Anduvimos un rato en silencio, solo admirando el paisaje, era un lindo cambio, agradable que llenaba el espíritu, renovaba la energía y permitía contemplar cosas que hasta aquel momento no se habían podido evaluar con cuidado. Lo último fue lo que me llevó a acercarme a Susan, apenada de mi comportamiento, puesto que era mi amiga y yo fui demasiado grosera.

- Su ¿puedo hablar contigo? - pregunté con la mirada clavada en el suelo, esperando que me alejara molesta, después de todo estaba en su derecho.

- Por supuesto - sonrió y no pude evitar sentirme peor.

- Lamento mucho el cómo te hablé cuando estábamos en el río - comencé bajando la voz poco a poco - pero el estrés del momento pudo más que yo, sé que no es excusa ya que tú también estabas bajo tensión, es solo que tú sabes que me cuesta trabajo manejar mi temperamento, pero aun así no me gustaría perder a mi amiga y menos por mis tonterías - terminé de explicar al final hablando rápido.

- Lena, está bien, te conozco y sé que no lo decías en serio, admito que yo también me excedí, digo, no entiendo cómo se me ocurrió que podíamos creerle a ese lobo, tu solo tratabas de hacerme entrar en razón, y puede que no fuese de la mejor manera, pero también es cierto que dadas las circunstancias no te di mucho margen para hacer otra cosa- estuve a punto de llorar cuando terminó de hablar, de inmediato la apresé en un abrazo y la escuché reírse al tiempo que lo correspondía.

- Muchas gracias, no sabes cómo me daba miedo que dejáramos de ser amigas - sonrió- imagínate, sin ti no tendría a nadie con quien intercambiar libros - reí y ella no tardó en seguirme.

- Yo también te extrañaría demasiado si fuésemos a dejar de ser amigas - concedió y sonreí.

Caminamos otro rato hasta terminar secos y sin pensarlo gravité hasta quedar junto a Peter, sin decir nada, tan solo caminando junto a él, manteniendo mis pensamientos para mí misma, agradeciendo el haber salido con vida del pasado predicamento.

Por un momento nos detuvimos a descansar y fue cuando los Castores nos avisaron que faltaba poco para llegar al campamento y mis ansias crecieron.

No sabía que esperar. ¿Aslan estaría decepcionado de mi presencia? Me preguntaba si al menos me permitiría quedarme o si me enviaría directo a casa, no podía abandonar a mis amigos, menos cuando aún no sabíamos si Edmund estaba bien, y en una nota más egoísta, temía que el lugar al que siempre había deseado llegar no fuese para mí.

Desde niña soñaba con algo más, había este sentimiento de vacío en mi interior que nada en mi mundo era capaz de calmar, si bien los libros y mis amigos la atenuaban, el sentimiento no desaparecía por completo. A mi madre no le gustaba y con el tiempo aprendí a dejar de mencionarlo frente a ella, pero papá, él era distinto, siempre que yo llegaba con él y le explicaba mi sentir el solo sonreía y me decía que lo supo desde la primera vez que me vio. Por eso, entre otras cosas, me dolía tanto que se hubiera ido, era el primero en apoyarme y quien mejor me entendía, quería mucho a mamá, pero mi alma soñaba con los mismos lugares que la de mi papá.

Reanudamos el camino hacia el campamento, aunque con mayor pesadez, dando por sentado que con la falta de nieve la bruja ya no podría usar su trineo y que eso terminaría por ralentizarla.

Llegamos a un valle lleno de vida, el sol brillaba con fuerza sobre este, pero sin ser inclemente, más bien, agradable, necesario, parecido a como estaba en el campo de la casa del profesor cuando llegamos a Narnia aunque más real. Alrededor del valle se extendían árboles que llegaban hasta donde alcanzaba la vista y en el centro se extendía un camino de tiendas, en su mayoría de colores rojos y dorados.

Pasamos junto a un riachuelo que llevaba agua cristalina y junto al mismo, de un árbol se desprendieron pétalos con el soplido de una brisa imperceptible y éstos formaron una figura femenina, alta y bella que nos dirigió un saludo al que Lucy correspondió con calma y una sonrisa típica de ella.

Avanzamos entre las tiendas, todos los sonidos de trabajo pararon y las miradas se clavaron en las tres figuras humanas alineadas por estatura frente a mí, mis amigos, los reyes de la profecía, aquellos por los que habían esperado durante décadas, al fin estaban entre ellos.

Faunos, leopardos, enanos, osos, centauros, caballos, tejones, perros, cerdos, grifos, gorilas y hasta un rinoceronte, todos con sus ojos puestos en nuestro pequeño grupo que no tenía dificultad para destacar y yo solo podía asombrarme con todas las criaturas que ahí se encontraban, una cosa era leer o escribir sobre ellos, pero era completamente diferente verlos a tan solo metros de distancia examinándonos a cada paso como si nosotros fuéramos las criaturas míticas, aunque supongo que considerando todo, ese era el caso.

- ¿Por qué todos nos ven así? - cuestionó Su entre dientes, sonriendo a los seres a nuestro alrededor, pero con dificultad en asimilar todo.

- Tal vez creen que tu cara es fea - respondió tranquilamente la más joven ganándose una risa por parte de su hermano y una mirada que intentó parecer ofendida por parte de su hermana; al parecer se le había contagiado lo de Ed; tras ese pensamiento sentí una punzada en el pecho al pensar en lo que podría estar sufriendo mi amigo.

Finalmente nos detuvimos frente a la carpa de mayor tamaño ubicada al final del camino, justo afuera de ésta, custodiando la entrada, se alzaba un centauro de mayor tamaño que los que habíamos visto en nuestro recorrido, su parte de caballo cubierta de pelaje marrón oscuro y su cabello y barba eran de ese mismo color y piel bronceada.

Peter desenvainó su espada, alzándola y mostrándosela al centauro que se mantenía serio.

- Hemos venido a ver a Aslan - declaró con voz fuerte y clara, sin rastro alguno de nerviosismo, aunque al fijarme bien pude ver como su mano temblaba casi imperceptiblemente; casi.

El centauro solo giró su rostro hacia la entrada de la tienda, el viento sopló moviendo ligeramente las telas que ocultaban el interior de los ojos curiosos, se escuchó el movimiento de las armaduras y antes de que terminara de registrarlo, todos estaban reverenciando, Peter bajó su espada. Una enorme pata de pelaje del color de la miel fue lo primero que asomó y no pasó mucho tiempo antes de que el resto del cuerpo le siguiera, al fin comprendía la razón de que la imagen del león se repitiera tanto y mentalmente me golpeé por ello ya que era bastante lógico una vez que se pensaba.

El león más bello que jamás haya existido, con dorada melena y regios ojos cual oro fundido, avanzó hasta quedar justo frente a nuestro pequeño grupo, a paso lento pero confiado, intimidante, aunque sin llegar a hacer sentir mal, era un ser resplandeciente. No podía apartar mis ojos de él, mirarlo era como fijar la vista en el sol, aunado a una fuerza magnética que impedía mirar hacia otra cosa que no fuera él. Quedé de rodillas, mi cuello torcido para poderle ver, pero no me molestaba, mi cuerpo no dejaba de temblar y sin embargo me inundó una paz que jamás había experimentado.

- Bienvenido Peter, hijo de Adán, bienvenidas Susan, Lucy y Helena, hijas de Eva y bienvenidos Castores, les gradezco – su voz era rica y solemne y miró fijamente a cada uno al decir su nombre – pero ¿y el quinto humano? - solo eso bastó para recordar toda la sucesión de hechos que nos habían llevado a estar frente a él y el ánimo decayó en un parpadeo.

- A eso venimos, Señor - respondió Peter poniéndose de pie, a lo que las demás le seguimos- a solicitar su ayuda – dicho eso devolvió la espada a su vaina.

- Es que tuvimos problemas en el camino - comenzó a explicar Susan.

- Nuestro hermano fue capturado por la Bruja Blanca - finalizó Peter, su voz a punto de quebrarse, queda, como si el solo decirlo volviera aún más real la triste situación.

- ¿Capturado? ¿Cómo es que pasó? - bajamos la vista, librando una lucha interna para decidir el cómo explicar.

- El los traicionó así, majestad - terminó el señor Castor, probablemente viendo que ninguno encontraba las palabras, y los cierto es que seguramente nunca las hubiéramos encontrado, pero es que ¿cómo explicas que te han traicionado? Familia, en mi caso un viejo amigo, se dio la vuelta y se vio atrapado por algo terrible al no querer seguir con nosotros, era un golpe duro, en especial para ellos.

Se desató un revuelo, murmullos entre el ejército que solo aumentaban de volumen, rugidos y quejas por parte de todos llamándolo traidor, acusándolo, pero ellos no comprendían, Edmund era tan solo un niño, difícil, no lo niego, pero finalmente un niño, si bien nos lastimó con su traición, eso no definía todo lo que él era. Un pequeño rugido de Aslan bastó para calmar el barullo.

- Debe existir una explicación - entonces volvió a dirigir su mirada hacia nosotros y supe que esta vez no podríamos evitar responder.

- Es mi culpa, Señor, yo fui muy duro con él - escucharlo de ese modo me partió el corazón y me hizo maldecir por primera vez que fuera así. No era su culpa, él hizo lo que creyó que debía, la bruja había tomado ventaja de la tensión en todos. No estaba él solo, yo también pude hacer algo, pero me dediqué a ignorarlo.

- Fuimos todos – la suave voz de Susan interrumpió mis pensamientos, tan lista como siempre sabía cómo transmitir tanto usando tan solo dos palabras, vi que yo no era la única que pensaba aquello y también noté que un poco del peso invisible sobre los hombros de mi mejor amigo era levantado al ver que su hermana no lo condenaba, sino que en su lugar compartía la culpa con él.

- Es nuestro hermano - agregó Lucy, otorgándole simpleza al asunto, sonreí para mi ante su sabiduría a tan corta edad, no se trataba de lo que había hecho, esa sola frase era suficiente, indicaba que eran hermanos y por consiguiente era parte de su relación el pelear, que, sin importar el error de Ed, no dejaba de significar mucho para ellos, porque en el fondo, lo único que importaba era que eran hermanos.

- Lo sé, pequeña, pero eso solamente empeora su traición - respondió gravemente el gran león - salvarlo no será sencillo - lo último dio paso a un rayo de luz dentro de mí, la esperanza de rescatarlo se instaló en mi con más intensidad que antes, puesto que Aslan no me parecía alguien que haría afirmaciones sin conocer, por lo que, si él lo decía, era seguro que, aunque difícil, no sería imposible – ahora, han hecho un largo viaje, vamos a instalarlos y será bueno que descansen.

Fue lo último que nos dijo antes de retirarse de nuevo al interior de su tienda. Con eso todos reanudaron sus tareas y unas ninfas se acercaron a nosotros, una mujer hermosa, cuyos cabellos recordaban el movimiento de las aguas de un río, se llevó a Peter, mientras que con nosotras fue una mujer con flores y hojas en el cabello la que se acercó y nos indicó que la siguiéramos hasta una tienda cercana, donde había tres camas improvisadas pero que lucían tan cómodas que hizo falta mucha fuerza de voluntad de mi parte para no acostarme sobre una de ellas tan pronto como las vi. Ahí mismo estaban otras dos dríadas que nos veían expectantes.

- Majestades, permítannos vestirlas con ropas nuevas y más cómodas - se inclinaron frente a mis amigas y no pude evitar sentirme completamente fuera de lugar. Las dos que ya esperaban comenzaron a mostrarles vestidos por montones a las chicas y ellas se divertían comparando y opinando una con la otra. Estaba a punto de retirarme cuando la voz de la dríada que nos había llevado a la tienda me detuvo, haciéndome girar sobre mis talones y encararla.

- Si miladi gusta, puedo ayudarla a vestirse - sonrió y la imité lo mejor que pude, debía ser amable, ella no tenía ninguna obligación de atenderme - claro, si usted lo prefiere.

- Si no es molestia, me encantaría - respondí sonriendo, tratando de alejar los pensamientos negativos de mi cabeza, tenía que disfrutar de mi estancia aquí mientras durara.

- ¿Le gustan los vestidos que tenemos? - preguntó mostrándome de los que estaban en otro baúl que había fallado en notar cuando recién entramos - o preferiría utilizar... - su voz se apagó mientras rebuscaba para luego sacar lo que menos esperaba que me ofrecieran.

- ¿Está segura de que puedo? - pregunté atónita al ver el conjunto que me ofrecía, claro que me gustaba, pero no estaba segura.

- Por supuesto, señorita, si usted quiere es suyo - sonrió sin entender mi reacción. Finalmente, accedí, nos pusimos detrás de un panel de madera y ahí me ayudó a ajustarme la ropa como era debido, yo estaba nerviosa y entusiasmada a la vez, a pesar de que, si lo había visto antes, yo jamás había tenido la oportunidad y sinceramente no sabía que esperar al usar eso.

Poco después ya estaba totalmente vestida con mi nueva indumentaria, incluso tenía atada a mi cintura mi espada y en la mano izquierda el brazalete con la pluma. Salí de atrás del panel y quedé frente a las chicas que ahora usaban largos vestidos hasta los tobillos con faldas delgadas y aparentemente frescas, el de Susan era de un color como el de los pinos y el de Lucy era de color azul claro y su cabello ahora estaba semi recogido con pequeñas flores. Ambas me voltearon a ver y me volví demasiado consciente de mi apariencia.

Vestía un pantalón ligeramente ajustado alrededor de las piernas, aunque sorprendentemente cómodo, una blusa holgada y ligera que llegaba hasta la mitad de mis muslos y tenía mangas hasta los codos, sobre ésta, otra blusa, ahora de piel y más corta, sin mangas, que me sujetaba el busto y cubría hasta la cintura, de color marrón y para complementar unas botas de piel del mismo color. Jamás en mi vida había pensado en usar algo tan osado y lo más curioso es que me sentía muy cómoda en aquellas ropas aun cuando temía la reacción que podría provocar.

Susan al principio arrugó un poco la nariz, pero luego sonrió dándome su total aprobación en cuanto a mi indumentaria, junto a ella, Lu también me sonrió y me sentí más relajada.

- Te ves increíble, espera a que Peter te vea - ese comentario me envió de nuevo a ese lugar oscuro donde me volvía demasiado consciente de mí misma y temblé tan solo de pensar en la posible reacción, luego me di cuenta de sus palabras.

- Por, por qué lo, que, ¿por qué lo dices? - tropecé con mis propias palabras, nerviosa y fingiendo no saber a qué se referían, según yo para que no se dieran cuenta de mis sentimientos.

- Lena, primero, eres una terrible mentirosa, segundo, sabemos que te gusta Peter, resulta bastante obvio para quien los vea, salvo por él, que parece estar ciego – Lucy rio y sentí mis mejillas arder tanto que por un segundo creí posible el estar quemándome en vida.

- Pues yo, ustedes, yo no, digo – no sabía cómo responder a eso, mis palabras solo salían sin formar una frase congruente.

- Te apoyamos, además le gustas a Peter - habló la más chica y si hace un minuto me estaba quemando viva, en ese instante me encontraba parada en el sol.

- Ustedes ¿cómo? yo, él, gustar, no ¿quién? - volví a divagar, incapaz de entender lo que acababan de decir.

- Somos sus hermanas, solo sabemos, aunque él aún es demasiado lento como para darse cuenta – dijo Susan rodando los ojos con una media sonrisa - anda, ahora ve a hablar con él y a que te vea, nosotras iremos al riachuelo que vimos al llegar, luego nos alcanzas - declaró antes de salir de la carpa junto a su hermana y sin darme tiempo a debatir. Lo pensé bastante y finalmente decidí que, si bien no podía decirle todavía nada, si podía ir a hablar con él, quería saber cómo se sentía.

Salí y justo en ese momento vi a Peter caminar frente a mí, un par de metros más adelante. Vestía como un verdadero personaje salido de uno de los cuentos que tanto me gustaban, como si un héroe de Camelot hubiera saltado desde las páginas de mis libros. No tardé en llamarlo y él se dio la vuelta para encararme, sus ojos se abrieron más y su boca quedó ligeramente abierta.

- ¿Acaso me veo mal? - pregunté agachando la cabeza, inspeccionando mi vestimenta, buscando algo que fuera demasiado inapropiado o revelador, era osado, pero no pensé que fuera vulgar, en realidad me había parecido lindo.

- No, para nada, es solo que nunca te había visto así y me sorprendió, pero te queda bien – lo escuché decir apresurado, casi no entendí las últimas palabras. Simplemente asentí.

- ¿Cómo te sientes? - le pregunté, recordando para que lo había llamado.

- ¿Qué te digo? Edmund sigue con la Bruja, ni siquiera sé si aún está vivo – su voz se quebró, corté la distancia, lo tomé del brazo atrayéndolo hacia mí y lo abracé, dejando que ocultara su rostro en mi cuello, en un intento de serle de apoyo de la misma forma que él me había apoyado tantas veces desde que nuestros padres se habían marchado a la guerra.

- No es tu culpa, yo también pude hacer algo, parte del trato con mi madre para que me dejara ir con ustedes era ayudarte, ayudarlos, sin embargo aquí estamos y yo no hice nada, tan solo fui una espectadora, no te martirices cuando hiciste todo lo que podías, las chicas no te culpan, yo no te culpo, tu no deberías culparte - terminé acariciando su espalda del mismo modo que mi madre solía hacer cuando despertaba de una pesadilla, su cuerpo se sacudía violentamente mientras lo único que podía hacer era abrazarlo, manteniéndolo en el mismo lugar con esperanzas de evitar que colapsara y se cayera a pedazos.

Eso es todo por el momento.

Espero volver a actualizar pronto, realmente me estoy esforzando y las ideas no abandonan mi cabeza, ya hasta tengo planeadas varias cosas para la siguiente historia, la cual retomaría en el punto en que ésta acabe.

De nueva cuenta no me canso de agradecer a quienes deciden darle una oportunidad a este fic que desgraciadamente es escrito por alguien que perdió ritmo durante tanto tiempo. Aunque no dejo de esforzarme y trabajar en esta historia que ha rondado mi cabeza durante años y que les aseguro no planeo dejar inconclusa.

Agradeceré aún más que dejen reviews sobre errores que vean o sugerencias y opiniones, claro, pidiéndoles todo el respeto al momento de hacerlo.

Disclaimer: los personajes aquí utilizados son obra de Lewis y la única que me pertenece es Lena al igual que sus padres. Yo solo juego con ellos para mi disfrute y espero que también para el suyo.

-Annie Alyss