con la cabeza. - Claro que si.
Ella se quedó mirando las llaves por un momento, frunciendo el ceño.
- Solo una cosa.
- ¿Sí?
- He conducido un manual, pero fue hace mucho tiempo. Y este es uno de seis velocidades, nunca he conducido uno. Así que tal vez...
- ¿Estas perdiendo los nervios?- Él arqueó una ceja. Ella respondió a su desafío con una sonrisa insolente y le arrebató las llaves de su mano. Él se rió y abrió la puerta del conductor para ella.
William sintió una mezcla de alivio y emoción. Él estaba coqueteando con ella, y ella parecía estar coqueteando de nuevo. Su interés común en los coches deportivos le había permitido descansar de tanta hostilidad. Ocurría lo mismo con su profesión. Mientras él podía hablar sobre música, se mostraba confiado y relajado, pero en otros tipos de conversaciones le resultaba mucho más difícil hablar.
Cuando Elizabeth se sentó en el asiento del conductor, su vestido se subió, revelando varias pulgadas de sus muslos suaves, tonificados. Sus ojos se clavaron en los ojos provocativos, y su imaginación gritó a toda marcha. Se vio saliendo del coche y cogiéndola en sus brazos, dándole besos calientes en la garganta. Ella le echaba los brazos al cuello, retorciéndose contra su….
¡Maldita sea!
Por pura fuerza de voluntad, se había dejado fantasear con ella en la iglesia, pero esta vez fue aún más difícil frenar su imaginación. Caminó torpemente alrededor del coche y se deslizó con cautela en el asiento del pasajero. Elizabeth sonrió a William que estaba sentado a su lado. Ella estaba intrigada por el entusiasta de los coches deportivos que había sustituido al hombre sombrío en el ensayo de la boda. Pero en lugar de devolver la sonrisa, él apartó la vista, mirando al frente. Su postura era extrañamente rígida, con los brazos cruzados sobre el regazo, y vio que los músculos de su mandíbula se ponían tensos. ¡Oh, no. Mr. Hyde está de vuelta. Gracias a Dios el hotel no está demasiado lejos!
El coche se sacudió un par de veces mientras probaba con la transmisión de seis velocidades, pero pronto se movieron sin problemas por el camino. Ella lo miró, y vio que parecía más relajado ahora. ¿Cuál era el problema? ¿Estaba nervioso por mi forma de conducir? ¡Fue idea suya!
- Un bloqueo de marchas en San Francisco puede ser bastante aterrador- Dijo ella después de unos minutos de silencio incómodo.
Él asintió con la cabeza. - Lo estás haciendo bien para alguien que no ha llevado un automático.
- Gracias. Es un gran coche. ¿A cuanto lo has puesto?
- No lo he acelerado mucho. Tengo la intención de sacarlo la mañana del domingo antes de mi vuelo a ver lo que puede hacer. - Hizo una pausa y volvió a hablar, en voz baja. - Tu canción ha sido hermosa.
- Gracias. Pero es una composición maravillosa, que prácticamente se canta sola.
- No estoy de acuerdo con eso. Me sorprende que tu campo sean los musicales de Broadway, cuando es obvio que tienes el talento para una carrera operística.
¿Qué? -Repitió, lanzando una mirada fresca hacia él.
-Sí. No todos los cantantes son lo suficientemente buenas para la ópera, y los que no sirven, no tienen más remedio que dedicarse a los musicales de Broadway. Pero en tu caso no es necesario. Con tu talento, podrías haber llegado más lejos.
- Gracias- le espetó ella. Ella agarró el volante con feroz determinación, ahogando las palabras indignadas que amenazaban con derramarse de sus labios.
- Mi madre era cantante de ópera- Dijo, con su voz llena de nostalgia. - En Italia. Ahí es donde yo nací. Pero cuando ella, mi padre y yo nos mudamos a los Estados Unidos, tuvo que renunciar a ella.
Elizabeth detuvo el coche en gran pórtico del Ritz-Carlton. Saltó del coche y comprobó su aspecto rápidamente en su espejo compacto.
- ¡Mi pelo! - Exclamó ella. - Pero me avisaste. La obra de Jane había quedado reducida a una masa enmarañada por el viento.
William tenía una expresión intensa que no pudo identificar. - Te ves bien para mí. - murmuró con voz profunda.
Ella se encogió de hombros.- Bueno, gracias por dejarme conducir el coche. Ha sido una fantasía hecha realidad.
Vio los ojos inyectados en fuego Por tercera vez en ese día, tuvo la sensación de que podía ver muy dentro de ella, adivinando sus secretos mejor guardados. Pero ella se negó a permitirle ver su confusión repentina.
- Me voy al baño de señoras para tratar de arreglar mi pelo - Dijo en un tono suave brisa. - Te veré en la cena.
En cuanto entró en el hotel, se imaginó que podía sentir su mirada ardiente detrás de ella. Después de un impulso irresistible, miró detrás de ella. De hecho, él todavía estaba donde lo había dejado, con los ojos fijos en ella. William la vio alejarse, con sus caderas balanceándose con gracia, y finalmente puso en libertad el gemido que había ahogado en la iglesia antes del ensayo. No puedo creer que ella mencionara las fantasías. Sólo podía esperar que ella no adivinara el tipo de fantasías que había tenido todo el día.
Elizabeth Bennet le cautivó. Él admiraba su talento. Su inteligencia y su ingenio le intrigaban. En cuanto a sus atractivos físicos... Sacudió la cabeza con una sonrisa triste.
Su viaje junto en el coche había ido bien, una vez que se había calmado. Había incluso felicitado su talento, con la esperanza de ablandar el aguijón de sus observaciones anteriores. El resto del fin de semana sería mucho más agradable, ya que su opinión sobre él ha mejorado.
¿Y luego qué?
Sólo sabía que estaba deseando que llegara el resto de la noche. Dio las llaves al valet y entró en el hotel.
Perdonad la demora es que estoy en época de exámenes , y no he tenido mucho tiempo.
