Como prometí, habiendo tenido hoy el tercer review del capítulo anterior, aquí les dejo uno nuevo :) Por cierto, gracias a Vale (que me comenta en CADA capítulo, so adorable *_*), Cata (nueva lectora que conocí por twitter, welcome to FF!) y Laia (a quien de paso agradezco también haber leído tantos de mis fanfis) por haberlos dejado... significa un montón.

DISCLAIMER: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.

CAPÍTULO IX

No logré pegar un ojo ni un minuto aquella noche. ¿Y cómo hubiera podido, de todos modos, después de todo lo que había ocurrido durante la fiesta? Cada recuerdo con Rachel atravesaba mi mente una y otra vez, y su rostro… su bello rostro que por fin había podido volver a ver, la ocupaba en su totalidad. Otra de las cosas en las que no podía dejar de pensar, era en qué haría en las próximas dos semanas para recuperarla. Una vez más, entonces, me había encontrado formulando planes en mi cabeza cuyo único objetivo era ella, y que empezaría a llevar a cabo apenas amaneciera.

Aprovechando que seguía sin poder quedarme dormido y toda mi familia aún lo estaba, decidí escaparme sin previo aviso a un lugar al que hace dos años que no iba pero conocía a la perfección: la casa de los Berry. Sabía que a pesar de que el tiempo había pasado, Rachel no habría cambiado ninguna de sus rutinas como por ejemplo la de levantarse a las 6 AM, incluso siendo aquél día sábado y estando de vacaciones después de una fiesta de la cual noté que se fue alrededor de las 4. Ella era extremadamente fiel a sus principios, de eso no tenía ninguna duda.

Llegué alrededor de las 7, pues fui caminando para no despertar a nadie con el motor de mi camioneta, y sonreí apenas divisé que las cortinas de su ventana ya estaban abiertas. Tomé una bocanada de aire para recordar todo lo que había planeado decirle…. Esta vez nada tenía que salir mal. No podía meter la pata de nuevo. Agarré una piedra, deseando mentalmente que todos los vidrios de su casa estuvieran blindados, y la arrojé hasta dicha ventana.

Afortunadamente no se rompió, y una asustada Rachel apareció por la misma. Pude leer en sus labios escaparse mi nombre, evidentemente sorprendida de verme allí. Siendo mi última intención molestar a sus padres, me limité a hacerle un gesto con la mano para que bajara en vez de gritárselo. Ella pareció dubitativa al respecto, mas pronto terminó cediendo y al minuto ya estaba abriendo la puerta.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó, como lo tenía previsto, sin demasiado entusiasmo.

- Hola. – pronuncié antes de replicar, sonriendo por el simple hecho de tenerla cerca nuevamente – Supuse que estarías despierta…

- Sí, ve al punto.

- Quiero que hablemos en serio, Rach. Anoche estábamos aturdidos en una fiesta, quizás hasta apurando un poco las cosas, pero ahora podemos hacerlo como se debe. Y sé que estás enfadada conmigo, pero ayer dijiste que aún me amabas. Si eso era verdad… hazme el favor de dejarme pasar.

Rachel mantuvo su mirada sobre el piso por unos segundos, y luego se hizo a un lado permitiéndome así poder entrar. La casa no había cambiado mucho. Sólo había algunas fotos nuevas de ella en Nueva York colgadas en la pared las cuales observé con una sonrisa. Se veía tan hermosa en cada una, que por un momento consideré robármelas todas.

Pensé que me conduciría a su habitación, pero en su lugar tomó asiendo en uno de los sillones individuales de la sala, impidiéndome entonces sentarme a su lado. La imité en uno idéntico que estaba al menos a un metro de distancia, y la miré con ternura.

- ¿Y bien? – inquirió - ¿De qué quieres hablar precisamente?

- De nosotros, por supuesto.

- Precisamente. –repitió.

- ¿Puedo pedirte otro favor? Déjame decirte lo que estoy intentando sin juzgarme hasta que termine.

Ella resopló y me hizo un ademán con la mano para que continuara. Yo me levanté, y caminé hasta ella arrodillándome al frente. Abrió los ojos como platos, probablemente temiendo que fuera a proponerle casamiento, mas no era eso lo que quería decirle…. al menos no todavía.

- Anoche me porté como un niño al hacerte mis escenas de celos que tanto te molestan, y tienes que saber que en verdad lo siento. Sin contar aquello… ¿no crees que fue maravilloso todo lo que ocurrió antes? Reencontrarnos, decirnos el uno al otro cuánto nos habíamos extrañado… besarnos. ¿Soy el único que no se arrepiente de ninguna de esas cosas?

Al fin las comisuras se sus irresistibles labios formaron una tenue sonrisita, y la mía se agrandó ante aquello.

- Por supuesto que no, tonto. – dijo golpeándome suavemente en el hombro, y yo tomé ventaja de esta acción para tomar su mano en la mía.

Nos miramos por unos largos segundos de aquél modo, y tuve que hacer grandes esfuerzos para no besarla.

- Te amo, Rachel. De veras te amo. Y estoy dispuesto a hacer lo que haga falta para recuperarte.

- Bueno… Podrías empezar con una cita. - sugirió, encogiéndose de hombros.

Llevé la mano ajena que aún sostenía a mi boca, presionando mis labios sobre ella con delicadeza.

- Sería un honor. ¿Esta noche?

- Breadstix. Haz reserva para las 8 y nos veremos allí.

No pude evitar dedicarle una sonrisa que dejaba expuesto todo y cada uno de mis dientes debido al entusiasmo que acababa de ganar. Había aceptado. Quería salir conmigo. Y yo no podía estar más feliz al respecto.

Rachel se puso de pie, y caminó hasta la puerta para abrirla. Yo la seguí, un poco decepcionado de que ya quisiera que me vaya, pero por sobre todo ansioso por lo que vendría más tarde.

- Adiós, Frankenteen. – se despidió divertida, llamándome con uno de mis antiguos apodos.

- Adiós. – pronuncié, mis ojos bajando a sus labios y necesitando morderme los propios para contener mis crecientes ganas de tocarlos con los míos.

Ella pareció notar ese detalle, y soltó una adorable risita que me hizo abandonar su casa con una gran sonrisa en mi cara. Todo había salido aún mejor de lo que tenía pensado. Sin embargo, nuestro próximo encuentro debía ser literalmente perfecto…Y yo me aseguraría, costase lo que costase, de que fuera así.

Así que el próximo capítulo nos traerá una cita para nuestros Finchel :D ¿Qué opinan? Los reviews son más que agradecidos.

Love,

Mari.