VIII

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Era de madrugada cuando Urahara entró al gimnsio. Subió las escaleras y no esperaba verse acompañado a tan temprana hora. Ichigo estaba a un lado de la puerta dando golpes a un pequeño saco que colgaba, a cada golpe rebotada de forma rápida y así. Urahara no dijo nada e Ichigo apenas si se dio cuenta de que el rubio había entrado.

Todos los días, Kon e Ichigo entrenaban juntos, el niño poco a poco iba progresando e Ichigo estaba orgulloso.

—Vamos. Ven aquí, Kon. Vamos —el pequeño de cabello castaño se subió al ring —¿Listo? Jab. — golpe —Jab —otro golpe —Más despacio. Jab. Sí, sé preciso.

Ambos estaban tan sumidos en su entrenamiento que no se daban cuenta de lo que sucedía alrededor, el pequeño estaba fascinado por la idea de que su ídolo decidiera ayudarle con los jabs, defensa y todo eso, estaba feliz. Por otro lado, Ichigo se sentía un poco menos vacío al darse cuenta de que alguien aún lo necesitaba.

Urahara entró al gimnasio con un café en la mano y observó cómo Ichigo "provocaba" a Kon para que diera los jabs, en un instante, Kon hizo un perfecto jab e Ichigo lo dramatizó. Las cosas iban mejorando.

Otro día más. Ichigo estaba sentado en el pasillo principal del orfanato, en sus manos tenía un pequeño peluche –pertenecía a Amane- y lo movía ansioso. Al momento de sentir el sonido de la puerta, el pelinaranja desvió su mirada hacia ésta y por la puerta venía Nelliel.

Sola.

—Hola —habló la peliverde. Tomó asiento al lado de Ichigo y dudó un momento de sí decirle o no. Poco a poco se había estado dando cuenta del esfuerzo que hacía Ichigo para mejorar la mierda que tenía en su vida, y ella estaba siendo capaz de valorarlo y por eso le daba pena, le daba un gran pesar que la pequeña ignorara a su padre de la forma en la que lo hacía. Se compadecía de él —Ella…

—Sí, sí… —le interrumpió el de ojos ámbar. No era tonto. Sabía que Amane aún no quería verle —Lo sé. Ella solía dormir con esto. ¿Podrías dárselo? — tendió el pequeño peluche a la mujer —Asegúrate de que lo reciba.

—Sí —Nelliel tomó el peluche en sus manos —Lo haré.

Una vez intercambiado el objeto, Ichigo se puso de pie y se encaminó hacia la puerta—Dile que la amo —La puerta se abrió e intercambió una última mirada con la mujer antes de salir.

Nelliel observó la silueta del hombre hasta que no estuvo más a su alcance de vista.

Ichigo estaba solo en el gimnasio. Ya todos los niños se habían ido y él había preferido quedarse arreglando algunas cosas. Sus manos estaban en el tubo de la luz y lo acomodaba para que quedara permanentemente prendida. Se había dado cuenta del fallo cuando la noche ya había caído y la luz no dejaba de parpadear. Estaba suelta.

Estaba concentrado en entrecerrar sus ojos para que la luz no lo atontara que no notó cuando Urahara entró al recinto. Luego de unos segundos, sintió los pasos acercase y ahí se giró.

—Comenzamos mañana —dijo Urahara.

—¿Qué? ¿A entrenar?

—No, a hornear galletas —la cara de Urahara mostraba una seriedad que pocas veces se le veía. Pero aun así hacía entendido —Voy al bar. No quiero verte allí.

Ichigo asintió, comprendía perfectamente —Sí, está bien. —Urahara abandonó el lugar e Ichigo dirigió nuevamente su mirada al foco de luz —Brillas tanto —intentó reprimir una sonrisa y la luz se apagó.

Estaban los dos solos. Nadie más.

—La manera en que peleas… la furia es tu herramienta más grande.

Urahara se encontraba al centro del ring y ataba unos cordeles que venían de punta en punta. Por otro lado, Ichigo estaba a un lado apoyado en las cuerdas. Vestía un short negro hasta las rodillas, zapatillas negras y un poleron cerrado negro. Mantenía sus manos en el bolsillo y observaba lo que Urahara hacía.

—Pelear enojado te agota el doble de rápido —se aseguró de que las cuerdas estuvieran bien unidas —El otro tipo, en el cuadrilátero es tu enemigo pero, si solo intentas matarlo… entonces quedarás expuesto. Quedarás vulnerable.

Ichigo no respondía.

—Tienes que protegerte. Haz que sus errores se conviertan en su destrucción.

El entrenamiento avanzaba un poco lento, se sentía como si estuviera empezando todo de cero, aunque quizás, eso fuera lo mejor.

Ahora, Urahara tenía el saco agarrado por detrás mientras Ichigo le daba golpes, golpes certeros —Ahora, tiene dos armas: Una escopeta y una granada.

—…-

—Pura fuerza, nada de precisión. Quiero que utilices tu otro arsenal.

—…-

—Así es, golpea.

Ichigo avanzaba unos centímetros con su pie izquierdo y golpeaba con su mano izquierda, mientras que la derecha la mantenía en alto a la altura de su rostro.

—Un, dos. Un, dos.

El ritmo había cambiado. Ahora utilizaba ambas manos al ritmo de la voz del rubio.

Salía a trotar todas las mañanas por largas horas o hasta que sus piernas se acalambraran por el esfuerzo. El entrenamiento se estaba tornando duro.

—Esto es lo que haremos —le dijo un día Urahara. Se acercó a la cuerda que estaba atravesada en el ring y la tocó con su espalda. Extendió los brazos —Esta es la pared, justo aquí —bajó los brazos —Mi espalda está contra la pared —el rubio apuntó a su hombro izquierdo y lo alzó, a la altura de su mentón —Es parte de la pared. Bloqueando mi mentón. Protegiéndote.

Ichigo miraba atento. Por su cabeza no pasaba ninguna otra cosa que no fueran las palabras del rubio.

—Es un bloqueo, para lo que venga de ese lado.

Nuevamente el rubio se acercó a la cuerda —Estás aquí, paso y deslízate hacia adelante. —se cruzó al otro lado de la cuerda —gira, da un paso y deslízate.

Ichigo comenzó a acercarse de a poco

—Cuerdas. Este es el ángulo ¿Está bien? —Urahara pasaba de un lado de la cuerda al otro y luego se paró firme como lo había hecho anteriormente. —Hagámoslo despacio. Tómate tu tiempo. Hagámoslo.

Urahara se acercó a Ichigo y el pelinaranja solo apretó sus labios y negó con la cabeza —Le habrías gustado a mi esposa.

Y Urahara comprendió —Gracias. Hagámoslo, ¿está bien?.

El recuerdo de Rukia aún estaba fuertemente marcado en la mente de Ichigo, y lo que inquietaba a Urahara era que no sabía si aquello era una distracción o una fortaleza. Quizás, con el tiempo se daría cuenta.

Poco a poco, Ichigo había comenzado a usar la práctica en la cuerda. Bajaba, se cambiaba de lado y subía. Bajaba, cambiaba de lado y subía, como en zigzag. Sus manos estaban siempre en alto.

—Bien, se ve bien. Bien.

—…-

—Bien. Deslízate.

—…-

—Sí, ahora lo escucho. Deslízate.

La coordinación de manos y pies era excelente, se notaba que Ichigo era un profesional.

Continuaban así por horas, hasta que ya era momento de pasar a otra sección. El saco.

—¿Quién es? —golpe con la mano izquierda —¿Ves quién es…? —otro golpe más, más fuerte que el anterior —¡Así es!

Y los golpes seguían uno después del otro, uno con más rabia que el otro, pero todos dirigidos en un mismo objetivo.

Luego con la cuerda otra vez.

—Baja las manos. No te preocupes por golpear ahora. Mantén la espalda contra la pared ¿Sí?. Lo estás haciendo bien.

Si hubiese sido el Ichigo de antes, ya habría mandado al carajo todo. Pero ahora debía ser paciente por el bien de él, por el bien de Urahara, por el bien de Amane, por el bien de todos.

Y así, los días siguieron pasando, poco a poco ya estaba logrando dominar la técnica y eso le gustaba, le hacía sentir satisfecho.

—Te mostraré algo que nunca has visto antes, se llama defensa —Urahara amarraba los cordones de los guantes.

—Oye, ¿Kensei? —un peliblanco ya adulto, estaba sentado en la grada con sus manos vendadas.

—Sí, entrenador.

—Ven aquí.

—Yo tengo defensa —dijo Ichigo.

—Detener golpes con tu rostro, no es una defensa —El rubio dio un último retoque al guante. —Quiero que entrenes con él.

El peliblanco estaba preparado ya a un lado de ellos. Kensei, era una excepción del gimnasio, era el más viejo de todos los que estaban ahí, exceptuando a Urahara e Ichigo —Bien —Kensei comenzó a vacilar —¿Con él?

Urahara respondió inmediatamente —No te preocupes. No te golpeará.

Kensei comenzó a dar pequeños pasos en el ring de un lado a otro —¿Él no me golpeará a mi? ¿O yo a él?.

—Yo te golpearé a ti —dijo Ichigo.

—No golpearás nada. Trabajarás en tu defensa —Urahara colocó un casco en la cabeza de Ichigo, para prevenir cualquier accidente.

Ichigo le miró —¿No debo golpearlo? —Y Kensei sonreía —¿Con mi guante?

—No lo toques con tus guantes. Solo bloquea.

El ceño de Ichigo se frunció. No terminaba de gustarle aquella brillante idea de Urahara. A él le gustaba golpear.

Luego de un momento, ambos ya estaban completamente listos, con sus guantes bien ajustados y un casco en sus cabezas. Cada uno estaba a un lado del ring y cuando sonó el timbre, ambos hombres avanzaron al centro, evitándose.

—Hola, campeón —Apenas el peliblanco estuvo a unos centímetros del pelinaranja acertó dos golpes seguidos en el lateral izquierdo. Ichigo bloqueó, pero aquello no fue suficiente para que Kensei dejará de golpearle.

—Mueve los pies —dijo Urahara.

Ichigo obedeció.

—Vamos, campeón —le motivó Kensei mientras seguía con sus interminables golpes.

Urahara intervino —Debes girar el cuerpo cuando bloqueas. Solo estás cubriéndote.

Kensei siguió golpeando, y poco a poco, Ichigo comenzó a hacer un perfecto bloqueo e hizo retroceder a Kensei. La técnica de Urahara realmente estaba funcionando.

—Toma distancia para poder mover la cabeza —Efectivamente, Ichigo estaba cabeza gacha solamente bloqueando, no se estaba dando cuenta de los movimientos que hacia Kensei más allá de golpearlo —No te quedes parado frente a él. Utiliza los pies.

—Vamos. A ver cómo te mueves —dijo el peliblanco.

El timbre sonó y ambos se detuvieron —¡Es como pelear con un maldito mosquito! —protestó Ichigo.

Todos los presentes rieron, menos Ichigo —Te destrocé, maldito.

Urahara le dio agua a Ichigo —Son 50 por insultar.

Otro día más e Ichigo estaba sentado en la sala de espera para ver a Amane, aunque aún no estaba seguro de si la pequeña quería verlo. La puerta sonó e inmediatamente miró, solo venía Nelliel pero algo extraño había notado, estaba sonriendo.

Se acercó a él —¿Cómo estás? —Ichigo solo asintió con la cabeza, sin necesidad de decir palabras. A los pocos segundos, la puerta se volvió a abrir y Amane apareció. La morena caminó rápidamente hacia un rincón de la sala ignorando completamente a Ichigo.

—Hola, Amane —saludó uno de las niñas.

—Hola, Tat —correspondió el saludo.

Ichigo la observó por unos instantes y luego decidió acercarse a ella, cauteloso.

—Necesito ayuda —dijo sin más la pequeña.

Ichigo y Nelliel intercambiaron miradas. La peliverde asintió e Ichigo se acercó finalmente. Todo bajo la atenta mirada de la mujer.

Cuando Ichigo se inclinó frente a ella, no pudo no notar el detalle en su rostro. Estaba sin sus anteojos —Ama, ¿qué pasó con tus anteojos?.

La morena apenas le miró —No son lindos. Ponme a prueba —Amane le tendió una hoja a Ichigo —Puede que necesite las definiciones también.

El Kurosaki tomó la hoja yfinalmente se sentó.

—Desmantelar.

—Desmantelar —repitió la niña —D-E-S-M-A-N-T-E-L-A-R. —El deletreo fue perfecto.

Ichigo sonrió apenas. Leyó la siguiente palabra y sintió un pequeño apretón en el pecho. Dudó unos segundos y luego dijo —Desesperanza.

—Desesperanza. D-E-S-E-S-P-E-R-A-N-Z-A.

Ichigo Siguió con la siguiente —Gra-

Y sintió como la hoja era arrebatada de su mano —Eso es todo.

Ichigo suspiró. Apretó sus manos y las chocó suavemente, luego las volvió a abrir, se sentía un poco incómodo. No sabía que decir y aquello le frustraba, es decir, ¿cómo te sientes incómodo con tu propia hija? ¿Sangre de tu sangre?. Aquello le hacía sentir un gran pesar.

Los treinta días que habían dictado la jueza ya se habían cumplido y de nuevo estaba ahí, frente a la mujer que aún creía que era una mala influencia para su hija.

—Aunque veo que ha progresado Sr. Kurosaki, lamentablemente la custodia permanecerá con Servicios Sociales hasta que se realicen más evaluaciones.

La odiaba. Realmente odiaba a aquella anciana que se sentaba frente a todos y que se creía con la total autoridad de destruir cualquier cosa que se le antojase, un matrimonio, una familia, un negocio. Qué sabía él.

—La corte ordena que su programa de manejo de la ira continúe por otros 30 días y las visitas continuarán siendo supervisadas.

—¿Treinta? ¿Otros treinta días?

—Sí, Sr. Kurosaki.

Hubo un pequeño silencio y la puerta del local sonó. Ichigo se giró rápidamente y alcanzó a ver la distinguida vestimenta de su entrenador. Urahara había estado ahí.

—Puede retirarse —dictó la jueza.

Al fin no le verías más la cara, por al menos treinta días. Realmente, aquella mujer se había ganado su odio.

La noche ya había caído y Urahara estaba en el bar. Estaba leyendo el periódico y al su lado había un simple vaso de agua. Sintió como alguien le tocó el hombro y divisó un vaso de licor que luego fue dejado en la mesa.

Ichigo se sentó desinteresadamente frente a él.

—Es demasiado temprano para esto —dijo refiriéndose al trago. Lo corrió a un lado y luego bebió un poco —Solo un trago —se excusó.

Ichigo meditó un poco lo que quería preguntar, pero después de dar unas vueltas dijo —¿Qué hacías en la corte hoy?

Urahara no dudó en responder —Pagando unas multas de tránsito.

Ichigo podía ser idiota, pero no imbécil —No tienes vehículo.

Urahara puso los ojos en blanco —Crucé mal la calle.

Una tercera persona llegó donde ellos y depositó un vaso frente a Ichigo y luego se retiró.

—¿Estás bien, cómo está tu ojo? —Ciertamente, el ojo de Ichigo había vuelto a tener problemas producto de los golpes de Kensei. Había estado mucho tiempo sin estar en acción, por lo tanto, su ojo izquierdo estaba agradecido, en aquel tiempo el ojo se había estado sanando.

—Sí, está bien —Ichigo le miró —¿Cómo está tu ojo?

La sonrisa de Urahara se esfumó —Te pasas de listo.

—No, de verdad. ¿Qué le pasó a tu ojo? ¿Qué tienes?

—Un demonio de ojos azules me lo quitó.

—Sabes, lo que sucede contigo es que a veces un ojo está como nublado, ¿si?. Y el otro está como soleado.

—…-

—Está nublado, soleado. Cierra un ojo, nublado. Cierra el otro ojo, soleado.

El humor negro de Ichigo no le gustaba —Peleaba contra Mayuri Kurotsuchi, era un don nadie. Estábamos en una pelea y lo estaba destruyendo, derribándolo al suelo. De la nada, me golpea. Con su mano derecha. Caí, mi ojo se oscureció. El médico dijo que no podría volver a pelear.

—Es una lástima.

Y aquello había sido parte de la historia de Urahara, al fin había descubierto el por qué uno de sus ojos era más claro que el otro, aunque nunca le había tomado real atención.

—Lo de la corte fue difícil.

—…-

—Lo de tu hija. Lo siento mucho.

—De todas maneras, ella no quiere verme, así que… —Ichigo comenzó a deslizarse por el asiento para ponerse de pie.

—No renuncies a tu hija.

Ichigo solo asintió —¿Es cierta esa historia o acaso eso es…?

—Es un ojo falso.

—¿Sí?

—HMO se equivocó, me mandaron el color incorrecto. Es demasiado tranajo lograr que me den el correcto.

A veces, le gustaba bromear con el chico. Aunque era cierto que después de la pelea le llegó un color más arriba de lo que era su color natural, no se quejaba, tampoco se veía mal.

—Me gusta más la historia del demonio de ojos azules.

Ichigo le palmeó el hombro y se retiró.

—Sí, a mí también.


1.- Vinsmoke Ursidae

Ciertamente, la vida no es fácil, menos para nuestro Pelinaranja, una lástima. Hay que darle tiempo al tiempo, eso se aplica a todo haha, saludos!

2.- Guest

Yo creo, que a todos nos parte el corazón. Continuación lo más pronto posible!, Saludos!.

3.- Rockiesliz

Que bien que estés bien jaja. Oh si, fue un error GIGANTESCO, gracias por decírmelo jaja, es que a veces olvido lo que escribo -y aquel fue el primer nombre que ocupé cuando escribí el primer capítulo, pero después lo cambié- y se me olvidó cual había dejado realmente jaja, pero ya lo corregí, espero no volver a equivocarme jaja. Solo te diré que no te encariñes mucho con Kon :c -SPOILER jaja-. Ten un lindo fin de semana. Saludos!

No, no era otro cap, era la corrección jaja, pero he aquí otro jiji. Disfruta también tu viernes -o al menos lo que queda-.