Capítulo 10: Odioso

Martes 24 de Mayo

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La de hoy fue otra magnífica jornada para el equipo de baloncesto de la Preparatoria Shohoku, puesto que salieron victoriosos de su segundo partido del Campeonato Interestatal luego de enfrentar a la Preparatoria Kakuna e imponerse con 160 puntos contra 64. Con ello se aseguraron de avanzar a la tercera fase, hecho inédito puesto que Shohoku nunca antes había pasado de la segunda ronda.

Sin embargo, no todo era alegría, pues cierto pelirrojo había hecho un papelón tras ser expulsado (nuevamente) luego de haber jugado apenas un par de minutos. La mala suerte parecía extenderse y aferrarse a él como un parásito, carcomiendo su reconocido optimismo al punto de encontrarse ahora deambulando por las calles de Kanagawa, sin rumbo fijo, enfurruñado.

- ¡Maldición! – gritó exasperado mientras pateaba una piedra que osó cruzarse en su camino.

Era bastante pasada las ocho de la tarde, por lo que muchas personas transitaban por las calles rumbo a sus hogares luego de otra extenuante jornada laboral y de estudios (para el caso de los más jóvenes). Tras finalizar el partido, que por cierto se disputó a las cuatro de la tarde en el Centro de Deportes del Municipio de Fujisawa, todos los integrantes del equipo se dispersaron rumbo a sus hogares, cada quien por su cuenta.

Sin embargo él, Hanamichi Sakuragi, decidió apartarse de sus amigos de la Gundam (o del Éjercito de Sakuragi) para estar a solas. No le apetecía la compañía de nadie en esos momentos, ni siquiera de su mejor amigo Yohei Mito.

- Ese estúpido de Rukawa se la pasó luciéndose con sus jugadas de mierda… - recordó fastidiado cómo el número 11 había anotado la friolera de 49 puntos. – Asqueroso antisocial, no entiendo cómo todos pierden la cabeza por él.

Un par de señoras de avanzada edad que iban conversando entre sí, debieron apartarse de su camino, horrorizadas por ver a un joven de casi metro noventa y llamativa cabellera despotricando en voz alta y sin contemplaciones.

- Bff… y ese engreído de Himura. Agggh si no es el Kitsune, es el Neko…. – continuó al recordar cómo el número 12 había secundado la racha de Rukawa al anotar 46 puntos por su cuenta.

Últimamente su relación con Himura había mejorado muchísimo. Ya no sentía animadversión hacia él, y el castaño parecía siempre dispuesto a ayudarlo a mejorar en sus jugadas. Pero el hecho de que en los dos primeros partidos haya sido sustituido precisamente por él luego de ser expulsado, le hacía sentir como un reemplazo, como si el profesor Anzai confiara en Himura para enmendar todos los errores que cometía con sus faltas.

Además, esa relación tan cercana que parecía tener con Rukawa le daba náuseas, ya que si no estaban llamando la atención en la cancha con sus jugadas, lo hacían con su tropel de admiradoras que se multiplicaba con cada partido, siguiéndolos allá donde sea que fueran, incluido dentro de la Preparatoria Shohoku.

- ¡Bastardos! – Sakuragi se detuvo en medio de la acera y violentamente golpeó con su puño derecho un árbol que se asomaba por el paseo peatonal.

No sabía qué más hacer.

No sabía cómo remediar la situación de las expulsiones. Incluso había intentado buscar ayuda, dejando su orgullo de lado por primera vez en mucho tiempo, pero no salió como habría esperado.

RECUERDO

La vivienda de los Akagi era inmensa, y Sakuragi casi sintió que se le oprimía el corazón por estar frente a la puerta del hogar donde habitaba su amada Haruko. La sangre le fluía desbocada entre sus venas por ese simple hecho, pero estaba decidido, no iba a titubear. Necesitaba consejo.

- Por favor… que no salga ella. – rogó por lo bajo mientras nerviosamente presionaba el timbre de la puerta principal, esperando que quien abriese no fuera Haruko. Porque si aparecía ella tras la puerta, ¿cómo podría explicar su presencia a esas horas de la tarde?

DING DONG

Una armoniosa melodía retumbó en toda la vivienda, y cuando ya comenzaba a extinguirse, nuevamente presionó el botón.

- ¡No queremos comprar nada! – resonó la grave voz del capitán Akagi luego de abrir la puerta principal, apareciendo tras ella con cara de pocos amigos.

- ¿Hmn? ¿Comprar? – Atónito, Sakuragi retrocedió un par de pasos, sorprendido por la exclamación de Akagi pero internamente agradecido de que fuera precisamente él quien saliera.

- Ah… pero si eres tú. – suspiró Akagi luego de reconocer al intruso, de pie en la entrada. - ¿Qué haces aquí, Sakur…?

- Calla… o Haruko nos oirá. – saltó el pelirrojo, silenciando a Akagi al poner una de sus manos sobre su boca. La voz le salió realmente angustiada, hecho que no pasó por alto para el otro chico que incrédulo parpadeó un par de veces.

- ¿Es que no has vuelto a casa todavía? – preguntó Akagi cuando estuvo libre de la mano del pelirrojo.

Sakuragi simplemente se quedó mirándolo con el ceño fruncido y con ambas manos en los bolsillos de su pantalón. En efecto, luego del partido de esta tarde contra la Preparatoria Kakuno se la había pasado deambulando por las calles, meditando acerca de lo sucedido.

- Pues no creas que te voy a invitar a cenar… - advirtió Akagi, cruzándose de brazos.

- AGHGG… - Sakuragi no podía creer lo que Akagi decía. A duras penas contuvo la rabia que amenazaba con explotar y se giró quedando de espaldas a él, apretando los puños y rechinando peligrosamente sus dientes.

- "Lo sabía… no tenía que haber venido a la casa del Gorila. Este animal no me va a ayudar… " – se maldecía Sakuragi en silencio, aunque en el fondo sabía que si había venido hasta este lugar, era por una razón: y es que Takenori Akagi es el capitán del equipo, y como tal, su deber es ayudar a todos los integrantes del grupo. Todos, incluido él.

- Ey… - dijo Sakuragi, cambiando de posición y confrontando al capitán. – Quiero saber… ¿Hay algún secreto para que no me expulsen en un en un partido? - terminó preguntando serenamente, adoptando una inusual postura de seriedad.

Akagi lo miró perplejo. No solo por su cambio de humor tan repentino (cosa que aún seguía asombrándolo) sino que también por su inusitada seriedad. Eso ya era una novedad en él.

- Tarado, no existe ningún secreto para eso. – respondió severamente Akagi, aunque en el fondo apreciaba el hecho de el pelirrojo se preocupara por esas cosas. - No importa lo increíble que pretendas ser, siempre puedes acabar siendo expulsado. – agregó.

- N… no, pero... – intentó replicar Sakuragi, un tanto desesperado. ¿Había recorrido todas las calles de Kanagawa para acabar recibiendo esa respuesta? ¡Menuda estafa!

- ¡Escucha, Sakuragi! – Akagi alzó la voz, pero sin llegar a gritar para no llamar la atención al interior de su casa. – La diferencia entre una falta y una buena defensa es tan delgada como una hoja de papel. Por eso la defensa es algo que debes trabajar arduamente, entrenando duro cada día. Por eso es que todos los días practicamos nuestro juego de pies… eso que NO te gusta. – remató.

- Juego de pies… - repitió Sakuragi. - "Menuda mierda." – pensó poniendo los brazos en jarra. Esperaba algo más, algo distinto, no la misma mierda de todos los días.

- La defensa no es algo que pueda llegar y enseñarte así como así. – concluyó Akagi, girándose para ingresar a su casa y terminar su interrumpida cena. Por él, el asunto ya estaba zanjado.

- ¡Pero no puedo acabar expulsado de nuevo! – asustado, Sakuragi se adelantó y se interpuso en el camino de Akagi. ¡Necesitaba un consejo! Necesitaba su ayuda.

Y entonces el silencio se hizo entre ambos. La mirada de Sakuragi era claramente angustiosa. Mientras que la de Akagi era severa, ejerciendo así su rol de capitán hasta en esas circunstancias tan inusitadas.

- Entonces tienes que pensar en cómo mantener a tu defensa sobre tus rivales sin que puedan escapar de ti. – agregó Akagi, retrocediendo medio paso para alejarse del pelirrojo. – No debes pensar siempre sólo en anotar y destacar. No puedes querer llamar la atención siempre con clavadas. – agregó.

- P-pero esos engreídos de Himura y Rukawa están llamando la atención siempre. – replicó Sakuragi, intentando defender su postura.

- Idiota. La habilidad de ellos está muy por sobre las tuyas. Ni aunque lo intentes podrías acercarte al nivel que poseen. – contradijo Akagi, aburrido de la misma cantaleta de siempre. - Ahora mismo, luego del partido contra Kakuno de hoy, ya has cometido 10 faltas. Deberías pensar cuidadosamente en qué momentos… Te cargaron esas faltas.

Y con eso Akagi dio por finalizado el tema definitivamente. Sakuragi se quedó de piedra, intentando procesar las palabras del capitán cuando este simplemente pasó de largo junto a él e ingresó a su casa.

- Hasta mañana. Vete a descansar. – Lo despidió Akagi antes de cerrar la puerta.

- "La habilidad de ellos está muy por sobre las tuyas. Ni aunque lo intentes podrías acercarte al nivel que poseen. Deberías pensar cuidadosamente en qué momentos…. Te cargaron esas faltas." – Esas palabras quedaron dando vuelta en la cabeza del pelirrojo por un buen tiempo antes de abandonar la entrada de la casa de los Akagi y volver a deambular por las calles de Kanagawa.

FIN DEL RECUERDO

Y aún cuando creía no tener a nadie más a quien recurrir en busca de consejo para su problemita, (pues ni de broma iría con sus compañeros de equipo) Hanamichi Sakuragi se encontró caminando a paso perezoso en dirección a la Preparatoria Shohoku. Faltaban varios minutos para las nueve de la noche, por lo que muy probablemente estaría abierta. No sabía por qué, pero hacia allá iba, maldiciendo contra el universo y rechinando los dientes. Frustrado.

- "Mierda, puto Gorila… ¿de qué estaba hablando?" – por enésima vez soltó una blasfemia (aunque mental) contra Akagi, su más reciente objeto de odio. – "Mirando por debajo del hombro a un Tensai como yo. ¡Mis habilidades son superiores a la de esos apestosos de Himura y Rukawa! ¡Se va a enterar!" – se juró a si mismo que haría hasta lo imposible por evitar ser expulsado del próximo partido. Con o sin la ayuda de Akagi.

Se detuvo frente a la entrada del enorme recinto que era Shohoku, y la severidad de su mirada espantó a un par de chicas que a esas horas abandonaban las instalaciones y rápidamente se escabulleron hacia la derecha, escapando de su alcance.

- "Sí, soy un Tensai. Debo ser un Genio" – convencido, ingresó en el recinto. La mayor parte de las instalaciones estaban a oscuras, principalmente las del segundo, tercer y cuarto piso que correspondían a los salones de clase. En la primera planta se podía divisar la luz encendida de uno que otro salón. Y el gimnasio de basquetbol, casi al final del recinto, estaba justamente operativo, iluminado como un farol.

- ¿Quién estará…? – preguntó en voz alta al aire, y curioso se acercó lo más rápido que pudo hasta quedar de pie frente a las puertas corredizas exteriores que estaban completamente cerradas.

Dentro el inconfundible sonido del balón rebotando contra la duela de madera más el chillido ocasional pero igualmente fuerte de un par de zapatillas corriendo por la cancha era una señal inequívoca de que había, por lo menos, una persona practicando.

- "¿Aún entrenando a estas horas?..." – se preguntó el pelirrojo, sin saber si debería estar admirado por tanta devoción al basquetbol o deprimido por su propia falta de dedicación. – "Yo debería estar ahí dentro".

Lentamente tiro de las puertas corredizas lo suficiente como para poder ver hacia el interior y procurando no emitir ruido para ponerse en evidencia. Lo último que quería era quedar expuesto como un merodeador. Se asomó por la rendija y lo que vio le sacudió de pies a cabezas.

Kaede Rukawa, aún vistiendo el uniforme rojo con el número 11 que le fuera asignado oficialmente, corría a toda velocidad a lo largo de la media cancha, dribleando el balón de una manera mágica, casi surrealista, pasándolo de derecha a izquierda por entre sus piernas mientras se dirigía decididamente hacia el aro, esquivando en el proceso a oponentes invisibles.

Cuando hubo alcanzado la zona, saltó elegantemente y todo su cuerpo se sincronizó de manera armónica en una posición de tiro que él jamás podría conseguir. Soltó el balón suavemente y éste describió un arco perfecto hasta atravesar la red sin problemas.

Rukawa aterrizó suavemente en la duela y corrió hacia el balón, atajándolo luego de haber botado una vez. Posteriormente volvió a retroceder hasta la zona de tiro para lanzar el balón hacia el tablero, pero sin la intención de encestar.

Por el contrario, el pelinegro corrió ahora a una velocidad asombrosa y a medio camino saltó para luego girarse en medio del aire y quedar de espalda al aro, atajó el balón que iba a medio camino y sin saber cómo, tal vez por arte de magia intuyó Sakuragi, Rukawa lo clavó de una manera espectacular.

El pelinegro se descolgó del aire y aterrizó en la duela, exhausto, intentando recuperar el aliento con ambas manos apoyadas en sus rodillas. Ahora estaba de frente a él, pero aún no se percataba de su presencia. Pese a la distancia y haciendo gala de su excelente visión, se dedicó a observar meticulosamente el rostro de Kaede Rukawa. Sus finas facciones y el marcado contraste de su pálida piel con su oscuro cabello negro eran sin duda un espectáculo digno de observar.

Y entonces Hanamichi Sakuragi lo supo.

Supo que jamás sería como él, que su archirrival Kaede Rukawa estaba en un nivel inalcanzable con el que solo podría soñar alcanzar. Supo que además de talentoso, el número once era un abnegado que trabajaba más duro que cualquier otro. Supo y reconoció por primera vez la razón porque todas esas chicas lo admiraban con devoción, y no solo se debía a su atractivo físico, sino que también a esa enigmática y peculiar aura de misterio que lo rodeaba.

No. Él nunca sería como él. A él nadie lo admiraba. A él nadie lo alababa. Y descubrir ese hecho le dolió más que nada en la vida. Tragó pesadamente y se dispuso a abandonar el lugar, cuando una nueva voz al interior del gimnasio llamó su atención, dejándolo clavado en su lugar.

- ¡Conseguí el último ejemplar! – Kenji Himura apareció por la puerta corrediza interior, aquella que conectaba con los pasillos de Shohoku.

Hanamichi Sakuragi abrió los ojos de par en par, y procuró no emitir ruido, temiendo ser descubierto por el castaño.

- ¿Hmn? Ya volviste… – Rukawa se incorporó y miró hacia donde estaba el castaño. Himura, al igual que el pelinegro, vestía el uniforme rojo de Shohoku con la camiseta número doce. En sus manos cargaba un enorme libro de cubierta café.

- La señora Hamasaki (la bibliotecaria) me ha puesto un montón de trabas, pero finalmente conseguí que me lo prestara. – Himura avanzó hacia el interior del gimnasio, encaminándose hacia la banca. – Con esto podré terminar ese ensayo de Historia. – agregó mientras guardaba el enorme libro empastado dentro de su bolso deportivo azulino.

Rukawa simplemente se quedó mirándolo, intentando recuperar el aliento. Mientras su compañero se había ausentado momentáneamente para conseguir ese libro, él había aprovechado de entrenar por su cuenta. El tiempo era oro, y si bien ya llevaban bastante entrenando juntos, quería aprovechar cada segundo.

- ¿Continuamos? – preguntó Rukawa, mientras quitaba parte del sudor de su rostro con la ayuda de su muñequera.

- ¿Dónde íbamos? – preguntó Himura, acercándose hacia el centro de la cancha mientras cogía el balón perdido por Rukawa. – Ah, sí. El alley oop…

(Alley Oop es una jugada de equipo en la que un jugador lanza el balón cerca de la canasta para que un compañero salte, capture el balón en el aire y anote por medio de una clavada. Es una jugada bastante llamativa, pero que requiere un alto nivel de sincronización entre las partes.)

- Tú lanzas, yo encesto. – agregó el pelinegro, pues era su turno de probar la jugada. Anteriormente lo había hecho Himura, y sorprendido ambos jóvenes descubrieron que se les daba de maravilla.

- "¿A…aley qué? ¿De qué están hablando esos dos? ¿Por qué mierda están entrenando por su cuenta? ¿Desde cuándo son tan amigos?... ¿Desde cuándo el Kitsune es tan sociable? ¡Si pasa de todos nosotros!" - Sakuragi no pudo aguantar más. Ver a esos dos entrenando a estas horas de la noche luego de haberse lucido en el partido contra Kakuno, era demasiado. Escucharlos hablar de una jugada que no entendía, lo superó.

No lo quiso identificar como tal, pero los celos estaban haciendo mella en su interior.

- ¡Ey! ¡Vosotros! – gritó abriendo las puertas de par en par y dejándose así en evidencia.

- ¿Hmn? – Rukawa se giró y se quedó mirándolo inexpresivamente.

- Sa-Sakuragi… - murmuró Himura con el balón aún en las manos.

- ¡En el próximo partido no me expulsarán! ¡Y anotaré más puntos que ustedes dos, malditos engreídos! ¿Les ha quedado claro? – gritó Sakuragi, señalando a ambos con su dedo índice derecho y el ceño fruncido en una expresión amenazadora.

- ¿Ah? – se preguntó Himura, sorprendido por la interrupción.

Pero Sakuragi no les prestó más atención y volvió a cerrar las puertas corredizas con tal violencia que estas retumbaron violentamente.

- ¡Mierda, ya lo verán! ¡Les enseñaré el verdadero poder del Genio Sakuragi! – gritó el pelirrojo mientras caminaba a toda velocidad, ahora si rumbo a su casa. Ya era de noche, el cielo estaba completamente oscuro.

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El inconfundible olor de la clínica le resultaba desagradable. Esa esencia de lo estéril, lo limpio, lo inmaculado siempre le había provocado un gran repelús, una sensación de enfermedad y opresión prácticamente inaguantable.

- ¿Mitsui? Ven, ya puedes pasar. – el doctor Ryozo Yamauchi se asomó por el marco de la puerta del box número 687 del Hospital Hiratsuka Kyosai, uno de los más grandes de la prefectura de Kanagawa.

- Sí. – Hisashi Mitsui se puso rápidamente de pie. Había estado esperando para ser atendido por cerca de 15 minutos en uno de los asientos dispuestos cerca de la zona de consultas generales, en el ala sur del tercer piso.

- Toma asiento. – indicó el doctor Yamauchi mientras él se terminaba de acomodar en su butaca, en el extremo opuesto del gran mesón blanco del que disponía para atender a sus pacientes.

- Gracias. – respondió escuetamente Mitsui mientras se acomodaba en la silla.

- Esto será rápido, afortunadamente. – comenzó el doctor Yamauchi mientras abría una carpeta y buscaba entre las fichas, sonriendo en todo momento con un aspecto de bonachón.

Desde que Hisashi Mitsui había vuelto a jugar basquetbol, su madre le había insistido en que se hiciera un chequeo médico para corroborar que su rodilla no presentara ningún inconveniente que pudiera llegar a agravarse con el tiempo. Y el profesor Anzai le había expresado la misma preocupación, por lo que definitivamente se convenció de seguir la solicitud de ambos, y para ello el doctor Yamauchi le había ordenado que se realizara una serie de exámenes, testeos e incluso radiografías para poder determinar la situación actual de su rodilla derecha.

- Ya puedes jugar baloncesto con tranquilidad. Tu lesión no presenta inconvenientes, tu rodilla está completamente curada. – informó el doctor con inusual alegría luego de estudiar detenidamente los resultados de sus exámenes.

- ¿E-en serio? – titubeó Mitsui.

- Sí, por supuesto. Desde luego que deberás tener especial cuidado y procurar no cometer los mismos errores del pasado, pero asumo que serás precavido y responsable. – confirmó el doctor.

- Por supuesto que lo haré. – replicó Mitsui sonriendo con satisfacción, pues acaba de recibir una estupenda noticia.

- Entonces ya está todo dicho.

- Muchas gracias, doctor Yamauchi. – Mitsui se puso de pie luego de haber estado sentado apenas por dos minutos. No le importó, como tampoco le importó haber tenido que recorrer media ciudad para conocer ese resultado.

- No hay de qué, muchacho. – el doctor imitó los pasos del joven y se puso de pie, rodeó rápidamente el escritorio y acompañó a Mitsui hacia la puerta. – La copia de los exámenes serán enviadas a tu casa por medio de correo postal. – informó rutinariamente lo que era política del Hospital.

- Entendido. – asintió Mitsui.

- Hasta luego, Mitsui. – lo despidió el doctor Yamauchi extendiendo la mano al joven.

- Hasta luego, doctor. – Mitsui aceptó el gesto y estrechó su mano con la del doctor.

- Y por favor, dale mis saludos a tu madre. – agregó el doctor antes de volver a ingresar en su despacho.

Mitsui volvió a sonreír, completamente satisfecho mientras se dirigía a la zona de ascensores, montándose en uno de ellos que en ese momento descendía junto un par de personas más.

Al llegar al primer piso caminó a lo largo del hall central a paso lento, aun dándole vuelta a las palabras del doctor- "Tu rodilla está completamente curada"… - ¡Qué alivió sentía al saberlo!

A través de la puerta acristalada de acceso pudo notar cómo la noche ya había caído, pero no sintió prisas. Aún había tiempo para disfrutar de la brisa que de seguro corría fresca y revitalizante a esas horas.

Al salir al exterior, siguió caminando por la acera que a esas horas se encontraban prácticamente desiertas, cuando de pronto lo sobresaltó el potente y familiar sonido de una motocicleta avanzando a toda velocidad en sentido contrario a él.

- Tetsuo. – reconocería al dueño de esa motocicleta en cualquier rincón del mundo. Y cuando lo vio acercarse por la avenida principal hasta pasar junto a él, no tuvo duda alguna.

Rápidamente Mitsui se giró, y comprobó cómo un par de metros más atrás Tetsuo había detenido el vehículo, cuyo motor aún rugía fuertemente.

- ¿Mitsui…? - preguntó Tetsuo, que también se giró para comprobar si su vista no lo había engañado, pues aquel joven lucía muy distinto.

- Testuo… - repitió el chico de la cicatriz, acercándose hasta él.

- ¿Qué haces acá? – preguntó Tetsuo, desmontándose de la motocicleta y acercándose también al encuentro del otro.

- Ah, he venido a que me revisen la rodilla. – respondió Mitsui, mirando de reojo el enorme recinto hospitalario.

- ¿Qué ha pasado con tu pelo? – Tetsuo encendió un cigarrillo mientras se apoyaba en una farola en medio de la acera. – Pareces un deportista… - agregó.

Mitsui lo miró sarcásticamente, sonriéndole con sorna como toda respuesta.

- Bueno, supongo que te pega más así. – comentó Tetsuo luego de dar una primera bocanada al cigarrillo.

- Ja... Tetsuo. – Mitsui sonrió complacido al tiempo que negaba con la cabeza. – Por cierto… ¿qué ha sido de Ryu y los demás?

Mitsui estaba realmente intrigado. No había sabido nada de Ryu y su pandilla desde el día del incidente cuando intentaron asaltar el gimnasio de baloncesto de Shohoku.

- Se acabó todo, Mitsui. La banda se disolvió luego de que decidieras volver a tu vida de deportista. – y nuevamente Tetsuo le dio otra probada al cigarrillo.

- ¿Qué quieres decir? – sorprendido, Mitsui dio un paso hacia adelante.

- A Ryu no le sentó nada bien la paliza que le dieron tus nuevos amigos. Y como yo le dije que no se atreviera a molestarlos nuevamente, pues me botaron de la banda y decidieron tomar un nuevo rumbo y universo a otra banda, sin mí. – a pesar de todo, Tetsuo parecía totalmente desinteresado con lo sucedido.

- P-pero… esos idiotas. ¿A quiénes se unieron? – quiso saber.

- A una pandilla conocida como ´Los Dragones Blancos´… son una facción más amateur de los Yamaguchi-gumi. – explicó Tetsuo jugueteando con el cigarrillo. – Ya sabes, la banda criminal estrella de Japón.

Mitsui no podía creer lo que escuchaba.

Era conocido por todos, o casi todos, que la Yamaguchi-gumi es la más grande organización criminal yakuza en Japón. En sus tiempos de pandillero jamás osó involucrarse en sus asuntos ni recorrer aquellos sectores de Kanagawa bajo su dominio. Sus fechorías eran legendarias, y se venían sucediendo durante décadas con absoluta impunidad. Aunque había algo que no lograba entender aún: ¿cómo?

- ¿Cómo? ¿Cómo lo hizo Ryu para unirse a ellos? – quiso saber, alarmado.

- Ay, Mitsui. – Tetsuo negó con el cabeza, decepcionado. - ¿Qué tan bien creías conocer a Ryu?

Pero Mitsui no respondió. Se quedó de pie, meditando en la pregunta. En el fondo, Tetsuo tenía razón con lo que insinuaba, pues nunca llegó a conocer realmente a Ryu. Apenas si sabía su nombre, su edad y dónde se suponía que estudiaba (si es que realmente lo hacía). Solía compartir con él y acompañarlo en sus fechorías que muchas veces incluían peleas con otras bandas escolares, o robos menores en tiendas comerciales. Nada muy complejo ni muy grave.

- Ryu tiene un hermano mayor, no recuerdo su nombre pero sí que tiene un par de años más que yo… - continuó Tetsuo ante el silencio de Mitsui. – Y resulta que este sujeto es un Kumichō dentro de los Yamaguchi-gumi. Estuvo preso por asesinato… sí, pero de alguna forma logró salir en libertad hace unos días atrás.

- ¿Hablas en serio? – preguntó Mitsui, tragando pesadamente. Comenzaba a sentirse levemente mareado con esta nueva información.

Tetsuo simplemente le asintió, serio, mientras apagaba el cigarrillo con ayuda del poste. Ya no tenía ganas de seguir fumando.

- Los Yamaguchi-gumi suelen reclutar niños o jóvenes en edad escolar, los wakachū, y los entrenan para… ya sabes, hacer de las suyas. – continuó explicando. – Y Ryu se acaba de unir a ellos.

- ¿Qué significa eso? – quiso saber Mitsui, alarmado.

- Significa que debes tener cuidado. Tú, tus nuevos amigos…. Todos deberéis tener especial cuidado de ahora en adelante. Ryu es muy vengativo… - respondió Tetsuo. – Te sorprendería las cosas de la que los Yamaguchi-gumi son capaces. Te sorprendería el acceso a nuevas artimañas de las que podría disponer Ryu ahora que forma parte de ellos.

Mitsui lo sabía. Y si decidía dar por cierto todos esos mitos, más valía andarse con cuidado.

- ¿Y Masaharu? – preguntó por el chico rubio que solía compartir con ellos.

- También se les ha unido. – respondió Tetsuo, confirmando así los temores del jugador de Shohoku.

¡UUUUUUUUH, UHHHHHHHH!

El estridente sonido de la sirena de un carro de policía rompió la tranquilidad de la noche, sobresaltando a ambos.

- Vaya, creo que ya me están alcanzando. – comentó Tetsuo mirando sobre su hombro, en dirección al origen del sonido. – Aunque se han tardado bastante… Será mejor que me vaya, o tendré problemas.

Mitsui asintió, sabiendo que arrancar de la policía era la rutina de vida de quien consideraba su amigo. Pero antes de verlo partir, necesitaba saber algo más.

- Tetsuo…. Tú... Tú… ¿tienes problemas con los Yamaguchi-gumi? – preguntó.

Tetsuo, que se había acercado a la motocicleta, se giró hacia Mitsui y lo miró intensamente a los ojos.

- Sí. – confirmó antes de montar el vehículo. – Y será mejor que desaparezca por un tiempo. Nos vemos, deportista. Felicidades y buena suerte con tu nueva vida.

Mitsui correspondió la despedida con un leve movimiento de cabeza mientras Tetsuo arrancaba nuevamente la motocicleta para salir despedido a toda velocidad. En menos de un par de segundos pasó tras él el carro policial que lo venía persiguiendo, con las luces de emergencia encendidas y emitiendo el característico destello azul y rojo que teñía todo a su paso.

- Buena suerte, Tetsuo. – murmuró Mitsui con un leve matiz de nostalgia antes de girarse y continuar con su camino. Lo mejor sería tomar un taxi y llegar cuanto antes a casa.

Las cosas volvían a cambiar, y Hisashi Mitsui no era capaz aún de prever la magnitud del efecto colateral que causaría su antigua relación con Ryu.

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Miércoles 25 de Mayo

- ¡Eh, Hanamichi! Ayer fue un momento memorable, nuevamente fuiste expulsado del partido… JAJAJAJA – Nozomi Takamiya apareció repentinamente por el pasillo del segundo piso y comenzó a reír estrepitosamente, siendo imitado por Yuji Ohkusu y Chuichirou Noma.

Hanamichi Sakuragi, que había estado todo el día con un humor de perros, no estaba dispuesto a tolerar las bromas de sus amigos y furiosamente se giró y avanzó sobre el trío de ineptos, dispuesto a darle un mortal cabezazo al gordo. Pero Takamiya fue capaz de prever ese ataque y rápidamente retrocedió, quedando fuera de su mortal alcance.

- ¿Tratas de descargar tu rabia contra mí, eh? Pues déjame informarte que yo, Nozomi Takamiya, no pienso recibir más golpes ni cabezazos tuyos, Hanamichi Sakuragi… - informó Takamiya mientras se ajustaba las gafas en una pose de autosuficiencia que rozaba la pedantería.

Y con eso, Hanamichi Sakuragi tuvo el primer detonante del día. Harto de las estupideces de los demás, pues con lo del partido contra Kakuno, el consejo de mierda del Gorila y el entrenamiento secreto de Himura y Rukawa… tenía más que suficiente para avinagrarle el ánimo.

- ¡Aghh! ¡¿Pero qué es lo que te estás creyendo, gordo del demonio?! – estalló el pelirrojo, dando dos grandes zancadas hacia Takamiya para cogerlo de la papada y comenzar a tirar de ella mientras con el brazo derecho lo sostenía fuertemente con una llave a la altura de su cuello.

- ¡TOMA, TOMA, TOMA….! ¡¿A que no pareces tan valiente ahora?! – gritaba mientras jalaba de su papada de una manera frenética que hacía temblar al gordito, que sometido era incapaz de oponer resistencia.

- ¡Déjame inútil! ¡No has anotado ningún punto! – consiguió gritar Takamiya entre medio del forcejeo.

Yohei, Ohkusu y Noma miraban el espectáculo divertidos, al margen del intercambio entre los otros dos.

- ¡¿Qué dices, bola de cebo?! – preguntó alterado Sakuragi, intensificando la presión de la llave.

- ¡Que me dejes, paquete de cero puntos! Lo que pasa es que te mueres de envidia porque Himura y Rukawa anotan más puntos que tu. – logró responder Takamiya pese a la falta de oxígeno que estaba experimentando por la presión.

Sakuragi se paralizó y soltó a su amigo, liberándolo de su ataque. Takamiya había dado en el clavo, y lo sabía perfectamente.

- Eh, ¿qué te pasa? ¿Es que no quieres pelear, Hanamichi? – el gordo se reincorporó rápidamente y adoptó una cómica pose de pelea, dispuesto a hacer frente al pelirrojo. O al menos intentarlo.

Pero Hanamichi Sakuragi pasó olímpicamente de él y comenzó a caminar cabizbajo hacia las escaleras. Era el primer descanso de la mañana, por lo que afortunadamente eran pocos los que deambulaban por los pasillos. Prácticamente todos estarían en la cafetería comiendo algo o en los patios, disfrutando del aire libre.

- "Demonios…. Si esto sigue así, nunca seré capaz de mirar a la cara a Haruko… Y con todas las esperanzas que ella ha puesto en mí. Soy un completo desastre… Esos cretinos…" – meditaba el pelirrojo, completamente abstraído en sus pensamientos mientras recordaba la escena de la noche anterior en el gimnasio, cuando encaró a Rukawa y Himura. No logró percatarse de que Yohei lo seguía de cerca, atento a sus cambios de humor por si era necesario intervenir en caso de que decidiera descargar su ira sobre algún inocente.

Sakuragi dobló por el pasillo hacia la derecha y se detuvo de golpe, lo que casi ocasionó que Yohei chocara contra su espalda. Las escaleras estaban prácticamente desiertas, de no ser por Himura y Rukawa que en ese momento iban subiendo hacia el tercer piso, totalmente ajenos a todo y conversando entre ellos (más bien Himura hablaba mientras Rukawa escuchaba y asentía ocasionalmente).

- Ey, ¿qué sucede, Hanamichi? – preguntó Yohei, adelantándose para ver qué era lo que había detenido a su amigo.

A Yohei Mito no le costó mucho trabajo establecer la conexión, pues también alcanzó a ver a Himura y Rukawa antes de que desaparecieran de la vista, y mirando de reojo cómo su amigo rechinaba los dientes con una amenazadora expresión de odio, temió lo peor.

- Esos desgraciados… - comenzó a murmurar Sakuragi mientras daba un paso hacia las escaleras, tras ellos. – Me las pagarán, me cobraré todas y cada una de sus humillaciones… - agregó.

- ¡Ey! ¿Dónde vas? – preguntó alarmado Yohei, siguiendo sus pasos.

- A darle su merecido a esos engreídos de mierda. – respondió escuetamente Sakuragi, al mismo instante que comenzaba a subir las escaleras.

Yohei saltó de inmediato y se colgó sobre la espalda Sakuragi.

- ¡CHICOS! ¡EMERGENCIA! – gritó Yohei, solicitando la ayuda del resto del Ejército para aplacar la ira de Sakuragi. Lo último que necesitaba en estos momentos era involucrarse en una pelea, pues el pelirrojo había hecho una promesa que debía cumplir a como dé lugar.

- ¡Oh no! ¡Se ha desatado el monstruo! – gritó Ohkusu, llegando a las escaleras junto a los otros dos.

- ¡Vamos Takamiya, sujetémosle los pies! – ordeno Noma mientras se lanzaba a por ello.

Viéndose atajado por sus amigos, la ira de Hanamichi Sakuragi no hizo más que incrementarse.

- ¡DEJENME, MALDITOS! ¡TENGO QUE DARLE SU MERECIDO A ESOS DOS! – chilló intentando quitarse a sus amigos de encima.

- ¡Tranquilízate, Hanamichi! ¡Recuerda que prometiste no volver a pelear! – le recordó Yohei, colgado en la espalda del pelirrojo.

En efecto, Sakuragi lo recordaba muy bien. Antes de que él, Himura, Mitsui, Miyagi y Rukawa pudieran jugar en el primer partido contra Miuradai, el profesor Anzai les había hecho prometer que ya no volverían a pelearse, y lógicamente todos ellos aceptaron. Y por sobre todo, él era un hombre de palabra.

- Vaya…. Hasta que entró en razón. – dijo Takamiya al notar cómo Sakuragi se había detenido y dejaba de forcejear para liberarse. Automáticamente todos los miembros del Ejército lo soltaron, ya que resultaba evidente que la ira pelirroja se había tranquilizado.

- Eso estuvo cerca. – convino Yohei, descolgándose de la espalda de su amigo.

- De la que se salvaron esos dos… - comentó Noma en alusión a Himura y Rukawa, que de seguro ya se encontraban en la azotea, ignorando lo que acaba de suceder.

Sakuragi no se movió de su posición ni comentó nada al respecto. Cuando se giró, todos fueron testigos de que su rostro seguía reflejando su ira mal contenida, y sabiendo así que ellos eran los únicos disponibles para aplacarla, intentaron arrancar y alejarse de él, pero ya era demasiado tarde.

¡PLAF!

¡PLAF!

¡PLAF!

¡PLAF!

El pelirrojo repartió cuatro mortales cabezazos, abatiendo al instante a todos sus amigos.

- Idiotas… - murmuró antes de comenzar a caminar escaleras abajo, dejando a su Ejército tirado en el suelo, todos ellos completamente inmóviles y semi inconscientes producto del golpe.

Aunque en el fondo Yohei tenía razón, pues no era oportuno que se viera involucrado en una pelea absurda con sus compañeros de equipo, no quería admitirlo ni muchos menos estar en compañía de alguien. Y así, sólo, se dispuso a matar el tiempo deambulando por los patios antes del inicio del segundo bloque de clases por la mañana. Y la jornada recién estaba comenzando, un largo día le esperaba por delante.

xXx

- Hmmmnn… - A duras penas, Kaede Rukawa contuvo un bostezo. Se encontraba en una posición un tanto incómoda, sentado de en el piso de espaldas al muro.

Pese a que se habían refugiado bajo el alero de la techumbre de la azotea, el sol había avanzado tanto en lo alto del cielo que inevitablemente la sombra ya había retrocedido, cubriéndole apenas la cabeza.

- ¿Himura? – pregunto torpemente en voz baja, frotándose los ojos para espantar el pesado sueño que sentía. El silencio de la azotea le había abrumado un tanto, y dado que no obtuvo respuesta, levemente desconcertado miró en rededor buscando a su compañero.

Kenji Himura estaba sentado justo a su derecha, apenas a medio metro de distancia y con la cabeza levemente caída.

- ¿Hmn? – se extrañó Rukawa, pues su compañero no solía dormirse tan profundamente como él a la hora de almuerzo.

Perezosamente el pelinegro comenzó a ponerse de pie, estirando su cuerpo para prevenir así un calambre. Se sacó el móvil de su pantalón y observó la hora.

- Una y cuarenta y cinco… - murmuró. Contaban con 10 minutos para bajar a los salones antes del inicio de la última clase de la tarde, previa al entrenamiento.

- Himura… - volvió a llamarlo suavemente, acercándose hasta él. Ya era raro que no hubiera despertado. Se puso en cuclillas frente al chico castaño y lo estudió silenciosamente por un par de segundos.

Kenji Himura estaba durmiendo profundamente, y no le cupo duda alguna al ver como un pequeño hilito de baba caía desde su boca ligeramente abierta. Llevaba puesta las gafas que usaba para leer, y al fijarse con más detalle comprobó que su compañero sostenía entre sus manos y sobre su regazo el enorme libro de historia que había conseguido la tarde noche anterior, además de una libreta de anotaciones donde había estado tomando apuntes del texto en cuestión. Curioso, inclinó un poco más su cabeza para leer mejor.

- ´Análisis político y económico del período Azuchi-Momoyama´ – leyó lentamente en voz baja el título de la páginas de anotaciones, cuya pulcra y estilizada caligrafía resultaba agradable a la vista. Pero un poco horrorizado se percató cómo el hilillo de baba había caído sobre el final de sus apuntes, diluyendo la tinta y haciendo casi imposible leer lo que había escrito ahí.

Volvió a dirigir su atención hacia el rostro de su compañero, que aún no daba señales de comenzar a despertarse.

- "¿Qué debo hacer? ¿Lo despierto?" – se preguntó, pues conocía muy bien por experiencia propia lo fastidioso que resultaba que interrumpieran un sueño tan profundo. – "Sería lo mejor… sino no alcanzará a cepillarse los dientes antes de clases" – se convenció, recordando cómo al chico le gustaba tomarse sagradamente un par de minutos luego del almuerzo para cepillarse sus dientes a conciencia. No es que él fuera sucio ni mucho menos, pero sentía arcadas si lo hacía tan pronto después de comer, y por eso prefería hacerlo luego del entrenamiento.

- Ey... Himura. – llamó Rukawa en voz baja, pero nuevamente, no obtuvo respuesta.

- Vamos, despierta. – volvió a intentarlo una vez más, pero tampoco tuvo efecto.

- "Vaya que si está dormido." – pensó sorprendido. No había querido recurrir a otra táctica, pero dado que llamarlo no tenía resultado, pues ni modo.

- Himura… despierta. – repitió en voz levemente alta, al mismo tiempo que lo zamarreaba por los hombros.

Y esta vez, sí tuvo resultado. Instintivamente Himura cerró la boca al mismo tiempo que se removía un poco desde su posición. Abrió lentamente los ojos y se llevó una mano al mentón, intentando secar la zona embadurnada de baba.

- ¿Q-qué sucede? – preguntó con la voz entrecortada, parpadeando perezosamente mientras levantaba la cabeza para enfocar la vista en Rukawa, que estaba extrañamente en cuclillas a un par de centímetros de él.

- Se hace tarde, comenzarán las clases. – respondió el pelinegro, poniéndose de pie.

- ¿Qué hora es? – preguntó Himura, sacándose las gafas para frotarse los ojos.

- Las una con cuarenta y ocho. – respondió Rukawa, escuetamente.

- ¡Demonios! – exclamó Himura. – Pero si solo cerré los ojos por un par de segundos mientras terminaba de hacer el ensayo. – agregó alarmado, tomando tanto el libro como su libreta de anotaciones. – Oh no… lo manché con saliva.

Himura revisó sus apuntes horrorizado, y comprobó cómo sus últimas anotaciones eran prácticamente ilegibles a causa de la tinta desprendida por su saliva. – "Genial, tendré que hacerlo de nuevo". – exclamó mientras guardaba las gafas en su estuche correspondiente.

- ¿Por qué haces eso? – preguntó Rukawa, mirándolo inexpresivamente, como era habitual en él.

- ¿Hacer qué? – Himura comenzó a guardar sus cosas en el bolso, teniendo especial cuidado con el libro de Historia pues era prácticamente una reliquia. Un ejemplar muy antiguo que casi no pudo conseguir prestado.

- Ese ensayo. Es para dos semanas más. – respondió Rukawa, encogiéndose de hombros. En efecto, la profesora de Historia lo había solicitado para dos semanas más. Él ni siquiera había empezado a buscar la información, pero Himura apenas fijaron la fecha comenzó a rebuscar en el catálogo de la Biblioteca para recopilar el máximo de textos posibles. Y según pudo ver en sus apuntes, ya tenía bastante trabajo.

- ¡Porque es importante! – respondió Himura, un tanto exaltado.

Rukawa, sin embargo, suspiró. Simplemente no entendía esa manía de Himura por querer hacer todo lo más pronto posible, de terminar los deberes antes de tiempo y por sobre todo de hacer los trabajos tan exhaustivamente bien elaborados y con una meticulosidad que rayaba la obsesión. Y más aún no entendía cómo su compañero era capaz de conseguir el tiempo para hacerlo, además de estudiar, asistir al Consejo de Honor, entrenar con el equipo, practicar a solas con él todas las tardes, etc., y aun así rendir en todo eso a la perfección.

- "¿Será un marciano? ¿Usará alguna droga de super poderes?" – se preguntó.

- Ahggghhhg - Himura bostezó fuertemente y volvió a frotarse los ojos. – Tengo mucho sueño…

- Se nota. – respondió Rukawa. Ahora lo entendía. En un principio Himura era mucho más enérgico y prácticamente no se le veía cansado; pero conforme avanzaba el tiempo y los deberes aumentaban, y los partidos del Campeonato Interestatal se sucedían uno tras otro… él comenzaba a lucir más abatido. – "¿Será que no duerme por las noches para poder cumplir con todo?" – se preguntó, sin atreverse a decirlo en voz alta para no parecer un entrometido.

- Auh… esto pesa. – suspiró Himura mientras se cargaba el bolso a la espalda. Éste lucía inusualmente abultado. - ¿Vamos? –preguntó.

- Sí. – Rukawa asintió y cogió su propio bolso, el que por cierto estaba bastante más ligero y menos voluminoso, puesto que solo llevaba un par de cuadernos, su ropa de deportiva y las zapatillas para entrenar. – ¿Qué llevas en el bolso que pesa tanto? – se atrevió a preguntar por primera vez expresando así su curiosidad por el otro chico.

- Oh, un par de libros de Química, Biología, Física e Historia para estudiar esta noche. - respondió Himura sin darle importancia mientras abría la puerta de la azotea para comenzar a descender a los salones de clases.

Rukawa no dijo nada más, pero ligeramente preocupado pensó que de seguir así, su compañero podría incluso llegar a enfermarse.

xXx

- Ya está. Con la victoria de ayer ante Kakuno, hemos avanzado otra ronda más en el Campeonato Interestatal. – anunció ceremoniosamente Ayako luego de terminar de trazar con un marcador grueso el recorrido de Shohoku dentro del cronograma del evento.

- Kakuno fue bastante más sencillo de lo que pensábamos… - comentó Ryota Miyagi mientras hacía girar distraídamente un balón de basquetbol sobre sus manos, pasándolo de derecha a izquierda sin perder el equilibrio, ansioso por empezar el enteramiento del día.

- El siguiente oponente debería ser la Preparatoria Kouhata. Según los informes ese equipo consiguió ganarle a la Preparatoria Meiji con 98 puntos contra 83. – informó Ayako.

- Aunque no tiene jugadores destacados, su juego en equipo es bastante sólido. Se especializan en las jugadas grupales, y si mal no recuerdo todos sus jugadores poseen una capacidad ofensiva bastante equitativa, por lo que marcarlos será un tanto complicado. – comentó Kogure, contento de haber asistido a varios partidos en los últimos dos años y poder contar ahora con esa valiosa información.

- El partido será mañana a las 9:15 am, por lo que nos reuniremos aquí a primera hora. Naturalmente estamos todos excusados para no asistir al primer bloque de clases de la mañana… - Ahora, Ayako comenzó a trazar con el marcador el recorrido de la Preparatoria Kouhata a través del cronograma hasta chocar con el trayecto de Shohoku.

- ¡Sí! No tendré que ver a ese asqueroso de Fudo Utagawa. ¡Me libré de Aritmética! – exclamó Sakuragi en voz alta, llamando la atención de todos sus compañeros.

- Jajajajaja, ¿tampoco te gusta Aritmética, Sakuragi? – preguntó divertido Mitsui, recordando su terrible experiencia con el profesor Utagawa que durante sus dos primeros años en Shohoku le había hecho la vida imposible.

- ¡No, es una mierda! Que alegría saber que este Tensai se librará de él hasta la próxima semana nyahahahaha. – el pelirrojo estalló con su irritante risa por primera vez en el día, dejando ya de lado la frustración que lo embargaba desde el día anterior.

- Bah… qué suerte tienen los de tercero que cuentan con otro maestro para esa asignatura. – comentó Miyagi, deteniendo el balón para sostenerlo entre su brazo derecho y su tronco.

- Pues yo no lo encuentro tan terrible, incluso creo que es buen maestro después de todos esos rumores que circulan en torno a él. – opinó Ayako, acercándose al corillo que se había formado, dejando de lado el asunto que estaban tratando previamente.

- ¿Cómo puedes decir eso, Aya-chan? – preguntó un tanto dolido Miyagi. - ¿Qué acaso no sabes que ese viejo es un pervertido?

- ¿Qué insinúas, Ryota? – Ayako se giró hacia el chico con pendiente un tanto escandalizada. - ¿Desde cuando eres de los que hace caso de los rumores?

- Pfff… ¿me vas a decir que nunca has notado cómo le mira el culo Mizuki Tukusama cada vez que la hace pasar al pizarrón para resolver los ejercicios? – preguntó Miyagi, exaltado. No podía creer que su amado Ayako fuera tan ingenua.

La chica de rizos lo miró horrorizada, sin creer lo que escuchaba.

- ¿O esos rumores de que salía con una chica del salón cinco de tercer grado? – agregó Yasuda respaldando las acusaciones de su amigo, pues él también había notado la extraña conducta del mal afamado profesor.

Ayako se giró hacia Yasuda y lo miró sorprendida, pues aquél chico se caracterizaba por ser de muy bajo perfil.

- Bueno, desde que estoy aquí que he escuchado toda clase de rumores. Algunos dicen que incluso embarazó a una alumna de primer grado hace unos cinco años atrás, y que los padres de la alumna la obligaron a hacerse un aborto… - Mitsui hizo su intervención compartiendo uno de los mitos más grandes que circulaban en torno a Fudo.

- Eso es mentira… No existen pruebas ni acusaciones formales al respecto. – Himura, que se había mantenido al margen, avanzó un tanto para incorporarse al peculiar debate.

- ¿Tú qué sabrás, niño? – preguntó secamente Mitsui, molesto porque arruinaran el festín.

- Pues sí que sé. – respondió Himura, encarando a Mitsui. - Resulta que en el Consejo de Honor hay varios casos de acusaciones formales en contra de Fudo Utagawa, y ninguno de ellos hace alusión a algún embarazo ni mucho menos un aborto.

- Pfff… Consejo de ñoños será. – replicó fastidiado Mitsui, restándole importancia a la explicación del novato con un vulgar gesto de manos.

- Además, un caso así hubiera tenido repercusiones legales, y hubiera sido de conocimiento público… - continuó Himura, pero fue interrumpido.

- Y habló el niñito sabelotodo. – soltó socarronamente Mitsui, nuevamente con un tono de fastidio.

A Himura aquél sobre nombre le dolió, e iba a responder de vuelta pero el capitán Akagi decidió dar por terminada la discusión. Había permitido un pequeño momento de distracción con comentarios en torno a Fudo Utagawa porque personalmente nunca le agradó ni como profesor ni como persona, pero de ahí a permitir que sus compañeros se pelearan a costa de él…

- ¡Ya basta, fue suficiente! – se impuso Akagi con un potente tono de voz que cegó de raíz cualquier intento de réplica, aunque era evidente que los ánimos se habían tensando entre Ayako y Miyagi por un lado, y Himura y Mitsui por el otro.

Swish

El sonido de un balón atravesando la red resonó en el gimnasio, llamando la atención de todos los presentes que automáticamente se giraron hacia la fuente de origen, que no era otra que Kaede Rukawa. El pelinegro, completamente ajeno a la discusión que se había generado, había decidido aislarse y comenzar a entrenar tiros por su propia cuenta.

- Vaya, me alegra saber que alguien tiene clara las prioridades. – comentó Akagi.

- Pff… estúpido zorro. – refunfuño Sakuragi, mirando con odio al pelinegro que se encaminaba a recoger el balón perdido.

- ¡Rukawa! Ven, acércate que iniciaremos el entrenamiento. – ordenó Akagi.

- Bien… creo que deberíamos practicar el trabajo en grupo. – Kogure, ejerciendo su rol de sub capitán, compartió aquella opinión con Akagi, la cual fue recibida con un gesto de afirmación por parte del capitán.

- Muchachos…. Como nos informó Ayako hace un momento, mañana enfrentaremos a la preparatoria Kouhata. - comenzó Akagi cuando Rukawa se hubo integrado, ubicándose junto a Himura y formando un corillo a su alrededor junto a los demás miembros del equipo. – Hoy tendremos un pequeño entrenamiento táctico y partiremos practicando los distintos tipos de pases, luego continuaremos probando algunas jugadas de equipo para hacer frente Kouhata.

- ¿No habrá partido de práctica, capitán? – preguntó Ishii.

- No. Como mañana el partido será a primera hora, lo mejor es que no nos exijamos más de la cuenta. - respondió Akagi, y todos los presentes asintieron de acuerdo con la explicación.

- Bien, comencemos. Con Akagi iremos comprobando los avances y haciendo las correcciones necesarias. - instó Kogure chocando ambas palmas.

Automáticamente el grupo de jóvenes se dispersó, algunos en búsqueda de un balón y otros esperando a que su compañero de práctica llegara para comenzar. Ayako, por su parte, comenzó a caminar en torno al gimnasio, dispuesta a observar a los jugadores y tomar apuntes de sus progresos. El profesor Anzai esa tarde no asistiría a la práctica pues tenía un asunto personal que tratar.

- Date prisa, Hanamichi. - apuró Miyagi, pues él sería el compañero del pelirrojo tal y como solía hacer desde hace un tiempo. Se había tomado como algo personal el ayudarlo a progresar lo máximo posible.

- ¡Ya voy, Ryo-chin! – Sakuragi cogió rápidamente un balón y volvió junto a su compañero de práctica. - ¿Listo?

- Ey, Himura. – Ryota llamó al novato que estaba cerca de ellos, practicando pases con Rukawa.

- ¿Sí? – el castaño, se detuvo a medio paso de lanzar el balón a su compañero y se giró hacia su superior.

- ¿Podrías ayudarme a reforzar los pases en picado con Sakuragi? – preguntó, recordando que el pelirrojo aún no podía manejar ese pase como correspondía.

- Mmm, supongo… Rukawa, ¿te molestaría? – Himura se giró ahora hacia su compañero, preguntando por su opinión pues de aceptar tendría que dejarlo solo.

El moreno simplemente se encogió de hombros.

- Estaré practicando mis tiros. – respondió señalando hacia el tablero más cercado.

- Dale, toma. – Himura le lanzó el balón y luego de que Rukawa se hubiera marchado, se acercó entonces a Miyagi.

- Gracias. – dijo Ryota agradeciendo al novato, y este simplemente le asintió.

- ¿Es necesario? – preguntó Sakuragi un tanto molesto, apretando el balón entre sus manos más de lo necesario.

Desde hace un par de días, en concreto desde que iniciara el Campeonato Interestatal, había comenzado a sentir nuevamente cierta animadversión hacia Himura, la cual por cierto aumentaba conforme veía cómo él se iba haciendo más cercano a Rukawa. Sabía que el chico no tenía malas intenciones y quería ayudarlo, como también sabía que jamás le había hablado de mala manera, por lo que ciertamente no merecía que le cogiera mala. Pero… no podía evitarlo.

- A Himura es a quien mejor le sale ese tipo de pases, ya te lo expliqué. – respondió Miyagi, demasiado acostumbrado a los cambios de humor de su amigo como para notar cualquier diferencia de su trato hacia el número 12.

- Meeeeeh…está bien. - Sakuragi no supo cómo replicar. No quería estar cerca de él, porque irremediablemente le recordaba al zorro y con ello sentía ganas de golpearlo. Pero también quería aprender ese pase. De hecho, quería aprender el máximo posible de jugadas y movimientos para convertirse en un gran jugador, sorprender a Haruko y conseguir que por fin se fijara en él. – "Supongo que tendré que aceptar su ayuda… por esta vez" – se dijo luego de aceptar.

- Bien… genial. Esta vez intentarás lanzarme el pase a través de las piernas de Himura mientras él te marca. – explicó Miyagi comenzando a moverse alrededor. – Como él es mucho más alto, tiene más sentido esta jugada, ya que contra oponentes más bajos (como yo), lo lógico sería que lanzaras el pase por sobre ellos, no a través.

- Ahá… - asintió Sakuragi, aún no muy convencido de la labor.

- Procura lanzarlo con suavidad, pero firmemente, para que caiga en las manos de Miyagi y no salga despedido en cualquier dirección. – Agregó Himura, acercándose al pelirrojo para marcarlo.

- Ya lo sé… - replicó tajantemente Sakuragi, y ese tono tan molesto llamó la atención de Himura.

- Bien, empecemos. – Ordenó Miyagi, moviéndose alrededor mientras Himura marcaba más estrechamente a Sakuragi y le impedía un pase limpio a su compañero.

El pelirrojo, sin embargo, simplemente no estaba por la labor. Al seguir los movimientos de Miyagi vio de reojo a Rukawa lanzando un tiro con salto a escasa distancia de ahí, anotando una perfecta canasta que le hizo hervir la sangre de rabia. Y así, el segundo detonante de su frustración se presentó, y lamentablemente sus amigos no estaban cerca para poder contenerlo.

- Maldito presumido. – escupió Sakuragi antes de lanzar fuertemente el balón en dirección a la espalda de Rukawa, propinándole un fuerte y sonoro golpe que casi lo tumba.

- Hanamichi… - murmuró Miyagi, sorprendido y sin poder creer el arrebato de su amigo.

Himura se llevó una mano a la boca, igualmente sorprendido. Otros tantos alrededor se percataron del ataque, pero afortunadamente para el pelirrojo el capitán Akagi y Kogure estaban ocupados dando instrucciones a Ishii y Shiozaki por lo que no pudieron presenciar nada.

Rukawa, luego de recuperar la compostura tras el fuerte golpe recibido, se giró hacia su atacante (pues ya sabía quién había sido, naturalmente) dispuesto a devolverle el golpe.

- Eres un estúpido, Do'aho. – murmuró por lo bajo Rukawa mientras avanzaba hacia él, con los puños fuertemente apretados.

Pese a que apenas si se escuchó lo dicho por el pelinegro, Sakuragi (que parecía tener un radar especial para detectar cualquier sonido emitido por él) entendió a la perfección sus palabras, y aquél tono apático y despectivo, le hizo enfurecer aún más.

- ¡QUÉ TE PASA, ZORRO DE MIERDA! ¡¿QUIERES QUE TE DE TU MERECIDO, MALDITO BASTARDO?! – gritó fuertemente el pelirrojo, esta vez llamando la atención de todos en el gimnasio, incluidos el capitán y sub capitán.

- Oh no… - Miyagi se apresuró a contener a Sakuragi, pero a duras penas logro reducir el ritmo de su marcha hacia Rukawa.

- Vengan, hay que detenerlos. – ordenó Mitsui que había contemplado el reciente intercambio desde la distancia. Rápidamente avanzó sobre Rukawa, interponiéndose en su camino. – Vamos Rukawa, no pelees. Recuerda que le hicimos una promesa el profesor Anzai, y si se entra de esto no te dejará jugar en el partido de mañana. – intentó razonar con el número 11, y al parecer, tuvo efecto.

- Hmn… - murmuró Rukawa, deteniéndose. Dedicó una última mirada glacial hacia el pelirrojo, que ahora forcejeaba con Miyagi, Kakuta, Yasuda y Kuwata que a duras penas conseguían inmovilizarlo. – Do´aho… - agregó una vez más antes de girarse y volver hacia el tablero, dispuesto a seguir practicando sus tiros.

- ¡AGGGH! ¡Vuelve acá, bastardo de mierda! ¡Maldito antisocial! – continuó gritando Sakuragi al ver como su oponente decidía ignorarlo.

- ¿Qué está sucediendo aquí? – preguntó Akagi severamente, y su voz fue más que suficiente para apaciguar la ira del pelirrojo.

Miyagi, Kakuta, Yasuda y Kuwata soltaron automáticamente al pelirrojo. Con Akagi cerca, podían dejar en él la labor de tranquilizarlo.

- Estás causando demasiado alboroto…. Y eso no me gusta. – Akagi cogió a Sakuragi por la nuca con una sola mano y ejerció tal presión que se paralizó de inmediato.

De pronto, Sakuragi pareció encogerse. Al lado del enorme capitán Akagi parecía un pelele, incapaz de pronunciar palabra.

- Quiero que vayas a los camarines y te pongas a trapear el piso, y luego limpies las duchas y las murallas… - ordenó en un tono tan tranquilo y grave, que daba aún más miedo que sus gritos.

- P-pero Gorila… apenas acabamos de empezar con el entrenamiento… - replicó Sakuragi en un tono que pretendía ser de inocencia.

- No me interesa. Si mañana quieres tener la oportunidad de jugar contra Kouhata, más te vale hacer caso a mis órdenes… O de lo contrario, no volverás a jugar un solo partido más. – dicho eso, Akagi soltó el agarré sobre el pelirrojo y volvió a dirigirse hacia Kogure, Ishii y Shiozaki para continuar con la instrucción.

Sakuragi tragó pesadamente, sin atreverse a mover un músculo aún. No le cupo duda alguna de que esta vez Akagi iba en serio. Miró alrededor, y luego de toparse con mirada sorprendida de sus compañeros, estos comenzaron a volver con sus entrenamientos.

Pero Himura seguía ahí, mirándolo fijamente, estudiándolo con una expresión tan fría como la de Rukawa, hasta que por fin habló.

- Vaya, sí que eres un odioso, Hanamichi Sakuragi. Qué decepción…– dijo entonces Himura, extrañado por la actitud tan agresiva de su compañero hacia Rukawa.

Sakuragi no supo cómo responder ante esas palabras, y Himura se marchó de ahí para acercarse a Rukawa, dejándolo solo en medio de la cancha.

- "Vaya… parece que he metido la pata." – reconoció Sakuragi antes de dirigirse a los camarines a cumplir con la orden de Akagi.

xXx

- Kaede… ¡Kaede! – gritó Aiko Rukawa para llamar la atención de su hijo, asomada en el marco de entrada al salón principal de la vivienda.

- ¿Hmn? – el aludido apenas gruño como respuesta, sin siquiera girarse a comprobar qué era eso que quería su madre.

- Que la cena ya casi está lista. Ayuda a tu hermano a subir sus cosas a su habitación y lávense las manos antes de sentarse en la mesa. – informó la señora Rukawa antes de volver a desaparecer por el pasillo, en dirección a la cocina para comenzar a servir la cena.

Kaede Rukawa se encontraba en el salón principal de su casa, completamente desparramado sobre el enorme sofá de cuero, haciendo zapping en la televisión sin realmente poner atención a lo que veía. Su mente estaba en otro lado.

Luego de la práctica, tanto él como Himura decidieron no quedarse a practicar, pues dado que mañana disputarían el tercer partido del Campeonato Interestatal a primera hora, lo mejor sería guardar energías. Sin embargo, en su cabeza, aún resonaban las palabras de cierto pelirrojo que parecía tener por oficio el odiarle a toda costa.

- "¡Vuelve acá, bastardo de mierda! ¡Maldito antisocial!" – recordó Kaede aquellos insultos. Si bien estaba, por decirlo de algún modo, acostumbrado a las palabrotas del pelirrojo, no podía dejar de pensar que todo ello era injusto e inmerecido. – "¿Qué rayos le habré hecho para que me odie tanto?… estúpido mono pelirrojo." – resopló y se incorporó un tanto en el sofá, quedando ahora sentado en una posición más civilizada.

- Hermano… ¡Hermano!

- ¿Hmn? – Kaede se sobresaltó un tanto al escuchar la pequeña vocecilla de Hikaru que intentaba captar su atención mientras jalaba de su pantalón con sus pequeñas manecitas. Lo miró extrañado un par de segundos. - ¿Qué quieres? – preguntó en un tono inucualmente suave.

- ¿No tienes hambre? – preguntó Hikaru, inocentemente mientras lo miraba a los ojos con una expresión intensa. A diferencia de su hermano mayor, los ojos del niño eran absolutamente negros.

- Hmn… un poco… - respondió Kaede.

- Hermano… ¿te puedo hacer una pregunta? – tanteó Hikaru, que en ningún momento dejaba de mirarlo con curiosidad.

- Ya lo has hecho… Do'aho.

- ¡Pues otra! – saltó el pequeño, divertido.

- Dale… dime. ¿Qué quieres saber? – Kaede se inclinó hacia adelante, apoyando sus codos en sus piernas, quedando así casi a la altura de Hikaru.

- ¿Por qué tienes los ojos azules? ¿Estás enfermo? – Y entonces, Hikaru ladeo la cabeza, repentinamente preocupado.

A Kaede no le extrañó para nada esa pregunta, pues pese a tener apenas 8 años, su hermano poseía un nivel de percepción y curiosidad muy agudos. Incluso él mismo se llevaba haciendo esa pregunta por años, pues en toda su familia era el único con aquellos rasgos tan peculiares.

Hikaru Rukawa, al igual que su madre Aiko y su padre Isao, tenía los ojos negros y el cabello castaño oscuro y bastante rizado. Lo mismo aplicaba para todos los parientes cercanos por parte materna y paterna. Primos, tíos, abuelos incluso. No había nadie en la familia que luciera como él.

La única diferencia más cercana era su hermanita Eri, que tenía los ojos color castaño bastante parecido a los de Hanamichi Sakuragi, pero dado que ella era diferente al resto en muchos otros aspectos dada su condición, pues no contaba.

Entonces, ¿de dónde había sacado Kaede Rukawa sus ojos azules, su cabello completamente negro y liso? Por no mencionar su gran estatura, pues les sacaba una gran diferencia a todos sus familiares. El más cercano a él en ese aspecto era su padre, que medía cerca de un metro con setenta y ocho centímetros.

Si bien no era un experto en bilogía ni muchos menos sentía atracción académica por esa asignatura, Kaede sabía a la perfección que algo raro había en todo el asunto. Lo sabía desde que tenía la misma edad de Hikaru y comenzó a hacerse esas mismas preguntas en busca de respuestas, y sus conclusiones habían muchas, y ninguna de ellas de su agrado.

- Estoy bien, Hikaru. No pasa nada conmigo. – respondió finalmente Kaede. – Simplemente soy así, como tú eres de la manera que eres. Y mamá, y papá e incluso Eri son como son.

- P-pero… - Hikaru iba a replicar, pero su madre apareció en el salón bastante enfadada.

- ¿Y? ¿Aún siguen aquí? – pregunto molesta, avanzando hacia el centro del salón. – Hay que ver, Kaede. Si te pedí que ayudarás a tu hermano a subir sus cosas.

- Hmn… - Kaede pasó de ella, volvió a desparramarse en el sofá y tomó el control remoto para seguir haciendo zapping en la televisión. No le gustaba para nada cuando su madre estaba en plan mandona.

- Ven, Eri. Ayúdame a recoger tus cosas. – ordenó Aiko mientras se agachaba a coger la mochila, algunos cuadernos y otras cosas con las que su hijo menor había estado jugando en el salón.

El pequeño inmediatamente imitó a su madre y la ayudó a poner unos cuantos lápices de vuelta en el interior de su mochila, y cuando hubieron terminado, desaparecieron del salón escaleras arriba para dejar todo guardado en su lugar.

Al encontrarse por fin a solas en el salón, Kaede se incorporó en el sofá y miró de reojo hacia el pasillo, agudizando su oído para escuchar cómo los pasos de su madre y su hermano retumbaban en la planta alta.

Rápidamente se puso de pie y se acercó a una estantería del salón, la más alejada del sofá, aquella que estaba cerca del enorme ventanal que daba al patio trasero. Rebuscó rápidamente en las repisas, sintiéndose como un intruso. No acostumbraba a husmear entre las cosas de nadie, y mucho menos entre la de sus padres, pero luego de la pregunta de su hermano sentía curiosidad. Hacía bastante tiempo que no echaba un vistazo a esas fotografías.

No le costó demasiado trabajo encontrar el álbum de fotos entre medio de libros de leyes, derecho e incluso novelas que su madre atesoraba como pasatiempos. Cogió el grueso lomo del libro, cuyo color rosa era de por sí bastante llamativo.

- "Vaya que pesa…" – se dijo debiendo agarrar el álbum con ambas manos para evitar que cayera al piso.

Volvió a sentarse en el sofá y comenzó a revisar las fotografías, pasando hoja por hoja con cierta prisa, pues su madre y su hermano bajarían pronto. Por fortuna su padre llegaría tarde esta noche, por lo que era solo uno el flanco en el que debería estar atento. Es que, ¿cómo les explicaría que de pronto sintió una extraña curiosidad por revisar viejas fotografías, si nunca antes había manifestado tal interés?

- "Esto es extraño…" – pensó, casi llegando al final del álbum.

El registro de fotografía incluía tomas de él y sus hermanos en distintas etapas de sus vidas. Cuando eran bebés, cuando eran infantes, sus primeros pasos (no en el caso de Eri, aún), el primer día de clases, etc. También había un par de tomas de su madre Aiko con Hikaru y Eri en brazos recién nacidos, aún en la cama del hospital; e incluso de cuando estaba embarazada de ellos, luciendo con orgullo su enorme barriga. Pero lo más extraño de todo era que con él las fotografías comenzaban apenas cuando ya debía tener más de un año de edad. Antes de eso, nada.

Kaede cerró el libro, sintiéndose intrigado. En ese preciso momento escuchó pasos en la escalera, su madre y su hermano ya estaban bajando para cenar. Rápidamente se puso de pie y corrió a dejar el álbum de fotografías en su lugar.

- ¿Kaede, ya te lavaste las manos? – preguntó a gritos Aiko mientras terminaba de bajar las escaleras y aparecía por el pasillo principal.

- Ya voy… - respondió el joven, dirigiéndose al baño principal del primer piso.

xXx

Amparados bajo la tenue iluminación de una farola, un grupo de 3 sujetos compartía divertidos en medio de un oscuro y solitario callejón del sector de Odawara, uno de los barrios más marginales de toda Kanagawa, conocido como el germen de distintas pandillas y bandas criminales de poca monta.

- Oh vamos, Masaharu. No seas cobarde. – dijo Ryu, con una sonrisa un tanto sádica en su rostro y los ojos inusualmente estrechos, apenas abiertos en dos pequeñas rendijas.

- Anda, pruébalo. Te aseguro que te gustará… - un enorme y musculoso sujeto, que debía medir en torno al metro con venta y cinco centímetros, se acercó a Masaharu ofreciéndole una tarjeta plástica extendida en la palma de su mano.

- Está bien… - aceptó el chico con el cabello teñido de rubio, cogiendo el billete de 10 yen enroscado como un tubito que Ryu le entregó.

- Solo tienes que aspirar fuertemente y el resto… será magia. – indicó el sujeto alto.

Masaharu asintió un tanto nervioso, pues esta sería la primera vez que probaría algo así. Se metió un extremo del tubito hecho con el billete en uno de los orificios de su nariz e inclinó su cabeza acercándola a la palma de la mano del sujeto alto. Sobre la tarjeta había una pequeña rayita de cocaína, y siguiendo las instrucciones aspiró fuertemente recorriendo la corta línea del polvo blanco.

- ¡Woooow! – exclamó Ryu, aplaudiendo divertido.

- Bien hecho, chico. – lo felicitó el sujeto alto mientras guardaba la tarjeta en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero negra.

Masaharu parpadeó frenéticamente mientras se pasaba la mano por la nariz, retirando los restos de cocaína.

- Y entonces, hermano… ¿has sabido ya algo de Tetsuo? – preguntó Ryu, sin dejar de sonreír en ningún momento. Estaba realmente colocado.

- Está huyendo. Un ´colaborador´ me informó que pretende dejar la prefectura de Kanagawa, pero no lo dejaremos… - informó el sujeto alto, conocido como Itsuki, mientras encendía un cigarrillo.

- ¿Y qué harás con él cuando lo atrapen? – preguntó Masaharu, incorporándose.

- Darle su merecido… Ese cretino nos debe varias, y no se las llevará peladas. - respondió Itsuki, expulsando la primera bocanada de humo.

- ¿Y Mitsui? ¿Y esos mocosos de Shohoku? – preguntó Ryu con un marcado tono de odio en sus palabras. Aún estaba resentido con ellos luego de lo sucedido en el gimnasio.

- Vaya hermano. Deben haberte lastimado mucho para que les guardes tanto rencor. – comentó Itsuki, divertido.

- No bromees... Sabes muy bien que yo no dejo pasar cosas como esas. – advirtió Ryu, ahora visiblemente alterado.

- Lo sé, hermanito. – asintió Itsuki para luego dar otra aspirada a su cigarrillo. – A ver, muéstrame una vez más a ese tal Mitsui y sus amiguitos.

Ryu obedeció inmediatamente, extrayendo su móvil del bolsillo de su chaqueta.

- Estos son… - le extendió el móvil ya encendido, y en el aparato se mostraba una galería de imágenes de Mitsui y otros tantos miembros del equipo de basquetbol de Shohoku a los que personalmente se había encargado de investigar en las redes sociales.

Itsuki cogió el móvil y se dedicó a estudiar las fotografías en silencio y con el rostro serio mientras sostenía el cigarrillo en su boca. Casi al final de la galería se encontró con una foto que logró llamar su atención, provocándole una gran sonrisa.

- Vaya, esta muchachita está bien buena… - comentó mostrándole a Ryu y Masaharu la fotografía de Ayako.

Los tres rieron al unísono, compartiendo la misma apreciación acerca de la chica de rizos.

- ¿Y bien? ¿Qué haremos con ellos? – preguntó Ryu cuando hubo cesado el corillo de risas.

- Cobrar tu venganza, desde luego. Pero primero Tetsuo, luego planearemos qué hacer con esos chiquillos.

- Estupendo… - Ryu sonrió satisfecho, pues sabía que su hermano era hombre de palabra.

- Bien, ahora vamos, hay trabajo que hacer. - Itsuki lanzó lo que quedaba de cigarrillo al piso y lo apagó con un fuerte pisotón. Apenas era media noche y sentía unas enormes ganas de hacer de las suyas.