*** La historia no es más que una adaptación al final, el nombre del autor y el nombre original de la historia
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****

****escenas muy elevadas***


Capitulo 10

Me quedé dormida en cuanto Edward se despidió. Lo único que sentí fue otro beso en mis labios. Pero estaba tan cansada que no pude corresponderle. Recuerdo lo que me dijo y abro los ojos, obligándome a salir de la cama.

Entonces veo lo que dejó sobre mi pequeño escritorio.

Una bolsa de compras. Si es que alguna puede lucir así. Parece cara, además de grande. La curiosidad me mata así que voy hacia ella.

Veo varias cajas dentro y no puede ser otra cosa.

—¡Oh, por Dios! —grito de la emoción al darme cuenta de lo que es.

Rápidamente saco caja por caja, cuatro en su totalidad y las abro una por una. La vista es perfecta.

Cuatro perfectos pares de converse en diferentes colores cada uno.

Esto es hermoso.

No sabía que le podía gustar algo así en mí. Aunque ahora recuerdo el par que me dejé en su casa cuando se dio cuenta de mi verdadera identidad. Más o menos, nunca fingí lo que no era.

Veo una nota con una perfecta caligrafía en el fondo de la bolsa y la leo sabiendo que la ha escrito él:

No se que tiene de especial. Pero cuando te veo con ellos lo entiendo.

Eres hermosa, no importa lo que te pongas pero un día de estos te hare mia usando tacones y si te portas bien quizás usando uno de estos también.

Follare a mi dulce niña y a la que hice mujer.

Xxx

E

—Dulce niña—digo en voz alta y llevo la nota con perfecta caligrafía a mis labios.

Huele a su perfume.

Imaginarme a Edward ir de compras para conseguir esto me hace gracia.

Busco mi móvil y envío un mensaje en agradecimiento.

Gracias por mis zapatillas. ¿Has llegado bien?

Xxxxx

No obtengo respuesta. Seguro está ocupado. Veo la hora y se me ha hecho tarde. Maldigo por todo lo alto y cómo puedo me doy la ducha más veloz de todas y bajo a desayunar.

—Buenos días, familia.

Los encuentro a todos desayunando.

—Buenos días, hija—Mi madre comienza a servir mi desayuno. El cual devoro rápido.

—Vas a enfermarte por comer así—Me reprende Phil.

—Está muy flaca, déjala que coma—Me defiende el abuelo.

Veo en sus caras la curiosidad por comenzar con las preguntas. Y no me equivoco cuando mi madre hace la primera.

—¿Noche difícil?

—No, ¿Por qué lo preguntas? —disimulo llevando una rebanada de pan a mi boca.

Mi madre se encoge de hombros cuando dice:

—Juraría que vi salir a Edward de tu habitación anoche.

Escupo toda la comida en mi plato.

Mierda.

—Para nada. Alucinas.

Phil y el abuelo se ven y no dicen nada.

—Es lo que pensé, pero se quejó del seguro de la puerta. Como yo lo hago antes de salir.

Mierda otra vez.

—En realidad no ha respondido mis mensajes.

Rosalie se da cuenta de que ha cometido un error al decirme que se ha comunicado con ella y no conmigo. Cuestión de dignidad supongo, pero no dejaré que me afecte lo que Edward haga o deje de hacer. Disfrutaré esta noche como Dios manda, como debe de ser y como siempre ha sido.

—Deberíamos ir a bailar—Propone Alice. Jasper pone los ojos en blanco y no entiendo por qué.

—¿Ustedes dos siguen acostándose? —Suelto sin filtro y Alice palidece.

—No es asunto tuyo, Isabella—Sale Jasper en defensa—¿Te acuestas con el jefe de Rosalie?

Veo a Rosalie y ella abre su boca sorprendida por lo que dice Jasper.

—No puedo creer que les dijeras—La veo mal.

—¡No he dicho nada!

—¡Te atrapé! —Alienta Jasper y todos rompemos en una gran carcajada.

—¡A la mierda! Iremos a bailar. —Me pongo de pie con mi mejor amiga y damos por terminada la noche de cervezas en este lugar. Bailar siempre me entretiene y hace que me olvide de todo.

Espero que esta vez me sirva también para olvidarme de Edward.

Después de veinticuatro horas sin saber de Edward se le ocurre llamarme. Ahora mismo no sé si estoy ebria, pero no quiero responder a sus llamadas o mensajes.

Para eso está Rosalie.

Después de veinticuatro horas sin saber de Edward se le ocurre llamarme. Ahora mismo no sé si estoy ebria, pero no quiero responder a sus llamadas o mensajes. Para eso está Rosalie.

—Responde, has querido hablar con él desde que se fue—Aconseja mi mejor amiga.

—No. No hablaré con él, estoy divirtiéndome. Si fuese algo importante para él como dice que soy, me respondería mis mensajes en vez de a ti.

—¿Estás molesta por eso? Joder, Isabella. No quiero que esto de Edward nos afecte a nosotras. Nunca lo ha hecho.

Eso era antes de saber que era su mejor amiga. Y no es que sea pecado. ¿Pero por qué él? De todos los hombres en el mundo. ¿Por qué él? Y no solamente por ser su amigo, sino de haberme fijado en un hombre como Edward esa noche. Pude haber elegido mejor. Pero Edward es lo mejor que pueda imaginar ahora mismo.

—Debo dejar de tomar por esta noche—Evado las preguntas.

Miro mi móvil y leo cada uno de sus mensajes.

Edward: ¿se puede saber por no respondes?

Edward: ¿Dónde estas? He estado llamándote como loco.

Edward: acabas de faltas a tu promesa y no estoy nada contento

Edward: ¿Acaso tengo que recordarte algo? Porque lo hare cuando llegue, mi dulce niña y rebelde.

Rio para mis adentros. Puede ser dulce y autoritario cuando quiere. Decido llamarlo en vez de responder a sus mensajes y poder escuchar su voz.

Los chicos se van a bailar y Rosalie es la única que queda a acompañarme.

—¿Sí? —Escucho su voz y hace que mi cuerpo y mente reaccione. No me gusta el tono de su voz ni la forma tosca en responder.

—Hola—Espero a que diga algo pero no lo hace. Está enfadado—¿Cómo estás?

—Bastante preocupado.

Me rio.

—Puedo decir lo mismo de ti. No has respondido a mis mensajes tampoco.

—¿Dónde estás? —Vuelve a repetir—Escucho música al fondo.

Mierda.

—Estoy con unos amigos—Lo que me recuerda—Estoy con mi mejor amiga Rosalie. Seguro la conoces, trabaja para ti. Oh, no espera es tu mejor amiga.

De nuevo más silencio.

Rosalie se lleva la mano a la cabeza. Edward no sabe que ya sé que son amigos. Y si lo sabe, no me importa. Todo este enredo sobre mentir de quien es tu amigo me está volviendo loca. La falta de honestidad de mi parte tiene una explicación pero la de ellos no.

—Privacidad se llama, Bella—Dice Edward—No ando por ahí diciendo quien es mi amiga y a quien me llevo a la cama ¿Y tú?

Maldito idiota.

—Pues yo sí. Mis amigos lo saben y siguen siendo mis amigos.

—¿Edward estás listo para irte? —Escucho del otro lado. Una voz bastante conocida. ¿Cómo podría olvidarla?

Leah.

—¿Estás con alguien? —En cuanto hago la pregunta, atraigo la atención de Rosalie de nuevo.

—Edward, la nena quiere ir contigo.

El estómago se me revuelve y no es por el alcohol. Leah le ha dicho algo sobre una nena, ¿Una bebé? ¿Su bebé? ¡¿Tiene un bebé?!

—¡Edward responde a la pregunta!

—Me tengo que ir—Dice—Pórtate bien.

—¡Y una mierda!

—Lenguaje, dulce niña.

Y corta.

Me quedo viendo la pantalla de mi teléfono como si sirviera de algo. Me dan ganas de llorar, pero de la rabia. Se ha ido con Leah a Inglaterra. Dijo algo sobre trabajo y emergencia. Pero no veo dónde encaja una bebé.

—¿Isabella qué ha pasado? —La voz de Rosalie me trae a la realidad.

—Nada— Decido mentir—Edward está con Leah. Supongo que lo sabías.

Su mirada lo dice todo. Ella lo sabía.

—Es complicado, Isabella. Te lo explicaría pero no es mi…

—Asunto, lo sé. Todo esto es asunto de Edward. Me pregunto cuándo dejaste de ser mi mejor amiga para ser la de él, Rosalie. La cosa es que no creo en ninguno de los dos.

—Isabella…

—Basta, Rosalie. No discutiré contigo. Quiero creer que toda mi mala leche también es por el alcohol.

—¿Quieres bailar, preciosa? —Un chico muy guapo se acerca a nosotras.

Le sonrío en respuesta y me pongo de pie. Veo a Rosalie y le digo:

—Se lo puedes decir si quieres.

No dice nada. Y yo me divierto bailando. ¿De eso se trataba no?

Divertirme aunque mi mente me traicione y no deje de pensar en que quizá todo por fin haya acabado.

Al día siguiente no supe nada de Edward. Me encontré con mensajes de mi parte al siguiente día, y por supuesto fue la estúpida borracha en la que me convertí esa noche después de saber que estaba con Leah.

Él no sabe quién es Leah en mi vida.

Tampoco sabe que es precisamente por ella que lo de nosotros nunca, jamás podrá ser.

Seguro me odia por lo que le escribí. Hoy hace dos días de eso. Y mientras termino de despertar repaso los mensajes que le escribí la última vez.

Mi noche fue divertida ¿Sabes porque? Porque me la pase bailando con el chico mas guapo del club.

No te deseo. Deseo llevar a este chico conmigo ¿Crees que es buena idea?

Te odio, Edward Cullen. Espero que tu amiguita y tú la estén pasando bien.

P.D: Es una perra. Lo sé de primera edición.

Buenas noches, señor oscuro. Hasta nuca. No me busques más. Esto se acabado.

Espera, esto NUNCA comenzó. XXX

—Edward se enfadará—digo en voz alta.

—Parece que lo estás entendiendo—Al escuchar esa voz grito en respuesta como si despertara la peor pesadilla.

—¡Joder, Bella! —Un cuerpo se abalanza sobre mí en mi cama y no dejo de gritar, llorar y patalear—¡Soy yo! ¡Abre los ojos! ¡Mírame!

Parece la voz de Edward pero no estoy segura. Él no podría estar aquí tan rápido. Creo que todavía estoy soñando. Sí eso debe de ser.

—¡Noooo!

—Mi dulce niña, abre los ojos—Entonces me doy cuenta que es él.

—¿Edward? —Abro los ojos y lo miro frente a mí. Tomando mi rostro y limpiando mis lágrimas.

Lo único que puedo hacer es abrazarlo.

—Por un segundo pensé que…

—¿Qué? —Me interrumpe, separándome de él nuevamente.

—Nada—Evado e intento sonreír pero fallo—No es nada.

Todavía me ve con lástima. Aunque sé que está enfadado, esta vez ha sido mala idea escabullirse en mi habitación.

—Por supuesto que es algo. Y me lo vas a decir ahora mismo ¿Quién pensabas que era?

Vuelvo a llorar al recordarlo. Mis pesadillas, las pesadillas que tengo de vez en cuando. Las que me recuerdan lo dura e injusta que fue la vida conmigo. Esas pesadillas. Y me temo que Edward está llegando demasiado en el fondo mi interior para descubrirlas. No me dejará en paz hasta que se lo diga. No es normal reaccionar así.

—Cuando vivía con mi padre—Explico—Las hijas de mi madrastra eran crueles. Bastante crueles. Al punto de meter chicos en mi habitación y dejar que ellos…

Su mandíbula se tensa al escucharme. Toco su rostro para calmarlo.

—Nunca me hicieron daño. No físico, pero siempre he tenido miedo de ello. Despertaba en medio de la noche y un chico dormía a mi lado u otro intentaba besarme.

—¿Pero qué estás diciendo, joder? No entiendo cómo…

Pongo mi dedo en sus labios.

—Éramos unas niñas. Y cabe aclarar que nunca fui de su agrado, por lo tanto buscaban la manera de cómo asustarme o hacerme sentir miserable todo el tiempo.

Besa mi frente. Mis labios y se acuesta a mi lado.

—Arrancaría la cabeza de tus hermanas ahora mismo si supiera quienes son. También mataría a quien te ponga una mano encima que no sea yo o tu abuelo. Ni siquiera Phil puede hacerlo.

Me rio por lo exagerado que es.

—Phil es como mi padre. Además le caes bien.

Se remueve un poco al lado mío.

—Tu cama es demasiado pequeña e incómoda.

—Ya lo sé. Pero no tengo un trabajo como el tuyo para poder tener una cama de cinco mil dólares—Me burlo.

—La mía costó cincuenta mil libras—Yo bufo al escuchar esa cifra.

No es solamente una cama lo que nos hace diferentes. Hay muchas cosas más. Lo que me recuerda a una cosa.

—¿Qué haces aquí, Edward? Pensé que estabas en Inglaterra.

—Tenía que regresar lo antes posible—Gira su cabeza para verme—Rosalie me ha dicho lo que hiciste la última noche en la que hablamos.

Ahora me siento una estúpida por mi rabieta.

—Tengo que ir a trabajar, Edward—Cuando me quiero levantar de la cama él me toma de la mano e impide mi huida. Vuelvo a caer de espalda y ahora él está sobre mí.

De nuevo busca mis pechos, esta vez no hay nada que se interponga en su camino. Rápidamente siento su aliento en mis pezones, los cuales se han puesto duros y ahora duelen.

—Edward…

Pasa su lengua sobre ellos y vuelve a verme a la cara.

—Estaba con una mujer. Con una que trabaja para mí—Su explicación es vaga, sé que Leah trabaja para él. Así como yo y mira cómo estamos. Él en mi cama, sobre mí con mis pezones en su boca.

—No me interesa—Rechazo su explicación—No me interesa en absoluto. Tampoco lo que dijo sobre un bebé.

Mierda.

Vuelve a levantar su ceja.

—Sí, tienes razón.

No sé por qué pensé que lo negaría.

—¿Es tu bebé?

Lo piensa por un momento. Deja de ver mis pechos y se lame los labios.

—Se podría decir que sí.

No me gusta nada de lo que estoy sintiendo. Me dan ganas de echarme a llorar, pero luego de golpearlo y echarlo de mi casa.

—Ya.

Levanto mi cuerpo con todas mis fuerzas y capta mi enfado. Dejándome libre. Me voy hacia mi baño y cierro la puerta con cerrojo. No es que sirviera de mucho. Podría romper la puerta con solo soplar en ella. Me veo al espejo y no me reconozco. Tengo ojeras sobre ojeras y todas llevan el nombre de Edward bajo mis ojos.

Me meto a la regadera y lavo mi cabello, mi cuerpo y mi cara. Me tardo todo lo que quiera aunque sé que llegaré tarde a trabajar. No me importa. Cuando salga de aquí sé que él no estará en mi habitación.

Minutos después me encuentro con que Edward sigue aquí, en mi cama sentado a la orilla de ella y viendo mi cuaderno de bocetos.

—No puedes ver eso.

Se da cuenta de mi presencia, aun así sigue hojeando los bocetos y casi parece que también admirándolos. Me da vergüenza que los vea, así que me acerco a él y se lo arrebato. Me dirige una mirada desaprobando mi reacción, pero no dice nada.

—Son buenos, no deberías de enfadarte.

—No me enfado. Me avergüenza que los mire otra persona. Nadie los ha visto, ni siquiera Rosalie.

No me importa dejar caer mi toalla y vestirme frente a él. Voy a mi closet que seguro lo intimida también de lo pequeño que es comparado al suyo y saco unos vaqueros color blanco. Una blusa sin mangas color azul y la combino con una chaqueta deportiva del mismo color. Lo que haré sé que le gustará, por lo que no me avergüenza hacerlo. Saco un par de las zapatillas que me regaló y me las pongo. Regreso al baño y pongo un poco de maquillaje que acostumbro a usar y cepillo mi cabello con un poco de crema. Cuando se seque quedará perfecto.

—Creo que voy a perderme en ti, Bella Swan—La voz de Edward me hace sonreír, pero me contengo.

—¿Qué dijiste?

—Lo que has escuchado—Me dice—Desde aquí puedo ver cómo te sonrojas. Te sonrojas mucho últimamente. Me gusta eso.

No sé a lo que se refiere perderse en mí. Pensé que estaría desilusionado por verme ser yo.

Cuando salgo del baño, me mira de pies a cabeza y su mirada me dice que aprueba mi atuendo. ¿Cómo no podría? A veces pienso que el abuelo Gus se viste mejor que yo.

—¿Hay algún problema? —Le pregunto porque no deja de verme.

—Eres la primera mujer que no se queja de no saber qué ponerse. Tampoco pelea con su cabello para que luzca bien ni se mata con tanto maquillaje.

Me encojo de hombros. No sé si es un cumplido o es controlar cada uno de mis movimientos.

—Eres perfecta, Bella. Podría follarte ahora mismo, usando solamente esas zapatillas. Pensé que lo había visto todo, y luego llegaste tú.

—Luces decepcionado—Me apoyo en el marco de mi puerta del baño—Pero es lo que soy. Esta soy yo todos los días. Con la excepción de que hoy llevo zapatillas nuevas, gracias a ti.

—Recuérdame comprarte más.

—Eso ni lo sueñes.

Me muerdo la uña del pulgar, un hábito nuevo. Asqueroso e incómodo. Edward me sorprende quitando mi mano de mi boca. Sus ojos se clavan en los míos. ¿Por qué no puedo seguir molesta? No tengo razones para decirle o reclamarle algo. Tampoco preguntar de nuevo si era cierto lo del bebé. Nada de eso es mi deber saber.

—¿Por qué tomaste? —Al momento en que me lanza la pregunta le quito la mirada, pero él toma mi rostro suavemente y hace que lo mire—Si tengo que repetirme mil veces esa pregunta hasta que me respondas, lo haré, Ella. Necesito saberlo. ¿Por qué tomaste?

Verlo a los ojos no ayuda. Sabía que le molestaría que lo hiciera y por esa misma razón lo hice. Una muy estúpida de mi parte cuando sé que él lógicamente tiene un problema con la bebida.

—No voy a responder esa pregunta, Edward. Debo ir a trabajar.

Está a punto de darle algo. Se contiene demasiado y no agradezco el esfuerzo. Ya debe de aceptarlo y dejarme ir, no llegaremos a ningún lado y estoy cansada de este juego de ir y venir.

—Deja de huir, Bella.

—¡Es trabajo! —Le grito eufórica—¡No estoy huyendo, Edward! No puedes irte a Inglaterra un día, desaparecer y regresar sin darme una explicación sobre lo que sabes que escuché esa noche. No puedes meterte en mi cama cuando quieras y no permitiré que juegues con mi mente.

Permanece inmóvil. Ni siquiera que le grite hace que reaccione. ¿Qué demonios sucede con este hombre? Me dará un infarto y ni siquiera tengo treinta aún.

—Con que es así como te sientes. Qué bueno que nos estamos entendiendo, aunque te voy a ordenar que te contengas un poco, tus padres podrían escucharte.

Mierda. Mi familia está abajo. Es un milagro que no estén tocando a mi puerta esperando que baje. Pero tan cierto como el infierno que Edward tiene algo que ver con eso. No me sorprendería, saldré de su presencia ahora mismo y no me importa si tengo que correr de él, de nuevo.

—Me tengo que ir.

Esta vez no me detiene. Bajo las escaleras rápidamente sin encontrarme con mi madre o Phil. Alcanzo a ver al abuelo durmiendo frente al televisor y salgo por la puerta. Para encontrarme con Felix esperando fuera de la camioneta.

—Señorita Swan—Me saluda.

—Hola, Felix. Edward está ahí dentro, creo que tardará más—Miento—Me tengo que ir.

—Señorita no puedo dejar que se vaya, el señor…

—Ni señor ni nada—Camino lejos—Ésta soy yo, yéndome.

Me gusta caminar hasta el trabajo. Menos mal que me deshice el Edward—más o menos—me puedo imaginar la cara que pondrá mi madre cuando me busque en mi habitación y en mi lugar esté Edward. No sé cómo se sale con la suya y cada día me sorprende menos. Da igual lo que haga en mi habitación, se siente bien estar lejos de él.

Más o menos.

No quiero pensar en él. No quiero pensar en nada porque lo único que tengo en mi cabeza en estos momentos es que Leah no se entere de que Edward y yo tuvimos cerca de "algo" que se convirtió en nada.

Sé que no voy tan lejos como para que la camioneta de Edward no me alcance. Me detengo cerca de la acera de la calle cuando la camioneta también lo hace y Edward baja de ella.

—Entra—Abre la puerta para mí—O yo mismo te meteré ahí.

—Vaya, qué caballeroso. No me sorprende viniendo de ti.

—Mi paciencia tiene un límite, Ella. En tu casa te escuché suficiente, no me hagas perder el control aquí en la calle.

—Tus amenazas me tienen sin cuidado, Edward.

Giro sobre mi propio eje y camino lejos de él. Solamente puedo sentir una oleada y yo siendo levantada en el aire como si fuese una frágil hoja de papel volando. Pero la cosa es que no vuelo, estoy siendo cargada por Edward y me lleva directamente a su camioneta.

—¡Edward!

Felix abre la puerta y soy arrojada dentro del asiento. La puerta se cierra y Edward entra por el otro lado. Es inútil cuando quiero salir de nuevo, las puertas están cerradas con seguro especial.

Tiene razón. Soy una niña.

Lo extermino con la mirada, mientras él alisa su perfecto traje negro. Nos tenemos una riña de miradas, pero no seré quien hable primero.

—Bella. —Me llama pero no lo veo a la cara esta vez. Veo por la ventana, no sé adónde se dirige la camioneta. Edward no sabe que en el día trabajo en su compañía. Pensar en ello me enfada, me duele y lo siguiente.

—Bella, mírame a la puta cara cuando te hablo.

Lo veo, pero lo hago como no le gusta que lo mire.

—Tú y yo somos todo. ¿Has entendido? Porque si no lo has hecho, haré que a punta de polvos lo entiendas.

Trago una bola de aire en mi garganta.

—Fui a Inglaterra porque mi familia me necesitaba—Explica—Soy un hijo de puta, pero llamar "Perra" a una mujer no es parte de mi personalidad, aunque si lo dices, te creo y tus razones tendrás, aunque sé que algún día me dirás por qué—No quito la mirada de la suya y continúa—: Te colgué porque mi sobrina me necesitaba. Te dije que es mía porque mi hermana no puede ser madre y padre al mismo tiempo.

¿Tiene una hermana? Rosalie lo dijo.

«Por supuesto que la tiene, ha dicho una familia»

Su explicación ahora me hace sentir como una idiota. Pero no entiendo qué tiene que ver Leah con todo esto.

—¿Qué tiene que ver Leah con tu familia?

—¿Cómo sabes quién era? —Y antes de que responda mi error—Claro, Rosalie te lo dijo. Leah, su primo es el idiota que embarazó a mi hermana.

Mierda. Ahora tiene sentido.

—Supongo que se siente un poco mal por ello y por eso quiso acompañarme. Pero es claro que entre ella y yo no hay nada, ni siquiera un vínculo familiar.

—¿Entonces por qué fuiste con ella?

—Yo no fui con ella. Bella ya estaba ahí.

Mierda de nuevo. Más sentido para mí.

—Ahora, sobre Rosalie. Seguro ella te dijo que soy un hombre reservado. Protejo a Rosalie como también te protegeré a ti, incluso más. Mi amistad con ella no es algo que espero que apruebes o entiendas. Es tu mejor amiga también, la querrías para ti sola ahora que lo sabes.

¿Cómo lo sabe?

—Es mi mejor amiga. Es como mi hermana.

—El sentimiento es mutuo. Es algo raro, inesperado que tengamos eso en común además de llevarnos bien en la cama tú y yo. Pero lo superarás, Bella. No te la quitaré, como sabe ella también que tú eres mía.

Pongo los ojos blanco. Su falta de filtro acabará conmigo.

—¿Y ahora qué? —Lanzo la pregunta al aire, cuando ya sé la respuesta.

—¿Por qué tomaste? —Me recuerda.

Veo la punta de mis zapatillas nuevas, menos a su rostro. Busco un punto a través de la ventana. Algo con qué inventar algo mejor que la respuesta que estoy a punto de darle. Menos patética y más asertiva o con sentido.

Ninguna.

—Porque no quería pensar en ti. Pero incluso cuando tomo, te veo y escucho doble.

Espero una represalia, otro grito o que me baje de su camioneta ahora mismo. Pero en vez de ello, lo siento a mi lado, su aliento en mi cuello y su mano en uno de mis pechos mientras me susurra:

—Te dije que lo de nosotros sería más adictivo que cualquier cosa.

¿Cuándo dijo eso que no lo escuché? Porque en realidad, tiene sentido y aunque me cueste aceptarlo, tiene razón.

Tiene la maldita razón.

—Bien, ahora por favor, llévame al Le Dome. Necesito trabajar. No todos tenemos un trabajo como el tuyo ¿Recuerdas?

—Ese sarcasmo, mi dulce niña—Besa mi frente—también haré que lo dejes a punta de polvos.

Por mí está bien.


LEAH

EN ALGÚN LUGAR DE SEATTLE DESDE SU PORSCHE

Se le ve feliz.

Incluso parece que fuera otro. ¿De nuevo ella?

¿De verdad piensa que esta vez podrá ganar?

No lo hizo con Jacob.

No lo hará con Edward.

Bella no tiene una maldita idea de quién es él y me causará mucha gracia cuando lo sepa. Yo sí. Pero lo dejaré al final. Dejaré que se enamore. Dejaré que la bastarda Cenicienta sea feliz por un instante y luego lanzaré la bomba que tengo preparada para ella.

Y para él.

Vendrá corriendo hacia mí y me rogará. Me hará reír y disfrutaré de ver su sufrimiento, algo así como un platillo frío.

Lo tendré para mí aunque luego o deseche. Pero primero tengo que divertirme.

Isabella lo ha hecho tan fácil y se ha olvidado de que, la tengo vigilada. Siempre ha sido así. En las sombras que le obligué a vivir. Probablemente nunca le dejaré en paz.

Maldita zorra que no me quitará esta vez lo que es mío. Todo es cuestión de tiempo.

—¿En qué piensas tanto?

—No te importa, Emily.

—¿Hasta cuándo vamos a seguirlos?

Edward se despide de ella con un beso en la boca mientras están fuera de la pocilga donde vive Isabella. ¿Acaso no ve que no tienen nada en común?

Estuve tan cerca de hacerlo mío. Espero que el viaje a Inglaterra funcione. Y sino, para eso están los planes siguientes después del B. Rendirse no es parte de mi vocabulario, es parte del de Isabella y a ella le queda mejor.

—Leah, esto está acabando contigo. Deberías de parar. Me preocupa...

No le dejo terminar, me fastidia.

De nuevo la voz de mi hermana hace que mi sangre deje de correr en mi cuerpo. La palma de mi mano va directamente hacia su rostro. No es la primera vez que me doy el gusto de hacerlo y ella sigue sin aprender. Seguro le encanta que haga esto, no la entiendo, pero ya qué.

—Deja de meterte en mi vida, maldita hermana. O haré que sufras como ellos. No se te olvide que soy yo la que te da dinero para que puedas drogarte. Eres una estúpida adicta.

Emily no llora. Nunca lo hace y tampoco me golpea en respuesta. Solamente se limita a escuchar lo que tengo que decirle cuando me hace enfadar. Debería de ser un poco más comprensiva y buena, pero ella no da motivos para que yo trate de ayudarla. El que se quiere sanar lo hace por sí solo, Emily en cambio no lo hace, sigue siendo igual de dócil con tal de mantener su adicción a flote.

«Lo lamento, maldita hermana, ése es tu jodido problema.»

—Si mamá se entera que sigues usando esa mierda blanca en tu nariz va a correrte de casa. Y yo haré que te despidan de Cullen Publicity. —Sonrió con suficiencia y su rostro muestra horror.

—No, por favor, Leah. —Sus ruegos son una de sus acciones favoritas para mí.

Así me gusta.

—Entonces mete tu mierda en tu nariz o lo que sea que puedas hacer ahora mismo y déjame vigilar en paz.

Necesito verlos una vez más. Necesito saber lo qué hacen para que al momento de hacerlos caer sea aún más agradable ver sufrir a Isabella.

Tengo todo listo y solamente espero el momento adecuado.

Han estado juntos lo suficiente para que él se interese más por ella. Entre más lo haga, mejor será la reacción cuando se entere en realidad quién es ella.

No es la chica que sirve su café.

Es la chica que limpia los suelos de su oficina y también una asesina. Pero eso depende de mí.

Necesito conseguir las pruebas necesarias que la vinculen. En todo este tiempo no lo he logrado pero la he hecho creer que está en mis manos.

—Es una hija de perra.

Escucho a Emily inhalando por su nariz. Ese sonido familiar que me enfadaría en otra ocasión, pero ahora mismo apenas y es un susurro en el aire. Mi mantra es que es su problema y no el mío.

—¿Qué pasará si a Edward no le importa que ella limpie los suelos de la compañía? —Veo a Emily limpiar su nariz mientras hace la pregunta. ¿Debería de darle otra bofetada? Quizás no. No la merece.

—En realidad no cuento con que le moleste.

—¿Entonces?

Dejo de ver por la ventana de mi auto y fulmino con la mirada a la adicta de mi hermana.

—¿Qué crees que piense cuando se entere de que su niña dulce es una asesina? —Creo que la satisfacción en mi rostro habla por sí sola.

La cara de Emily es suficiente para darme cuenta que mi plan funciona a la perfección.

—¿En qué afectará a Edward?

—Es la mejor parte—Regreso la mirada hacia mi objetivo—No todos los días tu mundo da un giro de ciento ochenta grados. Lo verás cuando llegue el momento.


hola a todas que les parecio el capitulo de hoy, gracias por sus comentarios y por seguir esta historia y estar en sus alertas realmente muchas gracias.