¡Hola!
Vaya, este capitulo me salió más largo de lo que esperaba, es el más largo que he hecho de este fic jajaja. Esto se irá poniendo cada vez mejor, nuestros personajes cada vez experimentan más y más emociones jajaja, así que será mejor que lean atentamente y no se sorprendan xD
Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
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Capitulo 10: Para amar
Sari estaba ya en su puesto de trabajo, cuadrando un par de reuniones urgentes que su jefe le había pedido, para ello le entregó una agenda nueva y bastante mona, en donde había estado anotado todo desde que llegó, hace al menos una media hora. Cuando terminó de anotar la última palabra Kankuro salió de su oficina y ella no pudo evitar dar un leve respingo al observarle, él era alguien que le llamaba demasiado la atención.
—Ya terminé lo que me pidió señor –le avisó tratando de no sonar torpe o avergonzada, cosa que no consiguió para nada, al menos desde su punto de vista había sonado de lo más patética.
—Está bien, gracias –respondió el castaño esbozando una sonrisa, en el momento en que el ascensor se abría, dejando ver la imponente figura del presidente. Sari alzó la mirada y casi cayó de espaldas al reconocerle —. ¡Gaara! –llamó Kankuro de lo más animado, extrañándose un poco al ver la sonrisa dibujada en el rostro de su hermano, cuando él iba amargado la mayoría del tiempo. Al parecer algo bueno había sucedido con él y eso era motivo de celebración —. Oye hermano –se le acercó —, ven, te quiero presentar a mi nueva secretaria, por fin tengo una –rió.
Gaara se volteó hacia la joven que aún no dejaba de mirarlo con la boca abierta, tardándose dos segundos en procesar la información de lo que era obvio.
—¿Sari? –mencionó algo sorprendido.
—Después de todo sí eras tú Gaara –dijo la chica sonriendo, ya algo más relajada al saber que no se estaba imaginando cosas, en verdad su amiga Matsuri estaba saliendo con el mismísimo presidente de la compañía Suna, aquella a la que su amado Naruto le hacía la publicidad. Nunca imaginó que Gaara fuese un hombre tan importante.
—¿Se conocen? –preguntó Kankuro algo confuso.
—Claro que sí señor, Gaara está saliendo con mi mejor amiga, hace un tiempo la atropelló y tal parecer que el encuentro fue mágico –comentó la muchacha, sacándole una mueca de sonrisa a Gaara y una sonrisa un poco más grande al castaño, el cual miró a su hermano menor con la cara de haberse perdido una importante noticia, no podía creer que él no estuviese enterado de que Gaara salía con alguien, con una chica que resultó ser la mejor amiga de su secretaria. Aunque recordaba que una vez él le había pedido un par de consejos. ¿Serían para la misma chica?
—Así que sales con una chica –dijo interrogativamente, sin embargo el pelirrojo no tuvo reparos en aceptar los hechos, asintiendo con la cabeza.
—Sin embargo pronto será algo más que "salir" –aseguró antes de dirigirse a su oficina, dejando a Sari con los ojos iluminados.
—Oh, eso quiere decir que le pedirá que sea su novia, que emoción, que emoción –repetía una y otra vez, echándose aire con la libreta como si de pronto la temperatura se hubiese elevado a cuarenta grados.
Por otro lado, Kankuro sólo miró la puerta cerrada del despacho de su hermano. Nunca había visto a Gaara con esa mirada tan segura al hablar de una mujer, seguramente ya no tenía esa confusión de antes, seguramente por primera vez en su vida planeaba llevar las cosas en serio con ella y esa noticia le agradaba demasiado, le hacía feliz ver a Gaara tan bien.
—Tengo que conocerla, tengo que saber quién es la mujer que le hace tanto bien a Gaara –pensó para sí.
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Matsuri se paseaba entre los puestos de los niños que estaban a su cargo, observando con dulzura los lindos dibujos que ellos hacían, pues les había dado la tarea de dibujar a su familia de la forma en que ellos la veían, así que no podía dejar de admirar como sus manitas se movían aplicando formas y colores, sin embargo, se detuvo en un dibujo en especial.
En aquel papel se podía apreciar perfectamente a la niña, la cual estaba tomada de la mano de su madre, una mujer a la cual la niña dibujó cabello rubio. Sin embargo su padre no sostenía su mano, estaba alejado hasta el otro rincón del papel y por la impresión que daba, parecía no quererlas a ellas dos.
—¿Por qué papá está tan alejado, Ami-chan? –interrogó algo preocupada, aunque la niña no parecía triste al estar dibujando, sutilmente estaba mostrando que un gran dolor la aquejaba.
—Papi está lejos porque papi ya no vive en la casa –respondió con normalidad, sin dejar de pintar su dibujo —. Papi y mami dicen que ya no pueden vivir juntos, así que papi buscó otro lugar, es por eso que no hago a papi cerca de mí y de mami.
Matsuri sintió pesar al oírla, ella le había sonreído tras su explicación, pero en el fondo debía estar realmente triste, para ningún niño es fácil que sus padres se separen, ni mucho menos a la edad que ella tenía. La pequeña Ami era la mejor amiga de Amaya y de cierta forma Matsuri le había tomado un cariño especial, tal vez por ser una de sus alumnas más cercanas. Le hizo un cariño en el cabello y se alejó para ver los otros dibujos; en el asiento que estaba delante del de Ami, Amaya hacía su dibujo, el cual también sorprendió a la joven maestra.
Había muchas personas en aquel dibujo, pero la niña ponía especial atención en tres; uno de ellos era Gaara, quien aparecía dibujado con su desordenado cabello rojo y su traje de ejecutivo (hasta hoy Matsuri no tenía claro cual era su trabajo), después se fijó en una persona que parecía volar, tenía el cabello rubio y las alas de un ángel, seguramente se trataba de su madre, ella la veía ahora como a un ángel que la cuidaba desde el cielo. Pero la que más llamó su atención fue la que la niña se estaba dedicando a pintar ahora.
—¿Por qué tantas personas Amaya-chan? –se acuclilló junto a la niña, la cual enseguida dejó de lado su lápiz de color café para señalarle a cada uno de los ahí representados.
—Estos de aquí somos papi y yo –respondió sonriente —. Aquí están tía Temari, tío vago y mi primita Sumi-chan –señaló a dos adultos y una bebé, que por cierto estaban muy bien dibujados, la niña tenía talento —, estos de acá son tía Ino, tío Sai y mi primito Seichiro –señaló a otra familia de tres, quienes eran acompañados por un hombre —, este es el abuelito Inoichi –y finalmente se dirigió a la última persona, quien estaba tomada de la mano con su papá —. Y aquí estás tú, Matsuri-sensei –mostró una enorme sonrisa, mientras la maestra se sonrojaba levemente.
—¿Y-yo? ¿Por qué yo?
Amaya seguía sonriendo, por eso ni se inmutó cuando respondió a la pregunta.
—Porque sensei será mi nueva mamá cuando se case con mi papi –ante esas palabras Matsuri sintió que su rostro ardía todavía más, las palabras se atoraron en su garganta y se puso de pie apresurada, pero antes de poder decir alguna cosa el timbre comenzó a sonar, avisando que acababa el primer periodo de clases.
—Eh… niños, salgan al patio –fue todo lo que dijo. No podía creer lo que acababa de escuchar: ¿Casarse con Gaara? Eso sonaba demasiado apresurado, pero no podía negar que también muy hermoso.
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Shizuka estaba bajando las escaleras de la mansión Sabaku No, cuando le apareció Sasori al camino, mirándole con una sonrisa seductora. Últimamente ella se había estado sintiendo bastante mal, así que de sólo ver a Sasori sintió que le dolía la cabeza, pues podía imaginarse para qué la estaba buscando.
—¿Por qué me pones esa cara tan fea? –se quejó el pelirrojo haciéndose el ofendido, aunque sinceramente el asunto le daba igual. A pesar de haber pasado una increíble noche (o parte de ella) al lado de esa chica, durante la otra mitad de la misma no había podido apartar de su mente el rostro dulce de la chica que conoció cuando fue al parque de diversiones. Apreciaba a su primo Gaara, pero cuando había una mujer de por medio no había nada ni nadie que le detuviera.
—Déjame en paz Sasori, ahora no estoy de humor –respondió la castaña terminando de bajar las escaleras para darle la espalda, pero el hombre la tomó de la muñeca.
—¿Ahora me rechazas? Vaya que estás loca –se quejó con una sonrisa sarcástica, pues según él, ninguna mujer tenía el derecho de dejarle, menos cuando estaba tan aburrido —. No me digas que te has arrepentido de lo que pasó.
—Cállate, alguien puede oír –lo urgió la mujer algo asustada, sabía que algunos de los empleados eran muy chismosos y no quería que bajo ninguna circunstancia Kankuro se fuese a enterar de lo que sucedía entre ellos —. De verdad no me siento bien, esta mañana devolví todo el desayuno y me duele mucho la cabeza, no te estoy mintiendo.
Sasori la miró atentamente por un momento, algo en ella comenzaba a desagradarle, o más bien, una especie de aura que emanaba de ella y que no había notado antes debido a su urgencia. Frunció el ceño y posó una mano sobre su frente, notándola con la fiebre un poco alta.
—¿Qué haces? Suéltame –se quejó Shizuka, sin embargo al darle un manotazo al pelirrojo, sintió que se mareaba y estuvo a punto de caer, de no haber sido porque él mismo la sostuvo —. Demonios… ¿Qué me pasa?
—Shizuka tú estás… –hizo una pausa para mirarla a los ojos —. ¿Estás embarazada?
Los ojos de Shizuka se abrieron tanto que por un momento pensó que se le saldrían, incluso llegaron a arder, sin embargo no pudo decir que no ante la pregunta de Sasori… posiblemente fuese cierto.
¿Y ahora qué iba a hacer? ¿Y de quién estaba embarazada?
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Naruto y Hinata bajaron de uno de los juegos mecánicos mientras se reventaban de la risa por lo bien que lo habían pasado ahí arriba, aunque la ojiperla estaba un poco asustada, pues no estaba acostumbrada a esas cosas, aunque debía admitir que lo había pasado de maravilla en esa salida con Naruto, jamás pensó que él fuera un chico tan dulce, se veía diferente por televisión, ella pensaba que todos los rostros televisivos eran en realidad fríos y banales, interesados sólo en el dinero y la apariencia, pero al conocer a Naruto se había dado cuenta de lo equivocada que estaba, él era una persona grandiosa y resplandeciente.
—Eso ha sido genial –dijo la chica esbozando una gran sonrisa, sin notar que él se le quedaba viendo fijamente.
Naruto nunca había sentido eso con nadie, la sensación de ser cautivado por un simple gesto, tan cotidiano como una sonrisa. Cuando se dio cuenta de que estaba casi hipnotizado, decidió desviar la mirada, algo sonrojado.
—Me alegra que te haya gustado venir aquí –dijo algo avergonzado —. Pero en fin, ya debemos regresar, durante la tarde tenemos que grabar así que…
—Sí, claro Naruto-kun –le respondió Hinata, que inconscientemente le había tomado la mano para jalarlo —. Pero démonos prisa, se nos hace tarde –y dicho esto los dos comenzaron a correr hacia la salida del parque. Por suerte nadie les había reconocido, pero Naruto no se arrepentía de haber sido reconocido una vez por esa dulce chica, no sabía que demonios le había hecho ella, pero era agradable.
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Sakura estaba terminando de atender a una mujer embarazada durante el turno de la mañana, hoy no se sentía muy bien, le dolía un poco la cabeza y sinceramente no se sentía de ánimos como para trabajar, pero no había querido decirle nada a su madrina Tsunade, quien era la directora del hospital, pues luego sus compañeros de trabajo acusaban que había favoritismos, y la verdad prefería ahorrarse ese tipo de problemas.
Apenas despidió a su último paciente decidió que lo mejor era tomarse algo para el dolor, pero justo cuando estaba por hacerlo alguien entró a su oficina sin golpear. Al verle su corazón se aceleró, pero no por felicidad o nerviosismo, sino por la rabia y la tristeza que sentía de verlo, porque no quería volver a verlo. ¿Por qué tenía que venir a atormentarla con su presencia?
—¿Qué quieres? –le preguntó tratando de ignorarle, deseando que sólo lo hubiese imaginado y que en realidad él no estuviera ahí, frente a ella —. He preguntado qué quieres.
—Hablar contigo –respondió Sasuke de mala gana. Se notaba que aún a pesar de encontrarse en un lugar como un hospital, no perdía su forma arrogante de ser. Ni se molestó en cerrar la puerta, sólo se acercó a Sakura como Pedro por su casa y tomó asiento en la silla frente a la peli rosa —. ¿Qué te traes con mi hermano? –interrogó sin tapujos, dejando a la chica sorprendida.
—¿Con Itachi? –preguntó como si fuera la cosa más extraña del mundo lo que el azabache acababa de preguntar, y en cierta forma lo era, puesto que él no tenía ningún derecho a inmiscuirse en su vida personal, sólo por haber pasado una noche juntos no lo hacía su dueño, sobre todo tomando en cuenta que a él ni le importó —. Él y yo sólo somos amigos, pero eso a ti no te importa.
—Es mi hermano, te lo advierto, no te metas con él –dijo serio. No sabía por qué hacía esto, no debería importarle tanto, pero fue ahí que encontró una excusa —. No quiero que la gente piense que estoy siendo engañado por alguien de mi familia, eso haría trizas mi imagen.
Sakura frunció el ceño.
—Claro, a ti lo único que te importa es eso –dijo en tono colérico, sintiéndose como una estúpida al haber pensado por un momento que ella le interesaba a Sasuke. ¿Hasta cuando pensaba aprender la lección? ¿Cómo podía ser tan tonta? Se puso de pie tratando de no quebrarse ante él, señalando así a la puerta —. Vete ahora de mi oficina, no quiero tener tu horrible presencia por más tiempo en este lugar.
—Ahora dices que es horrible, cuando antes te morías por mí –dijo Sasuke con arrogancia, poniéndose de pie, para luego meterse las manos a los bolsillos y cambiar su expresión por una despectiva —. No imaginé que fueras tan fácil Sakura, primero con el hermano menor y luego con el mayor –rió sarcástico —. Dime ¿Fue más fácil meterte a la cama de Itachi que a la mía?
—¡Vete! –le gritó Sakura sin poder contener la rabia que había sentido, en estos momentos unas ganas incontrolables de golpear al Uchiha se apoderaban de ella, pero todo aquello que sentía se acumuló tan fuerte en su pecho que la hizo querer explotar. Su pulso se aceleró repentinamente y su vista se tornó borrosa, haciéndole perder el equilibrio y teniendo que sostenerse de una mesa, para que poco después su vista se pusiera completamente negra y sólo pudo sentir que caía sobre algo que impidió que se golpeara en el suelo, pero no supo que fue.
—¡Sakura! –la llamaba Sasuke, quien la había atrapado. No podía creer que estaba preocupado por ella, pero la chica estaba desmayada en sus brazos y en cierta forma temía que fuera su culpa, su estúpida visita y sus aires de "yo tengo la razón" debieron agobiarla demasiado.
Ya no sabía que hacer consigo mismo, con lo que estaba sintiendo dentro.
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Gaara estaba sentado en su oficina revisando algo en el ordenador, estaba a punto de pararse para dirigirse a la oficina de Kankuro, cuando la presencia de alguien le hizo fruncir el ceño y volver a caer sentado, mirándole de mala gana.
—¿Qué quieres? –preguntó enojado, últimamente le fastidiaba demasiado el ver por la oficina a su ex cuñada, ella se había convertido en un verdadero dolor de cabeza.
—No te enojes, Gaara –rió Ino, la cual había decidido cambiar de táctica para poder cumplir su objetivo, como había oído una vez, debía mantener a sus amigos cerca y a sus enemigos más cerca, por eso, pensaba hacer uso de sus dotes actorales —. Sólo quería disculparme contigo –puso una expresión de tristeza en su rostro.
Gaara le miró arqueando una ceja, incrédulo, pues era difícil pensar que Ino de verdad estuviera arrepentida, ella era una mujer muy difícil de convencer, cuando creía tener la razón no había nada que la hiciera cambiar de parecer. ¿Cómo había sucedido esto entonces=
—¿Cuál es el truco esta vez? –preguntó escéptico, recibiendo la risa estruendosa de la rubia como contestación.
—Tú siempre tan desconfiado –se burló Ino, pero de una manera fresca y alegre, para nada malintencionada —, pero créeme, en serio me vengo a disculpar. Gaara sé que me equivoqué, por eso quiero que me perdones, no trataré de meterme más en tu vida, lo prometo –y volvió a mostrar una sonrisa, una que parecía muy sincera, pero que escondía detrás una desconocida maldad.
—Como sea –Gaara no le creyó del todo, pero no quería seguir peleando con ella, antes eran muy amigos y de no haber sido por su culpa, por haberse metido con la hermana de Ino, las cosas seguirían siendo igual que antes —. Tengo que seguir con mi trabajo, así que otro día hablamos –dijo sereno, pero Ino negó con la cabeza.
—Quería pedirte un favor antes de irme –sonrió —. ¿Puedo quedarme esta noche con Amaya?
Gaara sólo la miró confuso. ¿Para qué querría Ino quedarse con Amaya?
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Sasuke observaba con impaciencia como una mujer alta, rubia y de enormes pechos le tomaba la presión a Sakura, la cual no se veía nada contenta, es más, estaba que lo fulminaba con la mirada, desde hace rato que le estaba pidiendo que se fuera, pero él no se movía de ahí, había dicho que no se iría hasta no terminar su conversación con ella.
Era tan idiota, siempre que quería hacer las cosas bien terminaba haciéndolas peor. A veces deseaba golpearse contra un muro, a ver si de una buena vez su cerebro comenzaba a funcionar de manera correcta.
—Ya está Sakura –le dijo Tsunade –la directora del hospital y además madrina de Sakura–, mientras le quitaba el aparato con el cual le tomaba la presión —. Estás muy estresada, deberías tomar un descanso, no es bueno exigirle demasiado a tu cuerpo.
—Estoy bien madrina, apuesto a que esto sólo fue porque no desayuné –aseguró la peli rosa, aunque en realidad estaba mintiendo, pues sí había desayunado y bastante a decir verdad, pero todo lo había vomitado hace unas horas en el baño del hospital, un poco antes de que Sasuke se le apareciera por sorpresa a molestarla. Últimamente siempre le pasaba eso, ya estaba cansada de ese desorden alimenticio.
—Eso está mal Sakura, sabes que el desayuno es la comida más importantes del día, eres doctora, trabajas con mujeres y les dices lo mismo todo el tiempo –le regañó Tsunade. Sakura sólo suspiró, ella tenía razón, pero no sacaba nada con decirle todo eso, ella en verdad sí había comido, que lo vomitara después no era su culpa.
Pensando en eso fue que se dio cuenta de algo. Sus síntomas… la manera en la que su apetito había ido variando y también sus horas de sueño. No, no podía ser verdad…
—¿Ahora sí podemos hablar? –preguntó Sasuke fastidiado, ya estaba cansado de la charla entre médicos, él quería aclarar su asunto con Sakura lo más pronto posible, quería saber que había entre ella e Itachi y por qué demonios a él le seguía atormentando el recuerdo de la peli rosa todo el tiempo, si ya todo entre ellos había terminado.
—Salgamos afuera –respondió de mala gana la ojijade; había recordado que la otra vez no había podido devolverle sus cosas, tal vez ahora tendría la oportunidad de hacerlo. No quería saber nada más de él en lo que le quedaba de vida.
Y definitivamente ella no tenía lo que estaba pensando.
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Naruto y Hinata habían llegado sonrientes de su cita en el parque para comenzar a grabar. Asuma les regañó por llegar un poco tarde, pero a ninguno de los dos les afectó demasiado, habían tenido un día tan hermoso juntos que francamente nada podía arruinarlo. Por otro lado Kiba estaba algo molesto, no le gustaba nada el verles tan felices, tan juntos, llevándose tan bien.
Naruto no era alguien para Hinata, él mejor que nadie lo sabía, pues siempre acompañaba al rubio cuando se iban de parranda. Él era del tipo de persona que no se involucraba sentimentalmente con las chicas, en cambio Hinata era una mujer con quien debían hacerse las cosas en serio, era por eso que no le agradaba el tema de una posible relación entre ellos, el cual había comenzado a sonar muy fuerte entre los pasillos.
—¿Hoy no viene Sasuke? –preguntó Naruto al director, provocando que así Kiba se saliera de sus pensamientos, pues no había dejado de verle con molestia todo el tiempo.
Asuma negó con la cabeza, llevándose un cigarrillo a su boca.
—Dijo que tenía otras cosas urgentes que hacer, así que le concedí el día libre, después de todo ha tenido demasiado trabajo este último tiempo y pronto tiene un concierto –respondió el director en forma despreocupada, pero la verdad era otra, tanto él como Kakashi estaban al tanto de la enorme carga de trabajo que Sasuke estaba llevando sobre sus hombros, encargándose de volverla aún más pesada. Posiblemente estaba intentando olvidar alguna mala experiencia por medio del trabajo, pero eso no estaba bien, tarde o temprano colapsaría, por más fuerte que él fuese eso iba a suceder.
—Cierto, el concierto –Naruto dibujó una sonrisa algo maliciosa en su rostro, sin poder evitar el recordar cierta escena que había sucedido hace unos días atrás, cuando él mismo había presentado formalmente a Sasuke y a Hinata.
—Este de aquí es Sasuke, mi mejor amigo y el teme más teme del mundo –dijo el rubio señalando al cantante, el cual le miró de mala gana, casi como si lo estuviera fulminando, cosa que le causó escalofríos, sin embargo, frunció el ceño en cuanto notó como las mejillas de la chica tomaban un leve tono carmesí mientras miraba a su amigo.
—E-es un gusto, Uchiha-san, soy una gran admiradora de su música y para mí es increíble poder trabajar con usted –dijo apenada, pero a pesar de estar sonrojada no le miraba con atracción, sino con admiración, Naruto pudo darse cuenta de ello y sonrió aliviado, no quería ni imaginarse que pasaría si ese par se terminaran liando.
—Mucho gusto Hyûga-san –la saludó Sasuke de manera educada, ganándose una sonrisa de parte de la ojiperla.
Naruto volvió a la realidad, aún manteniendo esa sonrisa.
—Si invito a Hinata-chan al concierto del teme apuesto a que me amará –pensó emocionado, sin saber que alguien estaba planeando lo mismo que él.
Kiba miró como Hinata ensayaba en solitario una escena y sonrió imaginando como le pediría que fuera con él al concierto de Sasuke, pues con ello pensaba acercarse a ella y así conquistar su bello corazón.
Hinata en verdad le había gustado desde que la conoció.
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Ya había llegado la tarde y Gaara se dirigía a la escuela a recoger a su hija, aunque no de muy buena gana, pues venía acompañado de Ino y eso realmente le ponía de buen humor, lo único bueno era lo que estaba planeando hacer cuando llegara y de cierta forma la presencia de la rubia le iba a ayudar.
—¿Qué hay de Seichiro? –preguntó como para iniciar conversación, a fin de cuentas ella tenía razón, no tenían por qué estar de mal término todo el tiempo, ellos solían llevarse realmente bien. La verdad era que no odiaba a Ino, sólo que cuando la veía, recordaba lo miserable que había sido al meterse con ella cuando estaba casado con su hermana, y sentía rabia contra sí mismo.
—Sei está con mi padre –respondió la chica con una sonrisa, pareciendo lo más amable posible, porque quería que Gaara de verdad le creyera. Ella siempre había sido una persona caprichosa, que tenía todo lo que había deseado, pero la excepción siempre había sido él, por un tiempo le tuvo y después lo perdió a manos de su propia hermana. Y después lo que pasó.
Lo peor de todo era que en el fondo se sentía culpable de la muerte de Sayuri. Si no le hubiera contado todo aquel día.
Por eso Gaara tenía que pagar, porque si ella no era capaz de reconocer su culpa, entonces toda la culpa recaería sobre él, era la única forma de sentirse liberada, librar esa tonta venganza en contra del pelirrojo.
—Oí que Sai se fue de viaje –Gaara no sólo se sentía mal por lo que hizo a Sayuri, sino también a Sai, él siempre había sido un buen tipo y no merecía lo que le habían hecho él e Ino. Cada vez que cerraba los ojos podía recordarlo y era algo molesto, algo horrible, pues no sólo pasó una vez, sino muchas veces.
Probablemente Gaara no habría parado y ella tampoco, de no ser porque uno de sus amigos los había descubierto. Él era el único que lo sabía todo; Sasuke, pero había prometido no decir nada a nadie, cosa que hasta ahora había cumplido al pie de la letra, por eso Gaara estaba muy agradecido con él.
—Así es, Sai se fue de viaje y estará fuera varias semanas, no tengo muy claro cuando regresa, pero habló sobre algo bueno que sucedería entonces –rió la Yamanaka, recordando el rostro de su esposo en cuanto le dijo esas palabras. Si tan sólo pudiera quitarse el peso que llevaba de encima, podría ser completamente feliz con Sai —. Seichiro estaba muy triste porque se fue.
—Me lo imagino, son muy unidos –dijo el pelirrojo, justo antes de estacionarse en la escuela, en un lugar apto para ello. Sonrió cuando vio a Matsuri jugando a las cosquillas con Amaya. Esa inocente maestra lo tenía vuelto loco, no podía ahora imaginarse un futuro sin ella, sólo con mirarla se proyectaba como nunca antes, hasta imaginaba como sería tener un hijo con ella, cosa que muchas veces lo había entusiasmado, era una idea enormemente tentadora.
Ambos bajaron del auto y se acercaron a Matsuri y Amaya. La primera le sonrió en cuanto lo vio llegar, pero se detuvo algo confusa en cuanto vio a la rubia.
—Buenas tardes Matsuri –saludó Gaara, sintiendo como su hija le abrazaba las piernas —. Ya llegué Amaya.
—Por fin papi –se quejó la rubia, que se separó de él para ir y saltar a los brazos de su tía —. ¡Tía Ino!
—Hola hermosa –Ino se acuclilló para quedar a la altura de su sobrina, dándole un fuerte abrazo, pues hace un tiempo que no la veía y ambas se extrañaban, se querían mucho a pesar de todo, ella adoraba a esa niña como si fuese suya. Y sin decirle a nadie había prometido junto a la tumba de su hermana que la cuidaría y no permitiría que cualquier mujer se hiciera cargo de ella, eso ni pensarlo. Miró a Matsuri con desafío, pero al cabo de unos segundos suavizó su expresión, sonriéndole.
Matsuri se quedó impresionada con la belleza de la rubia, parecía una verdadera modelo de esas que salían en las revistas, con esos hermosos ojos azules y el largo cabello rubio, brillante y sedoso.
—M-mucho gusto –dijo algo intimidada, al tiempo que Ino se ponía de pie, extendiéndole su mano.
—¿Tú debes ser Matsuri verdad? Creo que ya te había visto –dijo de lo más amable, para Matsuri fue realmente agradable —. Es un gusto conocerte, soy Ino Yamanaka.
—M-Matsuri Koyama –dijo aún nerviosa la castaña, admirada por la presencia de esa mujer. Sin poderlo evitar soltó una sonrisa, la cual, por un momento, casi convenció a Ino de su bondad, pero al siguiente segundo se convenció de que era sólo un truco y ella no iba a caer tan fácilmente.
A Matsuri no le dejaría el camino libre, para ella no era más que una trepadora.
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Gaara no quitaba su sonrisa seductora, sin despegar su vista del camino, llevaba a su lado a Matsuri y ella sólo le miraba intrigada, no sabía por qué de un momento a otro esa señorita llamada Ino se había llevado a Amaya y al segundo siguiente ella estaba montada en el auto del pelirrojo. Recordó lo que él le dijo en la mañana, que la secuestraría, no pudo evitar sonrojarse de sólo pensarlo. ¿Qué iría a decirle Gaara cuando llegaran a su destino?
—Llegamos –dijo de pronto el hombre, deteniendo el auto en un lugar totalmente apartado de la ciudad, era más bien cerca de la playa, pero estaba totalmente desierta. Él bajó del auto y le abrió la puerta a Matsuri, pues le gustaban esas viejas costumbres que tenían los caballeros, sobre todo porque él planeaba conquistar a aquella dama y debía hacerlo lo mejor posible.
—¿Qué hacemos aquí? –preguntó sorprendida la castaña. Habían llegado a pleno atardecer, logrando una vista maravillosa. Cuando ella bajó se quedó impresionada, hace tiempo que no veía algo tan bello delante de sus ojos (descontando a Gaara). Sus mejillas nuevamente tomaron el color carmesí cuando sintió la mano del pelirrojo tomar la suya, jalándola levemente para hacerla quedar más cerca de él, pero a una distancia aún prudente —. ¿Qué sucede Gaara? –preguntó nerviosa, sobre todo cuando él apoyó su mano en la barbilla de ella, mirándola fijamente a los ojos.
—¿Sabes Matsuri? –comenzó a hablar él —. Nunca había conocido a una chica que me hiciera sentir como tú –confesó sin pena alguna, pues así era él, siempre directo e iba al grano, no le gustaba andarse con rodeos, mucho menos cuando gustaba de una mujer, aunque a esto no le pudiera poner precisamente el término "gustar" —. Me gustas demasiado Matsuri, ni siquiera a mi ex esposa la he mirado como a ti, tú logras algo especial en mi, me haces sentir bien, vivo…
—Gaara… –Matsuri no sabía que decir, esas palabras eran simplemente hermosas, y que él se las dijera mientras le miraba con esos profundos ojos aguamarina era aún más atrayentes, ya que podía sentir como era hipnotizada por él, por su voz, por su fragancia masculina, por el color de sus orbes gélidas. Su corazón estaba tan agitado, deseaba tanto poder decirle algo, pero no sabía que decir, no sabía como expresar lo que sentía por él.
—Sé que nos conocemos hace poco tiempo… –siguió hablando Gaara, al no obtener una reacción por parte de la castaña. Francamente tenía miedo de lo que iba a hacer, durante todo el camino había estado muy confiado, pero ahora estaba nervioso. ¿Qué pasaba si era rechazado? ¿Qué haría entonces? Decidió no pensar en eso y sólo seguir adelante —, pero Matsuri yo… quisiera, quisiera poder tener algo contigo. No ser simplemente amigos, ni amantes, ni algo parecido, sino… tener una relación de verdad, algo formal, con un nombre serio…
Matsuri sintió que estaba por desmoronarse cuando la mirada de Gaara se desvió hacia abajo, mostrando claramente su nerviosismo.
—Matsuri… ¿Te gustaría ser mi novia?
Ella estuvo a punto de gritar de la impresión. ¡Le había pedido que fuera su novia! Y si no fuera porque en ese momento tenía que dar una respuesta, seguramente se habría desmayado sobre la arena, pues, aquella escena se sentía aún irreal, no podía creerlo, no podía imaginarse siendo la novia de Gaara, pero quería serlo.
—Sí –respondió luego de varios segundos de silencio, que para Gaara fueron como una eternidad, quemante y sofocante, sin embargo al oír su aprobación se sintió completamente lleno —. Sí quiero Gaara –volvió a hablar ella, arrojándose a sus brazos en un tierno gesto de afecto. Tenía el rostro sonrojado y una enorme sonrisa en él. Sintió como era rodeada por la cintura y sonrió aún más —. Gaara yo… te quiero… –confesó muy apenada, pero feliz de saberse correspondida por él, de ser su novia.
Era su novia.
—Y yo a ti –respondió Gaara, separándose levemente de ella para mirarla a los ojos. Le sonrió ínfimamente una vez más, antes de besar sus labios con verdadera pasión. Ahora esos eran los labios de su novia, por lo tanto eran todos suyos y los tendría siempre que quisiera, toda ella era suya ahora. Con su lengua urgió a Matsuri para concederle una entrada, la cual recibió en pocos segundos, encontrando nuevamente la tímida lengua de ella, que se movía al ritmo que él imponía. Cómo le gustaba besarla de esa manera, mientras la apegaba más a su cuerpo, sintiendo las delicadas curvas de su cintura.
Ya no era más Matsuri la profesora de su hija. Desde hoy en adelante ella sería su Matsuri.
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Shizuka miró atónita la prueba de embarazo que sostenía en sus manos, había visto el resultado positivo y no lo podía creer. Pensó que nada sucedería cuando Sasori le sugirió que se la hiciera, pero se había equivocado, porque sí, estaba embarazada.
—No me vayas a decir que es mío, porque no lo quiero –le dijo tajantemente Sasori al ver la cara que ella tenía, no había necesitado ver la prueba para saber que había salido positiva, bastaba con la cara de asombro de la mujer. Se cruzó de brazos molesto y vio como ella fruncía el ceño.
—Es imposible que sea tuyo, lo que pasó con nosotros fue… hace muy poco –aseguró enfadada, pero no tanto por lo que él había dicho, sino por lo que estaba pasando. Estaba embarazada y no quería estarlo, no quería a ese hijo, porque aún no había superado lo del anterior, no podía simplemente tener otro así como así, no aún —. Este hijo es de Kankuro –ratificó.
—Más te vale –Sasori habló en tono de amenaza. Definitivamente no estaba dispuesto a convertirse en padre, mucho menos cuando tenía a una presa mucho más jugosa que la esposa de su primo en la mira. No podía dejar de pensar en ella y ya había planeado quedársela, al menos por un tiempo, hasta que le aburriera. Cuando estuviera satisfecho de esa pequeña castaña, entonces la tiraría como a todas las demás.
—Sasori, será mejor que no le cuentes nada a Kankuro, no quiero que él lo sepa –Shizuka estaba a punto de guardar la prueba de embarazo, pero no hizo falta esconderla, la puerta se abrió dejando ver a su esposo, el cual la miraba algo disgustado.
—¿Qué cosa no me tienes que contar, Sasori? –interrogó a su primo, el cual suspiró ante su mirada de reproche. Es que a él no le gustaba estar metido en medio de las peleas de pareja, aún si él era la causa de la pelea. No siempre había salido invicto de sus relaciones amorosas con mujeres casadas, muchas veces había sido descubierto por los maridos, aunque ninguno de ellos había sido capaz de ponerlo en su lugar.
Nadie podía con él.
—Shizuka, será mejor que le digas –intervino el pelirrojo, al ver que su primo se ponía cada vez más enojado. La mujer le miró con reproche y a él no le quedó otra que dar la buena nueva, así se salía del problema —. Felicidades primo, al parecer, vas a ser padre.
Después de decir lo que tenía que decir, decidió ir a darse una vuelta por la ciudad, no tenía nada mejor que hacer y no quería ver como la "feliz pareja" celebraba la noticia.
—¿Eso es verdad? –Kankuro miró atónito a su esposa, notando de pronto que ella tenía esa bendita prueba de embarazo en su mano. No pudo evitar el mostrar una enorme sonrisa y entonces sólo la abrazó emocionado, pensando en que por fin las cosas se iban a arreglar, con la llegada de un nuevo hijo todo iba a ser mejor entre ellos.
Shizuka sólo se dejó abrazar, sin confirmar ni negar nada. ¿Qué iba a hacer ahora?
No lo sabía.
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Sasuke estaba sentado en la sala de la casa de Sakura, la cual le había llevado ahí para supuestamente hablar, pero en realidad quería devolverle sus cosas. Él miró de mala gana como ella le tiraba una caja con chucherías a sus pies, sin siquiera decirle alguna cosa.
—¿Y esto?
—Es tuyo, Sasuke-kun –dijo ella con sarcasmo, para luego dirigirse hacia la puerta de su casa y abrirla, señalando hacia la salida —. Ahora puedes marcharte.
—¿No íbamos a hablar? –cuestionó él, alzando una ceja y apretando los puños. Sentía como si Sakura se estuviera burlando de él y era tan jodidamente molesto, odiaba esa actitud que ahora ella tenía hacia su persona. Le gustaba más antes.
—Creo que hablamos lo suficiente en el hospital –respondió la peli rosa, volviendo a señalar hacia afuera. Sabía que Sasuke estaba cabreado, pero a ella no le importaba en lo más mínimo lo que él pudiera o no sentir —. Sólo te traje para que te lleves eso, no quiero tenerlos en mi casa.
—Descuida, tal vez se los de a Itachi, últimamente parece tener los mismos gustos que yo –dijo Sasuke recogiendo la caja del suelo, para luego caminar con ella hacia la salida. Miró a Sakura y le sonrió con sarcasmo, acercándose a su oído —. Espero que te aproveche ser la puta de mi hermano –susurró, sin entender por qué sus propias palabras le habían provocado un gran dolor dentro del pecho, pero lo ignoró y siguió caminando, hasta desaparecer de la vista de Sakura, quien cerró la puerta de golpe, con lágrimas corriendo por sus mejillas.
—¡Te odio Uchiha! –exclamó dolida, llevándose ambas manos al rostro y tirándose sobre el sillón para llorar con impotencia. Ahora no sólo se había burlado de ella, sino que la trataba como a una cualquiera sólo por haber salido con su hermano y leer una estúpida noticia sin sentido.
Por eso Sasuke no se merecía sus lágrimas.
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Sasuke tiró la caja en medio de la calle y la pateó con toda su fuerza. Estaba tan molesto que no le importó si las personas podían o no reconocerlo, simplemente descargó toda su ira y se subió a su auto. Segundos después se bajó, metió la caja al asiento trasero y se volvió a subir, sacando su celular del bolsillo para llamar a sus amigos; necesitaba a alguien con quien descargarse.
—Naruto –habló con la voz ahogada, pero tratando de disimularlo —. ¿Podemos vernos en el bar de siempre? Y llama a Gaara también –después de eso colgó, encendiendo por fin el motor de su auto.
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Ella se detuvo frente a la puerta de su departamento y se dio la vuelta, sonriendo como una tonta a la persona que la acompañaba. Él también le sonrió, y sin esperar siquiera una palabra de la castaña la acorraló contra la entrada de su residencia y la besó en los labios, primero lento, luego en forma apasionada, enloqueciéndola.
—Debo entrar –dijo Matsuri, sin poder desaparecer la sonrisa que adornaba su rostro. Nunca pensó que estaría nuevamente de novia con alguien, jamás creyó que volvería a enamorarse ni mucho menos que lo haría en tan poco tiempo y de una manera tan intensa. Ahora entendía que para amar a alguien no había explicación alguna, simplemente había que dejarse llevar por lo que se sentía y eso estaba haciendo ella.
—Quédate un poco más conmigo, no quiero que te vayas –dijo Gaara abrazándola, como si se tratara de un niño pequeño en busca de refugio. Matsuri se separó levemente y negó.
—Debes ir a buscar a tu hija Gaara.
—Ella se quedará con Ino toda la noche, Ino me lo pidió –respondió el pelirrojo, tomándola ahora por la cintura para hacer que ella se pegara más a su cuerpo, queriendo sentir su calor, ese calor tan especial que ella le transmitía. Besó nuevamente a su novia y se acercó a su oído —. ¿Por qué mejor no te vas conmigo a mi departamento? –propuso con la voz rasposa, notando de reojo como Matsuri se ponía tan roja como un tomate, nunca la había visto tan roja, a pesar de que ella siempre se sonrojaba por todo. Era tan tierna que lo volvía aún más loco con eso.
—N-no digas eso –se quejó, dándole un golpecito en el hombro. De sólo pensar en la propuesta, en pasar toda la noche en el departamento de él y completamente a solas, le hacía latir el corazón de una manera vertiginosa. Era mejor que por el momento se mantuviera alejada, apenas y llevaban unas horas de ser novios, no podía adelantarse tanto —. Será mejor que tú te vayas solo a tu casa y pienses en mí toda la noche.
—¿Por qué debo pensar en ti cuando puedo tenerte? –se quejó en forma infantil, haciendo que Matsuri se riera graciosa.
—No, no puedes tenerme –le respondió acercándose a sus labios —. No todavía.
Gaara se sintió desfallecer ante esas palabras. Joder. Nunca una mujer le había rechazado de una manera tan sensual, de hecho, nunca una mujer le había rechazado antes a sus propuestas indecorosas, pero estaba claro que Matsuri era distinta y le encantaba que fuese así, le hacía desearla aún más.
—Está bien –se rindió al fin, dándole otro beso en los labios, pero mucho más leve y dulce —, me voy entonces, pero no desistiré.
Matsuri sonrió y lo abrazó, agradecida por como él la había tratado, era tan distinto a ese imbécil que tenía antes como novio. Ahora más que nunca estaba segura de que Gaara jamás la lastimaría, no como había hecho él.
—Perdón por interrumpir –se escuchó una voz femenina, seguida de un carraspeo y una sonrisa. Ambos se voltearon y vieron a Sari, quién les estaba mirando desde el pasillo, sin poder contener la alegría al ver como su mejor amiga y ese sexy pelirrojo –que además resultó ser su jefe– se estaban besando y abrazando desde hace rato como si nadie más viviese ahí.
—Sari –Matsuri se volvió a sonrojar por completo al haber sido descubierta por su amiga, nunca creyó que la vería en una situación así.
—Eh, bueno, yo ya me iba de todos modos, hasta mañana amor –dijo Gaara, dándole otro beso a su novia para luego alejarse de ella, sintiendo como su calor lo abandonaba. Como deseaba estar con ella toda la noche, sobre todo porque ésta estaba condenadamente helada y él deseaba tenerla a su lado, en su cama, pero no podía –como ella misma le dijo–, no aún. Al pasar junto a Sari le dirigió una extraña sonrisa cómplice, para luego poner una expresión seria otra vez —. Por cierto, debes llegar temprano mañana.
—Claro señor –rió la castaña, la cual recibió una mirada de confusión de Matsuri —. Gaara es el jefe en el lugar donde trabajo –explicó antes de que la ojinegra le preguntara. Gaara ya se había ido y Matsuri se mostraba muy sorprendida.
¿Gaara el jefe de Sari?
Por otro lado, Gaara caminaba hacia su auto, aprovechando de desactivar la alarma desde lejos para que ésta no fuese a sonar cuando se acercara a abrir la puerta. En eso su celular sonó y él lo sacó para responder.
—¿Naruto? –contestó inexpresivo —. Claro, no tengo nada mejor que hacer, me acaban de mandar por un tubo –dijo con tono de burla —, ya te explico cuando llegue.
Colgó la llamada y subió a su auto.
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Amaya estaba con su pijama puesto y se tiró sonriente a la cama de su tía, en donde ésta estaba jugando con Seichiro, haciéndole cosquillas. Hace tiempo que no pasaba tanto rato con su sobrina y su hijo juntos, a pesar de todo se estaba divirtiendo de estar con ambos.
—Tía, tía –la comenzó a llamar Amaya, tirándole la tela de su ropa de dormir —. ¿Tienes el álbum de fotos de cuando fuimos a la playa con mami? –preguntó ilusionada. Tenía muchas ganas de ver la fotografía en donde salía ella con su mamá. La extrañaba tanto… aunque se hiciera la fuerte aún sentía deseos de llorar al acordarse de que ella no estaba. Daba las gracias de tener ahora a Matsuri-sensei, pero aún así extrañaba a su mamá.
—Claro que sí pequeña –respondió Ino, quien dejó de hacer cosquillas a su hijo y se acercó a la mesita de noche junto a la cama, sacando un álbum de fotos familiar. Lo abrió por la mitad y vio la fotografía en donde salían todos posando en la playa. Amaya era mucho más pequeña y Gaara no estaba en la foto, en esos tiempos él y Sayuri ya no se llevaban bien, y todo había sido por lo que pasó entre Gaara y su persona.
—Mamá era muy bonita –dijo la rubia niña con tristeza, pero después volvió a esbozar una dulce sonrisa, haciendo que por un momento Ino quisiese llorar. Era justamente por eso que tenía que hacer pagar a Gaara por todo, para poder liberarse de ese terrible dolor.
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Temari estaba leyendo atentamente la famosilla revista de chismes que tanto gustaba a todas las mujeres de su edad, aunque para ella era una porquería, sólo ponían cosas a partir de fotos circunstanciales y rumores sin fundamento. Recordaba que una vez había salido ella ahí, le tomaron una foto con un amigo y ya andaban inventando que le ponía los cuernos a su marido y que encima estaba embarazada de ese otro. Ella no tenía ni idea como se enteraron de su embarazo, pero había pegado el grito en el cielo para que esos rumores fuesen desmentidos.
—¿De que hablan esta vez? –preguntó Shikamaru sentándose a su lado, al mismo tiempo que se quitaba su camiseta. Había tenido un día pesado en la empresa de la familia de su esposa, en donde trabajaba como asesor financiero. Miró a Temari, la cual tiró la revista sobre la cama sin prestarle la menor atención.
—Puras babosadas, como siempre –frunció el ceño al leer lo que decían sobre Sakura. Ella había sido su doctora durante el embarazo y se habían vuelto realmente buenas amigas en todo ese tiempo, las cosas que ahí se decían le parecían de lo más absurdas.
—Ya –Shikamaru no le tomó importancia al asunto, sólo se levantó y se quitó los pantalones, quedando en bóxer —. Escuché en la empresa que tu hermano Gaara ya se consiguió una novia.
—¿Es en serio? –preguntó Temari sorprendida, se podía esperar cualquier cosa de Gaara, menos que tuviera una novia con la cual iba en serio. ¿Tal vez lo estaba haciendo por Amaya? ¿Para buscarle una madre a su hija? Recordó entonces su conversación de la otra vez, cuando Gaara le habló de aquella chica llamada Matsuri, la maestra. ¿Podría ser que fuese ella?
—Kankuro lo andaba gritando por los pasillos –dijo el Nara, quien se metió debajo de las sábanas y abrazó a su esposa —. ¿Crees que ese problemático de Gaara al fin siente cabeza definitivamente?
—Espero que sí –respondió la rubia soltando un suspiro —. No quiero que Gaara haga sufrir a Amaya, ella aún debe estar mal por lo de su mamá.
Shikamaru no le dijo nada, sólo se quedó abrazándola, sentía mucho sueño ya.
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Cuando Gaara había llegado al bar encontró a Sasuke y a Naruto bebiendo tranquilos, aunque al parecer hablaban sobre algún tema serio, porque ninguno de los dos se veían sonriente como siempre estaban cuando se iban de copas.
Después de saludarles se sentó con ellos y al poco tiempo se unió a la conversación, pidiendo un par de tragos no muy fuertes, pues venía conduciendo y no quería regresar mal, aunque fuese a pasar la noche completamente solo, sin su hija y sin Matsuri.
—Así que eso te sucedió –Gaara bebió otro trago pequeño, para dejar el vaso aún con líquido sobre la mesa que estaba frente a él —. Eres un bruto Sasuke ¿Cómo esperas que ella no esté con otro hombre después de lo que le hiciste?
—Ese no es el punto, el punto es que se trata de mi hermano –explicó Sasuke bastante cabreado, aún recordaba la escena en casa de Sakura, cosa que no había sido nada grata —, que ella sea la zorra de mi hermano después de haber estado conmigo es una maldita humillación de parte de Itachi. Ella y él quieren humillarme.
—Yo creo que estás paranoico –volvió a opinar Gaara, pero en ningún momento puso alguna expresión diferente a la neutral de siempre. Naruto soltó una carcajada, pues no recordaba que su amigo fuese tan bromista, aunque a Sasuke no le había causado ninguna gracia el comentario. Por su parte, Gaara bebió otro sorbo de su trago y lo dejó nuevamente sobre la mesa.
—Oye Gaara ¿Qué era eso que me decías por teléfono? –le preguntó Naruto al recordar lo relatado, como supuestamente le habían mandado por un tubo, cosa que lo tenía bastante intrigado —. No me digas que una chica te ha dado con la punta del zapato, porque me reiré hasta que me duela el estómago.
—No –Gaara soltó una extraña y algo tonta sonrisa al recordar lo sucedido, incluso a Sasuke le había parecido más "perdido" que nunca.
—¿Estás saliendo con alguien Gaara? –interrogó el moreno, pidiéndose otro whisky para continuar pasando el rato. Vio como Gaara asentía con la cabeza y en ese instante el barman le entregó su vaso, el cual enseguida bebió.
—Sí –respondió Gaara.
—Siempre tan comunicativo –Naruto entornó los ojos ante las respuestas de su amigo, a veces ese par le colmaban la paciencia cuando se ponían tan "habladores" —. Mejor cuéntanos como es eso de que sales con alguien, ¿es por un rato o va en serio?
El pelirrojo asintió.
—No es nada de un rato, va muy en serio –aseguró, terminando de beberse por fin el vaso de licor, pero sin pedirse otro —. Ella me gusta demasiado, es una mujer dulce y alegre. Hoy le pedí que fuese mi novia.
—¿Y te dijo que no? –Naruto se volvió a reír, pero vio a Gaara negar con la cabeza, acomodándose en el asiento.
—No, ella aceptó, pero cuando le propuse pasar la noche conmigo me dijo que no –relató de lo más calmado, ciertamente eso le había herido un poco su orgullo, pero no era para tanto. Naruto y Sasuke se rieron bajito, habían entendido cual era el punto que su amigo trataba de hacer ver; que la chica en cuestión le parecía totalmente fascinante por el hecho de ser diferente a cualquiera que hubiese tratado antes.
—Bueno, tal vez ella quiera conocerte un poco más antes de, ya sabes –dijo Naruto. Gaara asintió y él siguió hablando —. De todos modos ¿Cómo es que la has conocido?
—No lo vas a creer, en esto tengo que darte las gracias –el pelirrojo hizo una pausa y luego siguió relatando —. Es la chica que la otra vez atropellé, resulta que ella trabajaba como maestra en la escuela que me recomendaste para inscribir a Amaya.
—Vaya, es la maestra de tu hija –ahora fue Sasuke quien habló. Por un momento se acordó de su adorada prima Matsuri, ella era una chica dulce y alegre, ciertamente, también había sido atropellada hace un tiempo atrás y… No, todo eso sólo debía ser una coincidencia. ¿Gaara y su prima Matsuri? Sí, como no.
Gaara volvió a asentir ante el comentario del azabache y por fin se pidió otro vaso de licor.
—Se llevan realmente bien. Creo que esta vez definitivamente quiero algo de verdad con alguien, no es un capricho ni una aventura, yo la quiero –terminó de decir, dejando a Naruto y a Sasuke sorprendidos, pero no al punto de no poder creerlo, después de todo Gaara no era alguien que no fuese capaz de amar, simplemente no había conocido a la persona indicada, o tal vez, ahora sí que lo había hecho.
—Bien por ti –rió Naruto.
—¿Y que hay de ti, dobe? ¿Hablaste con Hinata? –ante la pregunta de Sasuke, Gaara miró atentamente al rubio, pues no estaba enterado sobre las andanzas de su amigo, había estado bastante ocupado con la empresa, Amaya y Matsuri. Casi no había visto a sus dos amigos en el ultimo tiempo, por eso mismo quería actualizarse un poco con ellos y había terminado viniendo, aunque no negaba que haber pasado la noche con su novia hubiese sido mil veces mejor.
—Hinata y yo sólo somos amigos, aún –enfatizó la última palabra, para luego mirar a Gaara y responder antes de que éste le preguntase —. Ella es una nueva compañera de trabajo, está protagonizando la nueva serie conmigo y Kiba, y además es una chica hermosa.
—Creo haber oído el nombre antes –dijo el Sabaku No.
—Hyûga Hinata –habló Sasuke —, es la hija de Hyûga Hiashi, un empresario televisivo muy reconocido, aunque ella no es una figura pública en sí, la fama de su padre siempre la ha precedido.
—Claro, es la prima de Neji –bebió un trago más, recordando vagamente al joven con el cual había hecho un par de negocios, ya que el mismo era el representante de la empresa Hyûga —. Sí, la conozco, aunque sólo de vista –se refirió a Hinata —, tienes buen gusto Naruto, bastante bueno diría yo.
—Eh, pero ten cuidado que tú ya tienes novia –le recordó el rubio con el ceño fruncido. Siempre había mal visto la percepción de Gaara en cuanto a las mujeres, tenía un gusto demasiado exquisito y siempre conseguía a la que quería, sin importar cuan difícil ésta fuera, era casi igual a Sasuke, sólo que éste último siempre se iba más por la segura.
El pelirrojo rió ante la mención de su novia en ese tono tan celoso e infantil de Naruto.
—No te preocupes, no pienso serle infiel a mi novia –aseguró, aún manteniendo la media sonrisa, aunque bastante pequeña.
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Matsuri cayó recostada sobre su cama, manteniendo la enorme sonrisa que desde la tarde no había sido capaz de borrar. Todavía no podía creer que era la novia de Gaara, ni siquiera su mejor amiga lo creía, pero estaba tan emocionada como ella.
—¿Y en serio te lo pidió así? –le preguntó Sari por enésima vez, pues Matsuri se lo había contado varias veces, pero la chica se sentía como viendo una telenovela y tenía que imaginar varias veces su escena favorita para poder creer que había pasado de verdad. Al ver asentir a la ojinegra con la cabeza, abrazó con fuerza una almohada y soltó un gritillo de la emoción que sintió —. Es genial Matsu, por fin tienes novio, y es un novio tan sexy –rió —, en serio, que ser así de guapo debería ser un crimen.
—Cuidado y lo estés mirando más de la cuenta –le regañó Matsuri con el ceño fruncido, nunca le había gustado como Sari miraba a Gaara. Es que hasta de su mejor amiga sentía celos —. Recuerda que es mi novio ahora.
—Uy, pero que celosa me saliste, y además egoísta ¡No querer compartir semejante bombón!
—¡Sari! –exclamó Matsuri enojada.
—Era broma, era broma –aseguró la de ojos grises, soltando una enorme carcajada, en verdad que las reacciones de su amiga respecto al novio eran graciosas —. Cambiando de tema –dijo sentándose al lado de Matsuri, la cual seguía tirada sobre su cama —. Me sorprendí mucho al enterarme de que Gaara es nada más que el presidente de la compañía Suna. Y no sólo eso, creo que además es muy amigo de Naruto-sama.
—¿En serio? –Matsuri casi se alarmó al oír el nombre de su estrella favorita, por suerte seguía acostada, sino, se habría caído de espaldas —. Tal vez también conozca a Sasu-chan.
—¿Te imaginas? Un trío de hombres sexys sentados en un bar –se rió Sari al imaginar la escena de esos tres juntos, poniendo cara de pervertida. Sin darse cuenta le llegó un cojín en la cara —. ¡Matsuri! –se quejó.
—Eso te pasa por babosa –se burló Matsuri, la cual volvió a dejarse caer sobre su cama, cerrando los ojos e imaginando los besos de su novio. Estaba realmente feliz por ello, pues sentía también que de alguna forma había superado lo sucedido con su ex, gracias a haber conocido a Gaara por fin podía volver a creer en el amor, y eso era algo maravilloso.
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La mañana había llegado y con ella un nuevo día, el cual prometía ser brillante, o al menos eso había pensado Sasori, quien había salido de cacería muy temprano. Ya en media hora llevaba tres números de teléfono y una dirección, por supuesto, también había aprovechado de ver un buen trabajo, no había regresado a Tokio sólo para lucirse ante las féminas.
—Me pregunto donde estarás dulce maestrita –susurró mirando al cielo. La verdad era que la había estado buscando, desde la primera vez que le vio deseaba volver a tenerla frente a frente, lo anhelaba.
Siguió caminando un poco más, hasta que llegó cerca de un enorme parque, ahí, divisó algo que le hizo sonreír.
—Tonta máquina –masculló una chica, la cual le había dado una patada a la expendedora de bebidas, porque ésta se había tragado su moneda. Sasori no podía creer su suerte, pues así nada más la había encontrado, ella estaba tan cerca que pensó que sólo con dar dos pasos la tendría en sus brazos, pero se había equivocado rotundamente, y lo supo en cuanto vio a la persona que se acercaba a ella y la sostenía por la cintura.
—Ven aquí, no golpees la máquina porque se tragará tus monedas –dijo Gaara con voz graciosa, acercando más a la chica a su cuerpo —. Pareces una niña.
—No me digas eso, tonto –Matsuri sonrió dulcemente antes de sellar los labios del pelirrojo, el cual no dudó en corresponder a aquel beso con todas sus ganas. Ninguno de los dos había notado que estaban siendo observados y que el hombre que les veía tenía sus manos empuñadas, estaba molesto.
¿Cómo es que esos dos se estaban besando así como si nada? Sólo habían pasado unos días. ¿Acaso ya había perdido tan miserablemente sin siquiera haberlo intentado?
No, claro que no.
—Je, primito, eres rápido, pero no lo suficiente como para hacerme competencia –susurró esbozando una sonrisa de arrogancia. Se llevó las manos a los bolsillos y se dio la vuelta, planeando como encontrarse con ella nuevamente.
Esta vez entraría al juego.
Continuara…
Avance:
Sasori ha decidido acercarse a Matsuri y robársela a Gaara, pero primero trata de hacerse su amigo. Sakura descubre algo que la impacta y en ese momento sólo tiene el apoyo de Itachi. Naruto invita a Hinata al concierto de Sasuke, pero Kiba también lo hace y ella no sabe que responder a ambos. Matsuri y Sari quieren ir al concierto de Sasuke, pero no consiguen entradas, entonces, sorpresivamente, Gaara les ayuda con eso, descubriendo de manera no muy grata que Sasuke y Matsuri son primos, y que al azabache no le gusta nada su relación. Kakashi decide limpiar la imagen de Sasuke, inventándole una novia. Ino se acerca a Matsuri fingiendo ser su amiga, mientras que Sari se siente atraída por su jefe Kankuro, sin saber que él está pronto a convertirse en padre.
Capitulo 11: Apariencias engañosas.
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Gracias a todos los que leen mi fic, por ustedes sigo escribiendo esta historia que de verdad me gusta mucho, debe ser por todos los enredos que tiene.
¿Creen que las cosas se puedan poner peor?
Je, bueno, eso está por verse.
¡Bye!
