Vaya, no me había dado cuenta que este también ya había llegado al año. :D

Espero les guste. El capi es M, por cierto.

Disclaimer: Bones no me pertenece. Como siempre, es de FOX, Hart Hanson, Stephen Nathan y todos sus productores. Incluyendo a Kathy Reichs quien hizo esos maravillosos libros sobre Temperance Brennan. No lo hago con fines de lucro sino por diversión, ningún personaje me pertenece.

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Confianza

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Washington D.C. 2011

-¿Bones? ¿Estás bien?- le preguntó al verla llorar mientras intentaba abrir la puerta de su auto con las manos temblorosas.

-¿Qué? No, digo, sí estoy bien, no tienes nada de que preocuparte.- respondió rápidamente.

-No puedes conducir así.- le indicó. Brennan le lanzó una mirada que helaría al mismísimo infierno. Pero no a Booth.

-Déjame sola, Booth.- susurró mientras jalaba la puerta en un intento de abrirla, gruñó en frustración. –No sirve.- se lamentó a sí misma cerrando los ojos, quizás Antonio lo había hecho para atraparla en el estacionamiento. Sintió algo cálido tocar sus dedos fríos, abrió los ojos y se encontró con la mano de su compañero tratando de tomar las llaves del auto.

Ella lo permitió.

Booth se acercó y metió la llave en la cerradura. Las puertas se destrabaron enseguida. Ella suspiró de alivio.

-Gracias.- le dijo con una pequeña sonrisa que él devolvió. Sus ojos azules se quedaron clavados en los marrones. La intensidad el momento hizo que ambos acercaran sus rostros, casi sin pensarlo, guiándose sólo por su instinto, el agente se acercó más y junto sus labios con los de su compañera. Ella no intentó moverse, no intentó evitarlo.

Fue un pequeño beso y luego se separó. Brennan lo vio confundida, pero él pudo distinguir algo que hacia algunas semanas no veía. Felicidad. Y antes de que pudiera decir una palabra, ella subió al auto y arrancó, dejándolo solo en el estacionamiento.

Oh, pero esa vez, juro por Dios que no la dejaría escapar de nuevo.

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Mientras subía las escaleras rumbo al apartamento de su compañera se preguntaba porque John, el portero, se había mostrado tan recio a dejarlo subir.

Era el compañero de Brennan, y sí, quizás había sido un idiota últimamente ¿pero impedirle el paso a su apartamento? Era exagerado. Esa noche, era la noche, dejarían las cosas en claro. Lo que había sucedido anteriormente le había hecho ver que la presa se había roto y que ninguno de los dos o los dos juntos podrían volver a ponerla en pie.

Era injusto pero habían llegado el punto en donde debía estar juntos o separarse. Para siempre.

Dobló a la izquierda y, ni en un millón de años, se hubiera imaginado encontrarse con lo que vio. Antonio jalaba fuertemente el brazo izquierdo de Brennan, ella intentaba defenderse pero él fue más rápido… increíblemente rápido y tomó su muñeca antes de que pudiera pegarle en el estómago. Booth vio que le susurró algo a lo que ella respondió con una maldición, él intentó besarla y eso fue lo que le hizo despertar de su letargo.

-¡Aléjate de ella!- gritó, bajó la vista para buscar su arma, sólo un segundo y cuando volvió a ver, ya no estaba. -¿Qué demoni… ¡Bones!- dijo al verla con la respiración acelerada. Se acercó a ella. -¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Te hizo daño?

Brennan no dijo nada pero al verla a los ojos supo que sí le había hecho daño, pero no era físico. –Oh, Dios.- murmuró. Dejó de luchar con su instinto y la abrazó. Al principio, ella se sintió incómoda, después, furiosa pero luego… luego se sintió protegida, muchísimo más de lo que se había sentido en semanas.

-Booth.- susurró, extrañamente aliviada. Se aferró a él como alguien a punto de ahogarse se aferraría a un salvavidas.

-Shhh… shhh. Estoy aquí, estoy aquí, y no me iré.

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Entraron al apartamento y se sentaron en silencio. Brennan fue la primera en romperlo. –Lo viste.- afirmó. –Lo viste. ¿Verdad? Tuviste que verlo.

-Sí, lo vi. No dejaré que se acerque a ti nunca más.

-¡No me refiero a eso! ¡Tuviste que ver cuando se fue! Esto no tiene sentido…- exclamó Brennan comenzando a temblar.

Booth la tomó de las mejillas para que lo viera. Lanzó un sollozo y se alejó de él. –Desapareció. Se esfumó así como así. Tenía… tenía la esperanza de que lo vieras, si alguien más puede verlo es porque es real ¿no?

-Bren, ¿qué sucede?¿qué pasó?- preguntó, alarmado.

Ella negó con la cabeza. –No, nada. No sé. Nada tiene sentido ya. Me estoy volviendo loca… él sigue dejándome mensajes y cartas… no lo soporto más.

Él la tomó de la mano. Estaba fría. -¿Y qué te ha dicho?

-Cosas sin sentido.- dijo sin mostrar mucho interés.

-¿Qué dice, Temperance?- Ella le vio, la dulzura al decir su nombre la hizo sentir mejor.

-Dice que soy más bonita ahora a mis treinta que cuando tenía diecisiete. Que si no puede tenerme, al menos tú tampoco lo harás. Dijo algo sobre "alejarme de ti por segunda vez". A veces me llama Teresa. Estoy segura de que me confunde con alguien- él asintió.

Ella se llevó una mano al cuello. –Pero…- se interrumpió. Booth apretó su mano para hacerle saber que podía continuar. –Pero no entiendo cómo lo hace. Traspasa toda seguridad para dejarme esas rosas rojas con un mensaje aterrador. Lo he visto desaparecer ante mis ojos. Por primera vez, no sé qué hacer.

La habitación se sumió en un silencio sepulcral. ¿Acaso había oído bien?

-¿Qué has dicho?

Ella alejó su mano y lo vio, herida. –No me crees, no me crees.- murmuró. Booth tomó sus manos nuevamente.

-No, te creo, creo lo que dices. Te creo. Y creo que necesitas ayuda. ¿Has dicho que ha desaparecido frente a ti?

Brennan dejó escapar un bufido y asintió. Sonaba más ridículo cuando su compañero lo decía que cuando ella lo pensaba. –No, no puede estar pasando. Sé lo que vi, sé que es real, no una alucinación de mi cerebro.

Booth puso su mano bajo su mejilla obligándola a prestar atención. –Mírame. Sé qué lo que ves, sientes que es real, pero no lo es. Créeme. ¿Recuerdas cuando tuve el tumor? Yo también creía que era real y tú me ayudaste, me hiciste buscar ayuda. Por ti estoy aquí, vivo. Ahora me toca a mí ayudarte, algo no está bien y lo sabes. Mañana, iremos a un hospital para que te hagan una tomografía. ¿De acuerdo?

La antropóloga asintió, lentamente. Recostó su cabeza entre el cuello y hombro de Booth, él le rodeó la cintura para abrazarla. –Y me aseguraré de que ese Antonio no se vuelva a acercar a ti nunca más.- la estrechó entre sus brazos.

Después de un rato, sin darse cuenta, ya estaban recostados en el sofá con sus piernas entrelazadas, el agente pudo sentir el cálido aliento de su compañera en su mejilla izquierda. -¿Ahora me crees?- preguntó casi en un susurro.

Booth suspiró pesadamente. –Te creo, pero acordamos que no es…

-No me refiero a eso. Mi pregunta es ¿me crees que yo no me acosté con él?- Booth volteó la cara, quedando pocos milímetros de sus labios. Al sentir su aliento mezclarse con el de ella, un pinchazo de adrenalina recorrió su cuerpo. Inconscientemente, acarició su espalda con su mano derecha, acercó su rostro al de ella.

-Te creo. Te creo. Te creo. Lo siento si alguna vez dude.- y la beso lentamente.

Brennan se separó para susurrar. -Esa noche que pasamos juntos… Booth, cambió todo pero nunca te mentiría, y eso no cambió

-Nunca debí dudar de ti. Te quiero.- le susurró dulcemente. Luego besó su frente. Te amo. Pensó. –Y para que lo sepas, jamás me acosté con nadie esa noche, cuando llegamos a su casa, simplemente no pude bajarme del taxi. Te lo prometo.

-Te creo.- le respondió. –Te conozco, te creo.- Brennan buscó sus labios nuevamente, no quería seguir fingiendo que no le importaba no tenerlo a su lado. –¿Sabes? Debería enojarme.

Booth torció el gesto, de cierta forma, se lo merecía.

-Pero estoy demasiado cansada física y emocionalmente. Además no quiero perderte, otra vez.

Booth la besó otra vez con devoción. –Y no lo harás. Nunca más. Te lo aseguro.

-No puedes estar tan seguro. Nadie puede estar tan seguro.

-Estoy seguro que mientras sea libre de elegir, siempre te elegiré a ti. Siempre lo he hecho, aún cuando… cuando te he lastimado.

-Booth, está bien tú estabas con alguien más y yo debí respetar eso.- dijo, pero él la interrumpió.

-No, no, yo estaba equivocado. En cuanto supe que tenías sentimientos por mí, mi primera reacción era decirte que yo tampoco quería tener arrepentimientos, pero no podía, tenía un compromiso con Hannah.

Booth notó un brillo de dolor en sus ojos. –Pero jamás amaré a nadie como te amo a ti y eso siempre lo supe. Debí decírtelo, debí esperarte.

Brennan suspiró lentamente. –No eres el único que debió haber hecho cosas. Yo jamás debí haber huido a Maluku.

Él sonrió y besó el dorso de su mano. –¿Qué me dices si dejamos todos esos errores y malentendidos en el pasado? Estamos juntos ahora, y eso es lo que importa. ¿No?

Brennan asintió.

Se quedaron el sofá abrazados hasta que cayeron dormidos.

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-Eres mía, mía, mía.- le dijo Antonio mientras la sujetaba contra la pared.

-No lo soy. Nunca lo seré desgraciado.- le gritó al rostro sin un ápice de miedo. Brennan a pesar de reconocer su voz sentía que no era ella la que pronunciaba esas palabras.

-¡Lo mataré, lo haré de una vez por todas!- gritó.

-No, no lo hagas. Me casaré contigo y eso es lo quieres. ¿Qué ganas con matarlo?- preguntó con desesperación.

-Mucho, por ejemplo, una oportunidad de que me ames.

-Nunca lo haré, y si lo matas no sólo te odiaré, también me encargaré de seguirlo.- le espetó.

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Booth sintió como Brennan se revolvía entre sus brazos, debía estar soñando algo. Eran las tres de la madrugada y él estaba despierto, haberse dormido en el sofá no fue su más brillante idea, le estaba destrozando la espalda pero valía la pena. Tenía a su adorada Huesos entre sus brazos, respiraba su mismo aire, no importaba si en la mañana no podía caminar, estar ahí con ella era lo mejor, soportaría eso y más.

Sintió otra punzada de dolor, quizás no aguantaría toda la noche. En ese momento, Brennan se pegó más a él. Cinco minutos más. Pensó.

-Es hermosa, ¿verdad?- susurró una voz. Booth levantó la cabeza rápidamente y buscó entre la oscuridad algún indicio de movimiento. Encendió la lámpara junto al sofá. Nada.

-¿Qué sucede, Booth?- preguntó Brennan.

-Nada, creí oír algo pero no fue nada. Vuelve a dormir.- Brennan levantó la cabeza.

-No, vayamos a mi cama. Dormir en el sofá debe de estar dañando tus músculos lumbares.- musitó medio dormida al mismo tiempo que se levantaba.

-No, se te va a quitar el sueño.- dijo Booth.

-Entonces que se me quite, hay cosas mejores que hacer despiertos.- comentó caminando hacia la habitación con una sonrisa seductora. Él le sonrió también y la siguió.

Al entrar a su dormitorio sintió una ráfaga de viento en su espalda, volteó para encontrarse con la puerta cerrada.

-¿Booth? ¿Por qué cerraste la puerta?- gritó con los brazos en jarras.

-Yo no fui, pensé que habías sido tú.- comentó Booth desde el otro lado, pero ya no recibió respuesta alguna.

Antonio había apresado a Brennan contra la puerta, tapando su boca para evitar sus gritos.

-¿Qué parte de "eres mía" no has entendido bien?- siseó. –La historia se repite, sabes cómo termina Temperance. Muy dentro de ti, lo sabes y no quieres eso. Así que, hazte un favor a ti y a tu rata de baja cuna, elígeme esta vez y no terminaremos igual.

Brennan se quedó congelada como siempre que él le hacía eso, no quería creer pero lo estaba viendo, no quería tener miedo pero no podía evitarlo.

No eres real. No eres real. Se repetía a sí misma. Cerró los ojos y sintió formarse en sus ojos lágrimas de desesperación.

Los golpes de Booth en la puerta la hicieron volver a la realidad, los volvió a abrir. Ya no estaba. Se había esfumado otra vez. ¿Por qué lo sentí tan real si era una alucinación?

-¡Bones!- gritó Booth, salió de sus cavilaciones y abrió la puerta.

Booth al ver la cara de la mujer que amaba completamente pálida y con ojos llorosos hicieron que su corazón se encogiera.

-¿Lo viste, otra vez?

Brennan asintió aún asustada, él la tomó de las manos y la vio a los ojos.

-Vas a estar bien, lo prometo. Todo estará bien.


Inglaterra, 1815

-¿Teresa? ¿Qué hace…- pero fue interrumpido por la inesperada cachetada por parte de ella.

-¿Qué…? ¿Por qué fue eso?- le dijo, enojado.

-¿Está cortejando a la hermana de mi prometido?- le preguntó con severidad. Teresa esperaba una reacción indignada, que lo negara y le reclamara por la cachetada. Que le pidiera que jamás volviera a dudar de él o que por lo menos la echara de su casa.

No hizo nada de ello. Sólo se quedó parado en silencio. Un silencio que le dijo a ella todo lo que necesitaba saber. Se mordió el labio inferior tratando de no decir nada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Asintió, apretando sus labios.

-Bien, ya lo entendí.- musitó.

-Déjeme explicarle…

-¡No! ¡Aquí no hay nada que explicar! ¡Es evidente que usted solo desea escalar socialmente y desde que yo me encuentro indispuesta, ha seguido con la próxima jovencita que estaba en su lista!

Él negó con la cabeza. –No, no es eso. No es nada de lo que acabas de decir, yo, no te voy a negar que he estado alimentado la obsesión de la joven Catherine por mí pero…- fue interrumpido por Teresa.

-¿Qué la ha estado alimentado? ¡Anthony ya está hablando de que quizás le pida matrimonio! ¿Qué quiere que crea?

Sebastián intentó tomar su mano pero ella no lo permitió. -¡No! ¡Jamás! No me casaría con alguien que no amo. Quería ir a tu boda, quería estar ahí aunque fuera por última vez contigo.

-Le pido que no me trate de "tú".- le comentó en un tono frío. -¿No ve que está jugando con los sentimientos de Catherine?

Sebastián bufó con ironía. -¿Sentimientos de Catherine? La chiquilla apenas tiene sentimientos, lo hace por capricho y para contradecir a su hermano quien parece haber tomado cierta rivalidad conmigo. Ella jamás se casaría conmigo porque no tengo el porte que un caballero debería tener.- comentó con amargura. –Es una niñata malcriada que cree que puede mandarme e insultarme porque no soy de su misma clase pero me he aguantado cada uno de sus insultos porque quería a esa boda con cada fibra de mí.

Se acercó a Teresa y esta vez ella no se apartó.

-Pero si la razón por la cual deseo con tanta fuerza ir duda de mi amor por ella, no veo el propósito de seguir esta farsa. Debería alejarme de Catherine Hathaway.

-Debería- murmuró.

-¿Acaso está celosa?- preguntó, con los ojos clavados en ella.

-No,- él enarcó una ceja. –Quizás. No me gusta esto, es injusto.

-Lo es pero la vida en sí es siempre injusta.

-¿Por qué no puedo estar con usted?- preguntó en retórica.

Él respondió. –Claro que puede. Podemos estar juntos.

Ella negó con la cabeza. –No, no podemos. Eso deshonraría a mi familia…

-No debemos no significa no podemos.- inquirió.

-Cállese.- le espetó. –Cállese. No… no es justo que me diga esas cosas.- se acercó a él con sus ojos azules clavados en los del muchacho. –Porque si sigue así, terminaré cediendo ante lo que deseo…- murmuró, tomándolo de los brazos y acariciándolos.

-Entonces, hágalo.- murmuró, cerca de sus labios. –Ceda.

Ella negó con la cabeza y lo besó. Sebastián respondió al beso con pasión, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había saboreado el cielo en esos labios. La acercó a su cuerpo, tomándola por la cintura. Teresa se apartó pero Sebastián siguió besándola, bajando lentamente por su cuello. Eso hizo que sintiera un escalofrío. Murmuró algo intangible al mismo tiempo que la hacia entrar a su casa.

¿Qué hacemos? Se dijo Teresa a sí misma, seguro que le gustaría estar con Sebastián de esa forma pero… ¿qué pasaría sí…? Dejó de pensar cuando él volvió a besarla, respondió tomándolo por su cabello corto. No tardaron mucho en llegar a su dormitorio, no pensaban, sólo actuaban al ritmo que su corazón les dictaba. Las manos de Teresa vagaron por el torso desnudo de su amado quien ya carecía de camisa. Él le sonrió y posó sus palmas en la delicada cintura de su cuerpo, comenzó a deshacer los nudos del vestido manteniendo la mirada en esos ojos azules, por sí ella decidía parar, al fin y al cabo, se podrían meter en muchos problemas…

Aún así, el suave contacto de los labios de Teresa con los suyos era todo lo que podía concebir en ese momento. Ella sintió como su vestido caía al suelo pero no dejó de besarlo, temía que sí lo hacia el sentido común regresaría a la habitación.

La ropa interior fue la segunda irse, cuando ella estuvo completamente desnuda ante él, la vio con adoración y amor, ella le sonrió y se sonrojó un poco, lo condujo hacia la cama que estaba en una esquina. Se acostaron juntos. Sebastián, no sabía si era correcto tocarla ya, claro, aparte del tema moral, no quería incomodarla de ninguna forma.

-Hágalo, tóqueme.- le susurró para calmar su angustia que ya se hacia aparente.

Él puso su mano en su cadera y se acercó a besarla. Ese beso no tardó en exigir más y profundizarse al mismo tiempo que las manos de ambos recorrían ya sin pudor sus cuerpos, Teresa comenzó quitarle el cinturón de su pantalón, sus piernas se entrelazaron y eso hizo que ambos se dieran cuenta de la incipiente erección de Sebastián.

Ella se separó de sus labios, las pupilas azules que habían mostrado decisión y seguridad antes, en ese momento mostraron confusión. Sebastián se sonrojó un poco, sabía que era normal por las historias de sus amigos y le había pasado un par de veces, pero Teresa no podía saber que era.

-Es normal.- le aseguró.

Ella asintió, de alguna forma, le hacia sentir un calor agradable en sus partes más íntimas sentir la erección de su compañero tan cerca de ella. Se deshicieron de la última prenda de ropa, Teresa hizo lo que él había hecho antes y comenzó a besarle el cuello, le encantaba poder estar tan cerca de él, sentir el calor de su cuerpo.

Sebastián fue un poco más allá y le acarició sus pechos, sintiendo el pezón de ella en su pulgar e índice. Ella gimió de placer y él sintió su miembro endurecerse un poco más con cada gemido.

Casi por instinto, bajó su cabeza y lamió sus pechos, Teresa sentía que moría de placer, sus manos recorrieron la ancha espalda masculina, sus piernas se enredaron en sus caderas, acercándolo a ella. Tomó al muchacho de la nuca para reclamar su boca nuevamente, esta vez, ambos gemían cada vez que sus lenguas se tocaban. Sebastián comenzó a deslizarse suavemente dentro de ella, sin dejar de besarse, ella sintió que tocaba el cielo aunque estuviera cometiendo un gran pecado.

Hasta que comenzó a dolerle un poco. Paró sus besos, ¿por qué le pasaba? Había sentido tanto placer hasta ese momento ¿Acaso era una señal para que se detuviera?

-¿Qué sucede?- preguntó Sebastián preocupado.

-Me duele… un poco.- Él pareció relajarse, ella le vio incrédula.

-Es normal.- le susurró.

-¿Y si no lo es?- preguntó, claramente ansiosa.

Sebastián jamás había agradecido tanto que sus amigos se jactaran de sus conquistas amorosas en el trabajo. Pegó con frente con la de la mujer que amaba y susurró.

-Confía en mí.- le pidió con una pequeña sonrisa. Teresa asintió, le devolvió la sonrisa, sus ojos estaban tan llenos de amor que supo que jamás haría nada para lastimarla.

–Sólo dime si te duele mucho.

Entró en ella y se movió lentamente, al poco tiempo, Teresa dejó de sentir ese pequeño dolor para concentrarse sólo en el placer que sentía con cada vez que él se movía. Gimió fuertemente, las palabras sobraban sólo sus miradas hablaban, iban cada vez más rápido. Cualquier duda que hubieran tenido de que aquello estaba mal se disipó cuando llegaron al orgasmo casi gritando sus nombres.

-Te amo.- susurró Teresa. –Te amo y siempre lo haré.

-Yo también te amo.- dijo él, plantando un pequeño varios besos en sus labios.

Ella rió suavemente y luego sus ojos se empañaron de lágrimas.

-¿Qué sucede?- preguntó Sebastián. –No hagas eso, me asustas.

-Lo siento es que…- se mordió el labio inferior. –nunca seré de Anthony porque mi corazón te pertenece.

Él sonrió y acarició su mejilla.

-El mío también te pertenece a ti. Y a nadie más.

Ella sonrió. –Es curioso que a veces nos resulte imposible tratarnos de "usted"- comentó. –Ya no puedo hacerlo más.

-¿Tratarme de usted? Lo sé, yo tampoco.

Negó con la cabeza. –No me refiero a eso. Esto. Ya no puedo hacerlo más.

-¿Qué dices?- preguntó consternado y ligeramente molesto. –Acabas de decir que me amas como…- ella posó un dedo en sus labios.

-Sabes tan bien como yo que mañana es mi cena de ensayo y dentro de unos días, es mi boda. Desde ese momento, ya no habrá un "nosotros", ya no podré verte.- Él asintió, decepcionado.

-Entonces, quédate, conmigo.- le pidió, besando sus nudillos.

-No puedo hacer eso. Lo sabes.

Rió, casi sin ganas. Apretó la mano de Teresa suavemente. –Lo sé, lo sé. Pero se vale soñar.

-No quiero herirte,- continuó Teresa. –por eso te pido que no vayas a mi boda.

Sebastián no dijo nada, se quedó viéndola a los ojos, admirándola. ¿Cómo podía pedirle que la dejara ir cuando ella era lo más maravilloso que le había pasado? ¿Cómo quería que se rindiera cuando ya había probado el cielo? ¿Cómo esperaba que simplemente la olvidara?

-¿Lo harás?

Quitó un mechón de cabello de sus ojos. –No podría. Lo siento.

-Sebastián…

-¿Qué es esto?- preguntó el muchacho, consternado. Había estado jugueteando con sus dedos por el estómago de Teresa, cuando la luz de la luna que se colaba por la pequeña ventana de su cuarto la iluminó por completo fue cuando se dio cuenta de la cicatriz cerca de su ombligo. -Tiene forma de luna... ¿cómo?

Teresa cerró los ojos. ¿Qué debía decirle? ¿Qué Anthony la había golpeado? -Nada, una marca de nacimiento.

-No me mientas, se distinguir entre una cicatriz y una marca de nacimiento. ¿Él te la hizo?

-Sebastián, no es nada. Déjalo así.

Él la tomó de la manos. -No, no quiero que te haga daño. Eres mi vida, Teresa, no puedo soportar pensar que... ese maldito te está maltratando de alguna forma.- Ella le vio, con ternura. ¿Por qué no podía estar juntos si sabían que eran perfectos para el otro?

-Está bien, estaré bien. Te lo prometo, estaré bien. - Se inclinó hacia él y lo besó. Fue entonces cuando Sebastíán oyó las risas de dos personas fuera de la casa, la primera era de su amigo y hermano, James. La segunda la conocía muy bien… estaba en problemas.

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Continuará…

¿Qué les pareció? ¿Quién creen que será?

Prometo no dejarlos con la duda mucho tiempo así que para el 11 colgaré el nuevo capi de este fic. :D Siento haber tardado tanto con este pero me ha costado escribirlo.

Nos leemos!