Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de FFVII. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.


El porqué de las cosas

Capítulo 10

"Aquel que está detrás del telón"

Por Lady Yomi


Después de esperar durante dos largas horas, Sadie consiguió verse con Barret Wallace, el líder de la resistencia. No era fácil acceder a este hombre, aún a pesar de tratarse de su jefe.

Barret era un hombre ocupado y de pocas pulgas. Con más maña para las tácticas militares, las armas y la planificación que para los recursos humanos. Sadie sabía eso... pero el hecho de que el rubio farsante (¡no era posible que ella, de todas las personas, olvidara el rostro de un Soldado de Shinra!) mencionara el nombre de Zack hacía que no pudiera contener la necesidad de transmitirle sus inquietudes a Wallace.

Repiqueteó la punta de su bota contra el suelo con insistencia, mientras oía como el sujeto acomodaba algunas cosas de su precaria oficina subterránea.

—¿Puedo entrar ya? —declaró sin poder disimular su ansiedad.

—Espera un maldito momento —su jefe suspiró, arrastrando una silla que chirrió contra el suelo de metal—. Llevo 10 horas aquí... más vale que esto sea importante Darcy.

La joven mujer se asomó al marco de la puerta, con los labios entreabiertos en un gesto de incertidumbre. Sabía lo que le preocupaba, pero justo en el momento de transmitirlo era como si no le dieran las palabras:

—Es sobre el tipo que encontré en la catedral...

—Sí —Barret le dirigió una mirada lenta y pesada, como si le hubieran dicho que las nubes estaban hechas de agua—. El tipo que encontraste.

—Dijo ser un Soldado, ¿verdad? ¿Qué sabemos de eso? ¿es cierto?

Su jefe asintió levemente, tomando una taza que yacía sobre su vieja mesa de café. —Aparentemente. No hay registros de nadie llamado Strife en las listas de Soldado... pero el tipejo dijo que eso cambió luego de que Sephiroth se desbandó en Nibelheim. Y no veo motivos para no creerle, atrás quedaron los días en los que eran como estrellas de rock para los estúpidos seguidores de la maldita Shinra.

—Si... quizá sea así —Sadie se mordió el labio.

Muy probablemente quizá —la corrigió—. No quieren la mala publicidad de uno de sus mejores Soldados quemando aldeas con civiles inocentes dentro, así que se portan como las ratas que son... y siguen usando a esos salvajes para sus trabajos sucios; pero en secreto, claro.

—Y este tipo... Strife —la joven se cruzó de brazos, observando como su jefe se servía café con su mano hábil— ¿Es un desertor o algo así?

—Hmm, a lo mejor sí... a lo mejor no. Me fío de su explicación acerca del registro pero no del todo de él como persona. Dijo que le contaron que pagábamos mejor que Shinra... y que por eso decidió cambiar de bando —estiró los labios en una línea recta y dejó caer las cejas sobre los párpados—. No me suena muy creíble.

Sadie soltó una risa grave, más por desconcierto que por diversión. —¿Está bromeando? Ellos ganan... ¡lo suficiente como para comprarse una placa entera!

Barret elevó la taza a modo de brindis, asintiendo concienzudamente con la cabeza. —Eso mismo. He ahí mi problema con él...

—Sí... —la mujer frunció el ceño, caminando hasta quedar frente a la mesa de Barret—. Hay que hacer algo para que demuestre su lealtad, ¿no?

—Ajá. Es lo que haré. Lo llevaremos a volar los reactores con nosotros. Si hace algo como eso puede considerarse carne de perro para Shinra y no será un problema que se vuelva un enemigo otra vez.

Sadie suspiró:

—Sé de lo que hablas; una vez en Avalancha, siempre en Avalancha.

Su jefe sonrió, enseñando su brillante dentadura al hacerlo. —Eso es, así son las cosas aquí abajo. Lo bautizaremos como se debe... —hizo una pausa tras darle un sorbo a su café y su expresión se tornó mucho más seria—. Pero imagino que no me hiciste tardarme en ir a ver a mi niña sólo para charlar acerca del destino del cabeza de nido ese...

La joven negó con la cabeza, balanceando su peso en los talones levemente:

—No. Es que él parecía desorientado cuando lo encontré...

—Típico de ellos. El mako les rompe la cabeza tarde o temprano.

—Si, quizá sí. Pero el mencionó a Zack...

—¿Quién?

—¡Zack!

Barret empequeñeció los ojos, tratando de recordar. —¿El tipo que limpiaba la grasera del bar?

—¡No ese! ¡El aprendiz de Angeal!

—Ah —El hombre soltó un largo suspiro, molesto al entender de quien hablaban—. El Soldado que estiró la pata.

Sadie se mordió el labio, elevando el mentón al hablar. —¡Nadie está seguro de eso!

—Igual que Sephiroth. Y si ese demonio estuviera caminando sobre la tierra... ya no quedaría ninguno de nosotros sobre ella para sorprenderse —le dirigió una larga mirada cargada de hastío—. Si el tipo estuviera vivo, ya habría ido por tu amiga ¿o no?

—Sí... ¡es decir... no! Quizá esté perdido, secuestrado, ocultándose o... ¡a lo mejor no recuerda nada de lo que pasó!

—Darcy... —Barret la miró fijo, con una de esas miradas duras como piedra que mantenían inmóviles aún a los veteranos de las filas de la rebelión—. Hasta este momento eras la más cínica de entre nosotros con respecto a Zack Fair. Decías que sólo querías tranquilizar a tu amiga, que nada más tratabas de pagar tu deuda...

Sadie retrocedió, desviando la mirada rápidamente. —¿Y quién dice que eso cambió, eh?

—Yo lo digo —Barret la observó por sobre el borde de su taza de café, el vapor de la bebida acariciando su frente suavemente—. Yo sé que quisiste mucho a Hewley. El sujeto te sacó de las calles y te trajo con nosotros... Sé lo que es perder a alguien por culpa de la asquerosa Shinra.

La joven ahogó un gesto de dolor bajo un ceño fruncido que ocultaba su agonía ante la mención del desaparecido Soldado. Se conformó con asentir seriamente y enmascarar su pena con el odio a la compañía que ambos compartían. —Lo volvieron un monstruo... Al final no pude hacer nada por él.

—Pero Zack no es Angeal.

Silencio.

Sadie lo miró por sobre el hombro, repentinamente acongojada por lo que acababa de oír. —Yo... ¡ya sé eso!

—No vas a traerlo de vuelta de esa manera —Barret le dio otro sorbo a su café—. Aunque lo conviertas en un fantasma de su maestro, el tipo no va a estar más vivo que él.

—Mira... ¡N, no es eso de lo que tenemos que hablar! —Sadie estiró y arrolló los dedos de las manos repetidamente, tratando de recuperar la calma—. ¡Lo que tenemos es que este tal ex-Soldado lo mencionó! Significa que lo conoce... y si entró a las filas luego de lo de Sephiroth... ¡lo vio luego de su supuesta desaparición!

Su jefe la miró de reojo, un poco más interesado por lo que tenía que decir:

—Ah, eso tiene sentido...

—¡Claro que lo tiene! —Sadie tomó aire, sintiendo que su corazón galopaba dentro de su pecho sin saber bien por qué, a lo mejor se debía a la emoción de tener una pista firme acerca de lo sucedido... para darle respuestas a Aerith, para no tener que ver esa expresión desanimada en su rostro otra vez—. ¡Han pasado cuatro años Barret... no veinte! Zack... ¡puede estar todavía por ahí!

Silencio. Su jefe esbozó una sonrisa maliciosa, dejando la taza a un lado:

—¿Estás segura que sólo lo buscas para que esa amiga tuya lo vea de nuevo?

—¡Ah! —la joven parpadeó repetidas veces, frunciendo el ceño dramáticamente al entender el significado de lo dicho— ¡Pero...! ¡¿P, para qué más va a ser?! —. Bajó la voz paulatinamente, rascando la parte trasera de su cuello distraídamente. —Y porque se lo debo, nada más...

Barret rió para sí, poniéndose de pie con cansancio evidente. —Bien. Tienes media hora para hablar con el tipo.

—¿De verdad? —su rostro se iluminó y se retiró hasta el pasillo con entusiasmo— ¡¿En dónde está?! ¡Iré ya mismo!

—En el bar, no tenemos motivos para dejarlo preso así que supuse que le haría bien codearse un poco con los nuestros antes de la misión... —se tocó la sien con el dedo índice, sonriendo de oreja a oreja—. Tifa siempre sabe si son de fiar nada más verlos, le quebrará la columna en tres partes si se pasa de listo.


El séptimo cielo era un bar si bien decadente, bastante concurrido por la gente de los suburbios.

La regente, Tifa Lockhart, no sólo era conocida por su belleza y amabilidad para con los clientes, sino también por su increíble don para el combate cuerpo a cuerpo... el que a menudo ejercitaba con alguno de los concurrentes que olvidaba respetar a los miembros del personal.

Este bar oficiaba de madriguera para la rebelión de Avalancha y Tifa no era ajena a sus reuniones, de hecho, era miembro del grupo eco-terrorista desde que sufrió la pérdida de los suyos a causa del horrible despertar de la bestia, de Sephiroth.

Sadie caminó hacia el lugar con paso decidido. Podía ver la silueta de la hermosa camarera recortada en una de las ventanas de la posada, junto a ella se encontraba el ex-Soldado. Al parecer tratando de alejarse de la mujer, la que lo increpaba acerca de algo que parecía alterarla mucho.

Ese tipo tenía que saber algo. ¡Tenía qué...!

La joven fue a cruzar la calle de tierra que separaba el bar de ella cuando una persona se interpuso en su camino:

—No puede hablar con Cloud Strife, aún no está listo para saber de Zack.

—¿Qué demonios? —Sadie retrocedió, tan sorprendida como fastidiada por el sujeto encapuchado que se atrevía a impedirle el paso— ¡¿Qué tanto sabes tú?!

—Tanto como para asegurarle que no es seguro ni para él ni para nosotros el revolver en sus recuerdos de Zack o... cualquiera de las cosas que pasaron hace cuatro años.

Sadie apretó los labios y repiqueteó la yema de los dedos en la culata de su fusil:

—Ah, un gitano con malos presagios. Hiciste bien la tarea con lo de los nombres y eso pero no tengo dinero para darte así que lárgate con tus misteriosas premoniciones a dónde te quieran escuchar... —irguió la cabeza y se movió a un lado, retomando su camino.

No se alejó mucho cuando sintió el agarre de una mano enguantada en su hombro, no era un agarre fuerte, sino uno débil e inseguro... como el de quien pretende sostener una pluma con dos dedos:

—Doctora Darcy... ¡por favor!

Silencio. Sadie abrió la boca un palmo, mirando sobre su hombro al encapuchado:

—¿Cómo me has dicho?

—¡Doctora...! ¡Quizá para usted fue una farsa pero... a mi me ayudó mucho! ¡Sé... que puedo confiar en usted y que me escuchará si se lo pido de corazón!

La mujer se detuvo vacilante, sintiendo que el pasado le había propinado una cachetada sin avisar; su voz no fue más que un murmullo cuando habló:

—¿Quién eres...?

—Y, yo... —el hombre entreabrió los labios una y otra vez, repentinamente inseguro acerca de como explicarse. Amagó a quitarse la capucha, pero su mano se quedó a mitad de camino, suspendida en el aire. Apretó los dedos con fuerza y soltó un suspiro—: Soy uno de sus antiguos pacientes... como verá. Usted... me ayudó con mi timidez y... ¡logré ser la persona desinhibida en la que nunca pensé que podría convertirme!

Sadie entrecerró los ojos, habían pasado tantas cosas horribles luego de que fue descubierta en Shinra que sus ratos tranquilos habían sido enterrados bajo la avalancha de terror que les siguió.

—No puedo recordarte bien... Quizá ¿si me dijeras tu nombre?

—N, no puedo yo... todavía trabajo para Shinra. Usted está con los rebeldes y... ¡no quiero problemas!

—¡Por favor! —avanzó un paso y sostuvo la capa que cubría al sujeto como si se sostuviera de la vida misma— ¡Te ayudé una vez... y no voy a hacerte daño ahora!

El hombre tragó saliva y miró a los lados antes de hablar, su mirada fija en la mano que lo sostenía con desesperación. No pudo evitar esbozar una sonrisa al hablar:

—De verdad está deseosa de saber de Zack, ¿verdad?

Silencio. Sadie llenó sus pulmones de aire lentamente, había olvidado respirar por más de diez segundos. —¡S, sí! —asintió sin soltar el agarre— ¡Y si me dices lo que sabes... prometo no molestar al ex Soldado!

La sonrisa del sujeto se pronunció aún más, y sus mejillas se arrugaron mientras soltaba un largo suspiro. —Doctora Darcy, Soy Kunsel... de la división de entrenamiento de Soldados de segunda clase. Y voy a necesitar su ayuda para solucionar lo que pasó hace cuatro años en la misión a Nibelheim.

Todo Midgar pareció congelarse, y la mujer se soltó lentamente de la capa del Soldado.

—¿Qué tiene que ver Zack con eso?

—Fue la última misión que cumplió antes de que se lo declarara perdido en acción. El lugar entero se incendió... y los pocos testigos que quedaron en ese pueblo se negaron a testificar.

—¿Y tienes pruebas firmes acerca de lo que pudo haber pasado?

Kunsel inspiró aire, mostrándose más que confiado al declarar:

—Estoy casi seguro de que sé en donde está Zack, doctora Darcy.

Sadie se quedó callada por unos segundos que al joven le parecieron eternos. Sus ojos verdes se clavaron en el interior del bar, para quedarse viendo a Tifa y a Cloud. Su intuición le decía que su decisión tendría un impacto tremendo en el destino de todos ellos.

¿Debía ir al bar y preguntarle al nuevo miembro de Avalancha sobre la carta?, ¿o seguir esta pista misteriosa (a su parecer demasiado buena para ser verdad), que el tal Kunsel le ofrecía? Sus labios se torcieron en un gesto amargo al posarse en la expresión de desinterés que coloreaba el rostro de Cloud. No estaba segura de poder acercarse a él después de la forma en la que se conocieron.

Quizá... seguir la ruta de Kunsel la llevaría por terrenos más prósperos.


¡Gracias infinitas por el interés!