El sustituto: Capítulo 10

(POV Leia)

¿De verdad lo había oído bien? ¿Él acababa de invitarla a cenar? ¿Solos? ¿En su casa? Leia notó como toda la sangre de su cuerpo se acumulaba en sus mejillas, dejando a su mente más confundida que nunca. Aquello no podía estar pasándole a ella.

–En realidad–se escuchó a sí misma decir–...ya he quedado con una amiga...y mis padres...

–Oh, está bien–la interrumpió él–, lo entiendo, no pasa nada. Te llevaré a tu casa, entonces–Leia juraría que había una nota de decepción en su voz.

–Gracias...–susurró, confusa.

Volvió a acariciar a Chewie con mirada ausente antes de dirigirse a la salida mientras Han cogía las llaves del coche. Se debatía mentalmente entre llamar a Winter y anular su quedada o salir corriendo de aquel sitio. ¿Por qué le había rechazado? Si pasar tiempo con él era lo que más quería...¿O no? Su parte adulta, que predominaba siempre, sabía que aquello no podía salir bien.

Han vivía en un cuarto piso y Leia nunca se había sentido tan incómoda en un ascensor en toda su vida. Su mente estaba hecha un lío. Quería besarle, quería huir de él, quería gritarle si estaba jugando al despiste con ella. Y sin embargo, no pronunció ninguna palabra.

Ya había anochecido cuando salieron por la puerta de la urbanización y Leia vio una cara demasiado familiar caminando por la calle de enfrente. Cuando fue a avisar a Han, este ya estaba cruzando y no le quedó más remedio que imitarle.

–¿Leia?–Luke se había quedado parado mirando cómo se acercaba, mientras que los dos amigos con los que iba habían seguido andando.

Han lo miró de arriba a abajo y después a Leia. Los amigos de Luke pararon al darse cuenta de que el rubio faltaba, pero no se acercaron a ellos, solo saludaron a Leia con la mano.

–Luke, hola–dijo ella, lo más casual que pudo.

–¿Qué estás haciendo aquí?–el rubio se cruzó de brazos y Leia supo que eso no era buena señal.

–Este es Han–respondió, ignorando su pregunta y señalando al aludido–. Han, este es mi hermano Luke.

Han extendió la mano cordialmente pero Luke solo hizo un movimiento de cabeza. Aunque era más bajito y menos atlético que el profesor, no parecía nada intimidado por él. Leia rodó los ojos, sabiendo lo que le esperaba.

–¿Quieres que te lleve a casa?–le preguntó a su hermana.

–No es necesario, Han iba a llevarme.

–Lo haré yo–interrumpió Luke, cogiéndola del brazo–. Hasta luego.

–¡Luke!–Leia se soltó de su agarre, fulminándolo con la mirada y se dirigió al profesor que los miraba entre divertido y preocupado–. Perdona al idiota de mi hermano. Me iré con él para que no empiece a llorar, no puede vivir sin mi–Han sonrió y Leia no pudo evitar devolverle la sonrisa–. Gracias, nos veremos en la universidad.

–Espera, toma–dijo Han, entregándole un papel con un número de teléfono–, por si vuelve a pasar lo de la huelga.

Leia lo aceptó, preguntándose qué pensarían sus compañeras de clase si se enteraban de que tenía el móvil del profesor Solo. Han se despidió con la mano antes de dirigir una última mirada seria a Luke y dar la vuelta para volver a su apartamento.

–¿Te he dicho alguna vez que eres imbécil?–le dijo a Luke cuando echaron a andar detrás de sus amigos.

–Alguna. Espera a que lleguemos a casa.

Leia suspiró, exasperada por la actitud protectora del chico. Caminaron a través de varias calles y entraron al recién estrenado coche que sus padres le habían comprado. Los hermanos se mantuvieron en silencio todo el trayecto, cada uno sumergido en sus propios pensamientos, mientras los compañeros de Luke charlaban en los asientos traseros.

Cuando se despidieron de ellos y llegaron a su casa, Leia se alegró de que sus padres todavía no hubiesen llegado del trabajo. Se dirigió a la cocina a por un refresco con Luke pisándole los talones. No había abierto la boca, pero sabía que no duraría mucho. Cuando se sentó en el salón con su bebida, él ya estaba de pie frente a ella, con los brazos cruzados.

–Espero que tengas una buena explicación–dijo.

–Luke, eres peor que papá.

–No tiene gracia. Ese tío era mucho más mayor que tú, Leia–se sentó a su lado y le robó un trago de refresco.

–Pues se conserva muy bien–contestó Leia, divertida, mientras Luke fruncía el ceño.

–¿Y hace cuánto lo conoces?¿Por qué estabais solos?¿Era una cita?

–Respira, Luke. Es mi profesor–explicó.

–¿Tu profesor?–su hermano se quedó en silencio un momento hasta que volvió a mirarla acusadoramente–. ¡Eso es peor todavía! Imagínate que alguien de la universidad os hubiese visto. Hubiese pensado lo mismo que yo.

–¿Qué pensaste?–preguntó con calma.

–Oh, por favor...–Luke hizo amago de levantarse del sofá pero ella lo cogió del brazo, obligándolo a sentarse de nuevo.

–No. Dímelo. ¿Qué creías que estaba haciendo?

–Pues cualquier cosa menos estudiar, Leia–contestó él, sonrojándose–. La gente pensaría eso.

–¿Y qué si lo estaba haciendo? Métete en tus asuntos, enano–dijo ella, levantándose.

–Soy el mayor–repuso Luke, imitándola.

–¡Por cinco minutos!–exclamó, empezando a cabrearse de verdad.

–No me gusta ese tío. Es obvio que no es tan adulto como parece. De otro modo, nunca te habría llevado a su casa. Sigo sin entender en qué estabas pensando...

–Ya sé que nunca me habría llevado a su casa–le interrumpió–, no hace falta que me lo digas tú–sonaba más dolida de lo que le gustaría admitir–. La universidad estaba cerrada por la huelga y tengo que aprobar su examen, no había otro sitio. ¿Contento?

Luke la miró con expresión seria y después más calmado, pero con la preocupación aún presente en sus azules ojos.

–Te gusta–dijo, sin que sonase a pregunta.

–Luke, ya basta. Que vayas a ser psicólogo no significa que puedas psicoanalizar a tu hermana–apretó el refresco contra el pecho del rubio para que lo cogiera y salió del salón en dirección a su cuarto.

–Leia...–lo escuchó decir detrás de ella mientras la seguía por el pasillo–. ¿Por qué no me lo contaste?

–No tengo que contarte todo lo que me pasa–dijo, antes de cerrarle la puerta de la habitación en las narices.

–Antes lo hacías–le pareció escuchar.

Se tumbó en la cama, esperando que Luke entrase en cualquier momento, pero no lo hizo. Escuchó a su madre llegar del trabajo y más tarde a su padre. Confiaba en que su hermano no les contase nada de lo ocurrido. Miró el papel que le había dado Han y apuntó el número en su móvil antes de mandar un mensaje a Winter. Se le habían quitado las ganas de quedar con su amiga. Odiaba discutir con Luke.

Entró a la ducha y cuando salió leyó la respuesta indignada de Winter. Le contestó con emoticonos y pensó en mandarle un mensaje a Han, pero no sabía qué podría decirle. Además, no quería usar su número para tonterías. No quería que pensase en ella como una molestia. "Aunque yo no invitaría a las molestias a cenar..." pensó, confundida.

Finalmente, tras unos minutos de lucha interna contra el botón de "enviar" se decidió por mandarle: Siento mucho que mi hermano se haya comportado así. Te escribo para que tú también tengas mi número. Muchas gracias por la clase :). Dejó el teléfono en la cama mientras escuchaba a su madre llamarla para cenar.

Cuando volvió, tras una silenciosa cena en la que sus padres preguntaron una y otra vez por qué Luke y ella no se hablaban, cogió el móvil, ansiosa por revisar los mensajes. Sin embargo, los que tenía eran de Winter y algunos compañeros de clase. Justo cuando se estaba arrepintiendo de haberle enviado eso a Han, recibió su respuesta:

No te preocupes, no me molestan los hermanos protectores. Si yo estuviera en su lugar, hubiese hecho lo mismo. PD: las hermanas atractivas tampoco me molestan.

Continuará.