Capítulo 10

Se repiten, una y otra vez en mi cabeza. Malos recuerdos que trato de mitigar como sea a raíz de aquella noche. Pensamientos sobre Edward que seguían castigándome. Después de tanto tiempo… casi cuatro años se habían cumplido ya, y yo seguía patéticamente contando el tiempo después de su partida. De su abandono. Que idiota Bella… deja de pensar en él.

Pero si no lo hacía, pensaba en Demetri. Demetri, Demetri, Demetri, Demetri… su nombre, de tanto repetirlo, perdía el sentido. Me sentía abrumada por lo que había pasado y los pensamientos revoloteaban sin cesar a su alrededor. En buena parte me sentía alagada por lo ocurrido aquella noche, pero mi sentido común se batía en duelo con mi cabeza reprochándome la idea de seguir por aquel camino. Odiaba es escalofrío que me producía a veces estar con él y hacía sentime culpable porque me resultaba adictivo. Ese vértigo hacía que solo pensase en volverlo a sentir otra vez.

Era posible que para mi estas cosas no volverían a ser sencillas. Además, encerrada allí, no había nada que me distrajera. Nada que se llevase mi atención.

¿Qué podía haber hecho? ¿Cómo evitar lo que me pasaba? Dem… era como ellos, un vampiro al fin y al cabo. ¿Así que permitiría que todo volviera a empezar? ¿Así de simple? ¿Me dejaría tropezar y caer en los mismos errores del pasado? No. Bien sabía que no. Ya había renegado de lo que ocurrió en el entonces y bastante lo había sufrido como para no olvidarlo. Yo, ¿con un Vampiro?

La pena del recuerdo me corroía por dentro como si fuera ácido. Estar con un vampiro, acercarme a él y dejarle que cambiara mi vida, era más de lo que mi corazón podía tolerar. Por otra parte Demetri era tan bueno conmigo, siempre tenía razón y muchas veces no se había merecido mi comportamiento hacia él. Había tenido la voz de la razón cuando a mi me había faltado, y aun siendo vampiro y Vulturi me había enseñado a vivir entre aquellas paredes con una paciencia que a menudo me costaba ver.

Los días siguientes yo continué con mi ruina habitual, aunque mientras tanto seguía pensando en él. Aprovechaba mi libertad para tratar de distraerme y poco a poco funcionaba, pero cuando estaba cerca no podía evitarlo. Siempre intentaba observarle a cierta distancia. Mis ojos quedaban atrapados por sus gestos y sus palabras. Su cabello castaño y sus finos y pálidos labios.

De nuevo un escalofrío.

Una deliciosa pero breve sensación de placer que me recorre el pecho; me enturbia la vista y necesito recuperar el aliento. Es lo único que tengo ahora en esta nueva vida de cautiverio. Lo poco que podía hacer libremente entre los muros del castillo. Me conmovía por dentro y me hacía latir el corazón de emoción por algo. Necesitaba volver a verle y sentirlo una vez más. El recuerdo de su tacto frío y duro, la suavidad de sus manos cogiendo las mías se repitiera una y otra vez. Pero eso me devolvía a mi dilema, una vez más.

Suspiré, hondamente. La cabeza me daba vueltas. No venía a mi el descanso, ni la solución a mis problemas, así que decidí segura de mí misma dejar pasar los días confiando en que se me pasase. Aunque sin mucho éxito.

Tres semanas después todo continuaba igual, con un escalofrío de pies a cabeza cuando llamaba a mi puerta. Aguanté unos segundos odiando y bendiciendo a la vez que aquello ocurriese. ¡No lograría superar mi adicción de esa forma! Pero me encantaba. Como casi siempre entró sin esperar respuesta y me encontró todavía tumbada en la cama.

-Buenos días.- Bajo las sábanas me retuerzo sobre mi misma tapando la luz que ya entraba por la ventana, y emitiendo en pequeño gruñido a modo de saludo. – ¿Estás despierta ya? Saldremos cuando estés lista.

Me levanté haciéndome a la idea que hoy tenía de nuevo una misión. No me había molestado en saber dónde era ni qué pasaría, casi tenía tan pocas ganas de ir como a la primera, pero me levanté, me vestí obedientemente y puse sobre mí la capa. Demetri me esperaba fuera, alargó la mano y entre nerviosa y resignada la tomé con fuerza. Pese a todo, sabía muy bien que me dejaría guiar por él a donde fuera.

Subimos al coche y Félix ya estaba allí, sentado en el asiento del conductor. Alto, fuerte con un humor jocoso que siempre intentaba ponerme a prueba.

-Bienvenida de nuevo, Isabella. Vamos a lavar los trapos sucios de tus tíos.

Le lancé una mirada irónica que pareció satisfacerle. – ¿Lista para otra escapada?- Entonces recibió un golpe de Demetri en las costillas. Todavía sentía un fuerte respeto (por no decir miedo) hacia él. Tenía un carácter con un punto salvaje y descontrolado que a mi parecer le hacía imprevisible. Era casi tan atractivo como Demetri, tenía algo, como todos los vampiros, que en algún sentido o en otro lo hacía ser irresistiblemente interesante.

-Está bien- dije calmada dirigiéndome a Demetri, y luego me dirigí a Félix- Estoy preparada, vayamos de una vez.

Durante el trayecto me di cuenta de que aquella parte del viaje no me desagradaba. Ir en coche se hacía muy interesante porque podía mirar por la ventana muchas cosas que ahora ya no podía en cámara rápida. Apareciendo y desapareciendo al instante. Como si fuera un resumen de la vida o del mundo que me estaba perdiendo.

Lástima que teníamos que llegar a algún lugar.

-¿Dónde Vamos? –Pregunté sin apartar la vista de la ventana –Esta vez no me habéis dicho nada.

-Fort William.-dijo Demetri al instante- En el Norte de Reino Unido, así que es posible que llueva.

A los vampiros les gustaba el Norte. Poca luz y mucha lluvia, eso supone pocas preguntas, imagino. Eso me recordó a Forks, y me pregunté si algún día iríamos de misión a los Estados Unidos. Me gustaría regresar algún día.

-En total somos ocho, incluyéndote a ti. Es muy sencillo lo que vas a tener que hacer. Ya lo verás.


Me duché por segunda vez y froté con fuerza la piel tal y como me habían pedido. Bajo la espuma, podía ver que empezaba a enrojecer y decidí que ya era suficiente. Me metí bajo el agua y dejé mis músculos relajarse mientras el jabón desaparecía. Me envolví con una toalla y traté de secarme cuando llamaron a la puerta de la habitación. Abrí con cuidado y apareció un trabajador del hotel con un paquete entre las manos.

-¿Isabella Vulturi?- Asiento- Han dejado esto en recepción para usted.

-Muchas gracias.

Cerré la puerta y abrí rápidamente el paquete. Dentro había ropa y una pequeña nota que ponía "Una vez más". Así que me volví al cuarto de baño y me duché de nuevo. Mis dedos estaban ya totalmente blancos y arrugados como ciruelas pasadas, y el bote de champú amenazaba en acabarse pronto. En qué situaciones más bizarras me encontraba… cogí la ropa y me di cuenta de que era de segunda mano. Debí haberlo imaginado. Me puse los pantalones tejanos y la blusa y salí a la calle. Recordé las palabras de Demetri y me dí un buen paseo por el mercado impregnándome de los diferentes olores. Cualquier olor que no fuera el de vampiro, para que nadie se diese cuenta.

El día se empezó a oscurecer muy pronto y con eso llegaba la hora de empezar. Cogí un taxi y antes de que me preguntase nada le entregué en papel con la dirección a la que quería ir. Bajé en una calle poco iluminada y algo lúgubre donde no había viviendas, parecía un recinto industrial lleno de naves pero supe enseguida hacia donde tenía que ir. De una de esas naves salía luz que iluminaba la calle y podía escucharse música. Fuera se formaba una pequeña cola de gente esperando para poder entrar, así que un poco nerviosa me uní a ella intentando pasar desapercibida. Uno a uno, todo el mundo fue entrando a la vez que gente se unía a la cola detrás de mí. Cuando estaba a medio camino ya pude ver que el tipo de la entrada era un vampiro aunque llevase unas gafas así que no me había equivocado. Era alto y con el pelo casi de color platino, me sonrió dulcemente cuando llegué delante de todo.

-¿Nombre?

-Alice White.-Respondí rápidamente con la identidad que me había preparado. Después de una rápida mirada a su carpeta, levantó la mirada y una ceja a la vez.

- No estás en la lista.

-Pierre me dijo que no haría falta. Que me dejaría entrar.- Intenté no parecer nerviosa mientras se tomaba un segundo para analizarme. Deseé con todas mis fuerzas que la información de Demetri no fuera errónea. Me miró de arriba abajo, inspiró profundamente seguramente para olerme y…

-Pues la verdad es que no me ha dicho nada.

-No es propio de él olvidarse. –Reí intentando disimular mis nervios. Me lanzó una última mirada interrogativa – Pasa, luego hablaré yo con él.

-Gracias- murmuré y me escabullí hacia el interior a través de las puertas.

Dentro, parecía una mezcla entre bar de ambiente y local de apuestas. La gente charlaba, bebía y se divertía con música de fondo. Si no hubiese visto al vampiro de la entrada y a dos más en la barra sirviendo copas, me hubiese gustado aquel lugar. Pedí algo y traté de buscar alguien con quien hablar, tuve que esperar más de una hora hasta que algo llamó mi atención. En el centro de la sala las mesas se ocuparon, y mucha gente empezó a acudir a su alrededor. Aumentaron el nivel de gritos, otros reían y aplaudían a la vez. En pocos minutos todo parecía muy diferente. A un lado los vampiros de la barra flirteaban con algunas chicas, a otro se apostaba en pruebas de fuerza y en la sala de al lado… había descubierto un ring de boxeo que pronto sería utilizado. Me resultaba extraña aquella forma de diversión, pero la gente parecía emocionada al ver como uno tras otro, los vampiros que participaban lo ganaban todo. Fue entonces que me di cuenta del tamaño de alguno de los hombres que circulaba por allí: grandes, fuertes y con cara de pocos amigos. Otros traían bolsas de deporte e incluso olían a sudor.

Durante un largo rato no pude despertar de mi completo asombro. Cuando lo hice me pregunté si en el fondo todo aquello era tan importante como para que los Vulturi se preocuparan. Estaba clara la poca ética de ganar dinero con aquellos métodos, pero ¿eso era todo? La gente se divertía y no hacían daño a nadie… o eso pensaba yo.

Pocos minutos después de plantearme estas cosas, oí voces a mis espaldas. Había gente discutiendo a gritos en algún lugar y me dirigí hacia allí sin preguntarme si era una buena idea.

Dos tipos gritaban, otro estaba tumbado en el suelo sin moverse y por último uno en medio de piel blanca, muy quieto y callado. Ese, pensé, es un vampiro. De repente apareció uno a sus espaldas y antes de que me diese cuanta golpeó al vampiro con algo que provocó un fuerte estruendo mientras se rompía contra su cabeza. Él ni se inmutó, se hizo un gran silencio entre las personas que lo habían visto igual que yo y segundos después cogió al atónito hombre que lo había golpeado por la camisa y a uno de las que discutían y sin esfuerzo lo arrastró hacia una puerta al fondo de la sala. Otro vampiro apareció al momento y se llevó al inconsciente y al que faltaba.

-¿Has visto eso Eveline?- Murmuró temblorosamente alguien a mi lado.

-Vámonos de aquí- Susurró otra voz junto a la primera.

Aquello no estaba bien, me acerqué al lugar de donde la gente retrocedía lenta y angustiosamente mientras el ruido de la sala de al lado parecía continuar con la normalidad que muchos de los que estaban allí querían recuperar. La gente se retiraba y fue más fácil ver el rastro de sangre y los restos de madera destrozados. Luego gritos y golpes amortiguados al otro lado de la pared que a mi alrededor se intentaban ignorar.

Tragué saliva, había visto ya suficiente. Cogí el teléfono, marqué el 1 y llamé.

-Hola cariño. ¿Has llegado ya a casa?- La voz de Demetri sonó al otro lado del teléfono mucho mas tensa de lo que debía ser. No pareció en absoluto real y temí que alguien escuchara la conversación.

-No, mi amor - Dije yo también algo demasiado nerviosa.-Pero enseguida salgo hacia allá.

-No, tardes.- Dijo él muy serio y colgó al momento.

Me abrí paso a través de la multitud acompañada por otra gente que también parecía querer irse sin prisa, sin llamar la atención. Ya casi había llegado cuando las puertas se cerraron por dentro. Un vampiro de los Vulturi estaba en la puerta y no dejaba que nadie se marchase. Quise acercarme a él para que me dejara a mí, pero no llegué a tiempo y la gente empezó a protestar y precipitarse hacia las salidas de emergencia.

Intenté llamar a Demetri otra vez y decirle que todavía estaba dentro pero a penas podía escuchar los tonos del teléfono mientras sonaban. Entendí enseguida ya habían empezado. Miré a mi alrededor. Todas las puertas estaban ya cerradas. A un lado, reconocí a Félix y otros tres vampiros rodeando a los vampiros del local. Yo tenía que salir de allí enseguida. Todos habían insistido en que saliera antes de que todo comenzase, pero se me hacía muy difícil avanzar entre el gentío, y más ahora que comenzaban a darse cuenta de que no había salido posible.

Comenzaron los gritos junto a las puertas, al fondo, los vampiros discutían y se escucharon golpes. Algo había sido lanzado contra e techo y había abierto un hueco a través de él, así que la gente empezó a ponerse histérica. El ruido me ensordecía y a penas podía moverme de mi sitio. Intenté volver a llamar.

Con el dichoso aparato en la mano intenté ponerme en contacto otra vez con alguien que me sacara de allí. Nerviosa y angustiada por mi situación dirigí la vista hacia la pelea y me la crucé con una conocida. El vampiro de la puerta, en medio de la disputa con los Vulturis, me miraba sorprendido. Se detuvo a pensarlo un momento, y luego corrió hacia mí inmovilizándome por la espalda. La gente se apartó de nosotros asustada y Demetri estaba ahora parado delante de mí con la expresión desencajada.

-Mataré a vuestro contacto ahora mismo si no retrocedéis.- dijo detrás de mí a la vez que sostenía con la otra mano mi barbilla. ¿¡Cómo! ¿Cómo había sabido que…?

Todos se quedaron quietos pero nadie retrocedió. Escuché un gruñido junto a mi oreja. –¡Atrás! -Gritó apretando un poco más. Exhalé aire con dificultad y Demetri finalmente lo hizo.

El vampiro apretó mi mano que todavía sujetaba el teléfono y apretó destrozándolo entre mis dedos. Gemí por el dolor y eso creo que eso hizo reaccionar a todos. De repente todo se movía. Sentí un golpe muy fuerte y luego caí rodando al suelo. No se que había pasado, pero me arrastré y levanté en cuento pude, me acerqué a una puerta y un vampiro me cogió y me sacó de allí en pocos segundos.

-¿Estas herida?- No le conocía y poco me importaba, solo quería salir de allí cuanto antes.

-No.

-Nos quedaremos aquí fuera hasta que pase todo.

Las manos me temblaban y me costó más de lo normal ponerme de pié, pero solo podía pensar en que Demetri y el resto de vampiros todavía estaban dentro

-¿Qué va a pasar? Hay todavía mucha gente dentro.-Pregunté.

-Todo el mundo allí ha visto lo que han hecho.

-¡Pero…!-El edificio a lo lejos parecía silencioso, no podía oir nada- ¡¿Detenéis a esos vampiros por matar a gente y ahora os proponéis acabar con todos?

El vampiro soltó una carcajada.

-No les detenemos por matar, si no por hacerlo descuidadamente. Dejaron escapar a gente, las vimos salir, y meses atrás hubieron denuncias… así es como dimos con ellos. Bueno… por eso y por Demetri, claro está.

Yo seguí mirando el edificio, sin creer lo que estaba pasando dentro. Demetri también estaba allí. El frío parecía insensibilizarme porque no sentía nada.

-Debíamos asegurarnos de que hacían algo incorrecto, por eso has venido tú. Pero ahora no pueden quedar testigos.

¡NO! Podía intentar hacer algo. Comencé a caminar y luego a correr, pero no tardó mucho en aparecerse delante de mi.

-No vayas.- La luz directa de la calle le empalidecía todavía más de lo que era, y sus ojos como dos llamaradas de fuego me impedían el paso.

-Pero… no podéis hacer ESO! ¡No podéis! Esas personas son víctimas, deberíais defenderlas y no castigarlas.

-Defendemos algo mucho más importante que unas vidas.

-¡Esta no puede ser vuestra justicia!-Grité.

-El incógnito de los vampiros es lo único que salva al mundo de una guerra abierta. ¿Y que crees que pasaría? ¿Quién ganaría?

Sus palabras me silenciaron de golpe. Tenía razón pero… no me parecía bien, y no estaría satisfecha conmigo misma si no me opusiera.

Media hora mas tarde, volvieron todos ellos en grupo. Llegaron, acordaron que el trabajo había finalizaron, y se marcharon casi todos tan rápido como habían aparecido. Caminamos hacia el coche si que nadie dijera nada. Sabía que Félix callaba por petición de Demetri, pero él... estaba tenso y tampoco hablaba. Me había mirado de arriba a abajo un par de veces pero se mantenía en un silencio nervioso que yo compartía. Largo rato después de comenzar el camino en coche se dijeron algo entre ellos que no pude oir y al momento Demetri estaba sentado en el asiento de mi lado y subía una barrera que separaba los delanteros de los traseros. Nunca le había prestado mucha atención al coche, ni siquiera me había fijado que estaba allí antes.

Demetri me miró con cara de cansancio.

-¿Estas bien?- susurró y yo asentí apartando la mirada. –Siento lo que ha ocurrido. –No podía decir nada. Aunque abriese la boca, en ese instanto no hubiese podido articular ni una sola palabra. No podía dejar de pensar en las mujeres y hombres que había visto dentro. -¿Bella? Pensamos que ya habías salido, por favor... disculpame.

Volví a asentir. Su mano buscó mi hombro intentando llamar mi atención para que le mirase.

-Esta bien, Demetri.- tragué saliba intentando recuperar la fuerza de mi voz- No ha pasado nada.

-He pasado miedo.- Me miraba fijamente con sus ojos rojos y pude ver sinceridad en ellos.

-Yo también- dije- Pero toda esa gente...

-Era...necesario.- Asentí de nuevo cerrando con fuerza los ojos, no quería volver a aquella conversación.

La mano que estaba en mi hombro tiró de mi hacia él para que me apoyara. Ese gesto de ternura era lo que necesitaba para acablar de blandecerme, así que sin quererlo lloré un poco. Cuando se convirtió en un abrazo, tuve una sensación de escalofrío que me sacudió por sorpresa al tener sus brazos a mi alrededor. Llevaba un tiepo luchando contra ellos pero era dificil cuando se acercaban. Quería más y le abracé yo también, cuando me acarició el cabello sentí otro un poco mas débil.

-Siento que lo hayas visto. Yo... no disfruto con esto, te lo aseguro.

Por un momento nada me importó más. Solo quería abrazarle y sentir de nuevo esa emoción. Pero se había disipado. Luego vino la culpabilidad por disfrutar de un momento como ese, de modo que le solté y lentamente volví a mi asiento.

-Ya se me ha pasado- mentí- gracias...

Volvimos a casa y ya era de noche del día siguiente cuando llegamos. No habría reunión hasta el día siguiente, así que puede ir a mi habitación a tranquilizarme y estar sola por fin. Se Vulturi... significaba esto.

Costaba acostumbrarse a la muerte.


Demetri

Día tras día esperaba ver algún cambio en ella. Algún gesto, un giro en su humor pero día tras día la veía observarme y nada mas. En contra de lo que yo había pronosticado, no había despertado en ella la pasión o el amor. Tan solo interés, pero nada más.

Me sentía decepcionado cada vez que lo pensaba y comenzaba a perder la esperanza. Poco más se me ocurría. Le abría mi corazón… Ya no se me ocurría qué hacer.

Ni siquiera después de una misión como la que tuvimos… Jamás pensé que volvería a sentir una sensación como la de total desesperación. Experimenté miedo, miedo a perderla y no estaba nada acostumbrado a ello. Hacía muchos siglos que no vivía algo parecido y tenía muy claro que no quería que volviera a pasar.

La culpa había sido mía, la vibración de mi bolsillo me había delatado. No me di cuenta que Bella todavía estaba dentro, y que sonaba al mismo ritmo que un mismo aparato de la sala daba tono. Era la única persona con un teléfono en la mano, así que había sido muy sencillo para aquel desgraciado encontrarla. Demasiado tarde yo me di cuenta de mi error y Bella colgaba tal vez dándose también cuenta del suyo. Salté hacia ella pero ya era demasiado tarde. Nicolay la tenía sujetada por detrás. No tengo claro qué o quien tomó posesión de mi cuerpo, pero no recuerdo haber pensado nada de lo que hacía. Me moví sin pensar, por puro instinto. No creo recordar otro momento de mi vida como ese.

Ahora, una vez que había pasado todo me daba cuenta de lo cerca que habíamos estado del desastre, sin contar que Aro nos hubiese matado probablemente a todos de haberle ocurrido algo grave. Pero no me importaba porque ella era lo más importante.

Aun así, me encontraba en la misma situación que al principio, solo que más convencido de que la quería para mí.

Perdía la paciencia con mucha rapidez, porque cada día que pasaba me desesperaba por dentro. No sabía bien qué era, pero me dejaba intranquilo y descentrado. Comenzaba a no ser dueño de mi mismo, así que fui a pedir ayuda.

Solicité audiencia con los tres hermanos Vultiri y se me concedió enseguida.

-Habla Demetri- comenzó Aro como siempre desde su trono- Nos interesa todo lo que tengas que decir.

-Agradecido, mi señor- dije tras una pequeña reverencia.- El asunto que me trae aquí es…

-Isabella, por supuesto.- Se adelantó. Alargó la mano y yo la tomé sin dudar. –Ya veo, así que no hay ningún cambio en ella.

-No desde entonces, señor. Comienzo a pensar…

-Nada. –Dijo Marco- No deberías pensar nada todavía. Estas pencando de precipitado. -Con diferencia, Marco era el más indicado para pedir consejo gracias a su poder. Así que todo lo que dijera sería de vital importancia. -Quizá te sea necesaria mi ayuda.

-No me atrevía a solicitarla., mi señor.

-Muchacho, este cometido casi nos interesa más a nosotros que a ti mismo. –dijo Aro- Pero no quiero interrumpirte, hermano mío, adelante.

-Hay algo… algo en ella que está fuera de nuestro alcance. –Lo sabía, y escucharlo de boca de Marco lo hacía todavía más real.

-Al principio pensaba que era el odio a nosotros, a los vampiros, pero creo que lo está superando. –aclaré.

-No, es algo anterior a eso- murmuró él meditando- Creo que es su pasado. Todavía no ha pasado el suficiente tiempo como para que olvide su anterior vida.

- Eso podría ser… -Comentó Cayo poco interesado.

-O un antiguo amor. –Dije yo, y los tres me miraron sorprendidos- . Jacob.

-¿Entonces lo sabes?- Preguntó sorprendido Marco- ¿Es seguro? -Estaba a punto de explicar de donde salía aquella cuando Aro se avanzó.

-Si… Jacob, recuerdo ese nombre… y le recuerdo también a él. – No esperaba que pudieran confirmarme mis peores sospechas. Que quedé… sorprendido.- Un joven licántropo, podría ser... Se dieron un apasionado beso de despedida.

¡Un licántropo! Ahora si que no esperaba nada de aquello. Jacob era su antiguo amor y además era un lobo.

-Cuando la encontramos en Forks apareció una manada entera de licántropos. ¿Los has visto alguna vez?- Negué con la cabeza. Jamás había tenido el "placer" -Criaturas fascinantes aunque desagradables en todos los sentidos. Fueron a nuestro encuentro a defenderla, pero heramos muy superiores. Finalmente ella aceptó venir con nosotros a cambio de que no les dañáramos.- Rió entre dientos recordando aquel momento.

En pocos segundos estaba averiguando más cosas que en todo un año a su lado. Por fin sabía de dónde venía o por lo menos las circunstancias. Algo que hasta ahora ella no había sido capaz de contarme y que ya jamás había preguntado, eso también debía reconocerlo.

Que tonto habia sido. Pensaba tenerlo todo pensado sobre mi táctica. Avanzar y conquistarla poco a poco, por su natural necesidad de relacionarse con alguien, que confiara en mi y seducirla con mis dotes de vampiro. Y ni siquiera me había molestado en averiguar su pasado. Me sentí un poco decepcionado conmigo mismo. Seré tonto!

-¿De que lo conoces Demetri? Tu no fuiste a Estados Unidos. ¿Te ha hablado Isabella de él?

-No. Todas las cartas que escribe están dirigidas a él, o eso creo. Solo he leído una.

-Interesante… tenemos un problema interesante de nuevo. –Aro parece que disfruta con esto.- Podríamos dejarle que envíe las cartas, ¿tal vez?- Miró a su alrededor buscando la opinión y el apoyo de sus hermanos.

-¿Y arriesgarnos a que se presente en Italia?-Saltó enseguida Cayo- No creo que no.

-No creo que sea tan inteligente como para leer el matasello de la carta, y a la vez tan estúpido como para venir realmente aquí. Pero de todas formas creo que tengo una idea mejor. –Marco guardó unos segundos de silencio, cuestionandose si su idea era realmente buena o no- Dejémosla que vaya a verle.

-¡Pero así la perderé!- ¡Marco no podía estar sugiriendo eso! Esa era la última de mis opciones.

-Si quieres que sea tuya, no vayas por ese camino. Demetri. No creo que funcione.- Advirtió muy seriamente- Verás, el amor perdido o el no correspondido es muy goloso.- Aro y Cayo se miraron interrogativamente antes de volver su vista de nuevo hacia él, y me alegró no ser el único que no comprendió es frase.- Da a las jovencitas algo en que pensar, un sentimiento al que agarrarse. Además, la nostalgia, el dolor y la autolamentación la distráen, le da algo en qué entretenerse. El amor humano… se mata con costumbre, decepción y monotonía, pero jamás al revés. Las cicatrices de un amor arrancado de raíz pueden tardar mucho en curarse, pero si lo sanamos… tal vez pueda pasar página.

-¿Entonces sugieres que la llevemos hasta allí?- Están locos, pensé. Voy a perderla definitivamente.

-Estoy sugiriendo que tenga la despedida que no tuvo la última vez.

No sabía muy bien qué hacer y en ese punto de la conversación yo ya no tenía ningún voto.

-Además- añadió- nos estará agradecida.- Sonrió de una forma que enturbió vilmente su habitual gesto amable. Cruzaron miradas durante unos minutos sopesando segurmente todas las opciones. Finalmente Aro volvió a hablar.

-Ya has oído. En cuanto Isabella esté lista, puede partir. Tu la acompañarás y esperarás a su regreso con Jane. Cuatro días serán suficientes.

Hizo un gesto para hacer que me retirase.


Esto... no me maten. Ya se que hace mucho tiempo y el cap tampoco es una maravilla... pero la vida es dura y yo estudio y trabajo. En fin.. no tengo excusa.

¡Espero que les guste!

Nagini