Disclaimer: Los personajes mencionados a lo largo de la historia son de S. Meyer, la historia y la personalidad de ellos es mía.
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El misterio de Forks
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Capítulo beteado por Sol Onuma y Monica León, Betas de Élite Fanfiction.
( www facebook com/ groups/ elite. Fanfiction )
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Capítulo 10.
Mi cuerpo temblaba completamente, además de mi labio inferior, tratando de reprimir inútilmente las lágrimas mientras veía frente a mí al cazador.
—¿Por qué lo haces? Yo... Yo confié en ti, Edward —dije al encontrar mi voz—. ¡Tú mataste a mi amiga! ¡Eres un maldito monstruo! ¡Una escoria!
Edward no movió ni un músculo, solo se limitó a sonreír y mirarme detenidamente. Me desesperaba. Quería que se excusase con algo.
—¡Di algo, por Dios! —gruñí y él rió.
—No tengo nada que decir, Bella, tú ya lo has visto todo. —Miró hacia un rincón de la cueva que yo no había detallado y regresó su mirada a mí—. En realidad, no has visto algo. ¿Sabes qué es? El resto del cuerpo de tu amiga. Y ya que estaremos aquí por mucho, mucho tiempo, te lo enseñaré.
Me estremecí fuertemente de solo pensarlo. No soportaría ver el cuerpo despedazado de Rosalie.
—Me das asco, Edward. ¿Cómo pudiste hacer eso? —grité.
—Dame tus bonitas manitas —ordenó, ignorándome. Negué con mi cabeza e inconscientemente, pegué mis manos a mi pecho—. Dámelas ahora, Bella.
Me rehusé y se acercó con rapidez hacia mí, jalando mis manos hacia él y llevándome hacia una pared donde estaban unas esposas. Traté de alejarme, pero me apretó con mayor fuerza.
—¿Sabes? Odio la idea de esposarte aquí. —Chasqueó su lengua, pero aun así comenzó a poner mis manos en las esposas pegadas a la pared—. En estas esposas estuvo tu amiga... Rosalie. La muy perra me escupió. ¿Puedes creerlo? ¡Qué grosera! Pero tú no eres así, ¿verdad, cariño?
Sentí la ira bullir por todo mi cuerpo y las ganas de escupirle en el rostro, mas me contuve todo lo que pude. Ahora que sabía que era el asesino, todos mis buenos sentimientos se esfumaron, dando paso al odio.
Edward caminó hacia unas cajas y comenzó a sacarlas, haciéndome ver con horror que, efectivamente, se trataba de las partes de cuerpo de Rose.
—¿Cómo pudiste hacer eso? —le grité, sintiendo las lágrimas caer por mis mejillas—. ¡Eres un maldito, Edward! Nunca pensé que fueras capaz de hacer tal cosa.
—¿Por qué nadie me entiende? Todos me juzgan sin saber porqué lo hago. —Negó con su cabeza—. Me gusta la sangre, pero para que me entiendas, te lo explicaré de otra forma. —Sonrió y dejó un frasco en la mesa, donde se encontraba un dedo—. A algunas personas les gusta el alcohol, a otros el chocolate... Pues a mí me gusta la sangre. Es fascinante sentirla por tus manos, además de tener el poder de la vida de otra persona en tus manos.
Lo miré horrorizada.
—Me das miedo —le susurré y su rostro cambió completamente, hasta acercarse a mí, poniéndome tensa.
—Yo no quiero que me tengas miedo, Bella. —Sus ojos verdes miraban con intensidad los míos—. ¡Te prohíbo que me tengas miedo! —exclamó.
—Te tengo miedo. —Le volví a decir y observé claramente cómo su puño se levantaba. Automáticamente cerré los ojos, esperando el golpe, el cual nunca llegó.
Sentí las manos de Edward envolver mi cintura, mientras yo me encontraba temblando gracias a todas las emociones e impresiones que había vivido.
—Lo siento, nena, te juro que no te iba a pegar. —No abrí los ojos y tampoco dejé de temblar. Estar cerca de él, me hacía temblar aún más de miedo. Lo quería lejos de mí.
—¿Me vas a matar, Edward? —le pregunté en un susurro y percibí cómo bruscamente se apartaba de mí.
—Abre los ojos —ordenó y lentamente los abrí, encontrándolo con una grande navaja en su mano—. Antes de si quiera tocarte, me corto la mano. —Sin embargo, sus palabras no me aliviaron—. No te mataré. Primero me arrancaría la piel a pedazos.
No sabía si vería cómo dudaba de él, pero para demostrar su punto; puso la navaja en la palma de su mano y la arrastró contra esta, con la sangre comenzando a gotear.
Abrí la boca ante la cantidad de sangre que salía de la herida y mi cuerpo comenzó a temblar aún más si era posible.
—¿Esto es suficiente? ¿Necesitas otra prueba de que no te mataré? —Se volvió a acercar a mí, con su mano llena de la sustancia roja y la navaja en mano—. Nos iremos de Forks; huiremos.
—No... —Negué con mi cabeza—. Y—Yo no me quiero ir contigo.
—Pues lo harás. —Sonrió.
Comenzó a caminar alrededor de la maldita cueva donde estábamos y después se dirigió a los corazones del estante. Quería creer que alguien vendría a buscarme antes de que me llevara a donde él quisiese.
Lo observé y él me correspondía. Luego sonrió y empezó a señalar el primer corazón.
—Este es el de mi primera víctima. —Soltó una seca risa—. Es el corazón de mi madre.
—¿Mataste a... a tu madre? —Dejé salir un pequeño jadeo.
"Todas las desgracias de Edward, son debido a su madre y... en cierta manera, a mí también."
Recordé las palabras de Carlisle y luego lo detallé, mirando fijamente el corazón de su progenitora con una mueca de asco. Edward despreciaba a su madre por algún motivo en particular.
—¿Qué te hizo tu madre? —Me atreví a preguntar con un ligero temblor en mi voz.
Me observó antes de suspirar.
—Nunca me quiso. Ella estaba demente, ¿sabes? —Rió un poco—. Me daba todo tipo de venenos para tenerme en un hospital y llamar la atención de los médicos, por la simple razón de que buscaba a Carlisle. Y lo encontró, pero él no creía completamente que yo fuera su hijo y lo hizo saber en muchas ocasiones. —Suspiró—. Carlisle está al tanto de todo esto, estoy seguro. Nos iremos antes de que él abra la boca.
Negué con la cabeza, pegándola hacia atrás contra la pared.
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—Edward, suéltame, por favor. —Volteó a verme—. Mis manos están acalambradas.
Escuché su suspiro y después sus pasos.
—Prométeme que no harás alguna idiotez en mi contra. —Pegó su cuerpo al mío mientras sostenía en una de sus manos las esposas, poniéndome tensa—. Promételo.
—Lo prometo —susurré.
Comenzó a soltar una de mis manos, y cuando terminó, rápidamente la solté de su agarre, bajándola y frotando mi muñeca adolorida. Se quedó mirándome un momento, hasta que tomó mi otra mano.
Una silueta golpeó fuertemente a Edward en la espalda, haciéndolo caer sobre mí y gruñir antes de voltearse a quien fuese.
—¡Déjala ir ahora mismo, Edward!
—¡Ella se irá conmigo! —gritó de vuelta. Yo no había visto quién era el que estaba aquí, pero sabía que era mi salvación.
—La policía ya viene para acá, Edward. Estás hundido —le dijo y eso lo alteró.
—¡Así sea lo último que haga, Bella se irá conmigo, Jasper!
Jadeé un poco al saber que era Jasper quien se encontraba aquí. ¿Cómo dio con la cueva?
—Estás en la mierda, Edward —siseó—. Te esperan en la cárcel. Además de que papá ya viene en camino... Y Alec.
Edward dio un paso hacia el rubio.
—Los mataré a todos.
—Te pudrirás en la cárcel, hermanito.
¿Jasper y Edward eran hermanos? Estaba impresionada por lo que escuchaba y asustada por lo que se avecinaba.
—No soy tu hermano, hijo de perra —escupió y escuché la risa de Jasper.
—Lo eres, para mi desgracia. Eres igual de enfermo y retorcido que tu madre. —En cuanto eso salió de la boca de Jasper, Edward arremetió contra él y lo siguiente que vi fue a ambos en el suelo, dándose de golpes.
—¡Deténganse! —grité y comencé a jalar la esposa a la que aún permanecía atada—. ¡Edward, detente! ¡Jasper!
Ninguno me escuchaba y solo eran gruñidos y golpes. Ambos se lastimaban fuertemente y con coraje. Grité varias veces que se detuvieran, pero en ningún momento me hicieron caso hasta que Carlisle entró corriendo por el lado opuesto al que yo llegué.
Jaló del brazo a Edward, que estaba sobre Jasper y lo aventó hacia un lado, levantando al rubio que sangraba del rostro. Me dio una breve mirada y después a Edward.
—Te exijo que dejes ir a Isabella.
—¡Tú no me exiges nada y Bella se queda conmigo! —gruñó en respuesta—. Nadie la va a sacar de aquí.
—Los padres de ella vienen hacia acá, todo el pueblo te está buscando y te meterán a la cárcel. —Claramente vi las lágrimas en los ojos de Carlisle—. Ríndete ya, hijo, ya causaste demasiado daño. Te convertiste en un monstruo.
El cazador se volvió loco y arrebató contra su propio padre y yo grité tratando de soltarme inútilmente.
—¡Saca a Bella de aquí, Jasper! —le gritó Carlisle, mientras lanzaba a su hijo hacia el suelo y este golpeaba su mandíbula.
—¡No! —gritó en respuesta Edward, dejando a su padre y lanzándose contra Jasper que venía hacia mí. Lo empujó hacia un costado y se puso frente a mí—. ¡Isabella no saldrá de aquí! ¡Ella no me va a dejar! —Me miró—. No te irás, ¿verdad, Bella?
—Ed—Edward...
—¡Dilo! —Exigió y me pegué más a la pared. Estaba aterrada.
Abrí la boca para decir lo que él quería, pero los golpes comenzaron de nuevo. Jasper y Carlisle contra Edward. Vi claramente cómo Alec entraba al lado de una pelirroja y corrieron hacia mí.
—Alec. —Sollocé de alegría y mi cuerpo tembloroso quiso lanzarse a abrazarlo.
—Tranquila, te sacaremos de aquí. —Dio una mirada a los golpes que resonaban y cómo Edward los golpeaba a los dos. Era una verdadera bestia—. Victoria, ayúdame —le susurró.
—Nunca creí que Edward fuera así de enfermo.
De repente, todo se quedó en silencio y Victoria, que estaba frente a mí, nos miramos brevemente antes de darnos vuelta. Edward había apuñalado el brazo de Carlisle y Jasper lo miraba con ira, estaba completamente golpeado.
Edward dirigió su mirada hacia donde me encontraba y sus ojos se congelaron en mí y Victoria antes de enfocarse en Alec.
—Una perra estúpida y un pirómano. —Soltó una carcajada—. No servirán de nada. Victoria, te creía más inteligente. Sabes que te mataré.
Ella se giró hacia él y lo miró desafiante.
—Tal vez, pero tú te fundirás en la cárcel. —Después de las palabras de Victoria, todo fue en cámara lenta; Edward se encontraba apuñalando el abdomen de la pelirroja.
Solté un grito de terror al ver a Victoria caer al suelo, mientras Jasper corría y alejaba a su hermano de ella.
—¡Maldito monstruo, hijo de perra! —Alec se abalanzó hacia él también. Carlisle estaba sosteniendo su brazo y fue cuando vi que estaba lleno de sangre, además de su cabeza.
—Victoria... Victoria —susurré, pero fue inútil. Estaba muerta.
Observé alrededor el violento panorama. No tenía idea de qué estaba hecho Edward, pero no se detenía y podía ver cómo Jasper se estaba debilitando cada vez más y más.
—¡Deténganse! —exclamé desesperada y Alec fue el único que me miró, luego también Edward.
—Déjala ir a ella, solo... déjala.
—¡Ya dije que no! —afirmó y solté un resoplido desesperado. No me iba a dejar ir y la policía no llegaba.
En un momento, solo hubo miradas fulminantes, antes de que Edward riera histéricamente y comenzara a buscar en su bolsillo, sacando un encendedor.
—¿Aún te gusta jugar con fuego, Alec? —Prendió el encendedor y miré con horror cómo los ojos de Alec se ensanchaban y brillaban al notar el fuego. Desesperada, busqué con mi mirada a Jasper y Carlisle, pero estaban tirados en el suelo.
—¡Alec, no le hagas caso!
—¿Sabes, Alec? Cuando juegas con el encendedor y utilizas esto —señaló un bote y con su pie lo tiró fuertemente—, hay mucho... mucho más fuego.
La sustancia -que supuse era gasolina- comenzó a correr por los alrededores y sabía lo que venía. Esto se iba a quemar y Alec se estaba acercando cada vez más a Edward... Se estaba perdiendo completamente.
Vi la sonrisa de superioridad en el cazador, antes de que dejara caer el encendedor. Grité por el fuego que devoraba todo a su paso y por Alec que estaba absorto.
—¡Carlisle! ¡Jasper! ¡Alec! —Los llamé, jalando la esposa a la que estaba presa. Mi mano dolía.
Tres sombras se veían que venían hacia mí, sabía que eran Carlisle y Jasper... además de Edward.
—¡Por favor, suéltenme de aquí! —Supliqué de nuevo.
—Cálmate, Bella. —Me pidió Carlisle.
Se escucharon voces gritar y ruidos sordos, el fuego no me dejaba ver bien y además estaba desesperada por salir de aquí que lo único que hacía era gritar de terror. No quería morir. El humo aún no era tanto, pero era desesperante.
—Te sacaré de aquí —dijo Carlisle, que ya se encontraba a mi lado con una navaja comenzando a cortar el cuero de la esposa.
—¡Te vas a morir, Jasper! ¡Todos se van a morir! —Amenazó Edward.
Mi mano quedó liberada, comenzó a doler horriblemente y sollocé ante que sentía. Carlisle me tomó y cojeando comenzamos a caminar hacia las escaleras por las que había entrado. No sabía a dónde daban, pero seguro que nos sacaban de aquí.
—¡Bella, te prohíbo que te vayas! —Me estremecí ante su grito.
—No lo escuches, Bella. —Seguimos caminando por unas escaleras que nos costó más tiempo por nuestro deterioro físico y cuando acabábamos de salir hacia fuera, suspiré de alivio y caí en la inconsciencia escuchando gritos.
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Nota de Sol: Hola, hola. Tardé muchísimo en corregir mi parte de este capítulo, lo siento mucho. El lunes se suponía que rendiría, pero el miedo me ganó y no me presenté, por lo tanto fue un fracaso y mi ánimo no era el mejor de todos sumado a unos problemitas. ¡PERDÓN! Javi, mil disculpas, gracias por tu paciencia.
N/A: Yo no tengo mucho que decir, salvo que me dejen saber que les ha parecido el fanfic y sobre que tienen que decir del asesino. Como se imaginaran, solo falta el epílogo ;-;
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