Capítulo 10.

Las siete de la mañana y los alumnos más madrugadores se habían puesto en pie en el colegio. De forma oficial, estaban en el primer día de clases y el curso había empezado, a algunos les gustaba comenzarlo con fuerza. Como todo en la vida, a otros les gustaba empezar la mañana remoloneando, otros tras una ducha ya estaban listos y preparados para comenzar el día.

Cada casa del colegio tenía sus respectivas duchas y vestuarios, separados por cursos y diferenciados por sexo. Cada promoción contaba con un espacio personal en el que había quince duchas y cambiadores individuales. En algunas promociones había que hacer cola para esperar por una ducha, pero en el caso de los recién llegados al colegio, les sobraban diez.

En la escuela había una aparente calma, la noticia de la desaparición de los fantasmas aun no había llegado a los alumnos, pero no tardarían mucho en darse cuenta. Era muy posible que antes de que llegara la hora del desayuno todos estarían informados.

Albus se despertaba a las siete y cuarto, su corazón palpitaba abrumado por la emoción de su primer día de clase, aunque en su cuarto no había sido el primero en levantarse. Su compañero Scorpius no solo se había puesto en pie, sino que ya había hecho su cama y esta estaba sin una sola arruga y todo su espacio personal estaba ordenado. El jovencito ya estaba aseado, vestido de uniforme y salía de la habitación.

Preguntándose así mismo donde iría tan temprano, no le quiso preguntar y poniéndose en pie se aseaba, para luego él también ponerse su uniforme. Mientras se ponía las túnicas el resto de estudiantes se despertaba. La emoción del primer día se contagió en los alumnos de primer curso y todos se activaron para comenzar la mañana.

—Buenos días —Alex miraba el reloj de sobremesa que había puesto sobre la cómoda que tenía al lado de su cama, justo al lado de una foto de su familia y descubría como eran las y media. Levantándose de la cama, lo hizo aun estando tan dormido, que lo primero que hizo fue tropezar y comerse el suelo, pero enseguida se puso en pie como si no hubiera pasado nada.

— ¿Estás bien? —le preguntaban los otros al ver semejante golpe.

—Tranquilidad, que los médicos aconsejan desayunar suelo por las mañanas —Evitando reírse no pudo hacerlo y todos los demás, contagiados del momento, comenzaron a reírse.

—No dirán que no es rico en fibra y eso es bueno para el tránsito —Con un buen ambiente para comenzar el día todo el cuarto se activó y miraron por la ventana, como el nuevo día había comenzado con fuerza. En aquellas longitudes amanecía sobre las cinco menos cuarto de la mañana y por las ventanas entraba una luz agradable.

— ¿Scorpius ya se fue? —Notaban como faltaba un componente del quinteto.

—Se fue de la habitación desde muy temprano.

— ¿Tiene prisa? Por muy temprano que nos levantemos, las clases comienzan a las nueve de la mañana —Tras asearse el grupo y vestidos con las túnicas salían del dormitorio—. Vamos a aprender magia.

Los compañeros salían de la habitación y se disponían a explorar la Torre de Gryffindor. A las afueras de las habitaciones aun todo estaba en calma. Los alumnos de los cursos superiores no se tomaban tan a pulso eso de su primer día. Reuniéndose en la sala común, la chimenea tenía síntomas de haberse apagado hacía poco. En aquella sala con sillones rojos de diferentes tamaños, allí inmersa en la lectura de los libros estaba Rose Weasley, que también se había levantado temprano y ansiosa por adelantarse a las lecciones, repasaba por su cuenta la primera lección de todos los libros didácticos.

Saludándose los primos, todos los alumnos descubrían su sala común, el lugar donde todos podrían reunirse cuando quisieran. Menos los cuartos y baños de los otros cursos, podrían entrar con total libertad por donde quisieran. El hijo de los Malfoy no andaba por allí.

— ¿Has visto pasar a Scorpius?

—Sí, salió de la sala sin decirme hola —Mientras los otros exploraban cada rincón de la sala común, los primos estaban sentados en el mismo sillón y hablaban solo ellos. La niña decía aquellas palabras aparentando estar ofendida de que ni la hubiera saludado—. No me fio mucho de ese rubio.

—Recuerda las palabras del profesor de Astronomía, tienes una idea preconcebida de él y todo lo que haga te parecerá extraño —Miraba como a medida que pasaban los minutos, más alumnos iban saliendo de la zona de las habitaciones para comenzar el día—. ¿Tú le dijiste hola?

—Se marchó sin darse cuenta de que estaba sentada aquí.

— ¡Buenos días! —James los sobresaltaba saludándoles con energía y dando un salto se sentaba con ellos en el sillón—. ¿Qué andamos cuchicheando? —Curioso por saber de lo que hablaban se colocaba justo entre ellos, la actividad en la sala común se estaba llenando con tantos ánimos como los que había amanecido por aquellas latitudes y algunos alumnos salían de la Torre.

—Scorpius Malfoy —Rose se lo contaba—. ¿No te pareció extraño que fuera a parar a nuestra casa? Casi no ha cruzado palabra con nadie, no lo veo nada claro.

— ¿Aun no ha empezado el curso y ya estas buscando conspiraciones? —Atónito la miraba—. Los Malfoy han cambiado desde hace muchos años, pero si fuera un agente encubierto de Slytherin, te aseguro de que le haré pasar unos años de pena —Apretando los puños su mirada se encolerizaba.

—No te comportes como un matón —Su hermano le reprochaba su actitud—. En casa no eres así.

—Pero aquí soy casi un líder y en dos años seré nombrado Prefecto. Soy el primogénito de los Potter —Con actitud agresiva golpeaba un puño contra su otra mano abierta y lo apretaba fuerte—, todo el mundo me respeta por ello y por eso tengo la obligación de cuidar de la Casa de Gryffindor.

—Se puede ser un líder sin la necesidad de ser violento. Nuestro padre es el jefe de los Aurores, todo el mundo lo respeta y lo admira, y no es para nada agresivo —Algunos alumnos de la casa volvían a toda prisa portando noticias y la atención de la conversación se desvió.

"¡Han desaparecido los Fantasmas del Castillo!" Uno de los estudiantes soltaba el notición y con ello se armó un gran revuelo. Los cuchicheos surgieron por todos lados y la agitación se extendió por toda la torre. Tanto los hermanos como su prima, que respiraba agitada pues las noticias inesperadas no le sentaban nada bien, ansiosos por conocer más detalles salían de la habitación y esperando a que estuvieran disponibles, bajaban por las escaleras cambiantes.

La noticia se extendía por todo el colegio, los cuadros que había en la zona de las escaleras se lo confirmaban a los alumnos, pero sin mucho detalle que ofrecerles. En poco tiempo se encontraron con una marea de gente que se dirigía hacia el gran comedor para que les informaran de lo que hubiera pasado.

— ¿Qué habrá pasado? Los fantasmas no desaparecen así como así —James iba delante de su grupo de amigos, todos estos le seguían allá donde fuera, al estar tan rodeado se adelantó mucho y dejaba a atrás a sus familiares.

— ¡Espera James! —Albus, que trataba de llamar a su hermano este ni le hizo caso y se alejaba con sus compañeros. Se ponía en un lado del corredor acompañado de su prima, al ver lo agitada que respiraba la separó de la multitud y esperaron a que la gente dejara de aglomerarse. Casi la totalidad del alumnado acudía en masa al gran salón—. Dejemos pasar, el comedor no se va a mover de donde está y no sirve de nada estas prisas —Estando los dos a un lado, escuchaban a los otros alumnos hablar de que el suceso no solo había afectado al castillo, había rumores que les hacía pensar que había llegado mucho más lejos.

—Uno de nuestros profesores es un fantasma, Cuthberts Binns —Rose, cuya respiración comenzaba a normalizarse, estaba intrigada por lo sucedido—. ¿Le habrá pasado lo mismo que el resto? De ser así: ¿quién nos enseñará la asignatura de Historia de la Magia?

—Se lo mismo que tu, no sirve de nada opinar si no tenemos mucha información —Eran las ocho de la mañana y casi en su totalidad, el alumnado del colegio estaba en el gran comedor, los pasillos se habían quedado desiertos y cuando estaba libre el camino, ambos fueron a reunirse con sus compañeros.

Por el pasillo en dirección a su destino, se encontraron con Vega que venía corriendo con unas ropas deportivas. La chica estaba empapada en sudor y se dirigía hacia la Torre de Ravenclaw, aun eran las ocho de la mañana y faltaba una hora para que dieran comienzo las clases.

— ¿Qué haces? —preguntaba Albus al verla tan deportiva.

—Solo duermo seis horas al día y estoy meditando si puedo permitirme privarme de media hora más de sueño. Si me acosté a las 12, a las 6 estoy en pie. Me encanta el deporte y llevo entrenando por los pasillos del castillo desde muy temprano. ¡Este sitio es enorme! Y estoy tratando de sacar el patrón con el que se mueven las escaleras cambiantes, con un poco de cálculo podré predecir sus movimientos y correr haciendo un circuito.

— ¿No sabes que está prohibido correr por los pasillos?

— ¡Estupendo! Me quedo más tranquila conociendo ese dato, pero veras…, hasta que los del colegio no me indiquen un lugar donde pueda entrenar unas horas al día sin que mi vida corra peligro, solo hasta entonces voy a entrenar por aquí.

— ¿Llevas dos horas corriendo?

—No solo corriendo, mi lema es: "Mens sana in corpore sano", lo que es lo mismo y por si no sabéis latín, significa: mente sana en cuerpo sano. Entreno varias horas al día, aunque hoy me he perdido en un par de ocasiones por las plantas. Pero los cuadros, aunque me parezca increíble que pueda conversar con un cuadro, estos fueron muy simpáticos y me indican por dónde ir, he hecho un esquema mental de todas las plantas y no creo que me vuelva a perder.

— ¿Sabes que tienes once años? ¿No? —Rose le preguntaba atónita de que durmiera tan poco y entrenara tanto.

—Me hace ilusión morir a los treinta años, de un infarto motivado por el estrés de una vida muy intensa, ese es el sueño de mi vida.

—Yo espero tener una esperanza de vida un poco mayor.

— ¿Te has enterado de la desaparición de los fantasmas? —El niño le preguntaba.

—Algo he oído, desde las seis de la mañana los cuadros me lo estaban comentando. Como no me afecta lo más mínimo, pues ni tengo prisa, ni el interés como los otros, en conocer los detalles de tan "extraño" suceso.

—Aunque no te afecte a ti, hay mucha gente de este colegio que si y por eso están tan preocupados —La pelirroja estaba indignada por la aparente falta de empatía de Vega.

—Me parece muy bien, que les afecte todo lo que quiera —Ante la actitud de la pelirroja, la jovencita solo mostraba indiferencia— ¿Quieres que me comporte "políticamente correcta"? y ponga una cara de preocupación por lo sucedido, aun importándome muy poco. ¿Te crees que todos los alumnos que están ahora en el salón del colegio, se encuentran allí porque les importaban los fantasmas? Te puedo asegurar de que más compañeros de lo que imaginas, les importan los espectros tan poco como a mí. Pero como al ser humano le encanta el morbo y el cotilleo de los sucesos, allí están. ¿Eso prefieres? La hipocresía. ¿Así estarías más tranquila y podrías vivir mejor contigo misma?

—No, pero al menos respeta a los que si sentimos algo.

— ¿Yo te he dicho que no les respete? Si no me hubieras preguntado no hubiera dicho nada al respecto —Los dejaba de lado y seguía su carrera hacia la torre de su casa—. Se está haciendo tarde y nunca en mi vida he llegado a una clase tarde —Desaparecía volviendo a la casa de Ravenclaw.

—No me cae muy bien —Rose seguía de camino al gran salón—. Con esa actitud no creo que tenga muchos amigos en el colegio.

— Porque será que no me sorprendería que le importe un pimiento.

Ambos entraban en el comedor del colegio y allí todo el mundo ya estaba desayunando, a la vez que esperaban noticias por parte del profesorado. Sobre las mesas había periódicos de El Profeta, en los que comentaban la segunda gran noticia, que el día anterior había fallecido Garrick Ollivander. El vocerío en la sala, cada vez era más alto, las conversaciones entre los grupos al no escucharse por el volumen de los del resto, provocaba que hablaran aun más alto y así no había manera de entenderse.

Los comentarios y rumores se extendían por las mesas, saltando de unas a otras y se exageraban hasta el punto de convertir la información en disparatada. En verdad "nadie" sabía que estaba pasando, así que lo único que hacían era sacar sus propias conclusiones.

Al principio de la mesa estaba sentado Scorpius comiendo sin pronunciar palabra. Los otros compañeros de su curso estaban a su lado, aunque este no hablara con nadie y esperaba en silencio a que llegaran los profesores a la mesa.

A las ocho y media en punto aparecían los profesores, los cuatro jefes de las casas llegaban desde la entrada principal y pasaban al lado de su correspondiente mesa, indicando con sus manos que aguardaran. Los alumnos más mayores de la casa de Gryffindor, le preguntaban al Profesor Longbottom que les contara algo, pero este les hacía el gesto de que tenían que esperar a la llegada del director.

Cuando los cuatro se pusieron justo delante de las mesas, el resto del profesorado llegaba y se sentaba en su mesa correspondiente, el director del colegio aparecía para ponerse justo en el centro de los Jefes de Casas. Los alumnos podían notar la cara de preocupación de los maestros, que habían perdido a grandes conocidos durante la noche, todo el mundo estaba muy afectado.

—Supongo que ya no es un secreto para nadie —El director comenzaba a hablar a todos los allí presentes—. Las tristes noticias de esta mañana son dos, la primera la habéis leído en los periódicos: Ayer ha fallecido el legendario vendedor de varitas, el Señor Ollivander. Conocíamos la noticia desde el mediodía de ayer, pero no hemos querido estropearos el banquete de bienvenida —Miraba a Neville para que este tomara la palabra.

—Yo, como todos los que estábamos aquí, compramos la varita en su tienda. Por desgracia, debido a su avanzada edad, hacía tiempo que no pudiera atender al público en los últimos años, por eso los alumnos más jóvenes poco lo conocieron. En la historia se nos recordará por nuestros actos y ese hombre se ha ganado su hueco a pulso en la historia de la magia, es por eso que hoy le honramos recordándole justo antes del inicio de las clases —dicho esto se silenció al igual que toda la sala que se entristecía por la pérdida. Al final cedió la palabra al director.

—Esa fue la primera noticia que os queríamos contar hoy, la segunda es aun más inesperada: Anoche a la una de la madrugada no solo los fantasmas del castillo desaparecieron, todos los del continente Europeo lo han hecho —Un murmullo surgía en la sala, los alumnos comenzaban a debatir cual de sus teorías era la correcta, pero se callaron cuando su director les hacia el gesto con las manos para que dejaran de elucubrar—. Muchos grandes amigos han desaparecido anoche y su vacío se notará en el colegio.

—Director: ¿Se sabe algo de cómo desaparecieron? —Uno de los Prefectos, que eran los únicos autorizados para formular cuestiones si el director hablaba en el salón, preguntaba en voz alta.

—Hemos preguntado a los cuadros por si habían visto algo, solo uno de ellos nos pudo ayudar, estaba cerca de El Fraile Gordo cuando pasó. A la una en punto se quedó mirando al vacío y convirtiéndose en luz, desapareció —Aquellos pocos indicios de lo ocurrido dejaban insatisfechos a los más curiosos y se notaba la agitación entre las mesas—. El Ministerio de Magia está debatiendo lo ocurrido en estos momentos, desde que tengamos noticias os informaremos más…, pero se suspenden las clases del día de hoy en señal de respeto por todos nuestros amigos desaparecidos.

—Director, si el profesor Binns ha desaparecido al igual que el resto: ¿Quién nos enseñará Historia de la Magia?

—De momento, esperaremos noticias por parte del Ministerio, ya hemos expuesto esa pregunta y es probable que nos manden a un sustituto cualificado para esa asignatura, pero de momento solo podemos esperar. Hoy es un día libre para todos vosotros, los de primer año si queréis podéis ir a conocer el castillo y sus alrededores, el resto podéis usarlo para lo que queráis —Dicho todo aquello, tanto él como los jefes de las casas se fueron a la mesa del profesorado y desayunaron en completo silencio.

Todo el mundo siguió desayunando, pero con el paso del tiempo, nadie se atrevía a ser el primero en levantarse de la mesa. Solo al cabo de un gran rato, cuando los profesores se marchaban del gran salón, fue entonces cuando comenzaron a irse los alumnos también.

A eso de las nueve y media de la mañana, ya los alumnos estaban repartidos por el colegio explorándolo. Albus y Rose rechazaron la invitación de James, para que acudieran a la primera reunión de la organización de los equipos de Quidditch y se fueron a explorar el castillo. Los otros compañeros de primer año, si que no quisieron perderse aquella reunión de la casa de Gryffindor.

Los dos pequeños, lo primero que hicieron fue recorrer piso por piso, las siete plantas del castillo. Empezando por el sótano, aunque poco les dejaron ver por allí, tenían el acceso vetado a muchas zonas y solo pudieron conocer las cocinas.

En la planta baja, entre otras cosas visitaron el Viaducto, el Patio Empedrado y el Patio Medio, que era el de las trasformaciones. Se aprendieron donde estaban las aulas de aquel plano para luego subir a la primera planta. Allí también visitaron las aulas; además de entre otras cosas, también estuvieron conociendo la enfermería y los invernaderos.

En la segunda, se quedaron delante de la entrada al despacho del director. Admirando la figura de la enorme gárgola dorada, que cuando giraba rebelaba las escaleras que permitían el acceso al despacho del rector. Lo más importante de aquel plano era el aula contra la defensa de las artes oscuras y los primos siguieron su exploración, ascendiendo a la tercera.

En la tercera planta, además de conocer las aulas que había por allí, estuvieron en la Sala de Trofeos y también estuvieron en la entrada de la Torre del Reloj. En la cuarta estuvieron en el cuarto de estudios y admiraban desde el balcón, que había por allí, el enorme bosque que rodeaba el colegio. El día era espléndido, despejado y con una temperatura agradable. Desde aquel mirador, divisaron como el Bosque Prohibido estaba siendo en aquellos instantes fumigado. Tratando de enfocar para ver si podrían ver a Hagrid, solo podían ver el humo de los repelentes que estaban esparciendo.

En aquella planta fueron a investigar la gran biblioteca. Allí aun trabajaba la bibliotecaria, Madame Irma Pince, una mujer mayor, delgada, con un carácter irritable y una obsesión por el orden y el silencio. Lo curioso es que ahora estaba hablando con una compañera de los niños, la susodicha Vega, que venía cargada con su mascota y sus libros, estaba hablando con la responsable del lugar y parecía que se estaban llevando muy bien.

Cuando los primos irrumpieron en el lugar, la bibliotecaria solo les hizo el gesto de que estuvieran calladitos ahí dentro y les dejó adentrarse a conocer aquel espacio, en el que cientos de libros estaban colocados en estanterías, que creaban pasillos a ambos lados de varias mesas centrales. En los pasillos laterales había mesas para grupos menos numerosos o incluido los que querían estudiar solos.

Allí dentro había algunos cuantos alumnos, incluido Scorpius sentado en una de las mesas de los pasillos laterales, solo y con unos libros abiertos sobre ella. Por un momento Rose receló de que estuviera adelantando las lecciones y lo miraba directo sin importar que la detectase, pero este la ignoraba y seguía inmerso en su lectura.

En otra de las mesas de carácter más individual, paralela a la que estaba el rubio, se colocaba su otra compañera. Dejando su mascota sobre la mesa esta se echaba tranquila pero siempre con la vista puesta en los primos. Sacaba los libros de las asignaturas del curso académico que le hubiera tocado cursar, de no haber estado en aquel colegio. Creando un entorno ordenado entre la multitud de libros y libretas, se dispuso a estudiar lo que para ella era las verdaderas asignaturas de aquel año. Ignorando por completo a sus dos compañeros, se concentraba en sus lecciones.

Estos dos alumnos de su mismo curso estaban en pasillos continuos, pero no se veían. Albus y Rose, que estaban al otro lado de la mesa central justo en mitad de ellos, los podían ver a los dos. Eran dos radicales y opuestas formas de estudio, la chica podía empaparse de varios libros a la vez y el jovencito centraba toda su atención en uno solo.

—Aquí nuestros padres se pasaron horas —Rose hablaba muy bajito a su primo.

—Creo que fueron nuestras madres las que estuvieron más horas aquí que nuestros padres —le respondía Albus, de forma graciosa, mientras miraban la gran cantidad de libros que había por allí.

El silencio y la paz en la biblioteca era total, un espacio donde poder concentrarse en lo que uno quisiera. Dejando aquel espacio de conocimiento, los primos seguían su camino hacia las plantas superiores. En la quinta planta solo pudieron conocer las dos aulas que había por allí, la de arte y la de música, antes de irse al sexto.

En la penúltima planta, conocieron los pasillos que había por allí, el aula de Estudio de Runas y el Ala Oeste, que se trataba de una gran sala con una enorme chimenea que de noche era protegida por armaduras. Finalizando, en la séptima planta conocieron el Ala norte, las aulas que había por allí, al igual que sus pasillos. Este piso en concreto era en el que estaba ubicada la casa de Gryffindor y por eso era el que mejor se estudiaron.

Una vez exploradas las plantas, se dispusieron a investigar las torres del colegio. Cuando volvían por la quinta planta y siendo las diez y veinte de la mañana, entre los pasillos comenzaron a notar una agitación entre el alumnado, curiosos se aproximaban a enterarse de lo que ocurría e interceptaron a uno que iba corriendo por los pasillos.

— ¿Qué ocurre?

— ¡Están atacando el ministerio! —gritaba aquel alumno, que tras trasmitir la información se marchaba gritando—. ¡Están todos atrapados! ¡Nadie puede entrar ni salir de allí!

—Nuestros padres trabajan en el Ministerio y ahora mismo están allí —Rose compartía su preocupación con su primo y respiraba de manera agitada—. ¿Quién se atrevería a atacar al Ministerio? —Muy preocupada, comenzaba a notar que le faltaba el aire.

— ¿Estás bien? —le preguntaba su primo al ver el ataque de ansiedad que estaba sufriendo—. Nuestros padres son más fuertes de lo que podríamos esperar, seguro que podrán controlar lo que esté pasando.

— ¡Dicen que tienen sometido a todo el mundo en el Ministerio! —Para colmo de males, otro alumno gritaba a un amigo lo que se había enterado. Lo cierto es que aquellas palabras no le sentó nada bien a la pelirroja, que se agitaba cada vez más.

—Tranquila Rose —Impotente de reacción o decir nada para que se tranquilizara, el jovencito no sabía qué hacer, el también estaba muy inquieto pero llevaba aquella preocupación de mejor manera que su prima—. ¿Qué hago?

—Ahora mismo lo que necesito es silencio —decía apoyando una mano sobre la pared, el vocerío se hacía cada vez mayor.

—La biblioteca está insonorizada, allí podrás estar tranquila.

Guiándola hasta la cuarta planta, todo el colegio estaba otra vez en estado de máxima alerta. Al adentrarse en la biblioteca, por allí inclusive la encargada de vigilarla se había ausentado, suponían que habría ido en busca de información como el resto.

En la estancia, a demás de los primos que habían acudido allí en busca de silencio y tranquilidad, solo se habían quedado otros dos alumnos. Scorpius que estaba con un libro en sus manos y con la mirada pensativa; el niño no se había ido como el resto de compañeros, en busca de noticias. También estaba por allí Vega y su mascota, que pasaban olímpicamente de lo que aconteciera en el mundo mágico y seguía concentrada con sus estudios.

—Déjame sola, por favor —Sentándose en una de las sillas de la mesa central, le suplicaba que se marchara y la dejara sola.

— ¿Estarás bien? —le preguntaba preocupado, pero la jovencita le afirmaba con la cabeza. Aquella sala era bastante insonorizada y el vocerío de fuera no llegaba, a no ser que alguien abriera la puerta—. Voy a tratar de conseguir información, desde que sepa algo sobre nuestros padres volveré.

Albus se marchaba de la biblioteca dejando a su prima como le había pedido, esta trataba de tranquilizarse, estaba sufriendo un ataque de ansiedad y sus nervios no mejoraron cuando otro alumno abría la puerta buscando, desesperado, a alguien a quien contar lo que estaba pasando, al ver a la pelirroja sentada en la mesa solo gritó: "¡Estamos en estado de guerra!". Aquello fue el colmo, empezaba a temblar y se llevaba las manos a la cabeza.

Vega la observaba, pero no pensaba decirle nada; ella había pedido estar sola y no la iba a privar de su derecho a estarlo. Scorpius, que también estaba observando que los nervios podían con ella, se levantó de la mesa y se sentó justo en frente de ella, aun sin decirle nada. El joven seguía leyendo su libro, pero de manera tranquila respiraba profundo y pausado por la nariz y soltaba el aire por la boca. El hecho de repetirlo una y otra vez, hizo que Rose le imitara y comenzara a respirar por la nariz y soltara el aire por la boca. Sin darse cuenta se estaba calmando.


A las afueras había una gran agitación, los alumnos no sabían qué hacer, muchos de sus padres trabajaban en el Ministerio y no saber qué sería de su suerte les estaba poniendo los nervios a flor de piel.

Los Jefes de las Casas, al igual que el resto de profesores, realizaban conjuros protegiendo el castillo, aquel acto no era para nada tranquilizador, pero el Director del colegio reunió a muchos alumnos en el gran patio medio de la escuela. Este aguardaba apoyado en el gran árbol que en una de las esquinas de aquel patio había. Todos esperaban que les dijera algo, pero para su desgracia no les podía decir nada nuevo.

El segundo hijo de los Potter buscaba a su hermano que también estaba sentado allí, estaba cumpliendo con lo que se esperaba de él y trataba de tranquilizar al resto de sus compañeros, aunque fuera su padre uno de los más expuestos a lo que ocurriera en el Ministerio. Con aquel gesto, su hermano se dio cuenta de que había antepuesto el estado de sus compañeros al de su familia, pero sin darle mucha importancia se acercaba hasta él.

— ¿Dónde está Rose? —le preguntaba a la vez que se sentaba a su lado.

—Me ha pedido que la dejara sola en la biblioteca —Nervioso miraba a su hermano por si sabía algo más de lo que acontecía—. ¿Sabes algo de nuestros padres?

—Nada, solo que estamos en estado de guerra y que en el Ministerio de Londres reina el caos —Ambos hermanos sentados entre la multitud, comenzaron a notar que el director del colegio iba a tomar la palabra, así que dejaron por un segundo de lado sus preocupaciones y se centraron en ver que les iba a decir.

—Estimados alumnos, desde luego que el inicio del curso no es para nada lo que me esperaba, hubiera deseado que fuera más tranquilo —Con aquel comentario, diciéndolo de manera graciosa, distrajo a los jóvenes de sus preocupaciones—. Veo que por aquí están muchos alumnos de primer curso, si no os habéis enterado ya, supongo que muchos os preguntareis el por qué de que soy un Director temporal en Hogwarts.

—Porque es un profesor itinerante —Uno de los alumnos más mayores se apresuró a responder.

—Señor Slater —El director parecía molesto con aquella intromisión, pero solo de apariencia, pues lo miraba evitando sonreírle—, sé que es un alumno aplicado que lleva años con nosotros, por supuesto que no me importa que me interrumpan preguntándome cosas pero: ¿Me haría el favor de no romper el encanto místico y misterioso de mi discurso? —al decir aquello, los otros compañeros sonrieron y le decían al que había interrumpido que estuviera callado.

—Perdón.

— ¿Por dónde iba? —Como el que se le había olvidado las cosas, se quedaba dubitativo pero enseguida y de manera graciosa pareció recordar el hilo de lo que quería contarles—Pues soy un profesor itinerante, lo que significa que suelo ir de un colegio de magia a otro, enseñando diferentes materias a los alumnos. Hace unos años, cuando la profesora Mcgonagall se jubiló, me ofrecieron el cargo de director hasta que encontraran a alguien adecuado para el cometido, pero me da a mí que me engañaron, pues de eso hace ya cinco años.

—Lo está haciendo muy bien Director Collins —Una de las alumnas le animaba a continuar en el cargo.

— ¿En cuántos colegios ha estado?

—En muchos, he instruido a alumnos de todos los continentes. Cada escuela es única y cada cual guarda sus propios misterios, en cada país del mundo suele haber una escuela, pero que sean reconocidas a nivel mundial ya son menos. Podría deciros cuales son las más grandes e importantes de cada continente. En el europeo hay tres grandes colegios y he dado clases en los tres, colegio Hogwarts, ¿no sé si lo conocéis? —les preguntaba haciendo que muchos se rieran—. En los Pirineos Franceses tenemos la Academia Mágica de Beauxbatons, que aunque se extienda la creencia de que es una academia femenina, es mixta. Y en Noruega tenemos el Instituto Durmstrang, que está en las grandes montañas del norte de la península escandinava.

— ¿Por allí no se encuentra una de las colonias más grandes de dragones?

—Noruega es muy grande, al igual que la cordillera que se extiende por la costa. Es un criadero bastante propicio para esas grandes criaturas, pero por fortuna están a mucha distancia el uno del otro.

—Por ser los tres más internacionales, ¿es por eso que estos tres colegios son los que forman el grupo del Torneo de los Tres Magos? —Intrigados por su discurso, los alumnos no dudaban en preguntar.

—Correcto, debido a su importancia en el mundo, estrecharon lazos entre ellas creando un evento. Estas tres escuelas formaron el primer torneo mágico continental de Europa, el famoso Torneo de los Tres Magos.

—Director ¿Sabe cuando se volverá a repetir?

—Pues eso es algo que hasta yo desconozco, pero os puedo asegurar que en cada continente tienen su propio torneo y el que se realiza aquí, es un juego de niños en comparación con el que se realiza en el Asiático —al decir aquellas palabras los jovencitos se quedaron pasmados—. En aquel continente tenemos otros tres grandes colegios, Koldovstoretz, una escuela de magia situada en la Rusia más oriental. Estudiar allí es duro por las condiciones climatológicas, pero su extraordinaria resistencia al frío es un gran orgullo para sus estudiantes, que soportan temperaturas de hasta menos cuarenta grados —dejaba pasar unos segundos, en los que los jóvenes pudieran hacerse una idea del frío que tendrían que soportar aquellos que asistieran a aquel colegio—. Situada en los mares del norte de Indonesia tenemos el Instituto de Magia de Gunung Yang Mendalam, que paradójico a lo que su nombre indica, Gran Montaña, es un colegio submarino sobre una gran montaña marina, que lo deja a muy poca profundidad. Por último y situada en Japón: El Centro de Enseñanzas Mágicas de Mahoutokoro.

—Dicen que el Centro Mahoutokoro es el más estricto del mundo.

—Pues no te equivocas, imaginaros que vivís a las órdenes de un cronómetro, cada minuto del día es utilizado de una determinada manera, pero siempre eficaz. Allí, el nivel de exigencia es tan alto que sacar menos nota que un S es una vergüenza, el porcentaje de "Extraordinario" en aquella escuela es el mayor del mundo —decir aquellas palabras dejaron a todos los que escuchaban asombrados.

— ¿Cuál es el torneo que realizan por allí?

—Pues veras, como estos tres colegios tienen un nivel de exigencia al alumnado mucho mayor, la competición que realizan es la Copa Abisal. Una serie de pruebas durísimas, en él pueden participar muchos más alumnos que en el que se realiza aquí, pero estos tienen que pensar las consecuencias de sus acciones, dado que el torneo tiene una tasa de supervivencia inferior al 30%.

— ¿Alguien se presenta a participar? —preguntaban atónitos.

—Si desde muy pequeños, te dicen que ganar esa competición te encumbrará de fama y poder. Que de los tres colegios, los más duros del mundo, has resultado ser el mejor de ellos. Eso es un argumento de mucho peso para animar a muchos a apuntarse al torneo —dejaba otros segundos para que pensaran en ello—. En el continente Africano, al igual que en el de Oceanía, solo cuentan con una gran escuela de magia reconocida a nivel internacional, en el caso del primero tenemos: la Escuela de Magia de Uagadou, situada en el África subsahariana.

— ¿Dicen que esa escuela es un castillo flotante sobre las nubes?

—Flotar..., flotar… no flota, es una gran fortaleza situada en lo alto de las montañas en las selvas ecuatorianas del continente, como siempre sobresale de un mar de nubes, de ahí radica la creencia de que es un castillo flotante. Eso sí, aquella altura es propicia para que los alumnos que estudian allí, sean de los mejores en la asignatura de vuelo —Cada vez eran más alumnos los que estaban agrupados en aquel patio, estaba lleno hasta el aforo—. En Oceanía tenemos La Escuela Superior de Magia de Wildernesforest, situada en el centro del gran desierto australiano.

— ¿No fue de ese colegio de dónde provino antes de llegar a Hogwarts? —Otro alumno aprovechaba lo que les contaba para preguntar dudas que tenía.

—Correcto, ese fue mi último destino antes de llegar al Reino Unido, aquella escuela es un vergel verde en mitad de un desierto inhóspito, oculto a los ojos Muggle —Su mirada se abstraía al recordar el penúltimo colegio donde había impartido clases.

—Tiene que ser precioso —Una alumna interrumpía al notar como su director se había quedado abstraído al recordar aquella escuela.

—No te equivocas, que se sepa es de los que más misterios guarda, el Colegio guarda miles de conductos y pasadizos, que se ramifican por toda la extensión verde; con deciros que hay alumnos que se han pasado semanas desaparecidos entre sus túneles, resolviendo algún que otro misterio. Por desgracia, ese nivel de actividades ajenas a los intereses académicos baja la nota media del alumnado, pues se pasan los siete años viviendo aventuras en lugar de estudiar —Observaba las risas y las caras ilusionadas de sus alumnos, que se imaginaban estudiando en aquella escuela.

—De todos los alumnos que se perdían, ¿cuánto tiempo fue el que más tiempo estuvo desaparecido?

—Creo que lo vimos llegar al colegio y no supimos más de él hasta que finalizó el curso —Aquel comentario hizo reírse a carcajadas a muchos—. Saltando de continente, en América hay tres grandes escuelas, una en el sur, otra en el centro y la última en el norte. En Brasil tenemos la Escuela mágica de Castelobruxo, perdida en lo más profundo del Amazonas. En el centro del continente tenemos el Colegio Quetzalcoatl —Iba a continuar cuando fue interrumpido por otro alumno.

— ¿Es verdad que ese colegio se sabe donde esta a principios del curso, pero el resto del año no?

—Pues sí, solo tiene una ubicación concreta determinados días del año, pero el resto está cada día en un lugar diferente, las lechuzas se vuelven locas yendo de un sitio para el otro y rara vez logran llevar el correo a tiempo —Con aquel comentario los alumnos volvieron a reírse—. Para finalizar, en el norte del continente, se erige el Colegio de Magia y Hechicería de Ilvermorny. Otro gran castillo entre montañas, con algo de parentesco a este.

— ¿Y el Instituto de las Brujas de Salem? También está en Norteamérica.

—Te digo más o menos los de carácter internacional y en los que he impartido clases. Ese instituto es 100% femenino, hasta el cuerpo de enseñanza es femenino y no he tenido la oportunidad de dar clases allí —Con su charla había conseguido distraer a los alumnos, una vez expuesto todos en los que había dado alguna asignatura, comenzó a explicar más sus características de una forma más específica.

Albus y James, al igual que todos los compañeros que andaban por allí, se habían quedado absortos y casi no prestaban atención al poderoso conjuro de protección que, a modo de cúpula, rodeaba todo el colegio. Los hermanos estaban tan atentos a las palabras de su director, que se les olvidó el estado de su prima, que aun seguía en la biblioteca.

Al cabo de unas horas, Neville Longbottom llegaba al gran patio, que estaba repleto de alumnos sentados. Su llegada sacó de su distracción al alumnado, que ahora le miraba muy atento. El Jefe de la casa de Gryffindor se aproximaba al director para comentarle algo, después de trasmitir el comunicado el rector de la escuela le permitió trasmitírselo a los alumnos, que estaban inquietos y deseosos de recibir noticias.

—La situación sigue siendo grave, pero los Aurores han conseguido neutralizar a uno de los enemigos, el resto van de país en país sin provocar muchas muertes, pero haciendo lo que quieren.

— ¿Qué nos ha atacado? —Entre muchas otras preguntas, los alumnos no daban crédito a que solo hubieran detenido a un solo enemigo, su desconocimiento sobre las fuerzas enemigas les hizo creer que tenían que ser un número mayor.

— ¿Mi padre está bien? —James no dudaba en preguntar a su profesor.

—Tanto tu padre, como muchos otros en el Ministerio están bien, solo se han producido tres bajas, dos aurores y un senador han perdido la vida. Nuestros enemigos eran, en un principio, cinco magos muy peligrosos. Ahora por fortuna solo quedan cuatro.

— ¿Cinco magos han sometido a todo el Ministerio? —Era el murmullo que se extendía por todo aquel patio.

—En efecto, solo cinco.

— ¿Se suspenderán las clases?

—No, desde el Ministerio nos ha llegado una nota que nos dice que el lugar más seguro donde podríais estar ahora es en una escuela.

—Jovencitos y jovencitas —El director tomaba ahora la palabra, aun estaba sentado en una de las raíces de aquel gran árbol, donde todos los alumnos podían verle—. No sé si os habéis dado cuenta de que hablando, se nos ha pasado la hora de la comida —Les hacía el gesto de que miraran como el sol en el cielo ya estaba atardeciendo y aunque oscureciera bastante tarde, ya casi era la hora de la cena.

— ¡Rose! —de repente exclamó Albus al oído de su hermano, se habían olvidado por completo de su prima y poniéndose en pie salían del patio en su busca.

—Nos va a matar por dejarla sola tanto tiempo —James expresaba preocupado, mientras el rector seguía hablando con el resto de alumnos.

—En una hora y media serviremos la cena, tenéis noventa minutos para acudir al Gran Salón. Allí os comunicaremos si hay más novedades.

Dicho esto, los alumnos se levantaron del césped y se marchaban a asearse para ir limpios a la cena del colegio, aunque aun se notaba que estaban intranquilos. El cuerpo de enseñanza se reunía para conocer los detalles de lo acontecido en el Ministerio.

Por parte de los hermanos, estos iban a toda velocidad a la biblioteca, donde al entrar ya el ambiente por allí estaba más relajado. La bibliotecaria estaba en su sitio y lo primero que hizo fue regañar a los hermanos por haber acudido allí con tanto escándalo. Disculpándose con ella, divisaron en la mesa central a Rose, que estaba tranquila leyendo un libro. Frente a ella, pero dos sillas más a la derecha, aun estaba Scorpius que seguía con sus estudios.

El hijo de los Malfoy, al ver llegar a los primos de la jovencita, se levantó y sin decir nada se marchaba de la biblioteca. James le miraba directo y desafiante pero este no le devolvía la mirada y desapareció de allí.

Sentándose a ambos lados de su prima, esta les golpeó con el libro que estaba leyendo. Fue un golpe tan rápido, que cuando la bibliotecaria alzó la cabeza para ver que había sido aquel sonido, todo se había vuelto a quedar en calma.

— ¿Dónde estabais?

—El director Collins estuvo hablándonos durante horas y no nos dimos cuenta que las horas pasaban —Albus desde su posición, veía como Vega aun seguía inmersa en sus estudios Muggle, en el pasillo lateral—. Nuestros padres y familiares están a salvo —decir aquello la tranquilizó del todo.

— ¿Ese Malfoy no te habrá molestado? —James le preguntaba.

—No, ha estado sentado y en silencio, ahí delante como un pasmado —La jovencita aparentaba estar molesta con su presencia, pero su comentario hizo toser a la otra niña que estaba sentada en el pasillo.

—Son los genes Malfoy, que se vuelven aun más idiota con el paso de las generaciones —James se burlaba del niño, pero aquel comentario hizo atragantarse a Vega, que esta vez se levantaba de su asiento y cogiendo sus libros para marcharse de allí, pero antes de eso se acercó a los tres.

—Por lo general no me meto donde no me llaman —Los miraba a los tres, para luego mirar a Rose en concreto—. Pero ese tal Malfoy ha evitado que te diera una crisis de ansiedad y ha estado acompañándote durante horas. En silencio, si, pero acompañándote. No llega a estar aquí y te juro que de ser por mí, te dejo que te desmayes sufriendo taquicardias y convulsiones en el suelo. A lo más que llegaría a haber hecho, sería ponerme mis fabulosos tapones en los oídos para no oírte —Mientras decía aquellas palabras James trataba de intimidarla con la mirada, para que relajara el tono de sus palabras, pero sus miradas no le causaban el menor efecto—. Así que solo te deseo que el próximo ataque de nervios que sufras, lo padezcas sola, para que aprendas a agradecer tan solo que alguien se ha quedado a tu lado —Cansada de las miradas de James, esta vez le miró ella a él, de una manera tan intensa y sin ningún temor que bajó los humos al mayor de los Potter. Dirigiéndose a él, ponía sus libros sobre la mesa y se inclinaba hacia el chico desafiante—. ¿Vas de chulo por el mundo? Si es así dímelo que te parto la cara aquí mismo.

— ¡Alumnos! ¡Silencio! —La bibliotecaria, exaltada por la discusión que se estaba caldeando, ordenaba que estuvieran callados.

Vega se marchaba con sus libros y su gato que la seguía allá donde fuera. Había dejado a los tres sin palabras sentados en sus asientos. Estos se pusieron en pie y los hermanos, a ambos lados de su prima, se marchaban de la biblioteca en silencio. Una vez a las afueras, mientras se dirigían a la Torre de Gryffindor seguían hablando.

—Esa fue la que ayer dio un espectáculo con el Sombrero Seleccionador —El mayor de los hermanos volvía pronunciar altivo, burlándose de la que le había amenazado—. Está un poco loca ¿no?

—Un poco loca o no… tiene razón —La pelirroja había admitido la realidad—. De no ser por Scorpius, me hubiera dado una fuerte crisis de ansiedad.

—Seguro que lo ha hecho con una intención malévola —James seguía tratando de buscar la manera de burlarse del rubio personaje, pero la llegada de sus compañeros de clase le distrajo.

—James —Uno de sus compañeros de su curso le gritaba desde el fondo de uno de los pasillos—. ¡Tenemos que darnos prisa si queremos llegar a tiempo al gran salón!

— ¡Ya voy! —Adelantándose, dejaba solo a sus familiares, para irse con sus amigos—. Nos vemos en el Salón del colegio.

Aunque fueran a parar todos al mismo sitio, había optado por ir con los de su curso. Aquel hecho no afectó a los dos más jóvenes, que seguían a su ritmo y no tenían tantas prisas por asistir antes que nadie al gran Salón.

Albus y Rose, se iban a sus correspondientes departamentos. En el caso del niño se reunía en los cambiadores con sus compañeros. Scorpius se había adelantado a todos, ya se había aseado y cambiado. Tras ducharse y ponerse togas limpias, puntuales como un reloj, fueron a reunirse con el resto. En el salón, en primera línea de la mesa de Gryffindor, separado del resto de alumnos de cursos superiores, estaba el rubio esperando.

Había una gran agitación entre los alumnos, todos esperaban a que aparecieran los profesores portando noticias. Al ser tan tarde, habían recibido el rotativo de la tarde de El Profeta donde explicaban, aunque tuvieran muy pocos datos, lo sucedido. Las imágenes de archivo de los cinco atacantes estaban en el interior del periódico, se habían convertido en la mayor amenaza de todo el mundo y lo peor, era que los cuatro componentes que aun estaban circulando sin que nadie pudiera detenerles, seguían en su viaje de Ministerio en Ministerio cogiendo lo que querían, sin que nadie conociera sus intenciones.

Al sentarse por completo los integrantes del primer año en la mesa, Rose, que aun seguía ignorando al rubio, cogía un periódico y lo leía. Allí relataba como su madre había sido herida pero se estaba recuperando de forma satisfactoria. Seguía leyendo y se horrorizó al ver a su padre en el cuerpo de los Aurores, no daba crédito a que su padre había vuelto a unirse al cuerpo de seguridad del Ministerio y solo pudo expresar sus pensamientos en voz alta: "Me voy a quedar sin padre, de seguro que si no lo matan los enemigos, mi madre lo va a matar."

Por su parte, Albus compartía periódico con otros dos alumnos, la columnista de los Aurores los había despedazado en su artículo, tratándole de incompetentes, arrogantes, inútiles y miles de adjetivos despectivos. Aun más destructiva fue cuando le tocó informar sobre la actuación de Harry Potter en el manejo de la situación, lo dejó como un completo pusilánime. Por fortuna, aquella información tan desagradable era contrarrestada con las declaraciones del Primer Ministro de Magia, que elogiaba la actuación del cuerpo de seguridad ante aquella crisis sin precedentes.

Toda la atención que tenían en los medios, se vio distraída por la aparición de los profesores en la sala. El equipo de maestros ocupaba sus respectivos asientos en la mesa y aguardaban la llegada del director, este no tardó mucho en aparecer y posicionarse delante del púlpito desde el que hablaría a los alumnos.

—Estimados alumnos, el día de hoy será un día negro en la historia de la magia, nuevas sombras amenazan el futuro. Pero ante la adversidad la luz siempre prevalece, en la historia encontramos miles de ejemplos que nos lo confirman —Con una actitud segura, les infundía valor a los alumnos—. Se confirma lo que os había comentado, el Ministerio ha confirmado que el lugar más seguro donde podríais estar ahora, es en un colegio, es por eso que mañana comenzarán las clases. Con los desafortunados sucesos acontecidos, no contamos, ni contaremos con un profesor de la asignatura de Historia de la Magia. Así que será un servidor quien os instruya en esa materia, por lo menos durante este año. En cuestión de seguridad quiero que quede una cosa bien clara, tanto yo como todo el profesorado, somos los responsables de vuestra integridad y hasta nuevo aviso, por vuestro propio interés, las salidas del colegio están prohibidas.

—Director —Uno de los Prefectos se atrevía a interrumpirle, animado por varios alumnos—. ¿Aun podremos volver a casa en navidades?

—Aun no lo sé, eso lo decidirá el Ministerio. Cuando llegue el momento, valorarán si es seguro que volváis a casa por navidades, o las tengáis que pasar en el colegio —Aquella noticia no sentó muy bien a los alumnos que bajaron la cabeza abatidos—. Que no os pueda el desánimo, mantened la esperanza, ya veréis como este asunto se soluciona.

Tras el discurso del director, los elfos del castillo sirvieron la cena y un silencio se produjo en el comedor, todo el mundo estaba preocupado y cenaron sin pronunciar palabra. Cuando terminaron, a diferente ritmo se iban marchando a sus respectivas casas.


Con la casa de Gryffindor reunida en su torre, allí si tenían que hablar algo lo hacían bajito, aunque la mayoría de ellos seguían releyendo el periódico. James estaba con sus amigos, cuchicheaban entre ellos, estaban conspirando la manera de evitar la prohibición de salir del colegio. Albus escuchó lo que estaban diciendo y pensando que la adolescencia les estaba afectando peor de lo esperado, decidió irse a su cuarto y dejar de escuchar a aquellos inconscientes.

Al llegar a su habitación, allí estaba Scorpius, con su pijama puesto, metido en la cama y leyendo un libro. Las colchas de la cama del rubio estaban casi sin arrugarse, no sabía cómo se había metido ahí dentro sin casi deshacer la cama. Pero dirigiéndose hasta allí, se sentó en la esquina arrugándola, cosa que no le hizo gracia a quien habría dedicado tanto esfuerzo por mantenerla tan estirada.

—Gracias por acompañar a Rose hoy —le decía distrayéndole de su lectura.

—Yo no la he acompañado, solo estaba a su lado de casualidad.

—No vengas con esas, que donde estabas sentado cuando la dejé en la biblioteca, no era el mismo lugar cuando volví a buscarla —Se levantaba en busca de su pijama y poniéndoselo, se metía en su correspondiente cama.

— ¿Me enseñas tu varita? —Estando los dos aun solos en el cuarto, de buenas a primeras el rubio le preguntaba.

—Claro, sin problemas —Haciendo que esta apareciera en su mano se la mostraba desde la distancia, la hacía desaparecer y a parecer.

—Es una pasada —El jovencito estaba alucinado.

— ¿Puedo formularte una pregunta? ¿Por qué estas en Gryffindor? —Aprovechando el momento en el que estaba más abierto a hablar, le preguntaba.

—Mi madre me inculcó desde pequeño que puedo optar a cualquier camino, así que cuando debatí con el Sombrero Seleccionador mi destino, le imploré que evitara enviarme a Slytherin. Desde generaciones se ha asociado a la Casta de los Malfoy con la casa de la serpiente, quería romper con esa tradición y demostrar a todo el mundo que puedo ser un gran mago, sin importar la casa en la que esté. Es por eso que ahora estoy aquí.

—Si eres de los nuestros ¿no sería mejor que te adaptaras al grupo? Si encima que somos pocos, optas por aislarte, no sé si esa era la intención de tu madre cuando te aconsejó a optar cualquiera de los caminos.

—Puede que lo haga… pero si me prometes una cosa.

— ¿El qué?

—Que no me arrugarás mi cama sentándote en ella —al decir aquello, Albus no pudo evitar sonreír y saliendo de su cama se acercó a la del rubio.

—Prometido —Estirando su mano se la ofrecía al otro niño— ¿Amigos?

—Por que no —Scorpius le correspondía la oferta de estrecharse la mano.

—Cuéntame, ¿cómo son las cosas en tu familia? —Ahora que habían iniciado una conversación, Albus comenzaba a hablarle y preguntarle cosas—En la mía, por el trabajo de mis padres es un poco caos, tenemos a Kreacher siempre al borde de un ataque de nervios, como soy el segundo y encima la menor es una niña, me mangonean desde todos lados.

—Al menos tienes la suerte de tener hermanos…, pero Albus —Ante las ganas de hablar de su compañero, el rubio le pedía que parara—, te importaría si dejamos la conversación para otro momento —Señalaba el libro que tenía entre las manos, el que estaba leyendo cuando entró en el cuarto, indicándole que estaba inmerso entre sus páginas.

—Ah sí, sin problemas, si yo también me iba a meter en la cama —Dando un salto, se metía en su cama y al ver lo intrigado que estaba Scorpius por la novela que estaba leyendo, hizo una última petición—. Si no te molesta tengo una última pregunta: ¿Qué lees?

—Es un relato de aventuras y misterios. Me encanta leer sobre ellos, en este libro en concreto: relata las aventuras de un grupo de magos adolescentes que parten a resolver el misterio del último huevo de Dragón que queda en su mundo.

—Parece interesante… ¿podrías leerlo en voz alta?

— ¿En serio? —preguntaba atónito, pero la afirmación de su compañero, le hizo cerciorarse de que iba en serio.

Pues haciendo lo que le había pedido, comenzó a leer en voz alta por el capítulo por donde iba. Leía muy bien y entonaba todo con tanto misterio, que dejó al joven Potter atento a lo que pasaba desde los primeros párrafos.

Los otros tres compañeros, que llegaban a la habitación para acostarse, al entrar se encontraron con el rubio leyendo en voz alta y a Albus indicándole que estuvieran en silencio, pues estaba muy atento a su lectura.

Todos los componentes de aquel cuarto, se cambiaban mientras comenzaban a seguir el hilo de la historia relatada, se metieron en la cama escuchando y así estuvieron hasta que acabó el capítulo. Con un solo capítulo leído, los cuatro compañeros de Scorpius le imploraron que continuara leyendo y mejor aun, que si era posible lo empezara desde el principio. Con cara de incredulidad, el joven Malfoy abrió el libro por la primera página y comenzó a leerlo otra vez desde el principio.