Salvarte


9


—¿Me estás escuchando, Shoto?

—Sí...

—¿No tienes la mente en otra estúpida cuestión, verdad?

—No… —murmuró de forma automática, monótona.

Endeavor frunció más el entrecejo. Shoto suspiró, soportando con paciencia infinita las miradas inquisidoras y desdeñosas que su padre le dirigía una y otra vez desde que había cruzado la puerta de la oficina.

—¿Que has estado haciendo últimamente? —gruñó, apartando la atención del inmenso mural estratégico que se encontraba a sus espaldas. Estaba repleto de fotos, tanto de sospechosos como de sitios clave, también había planos escrachados con fibrón y con muchas flechas que se disponían de manera organizada ante un pizarrón.

—Nada —mintió, pero a juzgar por su expresión nadie se habría dado cuenta.

—¿Nada?

Él negó con la cabeza.

Mas no fue suficiente. No había que ser demasiado tonto...

—Pues no lo creo. No es la primera vez que te lo digo, pero me importa un diablo ser repetitivo: estás hecho un desastre —despotricó con indignación—. No sólo tu aspecto es deplorable, tu rendimiento baja cada vez más y más. Pensé que algo había cambiado en tí cuando te vi entrar con ese nuevo corte de cabello, pero no. ¡Ja! Qué ingenuo fui. Tus compañeros no dicen nada solo porque soy su jefe, quiero que lo sepas. No creas que no me doy cuenta que tu resistencia disminuye considerablemente día tras día. ¡Mírate nada más lo flaco que estás! Qué vergüenza… Podría acabar contigo con tan solo soplarte.

El gesto de su hijo se endureció y sus ojos lo miraban desafiante.

—Entonces inténtalo.

—No me provoques…—advirtió.

—Lo mismo digo —le respondió, mordaz, apartando la vista.

Su padre resopló.

—Me encantaría seguirte retando, pero tenemos trabajo que hacer. Así que mírame de una jodida vez, muchacho impertinente, y préstame atención.

Shoto frunció el ceño, pero respondió a las exigencias de su padre sin chistar. Mientras la mitad de su mente fingía estar presente y prestar atención de manera efectiva, su otra mitad no dejaba de hacerle preguntas a diestra y siniestra:

«¿Por qué sigues aquí?».

Porque era fácil.

«¿Realmente lo es?».

Quería creer que sí.

«¿Acaso sientes gratitud, te sientes complacido?».

Más bien se sentía humillado, denigrado, y constantemente juzgado.

«Vamos, ¿qué esperas? Vete de aquí».

Pero no podía hacerlo.

Simplemente no podía.

Tras finalizar, casi que ni se despidió de su padre y salió velozmente de la oficina dispuesto a dejar atrás aquella tediosa jornada de trabajo.

Y es que cada día le pesaba aun más. Los minutos se volvían horas, las horas días, y estos últimos eran la eternidad misma. Él trataba, realmente lo hacía, pero evadir sus inquietudes era un trabajo muy arduo de realizar, y limitarse a actuar en autómatico ya no le era tan sencillo como antes.

Shoto ya no podía negar lo evidente: desde aquella tarde todo se había vuelto especialmente complicado.

«Me parece... que es hora de que te retires», sus propias palabras se burlaron de él…, porque, claro, si no era él mismo quien se lo pedía ¿cómo demonios habría hecho para apartarla por motus propio?

El recuerdo de cómo se había salido de control respondiendo a aquel tímido beso lo hizo avergonzarse de sí mismo.

La respuesta lo azotó con ferocidad: no habría podido.

Se llevó una mano a la frente, apartándose el flequillo con cansancio. De nuevo Yaoyorozu acudía a su mente a pesar de haberse prometido no volver a evocarla en sus pensamientos.

Fichó con su tarjeta magnética y tras despedirse cordialmente del guardia de seguridad, salió de la flamante agencia de su padre.

Shoto caminó en dirección a su coche sintiendo los hombros pesados y el ánimo más deprimido. Desde aquella tarde que no dejaba de sentirse terriblemente mal consigo mismo. Había jugado sucio.

Se había aprovechado de la bondad innata de Yaoyorozu pidiéndole, de una manera bastante bochornosa, que se alejara de él. Lo había hecho porque estaba seguro de que ella accedería a cualquier orden que le hubiese dado.

«Me detesto», pensó para sí, cerrando la puerta del coche.

Condujo hacia su apartamento agotado, luchando contra la fuerza de sus párpados que amenazaban con cerrarse. Sus dificultades a la hora de dormir, desde aquel suceso, se habían vuelto más complicadas: podía pasar noches enteras sin pegar un ojo, al igual que podía caer rendido en su cama y no despertar luego de trece horas de abandono total. Su horario de sueño caótico no hacía más que dejarlo cada vez con menos energía. Su apetito se había vuelto un caos. Ya nohabía dosaje de cafeína que pudiera remediar el daño que estaba avanzando.

Se detuvo frente al semáforo y las luces de neón que provenían de un cartel llamaron su atención. Sus ojos se desviaron hacia una conocida pantalla que colgaba de un inmenso rascacielo. En ella se solía ver publicidades de las grandes marcas e incluso noticias recientes. Haciendo gala de esta última, el inmenso título rezaba: "Creati lo hizo de nuevo". Abrió los ojos con sorpresa, y frente a ellos pasaron imágenes de Yaoyorozu protegiendo a un grupo de ancianos del derrumbe de un asilo haciendo uso de su quirk. En tales escenas se la veía con un semblante tan poderoso y concentrado que la fiereza de su mirada habría intimidado a cualquiera. Luego, pusieron tomas posteriores al acontecimiento. Yaoyorozu se encontraba con su habitual coleta, un tanto despeinada, y con los ojos exhaustos. Estaba siendo entrevistada mientras era atendida por los paramédicos, regalando a la cámara una sonrisa que el cansancio de su expresión casi pasaba desapercibido.

Shoto no podía dejar de mirar la pantalla embelesado: ¿desde cuándo Yaoyorozu se había vuelto tan preciosa?

A sus ojos ya no existía la insegura adolescente que había sido alguna vez, frente a él se hallaba una profesional que no dudaba de su trabajo. La que sonreía con aquellos dientes perfectos ya no era una niña con la que había compartido asiento en UA años atrás.

Era una mujer, y una muy grandiosa.

«Y qué tan pequeño me he vuelto yo», pensó con amargura.

Todoroki la vio sonreír con los ojos oscuros rebosantes de felicidad, aquella que uno siente cuando sale victorioso de una complicada y agotante misión, y bajó la vista, incapaz de seguir viéndola. Sintió un extraño cosquilleo en su estómago que lo hizo poner nervioso.

«¿Hice bien?», se preguntó, sin poder evitarlo, mientras se veía a sí mismo en el espejo retrovisor.

El vacío de sus ojos bicolor, la palidez de su piel y sus ojeras violáceas le respondieron al mismo tiempo:

«Sí».

Y entonces se dio cuenta de que la respuesta ya no importaba: ahora se encontraba él solo frente a frente con la oscuridad.

Y no había manera de evadirla.


Posó para él una y otra vez, haciendo poses estrafalarias, y algunas un tanto sugerentes. Pues sabía que su juez era muy vulnerable a su silueta y ella se sentía sensual al seducirlo.

—¿Y? ¿Qué tal?

Midoriya tragó saliva y apartó la vista sofocado, gesto que no pasó desapercibido por la muchacha.

—¿Te gusta? —preguntó Uraraka, acercándose a él contorneando sus caderas.

—¿Q-Qué cosa?

—Lo que ves —susurró, acercándose a su oído.

En las mejillas del joven se produjo una explosión color carmesí.

—P-Por favor, estamos en público —imploró, apartándola con suavidad con ambas manos.

Ochako se rió y se echó hacia atrás.

—¡Pero si no hay nadie aquí! —exclamó, divertida. Al ver su gesto suplicante, desistió—. Está bien, está bien… —se volvió a posicionar frente al espejo del probador, mirando su reflejo no del todo convencida—. Son lindos, ¿sabes? Pero no me llaman la atención. No lo sé, no me producen nada.

Deku suspiró, agotado.

—Ah, comprar un vestido de novia es demasiado complicado… Creo que todo esto es por mi culpa —Ochako alzó las cejas—. Si no estuviera aquí a lo mejor todo sería más sencillo y habrías encontrado tu vestido.

—¿De nuevo con eso? —sonrió cansinamente—. Que el novio no esté presente para no dar mala suerte es simplemente una superstición. No creo en esas cosas, y si hay alguien indicado para ayudarme a elegir, ese alguien eres tú.

Midoriya le sonrió.

—Entonces seguiremos buscando —aseguró, con los ánimos renovados—. No nos apura nadie.

—Sí, tienes razón —coincidió—. Pero ya me cansé por hoy, busquemos otro día. Volvamos, ¿sí?

—Sí, volvamos.

Ochako se dirigió al cambiador y comenzó a quitarse, no sin cierta dificultad, el vestido de novia que la había decepcionado. Se vistió y se colocó su sobretodo. Sus ojos se desviaron hacia la etiqueta, cuya firma llamó su atención: "Creati".

—Yaomomo —susurró, sonriendo de repente. Le había hecho recordar cuánto se había alegrado de verla aquella tarde en las noticias.

—¿Me llamabas? —oyó la voz de su novio.

—¡No! —negó avergonzada, saliendo del vestidor—. Vamos.

Mientras salían del centro comercial, Deku observaba a Uraraka con atención.

—De pronto estás muy sonriente. ¡No me molesta, para nada! —se apresuró a decir algo nervioso—. Pero siento curiosidad. ¿En qué piensas?

—En Yaomomo —respondió con simpleza.

—¿En Yaoyorozu? —se extrañó—. ¡Oh! ¿¡La has visto en las noticias hoy!? ¡Estuvo increíble!
—¿A que sí? —se emocionó a su par. Pero pronto se desanimó—. Hace unas cuántas semanas la he visto, ¿recuerdas? Tomamos un café. Le dije que la llamaría pero eso nunca pasó.

—Y ahora te sientes culpable —adivinó.

—Sí… —musitó—. Pero no porque lo sienta como una obligación, para nada. Me siento culpable porque realmente quería volver a verla y no lo hice.

Deku se encogió de hombros.

—Entonces me alegro que ese sea tu problema —Ochako lo miró sin comprender—. Porque eso quiere decir que se puede solucionar con un simple mensaje.

La joven dudó.

—¿No se ofenderá? Pasó bastante tiempo…

—No lo creo, todos estamos ocupados hoy en día. ¿Tú te enojarías si la situación fuera al revés?

—Para nada.

—¿Lo ves? Solo mándale un mensaje, anda, y cambia esa cara…


—Buenos días, chica de las noticias —saludó jovialmente Itsuka abriendo la puerta de la oficina justo antes de que ella tocara la puerta. Su sonrisa se desvaneció al ver la descompostura de su rostro. Se apartó de inmediato—: Oh, por All Might, pasa.

Yaoyorozu apenas le dirigió una mirada. Pasó por su lado prácticamente a las corridas y se encerró en el baño.

La pelirroja aguardó unos instantes mientras escuchaba, no sin cierta pena, las arcadas de su amiga detrás de la puerta.

Se acercó tímidamente:

—¿Estás bien?

—Oh, sí, estupendamente... —ironizó, con la voz exhausta.

Itsuka se echó a reír.

—¡Anda, tonta! Ya sabes que es protocolar. Sé que te sientes como los mil demonios, pero una siempre debe preguntar cómo está la otra persona.

—Y te lo agradezco, de veras —respondió, abriendo la llave del lavamanos. Itsuka podía escuchar cómo, de pronto, se cepillaba los dientes—. ¿Judsto ahoda tdengo e der la dica de lad notidias?

—Todavía no hablo el lenguaje del cepillo de dientes en la boca.

Momo contuvo la risa y se enjuagó. Abrió la puerta, con el rostro humedecido por el agua.

—¿Justo ahora tengo que ser la chica de las noticias? —se mordió el labio inferior con preocupación—. ¿Justo ahora? En serio, Itsuka. Lo mío es mala suerte.

Su mejor amiga se encogió de hombros.

—Los reporteros son criaturas extrañas, ni me lo digas. Puedes mandarte la hazaña heroica de tu vida pero ellos centrarán su atención en alguien que salvó el tránsito en hora pico —murmuró, no sin cierta amargura—. Te ha tocado a tí, simplemente. Eso no quita que haya sido un trabajo estupendo.

—He hecho cosas mejores…

—Pero te veías genial, Momo, y ya está. No le des mucha vuelta…

—Es que si tan solo hubiera recibido esta misma atención un par de meses atrás… —Cuando su confianza se encontraba en el pico de su esplendor y no se había arrojado al vertiginoso océano llamado Shoto Todoroki—. ¡No me esperaba a los reporteros aquí! Tuve que entrar por la puerta de emergencia.

—Solo serán unos días y luego se les pasará —la tranquilizó—. Todas las agencias pasan por esto, por suerte, esta está muy bien equipada y hay muchas salidas secretas.

—Lo sé, no es para tanto. Pero es que no es fácil lidiar con la prensa y mostrar tu mejor cara solo porque es eso lo que buscan de tí. Y estos días, definitivamente, no estoy para algo así.

Itsuka continuaba restándole importancia mientras cargaba agua a la pava eléctrica.

—Solo sonríe un poco y ya está, con lo hermosa que eres la tienes bastante sencilla...

Momo puso los ojos en blanco.

—Qué exagerada eres, tú solo me ves así porque eres mi amiga. Aunque te concedo la razón en que en el momento no es tan terrible. Apenas los vi, me estresé y comencé a marearme. Me parece que exagero todo porque estoy un poco nerviosa…

Itsuka agrandó los ojos.

—¿Tú? ¿Nerviosa? ¡No…! ¿Te parece? —dijo, sarcástica.

Momo se echó a reír superada por la situación. Se sentó junto a la mesa de siempre.

—Qué mala eres. Agradece que después de todo pueda reírme.

—Sí, gracias —dijo ella, mirándola seriamente—. Quiero seguir viéndote así, riendo y sonriendo como siempre.

Momo se tomó la barbilla con gesto ausente. Habían pasado poco más de dos semanas desde su no muy agradable visita a la agencia Todoroki.

«—Itsuka —balbuceó con la voz quebrada cuando su mejor amiga se dignó a atenderla».

«—¡Ah, lo siento Momo! Estábamos aquí en mi casa con Lala… Ya sabes, si tengo que fingir descompostura gastrointestinal prefiero hacerlo en compañía —La pelirroja no paraba de hablar, y Yaoyorozu tenía que hacer un enorme esfuerzo para no romperse en ese instante—. ¡Saluda a Momo, Lala! ¡Ahí está! ¿La escuchaste? ¡Oh! ¡No me digas! ¡Fuiste a la agencia del chico mitad héroe mitad guapo! ¿Cómo ha ido todo?».

«—¿Puedes venir a dormir a casa hoy? —pidió, esta vez sin poder disimular su llanto—. No me siento muy bien que digamos y no quiero pasar la noche sola…».

«—Ay, Momo… Claro que sí, mi amor».

Momo parpadeó y observó a su amiga con detenimiento. Sintió un enorme cariño al verla. De no ser por ella no quería ni detenerse a pensar en qué estado se encontraría en ese momento. Su amiga la consoló, pasó varios días en su casa y la distrajo lo más que pudo de lo que había sucedido. Itsuka intentó, con una infinita paciencia, hacerla reír y sacarla de su zona de confort que era tanto el trabajo como su casa. Con el correr de los días logró su cometido. Sin embargo, cuando no estaba con ella, una poderosa angustia la invadía. Los mareos y descomposturas se hicieron más frecuentes.

«—Es que yo… no entiendo q-qué fue lo que pasó. Pensé que él comenzaba a… —y no podía continuar, pues el ataque de llanto se lo impedía. Hundió el rostro en el pecho de su mejor amiga, quien la abrazaba con más fuerza».

«—No tienes nada de qué avergonzarte».

«—¡Es que no te puedes imaginar lo tonta que me siento!».

«—No eres ninguna tonta, tonta».

Y pese a todo el esfuerzo, sus sentimientos hacia él no habían cambiado en lo más mínimo. Evitaba pronunciar su nombre en voz alta, pero en su mente lo nombraba todo el tiempo. Incluso revisaba con frecuencia su celular, con la triste esperanza de recibir un mensaje suyo.

De pronto, su teléfono vibró.

Con el corazón acelerado lo tomó y se sintió algo decepcionada cuando reparó que no se trataba de él. Pero también se llevó una gran sorpresa cuando vio que era nada más y nada menos que Ochako.

¡Yaomomo!

Por favor perdóname por no haberte escrito antes como te prometí.

¡Lo siento, lo siento, lo siento!

Quiero verte, solo si tu quieres, claro.

¡Lo siento de nuevo!

Yaoyorozu soltó una pequeña sonrisa.

¿Por qué te disculpas tanto?

Tampoco he tenido tiempo para escribirte.

¡Y por supuesto que también quiero verte!

A los pocos minutos, su mensaje tuvo una respuesta:

Ah… Es solo que me siento culpable.

Déjame, es cosa mía.

¿Por qué no te vienes el sábado a la noche a nuestro nuevo apartamento?

Eso sí: ¡no tenemos muchos muebles aun!

Ella dudó, pensando que ya su semana estaba demasiado abarrotada de ocupaciones como para sobrecargarla más, pero luego llegó a la conclusión de que lo que necesitaba en esos momentos era una agenda ocupada.

—Iré a la casa de Midoriya-san y Ochako-san este sábado —anunció con una débil sonrisa.

Itsuka puso los brazos en jarras.

—¿Conmigo te resistes tanto para salir y con ellos aceptas a la primera? ¡Ah, no!
Yaoyorozu se ruborizó.

—¡A… A tí te veo todos los santos días! —se excusó—. Aparte siento curiosidad. No pensé que vivían juntos —dijo, apartando la vista con las mejillas encendidas.

La pelirroja la miró con los ojos entrecerrados y finalmente desistió.

—No te hago más escándalo solo porque pareces animada y yo ya tenía planes —sacó la lengua y contuvo la risa ante la mirada indignada de su amiga—. Y volviendo al tema de la parejita… Es lo normal, ¿no? Ambos son adultos y tienen un buen sueldo, sobretodo él…

—Pero están juntos hace tan solo un año… —comentó, sin ocultar su sorpresa.

—Sí, de manera oficial —remarcó su amiga—. Pero, vamos, esos dos están juntos desde que se vieron por primera vez.

Yaoyorozu rio, dándole la razón.


Todoroki se sintió abrumado cuando llegó de su misión. Como si su día laboral no hubiera sido lo suficientemente agotador, su padre lo había llamado mientras lo atendían los para médicos para exigirle que regresara de inmediato a la agencia.

Y eso era lo que precisamente estaba haciendo.

«—¿Cuándo será el bendito momento en el que contrates a alguien para esto? —masculló, molesto, mientras caminaba hacia su coche—. Te he dicho cientos de veces que detesto la burocracia de la agencia».

«—Y yo te he repetido cientos de veces que no confío en nadie más que en tí para hacer esta tarea».

Shoto se retorció de las ganas de advertirle que más le valiera buscarse a alguien para hacer ese trabajo porque aquella sería su última vez, sin embargo, no juntó el coraje necesario para hacerlo. Años atrás, en sus épocas de adolescente rebelde, le habría gritado cualquier barbaridad. Pero por algún motivo, con el correr del tiempo, se había ablandado con él cediendo ante sus caprichos y obedeciendo cualquier orden ridícula que le dijera. En un principio, lo había hecho para poder aprender de quien era el héroe número dos. Con los años, sus enseñanzas dejaron de serle de gran utilidad dado que él ya había alcanzado el nivel de héroe que tanto había deseado. Se preguntaba por qué, a pesar de prescindir de sus sabidurías y sentir que cada día se hundía más y más a su lado, seguía apegado a su falda.

«¿No lo ves? Porque tienes miedo», le susurró sin escrúpulos aquella odiosa voz.

—No es así —musitó, con los ojos ensombrecidos. Sus nudillos palidecieron ante la fuerza con la que tomaba el volante.

«Claro que sí, cobarde».

—No lo soy —contestó, de pronto más irritado. Sintió una gota de sudor rodar por su espalda.

«Cobarde, cobarde...», canturreaba.

—Cállate...

«Sí, sí lo eres. Y no importa cuánto lo niegues, solo tienes que verte a tí mismo para darme la razón».

—Basta —masculló, sin poder evitar mirarse a sí mismo por un instante en el espejo retrovisor. Apartó la vista, asqueado.

«Y lo peor es que eres consciente de que cada vez te hundes más y más, y no eres capaz de hacer nada para remediarlo», se burló, malévolo.

Todoroki encendió la radio y subió el volumen al máximo con el fin de no oír más. Sin embargo, no bastaba con que sus oídos dolieran, aún podía escuchar su propia voz.

Risas, risas, y más risas.

«Cobarde, cobarde...».

Su voz se burlaba. Se reía en irritantes carcajadas, en un sonido que le erizaba los vellos de la nuca.

Apagó la radio, derrotado.

«Me rechazas porque tengo razón. Porque los cobardes como tú, en esta vida, no valen nada».

—¡CÁLLATE DE UNA VEZ! —soltó un grito desquiciado, temblando de pies a cabeza, hundiendo su rostro en el volante una vez que estacionó.

—¿Todoroki-kun? —Sintió unos golpes contra su ventana. Shoto alzó la cabeza lentamente, con los ojos desorbitados. Midoriya se encontraba del otro lado del vidrio contemplándolo con preocupación.

—¿Midoriya...?

Su amigo del secundario le sonrió con amabilidad y le enseñó la carpeta que portaba en su mano libre.

—Hoy me ha tocado a mí traer los informes —comentó, como si fuera un hecho curioso y divertido. Y tras el silencio de él, inquirió—: Oye, ¿te sientes bien? Tienes muy mala cara.

—Es la única que tengo —musitó él tras soltar un hondo suspiro, sin pretensiones de sonar afilado pero sin poder evitarlo.

Midoriya rio algo nervioso.

—Lo sé, sí. Pero te encuentras más pálido de lo normal y estás prácticamente empapado en sudor. Vamos, sal del coche.

Todoroki salió del vehículo sintiéndose por completo al merced de la voz de su amigo. Si hubiera tenido que describirlo con palabras, habría dicho que escucharlo a él, había sido como encontrar aquel pequeño haz de luz al final del túnel. Y tras apoyarse unos cuantos segundos contra su auto, se sintió mucho mejor. La energía cálida de Deku y la brisa de aire frío ayudaron mucho.
Respiró hondo y se apartó el flequillo con una mano, sin ignorar el hecho de que este se encontraba mojado por su propia transpiración.

—Pues aunque no lo creas, es a mí a quien le ha tocado recibir los informes hoy —murmuró, luego de haberse tomado unos cuantos segundos para recomponerse.

Midoriya rio.

—¿De qué se trata todo esto? ¿Acaso esto era ser un héroe? —ladeó la cabeza con una sonrisa desganada—. Nos han vendido gato por liebre, Todoroki-kun.

—Ni me lo digas… Ni siquiera quiero entrar ahí —señaló con la cabeza la entrada de su agencia de la cual salía y entraba un mar de gente.

—Podemos aguardar unos minutos aquí —sugirió, amable.

Él asintió, satisfecho.

Tras unos minutos en silencio, Midoriya carraspeó:

—Con… Ochako —dudó, todavía no se le daba bien pronunciar su nombre— nos hemos mudado a un apartamento.

Todoroki agrandó los ojos con sorpresa.

—Eso es algo grandioso.

—Lo es ¿verdad? —sonrió, algo menos tímido y mucho más emocionado—. Nos preguntabamos si este sábado podrías pasar a visitarnos un rato por la noche. Aún no lo hemos estrenado con nadie más.

—Me siento halagado. ¿Lo estoy imaginando?

—No, no lo estás. Es la idea —se echó a reír. Y de pronto más serio, acotó—: Solo si tu quieres, no te sientas obligado.

Todoroki lo meditó durante unos segundos.

—Estoy agotado —admitió frente al gesto decepcionado de su amigo—. Pero aun así quiero ir.

La sonrisa de Midoriya se extendió de oreja a oreja.


Yaoyorozu se sintió un tanto ansiosa cuando arribó al distrito 7. Tomó su cartera de mano con nerviosismo, de ese que uno siente antes de subirse a una montaña rusa, y tocó el portero eléctrico.

—Muchas gracias por invitarme —dijo con algo de timidez cuando ambos le abrieron la puerta. Sonrió brevemente enseñando una bolsa—. He traído bebidas.

—¡Ah, Momo, pero nosotros apenas bebemos y esto es suficiente para embriagar a una manada de elefantes! —Los ojos de Ochako se desorbitaron ante la variedad de etiquetas.

Yaoyorozu se ruborizó.

—¡Ay! ¿Es mucho, verdad? Es que temía quedar mal si traía poco —balbuceó—. Además, de esta manera, ayudo a la economía.

Midoriya se echó a reír ante el nerviosismo de su ex compañera.

—Vamos, podemos tomar un poco.

Ambos la recibieron en el comedor de su apartamento. Junto al balcón, se hallaba una mesa ratona entre medio de dos sillones enfrentados. La pareja se sentó frente a ella.

—Espero que no te moleste, Yaoyorozu-san, pero los sábados no cocino —se excusó Midoriya señalando unas cuantas cajas que se extendían sobre la mesa.

—Pues entonces te gano, porque yo no cocino nunca —bromeó, y sus ojos se emocionaron cuando vio el contenido de las cajas—. ¡Adoro esa tienda de Sushi! Es de mis favoritas.

—Veo que pides mucho delivery —notó Ochako con las cejas en alto.

—Sí, ya sabes, la economía del país siempre va primero —repuso de pronto muy seria.

La chica de la gravedad rio.

—Pienso lo mismo. ¡Deberían pagarnos más, a nosotros, los héroes! Aparte de salvarles el pellejo a todos, no cocinamos jamás para poder ayudar a nuestra economía.

—Es penoso, ¿verdad? ¡Nadie nunca nos reconoce lo suficiente!

—Y vaya sacrificio que hacemos.

—Ni hablar.

Deku se echó a reír.

Yaoyorozu se acomodó en el sillón y cuando estuvo frente a frente con la comida, su estómago rugió.

—Ay, mi vida, tienes hambre —se enterneció Ochako soltando una risita.

—Lo siento —se disculpó—. No he comido mucho hoy…

—¿Puedes aguantar un rato más? —pidió Midoriya con una sonrisa algo culpable—. No sé si te lo ha dicho Ochako, pero esperamos también a un amigo hoy.

Momo no pudo ocultar su sorpresa. La castaña pareció notar su reacción por lo que se le adelantó:

—Lo siento, se me ha pasado y no te he consultado. ¿Te molesta que alguien más venga?

—¡No, no! Por favor, ¿cómo podría molestarme? Además es su casa... ¡Pero díganle que se apure! —exclamó, bromeando, pero en el fondo hablando muy en serio. Desde hacía horas que no probaba bocado y estaba por comenzar a alucinar.

El invitado, para fortuna de Momo, no tardó en llegar. Midoriya fue quien lo recibió y ambas chicas se quedaron conversando en el comedor, poniéndose al día de los eventos más recientes en la vida de la otra. A los lejos, se escucharon los pasos de los hombres.

—Vamos, entra, Todoroki-kun —El corazón de Momo dejó de latir, o por lo menos eso fue lo que sintió.

Cuando Todoroki puso un pie en la sala, el cuerpo entero de Yaoyorozu se congeló. El pánico cruzó por sus ojos y él pudo notarlo. Por su parte, el joven bicolor se tensó en el mismo instante en el que la vio. Yaoyorozu volvió la vista hacia Ochako velozmente, aguardando silenciosamente por una explicación mientras sentía que la sangre se le acumulaba en los pies.

—¡Tarán! —exclamó Uraraka, echándose a reír con algo de picardía—. ¡Queríamos darles una sorpresa! Me imagino que desde nuestra reunión que no se debieron ver, ¿verdad?

Momo se limitó a asentir, fingiendo una sonrisa mientras se le hacía un nudo en la garganta. Sintió cómo Todoroki se sentaba a su lado en el sillón, y de manera inconsciente ella se alejó contra la otra punta.

«Me parece… que es hora de que te retires», resonaba en su mente, una y otra vez.

—Hola —la saludó él. Su voz ronca sonó igual de apática que siempre, como si en verdad no se hubieran visto desde la reunión de Ochako y Midoriya.

—H-Hola…—le dirigió una fugaz sonrisa para mantener la fachada y desvío la vista para evitar verlo.

—Creímos que sería una linda idea que volvieran a verse —explicó Midoriya encogiéndose de hombros. Se sentó relajado al lado de su novia—. Ustedes siempre fueron muy unidos durante el secundario.

—Sí, siempre es muy agradable poder volver a verlo —balbuceó Yaoyorozu esbozando una sonrisa.

Los anfitriones se miraron extrañados entre sí. De alguna manera, el ambiente era un tanto diferente a lo que se habían imaginado.

—¡Vamos! Coman, beban... ¡Empiecen! —invitó Midoriya con algo de impaciencia.

—Ah, sí…

—¡Oh, cierto!

Ambos reaccionaron a la vez, tomando la misma copa. Yaoyorozu se sobresaltó ante el contacto y retiró la mano velozmente.

—Lo siento —se apresuró por decir.

—No es nada —contestó él.

Momo bebió lo que ella misma compró. El hambre voraz con el que había llegado, de alguna manera, había desaparecido.

«Él ya no quiere verme… Seguro debe pensar que lo hice apropósito. A este ritmo, terminará odiándome», no dejaba de pensar, mientras el contenido de la copa iba descendiendo a gran velocidad a través de su garganta.

—¡Yaomomo! ¿Por qué no comes? —preguntó Ochako algo preocupada, regresándola a la realidad—. ¿No te gusta?

—No, sí. Claro que me gusta. Es que no tengo tanta hambre —admitió, tomando una pieza de sushi con los palitos y dándole un pequeño mordisco. Lo masticó lentamente.

—Qué extraño, antes te rugía el estómago —notó Deku contrariado.

Yaoyorozu se encogió de hombros, algo avergonzada de que todos estuvieran observándola, en especial aquel que tenía al lado.

—Ya me volverá, supongo.

El resto de la velada transcurrió de manera tortuosa. Yaoyorozu no pudo relajarse en ningún momento. Ni siquiera el alcohol estaba ayudándola con esa tarea.

Pese a intentar con todas sus fuerzas concentrarse en sus anfitriones, Shoto acaparaba, de un modo u otro, toda su atención. Cada vez que intentaba ignorar su presencia, más espacio ocupaba él en su mente.

—Bueno, creo que llegó el momento —exclamó Deku, mirando a su novia con complicidad.

—Sí, también lo creo… No tiene sentido seguir esperando —le dijo, sonriendo dulcemente.

De pronto, tanto Yaoyorozu como Todoroki se sintieron fuera de lugar. Cuando sus ex compañeros se miraban a los ojos, todo el resto parecía perder color, resplandeciendo ellos de una manera avasallante.

—¿Qué ocurre? —preguntó Todoroki. Pese a su semblante serio, sus ojos delataban su curiosidad.

Midoriya carraspeó, rascándose el cabello algo nervioso.

—No solo los invitamos para estrenar nuestro apartamento, sino para anunciarles una decisión muy importante que tomamos.

El suspenso reinó el ambiente. Tanto Yaoyorozu como Todoroki habían adelantado sus torsos, de manera inconsciente, hacia sus ex compañeros.

—¡Quiero decirlo, quiero decirlo! ¡Déjame a mí! —pidió Uraraka de manera ruidosa, con los ojos brillando por la emoción.

Deku suspiró, dejando escapar una sonrisa divertida.

—Anda, ya…

Uno…

Dos…

¡Tres!

Ochako disparó:

—Deku y yo nos casaremos.

Todoroki agrandó los ojos de par en par.

—Wow… Vaya…

Midoriya y Ochako se carcajearon ante la reacción de su amigo y, a pesar de los nervios, Yaoyorozu no pudo evitar soltar una sonrisa divertida. Se re acomodó en el sillón y de pronto sintió cómo todo comenzaba a dar vueltas. La garganta se le había cerrado y su vista comenzaba a nublarse. Con algo de dificultad, expresó:

—No sé qué decir, es… grandioso. ¡Se lo merecen, de verdad! Es una noticia maravillosa.

—¿Ya tienen fecha? —preguntó el chico bicolor.

—Todavía no —reconoció su amigo—. Así que, si no les importa, nos gustaría que guarden el secreto. Nadie más que ustedes lo sabe.

—Por supuesto.

—Pero no pudimos contenernos en, por lo menos, compartirlo con ustedes. Estamos demasiado felices con la idea. No tenemos un plan determinado, aún son solo bocetos…

—Ella dice esto, pero luego viene a la noche y me muestra las cientos de páginas que encontró en internet…

—¡Deku! —protestó Uraraka, algo ruborizada—. Pero, dime, Todoroki-san: ¿tú no te casarías en la playa, eh?

Tras unos segundos de silencio, él respondió:

—Lo haría si fuera de noche, sí. De día creo que no soportaría el calor.

Los ojos de la castaña se salieron de sus órbitas. Se juntó las manos a la altura del pecho.

—¡Ah! ¡De noche, sí! ¡Qué romántico eres!

—Vaya, Todoroki-kun… Solo te falta con quien casarte —bromeó Midoriya.

—Pequeño detalle.

Momo no entendió el por qué, pero esas palabras le supieron de pronto muy amargas. Su estómago comenzó a revolverse.

—Oye, Yaomomo, ¿te sientes bien? —preguntó Ochako al cabo de un rato, mirándola con preocupación—. Te ves muy pálida.

—E-Estoy bien, solo me maree un poco —dijo, restándole importancia. Pero fue el momento en el que pronunció aquellas palabras que comenzó a sentir náuseas. De pronto el lugar pareció aumentar de temperatura y el aire comenzó a escasear.

—¿De verdad? Oh, es que apenas has probado bocado… ¿No quieres intentar comiendo algo para ver si te sientes mejor?

—No, prefiero que no, gracias. Sigan con su conversación, era muy entretenida —intentó sonreír, en un pobre intento de desvíar la atención —Pero ninguno pareció muy convencido.

—Solo dinos si te sientes mal, ¿sí?

Continuaron conversando, imaginando diversos escenarios ideales para una boda, incluso algunos demasiado estrafalarios como para poder tomárselo en serio. A Yaoyorozu le habría encantado participar, pero solo fue capaz de soportar unos minutos más antes de irse, prácticamente a las corridas, al baño.

—Yaomomo, ¿te sientes bien? —preguntó Ochako, en voz muy bajita, del otro lado de la puerta.

Con la voz ahogada, sosteniéndose del retrete, respondió:

—No...


Debajo de los postes de luz que iluminaban aquella noche de invierno, ninguno sabía dónde posar la vista. Tras su descompostura, Yaoyorozu se despidió de sus ex compañeros, disculpándose por no poder seguir allí con ellos por más tiempo.

La joven se abrazó a sí misma, mirando al joven que se encontraba al lado suyo sintiéndose más culpable que nunca.

—G-gracias, pero no tienes que hacer esto —musitó, rompiendo el hielo. Tan solo hablar le era de una dificultad que pocas veces había experimentado. Su alrededor no dejaba de dar vueltas y, a pesar de estar bajo la aspereza del viento propio del invierno, no dejaba de tener calor. Él la miró de reojo, sin decir ni media palabra. Yaoyorozu le alcanzó su móvil, con la mano temblorosa—. Bueno, en tal caso… Por favor, ¿podrías llamar a mi chofer? Es mi primer contacto. Lo siento, tengo muchas nauseas y no puedo ver la pantalla del móvil…

Pero él no lo tomó.

La frialdad de sus ojos la hizo encogerse en su lugar. Ella comprendió y trató de hacerlo por sí misma, sintiendo que estaba al borde de descomponerse de nuevo. Casi como si se lo viera venir, él le quitó el móvil de las manos.

—Como si fuera a permitir algo así… —murmuró contemplándola con dureza. Para su sorpresa, Todoroki la tomó del brazo. Con suavidad, comenzó a caminar tirando de ella.

—¿A dónde vamos? —No hubo respuesta—. ¿Todoroki-kun…?

—A mi auto —contestó—. Te llevaré.

El horror inundó sus facciones.

—¡No…! ¡No hace falta, de verdad! Solo llama a mí chofer y él me pasará a buscar en seguida. Puedes regresar con los chicos, Todoroki-kun.

Pero él no contestó, continuó caminando en dirección al lujoso coche color gris que estaba aparcado en la acera de enfrente.

Ambos se detuvieron frente a la puerta de acompañante. Yaoyorozu lo miraba con ojos brillosos.

—Hablo en serio, Todoroki-san —Sin embargo, él le abrió la puerta en respuesta.

—Aunque no lo creas, yo tampoco estoy bromeando —le comentó. Y con su usual tono autoritario, ordenó—. Entra.

Yaoyorozu se quedó de pie, mordiéndose el labio inferior con fuerza.

—Si no lo haces, me temo que tendré que meterte por mis propios medios —advirtió. Ella lo miró con angustia y supo, cuando vio la seriedad de sus ojos, que no habría forma de resistirse. Se compadeció, de alguna extraña forma, de todos los villanos que alguna vez tuvieron que enfrentarse a él.

Ingresó al coche conteniendo las ganas de llorar. Se sentía culpable y muy mal consigo misma. Esa noche tenía una sola tarea: pasarla bien, y no solo no lo había hecho, sino que también le había arruinado la velada a todos.

Todoroki entró por la puerta de conductor y se cercioró de que la puerta de ella estuviera correctamente cerrada para luego colocarle el cinturón de seguridad. Si Yaoyorozu no se hubiera encontrado en tan mal estado probablemente se hubiera ruborizado. La joven cerró los ojos, exhausta.

—Beber alcohol sin nada en el estómago no es algo que deberías hacer —le llamó la atención con aspereza, casi en tono recriminatorio—. Vaya a saber desde qué hora no comes nada…

Yaoyorozu cerró los ojos con más fuerza, entristecida por lo tonta que se sentía.

—¿Tienes calor? —preguntó él de pronto, en un tono de voz más suave que el que había empleado antes.

Ella se limitó a asentir. Era tal el malestar que ni siquiera era capaz de hablar.

—Te quitaré esto. Permiso —susurró, antes de retirarle con cuidado la chalina que rodeaba su cuello y luego bajó la ventanilla. El aire frío invadió el auto, reconfortándola—. Te hará mejor el aire fresco. Dime si necesitas parar en algún momento, ¿sí? Que no te de vergüenza.

Yaoyorozu se estremeció. ¿Cómo le explicaba que, toda esa situación de por sí, ya le daba demasiada vergüenza?

El coche arrancó y Todoroki condujo en silencio. Momo dejó caer su rostro del lado de la ventana, encontrando la posición justa para no descomponerse de nuevo.

Al cabo de un rato, el joven volvió a hablar:

—Por cierto: no te llevaré a tu casa, iremos a la mía. No me quedaré tranquilo si pasas la noche sola —aseguró, en un tono más bajo. Y como si se sintiera culpable de estar tomando demasiadas decisiones por ella, añadió de prisa—: Descuida, mañana podrás irte a primera hora por la mañana si así lo deseas.

Ella se agitó, más no pudo objetar nada al respecto. Si le hablaba, probablemente vomitaría todo el coche. Intentó relajarse, concentrándose en la brisa de aire frío que chocaba contra su rostro.

Apenas fue consciente de cómo llegaron al apartamento de Todoroki, de cómo este la llevaba por primera vez a su habitación y de cómo la recostó con cuidado en su cama, porque apenas su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormida.


Yaoyorozu despertó sintiéndose desorientada. Sin embargo, su mente no tardó en re ubicarla en tiempo y en espacio. Los estragos de haber bebido con el estómago vacío aun rondaban en su cuerpo, sintiendo un ligero malestar. Recordó la reunión con sus amigos, su descompostura y cómo Todoroki se había hecho cargo de ella.

«Todoroki-san», pensó, girando su torso y encontrándose con él. Soltó un grito ahogado por la sorpresa para luego cubrirse la boca con ambas manos.

Estaba dormido.

Shoto dormía de lado, de cara a ella. Momo notó que ni siquiera se había quitado los zapatos. Enternecida se demoró unos segundos en su rostro: borrado de expresiones y apenas alumbrado con la luz de la Luna, Yaoyorozu se impresionó por cuán bello se veía. Sus rasgos, casi femeninos, eran en extremo delicados. Reparó en sus pestañas: largas y hermosas, las de un lado eran pelirrojas, coincidiendo con su parte del cabello; y las del otro, blancas. Su nariz derecha ligeramente en punta, sus finos labios entreabiertos. Era perfecto.

Por eso, para un ser tan imperfecto como ella, alguien como él era inaccesible.

Sonrió algo desganada.

Continuar viendo lo que no podía alcanzar era demasiado tortuoso para ella.

Debía irse.

Ya había sido suficiente molestia por esa noche.

Se puso de pie con sumo cuidado, intentando hacer el menor ruido posible. Notó, pese a la oscuridad, que su cartera de mano se encontraba en una pequeña mesa de luz. Se hizo con ella y, casi en puntas, se dirigió a la puerta, ya le mandaría un mensaje de agradecimiento luego.

Fue cuando giró el picaporte que una mano masculina cerró la puerta, estampándose contra la madera. Soltó un respingo, sobresaltada.

—Este no fue el trato —susurró él, con el rostro encima de su hombro.

Yaoyorozu se estremeció.

—Lo siento, te he despertado —dijo, con un hilo de voz.

Él no bajó la mano, tampoco se apartó. Se encontraba de espaldas a Todoroki, entre él y la puerta. De alguna manera, aquella posición, la hacía sentir vulnerable.

—Espero que estés bromeando… Irte sola a esta hora…

Todoroki estaba molesto, muy molesto.

Se puso nerviosa.

—Lo siento —balbuceó—. Yo...

—Ya deja de disculparte —Y con tono amargado, añadió—: Espero que no estés intentando hacerme sentir más culpable de lo que ya me siento...

Momo agrandó los ojos, sin comprender.

—¿C-Culpable?

—Por comportarme como un hijo de puta aquella tarde —Yaoyorozu se ruborizó ante el vocabulario vulgar de él—. Yo… Lo siento, lo siento mucho —musitó, dejando caer la frente sobre su hombro. El labio inferior de Yaoyorozu comenzó a temblar—. No he podido dejar de pensar en aquel día, me siento terrible…

Todoroki frunció el ceño, angustiado, cuando la vio cubrirse el rostro con ambas manos. No tardó en oír sus sollozos, confirmado la peor de sus sospechas. La giró lentamente volviendola hacia él.

—Mírame, Yaoyorozu… —le retiró ambas manos. Ni siquiera opuso resistencia. Sus ojos, empapados y su rostro enrojecido por la hinchazón—. Perdóname, estuve mal. Perdóname...

Y para su mayor sorpresa, ella respondió con el gesto contrariado:

—Todoroki-san, solo te sientes culpable y quieres enmendarlo, y lo entiendo. Pero no quiero que me tengas lástima. Sé sincero —bajó la mirada, incapaz de mirarlo a los ojos.

—¡No! ¡No quiero enmendarlo solo para limpiar mi conciencia! —dijo, casi desquiciado—. Nunca no fui sincero. Aquella vez, esa tarde, lo fui. No quería seguir viéndote.

Las lágrimas rodaron por el rostro de la joven.

Yaoyorozu comprendió.

—Está bien, gracias.

No había mucho más que hablar.

Pero antes de que pudiera darse la media vuelta, Todoroki la sujetó por los hombros.

—No quería seguir viéndote porque verte de por sí está mal —explicó. Sus ojos, asustados, la enfrentaron—. Ya te lo he dicho antes: estoy vacío y no tengo nada para ofrecerte. Y que alguien tan horrible como yo siga disfrutando de tu compañía, está muy mal.

—No es verdad. Tú no eres horrible.

—Lo soy, sí. Yo… Yo no soy como tú. Tú no puedes entenderme, pero yo sí. Y te aseguro que no te estoy mintiendo. Estoy hundido, Yaoyorozu.

Ella se limpió las lágrimas a manotazos, sin comprender.

—¡Entonces déjame salvarte!

—Tú no puedes salvarme.

Momo tomó entre sus puños la camisa del joven.

—¡Pruébame!

El negro enfrentó al hielo y al fuego a la vez. Lo derribó por completo.

Todoroki se desesperó.

—¡Te hundirás conmigo, eso es lo que pasará!

—¡Eres tú el que no entiende! —exclamó angustiada—. ¡Mientras sea contigo, no me importa hundirme!

—¿Pero qué dices...? —No daba crédito de lo que acababa de oír—. ¿¡Acaso no tienes sentido de supervivencia o qué!?

Yaoyorozu frunció el ceño.

—Y si es así como dices, entonces: ¿¡por qué no me dejas ir!?

Todoroki agrandó los ojos, acorralado. El miedo inundó sus pupilas al darse cuenta de lo innegable. Ambos, sujetos por las telas de sus prendas de vestir, respiraban acaloradamente. Sus pechos subían y bajaban, luchando por serenarse.

Yaoyorozu, finalmente, preguntó:

—¿Tengo razón?

—Sí...

—Entonces bésame, por favor…

Todoroki la miró suplicante, deseoso de no ser el culpable del crimen que estaba a punto de cometer.

«Pero lo quieres. Lo deseas tanto como ella».

Sintiéndose completamente loco, dejándose consumir por el voraz instinto que recorría su torrente sanguíneo, la besó. Tomó sus labios con desesperación, intentando calmar la sed que había tenido que aguantar desde aquella noche que había probado sus labios por primera vez. Los acarició con vehemencia, inexperto, pero aprendiendo habilmente conforme se acostumbraba a la sensación.

Pero no era suficiente.

Trazó con su lengua los labios suaves y delicados de la joven y ella se retorció entre sus brazos, soltando un suave gemido de complacencia. Todoroki, sintiendo sus venas quemar, profundizó el beso, estrechándola aún más contra su pecho. Sus bocas se acariciaron en movimientos de pronto lentos, de pronto apurados y sus lenguas se consolaron por el tiempo perdido.

Separados eran seres imperfectos que juntos alcanzaban la perfección.

Se apartaron, jadeantes por respirar.

Ambos se tomaban sus rostros mutuamente.

Ella juntó su frente con la de él.

—Solo dejame intentarlo —suplicó Yaoyorozu con los labios enrojecidos, aún luchando por respirar—. Si tan solo me dejas intentarlo, yo te salvaré… Te lo juro...

Todoroki la silenció volviendo a besarla, como toda respuesta.

A lo mejor, solo a lo mejor, Yaoyorozu no estaba tan equivocada.

En aquel instante, se sentía de una manera que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.

Se sentía vivo.


Nota final del capitulo:

Hola de nuevo! Ni siquiera puedo explicarles lo ocupada que estuve todo este tiempo. Nunca deje de pensar en esta historia. Solo se que fui muy infeliz, por varios motivos, pero principalmente por no poder continuar escribiendo. ¿Alguna vez se sintieron culpables de absolutamente todo lo que hacian? No solo el estres y el poco tiempo retrasaron esta publicacion, tambien enfrente un bloqueo enorme que no podia destrabar. No podía inspirarme para escribir y cuando lo hacia terminaba abandonando.

Pero aca estamos. Y en compensacion por la espera, hice el capitulo mas largo hasta ahora.

Pasaron muchas cosas, me parece. Espero que puedan digerirlo de alguna forma (?)

Sus comentarios me alegraron en estos dias dificiles y complicados. Que ustedes puedan disfrutar de la lectura es para mi la mejor compensacion. Mil gracias por los favs, por las lecturas, los follows y los hermosos comentarios de las valientes que se animan a comentar jaja.

En fin, espero que les guste este capitulo :)

PD: se que siempre digo lo mismo, pero si encuentro algun error relevante de tipeo tratare de irlo editando, sepan disculpar mis manos atolondradas, por favor, jaja.