DISCLAIMER: OURAN HIGH SCHOOL NO ES DE MI PROPIEDAD, PERTENECE A BISCO HATORI

LA UTILIZACIÓN DE LOS PERSONAJES EN ESTE INTENTO DE HISTORIA COHERENTE NO TIENE FINES DE LUCRO

SERIE DE ONE-SHOT NO ENTRELAZADOS… ¿O SI?

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J: JUGUEMOS

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"Hay sentimientos que no tienen pies ni cabeza, sólo corazón."

Anónimo

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RESUMEN: Cuando Kyoya confiesa los sentimientos que guarda en su ser a su mejor amigo… las cosas comienzan a tomar rumbo…

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—Es sobre Haruhi.

El rubio esbozó una larga y triste sonrisa, mientras miraba la llovizna mañanera caer…

—Así que finalmente te decidiste ¿eh?

—Tú… ¿Ya lo sabías, verdad, Tamaki?

El rubio pareció quedar pensativo durante un minuto… —Kyoya, te lo dije una vez, ¿no? Debes luchar por tus sueños… y por las personas que amas… aún contra todo y contra todos… — y acto seguido, levantó su mirada violeta hacia la gris de su amigo, cubierta por cristales —no importa lo que suceda… yo siempre te apoyaré…— le sonrió —¡Aunque eso no quiere decir que deje de doler!… —miró la expresión pasmada de él, sonriendo por dentro, feliz de ¡por una vez! lograr obtener alguna reacción estupefacta en el rostro de su mejor amigo… —¡pero si le haces algo te juro que…!

Y dejó la frase a medias, antes de salir corriendo con destino desconocido…

Y a un Kyoya Otori con una media sonrisa en los labios…

Ese baka… ¿cómo es que podía veces ser tan… asombrosamente lúcido?

Definitivamente, no merecía tener un amigo como él.

Su corazón se sentía repentinamente más ligero.

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Y los días pasaron apresuradamente.

Y el tema de conversación no volvió a surgir… solo algunos "deberías invitarla a salir" o "no deberías perder el tiempo" casuales, soltados de vez en cuando por su mejor amigo, cuando se encontraban estudiando juntos en la habitación de cualquiera de los dos, pero no había pasado de allí en realidad.

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La castaña nunca imaginó encontrar a Tamaki, caminando a su lado, cerca a la panadería que solía frecuentar en ocasiones, un sábado cualquiera en la mañana.

Ok, en realidad, eso ya había sucedido antes, por lo que de hecho, no debería estar sorprendida en lo absoluto.

—¡Haruhi! ¡Papá ha venido a llevarte al centro comercial!

Pero aún así, no dejaba de ser algo… molesto.

—Tamaki-sempai, aún tengo cosas que hacer— Haruhi dio la vuelta y echo a correr hacia la casa; sin embargo, no contó con que los gemelos, que al parecer estaban por allí también, harían lo que siempre acostumbraban hacer… es decir, la encontraron, la atraparon, y la arrastraron hacia la limusina que al parecer esperaba con los demás miembros del grupo.

Ya adentro, no pudo hacer más que mirar por la ventana. Se sentía extrañamente incómodo con Kyoya, quien disparaba miradas de muerte a todos. Todo el mundo sabía que el muchacho estaba SIEMPRE de mal humor si era despertado antes de las once en un día no escolar. Pero de nuevo, eso no funcionaba —ni amedrentaba en lo más mínimo— a Tamaki Suoh cuando quería pasar el día "en familia". Mientras tanto, el rubio parloteaba de las alegrías "simples" de la vida plebeya…

Las cosas nunca cambiaban…

Al llegar, el host club fue deslumbrado como siempre que tenían contacto con el mundo plebeyo: Tamaki bailaba con entusiasmo, los gemelos una vez más gritaban "¡Producción en masa! ¡Producción en masa!; Honey y Mori fueron directo hacia la panadería más cercana… y Kyoya estaba parado mirándolos a varios pies de distancia, lo más alejado que podía estar del grupo sin parecer grosero.

Y ahí había terminado el supuesto "día en familia".

Con ella, sola junto al Rey entre las Sombras.

¿Por qué esas cosas terminaban pasádole a ella?

Como si no fuera suficiente con aquello que…

—Así que, Haruhi, ¿Vienes aquí a menudo?— palabras vacías, sin significado real, para romper el hielo, notó ella.

—No, normalmente voy a otro centro comercial, pero sí he estado aquí antes —respondió ella. El otro centro comercial era justamente aquel que habían visitado hacía casi dos años con razón del "proyecto cumpleaños de Kyoya", y del que guardaba aún buenos recuerdos.

Y así comenzó una ligera conversación entre ambos, mientras caminaban casualmente mientras miraban las diferentes tiendas del lugar. Hasta que notaron que el reloj marcaba casi mediodía… y ningún miembro del Host club aparecía. Y ella se moría de hambre –no había alcanzado a desayunar debido a que fue literalmente secuestrada por los muchachos- pero no quería hacer notar ese hecho frente al chico de las gafas.

Pero su estómago la traicionó.

El muy desubicado gruñó.

—¿Tienes hambre Haruhi?

—Euh, sí, sempai— dijo bajando la mirada, algo sonrojada debido a la vergüenza.

—Vamos a la plaza de comidas entonces, nos encontraremos con el resto del grupo más tarde seguramente— Él ya se había adelantado. Ella tuvo que correr para alcanzarlo.

Se acercaron a comprar papas fritas y hamburguesas —nada muy caro, pensó ella— hicieron su pedido y Kyoya pagó por ella, evitando que buscara siquiera su monedero en su cartera, y se alejaron en busca de asientos. Y entonces Kyoya vio cómo un niño de unos ocho años, huía de otro que lo perseguía… al parecer estaban jugando. Cuando el primero miró finalmente hacia adelante, se dio cuenta que estaba a punto de chocar contra la muchacha de cabello castaño, pero era muy tarde y no pudo frenar… la velocidad era demasiada. Lo único que atinó a hacer el muchacho de ojos grises fue pasar un brazo alrededor de Haruhi y atraerla hacia él, mientras los muchachos pasaron zumbando junto a ellos diciendo —lo siento, brother—

—"Plebeyos… irrespetuosos todos ellos"— Pensó él con irritación.

—Ehh Kyoya-sempai, ¿podría por favor… soltarme? —Entonces el muchacho miró a la chica y se dio cuenta de la posición en la que se encontraban. Su brazo, alrededor de su cintura, apretándola contra su pecho.

—Lo siento— dijo él cortésmente, bajando la mirada.

—Gracias, sempai— y ella le sonrió, mientras él ya se dirigía a la mesa más cercana.

Se había sonrojado, y no quería que ella lo supiera.

Su pedido les llegó enseguida, y mientras comían, Haruhi recordó la primera vez que se encontraron en un centro comercial, allá en su natal Japón, y sonrió al recordar la manera de comer de Kyoya.

—¿Qué es tan divertido?— le preguntó él, una vez que hubo recuperado la compostura.

—¿Recuerdas la primera vez que nos encontramos en el centro comercial?

—Sí, lo hago— respondió él —¿qué tiene que ver con esto?

—Bueno… ella continuó, algo dudosa, ya que no creía que él hubiera olvidado aquella ocasión. No con su mente brillante, ciertamente. Después de todo, era Kyoya Ootori con quien estaba hablando. —Es solo que recordé que aquella ocasión comimos lo mismo que hoy comemos—por supuesto que Kyoya se había dado cuenta, pero no creía que la castaña con lo despistada que era, lo habría recordado, a pesar de su brillantez. Era, después de todo, Haruhi Fujioka con quien estaba hablando…

—… y recordé que usted me dijo que no había mérito en comer con elegancia en aquella situación, y también…— ciertamente, no quiso decir que esa fue también la primera vez que la cautivó el corazón amable de su amigo... y que descubrió esa faceta de él que trataba de ocultar arduamente a quienes le rodeaban —y también me llamó la atención el contraste con el día de hoy — se decidió a decir finalmente, tras algunos segundos de silencio.

—¿Contraste?

—Contraste— repitió ella —debido a que el día de hoy, se ve más relajado… casi como si estuviera… cómodo —terminó por decir la verdad a medias —aquella ocasión, creo que incluso asustó a las chicas que se nos acercaron…

El esbozó una sonrisa sincera, después de fijarse en su postura. Ya no era la rígida de antaño, sino más bien relajada, como si hiciera aquello semanalmente y estuviera en una cita con su novia…

—De hecho, Haruhi —ahogó una risa ante este último pensamiento —te recuerdo que aquella ocasión me vi obligado a estar en aquel lugar en contra de mi voluntad, y fui prácticamente abandonado en un sitio desconocido por quienes se hacían llamar mis amigos —Ella le miró, divertida ante el recuerdo —¿te parece que no tenía razones para mostrarme algo… molesto?— terminó, intentando –y fallando- sonar molesto ante el recuerdo.

Ella se limitó a esbozar una gran y sincera sonrisa, mientras se enfocaba en saborear las papas fritas que había pedido.

Kyoya continuó comiendo la "comida de plebeyos" que habían ordenado, levantando la vista de tanto en tanto para observar de reojo a Haruhi, sin atreverse a decirle que de hecho, era debido a ella que podía ser él mismo.

Siempre.

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Al final, terminaron sus alimentos y los ex miembros del Host Club no aparecieron por ningún lado.

Seguramente estarían entretenidos en algún ridículo espectáculo, se dijeron, al unísono, provocando una risa ahogada en ella, y una sonrisa ladina, en él.

Una tienda en particular llamó la atención de la chica de ojos marrones.

Vendían muñecas de porcelana, y aunque ella en particular, no era fanática de ellas, recordaba claramente que a Mei parecían gustarle bastante.

Su cumpleaños se acercaba, y ella tenía el dinero suficiente como para permitirse pagar por una de ellas, así que decidió entrar y comprarla, aprovechando el hallarse allí, y sin el ex Host Club de por medio, quienes ciertamente habrían complicado su búsqueda.

Ni siquiera se dio cuenta de cuándo había entrado, y que Kyoya le seguía el paso. Se dedicó a dar algunas vueltas espiando un bonito modelo que pudiera gustar a su amiga, mientras explicaba a su sempai –cuando se dio cuenta de la presencia de él- las razones de su búsqueda y posterior entrada intempestiva a aquella tienda en particular.

Cuando encontró una que le gustó lo bastante, se dispuso a pagar al tendero, quien la observaba, curioso.

Súbitamente el color huyó de su rostro.

Se dio cuenta de que no llevaba su monedero.

Maldición.

Seguramente esos gemelos diabólicos en su afán por llevarla en volandas hicieron que su monedero cayera en algún lugar. Solo esperaba que hibiera sido en la limusina y no en la calle de la panadería, ya que aquello significaría que había perdido la mitad de su presupuesto mensual…

Con una mueca avergonzada, hizo ademán de regresar sobre sus pasos para devolver a la muñeca a la vitrina de donde la había tomado, ante la expresión curiosa de la persona de la caja registradora.

Antes de que pudiera dar la vuelta, una mano delgada se coló hacia adelante. Haruhi pudo sentir el calor emanado del cuerpo detrás de ella y la otra mano, la de Kyoya, entregó el dinero. Sentía como si el muchacho la abrazara. Una sensación extraña la invadió en alguna parte, pero no pudo precisar el lugar.

Respiró profundamente.

Error.

El olor de la colonia de él le invadió las fosas nasales, causándole vértigo.

Ella nunca había tenido un contacto tan íntimo con él antes. Y menos dos veces el mismo día. Pero había algo sobre Kyoya que la hacía querer saber más. Era una persona tan oscura y serena en el exterior, pero por alguna extraña razón, Haruhi disfrutaba de su compañía. No era una persona molesta; sin embargo, le incomodaba de él que siempre mantuviera su guardia en alto... como si hubiera construido un muro a su alrededor para protegerse de otras personas y casi como si, deseara proteger a otras personas de sí mismo. Había oído muchos rumores de que era frío y egoísta, pero había aprendido hacía mucho tiempo que aquellos eran rumores infundados. Jamás olvidaría los pequeños momentos en los que demostraba su preoupación por los demás… aún cuando ningún beneficio económico o de algún otro tipo le llegaría.

Sonrió, pero se dio cuenta repentinamente que su fragancia ya no estaba allí. Estaba afuera esperando por todo el mundo de nuevo. Frunció el ceño ¿Por qué tenía que ser tan confuso todo con él?

—Tiene un novio muy guapo— sonrió la tendera.

—Uh no es mi novio— contestó ella, arrebolada.

—Oh—la ya algo mayor tendera lucía confundida mientras decía – bueno, pues ciertamente tiene mucho cuidado de usted.

Haruhi podía sentir cómo un profundo rubor cubría sus mejillas… ya no estaba roja… ¡estaba casi morada!

Y es que las palabras "Kyoya" y "cuidar de alguien" eran ciertamente algo inverosímil si se las ponía juntas… o eso habría pensado hace algún tiempo; sin embargo, ahora el pensar en ello hacía que un ligero calorcito se le instalara en el corazón.

Mientras caminaba hacia afuera para reunirse con Kyoya, miró hacia abajo de modo que él no pudiera ver su cara de color carmín, en un burdo intento por tratar de disipar aquellos pensamientos de su mente.

Seguramente aquella persona estaba imaginando cosas…

—Gracias Kyoya— le dijo algunos minutos más tarde —te daré el dinero mañana— salieron atropelladamente las palabras de su boca, tratando de ocultar su sonrojo, algo que no había pasado desapercibido para él, quien había escuchado todo el intercambio de palabras que tuviera la chica a su lado con la persona de la tienda.

—No es necesario—respondió él, planamente. Ella lo miró, confundida por su actitud extraña.

No importa lo que suceda… yo siempre te apoyaré…— le sonrió Tamaki.

Súbitamente tuvo una idea.

—Haruhi— dijo él, repentinamente, antes de que llegaran con los demás miembros del club, quienes ya habían visualizado a la pareja y se acercaban, ruidosos como siempre —A cambio de ello, ¿te gustaría que te llevara a tomar un café mañana antes del mediodía?

—¿Eh? – fue la respuesta sorpresiva de Haruhi ante la súbita invitación.

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Era domingo por la mañana, y un Kyoya particularmente tranquilo había sorprendido a todo el mundo al levantarse por su propio pie.

A más de uno le quedó la duda de si incluso se miraba algo… confundido.

Y es que hasta ahora no parecía tener problemas en controlar sus emociones y sentimientos de los que lo rodeaban. Él mantenía su distancia, incluso del más cercano de sus amigos y familiares, pero ahora, no, mejor dicho, desde hace exactamente casi tres años ya, había estado empezando a ceder. El tren de pensamientos de Kyoya continuó durante bastante tiempo mientras había tratado de dormir más, lo que le fue imposible. Y es por ello que había decidido levantare temprano, salir a correr unos kilómetros, y darse una buena ducha.

Miró el reloj mientras se vestía. Eran las 10:12 de la mañana. Se reuniría con Haruhi dentro de una hora en la cafetería. Mientras se colocaba el reloj en su muñeca, pensó de nuevo en lo ocurrido el día anterior en la caja registradora de aquella tienda. No sabía lo que le había poseído para casi abrazarla. Aunque agradeció el haberse podido contener antes de cerrar por completo sus brazos alrededor de ella. Las cosas se habrían complicado antes de lo que hubiera querido; y sin embargo aquello –junto a la reacción de Haruhi ante las palabras de la persona que les atendió amablemente en la tienda- le dijo que no podía dilatar más su decisión. Había informado el día anterior por la noche, y cuando ya Tamaki había ido a dormir, luego de sacarle algo de información con pinzas, de su decisión a su padre, quien casi tranquilamente, había felicitado a su hijo, deseando que tuviera éxito en conseguir lo que quería –jamás le habría deseado suerte, ya que consideraba a la misma como el último recurso de la mediocridad- como siempre y pidiéndole que lo enorgulleciera. Nada nuevo en él.

Después de todo, había sido claro en decirle que quería a Haruhi en la familia.

Bueno, al menos eso era un problema menos en el cual enfocarse.

Ciertamente no le hubiera molestado en lo más mínimo el que su padre se opusiera. En el momento en el que admitió para sí mismo sus sentimientos por la castaña se dijo a sí mismo que tendría que luchar, aún contra su padre, por ella.

No le sería muy difícil, se decía, en ocasiones… después de todo, había sido el mocoso que había sido capaz de arrebatar –y posteriormente salvar- la compañía de su padre.

Aunque el luchar por conseguir la aceptación de Haruhi en el seno de su familia –y especialmente en la mente y corazón de su padre- habría sido definitivamente una reto que le hubiese gustado enfrentar.

Lástima.

Aceptaba el haber dado un gran paso el día anterior al invitarla a tomar un café. Y estaba más cerca cada vez de poder decir lo que deseaba.

Aunque aún no encontraba el momento perfecto.

Y también tenía que considerar que aunque él se jactara de ser quien usualmente planificaba todo a su alrededor para que fuera perfecto, estaba el hecho de que con Haruhi prácticamente jamás había nada convencional... o perfecto.

La pregunta aquí era: ¿Qué diría la chica de ojos marrones sobre aquello? Había visto ciertas reacciones que le podían dar esperanzas de que la respuesta fuera la que él esperaba; sin embargo, estaba consciente de que era Haruhi Fujioka con quien estaba tratando y que las reacciones de ella eran bastante… espartanas para su gusto.

Con una media sonrisa resignada –que tuvo la virtud de ruborizar furiosamente a un par de jovencitas que salían de la cafetería a la vez que él llegaba- siguió recordando lo sucedido el día anterior, antes que el alboroto con patas llamado "Host Club" hiciera acto de presencia…

Eso…Lo que dije.

No se preocupe, he oído lo que ha dicho. Un café suena bien. Es solo que fue… algo sorpresivo —Respondió ella rápidamente.

Está bien—trató de disimular su sorpresa, ante la respuesta de ella —te veré entonces en la cafetería que queda a cuatro calles de la casa a las once, ¿te parece?

Claro— Dijo Haruhi, sin añadir nada más.

Y ahí quedaron las coas, no reanudaron esa conversación. Y durante el resto del día, solo cruzaron algunas frases.

Sus pensamientos acerca del día anterior se vieron cortados cuando visualizó una silueta entrar al establecimiento en el que había esperado durante algunos minutos la llegada de quien esperaba. La observó mientras caminaba acercándose a él. Estaba vestida con un abrigo de color amarillo pálido con capucha y al verlo, había esbozado una sonrisa nerviosa.

—Buenos días, sempai— le dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca como para ser oída...

—Buenos días, Haruhi.

Una vez que el camarero tomó su orden, se dispudieron a conversar de banalidades… los miembros del club, y lo difícil que fue el evadirlos ese día en particular.

Algo acerca de sus clases… y sus planes a futuro.

—Ciertamente, me gustaría regresar a Japón en algún momento, a terminar mi carrera… o alguna maestría…

—Esa es una gan aspiración, Haruhi, estoy seguro de que podrás con ello— la sonrisa de satisfacción al decir aquello no fue esbozada. Ella quería regresar a Japón… a pesar de que no ignoraba ese hecho, el que ella se lo comentara en confianza era algo… agradable. Y definitivamente que al tenerla en Japón, le sería más fácil asistir a las reuniones sociales e la empresa, como esposa del "heredero de Ootori Zaibatsu".

Ese pensamiento era simplemente…

Maravilloso.

—Su novia es muy linda, joven— un señor que había entrado a la cafetería y vendía flores interrumpió casualmente, — ¿No desearía comprarle algunas rosas mientras esperan su café?

Antes de que Haruhi pudiera decir algo –o negar algo- Kyoya escogió algunas de las rosas rojas y lilas de entre las que el vendedor les ofreció y pagó rápidamente por ellas.

Después de algunos segundos de silencio, una pasmada castaña soltó…

—Lamento el que dijeran aquello, sempai.

—¿Qué frase?

—Eso… ya sabe… — la frase qudó a medias mientras las mejillas de la joven se teñían de un dulce rubor que no pasó desapercibido por el muchacho— Yo… aquello es algo que debe incomodarte mucho, sempai.

Una repentina idea surgió en la mente brillante Kyoya Ootori.

Tan repentina que no pensó en las repercusiones que vendrían después.

O si habría repercusiones.

—¿Y por qué no lo hacemos así?

—¿Qué?

—¿Por qué no sales conmigo?

—¿Qué?

—Haruhi, ¿quieres salir conmigo?

—Yo… ¿Qué? ¿Por qué?

—Eres muy densa—Kyoya rió. Habló lento pero sin dudas. —Eres una… — se detuvo un poco, su largo dedo levantó la barbilla para que sus ojos se encontraran de nuevo. Haruhi se sonrojó, su corazón latía más y más rápido, y su mente se quedó en blanco. Solo vio la mirada brillante, límpida como el agua cristalina del joven ante ella…

Y cuando vio esa mirada, sin cristales de por medio… -¿Cuándo se había quitado los lentes?- supo que estaba perdida…

Un claro resplandor de felicidad estaba creciendo en su interior a pasos agigantados…

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Listo, lo había hecho. Antes que la situación en que se encontraban llegara a su cerebro, las palabras habían salido ya de su boca. Sin pensarlo dos veces. Había echado sus cartas y ahora solo le quedaba esperar ver qué tenía Haruhi en su mazo.

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ABURRIDAS NOTAS DE AUTORA:

¡Hola a todos!

Aquí les he dejado un capi más...

Espero sus impresiones acerca de él con ansias y desde ya agradezco a todas las amables personas que se dan un tiempito para leer el montón de locuras que se le ocurren a mi cabecita...

Muchas gracias por esas rews y por los follows y las lecturas.

Gracias a todos en verdad n.n

ADELANTO DEL SIGUIENTE CAPI: KOALA

Por cierto, ¿tus animales favoritos son los koalas?

Creo que si antes no lo eran, desde hoy, definitivamente o serán, ¿por qué la pregunta?

Bueno, hace algunos años, me regalaste un oso de felpa con forma de koala, ¿no lo recuerdas?

Él hizo memoria. Le era fácil recorda un detalle como aquel —Por supuesto que sí. Pero aunque debo admitir que ellos no eran mis favoritos antes, desde hoy, lo serán definitivamente —terminó, con una sonrisa ladeada, divertida —ya que al parecer, tengo sobre mi espalda al ejemplar de koala más adorable que he podido conocer en mi vida.