Tal como dijo, Vaati regresó para llevarse a Zelda a una de sus caminatas rituales. La verdad ya no había necesidad de realizar estos paseos, más ahora que los monstruos del palacio tenían claro lo que les pasaría si atacaban a la princesa. Por lo que podía verse, esa era una excusa para hablar de algo con ella.
La princesa lo siguió todo el camino sin poner mucha resistencia, aun cuando no estaba de muy buen humor para acompañar a su secuestrador. Estaba cansada y emocionalmente drenada luego de la revelación de que podía ponerse al mismo nivel de Vaati y en ese momento, no tenía la energía para tomar parte en alguna de sus luchas mentales. La sorprendió el hecho de que ella aún solía considerar sus discusiones como un juego mental (juego es algo divertido)… Eso… Estaba mal. Ella estaba tan atrapada en la idea de que todo se resumía en ganar o perder, que había comenzado a entrar en la premisa de "El fin justifica los medios". Y el darse cuenta de esto la ponía apática.
Caminaron en un desagradable silencio por algún tiempo, la mano de la princesa obligatoriamente descansaba sobre el brazo de Vaati, mientras la escoltaba alrededor del palacio. Esto era tan forzado y poco natural que incluso el brujo, que usualmente no se molestaba por estas cosas, retiró su brazo con un gesto fruncido que indicaba que ya estaba harto de lo estúpido que era esta charada. Pero también mostraba una mueca que testarudamente insistía en que la charada debía continuar, porque sería aún más estúpido si admitiera esto en este punto.
—Lloras mucho. —Soltó Vaati repentinamente.
—¿Disculpa?
—No me hace sentido el por qué lloras. Eso es molesto.
Zelda se detuvo e ignoró el ligero tiró en su mano que Vaati le dio para indicarle que siguiera moviéndose. Sus pensamientos, los cuales previamente se arrastraban por su cabeza como un montón de letárgicos Redeads, se sacudieron en tensión. Sus pálidas mejillas se tiñeron de carmesí, el color volvió a ella por primera vez en bastante tiempo.
No tenía exactamente el aspecto de una persona furiosa, "furiosa" era una palabra demasiado suave para describir el cómo lucía.
—¿Disculpa? —Zelda repitió enojada— ¿Esto no te hace sentido? ¡¿Esto no te hace sentido?! ¿No crees que dada mi situación como tu cautiva oprimida, tengo permitido tener una crisis de vez en cuando?
—Fue solo un beso.
Ellos estaba quietos en medio del pasillo ahora, mirándose el uno al otro de forma confrontacional. Las nubes pasaban sobre ellos, inconscientes de la presión acumulada alrededor de las dos figuras, como una tormenta de truenos a punto de estallar. Las manos de la princesa se cerraron con fuerza, por el otro lado, los brazos de Vaati estaban cruzados sobre su pecho mientras la observaba con una expresión decía "¿Cuál es el problema?"
—No lo entenderías.
—Ponme a prueba.
—¡El acoso sexual es un gran problema!
—Tienes razón, no lo entiendo —dijo el brujo. Con un encogimiento de hombros rodó los ojos—¿Llamas a eso acoso?
La furia o la felicidad son a menudo una fantástico motivante para la gente desmotivada. En este caso la furia creciente de Zelda fue suficiente para sacarla de su sombrío humor. Sus hombros se sacudían ahora, tratando de controlar su furia.
—Tomaste ventaja de la situación para forzarme a… A… A besarte sin mi consentimiento ¿Acaso eso no es acoso?
—Obviamente te gustó.
Paff
Todo alrededor del palacio quedó en completa quietud luego de que la cachetada hizo eco en el viento. Todos los monstruos que estaban cerca huyeron rápidamente del área, hasta que los únicos que quedaron fueron la princesa y el brujo de los vientos. Aquella fue una fantástica cachetada, directo a la cara y con tal fuerza impresa, que dejó una buena marca roja en la mejilla de Vaati.
Zelda se frotó la mano derecha, sintiendo un ligero escozor en el lugar que hizo contacto con la cara el brujo. Entonces, se dio cuenta de lo que había hecho y sus ojos se abrieron con temor. Aquello había sido un acto impulsivo, ella realmente no quería golpearlo… Tan duro…
De acuerdo, eso era una mentira. Ella realmente quería golpear a ese bastardo tan duro como para que le quedara una marca permanente en su preciosa cara.
¿Pero ahora qué? Si se enfurecía podía realmente lastimarla. En una competencia de poder él podría aplastarla sin problemas. Él no la había lastimado físicamente aún, pero era difícil olvidar la advertencia que le había hecho antes sobre cómo no sería prudente poner a prueba su paciencia…
La cabeza de Vaati, que estaba girada hacia un lado por la fuerza del golpe, lentamente volvió a enfrentarla. El aire alrededor de él era calmo, casi demasiado, como el que precedía a un horrible huracán. Sus ojos sangre se entrecerraron detrás de sus cabellos y su voz salió de forma susurrante
—Tú….
—Me gustó. —Dijo Zelda interrumpiéndolo.
La terrible mirada de Vaati inmediatamente cambió en una de sorpresa.
—¿Qué?
La princesa analizó su reacción. Sus palabras habían captado su atención y sus brazos previamente cruzados ahora colgaban de sus costados. Ella continuó lentamente
—Me gustó la mirada en tu rostro cuando puse mi cara cerca de la tuya. Quisiste retroceder, pero no te dejé. Me gustó lo incómodo que te hice sentir en esos pocos segundos que tuve cuando puse las cosas en tu contra. Me gustó cómo tenía el poder en ese instante y te hice sentir como el ser más insignificante del mundo. Eso fue lo que me gustó —Zelda lo miró con desprecio y comenzó a caminar hacia el área del jardín hacia la cual se habían estado dirigiendo antes de que la conversación empezara. Su hombro rozó al sorprendido brujo al pasar— Es horrible, pero no lo entenderías de todas formas.
Vaati la observó estupefacto. Nadie se había atrevido a hablarle de esa forma, al menos no desde que se había vuelto uno de los más temidos brujos…
Se sobó el lado de la cara donde la palma lo había golpeado. Le dolía.
—Oh ¿Pero el beso en sí mismo? —Zelda habló por sobre su hombro, y entonces se sentó en uno de los bloques de piedra que habían en el borde del jardín con su espalda dirigida hacia el brujo— Eso fue horrible.
La princesa sonaba tan segura de sí misma de que él había hecho algo incorrecto, que por unos pocos minutos Vaati casi llegó a sentirse culpable de sus actos. Casi. Porque la culpa fue rápidamente reemplazada por una ardiente ira, gatillada por el hecho de que ella se había atrevido a hablarle de manera tan condescendiente, que incluso había llegado al punto de golpearlo. Caminó hasta donde Zelda estaba sentada y se colocó sobre ella forzándola a mirarlo.
Zelda le devolvió la mirada, fría, con su fiera personalidad crepitando bajo su ardiente furia. Sus manos estaban colocadas sobre su regazo, era la viva imagen de una poderosa mujer noble. El hecho de que Vaati proyectara una sombra sobre ella desde el lugar de donde estaba no significaba nada.
—Fuiste advertida de que había sido innecesariamente hospitalario contigo, pero cada vez me siento más y más inclinado a tratarte peor ¿Sabes? —Gruñó Vaati
Los ojos de Zelda se entrecerraron.
—Ya cállate —espetó Zelda tomando por sorpresa otra vez a Vaati con su actitud desafiante— ¿Tienes siquiera alguna idea de lo furiosa que estoy ahora?
La esquina del ojo de Vaati se contrajo e hizo un movimiento repentino. Ella jadeó cuando fue abruptamente arrojada contra la roca en la que estaba sentada y agarrada de forma amenazante por una tensa mano alrededor de su cuello.
Ella miró hacia arriba y vio al brujo con sus ojos fijos en ella con expresión fría. Sentía el peso de él aplastando sus costillas, en el lugar donde tenía apoyada su rodilla. Esto habría espantando hasta la más valiente de las almas, pero la princesa no dejó ahogara su voz.
—No lo entiendes. Es por eso. —Habló entre dientes, ignorando la incomodidad que sentía en el cuello sujeto por el brujo—. Ya he escuchado suficiente de ti para saber que no lo puedes comprender ¿No entiendes por qué las cosas que haces están mal? ¿No entiendes por qué todo lo que haces me molesta? Tú no tienes empatía y pero eso que no hay esperanzas contigo.
Vaati que momentos atrás lucía como que estaba listo para estrangular a la princesa para hacerla callar, mostró una ligera sonrisa. Divertido soltó una carcajada que ahogó el suave sonido de las hojas agitadas por el viento alrededor de ellos
—Sabes querida, No estoy seguro de si me debería importar o no lo que a ti te moleste. Quizás podrías asumir esto y entonces podríamos llegar a entendernos mejor el uno con el otro ¿Qué tal?
—Si ese es el caso, entonces no tienes el derecho a decirme cuando puedo o no llorar. Y podrías dejar de pretender estar preocupado con tus falsos gestos de amabilidad.
La pequeña sonrisa de Vaati se volvió una pequeña mueca. ¿Falsos gestos de amabilidad? Le tomó un momento deducir a qué se refería y cuando lo hizo, su mueca se acentuó. Él estaba comenzando a tener dudas sobre su decisión de dejarle el desayuno a la hambrienta princesa. ¿Por qué había hecho eso? Ahora ella pensaba que estaba haciendo el mal intento de ser bueno. Se había convencido a sí mismo de que no quería tener a la princesa abatida en un episodio depresivo porque… Era molesto y se sentiría mejor luego de comer algo. Pero ahora ella volvía a su vieja forma de ser, quizás un poco más acentuada.
Estúpidos panqueques.
—Ni siquiera te los terminaste. —Replicó Vaati de forma inexpresiva, pretendiendo no estar afectado por el comentario anterior—. Pensé que estarías menos arisca e irrazonable si tenías una buena comida, y te ordené que comieras.
—Algunas veces Vaati, la gente hace cosas que no entiendes o no te gusta.
Zelda le dio una pequeña sonrisa, tosiendo ligeramente por la molestia de la presión sobre su cuello y por la rodilla que aplastaba sus costillas. Ella no estaba tan asustada ahora, a pesar de su situación. El brujo realmente la estaba escuchando y podía decir que sus palabras le estaban llegando por la forma en que parecía menos seguro de su propio discurso
—La gente no te escuchará simplemente porque quieras que lo hagan, eso quizás funcione con los monstruos, pero no con nosotros. —Una sutil risa escapó de sus labios— ¿Por qué te valoras tan poco que crees que eres incapaz de conquistarme sin tener que raptarme?
La pequeña mueca de Vaati se volvió de pronto un gruñido intimidante. Él quería decirle que estaba mal, pero su lógica le hacía tanto sentido que él habría lucido estúpido tratando de negarlo. Ella realmente sabía cómo ponerlo nervioso.
—Estas desagradablemente parlanchina de pronto princesa.
—Quizás estaba enojada.
Vaati la miró agudamente por otro minuto, inseguro de qué más decir. Los dedos alrededor del cuello de Zelda comenzaban a entumecerse por mantener la misma posición tensa tanto tiempo y su rodilla comenzaba a incomodarle por tenerla encima de las costillas. Por supuesto la princesa era la más incómoda ahora, después de todo, ella era la que estaba siendo estrangulada y tenía una rodilla encima. Pero aun así, lo miraba con sus brillantes ojos azules, rebosantes de vida y desafío.
Bueno, al menos ella volvió a su vieja forma de ser. Din.
Decidió que le gustaba más de esa forma, como una problemática y desafiante chica llena de energía. Era mucho mejor que cuando estaba triste, llorando y tendida en su cama todo el día deprimida. La Zelda deprimida y llorona también le molestaba, pero era muy desagradable porque no se podía obtener una reacción de ella. La Zelda enojona era irritante, pero al menos sus reacciones eran interesantes.
No es que… Ya saben… Le preocupara como ella se sentía.
Los dedos alrededor del cuello finalmente se relajaron y él se puso de pie liberando a la princesa, quien se sentó en el lugar donde momentos antes estaba restringida. El brujo recuperó la compostura y se sentó tranquilamente junto a ella. Pretendió no notar cómo la princesa se frotaba las sutiles líneas alrededor de su cuello tosiendo un poco para aclarar su garganta.
—Te haré una oferta entonces. Puedes elegir aceptarla o no. —Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios cuando vio a Zelda observarlo con curiosidad. Era evidente que ella no esperaba que el brujo le diera la oportunidad de elegir nada—. Tengo una visita que hacer a los Wizzrobes mañana en la tarde. Te dejaré acompañarme, si quieres.
Tan pronto como terminó la oración, Zelda frunció el ceño descontenta y evitó su mirada. Se mordió el labio inferior.
—Si es algo como lo que pasó la última vez… —Amenazó.
—Entonces los intentos y propósitos serán un éxito —Dijo Vaati—. Aun cuando no estuve muy feliz esa vez con lo que hiciste… —Hizo una pausa y miró hacia la distancia de forma pensativa. A pesar del hecho de que él usualmente arrojaba cumplidos a diestro y siniestro de forma casual como lo haría un hombre de negocios, estaba teniendo problemas para felicitar a la princesa esta vez, no estaba muy seguro por qué—, Eso estuvo… Bien —Finalizó suavemente.
Zelda no parecía captar sus pausas, estaba más preocupada por sus nervios. Aún no había superado completamente lo que había pasado en el campament moblin como para repetir algo como eso tan pronto.
—Mmmm.
—Ya sabes que no te forzaré a ir princesa, —Vaati se encogió de hombros despreocupadamente recuperándose de su ligera pausa mental y reviviendo su aire superior.
La princesa miró al brujo de forma pensativa. Aunque no era perfecto, supuso que ya era un gran paso que no le estuviera ordenando hacer algo. ¿Quizás su arranque de rabia había sido de ayuda?
—Por supuesto, si no vas no garantizo el éxito en la "negociación" con los Wizzrobes me temo. No los detendré de hacer lo que quieran con Hyrule. La negociación no es algo que domine tan bien como tú lo haces.
La expresión de Zelda inmediatamente se endureció y sus dedos golpearon la banca de piedra con rabia.
—Ya veo como no tengo elección en este asunto. —Dijo amargamente.
Una sutil sonrisa apareció en el rostro del brujo y alcanzó la mano de la princesa que acarició de forma tranquilizadora.
—Ahora apoyaré tu decisión en un 100% ¿Qué clase de esposo sería si no apoyara a mi propia mujer.
Zleda suspiró y descansó su mejilla en su mano libre. Estaba cansada otra vez, pero de una manera diferente a como lo estuvo antes. Ahora era un tipo de cansancio exasperante, en lugar de uno deprimente. Observó al brujo, una ligera marca aún se apreciaba en el lado de la cara que había golpeado .
—Qué tipo de esposo, es verdad.
Este es uno de los capítulos más interesantes, y sobre todo aquél en el que Vaati actúa más como un imbécil. Pero aún así, se puede ver que sutilmente algo se remueve en su interior y que aunque trata de de acallarlo y mantener su posición brutal, cada vez es un poco más difícil.
Por su parte Fleets dice que se inspiró para este capítulo en la canción Blurred Lines. Hasta ahora había escuchado esa canción miles de veces y nunca le había puesto atención a la letra, la verdad, sí, se puede interpretar como acoso sexual... O como que la chica es una condenada tsundere, depende de lo que uno quiera ver, al fin yy al cabo no hay contexto en esa canción y solo sabemos el punto de vista del cantante.
En el próximo capítulo por fin aparecen los Wizzrobes, jooo, yo odiaba a los wizzrobes, pero luego de leer este fic... Los odio menos... Siemipre me matan esos desgraciados y son molestos, cada vez que me topaba con alguno en el Breath of the Wild salía corriendo, pero la forma en la que están representados en este fic es muy divertida, espero les guste cuando lleguemos a eso. Nos leemos, bye.
