Candy llevó el extracto de la planta medicinal y el brebaje para que se le calmaran los dolores a Albert, lo encontró sudando y lamentándose: ¡Dios mío quítame este sufrimiento! Mitígalo, se me hace insoportable—ella se sintió compadecida por él.
-He traído el gel, verá que con esto se le quitarán un poco las molestias, pero primero tome el té que le preparé estoy segura que lo tranquilizará.
Albert agarró la taza y bebió, Candy le vio la mano donde estaba mutilado.
—Le aplicaré el gel-Candy le retiró la taza, agarró aquella sustancia gelatinosa y se la aplicó con mucho cuidado en las quemaduras, el trataba de portarse valiente y no mostrar que le ardía
— ¡Que terrible ha de ser el infierno! Donde el fuego nunca se apaga, no quiero tener ese castigo eterno.
-¡Por supuesto que no lo tendrá! Si usted cree en Jesucristo irá al cielo.
-Yo creo en El, pero maté a tantos hombres en esa maldita guerra, me parece ver los rostros de todos suplicándome que les perdone la vida. ¡Mi pecado es tan grande!-lloró llevándose las manos a la cara.
-Usted cumplió con su deber, eran ellos o usted William, ya no se martirice, además no hay pecado que sea tan grande cómo el amor de Dios.
-¡Gracias Candy! sus palabras me consuelan
Después de unos minutos en las partes que ella iba cubriendo con el gel, él se pudo sentir aliviado.
Cuando terminó de aplicar el aloe el sueño lo venció por aquel brebaje, después de algunos minutos soñó que Terry estaba en el piso diciéndole sus últimas palabras.
-¡Noooo! –gritó Albert sudando y con la respiración entrecortada .
Candy quien estaba a su lado comenzó a cantar: De paz inundada, mi senda ya esté, o cúbrala un mar de aflicción, mi suerte cualquiera que sea diré: Recibí, Recibí Salvación
Recibí, salvación. ¡Aleluya estoy bien con mi Dios!
La fe justifica y paz tengo yo, camino con Cristo Jesús, él marcha a mi lado me guía su luz, ¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios.
Albert se fue tranquilizando al escuchar la voz de Candy, su respiración se controló poco a poco y cayó en un profundo sueño.
Candy esperó varios minutos para salir de la habitación, Dorothy tenía al niño.
-Señora ¿cómo sigue el señor Andrew?
-Pudo dormirse, pobre, lo que sufrió los remordimientos no lo dejan en paz.
-¿Regresará a la hacienda?
-No sé, todo depende de lo que él decida, aunque yo no quiero irme hasta que lo vea bien, necesito buscar un empleo para no ser una carga para él.
-Usted es la madre de su hijo y estoy segura que eso lo valora mucho, no creo que la despida en todos sus días.
Mientras al duque le llegaba la información que había solicitado.
Duque Granchester es para mí difícil dirigirme a usted por medio de estas líneas, siento pesar por lo ocurrido a su hijo es algo sumamente penoso, el mariscal que dio la orden para ejecutarlo falleció en el campo de batalla y de los que alzaron sus armas contra él sólo sobrevivió el que le dio el tiro de gracia, el mayor General William Albert Andrew que está bajo la protección del Duque de Albany quien goza del favor del Rey, le aclaro que William Andrew sólo ejecutó las órdenes que le dieron
Sin más por el momento me despido y espero que su hijo haya encontrado la paz para su descanso eterno.
Se despide de Usted
Conde Douglas Haig
-¡Fue el! ¡Maldito y mil veces maldito! ¡Él le quitó la vida a mi hijo! juro que me vengaré
Eleonor logró escaparse nuevamente de la vigilancia del Duque esta vez se embarcó con rumbo desconocido.
-Buenos días Señor William
-Buenos días Candice
-¿Cómo amaneció hoy?
-Dormí toda la noche y no tuve pesadillas
-¡Me alegra escucharlo!
-Gracias a usted
-dirá gracias a Dios.
-Después de que desayune le aplicaré más gel.
Albert asintió.
-¿Podría traerme por unos momentos a mí hijo?
-¡Claro que sí! Ahora mismo iré a buscarlo
Candy llevó al bebé y se lo acercó con mucho cuidado para que lo besara en la frente
-¡Es tan hermoso!
-Sí, lo es
-Sería posible que usted se sentara en la cama con él para que lo contemple por unos minutos.
La cama era tan espaciosa que Candice accedió
-Quisiera bautizarlo en cuánto sane ¿Qué le parece la idea?
-¿Será que accedan a bautizarlo? Sabiendo que soy madre soltera.
-Le explicaré al ministro, si ven alguna objeción de seguro me disciplinarán por la forma en que se dieron las cosas.
El niño se puso a llorar, Candy lo revisó y comentó—Al parecer tiene hambre—ella se sacó el pecho, a Albert le brillaron los ojos, simultáneo a ello le llegó a la memoria cuando la hizo suya.
-Es increíble como esos pensamientos pecaminosos son más fuertes que mis dolores-pensaba Albert.
Pasaron las semanas y a Albert le quedaron terribles cicatrices por las quemaduras.
-Llegó el día en que mi presencia ya no es necesaria en esta casa, me regresaré a la finca
-Candice quiero que se quede, deseo tener a mi hijo cerca
-Señor William ¿Qué pensará la gente?
-La gente ahora piensa en que se acabe la guerra
-Buenos días Señor William-interrumpió George
-George ¿cómo va todo?
-Disculpen, no sabía que estaba acompañado
-Yo me retiro-dijo Candy
-Vine a informarle que han abierto otra fábrica de municiones
-Creo que es hora de que cerremos nosotros, ya no es necesario que continuemos las operaciones.
-Pero todavía no ha acabado la guerra
-¡Ya no quiero abastecer al ejército para que sigan matando a más gente! ¡Dios me demandará su sangre!
-Señor William usted no tiene la culpa, nos vimos obligado a abrir la fábrica porque se requería
-Te pido que hagas lo posible para que ya se cierre.
Ese día llegaron los Legan a visitar a Albert.
-Nos acabamos de enterar que estás aquí, ¡Gracias a Dios regresaste con bien!-dijo Sarah
-Sí, Dios fue bondadoso conmigo.
-Vimos a esa mujer en el salón con tu hijo
-Se llama Candice y no quiero que te refieras a ella despectivamente
-William ¿Por qué no nos dijiste que querías un heredero? Te hubiésemos cedido a Eliza si tanta era tu premura, no que te mezclaste con esa mujer vulgar
-Candice no es vulgar, es enfermera
-Pero no tiene clase, ni distinción…
-Ustedes bien saben que eso no me interesa, por favor les pido que se retiren me siento un poco indispuesto, necesito descansar.
Sarah y Raymond bajaron, ella ni volteo a ver a Candy pero Raymond se acercó a ella.
-¡Es hermoso el hijo de William! Lo hicieron con mucho cariño—Candy se ruborizó al escuchar el comentario
-Mi nombre es Raymond Legan, me comentó William que es enfermera, hay un hospital de mujeres ahí trasladan a los heridos de guerra, se requiere de mucha ayuda, sería bueno que se involucrara
-Gracias, se lo comentaré al señor William para ver qué opina.
-Me retiro—Raymond se llevó a la boca la mano de Candy despidiéndose con un beso
Candy fue a la recámara de Albert, tocó la puerta—Adelante—contestó
Albert se miraba al espejo, estaba sin camisa
-¡Quedé deforme! Mi cuerpo está lleno de cicatrices, soy aberrante
-No diga eso William, por la gracia de Dios no sufrió daño en su rostro
-Le daré asco a cualquier mujer, quizás las cicatrices son el castigo perpetuo que recibí por asesino.
-Quizás a una mujer fatua, pero estoy segura que Dios le tiene destinada a una doncella que lo ame por sus sentimientos no por su apariencia.
-Cuando me acaricie sentirá mi deformidad.
-No exagere sólo es en el pecho, el estómago y la espalda
-Se olvidó de los dos dedos que perdí, jajaja mencionó casi todas las partes de mi cuerpo
-Me alegra verlo reírse
Él la miró a los ojos-Cuando yo la acaricie ella sentirá escalofríos
Se acercó a ella y le pasó los dedos mochos por su brazo-
A Candy se le puso la piel de gallina
-Ya ve, usted misma sintió escalofríos
-Yo no sentí escalofríos por sus dedos, sino porque del único que me he dejado acariciar es por mi esposo, por eso fue que me sentí incómoda porque usted y yo no tenemos ninguna relación.
Hola chicas les agradezco sus comentarios.
Que tengan un lindo fin de semana.
Era imposible que alguien que estaba en el frente de la batalla no sufriera ningún daño.
