¡Hola, hola mis corazones hermosos!, sé que ha pasado bastante tiempo desde la última actualización y creo que si señalara las razones por mi demora (desde las más banas hasta las más serias) se haría muy larga esta introducción. Solo quiero decirles que estoy muy feliz con todo el apoyo y la atención que recibió el último capítulo y que en verdad lamento haberlas dejado en un hilo. Quiero creer que aún siguen aguardando cada capítulo con expectativa y nuevamente me disculpó por mi lentitud ajaja pero como siempre, regreso con un capítulo más largo que compensa la demora, supongo. Las extrañé como no tienen idea y leer sus reviews me animó mucho para sacar este cap que es sin duda tedioso pero importante para el que sigue. Demasiado. Así que mis florecitas de albaricoque, ¡pongan su playlist de música china y disfruten!
Agradezco a estas personitas porque cada una de ellas fue parte de la realización de este cap: a Magi Allie, mi ami que me ayudó con el fic y me iluminó en algunos detalles indispensables además de hacer dibujos preciosos de Eren y otras cosillas ajaja, a Yupina BL, ¡mi baby!, porque siempre está ahí para escucharme y (presionar un poquito ajaja) agilizar mi proceso de escritura y amar este fanfic tanto como yo. A Rivai por sus preciosos dibujitos de Eren cairen y Levi emperador ¡quedaron tan hermosos! Cada vez que me enseñas uno nuevo te superas, admiro tu trabajo. A Kuroko por ser tan dulce y estar pendiente del fic, ¡te mando un abrazo corazón! y a mi Lala porque ella tanto como yo ama a Hanji male (sí, por si no recuerdan Hanji aquí es hombre) ¡espero que te guste, lo hice con ilusión!
Los personajes no son míos, son de Isayama, llevo dos años olvidando esta linea jajaja.
Ahora el significado de algunas palabras por si no las conocen o no las recuerdan:
Fitoterapia: Es el uso de productos de origen vegetal para la prevención, la curación o el alivio de una amplia variedad de síntomas y enfermedades. Forma parte de las llamadas terapias naturales.
Miosotis: Conocidas como "nomeolvides" se encuentran entre nuestras flores más populares en cuanto a emblemas e historias.
Shifu: Es un término chino que se traduce principalmente como 'padre adoptivo' también puede ser traducido como 'maestro' o 'profesor'.
Xuésheng: Se puede traducir como estudiante, alumno o aprendiz.
Qi: Es un principio activo que forma parte de todo ser vivo y que se podría traducir como "flujo vital de energía". El concepto se encuentra en la filosofía china, en el taoísmo y en la medicina china.
Recuerden que si tienen alguna duda, sea pequeña, pueden dejarla en los reviews y yo con todo mi cariño se las responderé. Al final he respondido a sus hermosos reviews como siempre.
¡Ahora pueden leer!
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Los sauces lloran la sombra de la muerte
"Un callado y adorable muchacho quedó conmigo en la torre de la muralla; no lo veo en parte alguna. Un silencioso y bello muchacho me dio una hoja roja; tan bella y delicada como él. De los prados trajo un retoño bello y raro; no es que él sea adorable pero me lo dio esa hermosura de muchacho."
Lentamente el cairen fue despertando de su plácido sueño con la suavidad de la brisa tibia que el amanecer traía consigo. Uno a uno sus sentidos iban percibiendo lo que lo rodeaba a pesar de mantener los ojos cerrados; escuchaba a lo lejos las hojas de los árboles crujiendo al ser agitadas por el viento, el tintineo metálico e intimidante de las armaduras de los guardias al recorrer las calzadas, el repiqueteo dulce y débil de las alhajas de las mujeres de su palacio. Su piel era cobijada por la delicadeza de la seda que revestía la ostentosa cama, rebosante de almohadones y almohadas de exquisitos bordados y texturas. Se sentía extraño a pesar de la comodidad que experimentaba, pues no estaba acostumbrado a la sensación directa de su piel con la tibieza de las mantas, era como si de repente su cuerpo se hubiese despojado del peso de las preocupaciones que los días traían consigo. Era tanta la paz, la suavidad, que se obligó a abrir sus parpados para asegurarse de no encontrarse aún en un sueño.
Parpadeó cortamente, acostumbrándose a la parcial oscuridad de la amplia recamara donde el tiempo parecía no estar presente pues todo se encontraba en absoluta quietud. Algunos muebles del interior recibían los chorros de luz matinal que se filtraba a través de la intricada ornamentación de las finestras, o en medio de los diseños florales de las celosías que apenas eran cubiertas por finas cortinas de muselina de seda en las épocas de verano. Sus ojos perezosos no viajaron más allá de lo que podían percibir entre la luz y las sombras; la seda bordada del dosel y la gasa hilada colgaban desde las vigas de madera oscura impidiéndole observar los despojos de la noche anterior que él y el emperador habían provocado. Frotó con delicadeza sus parpados para tratar de alejar el sueño que aún se cernía sobre ellos, reprendiéndose al instante mientras apartaba sus dedos de ellos pues solo provocaría que con los años la piel de sus ojos se estirara y afeara prematuramente. Estiró sus extremidades para desentumirlas y así sentirse más despierto pero cuidando que sus movimientos no importunaran al hombre que reposaba al lado suyo y aún dormía profundamente con la espalda al aire y el amplio pecho apoyado cómodamente sobre el blando colchón que recogía su calor. El cairen se acomodó en una posición que le permitiese admirar al emperador durmiente, quién parecía ajeno a su inescrupulosa mirada verdosa, tan tranquilo y manso, tan distinto al hombre con el que había repetido la inquietante pero apasionante velada en La Cámara de los Caídos. Con cuidado guió su dedo índice hasta el rostro del pelinegro y apartó un grácil mechón azabache que le cubría parte del parpado, llevándolo hacía atrás junto a los demás, a continuación descendió por la sien sintiendo la pureza de la piel marfilada del emperador contra la yema de su dedo y así continuó su trayecto, desviándose hasta el entrecejo en donde se entretuvo con una sonrisa pícara y silenciosa. Con poca fuerza presionó el centro de sus cejas y lo bajó; ahora el rostro del emperador parecía disgustado. Cambió el rumbo de su acción y levantó el entrecejo provocando que las cejas perfectas, tan oscuras como el cabello del emperador, se curvaran en un gesto triste y lastimero, uno que Eren aún no había tenido la oportunidad de conocer por parte suya. Llevaba la cuenta de esos pequeños detalles por muy banal que pudiera escucharse, para él cada gesto de Levi era un regalo que atesoraba en el baúl de sus más preciadas memorias. La noche anterior las preciosas cejas de ala de cuervo habían cambiado muchas veces, él lo noto estando debajo del cuerpo del pelinegro mientras recibía con anhelo y sumisión sus caricias y roces. Sus cejas se juntaban cuando friccionaba la prominente virilidad contra la suya, sus ojos se entrecerraban y sus labios apenas podían formular palabras distintas a su nombre. Luego, esos mismos arcos oscuros se alzaban y la cara del emperador se contraía en extasías en el mismo instante que sus ojos se cerraban con fuerza y su cuerpo se tensaba encima del suyo, deshaciéndose en besos desordenados y oraciones inentendibles.
Dejó en paz su entrecejo y descendió sin prisas por el puente fino de su nariz respingada hasta llegar a la comisura de los labios sonrosados en donde aún descansaba el perfume de los besos que habían compartido como un par de bestias hambrientas. Sus mejillas se colorearon tenuemente al pasar el dedo a lo largo de la carne tibia y suave y recordar que esa misma boca le había besado lugares que ni él mismo se atrevía a palpar si no era limpiarlos. Sintió la necesidad de cerrar la corta distancia que había entre ambos cuerpos y abrazarse a él, dormir un poco más y perderse en el valle de los sueños junto al monarca que descansaba en su lecho, pero el bochorno del verano pululaba por toda la habitación haciendo imposible que recobrara el sueño con facilidad.
Hizo a un lado las mantas de seda que apenas cubrían sus largas piernas desnudas y se sentó sobre la cama, tanteando entre las sabanas, con algo de torpeza a causa de la poca luz, el abanico que llevaba la noche anterior el emperador y que recordaba haber lanzado sobre la cama en medio de la lluvia de besos que estaba recibiendo. Se estiró para abarcar buscar en todos los rincones del amplio colchón, entre las mantas desordenadas, hasta que sus dedos chocaron con el rígido padrón del abanico. Lo tomó con la mano y se recostó nuevamente, esta vez con el codo apoyado en el colchón y la muñeca sosteniendo su mentón en una posición que le permitía obtener una mejor visión del cuerpo del emperador quien aún dormía profundamente sin moverse ni un poco. Desplegó el gran abanico con maestría, notando que era más amplió y pesado de lo que podía apreciarse a simple vista, y lo agitó con sutileza sobre el rostro del pelinegro regalándole una suave brisa que apenas agitaba los cabellos azabaches. Se entretuvo un rato en su tarea de ventilar la figura desnuda de Levi a un lado suyo quién de vez en cuando cambiaba el compás de su respiración o dejaba escapar un suave suspiro entre sueños, a veces dejaba besos secretos sobre su frente, su nariz o se detenía para apartar algún cabello desobediente que se deslizara sobre sus parpados lisos. Quería quedarse así para siempre, en su habitación con los hilos de sol entrando como agua por los pequeños espacios de las puertas y las ventanas, con el lejano clamor de las aves en el cielo azul y basto llegando débilmente hasta sus oídos, con la tibieza de las sabanas que cubrían en vano su cuerpo joven y puro. Con la compañía del emperador al lado suyo, tan vulnerable como lo era ahora y a merced de sus caricias inocentes.
Detuvo paulatinamente el suave aleteo del abanico cuando los parpados del emperador temblaron con debilidad y sus extremidades se removieron con lentitud, estirándose y volviendo a encogerse en su lugar, liberando una profunda exhalación que parecía haberle nacido del fondo de su pecho, sin embargo volvió a quedarse quieto casi en la misma posición en la que había dormido, solo sus ojos grises se atrevieron a abrirse, desplegándose como los pétalos de una flor de plata en primavera. Eren fijó su mirada en ese par de lunas agudas moteadas con pequeños destellos dorados que nunca había alcanzado a apreciar. La mirada aún adormilada del emperador sostenía la suya sin decir absolutamente nada, su rostro lucía terso y sereno, parecía entretenido en escudriñar el rostro del cairen que tenía al lado suyo y sostenía un abanico estático en el aire. Eren se avergonzó por no haber aprovechado el tiempo para lavar su cara y peinar sus cabellos, así el emperador habría tenido una imagen más fresca y presentable de él y no el desorden de su melena castaña y el olor a vino de la noche anterior. Trató de distraer la atención que recibía su cara agitando nuevamente el abanico cerca del rostro de Levi, el cual cerró los ojos nuevamente con alivio al sentir el sudor enfriándose en su piel, esto durante algunos minutos, después sus ojos grisáceos se abrieron mucho más despiertos que antes y con un susurro ronco y reposado su voz se hizo escuchar:
—Soy feliz con el lozano verde de tu mirada. Amo tu exquisito cabello de seda y tu bello rostro. El delicado perfume del crepúsculo sigue aún en tus huellas…
Eren sonrió al escuchar las bonitas palabras que le hinchaban el corazón como vino espumoso en una copa de cristal, llevando el abanico hasta la punta de su nariz respingada para ocultar su risa tintineante y dulce.
—¿Desde hace cuanto tiempo planeaste esa frase? —preguntó el cairen retirando el abanico de su rostro, aún con la sonrisa intacta en sus labios piadosos.
En el rostro del emperador se formó una sonrisa que revelaba que era cierto, su pequeño gesto galante había sido descubierto.
—¿Me creerías si te digo que estuve ensayándolo durante todo el trayecto hasta tu palacio? —respondió él con gracia mientras le quitaba el abanico de la mano con cuidado y lo dejaba a un lado.
El cairen permitió que el hombre lo atrajera hasta su pecho amplio y cálido, sintiendo la piel aperlada e inmaculada contra la suya que parecía desprender los rastros de la esencia floral que había usado la noche anterior. La mano de Levi viajó hasta su espalda desnuda y ahí permaneció mientras trazaba pequeñas caricias con las puntas de sus dedos, de arriba abajo delineando con sensualidad perezosa la curvatura pronunciada, desde su cuello delgado hasta la estrecha cintura y ahí se quedaba un rato descansado. Eren escondió el rostro en su cuello y apoyó la mejilla sobre la piel tersa, aspirando la fragancia penetrante que caracterizaba al emperador y que solo él poseía.
—El sol hace señas por los balcones y las ventanas, y las aves ya han abandonado sus nidos entregándose al infinito cielo que los espera—susurró el castaño cerrando sus ojos—"Levántate temprano y no tendrás prisa; levántate tarde y lucharás con el destino", casi puedo escuchar la voz de mi padre reprendiéndome al enterarse de que su hijo no ha abandonado el letargo de las sabanas—bromeó, pues ciertamente Grisha no le permitía permanecer en la cama después de que el sol tocaba las crestas de las montañas en la lejanía.
—Ciertamente, cuando una generación cae en la pereza, la segunda generación disfruta de los caprichos y la inmoralidad—le dio la razón el emperador sin alterar el tiempo sus caricias que eran suaves y constantes.
A pesar de las sabias palabras ninguno parecía tener la intención de deshacer el abrazo y separar sus cuerpos tan prontamente. Era la primera vez que compartían un acercamiento prolongado, donde el ajetreo de sus oficios no les impedía tener un momento a solas, en la intimidad de una habitación apenas iluminada por la sensualidad de las lámparas de seda y papel de arroz.
—Aún así… me gusta estar así contigo—confesó Eren con los parpados de satén cubriendo celosamente las gemas verdosas que eran sus ojos—Aquí, en mi recamara, puedo llamarte por tu nombre, tener tu vista fija en la mía y tu corazón latiendo junto al mío. Anoche no deseaba que el alba llegara tan pronto porque sabía que tendrías que partir a tu palacio, dejando vacío tu lugar en mi lecho—su voz era parecida al susurro del viento que cabalgaba tranquilo entre los campos de trigo.
Sintió sobre su mansa melena castaña los labios gentiles del monarca posarse como una mariposa; el tacto era consolador, comprensivo y desbordante de cariño.
—Aunque me marche a los confines de la ciudad amurallada tú bien sabes, pequeño mío, que la estela de mi perfume seguirá acompañándote sobre tú dulce piel, y el fantasma de mis besos te recordará que nuestras citas nocturnas no son un sueño—Levi tomó entre sus dedos el fino mentón del cairen y levantó su rostro, acercando el suyo hasta rozar la punta de sus narices—Además, tú sabes muy bien que siempre regreso a tus brazos como la polilla blanca busca la luna.
—Lo sé—coincidió Eren, sonriendo con anhelo sobre los labios del emperador, recibiendo con gusto el tibio roce su boca húmeda la cual le sabía a miel después de escuchar el caudal de palabras que habían brotado de ella.
Continuaron con sus caricias inocentes hasta que unos golpes en la puerta de la enorme habitación resonaron, logrando que se separaran y fueran conscientes de que no podían retozar perezosamente y eludir sus responsabilidades. El emperador se incorporó, haciendo a un lado las sabanas de seda y el dosel, inclinándose a un lado de la cama, buscando sobre el suelo de madera pulida la túnica negra que había usado la noche anterior. Estiró su mano y la tomó, cubriendo su desnudez con ella y ajustando el cinto para que ninguna sirvienta o eunuco lo sorprendiera en tan desastrosa fachada.
—Duerme un poco más si lo deseas. Seguramente es Erwin quien toca la puerta y quiere saber si ya estamos despiertos—dijo mientras dejaba una caricia sobre los cabellos del cairen antes de alejarse y empezar a caminar hasta la puerta que daba a la estancia de la habitación.
Ahora, en medio de los pequeños caudales de luz y el dosel, apenas podía distinguir la fuerte espalda del emperador alejándose. Vio desde su cómoda posición como eran abiertas las puertas de par en par y extrañamente, detrás de ellas, habían dos figuras esperando.
—¿Ha ocurrido algo?—escuchó a Levi hablar bastante bajo, sin embargo el tinte preocupado de su voz era palpable.
Eren se incorporó y tomó asiento sobre el colchón, buscando su túnica azulada con torpeza sin apartar los ojos del frente, donde el dosel y las cortinas de la puerta le impedían apreciar la figura de quienes irrumpían sus aposentos.
—La consorte Rall reclama su presencia en el palacio Xian Ling. Parece que nuevamente la salud del príncipe Farlan ha desmejorado y su alteza teme que empeore. Dice que quizá la visita de su padre logre levantar el ánimo del príncipe—escuchó la voz de Erwin, y al igual que el emperador, modulaba su voz para que no fuera más que un murmullo que él sin embargo, lograba escuchar—He traído conmigo al líder del gran servicio médico como me ordenó la última vez.
—Saludos, su majestad.
El cairen quiso hacer a un lado el dosel y asomar su cabeza para observar el rostro de la voz masculina, quién al parecer era la cabeza del glorioso servicio médico de la Ciudad Prohibida. Bajó su mirada y encontró la túnica de seda azul a los pies del colchón. La tomó y mientras pasaba sus brazos por las amplias mangas trataba de no perder detalle de la agitada conversación que estaba llevándose bajo el marco de la puerta.
—Ordena a uno de los guardias del palacio que informe en Xian Ling sobre mi llegada. También dile a los siervos que preparen el baño y perfumen mis ropajes—explicó Levi haciendo a un lado la delicada cortina para pasar al salón que poseía la recamara del cairen—No olvides tener listo el palanquín—su voz se hacía cada vez más lejana al igual que sus pasos presurosos. Podía sentir el afán escondido bajo la firmeza de sus órdenes.
—El palanquín ya lo está esperando abajo—respondió Erwin con diligencia siguiendo a su señor con la misma prisa.
El silencio se hizo presente nuevamente, pero esta vez con una pesadez que lo intranquilizaban profundamente. Erwin había sonado verdaderamente preocupado y le daba la razón; Farlan era quizá la persona más importante en la vida del emperador, y así mismo la más importante para todos los moradores de la ciudad amurallada. Igualmente para él, el príncipe era un pequeño al cual adoraba con cariño desmedido y se sentía impotente al no poder seguir a Levi, solo relegado a aguardar inútilmente en la enorme cama de seda que ya no le parecía tan apetecible después de la amarga noticia.
Ciñó el cinto de la túnica azulada sobre su cintura e hizo a un lado el dosel, sentándose en el borde de la cama sin reparar en la presencia del otro caballero que aguardaba detrás de las cortinas de seda.
—¿Es usted cairen Jaeger? ¿El hijo de la madre misericordiosa?
Eren levantó su rostro hacía el frente, en donde estaba la puerta abierta de par en par aún con las cortinas obstruyendo su visión. Del otro lado podía distinguir la silueta oscura del caballero, quién se dirigía a él sin intenciones de atravesar el umbral. Se sintió algo nervioso pues no estaba acostumbrado a compartir la misma habitación con otro hombre a solas, menos cuando era un total desconocido al cual no le podía distinguir las facciones de su rostro. Aún así, enderezó su espalda, tan recto como un bambú, y respondió con absoluta calma:
—Así es, señor. ¿Puedo tener el gusto de escuchar su nombre?
Hubo un pequeño silencio, sin embargo no se impacientó y esperó que el caballero le respondiera.
—Hanji Zoe, líder del gran servicio médico—la voz del médico sonaba afable a pesar de las circunstancias—He escuchado que eras aprendiz en el campo de la medicina antes de entrar al harem—apuntó Hanji para su sorpresa, pues creía que el pasado de su vida era desconocido por la mayoría de las personas ahí dentro—Es importante tener educación—halagó.
—Agradezco que usted, una persona tan importante e instruida, tenga consideración con un simple aprendiz como yo—sonrió el cairen a pesar de que el médico seguramente no distinguiría su gesto entre las sombras, aún así la calidez en su voz era palpable.
—Puedo atreverme a asegurar que sus dotes en esta noble disciplina son envidiables, cairen Jaeger—insistió el médico. Haciendo una pequeña pausa, continuó—es por eso que solicito su presencia en el palacio Xian Ling.
El ceño de Eren se contrajo con estupefacción al escuchar la petición de Hanji, extrañado por el rumbo que la conversación estaba tomando. Esperaba que el médico continuara con sus preguntas, quizá saciando su curiosidad mientras esperaba que Erwin o algún siervo reclamaran su presencia fuera del palacio para partir al palacio de la consorte Rall, donde más médicos estarían aguardando la llegada de Hanji. No comprendía en qué podría ayudar su intervención, pues ciertamente su padre se había encargado que desde su tierna infancia se familiarizara con el Bencao de Shennong y el famoso libro Nei Jing del emperador amarillo, pero no creía estar al mismo nivel de un grupo de médicos de élite que atendía a la familia imperial.
—Señor, no comprendo la razón por la cual es necesaria mi presencia en el palacio de la consorte Rall. Sí, soy un aprendiz y he continuado con mis estudios dentro del harem, pero mis conocimientos no pueden compararse con la experiencia del gran servicio médico—explicó el castaño con educación su negativa, acariciando los tersos cabellos se su flequillo—Además creo que no es prudente que me presente ante la consorte Rall siendo éste un asunto familiar. La intimidad de la familia es algo sagrado que debe respetarse—concluyó a su pesar, pues él también quería ser de utilidad, sin embargo su conciencia le reprendía, recordándole el lugar que le correspondía en esa situación.
—Cairen Jaeger…—empezó Hanji sin ceder a la negativa—Acepta mi propuesta, no como cairen, sino como aprendiz— su voz se tornó solemne— Sé que tu maestro hizo especial énfasis en la fitoterapia cuando inició tu instrucción y es por esa razón que requiero de tus conocimientos en esa especialidad. Sólo yo y algunos discípulos míos se han dedicado a profundizar esta área de la medicina tan basta e inhóspita, pero no es suficiente. Necesito la compañía de alguien que complemente mis nociones y tú eres el candidato ideal.
—¿Cómo sabe que mi maestro ha profundizado mis estudios en la fitoterapia?—quiso saber Eren conmocionado ante el acierto de Hanji. Su padre era un aficionado a la investigación y descubrimiento de fármacos y venenos naturales y casi toda su vida la había dedicado a recopilar celosamente sus descubrimientos en un libro que compartía con su hijo y muy pocos amigos suyos, médicos como él, que pertenecían a su círculo.
La sombra de Hanji se hizo más grande, indicándole al castaño que él había dado un paso más cerca, aún sin la intención de atravesar la tenue muralla de tela que colgaba del marco de madera e impedía que sus rostros se conocieran.
—Tu padre es el autor del Bencao Gangmu, Grisha Jaeger. El aclamado médico de los nobles fuera de la ciudad imperial.
—¿Usted conoce la obra de mi padre?—Eren llevó una mano hasta sus labios, intentando ocultar su expresión pasmada ante la sorpresa de tal revelación—No es un libro conocido por muchos, solamente permite que sus allegados más confiables sepan de él. Eso quiere decir que ustedes se conocen—concluyó el cairen con intriga—¿Por qué no entra? Por favor, es algo incómodo mantener una conversación sin la compañía de un rostro a quién dirigirse—pidió con amabilidad. Quizá se trataba de algún amigo de su padre y esa era la razón por la cual conocía tantos detalles suyos y de su padre.
Las cortinas de seda color durazno se agitaron débilmente, dando paso a la figura alta de un varón al cual nunca había visto dentro de la ciudad prohibida, mucho menos en el exterior. Hanji apareció ante él vistiendo un ruqun de exquisita sencillez; la camisa, ru, era de una tonalidad aperlada, con cuello cruzado, una moda muy generalizada entre los hombres. La falda envolvente, conocida como qun, estaba fabricada de lino negro y no llegaba a tocar el suelo, sujeta a su cintura con un cintillo grisaceo, dejando a la vista los escarpines negros y sus medias de seda blanca. Sobre sus hombros caía despreocupadamente una amplía túnica de algodón negro donde se habían bordado delicados faisanes en las mangas de la misma. Lucía como alguien respetable, pero con una expresión afable en sus hermosas facciones, sin embargo cuando se fijó en sus ojos creyó vislumbrar un brillo malicioso en ellos. Sus ojos marrones, similares a las castañas maduras, parecían leer hasta el más mínimo gesto que realizaba y eso lo inquietaba; Hanji parecía tener la bondad de un diosecillo caprichoso que podía cambiar de parecer con facilidad.
—No era mi intención perturbar la paz de sus aposentos, cairen Jaeger—se excusó Hanji en frente del jovencito, manteniendo una distancia prudente.
Eren se aferró con fuerza a su túnica azul de seda, con la cual cubría su cuerpo, y se arrepintió al instante de haberle pedido que pasara, pues era probable que el médico hubiera notado la desnudez que ocultaba con naturalidad. Pero para su alivio Hanji jamás inclinó la mirada más allá de su rostro, ni pareció escandalizarse por la desnudez de sus pies. Un acto chocante para un joven cairen.
—Su presencia es bien recibida en mi palacio—habló Eren con naturalidad manteniendo la espalda recta y las manos descansando sobre su regazo—¿Ahora podría decirme de donde conoce a mi padre?—sonrió tenuemente, evitando formar la mayor cantidad de pliegues en sus mejillas para no incomodar al médico con señales de excesiva confianza.
—El doctor Jaeger fue mi primer y único shifu cuando vivía en el exterior—reveló Hanji, sonriendo con familiaridad ante el recuerdo de sus tiempos cuando era un aprendiz ignorante—Él noblemente aceptó la petición de mi padre, quién es un buen amigo suyo, para que me formara como médico en base a sus máximas y técnicas. Tenía catorce años cuando entré a su casa y tú no tendrías más de cinco años. Aún así jamás tuve la oportunidad de conocerte en persona, pues tu padre apenas permitía que yo despegara mi vista de los libros y las visitas a las casas de los pacientes eran muy frecuentes—rió suavemente al recordar la emoción con la que seguía los pasos de Grisha, siempre escuchando sus palabras con atención, como si se trataran de la sabiduría absoluta—A mis diecisiete años el doctor Grisha había anotado mil ochocientas noventa y dos hierbas en el Bencao Gangmu, al cual yo añadí trescientas setenta y cuatro. Tiempo después le ofrecieron al doctor Grisha ser el líder del gran servicio médico, pero él declinó con cortesía aquél rango tan importante. No podía encerrarse en la ciudad imperial, sin saber en qué condiciones vivirían sus siervos, ni cómo se manejarían sus tierras. Además siempre fue un hombre de noble corazón, y cuando podía, acudía al llamado de los menos afortunados para atender sus dolencias y obsequiarles medicina y cualquier otra cosa que necesitasen—contaba el médico con voz tranquila—Sin embargo—continuó con más energía—No desechó la oportunidad y me recomendó ante el antiguo líder del gran servicio médico. Me aceptaron, no en el mismo cargo que le ofrecían al doctor Grisha, pero sí como un médico de una rama decente y fue así como después de los años conseguí mi cargo—finalizó con satisfacción, ensanchando su sonrisa pícara al admirar la sorpresa del joven cairen delante suyo.
Eren apenas había cumplido diecisiete años y trataba de imaginar como un Hanji de su misma edad se había dedicado fervientemente a su oficio, tanto así, que su propio padre lo había presentado ante el gran servicio médico. Era admirable. Sentía un profundo respeto por el hombre que le sonreía con familiaridad, quizá por compartir un maestro en común que había guiado sus vidas. Después recordó que su padre le había contado hace varios años la historia de cómo rechazó la oferta de mudarse a la gran ciudad imperial y servir exclusivamente al entonces emperador de ese periodo; el emperador Kenny. Grisha le contó que en su lugar había presentado a un joven discípulo que parecía ser la misma encarnación de Huang Di. Sus ojos se abrieron suavemente al recordar ese nombre. Habían ocasiones en las cuales escuchaba de los labios de su padre escaparse un nombre similar: "Huang Ji",el discípulo del que más se enorgullecía y al cual había introducido en la ciudad imperial. Era Hanji, eran los mismos.
—¿Usted es Huang Ji? ¿El xuésheng de mi padre?—preguntó.
Hanji afirmó suavemente con una sonrisa nostálgica en su bello rostro.
—Era un juego de palabras que el doctor Grisha había hecho para mí. Solía repetir que yo le recordaba a Huang Di, y de alguna forma nuestros nombres le eran similares, así que unió ambos y empezó a llamarme así. Para mí estaba bien, después de todo eso significaba que yo era cercano para él.
—Mi padre lo aprecia bastante, en sus labios se forma una sonrisa cuando lo menciona, y de su boca brotan elogios al recordar sus virtudes—dijo el castaño, sonriendo con dulzura, imaginando la alegría de su padre al enterarse que su hijo y su mejor alumno habían cruzado sus caminos, compartiendo con dichosa nostalgia el recuerdo del talentoso doctor.
Hanji sonrió un poco más.
—Me complace escuchar aquellas consideraciones a través de la boca de su hijo—el médico inclinó con suavidad la cabeza, y suavizó su expresión, recobrando el semblante calmo y analítico nuevamente—Con todo esto, creo que ahora entiende la importancia de su presencia en el palacio de la consorte Rall—y anticipándose ante una nueva negativa por parte del cairen, agregó—Ambos hemos sido formados por el mismo guía, instruidos por la misma mano. Creo que este es el momento propicio para que la semilla que sembró su padre, germine.
Eren guardó silencio durante varios segundos que se le hicieron eternos. Bajó la mirada hasta sus pequeñas manos que descansaban sobre sus piernas, y las admiró; eran bonitas, tenían el tamaño ideal. Sus dedos eran rectos y estilizados, como el tallo de una orquídea. Sus palmas eran blandas y tibias como el pan fresco, sus uñas limpias, almendradas, siempre rosadas, brillaban saludablemente. Todo era cubierto por una fina capa de piel satinada y perfumada, perfecta, sin asperezas ni cicatrices pues no conocían el peso de las herramientas del arado o la rigidez del mango de una espada. Eran bellas pero ociosas. Su expresión se ensombreció al darse cuenta de lo ciertas que eran las palabras del médico que aguardaba silencioso en frente suyo, debía aprovechar la instrucción de su padre y poner en práctica todo lo que había aprendido a su lado. La tenue llama ambiciosa que representaba su sueño de seguir los pasos de Grisha ardió con vivamente en su pecho y sin pensarlo más resolvió aceptar la propuesta de Hanji.
—Tiene razón, sería insensato de mi parte negarme a su propuesta. La salud de su alteza se sostiene sobre un hilo frágil y si mis conocimientos pueden ser de utilidad, entonces lo haré—habló con decisión levantando su rostro en dirección a Hanji—Debo pedirle que se retire por favor. Llamaré a mi dama de compañía y las sirvientas para que preparen el baño y mi vestido. No me tardaré—expresó con seguridad. No tendría tiempo para un baño de tina, así que tendría que hacer uso de los jarrones de agua.
El médico asintió con profundidad, sonriendo con placer al obtener una respuesta afirmativa por parte del hijo de su maestro.
—No se preocupe, le avisaré a las siervas que aguardan en su puerta para que llamen a su dama de compañía y alisten lo necesario—se ofreció mientras daba unos cuantos pasos hacia atrás en dirección a la puerta donde colgaban las finas cortinas—Agradezco su ayuda, cairen Jaeger—su mano izquierda cubrió su puño derecho e inclinó su espalda en una reverencia que duró muy poco pues rápidamente enderezó se incorporó y abandonó la habitación alborotando con una pequeña brisa la quietud de las cortinas.
Eren permaneció estático en su lugar sobre el blando colchón, entre la luz y las sombras que manchaban traviesamente las paredes y el suelo. Parpadeó con la suavidad del aleteo de un gorrión adulto y esperó que entraran las mujeres con sus alhajas chochando tiernamente en sus sienes, avisándole que estaban ahí para ayudarle. Sasha fue la primera en aparecer con un jarrón de agua caliente y perfumada desprendiendo una delicada estela de vapor. Las sirvientas aparecieron detrás de ella cargando platos con agua y toallas de algodón y seda.
—Buenos días, mi señor—saludó Sasha—Las sirvientas están ayudando al emperador con sus ropajes—informó presurosa mientras retiraba del cuerpo del castaño la túnica de seda azul.
Tomó con delicadeza la mano de su señor y lo guió hasta la sala de la gran recámara donde la las sirvientas revoloteaban como abejas laboriosas, agitando con gracia la estela de sus faldas que se mecían con cada pequeño paso. Sin perder el tiempo lavaron el cuerpo del cairen con las toallas de agua tibia, para después perfumar su cuerpo con aceite de lirio blanco y lavar su dentadura con pasta de menta fresca.
Al no disponer del tiempo suficiente para el ritual que significaba vestirse y adornar su cabellera con alhajas y pendientes, decidió que llevaría un weimao pues esto le permitiría cubrir sus cabellos y parte de su rostro, ya que tampoco se detendría demasiado en avivar sus facciones con pigmentos florales. Tres jovencitas llegaron con el ruqun que Sasha había escogido dada la facilidad con la que podrían vestir al castaño con él sin restarles tiempo. Mientras una sirvienta se encargaba de poner la camisa de seda negra, la cual poseía la particularidad de tener las mangas largas de color blanco, otra jovencita ajustaba la falda larga de raso negro con franjas de un rosa pálido similar a los pétalos de las rosas de su jardín; ambas franjas, negras y rosadas, tenían delicados bordados florales en hilo de oro al igual que el pecho de la camisa de seda negra. Eren sintió su vientre comprimirse levemente cuando la sierva ajustó la faja de seda cruda, atando encima de ella un fino cinto borgoña. Su cuello fue rodeado por un collar de hilillos dorados los cuales caían sobre su pecho en una cascada de pepitas de jade blanco y perlas. Desplegó los brazos cuando dos jovencitas extendieron la extensa chalina de gasa borgoña y la posaron con parsimonia sobre sus antebrazos.
Maquilló su rostro con ligereza, haciendo especial énfasis en sus labios de rosa roja, los cuales lucían tiernos y blandos, así mismo con sus mejillas, coloreándolas de rosa para que tuvieran un aspecto saludable, terso y agradable a la mirada. Cuando su melena castaña fue cepillada tomó asiento en una de las sillas de palo de rosa de la habitación y permaneció inmóvil mientras Sasha posaba sobre su cabeza el sombrero con velo blanco. Las manos diligentes de su dama de compañía ciñeron el velo de gasa blanca en la base del weimao y bajaron hasta su mentón, donde anudó los cintos blancos para que el sombrero no fuera a caer.
—Será mejor que nos apresuremos—dijo Eren cuando las sirvientas se hicieron a un lado para darle espacio.
Eren y Sasha caminaron presurosos por los pasillos del palacio envueltos en una estela de tela fina que los perseguía. Bajaron en tropel las escaleras y se precipitaron hacía la entrada del palacio donde Jean hacía guardia bajo la sombra del pórtico rojizo.
—¿Dónde está el emperador?—preguntó Eren casi sin aliento, buscando con la mirada la procesión que solía acompañar al monarca cuando se paseaba por las calles de la ciudad prohibida.
—El señor Smith dijo que esperarían aquí—Sasha también lucía confundida, pues el compañero del emperador había sido explicito en su petición.
—Se fueron hace algunos minutos—les informó Jean con su mano descansando sobre el mango de la espada en posición de defensa—Un hombre insistió durante bastante tiempo para que su majestad partiera, recordándole que la consorte Rall lo reclamaba—el guardia pasó una mano sobre sus ojos intentando inútilmente disipar el cansancio que reposaba en sus parpados—Debe andar en algún lugar… lo vi deambular entre los jardines pero después lo perdí de vista—lamentó con una sonrisa cansada.
Antes de que Eren lograra proferir alguna palabra, unos pasos llamaron su atención, los cuales veían desde la calzada que guiaba a los jardines aledaños. Hanji emergió entre los sauces como un dios silvestre, llevando entre sus dedos distintas hierbas y flores.
—¡Cairen Jaeger!—lo llamó, acercándose con calma hacía ellos—Debo pedirte una disculpa. Le he pedido a su majestad que avance delante de nosotros pues la consorte Rall no puede esperar mucho tiempo. Ha sido una tarea difícil, ¡el emperador no quería marcharse sin su cairen!. Aún así le recordé que en Xian Ling están los doctores que atienden el palacio de la consorte Rall y debe presentarse ante ellos.
Sasha, quien escuchaba silenciosa al lado de su señor, se fijó en el particular ramillete de hierbas que cargaba el médico y no se abstuvo de preguntar:
—¿Para qué son todas esas plantas, señor?
Hanji sonrió tenuemente en dirección a la castaña, enseñándole el pintoresco ramo para que saciara su curiosidad. Eren había identificado la mayoría de las plantas y sospechó que quizá el médico las llevaba consigo para utilizarlas en el tratamiento del príncipe Farlan.
—Mientras esperaba que cairen Jaeger bajara de sus aposentos decidí dar una vuelta por los jardines del palacio y me topé con una vasta colección de hierbas a las cuales deseo darles una utilidad en el futuro—decía Hanji mientras separaba un puñado de plantas violáceas de tallo fino—Especialmente para el joven guardia que cuida su puerta—expresó con bondad extendiéndole el pequeño ramo al cairen, quien lo recibió entre sus manos—Luce somnoliento y sus movimientos son erráticos.
Eren se giró hacía Jean, el cual estaba algunos pasos más atrás, y ciertamente lucía cansado y fatigado. Dedujo por la sombra que teñía la delgada piel debajo de sus ojos que el guardia no había descansado debidamente y el sueño lo entorpecía. Incluso su acostumbrada sonrisa de sol parecía vacilante. Caminó hacía Jean y tomando su mano, dejó en la palma el ramito de flores, y él le regresó la mirada confundido sin entender a qué se debía aquella acción tan repentina.
—Es lavanda—explicó el cairen—Una planta medicinal que se destaca por sus propiedades relajantes. Preparada en una infusión ayudará a calmar los nervios y el insomnio—su mano dejó de sostener la del guardia, alejándola con tranquilidad para que las flores no cayeran sobre el suelo—No has dormido bien, ¿no es así?—quiso saber, anticipándose a la respuesta.
Jean afirmó un par de veces con su cabeza, sonriendo apenado al verse descubierto.
—Se suponía que solo debía realizar la segunda vigilia, sin embargo Marco, mi compañero, no se sentía bien y yo me ofrecí para cubrir la tercera vigilia—especificó el castaño.
—Supongo que tu turno debe terminar pronto. Siendo así, ve adentro y llama a Connie, dile que ordene preparar una infusión con la lavanda que Hanji ha recogido y que disponga un cuarto para que descanses un rato—ordenó Eren con una sonrisa de madre sobre sus labios de rosa roja—Espero que no se te cruce por la cabeza marcharte sin obedecerme—dijo más severo, pero sin borrar de su rostro la dulce sonrisa que era cubierta por la gentil sombra del weimao.
—Como ordene, mi señor—Jean inclinó su cabeza dócilmente, mirándolo como un pajarillo inocente, quizá pidiendo perdón silenciosamente por ser tan descuidado con su salud.
El cairen negó cortamente, sonriéndole por última vez antes de marcharse con Hanji y Sasha. Ya habían perdido mucho tiempo afuera del palacio y con seguridad el emperador ya habría llegado al palacio de la consorte Rall, así que lo apropiado era apresurar el paso y no hacerlos esperar. Durante todo el trayecto la mente del castaño se llenó de inseguridades, algunas absurdas, otras que lo inquietaban bastante, pero la voz de Hanji apareció en su cabeza como un mantra adormecedor el cual repetía una y otra vez las mismas palabras:
Se presentaría en Xian Ling, no como un cairen, sino como un aprendiz.
"A pesar de la gloria y la fama uno no puede rechazar a quién amó una vez. Muchos llegan hasta el límite del dolor como arboles que se empujan y sollozan. ¡Qué la vida solitaria de la corte te dé felicidad! ¡Qué tus sueños duren mil otoños!"
En los pasillos del palacio Xian Ling se sentía la perturbadora calma de los siervos que caminaban delante de ellos, guiándolos hasta los aposentos del príncipe a través de los infinitos pasillos que se dividían como caudales de ríos en distintas direcciones. Cuando caminaban a través de los "pozos del cielo" solían toparse con una exquisita y exuberante flora, en donde también se apreciaban jarrones y vasijas de una porcelana tan fina, capaz de romperse en mil pedazos al igual que un diente de león dispersándose con el viento. Estos espacios ventilaban los cuartos aledaños y equilibraban las energías en el palacio, impidiendo que el calor se encerrara y el viento fluyera. Dejaron atrás la hipnotizante visión de los jardines para adentrarse a un pasillo de techo alto, en donde colgaban de las vigas rojizas varias linternas con sus pendientes de jade suspendidos en el aire. Eren miró con disimulo al eunuco que caminaba al lado suyo y notó que su rostro se tensaba cada vez que se acercaban a la sobrecogedora puerta de madera roja que cada vez se hacía más grande e intimidante. Hanji lucía como un estanque de agua mansa e imperturbable; sus ojos no se distraían con los suntuosos tapices y murales que colgaban de las paredes, seguían fijos en la lejanía, pues ya estaba familiarizado con aquél pasillo hasta el más mínimo detalle.
La puerta estaba custodiada por un numeroso grupo de guardias que empuñaban amenazantes sus espadas y a un lado aguardaba de pie la numerosa corte del emperador con sus cabezas inclinadas, fijas en el brillo del mármol bajo sus pies. El incienso de los pebeteros que cargaban las sirvientas pululaba en al aire, indicando a quien cruzara por aquél lugar sobre la presencia del emperador quien estaba cerca, y a juzgar por el la intensidad de la fragancia, parecía que habían pasado varios minutos desde su llegada.
—Soy el líder del gran servicio médico, Hanji Zoe. Cairen Jaeger y yo estamos aquí por orden de su majestad para revisar el estado de salud del príncipe Farlan—habló el joven médico ante los guardias que custodiaban la puerta con recelo.
Eren hizo a un lado el velo de su weimao, permitiendo que su rostro se observara con más facilidad ante la escrupulosa mirada de los hombres, quienes finalmente se apartaron, abriendo las pesadas puertas de madera que crujieron levemente ante el lento movimiento.
Atravesaron el amplio salón de la habitación del príncipe, donde las sirvientas trabajaban sin levantar sus cabezas ante la interrupción. Hanji les indicó con un suave gesto de su mano a los siervos que los habían guiado desde la entrada del palacio que ya podían retirarse y regresar a sus labores. Llegaron hasta una segunda puerta rojiza que daba a la recamara del príncipe, donde debían estar reunidos los médicos, la consorte Rall y el emperador. Los guardias se hicieron a un lado, abriendo la pesada puerta para que los tres invitados pasaran.
Lo primero que vio Eren cuando las puertas se abrieron enteramente fue a un gran número de sirvientas reunidas en una esquina de la habitación como un ramo de flores de seda verde y azul, todas con sus manos escondidas dentro de las mangas azuladas de sus hanfu, las cuales apoyaban sobre sus vientres. Un considerable grupo de médicos se encontraba de rodillas delante de la cama del príncipe, en donde Petra se encontraba sentada acariciando con suavidad el pecho de su hijo adormilado. Levi permanecía de pie, al otro lado de la cama, cerca de su hijo pero al mismo tiempo encarando a los médicos para saber su veredicto final, sin embargo sus ojos grisáceos abandonaron la figura de los hombres de hanfu negro, posándose sobre los recién llegados, al igual que los ojos de la consorte.
—Saludos, su majestad y alteza—saludaron los tres con una reverencia profunda desde el marco de la puerta.
—Pueden ponerse de pie —permitió Levi asintiendo suavemente.
Los tres dieron varios pasos dentro de la recamara, escuchando como a sus espaldas se cerraban las pesadas puertas de madera y ahora eran presa de los ojos curiosos de los presentes que miraban silenciosos desde su lugares. Petra se incorporó con ayuda de Ymir, quien permanecía a su lado fielmente con su tan acostumbrado rostro imperturbable, y sonrió al cairen que correspondió su gesto con algo de pena, pues sabía que estaba irrumpiendo una escena intima que no la hacía sentir cómoda.
—Cairen Jaeger, me alegra tanto que estés aquí. Me conmueve tu preocupación por la salud de mi pequeño hijo—dijo con ojos enternecidos—Los médicos de mi palacio ya han revisado al principie y justamente estábamos a punto de escuchar la razón de su malestar, así que llegas en un buen momento.
Sin embargo antes de que el líder del cuerpo médico de Xian Ling pudiese abrir su boca, el emperador levantó su mano ordenando que guardara silencio, cosa que obedeció el hombre regresando su mirada el suelo.
—He llamado a Hanji para que de un segundo diagnostico, y él ha pedido la asistencia de cairen Jaeger, así que aún no ha concluido el veredicto—dijo en dirección a la consorte, quién le regresó la mirada con extrañeza.
—Majestad, los médicos de Xian Ling son hombres sabios y eficientes que han atendido al príncipe por bastante tiempo. Algunos de ellos lo han visto crecer y correr alrededor de los jardines. No tiene que dudar de sus capacidades—su mirada se dirigió hacía el médico que anteriormente había tratado de dar el veredicto final y asintió, dando su consentimiento para que hablara.
El hombre, aún de rodillas al igual que sus semejantes, giró su rostro hasta la figura del emperador que esperaba silencioso sus palabras. Fijó sus ojos en el mármol del suelo, pues le era menos sobrecogedor que los lobunos ojos grisáceos del hombre que resguardaba el sueño de su hijo enfermo.
—Su majestad, hemos descubierto que aquello que aqueja al príncipe Farlan es una dolencia interna. Puedo afirmar con certeza que se trata de un trastorno de qi, específicamente un vacío de energía—dictaminó el hombre con solemnidad—Es menester que el príncipe guarde absoluto reposo dentro de sus aposentos, y esto puede llevar varios días.
Petra asintió repetidas veces, suspirando con alivio al escuchar la causa de la enfermedad de su único hijo. Sin embargo Levi no compartía la misma tranquilidad de su consorte, pues su mirada severa y preocupada no cambió. Dejó de mirar al médico que aguardaba silencioso alguna pregunta u orden y observó a Hanji, quien entendió su silenciosa orden.
—Ven, cairen Jaeger—pidió el médico.
—Puedes esperar aquí—susurró Eren a Sasha antes de seguir los pasos de Hanji.
—Como ordene, mi señor—aceptó la castaña inclinando su cabeza.
El cairen escuchó el eco de sus escarpines sobre el suelo porque era tal el silencio, que podía escuchar la pausada respiración del infante proveniente desde la cama. El velo del weimao era una barrera que lo protegía los inescrupulosos ojos curiosos que seguían sus movimientos con agudo detalle. Al posicionarse delante del pelinegro tuvo una mejor visión del príncipe; a simple vista podía advertir que tenía fiebre pues sus mejillas parecían teñidas de polen rosado, sus cabellos estaban humedecidos, quizá producto de la abundante transpiración o los paños húmedos con los que refrescaban sus sienes. Su corazón se encogió al ver como la ardiente juventud de Farlan se había reducido a una débil y pequeña llama que podía parecer ante el más mínimo soplo. Quizá esta era la misma visión que su padre se había llevado consigo cuando atendió al príncipe aquél día, y que él no había conocido por su descuido; el destino le demostraba que cualquiera que fuera el camino que tomara, no podría impedir ciertos eventos que ya estaban destinados a suceder.
—De ser así, entonces Hanji apoyará el diagnostico del cuerpo médico. No quiero dejar ningún cabo suelto cuando se trata de la salud de mi hijo, es por eso que necesito una segunda revisión que me de la seguridad de que ese veredicto es correcto—dijo Levi con un tono de voz inflexible, sin aceptar ninguna negativa.
Petra le sostuvo la mirada a su esposo en silencio durante unos segundos, desviándola después hacía alguna parte de la habitación.
—Como ordene, su majestad—aceptó la mujer con una sonrisa resignada en sus bellos labios—Tomaré asiento para no entorpecer la tarea de Hanji y cairen Jaeger—y con ayuda de Ymir, se dirigió al diván que estaba del otro lado de la habitación, donde tenía una amplía perspectiva del procedimiento que iba a llevarse a cabo.
—Lo dejo en sus manos—murmuró Levi ante ellos, posando su mano cansada sobre el hombro del cairen, un tacto cálido que fue acompañado por una mirada agradecida—Gracias por venir hasta aquí—le dijo Levi al castaño con una sonrisa débil.
—Es lo mínimo que puedo hacer por usted—susurró Eren con una sonrisa cargada de ternura—Todo saldrá bien—aseguró antes de apartarse y seguir a Hanji, quien ya tenía sus instrumentos preparados sobre una mesita baja a un lado de la cama.
El médico castaño tomó lugar donde antes se encontraba la consorte Rall, haciendo a un lado las numerosas mantas que cubrían al príncipe para así poder llevar a cabo su examen. Eren echó hacia atrás el weimao para que no interfiriera con su visión y se posicionó junto a Hanji, quien de un cofre de considerable tamaño extrajo una fina caja de madera tallada que Eren reconoció a simple vista; se trataba de un juego de agujas con las que se realizaba la acupuntura. A su juicio, Hanji quería asegurarse de que el diagnostico era correcto realizando los mismos pasos del líder del cuerpo médico imperial.
—¿Qué síntomas presentó el príncipe Farlan cuando su salud empezó a decaer?—preguntó Hanji en medio del ensordecedor silencio de los presentes.
—La niñera del príncipe me informó que esta mañana, cuando fue a despertarlo, había notado que le costaba mantenerse despierto, lucía fatigado. No quiso probar bocado de su comida, lo único que dijo es que sentía nauseas y que deseaba dormir un poco más—respondió la consorte desde el diván apretando sus manos con angustia—Me preocupé cuando vine a ver cómo se encontraba y no despertó a pesar de mis llamados. Su respiración era muy pesada, como si algo presionara su pecho—agregó en un hilo de voz que fue acompañado por un gesto de dolor atravesando su delicado rostro.
Hanji volvió su mirada al cuerpo del príncipe que yacía dormido sobre los esponjosos almohadones y bajo la mirada expectante de los presentes, empezó a retirar el hanfu de gasa celeste que cubría el cuerpo del infante. Deshizo el nudo de su vientre y dejó expuesta la camisilla blanca que iba bajo el vestido, repitiendo la misma acción para retirarla y despejar el área superior de su cuerpo. Eren tomó las prendas y las acomodó sobre la cama, ayudando a Hanji a ubicar el cuerpo de Farlan en una posición que mantenía sus miembros rectos para que la sangre circulara sin obstrucciones. A pesar de los movimientos y leves sacudidas, el príncipe apenas reaccionaba, cosa que preocupó a Eren pues hasta un hombre con el sueño más pesado que el de una roca podría haber respingado ante el tacto de sus palmas tibias.
—Según la consorte Rall, los síntomas que presentó el príncipe Farlan fueron cansancio, fatiga, ausencia de apetito y respiración errática—enumeró Hanji para él y para Eren, quien estaba inclinado a un lado suyo—Si bien son síntomas que se presentan ante el vacío de qi, son muy usuales en cualquier otra patología. Quiero comprobar si los demás síntomas que se presentan en esta situación se manifiestan, ¿puedes recordarlos?—inquirió Hanji tomando un guante de seda blanco del cofre, poniéndolo en su mano derecha.
—La lengua adquiere una tonalidad pálida y presenta hinchazón—dijo el cairen, sintiendo que retrocedía en el tiempo y regresaba a los días en los cuales acompañaba a su padre a la casa de los nobles y mientras Grisha iba tratando al paciente, él le realizaba preguntas que se relacionaban con el examen.
Hanji asintió silencioso y con cuidado abrió la pequeña boca de Farlan, introduciendo su mano enguantada para extraer la delgada lengua del niño entre sus dedos. La observó con detenimiento y Eren hizo lo mismo, percibiendo que el órgano poseía una coloración normal y su tamaño no parecía alterado. Hanji guardó la lengua dentro de la boca del príncipe y retiró el guante de seda de su mano, dejándolo dentro del cofre.
—No parece presentar alguna anomalía—murmuró Eren con los ojos fijos en Hanji.
—No, está bien. Sin embargo no podemos descartar las posibilidades aún—negó el médico—¿El siguiente síntoma?
—Pulso débil—contestó automáticamente el cairen—Estamos en verano, eso quiere decir que su pulso debe ser amplio—agregó, recordando que las estaciones del año influenciaban el pulso de las personas.
—Lo estimado son más de cuatro o cinco pulsaciones por respiración al tratarse de un niño. No debe presentar interrupciones o enlentecimientos—explicaba el médico mientras tomaba el brazo izquierdo de Farlan entre sus manos, pues este era el lugar donde se podía apreciar con mayor fuerza el pulso del paciente. Los dedos de Hanji iniciaron una presión suave ejerciendo fuerza paulatinamente con sus dedos hasta llegar al hueso y después de algunos segundos, disminuyó la fuerza de su toque poco a poco—La técnica que he realizado es conocida como pulso Fu y sirve para determinar la insuficiencia de qi y en este caso, el príncipe presenta una pulsación baja, similar a la de un hombre mayor—le indicó al cairen que escuchaba atentamente sus explicaciones.
Eren cabeceó repetidas veces con la mirada perdida sobre el rostro de Farlan que continuaba sereno tratando de recordar alguna patología que estuviese olvidando, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el cuerpo del niño se sacudió con vigor y se contrajo, haciéndose un ovillo como si se protegiera de algo que quisiera dañarlo. Los labios de Farlan se contrajeron en un mohín y su ceño se frunció con fuerza tratando de aguantar algo que parecía querer escapar de su boca que no daba paso al habla. Al entender lo que estaba sucediendo, el cairen tomó al niño en brazos y se sentó junto a él, incorporándolo y cobijándolo bajo su brazo para que no cayera nuevamente sobre la cama.
—¡Tiene arcadas, traigan un cuenco, rápido!—ordenó Eren intentando que mantuviese su cabeza erguida.
Las sirvientas que estaban presentes se dispersaron como mariposas al aire buscando en la habitación algún cuenco o jarrón antes de que el niño pudiera manchar sus ropas y el suelo con los desagradables fluidos de su interior. Levi, quien observaba junto a Petra en el diván atravesó el cuarto a zancadas y tomó asiento al otro de Farlan para tranquilizarlo, acariciando repetidas veces su pequeña espalda para darle fortaleza al príncipe que luchaba por no ceder ante las nauseas.
—Tranquilo hijo, estoy aquí contigo…—susurraba el emperador con dulzura a pesar de mantener en sus ojos una profunda angustia al presenciar la penosa situación de su primogénito.
—Aquí tiene, señor—suspiró Sasha con un cuenco de porcelana verde entre sus manos, entregándoselo al médico, quien se encontraba de rodillas delante del pequeño.
—Muchas gracias, pequeña—agradeció Hanji con una sonrisa el gesto de la dama de compañía.
Adivinando lo que venía a continuación, Hanji acercó el cuenco al rostro del príncipe y en ese mismo instante un tropel de fluidos se liberó desde el interior de Farlan. Sus pequeños hombros temblaban y sus pequeñas manos se sujetaban del mismo cuenco tratando de encontrar algo en lo cual aferrarse en medio de esos angustiosos segundos. Cuando el cuerpo del infante cesó de estremecerse el cuenco fue retirado y echo a un lado, en medio de la respiración errática y los sollozos del príncipe se escucharon los escarpines presurosos de Petra, quien se acercaba como una deidad envuelta en un hanfu lila y túnica azulada con chalina rosada flotando detrás de ella. Eren se puso de pie permitiendo que la consorte tomara asiento junto a su hijo y lo cobijara con su túnica de lirios perfumados, limpiándole delicadamente la comisura de la boca con un pañuelo mientras repartía besos sobre la cabellera del niño.
—¡Mi pobre hijo, mi pequeño príncipe, mi Farlan!—susurraba con angustia besando sus cabellos, acunándolo como un ave a su polluelo bajo su ala cálida y protectora—¿Por qué tienes que padecer las dolencias de quienes están a un paso de culminar su camino? ¿Por qué de todos los varones del reino tenías que ser tú, hijo mío?—se preguntaba al borde de los sollozos sin importarle lucir vulnerable ante los siervos y los guardias.
Hanji se incorporó con gesto pensativo, analizando lo que acababa de suceder con la vista perdida en el cuenco que reposaba en el suelo, escudriñando la sustancia levemente amarillenta que descansaba en su interior. En silencio se inclinó nuevamente sobre el príncipe y pidiendo permiso a la consorte, levantó el brazo del pequeño, palpando debajo de él con su mano si había algún rastro de sudoración excesiva, peculiaridad que no halló.
—No presenta sudoración espontánea—anotó en voz alta el médico al frotar sus dedos.
—Cuando la energía del qi desciende, la sudoración se hace presente debajo del brazo—añadió Eren también pensativo. Era extraño, pues generalmente este era uno de los síntomas que sobresalían en el diagnostico—¿Farlan? ¿Puedes oírme?—preguntó dirigiéndose al pequeño que apoyaba su cabeza sobre el torso de su madre con los ojos cerrados. A pesar de esto recibió una pequeña afirmación por parte del niño—¿Te duele algo más? ¿La cabeza? ¿El estomago?—indagó, recibiendo una respuesta afirmativa del príncipe.
—Me duelen ambos—fue el susurro apenas audible del pequeño.
Los ojos de Hanji y Eren chocaron inmediatamente después de hacer varias conjeturas. Por la forma en la que el médico fruncía su entrecejo podía afirmar que el diagnostico del líder el cuerpo médico imperial estaba errado, y no se trataba de un vacío de energía. Los vómitos, el dolor de abdomen, la ausencia de sudoración… eran síntomas provocadas por algo mucho peor que el desequilibrio del organismo. No estaba del todo seguro de haber llegado a la misma conclusión que Hanji, pero si estaba en lo correcto todo se trataba de algo muy peligroso para la salud de un niño.
Farlan estaba intoxicado.
¿Cómo pudo suceder? Se preguntaba el cairen, pues no lucía como una simple intoxicación por ingesta de alimentos. Farlan lucía como si estuviera dopado bajo algún narcótico, su energía era casi nula y sus ojos eran incapaces de mantenerse abiertos y enfocar algún rostro delante de ellos.
—Por lo que hemos presenciado ahora puedo asegurar que esto no se trata de la energía del qi—habló cuidadosamente Hanji mirando a la pareja que consolaba a su hijo—Los síntomas son engañosos, las patologías suelen compartir características similares, es por eso que pasar por alto el más mínimo detalle puede llevar a la dirección incorrecta. La piedra desechada por el arquitecto, señores, es la clave del ángulo—fue el pequeño sermón que dirigió a los médicos que continuaban de rodillas conteniendo la respiración, inmóviles, aguardando temerosos el final del diagnostico—Lo que presenta el príncipe Farlan es una intoxicación—determinó.
Se escucharon los suspiros escandalizados de las sirvientas y las niñeras quienes se miraban las unas a las otras con disimulo preguntándose en qué momento habrían descuidado al príncipe para que sucediera aquello. Sus rostros palidecieron, eran más blancos que la cera de las velas, y sus cuerpos temblaron como hojas al viento ante el inminente castigo que las aguardaba por su descuido.
—¿Intoxicado?—preguntó Levi con sus ojos lobunos fijos en Hanji, con el rostro ensombrecido en visos de cólera.
—Así es, majestad—respondió Hanji sin vacilar ante la peligrosa visión del emperador—Los síntomas que presenta el príncipe Farlan son las señales más comunes en estos casos, ¿no es así, cairen Jaeger?—buscó apoyo el médico para que su palabra no se viera confrontada.
—Ciertamente, parece presentar síntomas de intoxicación y aunque son leves, no pueden ser pasados por alto. Un mal diagnostico habría acarreado trágicas consecuencias—secundó Eren con firmeza sin ocultarle la verdad. A pesar de que no lucía como algo tan grave, dejarlo pasar habría sido una sentencia de muerte progresiva y silenciosa para Farlan.
Petra abrió sus ojos pasmada, desviando la mirada hacía un punto indefinido de la habitación, más allá de los tapices de juncos y gruyas que descansaban en la pared. Llevó una mano hasta su boca y la cubrió, temblando levemente ante la noticia sin emitir algún sonido, abrazando con fuerza al niño que se acurrucaba a su cuerpo. De pronto sus ojos vagaron hasta el grupo de médicos, siervas y niñeras que aguardaban de rodillas en la habitación y los miró a cada uno, repasando sus rostros con detalle, como si buscara en ellos al culpable de la enfermedad de su hijo.
—¿Cómo pudo suceder esto en Xian Ling?—les preguntó levantando la voz temblando en furia.
Las siervas y las niñeras rozaron reiteradamente sus frentes contra el suelo, inclinándose desesperadas ante la consorte y el emperador, quienes no despegaban sus ojos de ellas.
—¡Perdónenos, su alteza!—repetían desesperadas, con las voces rotas a punto de deshacerse en gemidos de terror. La consorte Rall lucía siempre serena y ajena a las emociones violentas, pero las pocas veces en las que se liberaba su ira pasaban cosas terribles que se convertían en rumores del palacio y hoy, ellas parecían ser quienes sabrían qué tan ciertos llegaban a ser.
—¿Cómo pudieron ser tan irresponsables e ignorantes? ¿Quién de ustedes fue la que permitió que esto ocurriera?—inquirió Ymir como una leona amenazante paseándose delante de las mujeres—Piénselo cuidadosamente, porque si ninguna puede responder, ¡todas serán condenadas a muerte!—sentenció con voz dura, palabras que dijo con el filo de su lengua impregnado de inclemencia.
Las mujeres se estremecieron y sus sollozos se alzaron, repitiendo sus disculpas con la garganta hecha un nudo y sus ojos brillosos derramando lagrimas que goteaban como una débil llovizna sobre el suelo de mármol.
—¿Quién de ustedes tenía la tarea de vigilar al príncipe estos últimos días?—esta vez fue Levi quien interrogó a las siervas. No tuvo la necesidad de levantar la voz pues el tono que empleó fue similar al gruñido amenazante de un lobo de la montaña que acechaba a sus presas, sometiéndolas bajo el peso de su mirada filosa y punzante.
Eren sintió su boca secarse cuando a sus oídos llegó esa nota amenazante en la sedosa voz del emperador. Él desconocía su cólera, de sus labios solo había escuchado palabras dulces, apasionadas y cariñosas, mucho menos había visto su rostro ensombrecido por la furia, con sus ojos transformados en un par de dagas que cortaban lo que mirasen. Sentía algo de miedo, pero no por él, ni por Hanji, sino por las muchachas que estaban a punto de romperse en mil pedazos con la espalda doblegada, deshaciendo su lengua en disculpas y lamentos. La vida de Farlan como único heredero era valiosa, y más aún al ser el tesoro más grande que albergaba Levi en su imperio.
—Majestad—habló Eren después de un rato en silencio, obteniendo de inmediato la atención de Levi—Quizá esto vaya más allá de las capacidades de las siervas y las niñeras—opinó con duda, pues sintió que la mirada de todos se fijaron en él expectantes—Quiero decir… la intoxicación parece provenir de alguna planta o hierba, ¿el príncipe no consume alguna medicina?—preguntó, dirigiéndose al grupo de mujeres que apenas podían respirar sin desvanecerse en suelo—De ser así, pudo ser algo dentro de su medicina, quizá una sobredosis del fabricante, que desestabilizó el organismo del príncipe. Sugiero que sean examinadas todas las hierbas o plantas medicinales que consume el príncipe Farlan y después se interrogue una a una de las siervas para así tener un panorama más amplio de los hechos—opinó tratando de darles una oportunidad a las mujeres para que dieran su testimonio. Ciertamente la vida de Farlan había corrido peligro, pero era injusto condenar a todo un grupo de mujeres sin ver más allá de lo que a simple vista se apreciaba.
—¡Mi señor!—lo llamó una de ellas apenas levantando la cabeza—Recuerdo que el príncipe Farlan se encontraba bien ayer, antes de irse a la cama. Después de darle su té de hierbas medicinales empecé a notar un poco de incomodidad en sus gestos mientras dormía, pero creí que se trataba de un mal sueño—explicó con palabras atropelladas, desesperada por salvar su vida del filo de la espada.
—¡Cómo te atreves!—rugió Ymir inclinándose sobre ella, logrando que la mujer regresara su frente hacía el suelo—¿Estas insinuando que el príncipe Farlan se intoxicó por la medicina? ¡Pídele perdón la consorte Rall por tu ignorancia! La consorte Rall jamás permitiría que algo o alguien de su palacio dañaran a su hijo—le recordó con lentitud, agudizando su mirada.
Eren iba a protestar pero alguien se le adelantó; un hombre de cabellera rubia ondulada, con una espesa barba en su rostro y unos ojos claros y reposados, casi cansados pero al mismo tiempo fuertes y profundos. Vestía el ruqun negro que caracterizaba a los médicos de la ciudad imperial y a juzgar por lo elaborado de sus bordados en la túnica negra, era uno sobresaliente. Algo en él se le hizo familiar y al mismo tiempo le dio la sensación de que él también lo sintió pues sus miradas se mantuvieron estáticas en ellos durante varios segundos, hasta que los ojos del hombre abandonaron su rostro y se posaron en la familia imperial que seguían en la cama, manteniendo a Farlan entre ellos como un par de pirales protectores.
—Si me permite, majestad, dudo que la medicina de que consume el príncipe Farlan tenga algo que ver—dijo el hombre con tranquilidad—El príncipe es un joven intrépido, le apasiona el exterior y eso trae consigo una curiosidad excesiva. Me atrevo a decir que en alguno de sus juegos aprovechó el descuido de alguna niñera y sus siervas, y comió algún fruto llamativo y desconocido—explicó, sorprendiendo a los demás ante la lógica de sus palabras—Es más que conocido que las hojas de cerezo y sus frutos cuando no han madurado pueden ser tóxicos, y la ciudad imperial posee gran cantidad de ellos—agregó.
Eren analizó las palabras del hombre detenidamente y ciertamente había mucha razón en ellas, no eran disparates o justificaciones absurdas, pero algo en todo eso no le hacía sentir seguro. ¿Cómo Farlan habría podido comer una hoja de cerezo? No era un bebé, él no se llevaba cualquier objeto que le interesara a la boca, y de ser el fruto, al primer bocado lo habría dejado puesto que dichas bolitas rojizas eran amargas al paladar. Su nivel de toxicidad le hacía creer que había consumido una gran cantidad de la hierba que fuese. Un simple bocado no podía tumbarlo en cama y mantenerlo casi dopado, como si hasta respirar fuera un esfuerzo titánico.
Trató de refutar la deducción del médico rubio, pero una mirada de Hanji lo detuvo. Parecía que le ordenara callar y guardar silencio, que no agregara nada más pues estaban pisando una línea de fuego.
—Zeke—sonrió Hanji en dirección al rubio—Siempre con una respuesta precisa y contundente—alabó con gratitud casi artificial—Creo que la hipótesis del doctor Jaeger es la más acertada. El príncipe pudo haber ingerido algún fruto o planta tóxica en alguna de sus salidas a los jardines—concluyó con simpleza, ante la mirada atónita del cairen.
Eren regresó sus ojos verdosos al hombre que asentía ante las palabras de Hanji y se preguntó quién era ese hombre y cómo era que tenían el mismo apellido. ¿Era un familiar suyo? Quizá era la respuesta más probable, pero su padre jamás lo había mencionado anteriormente. Tal vez desconocía su existencia dentro de la ciudad prohibida, pero aún así no se apartaba de su corazón el sentimiento de precaución al observar a Zeke. Tampoco comprendía como alguien tan brillante como Hanji había cedido ante esa deducción, que si bien era lógica, se tambaleaba ante su análisis respecto a la dosis. No dijo nada más, decidió que si Hanji le había pedido que callara, debía hacerlo, aunque eso significaba guardarse muchas conjeturas que le llenaban la cabeza de dudas.
—¡Erwin!—llamó Levi a su compañero—Quiero que ordenes una investigación dentro del palacio. No quiero que dejen un solo rincón sin ser inspeccionado, especialmente donde guardan las reservas de comida—ordenó poniéndose de pie.
—¡No se moleste su majestad!—negó la consorte con los ojos acuosos, aún abrazada a su hijo que dormitaba ajeno a la tormentosa atmósfera dentro de su habitación—Es culpa mía, esto ha sucedido bajo el techo de mi propio palacio y debo ser yo quien se apersone de la investigación y dé con la verdadera razón—se justificó acariciando los cabellos de Farlan con sus tiernos dedos—Tanto cairen Jaeger como Zeke tienen razón, pudo suceder dentro o fuera de Xian Ling. Yo, como madre del príncipe debo velar por su seguridad, y mi conciencia me ordena ser la principal involucrada en este asunto—suplicó mirando con insistencia al emperador.
Levi le sostuvo la mirada durante varios segundos, escudriñando el rostro acongojado de la consorte quien parecía al borde del llanto rabioso, y suspirando, asintió con gravedad.
—Tendrás que mantenerme informado. Quiero un reporte exhaustivo en menos de tres días donde se aclare la razón por la cual se ha dado todo esto—ordenó sin inclemencia en su voz oscura, la cual había recobrado la serenidad pero sin perder el peso de la amenaza en ella—Visitaré a Farlan esta semana, no dejaré que lidies sola con esto—suavizó su expresión, liberando un suspiro exhausto al ver el triste visión de su consorte abrazando con fuerza al pequeño príncipe—Vendré mañana, lo más pronto que pueda. Si algo ocurre esta noche no dudes en enviar un mensajero y yo estaré aquí sin importar la hora—le aseguró dejando una tierna caricia en la cabellera alborotada de su hijo.
Petra asintió con una sonrisa cansada, meciendo su buyao floral como si el viento de verano las sacudiera, entonando una dulce canción de campanillas.
—Lo prometo, majestad.
Levi dio media vuelta y encaró al grupo de médicos, siervos y niñeras que seguían silenciosos aguardando alguna orden. Decidió que los dejaría en manos de la consorte pues era ella quien mejor los conocía y dio media vuelta encontrándose con los rostros de Hanji y Eren. Con un ademán de su cabeza les ordenó que lo siguieran fuera de los aposentos del príncipe para poder conversar con mayor confidencialidad lejos de los oídos ajenos, y obedientemente así lo hicieron, siendo seguidos por Erwin y Sasha.
Petra aguardó que Levi y su sequito se alejaran escuchando a lo lejos como las pesadas puertas de la recamara se cerraban y el cortesano del sequito imperial anunciaba que el emperador partía del palacio. Al asegurarse de la ausencia de su esposo, se puso de pie con la ayuda de Ymir y juntas recostaron Farlan, cubriendo su pecho desnudo con las mantas y las sabanas de seda. Petra depositó un beso sobre su frente se hizo a un lado sus cabellos para después incorporarse y dirigir su vista hacía los siervos.
—Llama a Auruo—ordenó Petra a Ymir, la cual obedeció dirigiéndose a la puerta de la habitación donde aguardaban los eunucos—Señores, pueden retirarse—les ordenó la consorte a los médicos, quienes se incorporaron con sus extremidades entumecidas y sus frentes sudorosas—Zeke, agradezco tu intervención hace unos minutos. Lograste tranquilizar a su majestad y cerrar este asunto tan desagradable—sonrió.
—Es mi deber, su alteza—respondió con humildad reverenciando a su señora antes de partir con el grupo de médicos que se alejaban a pasos cautelosos sin decir palabra alguna.
Casi al mismo instante entró Auruo con su sonrisa de zorro, reverenciando a la consorte con sumisión. Detrás de él entró un gran número de eunucos con sus rostros imperturbables, presentándose ante la consorte con respeto. Petra observó por última vez a las mujeres temblorosas delante de ella, y sin ablandarse, les dirigió la palabra con solemnidad:
—Ustedes han fallado en su tarea de proteger al príncipe heredero del imperio. Personas irresponsables y descuidadas como ustedes merecen ser castigadas hasta la muerte—sus ojos se pasearon por cada una de las cabezas que permanecían pegadas contra el suelo sin atreverse a revelar la desgracia que colmaba sus rostros lastimeros—Por su culpa el príncipe unigénito pudo perecer, y con ello, la esperanza de todo un país. ¿Tienen idea de lo que eso significa?—les recordó con dureza e indignación—¡Será mejor que recuerden esto en su próxima vida!—sentenció, dándoles la espalda bruscamente, provocando que sus alhajas se estremecieran sobre la voluptuosidad de su tocado—¡Llévenlas a un patio descubierto y azótenlas delante de los demás siervos! La desobediencia debe ser corregida duramente para que no vuelva a repetirse—concluyó abandonando los aposentos de su hijo con Ymir detrás de ella.
—Como ordene, su alteza—respondieron Auruo y los eunucos dirigiéndose hasta las mujeres que lloraban en silencio para no despertar al inocente infante que reposaba en la cama.
Un guardia caminaba delante del puente que llevaba a la entrada de Xian Ling con paso firme y constante, y al hacer una pausa, creyó escuchar desde las entrañas del magnifico palacio el lamento destrozado de ciento cincuenta pajarillos a los cuales parecían arrancarles las alas.
"Digo "te amo" y tú sonríes, pero al minuto siguiente tu rostro afila el borde de una larga sombra. ¿Debo, acaso, decir "me fastidias"? Quizá sí, luego del día luminoso tengamos por delante tu pena. ¿Deberé talar el único árbol de ciruelo que tengo en mi jardín para ganar la benevolencia ante la arrogancia del bosque?"
Del interior de La Casa de las Flores brotaban incesables risas como mansos caudales de agua pura y el murmullo de las jovencitas se paseaba en los jardines como el viento entre las hojas verdes. Las cairenes revoloteaban vestidas como flores por todas partes con sus faldas delicadas sacudiéndose al compás de sus escarpines y las alhajas y horquillas estremeciéndose entre sus cabellos, siguiendo la rítmica melodía de sus pasos. Algunas permanecían en el interior del edificio resguardándose del coqueto toque que profería el sol desde el cielo, prefiriendo realizar sus labores en el frescor de los salones o retozar cerca de los jardines interiores que poseían pequeños estanques de agua fría y cómodas esteras de bambú colmadas de acolchados cojines de seda y plumas. Otras disfrutaban de los jardines exteriores bajo la gentil sombra de los arboles blancos de albaricoque o los perfumados cerezos que lagrimeaban débilmente con el viento llevándose sus lágrimas rosadas, las cuales terminaban coronando las cabezas de las jovencitas que pululaban entre el mágico follaje floral de la casa.
Mina caminaba de salón en salón sin prisa buscando entre los jóvenes y agraciados rostros de las cairenes el que pertenecía a la única a quien podía llamar su hermana. Había pasado gran parte de la mañana bordando en un saloncito lejano que daba hacía un estanque. A las cairenes no les atraía la simpleza del agua reposada bordeada por sauces melancólicos que sumergían sus cabelleras en las aguas mansas, bebiendo de la paz de aquél pequeño recinto, pero para ella eso era un gran alivio; cuando su espíritu cansado reclamaba algo de paz siempre podía recluirse en el salón y disfrutar del silencio apenas interrumpido por el graznido de las aves en el cielo y el zumbar de las libélulas presurosas. Era agradable trabajar en su obra sin ser interrumpida por las curiosas preguntas de las cairenes o sus inescrupulosas miradas que se fijaban largamente en el delicado manto que sostenía entre sus habilidosas manos. Tampoco deseaba que los ojos de Christa se fijaran en ella, después de todo era un obsequio que planeaba entregarle apenas estuviera terminado. Para ello había escogido la seda más fina que sus padres le habían obsequiado antes de partir, también había intercambiado algunas de sus alhajas por hilos con otras cairenes, logrando reunir la gama de colores necesaria para bordar un paisaje ensoñador de fascinantes somormujos flotando sobre sus pechos en el manto azulado que convertiría en un escenario acuífero colmado de nenúfares de seda y botones de perlas. La túnica de somormujos representaba el infinito cariño que sentía hacía su hermana, lo cual la convertía en un secreto que guardaba con recelo en un baúl debajo de su cama cuando las cairenes cerraban sus doseles después de apagarse las luces, y que reanudaba antes del alba, cuando las aves aún dormían en sus nidos y el sol no era más que una promesa lejana en el firmamento.
Ahora que había decidido tomar un descanso después de pasar extenuantes horas sentada con los ojos fijos en sus precisas puntadas resolvió que era mejor hacerle algo de compañía a su solitaria hermana, quien parecía estar más ausente cada día. Preguntó por Christa a las cairenes que se encontraban dentro de la enorme casa las cuales desconocían el paradero de la pequeña rubia, regresando prontamente su atención hacía las lecturas, bordados o instrumentos que tenían entre sus manos antes de verse interrumpidas. Mina suspiró suavemente con frustración sin darse por vencida, atravesando el patio descubierto que conducía a la perta principal de la casa, dejando atrás la sombra fresca de los techos altos para entregarse a los abrasivos rayos del sol que avivaron los colores de su delicado hanfu; la falda de su vestido era de un naranja suave y agradable a la vista, la pechera negra que sujetaba la falda aprisionaba los pequeños pechos de la jovencita, y encima de él un cintillo rosa se balanceaba con el viento. Las mangas espumosas de gasa parecían poseer el color de la arena del mar y la chalina rosa melocotón se fundía en una dulce visión de cálidos tonos pasteles. Sobre sus cabellos azabaches se coronaban delicadas horquillas de miosotis azuladas entre hilos de oro. Un tocado sencillo y femenino que ella prefería pues no estaba acostumbrada a las ostentosas alhajas con las que cubrían sus cabelleras las cairenes de las familias más ricas.
Llegó al recibidor de la casa donde apenas habían unas cuantas cairenes ociosas conversando en los acolchonados divanes, agitando entre sonrisas sus pai pai con los cuales refrescaban sus rostros sonrosados y cuellos de cisnes. Pasó delante de ellas sin dirigirles la mirada y ellas tampoco prestaron atención a la cairen que acababa de irrumpir en la estancia, continuando con sus charlas mientras la pelinegra seguía en la búsqueda de una cabellera rubia embellecida en broches de plata. Sin embargo, al asomarse desde la puerta que daba hacía los jardines de la fachada principal, no percibió ni la estela de su perfume, aún así pudo divisar a Nifa, quien parecía vagar entre los sauces con una pequeña canasta bajo su brazo derecho.
—¡Nifa! —se acercó a paso rápido hasta la chica que se giró para recibirla con una sonrisa.
—¡Mina! —la saludó sin ceremonias, ambas acostumbradas a tratarse sin la rigurosa formalidad de la ciudad imperial—¿Estabas dando un paseo? No te he visto en todo el día. Cairen Renz me preguntó por ti hace varios minutos pero no sabía dónde te habías metido—le hizo saber con una sonrisa fresca en sus labios de melocotón tierno.
Los ojos de Mina se iluminaron como si una estrella fugaz hubiese cruzado a través de ellos, dejando una estela de esperanza.
—¿Sabes dónde está Christa? —preguntó con alivio, ignorando la pregunta de Nifa—He estado buscándola dentro de la Casa de las Flores pero ninguna cairen la ha visto.
—Oh, supongo que no escuchaste el rumor—comentó Nifa inclinándose hacia adelante, tomando entre sus dedos una frágil flor de cerezo que guardó en su cesta la cual estaba llena de coloridas flores reposando sobre un paño de muselina blanca—Un par de cairenes escucharon a los eunucos conversar esta mañana y según lo que platicaban, el emperador había pasado delante de nuestra casa en su palanquín con toda su corte escoltándolo—narraba con naturalidad pues su corazón no estaba ciegamente enamorado por la ingenua idealización de sus hermanas—Dicen que se dirigía al palacio de la consorte Rall y por si no lo sabes, el palacio no está demasiado lejos de aquí entonces…—Nifa le dio una mirada significativa, sonriendo ampliamente, enseñando su dentadura perfecta semejante al jade blanco.
Mina alzó sus cejas con sorpresa, mirando con incredulidad a la cairen como si hubiese perdido la razón.
—¿Christa fue hasta el palacio de la consorte Rall a buscar al emperador? —chilló preocupada, cubriendo con sus pequeñas manos los labios que temblaban como hojas de laurel al viento. Sintió su corazón latir lento, como si se hubiera lanzado al vacío. Durante el tiempo que llevaba conviviendo con la cairen rubia sabía que ella era una jovencita serena, quien conocía su lugar y controlaba su actuar cuando las circunstancias lo ameritaban, sin embargo, también era consciente del capricho que nublaba el juicio de su hermana y como sus acciones se veían comprometidas cuando algo rondaba en sus deseos más profundos.
—¡Por supuesto que no! ¿De dónde sacas esa idea? —rió Nifa ante su estupefacción, negando suavemente—Cairen Renz fue a esperar el retorno del emperador en la entrada del jardín que da a la calzada principal, debajo de los paulonias imperiales. Las cairenes guardaban la esperanza de ver el palanquín de su majestad pasar delante de sus ojos pero se han cansado de esperar por tanto tiempo, excepto por…
—Christa—terminó de decir Mina recomponiendo su semblante a uno más sereno después de escuchar la revelación de Nifa. El salón donde bordaba estaba tan alejado de las voces curiosas de las cairenes, que naturalmente ella no estaba enterada de aquél aparente suceso. Al igual que Nifa, su corazón no se engañaba con la vana fantasía de ser llamada por el emperador, mucho menos de sostener entre sus manos el corazón del soberano del imperio, pero a diferencia suya, Christa parecía empeñada en salir de la Casa de las Flores como consorte del emperador y enorgullecer a su padre.
Nifa asintió bajando su mirada al interior de la cesta, revolviendo con sus dedos las flores que había recogido mientras paseaba entre los jardines.
—Deberías ir a acompañarla—sugirió la cairen regresando su mirada a Mina—Yo regresaré adentro, voy a preparar un poco de bálsamo para labios con las flores que acabo de recolectar. También guardaré para ti y cairen Renz—dijo empezando a alejarse con su hanfu verdoso ondeando tiernamente entre los pétalos de cerezo que se enredaban en sus alhajas de rosas, coronándola como un gracioso espíritu de los bosques—¡Envíale un saludo de mi parte a cairen Renz! —pidió a lo lejos, girándose con una sonrisa mientras sacudía su mano con suavidad para despedirse.
Mina correspondió el gesto agitando su mano con menos efusividad pero aún así manteniendo una hermosa sonrisa que era eclipsada por la sombra de los sauces. Emprendió su camino en la dirección que Nifa le había indicado, la calzada de las paulonias imperiales, y efectivamente sus ojos apreciaron desde la distancia la menuda figura de la cairen de pie junto a uno de los magníficos arboles de flores lilas que se mantenían firmes como guardias milenarios protegiendo las calles de la ciudad imperial. Como era característico en ella, traía un rico hanfu de falda azul cielo, que a diferencia del suyo, parecía haber sido fabricado exclusivamente de la seda más fina. Llevaba una camisa lila similar al de la flor de paulonia y sobre sus hombros una intricada túnica de flores bordadas en hilo de plata, las cuales nacían desde el borde inferior y crecían, escalando la longitud de la tela en un armonioso diseño de pedrería.
—¡Christa! —saludó llegando a su lado con una sonrisa brillando en autentica felicidad—Llevas mucho tiempo aquí de pie, ¿no te gustaría tomar el té en uno de los jardines interiores? —propuso amablemente, esperando ansiosa la respuesta de su hermana.
—No estoy cansada—fue lo único que respondió la rubia con voz cortés, agitando sobre su rostro el delicado abanico azul que Eren le había obsequiado hace algún tiempo.
Mina sin embargo no pasó desapercibida la palidez en el rostro de la rubia, quien ya poseía un tono de piel níveo y envidiable, pero ahora lucía algo cetrino y cansado. Prefirió no insistir demasiado y dirigió su mirada hacía el frente girando su rostro a ambos lados de la calzada, la cual estaba sumida en un silencio que a veces era interrumpido por el murmullo de las copas de los arboles estremeciéndose ante la inclemente brisa que levantaba una nube de pétalos lila. Mordió su labio inferior ante la incomodidad que le producía el mutismo de su amiga y así pasaron varios segundos en los que ambas permanecieron inmóviles delante de la calzada como un par de estatuas.
—Quizá su majestad ha regresado por otro camino—comentó la cairen pelinegra cuidadosamente, mirando de soslayo el melancólico rostro de Christa.
—¡Te equivocas! —repuso Christa con poca fuerza. Apenas fue un susurro su delicada voz que amenazaba con romperse si agregaba algo más—Los eunucos lo vieron pasar delante de nuestro hogar esta mañana y al no ver a ninguna de nosotras en los jardines, continuó con su camino—explicó con más firmeza en su mirada azul—Quizá regrese nuevamente movido por la curiosidad que le genera la Casa de las Flores, donde residen muchachas más hermosas que las rosas, más blancas que los lirios y más perfumadas que los jazmines—suspiró con una sonrisa débil, la cual no pudo ocultar el abanico que sostenía entre sus pequeños dedos.
La cairen pelinegra se obligó a sonreír intentando compartir el entusiasmo de su hermana, pero le resultaba difícil cuando para ella era más que obvio que el emperador no iba a pasar por esa calzada. No se atrevió a comentar que aquello no era más que un rumor porque no quería regar la amargura que florecía en el corazón de Christa y con ello, su odio hacía el cairen de cabellera castaña.
—A veces me pregunto…—empezó Christa en voz baja, casi como hablara para sí misma—… ¿el emperador continúa frecuentando a Eren? —le preguntó a la nada bajando la mirada hacía la alfombra de pétalos sedosos que pisaban sus escarpines aperlados.
—No lo sé, quizá ya no lo haga con tanta regularidad como antes. Después de tanto tiempo compartiendo solo con cairen Jaeger pudo llegar al punto de perder el interés—opinó con algo de optimismo, tratando de darle algo de esperanza a la rubia.
Christa se permitió sonreír con aires melancólicos, agitando los broches de plata que se cernían en sus cabellos rubios al negar con parsimonia. La cairen alejó la vista de sus escarpines y posó su mirada infinita como el cielo azul sobre la delgada figura de Mina, quien la observó con fijeza, curiosa ante el extraño comportamiento de su hermana.
—En realidad, yo creo que ahora son más cercanos que antes—opinó Christa deteniendo el suave aleteo de su abanico—Temo que la curiosidad que siente el emperador hacía Eren se convierta en algo más, en algo irreversible. Todas las noches rezo para que el corazón de su majestad aguarde un poco más y espere por mí, que Eren no lo rapte entre sus manos egoístas. Me angustia imaginar el día en que Eren se haga consorte y nos aleje de él—confesó cerrando sus ojos azules con dolor, como si una daga le hubiese atravesado el corazón.
Mina se conmovió ante la vulnerabilidad con la que abría su corazón y le confesaba aquellos temores que solamente ella, y quizá Eren en algún momento, conocían. A diferencia del cairen, ella no era capaz de hacerla a un lado y tomar su propio camino, dejándola a merced de los hirientes cuchicheos de las cairenes. La pelinegra prefería ser su soporte, el pilar en cual podía apoyarse cuando sus huesos dolían y su corazón lloraba; dentro de ella no albergaba más que el deseo de ser útil para esa jovencita que se había ganado todo el amor que no había podido ofrecer a nadie más. Ver sufrir a una persona tan pura la convencían cada día que cairen Jaeger no podía ser tan noble y sincero como aparentaba ante los ojos de quienes lo admiraban ciegamente, engañados por la belleza que derrochaba como una deidad.
—No tienes nada que temer, el emperador es un hombre igual a los demás, y todos ellos tienen sentimientos como las olas del mar: sin forma, esculpidos en un instante, desmoronándose en otro, emergiendo de nuevo en otra dirección—consoló la pelinegra con una sonrisa pequeña naciéndole en los labios como un brote en primavera.
A su lado Christa suspiró asintiendo, regresando su vista al frente en donde nada había cambiado desde su llegada.
—Tienes razón, perdona mi insistencia respecto a este tema—se excusó la pequeña rubia riendo suavemente, aunque no sonaba como si lo sintiera en lo absoluto—Es solo que por más que intento olvidarlo, sigo pensando en Eren, a pesar de que me prometí avanzar en mi camino sin acudir a mis recuerdos—murmuró con decepción.
—Lo he notado, después todo, aún conservas el abanico que te obsequió cairen Jaeger—señaló Mina, fijándose en el elegante ornamento que sujetaba Christa en su mano, haciendo juego con el azul de sus ropajes y el manto de nubes florales que la cubría. Parecía un accesorio hecho a la medida de la belleza onírica que reflejaba Christa con sus ademanes parsimoniosos y sus ojos soñadores y melancólicos, brillantes como dos gemas acuosas.
—No te engañes, no lo conservo por algún motivo sentimental. Lo mantengo conmigo porque es un abanico elegante y muy raro que ninguna cairen posee—explicó la cairen rubia desplegando nuevamente el abanico e iniciando un suave aleteo que le refrescó el rostro gracias a la suave brisa que le llegaba envuelta en una fragancia dulzona que no se desvanecía a pesar del tiempo y el uso.
—Saludos, señoritas.
Ambas cairenes respingaron en sus lugares al escuchar cerca de ellas una voz femenina que no pertenecía a ninguna de las cairenes o siervas que ellas conocían. Estaban tan absortas en su conversación que no se percataron de la pequeña procesión de siervas y eunucos que se aceraba silenciosa por un extremo de la calzada, encabezada por la dama de compañía de la consorte Rall, quién caminaba con un porte firme y un rostro estoico.
La dama de compañía se presentó delante de las jovencitas, quienes eran varios años más pequeñas que ella, y las reverenció cortamente al igual que la servidumbre que aguardaba detrás de ella. Sus ojos se posaron por breves segundos en la cairen pelinegra, quien la miraba con una mezcla de curiosidad y temor, pero rápidamente los apartó encontrándose con la persona a quien había ido a buscar en medio de esos parajes florales y distantes. Seguía tan frágil y delicada como la recordaba, incluso sus ojos, esos hermosos ojos azules que le recordaban a las aguas del rio Yang Tse que pintaba su señora con pigmentos pálidos, fuertes, vibrantes… Esos ojos eran todo eso y más. La pequeña era tan sensible, tan llena de sentimientos que su belleza colmaba de emociones a quienes la miraran, como había hecho con ella. No había podido pensar en nada más que en la triste y bonita sonrisa de la rubia, en sus cabellos que le hacían competencia a las hebras doradas que poseía el sol, o en sus mantos azulados que la revestían como un ser celestial.
Como una diosa.
Dejó a un lado esos pensamientos que no hacían más que interferir en su labor y endureció su mirada para no descuidar la barrera que mantenía entre las personas y sus emociones.
—Soy la dama de compañía de la consorte Rall, ¿lo recuerda? —preguntó Ymir a Christa, levantando sus cejas levemente para dar énfasis a sus palabras. Era la primera vez que le dirigía la palabra a la cairen y por alguna extraña razón las palmas de sus manos sudaban, quizá a causa de la brisa tibia que le acariciaba la mejilla.
Christa asintió con una sonrisa luminosa en sus labios rosados.
—Por supuesto, tú eres Ymir.
—Así es—asintió la mujer suavemente—La consorte Rall me envió a buscarla.
—¿Por qué la consorte Rall solicita mi presencia? ¿Ha pasado algo malo? —indagó Christa con algo de preocupación sin embargo se tranquilizó cuando Ymir negó con su cabeza.
—No tiene que preocuparse, cairen Renz, mi señora desea que usted la acompañe a beber el té en uno de los pabellones de Xian Ling. Su educación y prestancia la han maravillado y es por esa razón que desea compartir una tarde con una de las cairenes más elegantes del harem—explicó Ymir con una sonrisa tranquilizadora, intentando calmar a la cairen quien relajó su postura ante el gesto—¿Podría acompañarme?
La cairen de ojos azules se tocó el pecho con la palma de la mano, justo en el corazón, donde lo sintió latiendo velozmente, corriendo como el corcel brioso de un caballero entre la llanura. Sus labios se separaron un poco por donde apenas salió un suave suspiro que fue reclamado por la suave brisa y su rostro se giró hacia el de Mina, quién estaba igual de sorprendida ante la noticia. La pelinegra le sonrió con emoción desbordante sujetando con ambas manos el brazo de su amiga, sacudiéndolo suavemente para que reaccionara y diera su respuesta a la dama de compañía que aguardaba paciente delante de ellas.
—¡Ve, Christa, es tu oportunidad! —susurró Mina entre pequeñas risas, asintiendo enérgicamente en señal de aprobación.
Christa parpadeó suavemente enfocando su rostro con desconcierto para después poner una sonrisa torpe en sus labios rosados y reír con incredulidad, separándose de su amiga.
—Es un honor para mí aceptar la invitación de la consorte Rall—inclinó su cabeza delante de Ymir. Nuevamente sus ojos se posaron sobre Mina—Regresaré pronto—aseguró sonriendo apenada por abandonar a su amiga.
—¡Tienes que disfrutar la compañía de la consorte! —negó Mina, restándole importancia a las preocupaciones de la cairen rubia.
La cairen asintió agradecida, despidiéndose con un suave gesto de su mano y así partir junto a Ymir y el pequeño séquito de siervos que las seguían cuidando sus pasos detrás de ellas. Durante el camino agradeció al cielo por la nueva oportunidad que le ofrecía para crecer dentro del harem y acercarse más a la corte, sin caer en el olvido de la Casa de las Flores junto a las demás cairenes. La invitación de la consorte significaba que había ganado su estima pues ella jamás había compartido sus tardes con alguien más que no fuera Eren; recordaba cuando el cairen la había llevado con él a una de sus reuniones y ella había añorado algún día ser invitada por aquella mujer de buyaos exuberantes, hanfus exquisitos y ademanes desbordantes de elegancia y feminidad. Hoy era el día en que su deseo era cumplido y debía ser sabia, aprovechar las oportunidades al igual que Eren lo había hecho y forjarse su propio camino hacía el emperador. Miró de reojo a la dama de compañía que caminaba con la espalda recta y sus manos entrelazadas apoyadas en su vientre; sus cabellos castaños lucían un simple tocado de oro y flores engarzadas en jade pero eran suficiente para embellecer la cabellera que brillaba bajo el sol. Su piel era algo bronceada, con unas juguetonas pecas que parecían dibujadas cuidadosamente con un pincel sobre la tersa piel de la mujer. Al parecer la miró más de lo que debía, pues los ojos fieros de la castaña se toparon con los suyos en un rápido gesto que le paralizó el corazón.
—Disculpe—susurró Christa regresando la mirada al camino que se desplegaba delante de ellas, sintiendo sus mejillas arder fuertemente. Con disimulo extendió el abanico y cubrió la mitad de su rostro tratando de ocultar con vergüenza el gesto delator que se extendía por su rostro.
Ymir se permitió sonreír con ligereza cuando sus rostros fueron cubiertos por la sombra de un sauce la cual impedía que el brillo de sus labios fuera apreciado por los ojos de la cairen. Cuando abandonaron el refugio del sauce y el sol acarició su faz ya no quedaba vestigio de lo que fue aquella sonrisa enternecida, pero el sentimiento permaneció prensado en su corazón como un botón de oro.
—¿Está nerviosa? —le preguntó Ymir al sentirla tan tensa y callada.
—Solo un poco—respondió Christa tímida, sonriendo bajo el abanico sin atreverse a mirar esos ojos sagaces que la hacían sentir tan desprotegida—Pero no tiene que preocuparse, sé cómo debo comportarme delante de la consorte—aseguró con más confianza. En su hogar se habían encargado de criarla bajo los modales más rigurosos y ceremoniosos para convertirla en una mujer perfecta a los ojos de la sociedad; una mujer que no riera escandalosamente, que caminara sin hacer demasiado ruido, que no hablara si no se le preguntaba, que su sonrisa hiciera la menor cantidad de pliegues en su rostro.
—Bien—susurró la castaña mordiendo con suavidad su labio inferior, deseando de repente agregar algo más, algo que quizá podría ayudar a la inocente cairen ante la atrayente presencia de la consorte. Liberó su labio con un suave suspiro, apenas abriendo su boca de donde no salía ningún sonido.
—¿Está bien? ¿Algo la perturba? —preguntó Christa interrumpiéndola.
La cairen a pesar de avanzar a su lado no paraba de mirarla con preocupación, como si verdaderamente estuviera inquieta ante los extraños gestos que develaba el rostro de Ymir.
—No es nada, solamente estoy algo cansada—la tranquilizó Ymir con una sonrisa que apenas duró unos cuantos pestañeos y después desapareció sin dejar rastro.
—Debe ser agotador su trabajo como dama de compañía de la consorte Rall, ¿no es así? —comentó Christa con curiosidad, abriendo grandemente sus ojos, inmensos y bastos como el cielo. Al notar que Ymir solo la miraba fijamente en silencio, apenas pestañeando, pensó que quizá su comentario había sonado irrespetuoso hacía la consorte y rápidamente enmendó su error—Quiero decir, es una tarea que no cualquiera podría llevar a cabalidad, además la consorte Rall es una mujer tan importante y venerable, con tantas responsabilidades descansando sobre sus hombros esperando ser atendidas—hablaba con las palabras saliendo torpemente de sus labios, buscando la manera de disipar la incomodidad que sentía entre ambas—¡Es comprensible que se sienta agotada! Su deber es asistir a la consorte en las tareas más vanas hasta las tareas más delicadas.
La dama de compañía frunció suavemente el entrecejo, ladeando suavemente su cabeza, intentando en vano contener una suave risa que cortó el tropel de oraciones de la cairen, quien se detuvo abruptamente al escucharla. Los ojos marrones de Ymir brillaban cálidamente bajo los gentiles rallos del sol y sus labios por fin se despreocuparon al obsequiarle una de sus raras sonrisas. Christa sintió que su estomago cosquilleaba dulcemente, como si una nube de mariposas volara caprichosa en su interior, y le correspondió el gesto sintiéndose feliz de lograr que aquella mujer de porte firme se mostrara más cercana a ella.
—No tienes que temerme, cairen Renz, no quiero incomodarte con mi presencia. Siéntete libre de hablar conmigo sin tantas formalidades —ofreció Ymir con voz gentil y tranquila, delineando cada palabra con la punta de su lengua—Puedes llamarme Ymir si lo deseas—murmuró con suavidad a su lado.
Christa había creído que en su vida no conocería una sonrisa más hermosa y tibia que la de Eren, pero se equivocaba; la forma en la que Ymir lo hacía era como sentir la luz del crepúsculo sobre su piel con un toque tímido y delicado. Nuevamente sus mejillas ardieron y sus ojos se cerraron un momento, agrandando su sonrisa aún más, asintiendo con suavidad aceptando dócilmente las palabras de la dama de compañía que caminaba a su lado desprendiendo en sus pasos firmeza y seguridad.
Sobre su mejilla sintió la frágil caricia de un pétalo, la cual comparó con la voz de Ymir.
—Entonces tú puedes llamarme Christa, Ymir—aceptó abriendo nuevamente los ojos, permitiendo que la castaña bebiera del azul de sus ojos.
—Christa—susurró Ymir para ella, regresando su vista al frente, donde se asomaban los techos altos del palacio de la consorte con sus estatuillas de oro titilando como estrellas diurnas.
Christa creyó que tomarían el té en el palacio, pero rápidamente recordó que Ymir había mencionado un pabellón en Xian Ling, a lo cual halló sentido cuando ella la llevó por un sendero que se desviaba de la entrada principal del portón que custodiaba el palacio y se sumergían en un camino que lucía menos transitado pero bellamente cuidado. Desde lo alto las espesas copas de los árboles protegían con sus acarameladas hojas la procesión que transitaba por el camino de grava en un silencio solemne, apenas interrumpido por los comentarios ocasionales de la cairen y la dama de compañía, quienes se miraban de reojo con timidez. Después de algunos minutos caminando en un infinito sendero de farolas de madera y papel que bordeaban la calzada, llegaron a una pequeña explanada a la orilla de un lago, la cual tenía un camino que guiaba a un pabellón que se encontraba en medio de las aguas serenas por donde revoloteaban avecillas ociosas y los lotos flotaban como pequeñas botes deslizándose entre las suaves hondas del agua.
—La consorte Rall nos está esperando—dijo Ymir señalando el pabellón que aguardaba por ellas, imponente, solitario y olvidado.
Christa sintió un pequeño vértigo al cruzar a través del angosto puente de piedra que a pesar de no ser muy estrecho pues perfectamente cabían tres personas en él, le generaba ansiedad al estar rodeado de un inmenso manto de agua perfumada de nenúfares y pétalos de duraznero que dormitaba como un guardián del pabellón. El viento parsimonioso correteaba con picardía agitando sus ropajes y las alhajas de plata que se prendían de sus cabellos de oro. Sus ojos abarcaron con asombro el pabellón que se alzaba en frente de los recién llegados; la entrada estaba protegida por un pórtico de techo bajo e inclinado donde se había tallado una inscripción que rezaba "pabellón de las olas azules". Las columnas de madera cilíndrica rojiza sostenían el techo multi inclinado que constaba de tres pisos. Las techumbres, recubiertas con tejas de una tonalidad verde oscurecida por el paso de los años, se complementaban con un alero grande cuyo final se inclinaba en dirección al cielo. Las ventanas estaban protegidas por delicadas celosías florales que filtraban la luz esencial del sol, dando paso a la brisa refrescante que ventilaba el interior de la edificación. Cuando dejaron atrás el pórtico, a su nariz llegó la fascinante esencia del sahumerio de los pebeteros y el débil choque de la porcelana siendo dispuesta sobre una superficie de madera. Dos eunucos hicieron a un lado las cortinas de muselina rosa que colgaban de un marco recubierto exquisitamente con azulejos de poco espesor y ella ingresó en la pequeña estancia, rodeando el biombo de papel de arroz teñido y varillas de bambú que impedían a los siervos admirar a la rectada consorte que aguardaba en lo profundo del pabellón. Ymir ordenó a los siervos aguardar en la entrada y acompañó a la pequeña cairen, quien temblaba levemente como una hoja de nogal al viento ante la venerable visión de Petra ocupando el sillón, que asemejaba más a un trono sencillo, como una gran señora.
—Alteza, cairen Renz ya está aquí—Ymir se inclinó delante de su señora, quien estaba acompañada por Auruo.
—Muchas gracias, Ymir, puedes regresar a tu lugar—ordenó con suavidad la mujer haciendo un ademán con su mano que le indicaba el lugar que debía ocupar al lado de su sillón.
La dama de compañía asintió posicionándose junto a la consorte, dejando a la cairen rubia a merced de la analítica mirada de su señora quien le sonreía con ternura para que se tranquilizara y no le temiera. A los ojos de Christa, Petra lucía tan, o más magnifica, que aquél día en el que ambas se toparon en medio de aquél puente donde enjuagaba sus lágrimas con ademanes lastimeros. Las mangas de la túnica marrón de la consorte descansaban extendidas sobre los brazos del sillón, cayendo como una cascada de tela salpicada con delicados lotos de tinta blanca y centros rojizos. Su cuerpo estaba cubierto por un hanfu borgoña, más claro que el color del vino de arroz, con un escote que rebelaba las clavículas torneadas bajo la aterciopelada piel de la consorte. En su fina cintura se ajustaba una faja marrón con las siluetas de un par de palomas de oro tocando sus picos en un beso. Y entre sus dóciles cabellos cobrizos un par de peonías rosadas que recogían su melena en lo alto donde se balanceaban palillos con hilillos de oro y perlas acariciando sus mejillas coloreadas de un tenue rubor que avivaban su rostro níveo. Las suaves luces de las lámparas que colgaban desde las pesadas vigas del techo enfatizaban los finos rasgos de la mujer que no la dejaban indiferente pues hasta el más mínimo aleteo de sus pestañas al parpadear le detenían la respiración y la obligaban a no perder detalle de aquella mujer que permanecía inmóvil entre vahos de sahumerio y sombras misteriosas.
—Saludos, consorte Rall—se arrodilló rápidamente la cairen con sus manos entrelazadas, apoyadas en su vientre, con los ojos fijos en los intricados diseños del mármol blanquecino que reflejaba su rostro.
—Puedes ponerte de pie—concedió la consorte con voz amable, señalando con su mano el sillón que se encontraba dispuesto delante de ella—Toma asiento, cairen Renz, debes estar exhausta después de aquella caminata bajo este sol sofocante—comentó comprensiva.
Christa obedeció, siendo ayudada por una de las siervas que aguardaba a su lado para atenderla durante toda la reunión. Desde que había entrado al harem nadie había tomado el dorso de su mano y le había ayudado a tomar asiento entre los mullidos cojines de seda. Era Sasha quien tenía esa clase de atenciones con Eren cuando aún convivían bajo el mismo techo y a ella se preguntaba cual sería la sensación al ser tratada con tanto respeto; ahora lo sabía, lo podía sentir adormeciendo su orgullo. Se sentía parte de la opulencia de la ciudad imperial, como si nadie por debajo de ella tuviese la potestad de hacerle daño ni de mirarla por encima del hombro.
—Cairen Renz, no sabes cuan feliz estoy de que hayas venido a verme—comenzó Petra mirándola con genuino agradecimiento brillando en sus ojos calmos—Sé que preferirías pasar la tarde con tus hermanas paseando entre los jardines o jugando a las orillas de los lagos y no aquí en medio de tanto silencio y quietud…—la mujer agitó suavemente su mano y con aquél simple gesto indicó a las sirvientas que pusieran sobre la mesita que había entre ella gran variedad de frutos y postres en delicados platitos altos. El té también fue servido en pequeñas tazas de porcelana, despidiendo un tenue aroma que se mezcló con el vaho de los pebeteros.
Christa negó suavemente con una sonrisa recibiendo entre sus manos la pequeña taza que le ofrecía la sierva a un lado suyo.
—¡Alteza, soy yo quien debería decir aquellas palabras!— expresó con gratitud la cairen abriendo grandemente sus ojos de cielo azul—Todas mis hermanas hablan de lo privilegiadas que serían si tan solo usted pronunciara sus nombres y recordase sus rostros. El saber que me ha llamado para acompañarla y ha recordado mi nombre me honra bastante, a pesar de que no pertenezco a su mismo círculo—agradeció con palabras cálidas, sonriendo con la taza humeando sobre sus labios antes de extenderla hacía la consorte, quien imitó su gesto, bebiendo ambas al mismo tiempo—¡Está delicioso! —susurró Christa ante el exótico sabor del líquido ámbar que reposaba en su taza.
Petra sonrió ante el entusiasmo de su joven invitada y afirmó, dándole la razón pues ciertamente aquél té no se consumía afuera de los terrenos de Xian Ling, eso lo convertía en una rareza dentro de los parajes de la ciudad imperial.
—Es té de crisantemo de la montaña amarilla y bayas de goji procedentes de Tongxiang—explicaba la consorte mientras agitaba con suaves movimientos la taza de té antes de darle un ligero sorbo. Entregó la taza a Ymir, quien la dejó suavemente sobre el platito compañero y regresó a su lugar silenciosa—Bien, cairen Renz, espero que no encuentres tan atrevida esta pregunta, pero es algo que me he preguntado desde que te vi junto a cairen Jaeger—se excusó la consorte con una suave inclinación de su rostro—¿Cuántos años tienes? Luces como las jovencitas que apenas se familiarizan con el trato a los caballeros y abandonan las faldas de sus madres.
Christa entregó la taza de té vacía a la sierva que aguardaba de pie al lado suyo y lamió imperceptiblemente sus labios, sintiéndose levemente avergonzada por aquella pregunta, pues ante los piadosos ojos de la consorte seguramente lucía como una niña pobre e ingenua que jugaba a ser una gran señora entre vestidos elegantes y alhajas ostentosas.
—Tengo quince años—respondió algo apenada, mirando las palmas de sus manos que jugueteaban con el abanico tratando de controlar sus ademanes torpes.
—¡Tan joven! —exclamó Petra frunciendo con ligereza su ceño, demostrando contrariedad—¿Tu familia aceptó la orden del palacio imperial tan fácilmente? —indagó.
—La orden del palacio imperial no llegó a la puerta de mi casa—explicó Christa en un susurro acariciando con la punta de su dedo el mango del abanico—Fue mi abuelo quien logró convencer a mi padre para ofrecerme al harem del emperador y así otorgarle más estatus al apellido de nuestra familia—explicó al levantar la mirada, topándose con el rostro afectado de la mujer delante de ella—Soy la única hija que mi madre ha logrado engendrar y al ser ella la primera esposa, no es muy favorable para su posición. Es por eso que acepté la voluntad de mi familia y decidí esforzarme en el harem para lograr algún día…—se interrumpió cuando se dio cuenta de lo que iba a escapar entre sus labios. "Para algún día ser nombrada consorte del emperador" era lo que iba a confiarle a la consorte Rall, sin embargo, ¡qué imprudente habría sido dirigirle aquellas palabras a una consorte! No sabía qué reacción habría provocado en la única mujer que ostentaba un alto estatus ante el harem y la corte del emperador.
Petra, sin embargo, logró discernir el mensaje de la cairen y sonriendo, asintió comprensiva, diciéndole con la mirada que entendía lo que ansiaba obtener para el honor de su familia.
—Ser consorte, ¿no es así?
Christa la observó desde su lugar agobiada al verse descubierta y sus labios se abrieron rápidamente para excusarse ante su falta de modales, sin embargo la consorte se adelantó al percatarse de su intención:
—No tiene que preocuparte, cairen Renz, lo entiendo. Todas las mujeres que entran al harem traen consigo el mismo sueño, y es algo de admirar que deseen poner en alto el apellido de sus familias en la corte—la tranquilizó riendo suavemente ante su expresión de suplicio mudo—Debo confesar que cuando veo tu rostro, recuerdo el día que abandoné mi hogar para convertirme en la esposa de su majestad—confesó con naturalidad desviando la vista hacía un punto indefinido de la estancia.
—¿Usted tenía mi edad? —quiso saber la cairen después de reunir la valentía suficiente para hablar.
Petra negó, parpadeando en un suave aleteo, aún perdida en las remembranzas de aquellos días cuando vivía en la casa de su padre y el matrimonio era algo que llevaba escuchando desde que tenía uso de razón.
—No, mi padre aguardó paciente que llegara el momento indicado para desposarme con un hombre con igual o mayor estatus, preferiblemente un caballero de la corte. Sin embargo el trono del emperador Kenny fue usurpado por su hijo, quien acabó con toda su familia a excepción de su hermana menor, la princesa Mikasa, hija de la emperatriz Kuchel, a quien envió al palacio de oeste. Mi padre fue uno de los generales que apoyó su plan de hacerse con el poder de todo el imperio y a cambio él pidió como recompensa que su hija fuese hecha consorte y se le concedieran algunas tierras al norte del país—contaba Petra con lejanía, como si de una vieja historia se tratara—A los dieciocho años fui entregada al emperador por la mano de mi padre y prometí mantener en alto el apellido de los Rall más allá de setenta generaciones.
—¿Y nunca había tenido la oportunidad de hablar con él antes? ¿De conocerlo? —Christa la miró con intensidad, bastante atraída por las revelaciones de la consorte acerca de su pasado y su unión con el hombre al que ella ansiaba entregarse.
Petra negó solemnemente, manteniendo la delicada sonrisa en su rostro fresco, como si aquél cuestionamiento le parecieran superficiales y sin importancia.
—¿Usted lo amaba? —insistió la cairen.
—¿Amarlo? ¿Cómo podría amar a alguien sin rostro? De su majestad solo sabía su nombre y conocía cómo había levantado su imperio sobre la sangre de su familia—la consorte apoyó su mentón con suavidad sobre la palma de su mano y le dirigió una mirada apacible a la pequeña que se mantenía inmóvil mordiéndose los labios con algo de contrariedad en sus ojos azules.
—Yo he oído que cuando dos personas se casan debe existir amor entre ellas, pues si no lo hay, su unión se cimienta en arena y en medio de la tormenta, podría derrumbarse…—susurró, bajando la voz a medida que terminaba la frase. ¿Cuántas personas casadas conocía y entre ellas no había ni siquiera una mirada cargada de ternura? Sus padres se trataban con una fría formalidad que rozaba la cortesía de dos extraños que convivían bajo el mismo lecho.
Petra permaneció unos instantes silenciosa, pero luego, sonriéndole con piedad, dijo dulcemente:
—Eso no tiene importancia. El amor es como una planta, siémbralo sobre dos corazones dispuestos a dejarlo germinar y crecerá—le explicó con paciencia acariciando distraídamente el largo pendiente que rozaba su mejilla— Para nosotros los nobles es un asunto que crece a medida que la pareja encuentra la felicidad en el matrimonio y en las mutuas solidaridades para llegar a la vejez.
La cairen asintió con profundidad meditando las palabras de consorte y, a su pesar, les hallaba bastante sentido, sin embargo no se permitió dudar sobre lo que creía sentir por el emperador, pues ella desde que había conocido su destino como concubina supo que su deber era amar al hombre que gobernaba desde las entrañas de una ciudad que lo albergaba con recelo entre sus murallas. Sí la consorte Rall había aprendido a amar con el paso de los años, para ella no sería difícil puesto que ya lo hacía, y con tanto ímpetu que dolía y la empujaba a cuestionarse tantas cosas; a mentir, a soltar la mano de la única persona que mostró una aparente compasión por ella, que no era más que conveniencia para deshacerse de sus obstáculos más fuertes.
—Y ahora… ¿usted ama a su majestad a pesar de ser voluntad de su padre que se desposara con el emperador? —preguntó con lentitud la rubia levantando la mirada de su regazo, enfocando el rostro de la consorte quién no se escandalizó por aquella pregunta tan directa y descortés.
Un profundo silencio se presentó cuando la cairen terminó la oración. Fuera del pabellón, en el cielo, una bandada de garzas sobrevolaba el cielo, entonando con sus gargantas sedientas un cántico al sol majestuoso que titilaba como un botón de oro entre el lienzo del firmamento. El chapoteo de los peces deslizándose junto a los lotos rojos era distante pero claro, al igual que lamento de los viejos árboles, longevos y fuertes, al sentir sus ramas estremecerse ante el brioso paso del viento, llorando hojas y flores que danzaban al aire, reposando prontamente en el suelo. Dentro del pabellón aquellos sonidos exteriores llegaban lejanos y eran ignorados por los presentes que sostenían sus respiraciones para no incordiar la conversación que sostenían ambas mujeres. Los siervos miraban el suelo mordiendo sus labios, rezando dentro de sus cabezas para el mutismo de la consorte no significara la cólera inminente. Ymir observaba de reojo el rostro de su señora, quien parecía meditar su respuesta en el rostro de la cairen, como si tuviera frente a ella un espejo. Después de varios segundos donde el silencio estaba haciendo que Christa se arrepintiera de su atrevimiento, Petra suspiró y enderezó su postura, recostando su espalda en el espaldar del sillón con cansancio, sin una sola pizca de furia en su rostro lozano, es más, parecía brillar una pequeña luz de nostalgia en su mirada.
—Pequeña, si realmente quieres ser feliz al lado de un hombre debes buscar la luz en lugar de estar maldiciendo eternamente la oscuridad—aconsejó la mujer con paciencia—En mi unión con su majestad acepté sin cuestionamientos que ese era mi destino, inclusive si el amor no estaba presente en mi corazón. El tiempo ha sido justo y nos convirtió en buenos amigos que han aprendido a quererse y tolerarse después de convivir tantos años juntos—respondió con sencillez.
Los labios se Christa se separaron apenas unas centímetros sin embargo de ellos apenas se escapó un suave suspiro que no fue escuchado. Dentro de ella ardía la impaciencia de una niña que ansiaba obtener más respuestas de las que debía, pero se controló y aceptó que estaba yendo demasiado lejos con sus preguntas que removían recuerdos de la consorte. Una sirvienta se acercó con pasos silenciosos hasta la tetera y sirvió otra ronda de té para las damas que miraban atentas sus ademanes, cada una perdida en sus propias cavilaciones. Christa desplegó el abanico azul para refrescarse y disimular un poco la incomodidad que sentía pululando en el aire. Al escuchar el sonido sordo del abanico los ojos de Petra abandonaron la figura de la sirvienta y se dirigió a la cairen, notando por primera vez el accesorio que cargaba la rubia en su delicada mano. Sus ojos se abrieron grandemente con sorpresa al reconocer aquél objeto, uno que ella misma había obsequiado a cierto cairen en una reunión parecida a la que se estaba llevando, frunció su ceño incrédula sin comprender cómo el abanico había terminado en manos de la cairen, barajando las miles de posibilidades.
—Es un hermoso abanico, cairen Renz—comentó Petra cortésmente, recomponiendo su expresión contrariada para que la rubia no cuestionara su comportamiento.
—¡Muchas gracias, alteza! —sonrió Christa feliz de revivir la plática que parecía haber muerto hace algunos segundos—Los abanicos son mis accesorios favoritos, y este es uno de mis preferidos, generalmente lo uso en todas las ocasiones.
—Una dama sin un abanico es similar a un guerrero sin espada. Es un signo de absoluta feminidad con el cual deben familiarizarse las mujeres antes de salir de sus casas—reconoció Petra, aprobando el gusto de la jovencita con una sonrisa pequeña—¿Es un obsequio de algún familiar? —preguntó despreocupada—¿O de alguna de tus hermanas? —insistió con voz suave, recibiendo la taza de té que le ofrecía Ymir.
Christa detuvo el aleteo del abanico sobre su rostro al escuchar la última pregunta de la mujer y la consorte sonrió un poco más, como un felino inocente que admiraba desde su cómoda posición a su ignorante presa deambulando ciegamente.
—Es un regalo de Eren—confesó la cairen con dificultad, sintiendo una leve punzada en su cabeza a la cual no le prestó demasiada atención—Tenía planeado entregármelo aquél día… el día en que sucedió el incidente bochornoso en la Casa de las Flores. Aún me sigo preguntando por qué me lo dio, es decir, mire, ¡es tan hermoso! ¿Quién podría permitir que otras manos lo portaran? —exclamó con poca efusividad, lo cual no pasó por alto la consorte.
—Probablemente cairen Jaeger lo haya seleccionado de su amplia colección de abanicos, después de todo es un honorable cairen y conozco muy bien el placer que halla el emperador consintiendo a sus allegados, así que no me extrañaría que ese abanico sea uno de sus presentes—comentó Petra sonriendo detrás de la taza de té sin medir el peso de sus palabras las cuales habían tocado el corazón de la jovencita.
—Sí, quizá sea uno de los muchos regalos que ha recibido de su majestad—susurró secamente cerrando el abanico con parsimonia, dejándolo sobre su regazo sin dirigirle una sola mirada. Trató de no exteriorizar que el comentario de la consorte había removido en su interior un malestar que se manifestaba cuando el nombre de Eren era pronunciado.
Petra, atenta como un felino, notó en la frágil voz de la jovencita un ápice de molestia cuando pronunció el nombre de quien había sido su guía en medio de las hostilidades del harem. Sin embargo no se disculpó ni mostró arrepentimiento en su mirada, no era momento para la compasión.
—¿Algo anda mal, cairen Renz? Siento que tu humor no es el mismo al del primer día que te conocí, te ves más cansada y triste, algo extraño en ti... siempre he visto una sonrisa en tu rostro—señaló Petra inocente, mostrándose preocupada por el cambio de la cairen—Creí que apartando a cairen Leonhardt de ustedes los malos días en el harem se terminarían y podrían convivir en paz, pero por lo que veo no es así—se lamentó Petra suspirando con la mirada baja—No quisiste decirme la razón de tus lágrimas el día que nos encontramos en el puente y yo respeté tu decisión, sin embargo algo me dice que tiene que ver con cairen Jaeger—fue directa, mirando entre sus pestañas el rostro pasmado de la rubia al sentirse descubierta—¿Me equivoco? Por favor cairen Renz, no debes avergonzarte, después de todo soy quien vela por su bienestar, sus penas son mis penas, sus lágrimas son las mías. ¿No confías en mi, acaso? No debes temer, recuerda que soy como una madre para ustedes, quizá pueda ayudar y resolver aquello que te aqueja—ofreció con dulzura en sus palabras, juntando ambas manos sobre su pecho como si suplicara en silencio que la pequeña aceptara sus palabras y le revelara sus angustias y malestares.
La cairen rubia mordió su labio con algo de fuerza, reflexionando silenciosa si debía aceptar la propuesta de la consorte y hacerle saber todo lo que guardaba en secreto, consumiéndola dolorosamente al no poder ser compartido con alguien. Con pena arrastró sus ojos azulados, acuosos, hasta el rostro expectante de la mujer que le regresaba la mirada preocupada, como una madre que sabiendo que su hija ocultaba una pena muy grande, esperaba una explicación. Quiso derrumbarse cuando vio a la consorte sonreír con calidez, una que le cobijó el corazón en un abrazo, sintiendo el mar de sus ojos desbordarse gota por gota por la arena blanca de su piel, quemándole las mejillas sonrojadas, perdiéndose en su mentón.
—¡Pequeña Christa! —fue la expresión ahogada que llegó hasta sus oídos y lo que avivó su llanto porque Eren también la había llamado así y la había refugiado en su pecho como su madre nunca lo había hecho.
Cubrió su rostro con ambas manos para ocultar la vergüenza de su rostro devastado a los ojos de los siervos que parecían mirarla con lástima. Lo odiaba, odiaba ser tan débil, llorar con tanta facilidad, sentir con tanto ímpetu y amar con tanta terquedad. Entre sus sollozos sintió una ráfaga de perfume y seda, acompañada por el tintineo de miles de campanillas chocando entre sí, muy cerca de ella y cuando descubrió su rostro húmedo de rocío quejumbroso miró con sorpresa la delicada figura de Petra de rodillas al lado suyo con la mirada nublada en autentica preocupación y los jugosos labios de rosa entre abiertos suavemente.
—Mi pobre niña, ¿qué te sucede? Dime por favor, ¿qué es? ¿Quién te ha hecho sufrir? —suplicaba Petra con voz suave, cobijando entre sus manos la pequeña y temblorosa de Christa.
—Alteza…—se lamentó la rubia con un sollozo lastimero, apretando la mano de la consorte—No puedo hacerlo…—susurró negando con una sonrisa enmarcada en lágrimas que caían silenciosas por su tibia piel.
—Claro que puedes, no te cohíbas, puedes confiar en mí—la alentó la consorte con una sonrisa pequeña acariciando con su dedo pulgar el dorso de la mano de la cairen—¿Cairen Jaeger ha hecho algo malo en contra de ti?—insistió.
Christa tardó en responder mientras su cuerpo se sacudía en espasmos, aguantando el inminente torrente de lágrimas que amenazaba con deshacerse en sus ojos. Pensó, ¿realmente Eren era la razón de su tristeza y odio? ¿Desde cuándo la miel de su corazón se había tornado en hiel amarga? Pero entonces, cuando estaba por abstenerse de pronunciar el nombre de su hermano un recuerdo cegador pasó delante de sus ojos; la confrontación de Hitch, el rostro de aquella cairen orgullosa ocultando una pena silenciosa en sus ojos duros que la acusaban por la muerte de su hermana como si la gritaran y maldijeran. Los susurros de las demás cairenes a su espalda creyendo que a sus oídos no llegaban las hirientes burlas, los odiosos rencores. Por culpa de los actos de Eren era ella quien cargaba con el odio de cientos de jovencitas.
—Sí—respondió al final tomando un poco de aire—Él incumplió su promesa y ahora por culpa de sus errores soy yo quien es señalada con odio—susurró, apartando la mirada con vergüenza. No quería encontrarse con los ojos de Ymir porque podía sentir el peso de ellos en su figura,
—¿A qué te refieres, cairen Renz?
—Yo le pedí que no fuera ante usted y le contara el incidente con Annie, y aunque él no respondió, asumí que por respeto a mi palabra lo cumpliría. Sin embargo me he equivocado, ciegamente creí en él. Sé que Annie significaba para él un tropiezo muy grande en su camino para hacerse consorte y usó mi situación como pretexto para deshacerse de ella, lo confronté delante de su palacio y aún así mantuvo su fachada de preocupación, ¡cómo si verdaderamente lo hubiera hecho todo por mi! Sé que no es así, en su corazón no hay más que ambición—esto último lo dijo con decepción, frunciendo su ceño con odio al haber sido tan ingenua.
—Cairen Renz, quizá todo ha sido un mal entendido—rebatió la consorte con precaución, dando pequeñas palmaditas en la mano de la rubia.
La jovencita negó con vehemencia.
—No, alteza, estoy segura de mis palabras, ahora todas las atenciones de cairen Jaeger cobran sentido para mí. No eran más que apariencias para esconder la terrible persona que se oculta debajo de suntuosos vestidos de seda y chalinas—sollozó con una mueca teñida en desagrado—Es egoísta, no permitía que nosotras tuviéramos algún acercamiento con su majestad cuando por fin se nos dio la oportunidad—continuó, girándose hacía el rostro de la consorte—¡Usted lo vio! Él acaparó al emperador con descaro ignorando que su mujer estaba del otro lado del trono y tuvo el descaro de besarlo, eso fue un acto humillante hacía usted, alteza—comentó casi sin aire, mirando fijamente a la mujer, quien se puso de pie con el rostro afectado.
—Fue la voluntad de su majestad—respondió la mujer dándole la espalda.
—¡Pero es inadmisible que un perro ladre al tigre en su propia montaña!—expresó Christa sin medir la brutalidad de su comentario.
El ceño de Petra se contrajo levemente al escuchar esto último y sonrió con aversión ante el caprichoso comportamiento de la pequeña rubia. La jovencita que aspiraba a ser una consorte aún no poseía el carácter que exigía esa posición, con aquellas palabras lo había deducido, después de todo parecía seriamente afectada por los gestos de su esposo hacía Eren, algo en lo que ella ni siquiera había reparado de esa forma. Suspiró inaudiblemente y al girarse nuevamente hacía la cairen su expresión se había convertido en muda resignación.
—Cairen Renz, a veces no tenemos más opción que callar y agachar la cabeza con sumisión—explicó entrelazando sus manos sobre su vientre con una sonrisa cansada, como si toda la vida de la consorte hubiese sido aquello: callar.
—Pero alteza, usted ha sido tan buena con él y aún así él ni siquiera fue capaz de considerar su respeto como consorte del emperador—expresó con rabia contenida, limpiando las lágrimas que se estaban secando en sus mejillas—Y mis esfuerzos… todo lo que hice para que al final los pisoteara sin compasión.
La consorte desvió la vista con incomodidad, mordiendo su labio inferior tratando de contener la confesión que ansiaba escapar de sus labios, así interpretó aquél gesto la cairen, sin embargo antes de poder preguntar a qué se debía su actitud vacilante Petra sacudió ligeramente su cabeza y las alhajas chocaron dulcemente sobre sus sienes, acariciando las mejillas sonrojadas de la mujer. La consorte caminó hasta ella y tomó sus manos, indicándole que debía ponerse de pie, a lo que Christa obedeció confundida con el abanico de Eren entre su mano y la mano de la consorte. Petra le sonrió piadosa y la miró con cariño, reconfortándola a pesar de los sentimientos negativos que añejaban su corazón.
—Mi pequeña Christa, es mejor permanecer inalterable sobre el bote por más violentas que sean las tempestades—aconsejó con sabiduría la mujer—Sé que todo esto debe ser difícil para una criatura tan inocente como lo eres tú, pero debes mantenerte serena ante los tropiezos que irrumpen tu camino. No actúes sin sopesar las consecuencias, no te entregues a la tormenta—sentenció liberando sus manos suavemente—Creo que te he ocupado por bastante tiempo y que quizá quieras reflexionar sobre nuestra plática, así que ordenaré mis siervos que te escolten hasta tu hogar.
La cairen asintió sin muchos ánimos, escuchando casi a la lejanía las órdenes que impartía Petra a las sirvientas, quienes recogían las tazas de té y los platillos con los bocadillos que ninguna había probado.
—Ymir te acompañará hasta la calzada—le hizo saber la consorte tomando asiento nuevamente entre los mullidos cojines de seda y pluma de pato, extendiendo las amplias mangas de su túnica como toda una gran señora—Agradezco que hayas aceptado acompañarme y no fueras tímida al revelarme tus tribulaciones. Las puertas de mi palacio siempre estarán abiertas para ti y si hay algo que yo pueda hacer por ti, no te abstengas en hacérmelo saber—sonrió generosa.
—Muchas gracias, alteza, lo recordaré—Christa hizo una reverencia pronunciada, inclinando con respeto su cabeza antes de retirarse.
Christa abandonó el pabellón, dejando atrás el dulce aroma del incienso que caracterizaba a la consorte para respirar nuevamente el aire fresco que arrastraba consigo vestigios de fragancia a loto y agua fresca, sintiendo sobre su piel los rayos del sol. Ymir caminaba a su lado mientras atravesaban el puente que llevaba a la orilla de la pequeña explanada con una nueva procesión de siervos detrás de ella siguiéndolos con las cabezas gachas. Tenía tantas cosas en su mente que no reparó en la presencia de la dama de compañía a un lado suyo mirándola de soslayo mientras lentamente se iban acercando hasta la explanada y no fue hasta que la sombra de un árbol de maple las cobijó, indicándoles que habían llegado a la seguridad de la calzada, que notó la insistente mirada silenciosa de la morena en su rostro. Estaba preparada para formular su pregunta ante el raro comportamiento de la dama de compañía de la consorte Rall pero esta se le adelantó con una mirada arrepentida pero firme:
—Esto… esto es algo que no deberías escuchar, después de todo es una promesa que la consorte Rall juró no revelar y la palabra de mi señora es oro, pero aún así yo… no puedo hacerte esto—jadeó Ymir mirándola a los ojos con intensidad.
—¿De qué estás hablando Ymir? Me estás asustando—Christa se removió incómoda en su lugar apretando entre sus pequeñas manos el abanico.
Ymir se acercó un poco más hasta ella para que los siervos, quienes aguardaban a una distancia prudente para darles algo de privacidad, no escucharan lo que tenía que confiarle. Posó sus manos con actitud vacilante sobre los hombros redondos de la pequeña rubia y ahí las dejó, sintiéndose ligeramente avergonzada por las libertades que se estaba tomando. Christa sintió sus mejillas teñirse con vergüenza al sentir tan peligrosamente cerca el cuerpo de Ymir y más aún, al detallar el particular vaho a canela y sándalo que desprendía de sus ropajes, adormeciéndola sutilmente bajo su tacto firme pero gentil. Levantó el mentón pues la pecosa era más alta que ella, quizá dos cabezas más, y admitió con culpa que aquella mujer poseía una belleza que nunca había apreciado en ninguna otra; sus rasgos eran delicados pero afilados, sus ojos parecían los de un lince observando con agudeza lo que le rodeaba sin pasar por alto ningún detalle. Creyó que las manos de Ymir serían duras pero eran todo lo contrario pues las sentía gentiles y suaves a pesar de estar sujetándola con algo de fuerza.
—Antes de decir cualquier cosa te aconsejaré: no desperdicies tu tiempo esperando a su majestad, Christa—Ymir fue directa pero en su voz se palpaba la buena voluntad con la que comunicaba su mensaje — El emperador Levi está encaprichado con cairen Jaeger hasta el punto de pasar la noche con él y llevarlo al palacio de la consorte Rall cuando se estaba presentando una calamidad familiar que solo le concernía a mi señora y al emperador. Su majestad está cegado con él, sus ojos no son capaces de reparar en ninguna otra cairen, ni siquiera en su propia esposa…—susurró con preocupación bajando fugazmente la mirada—¿Ahora entiendes lo que quiero decir? Por tu bien, Christa, será mejor que continúes con tu vida dentro del harem y no vivas los sueños.
El rostro de Christa se crispó en indignación y ardió en vergüenza. Se apartó de la morena deshaciendo el agarre que mantenía sobre sus hombros dando un paso hacia atrás, mirándola como si acabara de abofetearla.
—¿Por qué me dices todas esas cosas? ¿Qué quieres lograr con esto? —increpó apretando los puños que se ocultaban bajo las mangas de su túnica azulada—Quizá lo ignores, pero el emperador no ha sido indiferente conmigo, ¿lo sabías? ¡Él ha llamado por mí! Ha solicitado mi ayuda personalmente en una tarea que requiere confidencialidad y delicadeza, algo que no puede relegársele a cualquiera—se defendió tratando de rescatar su orgullo herido a causa de la sinceridad de la dama de compañía—Así que te pido, por favor, que no hables de asuntos que no conoces—expresó firmemente a pesar de sentir sus puños temblar ligeramente.
—Sé más de lo que crees, cairen Renz—aseguró Ymir con solemnidad, mirándola con tristeza al saber que estaba lastimando a la jovencita por quien empezaba a sentir cierta simpatía.
—¿Qué? —Christa entrecerró los ojos, exigiéndole con la mirada que continuara.
—¿Sabes quién te dio a conocer ante el emperador?
—¿La consorte Rall? —aventuró la cairen, recibiendo una negativa por parte de Ymir. Sus cejas se encontraron demostrando su confusión pues ella estaba casi segura que había sido la consorte quien la había tenido en cuenta gracias a sus avances en los escritos que practicaba diligentemente—¿Entonces…?
—Cairen Jaeger fue quien pidió a su majestad que se te diera la oportunidad de conocerlo personalmente, pues conocía tu decepción al no poder participar en el gran baile—le hizo saber a la perpleja rubia, quién tuvo que desviar la vista para no derrumbarse ante la insistente mirada de Ymir.
—Es decir… Solo fui llamada ante el emperador por la voluntad de Eren, no por mis aptitudes…—susurró apoyando una mano temblorosa sobre la corteza de un árbol que se encontraba a espaldas suyas—Quizá ni siquiera conocía mi nombre… y yo creí que había sido todo con mi esfuerzo, porque es lo que hago siempre, me esfuerzo para que algún día su majestad escuche de mí—expresó con dolor sin levantar el rostro pues le pesaba girarse y apreciar el semblante lastimero de la dama de compañía.
Ymir dio un paso al frente y tocó el hombro de la pequeña cairen dudosa, disculpándose con su corazón por las palabras que estaban por abandonar su boca, y que seguramente turbarían la mente y el corazón de la jovencita quien parecía sumergirse en un lago profundo de amargura y decepción.
—Christa, sé que todo esto es difícil para ti, pero creo que es necesario que lo sepas. No es justo mantenerte en un engaño mientras los demás se compadecen de ti—se detuvo y tomó una bocanada de aire desviando la mirada hacía la calzada en donde los pétalos caían parsimoniosos, llorando el silencio el dolor de un joven corazón que se consumía—El día en que la señorita Rico presentó a las cairenes que bailarían ante el emperador a la consorte Rall, cairen Jaeger estaba ahí…—Christa la encaró con un movimiento brusco, casi golpeando su rostro con el pendiente de plata que colgaba de su cabello. Sus ojos estaban abiertos como los de un ciervo a punto de ser cazado y ella se sentía culpable de ser quien causaba aquella deplorable imagen, aún así ya no había vuelta atrás, así que continuó—Tú no estabas en esa lista, Christa—confesó con pena.
—¿Qué? —la voz ahogada de la rubia apenas se distinguió entre el canto de las garzas que sobrevolaban sus cabezas.
Ymir mordió su labio con fuerza asintiendo silenciosa.
—Cairen Jaeger le pidió a mi señora que te permitiera bailar ante su majestad y le hizo prometer que no diría nada, a lo cual ella vaciló porque no lo veía correcto, es decir... mantenerte engañada—explicó en susurros.
—Eren…—gruñó Christa con los sollozos atascados en su garganta—¿Cómo ha podido burlarse de mí? ¿Por qué me mintió durante tanto tiempo? ¡Y yo cómo una tonta creyendo que estaba avanzando, cuando en realidad era todo obra de su lástima hacía mí! —con furia dio un puño sobre la corteza del árbol ante una impactada Ymir, quien retiró su mano del hombro de la cairen—¡Lo odio! ¡Lo odio, lo odio, lo odio! —lloraba encajando un golpe por cada palabra que daba sin importarle hacer un espectáculo ante los siervos que parecían ajenos a su dolor—¿Por qué me trata como una minusválida? ¿Por qué me ofrece las migas de sus privilegios? —se giró con copiosas lágrimas resbalando por sus mejillas.
—En el harem no existe la verdadera amistad, es solamente apariencia—Ymir trató de sonreírle con dulzura manteniendo las distancias para no abrumar aún más a la cairen—La persona que te apuñala en la espalda es siempre la más cercana a ti.
La cairen posó sus manos sobre sus mejillas empapadas en lágrimas y las apretó con dolor, encajando las filosas uñas en la piel blanca.
—¿Por qué tuve que ser tan buena con él? —se preguntó con arrepentimiento arrastrando sus manos hasta la boca temblorosa, cubriéndola para mitigar los sollozos—Yo simplemente quería que ambos cumpliéramos nuestros sueños juntos, ¡pero a él no le importó pisotear los míos! —sonrió con hastío al cerrar los ojos—Tal vez fui demasiado buena con él, quizá al final, de nada sirve ser buena—concluyó entre espasmos, llorando con más ímpetu que antes ante una Ymir que no ansiaba más que estrecharla entre sus brazos y consolarla—¡Yo no necesito de su compasión! —chilló apartándose de Ymir en dirección a la calzada solitaria.
—¡Christa! —llamó Ymir empezando a seguirla.
—¡Déjame sola! —gritó la rubia empezando a correr, levantando con su falda una pequeña estela de pétalos y hojas con la falda de su vestido.
La dama de compañía permaneció estática en medio de la calzada viendo con impotencia la figura de miserable de la cairen alejándose cada vez más, hasta que el tintineo de sus alhajas no se escuchó más. Respiró profundamente tratando de tranquilizar su corazón atormentado que se contraía con culpa y le recordaba que había hecho algo irreparable que traería consigo terribles consecuencias. Se odió a si misma por obedecer tan ciegamente las ordenes de su señora, así ella no estuviera de acuerdo, inclusive su lealtad ciega hacía la consorte había sobrepasado la poca nobleza que albergaba en su pecho, la cual no fue suficiente para negarse a cumplir la orden que su señora le había comunicado antes de partir hacia la Casa de las Flores.
La consorte planeaba algo a costa de Christa y ella sospechaba que no se podía esperar nada bueno.
—Vamos—ordenó con voz seca a los siervos que permanecían con sus rostros imperturbables a un lado de la explanada, quienes la siguieron en dirección al pabellón las olas azules en donde Petra esperaba su regreso.
"Una sonrisa del hermoso joven vale más que mil monedas de oro. Vestido de raso, hace flotar sus mangas de espumilla y danza, cantando melancólicos aires: ¡cesa la Canción de la Nieve Blanca y canta el Tsen Ye para conmover el corazón del soberano y espera el favor imperial! ¡Cesa la Canción del Agua Verde y canta el Chu Blanco para conmover el corazón del soberano y espera la unión armoniosa!"
—¡Qué hermosa pintura! ¿Cuál es su nombre? —preguntó Eren removiendo las cortinas diáfanas que la ocultaban de los ojos curiosos. Dio un paso hacia atrás para poder abarcar enteramente la visión que ofrecía la delicada pintura que colgaba de la pared inmaculada; una mujer de cabellera rojiza oscura estilizada en un sencillo tocado descansaba en lo que parecía ser una roca, la cual estaba casi cubierta en su totalidad por un magnifico hanfu blanquecino, con su chalina azulada flotando entre las palmas y juncos del escenario. Su cabeza estaba inclinada, como si admirara su lozano rostro en el reflejo de un lago imaginario, razón por la cual no podía saber a ciencia cierta el color de sus ojos puesto que las espesas pestañas que habían sido pintadas con tanto detalle acariciaban sus mejillas rojizas. Estuvo a punto de estirar su mano y acariciar con la punta de sus dedos sonrosados el pergamino, pero se abstuvo pues si esa pintura estaba oculta, era por alguna razón.
—"Reflexiones de la dama de las magnolias en el monte Taishan" —contestó Levi levantando la mirada de sus manuscritos—Cúbrela, por favor, no es el momento oportuno para ser vista—pidió Levi con cansancio en sus ojos grisáceos posándose en la pintura que aún lo perturbaba a pesar de los años que habían transcurrido.
Eren obedeció deslizando las cortinas de color guinda para ocultarla del atormentado pelinegro lo cual acrecentó su curiosidad. Se encargó de no dejar a la vista ni una sola seña de tinta y se alejó de ella con lentitud sin dejar de observarla hasta girarse y encarar al hombre, quien seguía con sus ojos fijos en la pared donde reposaba la pintura a pesar de haberle pedido que la ocultara.
—¿Qué es lo que inquieta el corazón de mi rey? —inquirió el castaño con suavidad, caminando con pasos tranquilos hasta el cómodo diván donde el emperador había tomado asiento. Retiró de sus manos el libro de portada angosta que reposaba entre sus manos con cuidado y lo dejó sobre la mesita que se encontraba en frente del diván para así tomar asiento junto al monarca—¿Es la mujer del cuadro? —aventuró en un susurro delicado mirándole con preocupación pues desde que habían llegado al estudio del hombre en el salón de La Gloria Literaria este se había mostrado distante y ensimismado con una sombra melancólica cubriendo su hermoso rostro.
—Mi primera consorte—aclaró en un suspiro.
—¡La consorte Magnolia!—exclamó Eren en voz baja, con sorpresa en su mirada verdosa. Y es que él había oído muchos rumores girar en torno a aquella difunta consorte, desde los más banales hasta los más escandalosos, sin embargo el más relevante y misterioso de todos ellos era su muerte, pues cada lengua que narraba el hecho hacía su propia versión de las circunstancias que arrinconaron a la pobre mujer a acabar con su vida.
—Isabel fue la única compañera por quien llegué a sentir verdadero cariño—confesó el pelinegro con lejanía, aparentemente mirando las cortinas que cubrían el cuadro de la consorte, pero a los ojos del cairen, su mente y, tal vez su corazón, se encontraban lo suficientemente lejos para que no repararan en su tibia mano acariciando la suya.
Eren se permitió sonreír con afectación y sintió a su corazón comprimirse en pena al escuchar aquella confesión salir de la boca de su amante. Deseo ser más fuerte y maduro, no sentir envidia por una mujer que ya no se encontraba en el mundo de ellos, pero simplemente no podía ignorar el malestar que le producía escuchar la añoranza de Levi al mencionarla. Estaba mal, pero él también era preso de los sentimientos que nublaban el juicio de los hombres. Ya mañana rezaría por el alma de aquella mujer pelirroja porque hoy su corazón no estaba dispuesto a liberar oraciones honestas.
—Aún la amas—señaló comprensivo a pesar de su sonrisa entristecida, retirando la pequeña mano que cobijaba la del emperador.
Levi entonces reaccionó cuando a sus oídos llegó la débil voz del cairen susurrándole con dolor algo que había malinterpretado. Giró su rostro y se topó con el de Eren a algunos centímetros el cual le miraba silencioso y entendió que el pequeño cairen había sido lastimado por el comentario que había escapado de sus labios. Acunó el rostro del jovencito entre sus manos fuertes pero gentiles y acarició sus mejillas con sus pulgares, pasando uno de ellos a través de los labios que tercamente sonreían para él.
—Mi vida…
—No puedo competir contra un fantasma—se lamentó el cairen llevando una de sus manos hasta la del emperador, frunciendo sus cejas como si al decir aquello un puñal se encajara en su corazón. Quizá era así, quizá se trataba de la memoria de la consorte Magnolia recordándole que ella había ocupado mucho antes el corazón del monarca.
El pelinegro negó repetidas veces apresándolo entre sus brazos sintiendo con alivio como Eren le correspondía, aferrándose con desespero a su espalda, escondiendo el rostro en su amplio pecho cubierto por la seda de los ropajes reales.
—Eren, ciertamente aún la amo, pero de la forma en la que tú piensas—explicó acariciando la mansa cabellera castaña que por primera vez, no estaba ataviada con las ricas alhajas que le gustaba portar puesto que había llevado sobre su cabeza el weimao del cual se había deshecho al llegar al salón—Isabel fue alguien a quien quise bastante, pero nuestro amor era más fraternal, como el de dos hermanos de distinta madre. Ella sabía que a pesar de compartir el lecho, jamás la vería como una amante, pero aún así la respetaría como esposa—dejó un beso que duró varios segundos en los cabellos perfumados de Eren, cerrando los ojos para así transmitirle la honestidad de sus palabras.
—¿No estabas enamorado de ella? —insistió Eren sobre su pecho con la voz pesarosa.
—No, después de todo nuestro matrimonio fue un acuerdo entre su padre y yo, sé que suena terrible… pero así se dieron las cosas. A pesar de todo en ella encontré compañía incluso si no había esa clase de amor entre nosotros—respondió con paciencia enredado entre sus dedos el cabello castaño de su pequeño cairen—Es por eso que su muerte marcó mis días y desde aquél día despertaron inquietudes en las que jamás había reparado—manifestó.
El cairen separó su rostro de la suave seda que acariciaba su mejilla y lo miró a los ojos intranquilo por el rumbo de la conversación. Entendía que aquél día el pelinegro se mostrara tan sensible ya que habían presenciado el deplorable estado del príncipe Farlan y si a él le había entristecido aquella escena, no podía imaginar cuanto le había afectado al emperador puesto que era su hijo, el único que había sobrevivido y al cual adoraba con locura. Sus sentimientos estaban más despiertos que nunca desde que se habían conocido e internamente se reprendió a sí mismo por ser tan egoísta y pensar en su propia pena, sin reparar en el corazón del emperador solitario que le confiaba sus secretos con tanta calma.
—¿Cuáles son esas inquietudes? —acarició la mejilla del pelinegro con ternura intentando consolarlo con sus inocentes mimos.
El emperador dejó escapar un suspiró pesado, tratando de despejar su mente para revelar una parte de su pasado que muy pocas personas conocían. Ante sus súbditos se encargaba de mostrar una imagen de emperador imperturbable y firme que jamás se doblegaba ante las tribulaciones, sin embargo, detrás de aquella máscara se escondía el rostro de un hombre que cargaba con el peso de las desgracias que acechaban a su familia.
—Debes saber que yo tuve cuatro hijos los cuales me arrebató la muerte antes de siquiera poder contemplar el color de sus ojos—reveló, hablando con fría calma sobre un tema que había marcado su vida—Dos de cada consorte. Fueron años difíciles para los tres, pero sería insensible de mi parte decir que fui yo quien más sufrió—negó Levi con parsimonia—No… ellas a pesar de sus pérdidas se mantenían dignas porque sabían que en sus hombros reposaban un sin número de responsabilidades, pero sé que dentro de sus corazones había una profunda tristeza que las llenaba—una sonrisa rota se tensó en los labios del pelinegro y Eren sintió su corazón doler ante esa mueca pesarosa.
—No puedes olvidar a tus hijos—confirmó Eren conmovido por la sensibilidad de un hombre que a veces debía desprenderse de todo viso de emotividad.
—Jamás lo haría, ni Petra o Isabel… ella era demasiado sensible para soportarlo, sobre todo cuando dio a luz a una niña que nació sin vida. Fue un golpe muy duro para ella que ansiaba ser madre y mis esfuerzos por rescatarla del aislamiento en el que ella misma se había encerrado fueron nulos. Fue el mismo año en el que nació Farlan, lo cual permitió que no me derrumbara con ella y ansiara con más vigor reforzar la seguridad de mi imperio y conquistar otras tierras—tomó la mano el cairen entre las suyas y las cobijó, apretándolas sin llegar a lastimar a su confidente quien escuchaba atento a su lado—Fui egoísta al regocijarme en mi propia dicha cuando Isabel sufría pese a mis esfuerzos por regresarle algo de felicidad y así otra vida escapó de mis brazos—finalizó sin dar demasiados detalles sobre la terrible muerte de la mujer que una vez había sido la luz en la ciudad prohibida y después no era más que una madre enloquecida por la pérdida de su última hija—¿Ahora lo entiendes? Desde ese día me pregunté si realmente había hecho bien… o solo había fracasado como mi padre en construir una familia para el reino—desvió su mirada grisácea hacía sus manos que permanecían unidas y se sintió más liviano al haber compartido con su amante parte del pasado que cargaba como una pesada cruz en su espalda.
Eren alejó con suavidad su mano y sin decir una sola palabra atrajo el rostro de Levi hasta su pecho y acarició sus cabellos, imitando el gesto que había tenido el pelinegro con él hacía un rato. Ahí lo acunó entre sus brazos y dejó que el palpitar de su corazón lo reconfortara con sus latidos suaves y constantes. Levi se dejó hacer permitiendo que por segunda vez Eren admirara la desnudez de sus sentimientos y lo consolara con sus atenciones que derrochaban calidez.
—Levi—lo llamó con ternura rozando sus labios dulces contra el oído del pelinegro—No seas tan duro contigo, por favor—suplicó pasando sus dedos entre las sedosas hebras azabaches que se escurrían como hilo de la seda más fina—No eres como tu padre porque tú verdaderamente amaste a esos pequeños y consolaste a sus madres cuando sucedió, jamás soltaste sus manos ni las abandonaste en el olvido… Como padre eres el pilar de tu familia y debes ver por ellos, pero muchas veces un solo pilar no puede sostener el pesado tejado donde se posa la adversidad—razonó con suavidad en sus palabras.
—No quiero cometer los mismos errores del pasado—musitó el monarca después de un corto silencio—No me retracto de mis acciones contra la familia de mi padre, mucho menos de haberle arrebatado con mi espada el trono y acabar con su estirpe—su voz fue una mezcla de frío resentimiento que rápidamente se transformo en resignación al continuar—Y siendo así… lo que con sangre se obtiene, con sangre se ha de pagar—aceptó.
El joven cairen cerró los ojos y pronunció un débil "shh" mientras lo abrazaba con insistencia contra su pecho rebosante de amor deseando que aquél hombre hallara algo de alivio en la tibieza de su abrazo y la canción de su corazón que se desvivía por él.
—No lo harás, mi rey es sabio y prudente, además sé que esta pena será pasajera—aseguró el castaño consintiendo los mansos cabellos del emperador.
Levi alejó su rostro del acogedor refugio en donde había hallado reposo y consuelo, levantando su rostro para encarar al dócil cairen quien le sonreía con ternura mientras deslizaba sus dedos hasta su mejilla y la acariciaba con tranquilidad. Él admiró su pequeña figura, conmovido por la compasión con la que el joven lo trataba y supo más que nunca que era él la persona a quien su corazón había estado aguardando durante tantos años sin ser consciente de que todo el amor que podía ofrecer ya tenía un propietario.
Con delicadeza tomó por los hombros al castaño y lo miró fijamente, sumergiéndose en el verde acuoso de su mirada entrañable diciéndole:
—Cuando llegue el momento propicio para tener a nuestro primer hijo me aseguraré de que ni tú ni él conozcan la tristeza y el infortunio—juró con una pequeña sonrisa similar a la luna menguante la cual fue eclipsada por los labios de Eren. Correspondió el gesto moviendo con lentitud sus labios, repitiendo a conciencia el roce de la carne tibia y blanda de sus bocas, sonriendo entre las pequeñas pausas que apenas duraban unos cuantos respiros antes de reanudar la cariñosa danza.
—Realmente…ansío con todo mi corazón tener una niña—susurró Eren sin dejar de ser besado por el emperador quien parecía beber de sus labios con sed.
—Podemos intentarlo hasta tener una princesa—murmuró Levi haciendo una pequeña pausa, sonriendo altivamente con sus ojos grises de lobo nuevamente brillando en gloria y orgullo, recobrando así su acostumbrado porte de emperador imperturbable e imponente.
En el amplio estudio se escuchó la grácil risa del cairen quién asintió con alivio ante la atrevida respuesta de su amante pues no quería que este continuara sumido en un estado taciturno y distante, lo prefería así, cálido y sereno, sonriéndole como un chiquillo inocente enamorado en primavera.
—Todos los que quieras—sonrió Eren besando las mejillas del pelinegro con emoción siendo recibido en un cálido abrazo que lo hizo sentir como el ser humano más amado en la tierra.
—Quizá pasen algunos días en los que no pueda visitarte en tu palacio. Le prometí a Petra que la acompañaría y verdaderamente me preocupa la situación de mi hijo, lo siento—se disculpó el emperador frunciendo levemente su entrecejo al recordar que no podría disfrutar de la compañía de su predilecto pues estaría ocupado entre los asuntos del estado, las asambleas y las visitas a Xian Ling.
La sonrisa de rosa que brillaba en el luminoso rostro de Eren disminuyó un poco más no se apagó, entendiendo que el mayor tenía responsabilidades que no podían ser ignoradas por sus pequeños caprichos, aunque ciertamente le entristecía separarse por tantos días de Levi y sus atenciones.
—Lo sé, y eso me enorgullece de ti, ¡eres un padre tan amoroso!—asintió con tierna aprobación—Un tratamiento con capsulas de carbón vegetal sería de mucha ayuda para la mejora del príncipe, pero preferiría que lo consultaras con Hanji—opinó disimulando su preocupación al recordar la inusual intervención de Zeke y las extrañas miradas que habían cruzado. Ya se encargaría de aclarar ese asunto con Hanji, pero por el momento no deseaba agregar más preocupaciones al pelinegro, así que continuó con su voz apacible—La fitoterapia es una vía muy útil y generosa ante estos casos y Hanji es la persona indicada para hacerse cargo. No desmerito la labor de los médicos de Xian Ling, pero tratándose del heredero del imperio, no puede correr riesgo alguno—presionó, en el fondo deseoso de escuchar que se le permitiría al ex aprendiz de su padre encargarse personalmente de los cuidados de Farlan.
—Tienes razón, baobei, los médicos de mi consorte pese a sus esfuerzos han fracaso en contadas ocasiones y estoy empezando a perder la paciencia—suspiró Levi apartando la mirada hacía el suelo de mármol, en donde los fijó meditando durante varios segundos hasta que regresó al rostro ansioso del cairen—Hanji y su equipo serán los encargados de velar por la salud de mi hijo de ahora en adelante.
—Es una decisión sensata, mi rey—aprobó Eren satisfecho, con sus ojos sonrientes en alivio, aunque el fondo la duda y angustia no desaparecieron.
No dormiría tranquilo hasta hablar con Hanji y averiguar quién era Zeke Jaeger.
"Llega la tarde, mi mente está perturbada. Doy un paseo por las tumbas en la antigua planicie. La belleza de la puesta del sol desgarra mi corazón y las sombras de la noche vienen como el dolor recordado de una joven llorosa."
Petra sostenía con cuidado la extensa manga de su hanfu azulado como las olas del mar para que la fina tela no se estropeara con la tinta negra del pincel, el cual estaba utilizando para delinear la pronunciada cintura de una elegante dama la cual sostenía un pequeño bulto entre sus brazos. No reparó en la sirvienta que entró a su estudio con la cabeza gacha y se plantó delante de su amplio escritorio donde reposaba el pergamino hasta que la jovencita obtuvo el permiso por parte de Ymir para que hablara delante de ella:
—Alteza, cairen Renz desea hablar con usted—informó la jovencita.
—Déjala pasar—permitió la mujer asintiendo, aún concentrada en su delicada labor.
Escuchó los cortos pasos de la sirvienta alejarse rápidamente y no pasó mucho tiempo cuando nuevamente los pasos regresaron, esta vez acompañados por unos más ansiosos pero cuidadosos. Los pasos de una señorita de buena familia. Al levantar su vista se encontró con el angelical rostro de la cairen, perturbado, con los ojos azules ansiosos fijándose en ella como si acabara de encontrar el alivio a su tormento.
—¡Cairen Renz! —exclamó Petra con sorpresa dejando el pincel a un lado de su pintura. Tomó la parte frontal de la falda de su hanfu y bajó de la pequeña plataforma donde se encontraba el escritorio con Ymir detrás de ella mordiendo su labio con angustia.
Antes de que la consorte pudiese tomarla entre sus brazos la cairen dobló sus rodillas y se postró juntando ambas manos sobre su vientre, mirándola desde abajo con docilidad y piedad.
—Alteza, lamento irrumpir sin invitación sus aposentos, pero han pasado varios días desde que conversamos en el pabellón donde usted me aconsejó sabiamente—empezó con voz temblorosa—Usted me ofreció su mano cuando necesitara de su ayuda, y en estos momentos es lo que más necesito—expresó mirándola con ojos lastimeros.
Petra sonrió compadecida de la pequeña cairen y asintió, recordando que ella había dicho aquellas palabras.
—Por supuesto, pequeña, haré lo posible por resolver el problema que te atribula—le dijo mientras tomaba entre sus manos las de la pequeña rubia, tirando de ellas para que se incorporara—Ponte de pie—pidió con gentileza sin borrar la maternal sonrisa que adornaba sus labios.
—Ven, cairen Renz—fue Ymir quien abandonó su lugar detrás de la consorte y se acercó a la temblorosa figura de Christa, ayudando a su señora para que esta abandonara aquella posición.
—¿Qué es lo que necesitas pedirme? —quiso saber Petra sin deshacer el suave agarre que mantenía con la rubia. Sospechaba que la conversación que habían tenido hace días en el pabellón de las olas azules había turbado el amargo corazón de la jovencita y que aquella visita era a causa de eso.
Christa apretó sus labios durante algunos segundos con actitud vacilante, sin embargo, con un profundo suspiro, se decidió a hablar con la verdad:
—Vine a usted para pedir una solución sobre aquellos que juegan conmigo y susurran su lástima detrás de mi espalda.
La sonrisa de Petra se fue desvaneciendo paulatinamente de su precioso rostro convirtiéndose en una línea tensa, y en sus ojos ya no había calidez, sino una sospechosa cautela al advertir en la voz de la cairen un tinte oscuro y rencoroso que solo poseían las mujeres cuando perdían toda esperanza y se entregaban al odio y la venganza.
—Tú quieres decir…
—Eren—interrumpió Christa—Sé acerca de todo lo que ha hecho a mis espaldas con sus hipócritas intenciones: ser admirado a costa de mi desgracia—escupió con rabia mirando fugazmente a Ymir, quien parecía pasmada ante la nueva cara que se mostraba ante ella. Nunca se había imaginado que aquella dócil jovencita podía destilar tanto veneno de su lengua como las mujeres más viciosas de la corte.
—¿Qué quieres que yo haga? —indagó Petra con precaución, frunciendo su ceño ante el mal pronóstico que auguraba al vislumbrar el brillo decidido en los ojos azulados de la jovencita que sostenía sus manos con fuerza.
Christa dio un paso y aumentando la presión de su agarre, suplicó a la consorte con una sonrisa temblorosa:
—Quiero su muerte.
"El viento cede, la fragancia de los pétalos ha muerto hace horas. Todo está igual, más el amor de la joven se ha ido y todo está vacío. Las palabras traicionan: es mejor el llanto. Dicen que el otoño está cerca y con ella, la despedida de la garza amarilla."
Como pueden apreciar, fue un capítulo de cierta forma extenso pero una cantidad de detalles que no deben pasar por alto y para las dudas que tienen, algunas podrán ser resueltas en el siguiente ¡así que atentas a sus teorías! Me emociona estar aquí con ustedes en las notas de nuevo jajaja sé que es tonto pero ya extrañaba esta clase de comentarios al final de cada capítulo. Muchas gracias, corazones, por todo el apoyo que me han dado en sus reviews, las quiero a cada una de ustedes, y a las chicas con las que tengo la oportunidad de compartir más de cerca igual, ustedes saben quienes son y lo especial que son para mi, por eso deseo que se sientan satisfechas conmigo porque aportaron un granito de arena.
Aclaro, esta vez tampoco Levi desfloró a Eren, solo fue una paja de tercera base que parecía algo más jajaja, sean pacientes porque cuando llegue el momento habrá valido la pena.
¡Ahora los reviews de mis florecitas hermosas!:
Kurokocchii0: ¡Eres un amor completo! Cuando leí tu PM estaba sorprendida de que alguien ansiara tanto la espera y se preocupara por saber qué con mi vida, a veces esos detalles son los que uno parecía tanto y se da cuenta de la clase de personitas tan bellas que leen lo que escribes. Te agradezco tanto por ese gesto con todo mi corazón y perdona por no responder pero cuando fui a ver no lo había hecho (creí que sí) y me dio tanta pena contigo que te preocupaste, aún así no creas que lo pasé por alto (e igual te seguiré molestando otro poco por PM ajaja). Yo no tengo ni la mitad de tus obligaciones y te admiro porque aún con todo eso encima logras sacar un fic adelante y mantener una beca, ¡yo no puedo con tantas cosas encima! Te felicito, en verdad desearía ser así de responsable, espero que todos esos esfuerzos se vean recompensados porque lo mereces (y un descanso también). ¿Recuerdas lo que dije sobre los gestos de Eren? ¿Que no serían bien vistos? Ahí está, Christa en lugar de ver en ellos la buena voluntad de Eren solo creyó que se estaba riendo de ella y lo interpretó a su antojo. Está tan cegada por su corazón que ya no razona con la cabeza. Y ooww es que Farlan se sintió inseguro cuando vio a Eren llevarse tan bien con Jean, tanto que temió que ya no los quisiera a ellos (Levi y él) jajaja ¿no es tierno? Ya siente que Eren hace parte de su familia y nadie más puede entrar. Me alegra que te guste cómo se tratan porque realmente hay amor en cada caricia, cada gesto, y sé que aquí hubo muy poco pero te aseguro que te recompensaré con más escenas bonitas y también con más apariciones de Farlan. Y nuevamente eres un cielo de persona, yo me siento muy impotente viendo la situación de mi país vecino y solo espero que se acabe pronto ese yugo en el viven porque es penoso observar cuantos se ven obligados a pasar la frontera y lo más triste, cuantas mujeres deben venderse por cualquier miseria para darles aunque sea una comida a los suyos. Gracias por ese último comentario, realmente me has parecido una persona muy linda. espero leerte pronto y perdona si me excedí en la respuesta pero me alegraste la madrugada jajaja. ¡Espero leerte pronto Kuro hermosa de mi corazón!
Ilse Masen: ¡Feliz cumpleaños mega atrasado querida Ilsen! (hablo de este cap) Pero ojalá hayas pasado un lindo día lleno de regalos y sorpresas. Eren tiene muchas facetas que se van mostrando a medida que el fic avanza y con ello la circunstancias, por ejemplo hemos visto un lado diferente al de cairen, esta vez como un aprendiz y me emocionaba que lo conocieran en acción porque él tiene mucho para ofrecer. Y Petra, solo te puedo decir que ella y muchos más tienen una forma de actuar muy curiosa. ¡Espero que este cap haya logrado inquietarte y me disculpo si ha sido muy pesado! Pero repito, lo que se viene no lo será, para nada ajaja. ¡Un beso y un abrazo, y muchas gracias por tus lindos reviews! Me hace feliz tenerte siempre por aquí.
Arlenes: ¡Hola amiguita! Espero lo mejor para ti, tu familia y tu país que sé que podrá salir adelante sin perder la esperanza, así que mucha fuerza. Eren es una flor de azúcar, tan lindo al demostrar el amor que siente por Levi consolándolo y ofreciendo sus brazos cuando él necesita descansar, además de amar también a Farlan, en este cap se preocupó por ambos demostrando que hace lo que puede por las personas más importantes para él. Y bueno, Jean siempre siendo tan carismático y querido jajaja espero que también lo quieras porque es un pilar muy importante en la vida de Eren, nuestro héroe. Tienes razones para empezar a preocuparte porque los lobos ya han salido de su escondite y no van a dudar en lanzar el primer mordisco, sobre todo teniendo en cuenta la gran cantidad de asuntos que deben ser resueltos. Te pido una disculpa por mi demora, espero que el cap te haya gustado o llenado de curiosidad ajaja ¡y que sepas que rezo para que de una vez se termine la terrible dictadura que los somete! No hay mal que dure mil años, así que no desistas de seguir adelante, ¡un abrazo enorme con mucho cariño!
Xochilt Oda: ¡Muchas gracias por la oportunidad que le diste a este fic! No sabes cuánto aprecio que se tomen su tiempo de leerlo y con decir que te está gustando me hace mucho más feliz, ¡gracias, gracias, gracias! Ciertamente como dices, Eren no la tiene fácil aunque es amado, también es odiado en partes iguales tristemente. Creo que con el titulo te diste cuenta de que estamos pisando terreno peligroso y hay razones para preocuparse, por alguna razón la adivina no quiso continuar. Y me encantó leer tu razonamiento en base a lo que dijo Farlan, se nota que le prestaste atención a los pequeños detalles, ¿aún crees que es Petra o piensas en alguien más? Me gustaría saber qué piensas ahora que hemos apreciado el panorama de la situación de Farlan y no son teorías locas porque tienes mucho sentido a la hora de deducir, ¡bendito sea el comentario que te trajo hasta aquí! Espero que te haya gustado el fic hasta donde va y espera el siguiente cap que creo que ahí sacarás muchas hipótesis. ¡Deseo de corazón que te haya gustado este capítulo! Y siempre será una agradable sorpresa tenerte por aquí, había estado esperando verte aun día en un review ajaja ¡Un abrazo linda!
RivaiFem TA: Me hizo tanta gracia leer tu review ajajaja ¡es más fácil que Petra se ahogue con el pelo de su gato y Christa se hernie de tanta envidia! Pues son muchas cosas que mencionaste en el review las cuales ya se están aclarando y ciertamente Christa demuestra su verdadera cara, la cual ya unas suponían porque era muy obvia, es una niña consentida que se siente víctima de todo lo que le sucede y solo busca refugio en la falda de quien tenga más poder, y ya que Eren la decepcionó, va a Petra. Aunque en el fondo tenga uno que otro sentimiento lindo como la curiosidad que le despertó Ymir, espero que te haya gustado su acercamiento porque era inevitable jajaja. Y celos, Eren sintió celos por primera vez, y de Isabel así que si él los sintió nadie está exento de sentirlos, pero no te preocupes, tú solo deja que el fic te vaya transportando entre sus líneas. Farlan bebé está muy malito, pero pronto tendremos noticias de él porque es un asunto serio al igual que los demás puntos que se trataron en el cap. ¡Y estoy tan feliz de que ames a Levi! Yo también lo hago porque a pesar de ser un hombre feroz e inclemente, también puede ser cariñoso y frágil y con Eren no tuvo miedo de demostrárselo. Hasta los más fuetes necesitan ser consolados, me pareció lindo pues todo ese asunto de sus hijos y la muerte de Isabel lo hacen sentir culpable. Esto no se quedará así, ¡de viene una montaña rusa de emociones! Así que espero leerte pronto, perdón por la demora, y muchas gracias por tus hermosos dibujos, son uno de mis motores, me encantaron. ¡Espero que salga bien lo que tienes programado, te mando mis buenos deseos! Un beso y un abrazo lleno de cariño.
Andy: ¿Se hizo realidad lo que presentías sobre Farlan? Es un asunto escabroso se mire por donde se mire y tiene a Eren muy preocupado, quien ya se está empezando a apersonar de ciertos asuntos. Irremediablemente van a sufrir pero en eso habrán cosas muy bonitas, así que no te preocupes, déjalo en mis manos ajaja ¡y pronto tendremos noticias de nuestro bebé Farlan! Así espera el siguiente cap y muchísimas gracias por darle la oportunidad a mi pequeño fanfic, quiero que te siga gustando. ¡Espero leerte pronto! Ten un día precioso, corazón.
Guest 1: Me encanta leer sus ideas respecto a lo que sucede en cada escena, muchas gracias por compartirla conmigo, espero que con este cap te puedas iluminar aún más y de ser así ¿aún crees que es Petra o se te ocurre algo más? ¡Muchas gracias por tomarte el tiempo de comentar! Espero leerte con otra conclusión por aquí, son más que bien recibidas. ¡Un abrazo enorme, que tengas una bonita semana!
HBL: ¡Hola amiguita! ¡Primero que todo tengo que felicitarte por obtener tu licenciatura! ¿Cómo crees que no es relevante para mi si ya llevamos un tiempo intercambiando palabritas en los reviews y las respuestas? Estoy tan feliz y orgullosa de ti, me alegra que hayas obtenido un logro tan grande como ese y que ahora se te abran muchas puertas, ¡ahora por otro logro más! Y tienes razón con tus pensamientos filosóficos ajaja todo depende de cómo mires las cosas y qué utilidad les des, Petra concuerda contigo ajaja. Siempre tengo inspiración pero pasa que soy de echarle días enteros al cap y cuando me interrumpen o tengo muchos compromisos simplemente se me dificulta (además estos caps son cada vez más largos, imagina) Pero por amor todo, así que siempre me apareceré aquí para leerte y hablarte un poquito por aquí. ¿Te gustó? ¿Te sembró dudas? ¿Me perdonarías por ser tan demorada? ¡Házmelo saber por favor! Mil gracias por tus siempre constantes reviews, son oro para mí. ¡Besos y abrazos, linda!
KatyKatLoveu: ¿Enserio lees todo desde el inicio? Awww ajaja es tan lindo, y supongo que después de tanto tiempo se olvidan algunos detalles, mi culpa. Qué bueno que hayas disfrutado de ese cap que era como una golosina para este cap y el que se viene. Creo que este es más pesado que los demás, pero guardo la esperanza de que te guste. ¡Gracias por tu review, ten un bonito día!
YesOffer: Si con el anterior te demoraste imagina con este ajaja ¿quizá te tome todo el día? Y además es un cap algo pesado por todo lo que trae consigo, pero importante, así que tienes todo el tiempo para leerlo y procesarlo, hasta sacar conclusiones. Respecto a las dos preguntas que hiciste anteriormente, ¿aún crees que es Petra o ya pensaste en alguien más? Es para saber qué clase de ideas nuevas tienes jajaja me encanta leer sus teorías que a veces no son tan alejadas de la realidad. Y respecto a Ymir y Christa pues ya ves que por fin tuvieron sus momentos, aunque el último no ha terminado del todo bien para pesar de Ymir que ya la está empezando a querer mucho. Y Grisha no es tonto, sabe que hay cosas que se sacrifican por los favores imperiales (estos chinos interesados) pero lo hace por mantener a su hijo seguro y que él también actúe, cosa que ya está empezando a hacer. ¡Perdón por la tardanza, soy terrible! Pero regreso con algo que me costó lágrimas pero fue hecho con todo mi amor para ustedes, así que solo espero que lo disfrutes y nos leemos pronto amiguita. ¡Ten un día precioso lleno de buenas vibras!
Kotoko Noda: Trato de cortarlo siempre en la parte que deja todo a la imaginación ajaja deseo que también haya valido la pena en esta ocasión con todo lo que va a acontecer, así que puedes ir haciendo tus apuestas porque como dices, no serán muy fáciles desde ahora. ¡Muchísimas gracias por tu review! Me anima bastante a continuar, así que espero leerte muy pronto, linda, ¡besos y abrazos con todo mi corazón!
Scc Ccu: Ymir es una mujer que sigue ciegamente a Petra, ¿por qué? Lo veremos en el siguiente capítulo jaja pero ya ves, ella en el fondo de su corazón vacila ante sus acciones o tiene sus propios deseos que no puede hacer realidad porque antes está la felicidad de su señora. Y Jean, bueno Jean es Jean jaja es muy caballeroso y juguetón, además sabe ganarse el cariño de quienes lo rodean y Sasha y Eren ya se han encariñado con él, al igual que yo. Aún nos falta saber más de él. Y lo siento, pero Eren aún no entrega su florecita porque necesita asegurar su posición como consorte, nuestro pequeño está muy enamorado pero también debe actuar con precaución y no entregarse ciegamente. ¿Te gustó este cap? Espero que el encuentro de Christa e Ymir te haya gustado, más parejitas van a ir saliendo a la luz del sol y muchos dilemas, ¡solo pido paciencia milenaria ajaja! Muchísimas gracias corazón por siempre leerme y alegrarme el día con tus reviews que leo con una sonrisa, no me pueden hacer falta. ¡Besos y abrazos!
Sumire Crazzy Murasaki: ¿Dónde está mi amado Gollum de las cavernas? ¡Hola, hola, por fin nos volvemos a ver jajaja! Pasó mucho tiempo desde la última vez que te respondía un review y ya te extrañaba. Como siempre, haces un recuento muy acertado sobre lo más importante del fic y terminas sacándome más de una sonrisa, ¡y cuando dejas volar tu imaginación sobre todo! Jajaja es tan adorable leer como te imaginas lo que podría suceder o alguna escena, simplemente me enternece hasta los huesos. Eren si tendrá sus oportunidades de defenderse sin ayuda de Levi, quizá no tan parecido a lo que dijiste pero sí en esencia tendrá que hacer respetar su posición y acallar los comentarios que lo juzgan por su condición. ¡Y Farlan no pudo hacer de las suyas en este cap! Está muy malito, pero luego sabremos de él y podremos ver la faceta maternal de Eren salir a flote nuevamente, demostrando que tiene dotes para cuidar pequeñitos, pero ahora debemos mantenernos en lo que sucederá en los siguientes caps porque se han abierto nuevas dudas y han aparecido otros personajes a quienes hay que tener entre ojos, sabes que en nadie se puede confiar. Linda, perdón por la tardanza pero sé que tú eres de mis lectoras más fieles y que siempre estás ahí para darme tu adorable opinión. ¡Espero que te guste y nos leemos pronto!
Micky: ¡Hola! Jajaja es tan frustrante cuando tienes tantas teorías y no tienes con quién compartirlas pero me alegra que trates de armar el rompe cabezas porque cada vez van saliendo más piezas por encajar, y en este sobre todo. Y si, tristemente la amistad en el harem es algo que no se encuentra fácilmente, pero incluso Hitch fue mejor amiga para Annie que Christa con Eren, ahí se sabe quien era la más peligrosa de las cairenes. Y es un alivio que te gusten los capítulos largos porque este ciertamente lo fue y lo siento si lo sientes pesado, pero era necesario jajaja. ¡Muchas gracias por tomarte el tiempo de dejarme un review, lo aprecio mucho! Y espero poder leerte por aquí más a menudo, ¡Nos leemos pronto, un abrazo con mucho amor!
AngelGefallen: ¡Hola mi queridísima Ángel! Primero que todo, perdona por no responder el mensajito en el chat, es que estoy con el fic y me puse en plan acabar si o si, ya cuando te escriba es porque por fin he terminado. Petra es uno de mis personajes favoritos porque siento que ella no se proyecta en un solo tópico como Annie, ella tiene tantas caras por ser descubiertas que me emociona tanto que alguien más la aprecie conmigo, y desde luego Ymir le tiene una fidelidad ciega y en el siguiente cap entenderás el porqué. Y quería sorprenderte con eso pero si iba a haber un poco de Ymir x Christa, solo que no quería decirte cómo exactamente, pero ya ves que no todo es felicidad y amor, tristemente Ymir se encuentra en un dilema entre dos mujeres (suena a fic de romance y drama entre ellas ajaja). Respecto a tu duda con Farlan, es porque aún no han pasado escenas a solas con Petra pero él también la quiere precisamente por ser su madre, pero debido a su educación debe tratarla por respeto y un poco de distancia generalmente, no como Eren que se muestra abierto y muy cercano a él, es por eso que siempre quiere estar cerca de él y sus mimos. Y como apreciaste al principio, no hay nada de nada ajaja solo una sobadita y ya porque Eren no quiere entregarse hasta obtener lo que pidió su padre pese a amar a Levi. No es tonto, él tiene sus planes por si sucede algo o Levi ya no le presta la debida atención (inbox para aclarar dudas ajaja). Perdón por toda la demora con este fic, los demás y el tuyo, no tengo cara para aparecerme, lo siento, pero tú entiendes por los malabares que he pasado, así que espero que hayas disfrutado del cap. ¡Nos leemos pronto, ya iré a molestarte un ratito!
PinkyPunkDark: ¡Muy bien! ¿Y tú cómo estás esta mañana/tarde/noche? ¿Disfrutando las vacaciones? ¿Sospechas de Petra? Aún piensas en esa alhaja lo cual está muy bien ajaja y ya huele a ropa de consorte y lágrimas de cairenes envidiosas jajaja ok no. Pero me hace tan feliz que ames a Farlasinto y es que él quiere mucho a Eren y le gusta verlo con su padre porque se ve más feliz a su lado, es un niño muy lindo e inocente que lastimosamente no lo está pasando muy bien en esta ocasión pero ya te daré noticias de él. Este cap estuvo largo pero algo pesado, aún así prometo que el siguiente es de los aman, así que espera lo que se viene. ¡Estoy tan contenta de siempre verte en Cien Flores, me haces tan feliz! Mil gracias por no renunciar pese a mi tardanza, te tengo en mi cora ajaja. ¡Besos y abrazos, florecita!
MillyMoon: ¿Cambiaste tu nombre? Porque cuando leí tu review te recordé precisamente porque dijiste eras una lectora fantasma y te volví a ver por aquí (fue mi día de suerte jajaja) ¡Ojalá pudiera colgar este review en la pared de "review de la semana de Cien Flores"! Todo muy puntual, muy claro lo que me quisiste decir respecto a Petra y Dios, me lees la cabeza respecto a lo que me gustaría saber en sus reviews. Justamente vemos que hay una relación confusa más allá de dama de compañía y señora pero eso lo sabrás en el siguiente capítulo donde muchas otras cosas se te van a aclarar por si tuviste dudas en la última escena. Annie y Christa no son como Petra, ni su sombra siquiera, ella se mueve y comporta con libertad, como le place y es que su corazón es tan misterioso que a veces ni siquiera Ymir sabe lo que está sintiendo o pensando, mucho menos planeando, y de alguna forma espero que te haya gustado conocer más de su pasado y sus sentimientos hacía Levi, que quizá haga que surjan más dudas ajaja. Respecto a Eren es totalmente cierto porque se nota en sus pensamientos que él ve más allá de rangos o jerarquías, por ejemplo con las sirvientas a quienes trató de darles una oportunidad para que pudieran defenderse y aclarar qué sucedió con Farlan aunque tristemente como cairen no pudo hacer demasiado, pero es algo que él quiere cambiar y tiene muy presente al observar la crueldad injusta en el trato con quienes se encuentran a su disposición y sí, Eren es muy maternal y con Farlan ese lado se muestra naturalmente pese a no haber tratado con niños antes. Lo quiere casi como si fuera suyo porque es parte de Levi y eso duplica su amor. Y celos hubo aquí también, Eren celoso por el recuerdo de una mujer a quien Levi si llegó a querer aunque no de la forma en la que Levi lo hace con él. ¡Vendrán más misterios, más dilemas, más amor y más emoción en el siguiente capítulo! Te lo aseguro, y disculpa si mi respuesta es larga ajaja pero me emocioné tanto leyendo tu review que no pude evitarlo (y es la una de la mañana) sé que a pesar de que no pueda verte en algunos caps estás ahí leyendo así que te mando un saludo y un abrazo con amor Milly hermosa y espero poder leerte en alguna ocasión porque siempre me sorprendes. ¡Ten un día fabuloso!
Miavid: ¡Hola, hola bonita! Lamento la perdida de tu gatito y sé que ha pasado tiempo pero espero que estés mejor y sigas cuidando de los demás, eres una persona tan linda al ofrecerles refugio a esos bebés (Eren te bendice ajaja). Tienes razón y Annie no se fue sin atestar su último golpe que fue dividir a Eren y Christa, la cual realmente era la cairen más peligrosa para nuestro cairen pues siempre anduvo con su máscara de hipocresía (la cual se niega a reconocer). Ymir también ha empezado a expresar sus emociones y tiene mucho más para enseñar por si deseas saber más de ella y como dijiste, Christa está buscando moverse con ayuda de Petra lo cual demuestra que es capaz de todo. Respecto a tu pregunta número uno Eren ha dado un indicio jajaja y respecto a la segunda en el siguiente capítulo podría ser resuelta (yo promocionando los caps) pero es enserio, ya lo verás. Te agradezco tanto por tu infinita paciencia al esperar cada cap, te mando un abrazo con todo mi cariño, mucha suerte con esos gatitos hermosos. ¡Nos leemos pronto!
Van: Jajaja te imaginé apuntándole con una pistola en la cabeza, y sí hay mucho Riren, pero vendrá más de muchas formas. Gracias por tus reviews, ¡nos leemos pronto, ten un lindo día!
Charly Land: ¡Hola Char! Pues entre Christa y Petra hay una diferencia abismal, como dices Petra es una dama y se mueve sabiamente en cambio Christa es presa de sus sentimientos y no logra pensar con otra cosa que no sea el corazón (el cual lo tiene muy dañado). A pesar de que Petra le aconsejó que no se lanzara a las tempestades ya ella lo hizo arrojándose de cabeza al mar. Y Christa siempre ha sido muy consentida pero ignorada en su hogar, y cuando estuvo en el harem era nuevamente ignorada pero ya no consentida ni atendida como en su casa, así que eso despertó la envidia hacía Eren quien obtuvo rápidamente lo que ella quería y soñaba. En ella me gusta reflejar precisamente esas amistades que fingen estar contigo pero solo esperan tu punto de quiebre para abandonarte o inculparte, y lo peor de todo es que ella está completamente segura que quien actúa mal es Eren y no ella. Y Eren sí tiene madera de mamá ajaja mucha, tanto que ya ha pensado inclusive en cómo sería tener un bebé en sus brazos (este Eren jaja). Muchísimas gracias por tu atento review como antes, perdón por las demoras pero estos meses han sido una carrera loca en mi vida. ¡Ten un día hermoso y espero que las buenas vibras siempre te acompañen, Char Char!
Yaritza9: Hello, it's me… Jajaja perdón, ¡se lo contaste a tu compañera de trabajo! Doy fe que uno tiene que estar muy emocionado para contarle a alguien que ni tiene mínima idea si quiera de los personajes sobre un fanfic, ¡eso me emociona tanto! ¡Ay, debiste ver mi cara cuando lo leí! Me haces recordar a cuando uno comenta una novela ajaja sacando teorías conspirativas. Espero que con este cap te hayan surgido unas nuevas y que ya te estés haciendo más idea porque lo que se viene tiene tela de donde cortar y espero que a ti y a tu compañera de trabajo les guste jajaja. Linda, muchas gracias por tu review contando eso, me alegró como no te imaginas!
MaferGarciaR: ¡Hola mucho gusto en tenerte aquí! No encontrarás algo así porque personalmente no me gusta ajaja así que respira tranquila que ni siquiera el personaje más fastidioso o complicado es así (ni en mis otros fanfics). Baobei es una palabra muy linda y cariñosa, úsala con sabiduría ajaja además si escucharas la forma en la que Levi la pronuncia se te pararía y no la respiración (me estoy pasando ajaja). Linda, muchas gracias por dejarme un review y siéntete bienvenida a este pequeño fic. ¡Besos y abrazos!
Laalaa Chan (mi brujita Lala Tomelilla): Siempre me conmueves con tus palabras bonitas y tu personalidad llena de amor y mucha positividad, haces que cuando tenga un día pesado aparezca un sol y todo se vea mucho más luminoso. Espero que Hanji te haya agradado, lo escribí con tanta ilusión porque quería que vieras lo lindo que puede llegar a ser como hombre y más uno tan inteligente, y no será su única aparición así que espera para ver más de él, fue escrito con todo mi cariño para ti y veo que ya tienes el perfil de Christa bien hecho porque la describiste perfectamente pues envidia hasta "los calzones" de Eren jjaja y realmente es muy peligrosa por si notaste como ahora muestra su verdadera cara. Deseo con todo mi corazón que este cap haya estado a tu altura que y las expectativas que tenías (junto a las de conocer más a Hanji) las haya podido cumplir. Me hace muy feliz leerte en el chat y compartir. ¡Y respecto a esa lista de preguntas te las responderé mañana por chat! ¿Sí? Porque son cosillas que no se pueden responder tan a la ligera ajaja así que mañana ya te platico en lo que pueda sin arruinarte la sorpresa del futuro. Perdona nuevamente mi tardanza pero sabes que jamás voy a renunciar a mi otp, mucho menos a este fanfic que les dedico con tanto amor a ellos y a ti. ¡Te deseo la mejor de las suertes amiguita linda!
Fujimy: Tú no tienes que preocuparte que yo igual me tardo un montón aunque no quiera así que tienes tiempo de sobra para dejar tu review cuando gustes ajajaja. Claro, Levi tiene mucho cuidado por hacer sentir a Eren a gusto y en parte es por lo que dijo, no quiere repetir los errores del pasado así que se empeña por cuidar de todos y prestar más atención a cómo se sienten (inclusive con Petra). Jean y Eren son muy buenos amigos y por parte del guardia hay absoluta lealtad y familiaridad, por eso se tratan entre bromas o pueden confiarse cosas, es muy linda la relación pues en ella Eren ha encontrado verdadera amistad, al igual que en Sasha, aún así le duele haberse separado de Christa de esa forma tan mala. A pesar de las lámparas no pasó nada ajaja es que es demasiado pronto, así que paciencia pequeño saltamontes que aún tenemos tiempo para que se sigan consintiendo un poco más. Ojalá el cap haya compensado la larga espera y sé que está muy largo y te deben estar doliendo los ojos, pero es necesario para el siguiente movimiento. ¡Nos leemos pronto, espero que tengas un lindo día!
Una lectora más: Hola, tranquila, estoy contenta de responder tus dudas, y sí tengo planeado mostrar el acenso de Eren hasta esa posición porque es un proceso de muchos cambios tanto mentales como físicas que ustedes podrán apreciar en cada cap (por eso son tan largos y avanzan tranquilamente). ¡Espero haber resuelto tu duda!
Bueno, ya es momento de decir adiós hasta el próximo capítulo y de cierta forma me siento más tranquila al tener una escena y media ya escrita de él. No quiero hacer promesas en el aire pero quizá tengan que aguantar mi escandaloso cariño sin esperar medio año jajaja. Las amo, espero que tengan un día, tarde, noche agradable y me perdonen por la tardanza. ¡Nos leemos pronto!
¿Un review? ¡Su opinión es muy importante para mi!
