Dedicado a natalia granger, Yi Jie-san, vane18porras, Amalequin, Natsuki Hiroto, Noemitg-chan, Serenity usagi, Guest, pchan05 y Lilacssslove.

CAPÍTULO OCHO

Andaba últimamente atribulado por lo que acababa de descubrir, Sasuke hizo una visita a los padres de Sakura a la mañana siguiente. Después de que lo hicieran pasar al salón, se sentó en un

sillón de orejas cerca de la chimenea, para quedar frente a Mebuki y Kizashi, quienes se encontraban

sentados en el sofá de crin de caballo. Sin saber muy bien ni cómo ni por dónde empezar, Sasuke

apretó los puños y observó atentamente la alfombrilla con estampados de rosas, para intentar

poner en orden sus ideas, lo que en aquel momento parecía una misión casi imposible.

Al final, decidió que contárselo todo sin rodeos era lo mejor que podía hacer. Y les narró los acontecimientos de la noche anterior. Terminó su relato diciendo:

—Después de ver cómo Sakura se comunicaba con mi ama de llaves, estoy convencido de que ella puede ser mucho más inteligente de lo que todos nosotros pensábamos.

Al oír estas palabras, Mebuki se puso tan blanca como una hoja de papel. Después de un momento de silencio que pareció retumbar en los tímpanos de Sasuke, estalló.

—Tonterías. Nuestra hija sufrió una fiebre muy alta que la convirtió en una discapacitada

mental, señor Uchiha. ¡Ya le hemos explicado eso detenidamente!

—Y es muy posible que ustedes tengan toda la razón. Pero la pregunta es: ¿en qué medida es

grave su discapacidad mental? ¿Alguna vez han tratado de averiguarlo? La chica es capaz de

razonar, de manejar conceptos, señora Haruno; no es una idiota. —Se deslizó hasta el borde de la

silla e hizo un gesto de cansancio—. Kizashi, tú eres un hombre educado. Seguramente entiendes lo

que estoy diciendo. Tu hija puede observar la relación entre dos acontecimientos que

aparentemente no están relacionados entre sí. Si ella fuese tan débil mental como creéis, ¿podría hacerlo?

Mebuki se levantó como un resorte.

—Los dos entendemos lo que está usted diciendo. Simplemente no estamos de acuerdo.

—No es mi intención culpar a nadie —les aseguró Sasuke en un tono más tranquilizador—. Por favor, no me malinterpretéis. Sólo estoy diciendo que es posible que el mal de Sakura no sea tan

grave como pensábamos. Quisiera llevarla a Portland. Hacer que le hagan algunos exámenes. Allí

hay médicos excelentes que podrían...

—¡No! —Gritó Mebuki con voz aguda, y lanzó una mirada de resentimiento a su esposo—. ¡Temía

que esto pasara! Te rogué que la mandaras a otro pueblo hasta que naciera el bebé. ¡Ahora mira

lo que está pasando! ¡Quiere que le hagan unos reconocimientos!

Dijo la palabra reconocimientos como si se tratase de una vulgaridad. Sasuke soltó un suspiro:

—Sólo un examen de rutina, señora Haruno. Nada exhaustivo. ¿Qué podemos perder?

—¿Qué podemos perder? —preguntó ella fríamente—. Ése es sólo el comienzo. Luego querrá usted que Sakura se quede en Uchiha Hall y no le permitirá venir nunca a casa.

Kizashi alargó el brazo para sujetar firmemente su mano.

—Venga, Mebuki. Sasuke no ha dicho tal cosa. Te estás precipitando al sacar conclusiones. ¿No es verdad, Sasuke?

Una sensación asfixiante se adueñó del pecho de Sasuke.

—Bueno, Kizashi, la verdad es que me gustaría hablar contigo acerca de...

—¡Lo sabía! —Mebuki soltó su mano de un tirón. Fulminó a Sasuke con la mirada—. ¡Usted nos dio su

palabra, señor! Dijo que era un acuerdo temporal. Sólo de nombre. ¡Usted lo prometió!

Sasuke se frotó la cara con una mano.

—Dije eso antes de que me diera cuenta...

—¿Antes de que se diera cuenta de qué? —preguntó ella—. ¿Cómo se atreve? Tiene a la chica durante tres cortos días, ¿y ya cree que la conoce mejor que su propia madre? ¿Acaso está pensando hacer que ese matrimonio sea permanente? ¡Cómo se atreve!

—Sólo quiero lo mejor para Sakura. —Sasuke se esforzaba para hablar en voz baja—. Si ella no es

tan retrasada como usted cree, Mebuki, imagine cuánto sufrirá si llego a separarla de su bebé.

—¿Qué es lo mejor para Sakura? —La mujer dejó escapar una carcajada de amargura—. ¿Quiere

que prediga lo que pasará si sigue con esta locura, señor Uchiha? Cuando ya sea demasiado tarde, usted descubrirá que yo tengo razón, que nuestra hija, efectivamente, es una idiota. Y al

final tomará el camino más fácil y la internará en uno de esos horribles sanatorios. La encerrarán en un cuarto y cuidaran de ella como si fuese un animal. He pasado catorce años haciendo todo lo

posible por impedir que eso suceda.

—Yo nunca internaría a Sakura en un sanatorio.

—¿Está seguro? Usted es un hombre joven y atractivo. Algún día conocerá a una joven normal, con quien le gustaría casarse. ¿Qué pasará con Sakura entonces?

—Nunca he faltado a mi palabra, jamás, en toda mi vida —contestó Sasuke—. De ninguna manera empezaré a hacerlo con mis votos matrimoniales. Sakura siempre tendrá un hogar en Uchiha Hall.

—Está usted faltando a su palabra en este preciso instante —respondió ella—. Prometió

devolverme a mi hija, y ahora está vacilando.

—Kizashi.- Sasuke presentaba claros síntomas de cansancio—. Hazla entrar en razón. Por favor. Si hay alguna oportunidad, aunque sea mínima, de que Sakura pueda ser educada, ¿cómo podemos

pasarla por alto? ¿Qué daño podrían hacerle unos pocos exámenes médicos?

El juez evitó mirar a Sasuke directamente a los ojos.

—¿Realmente crees que no someteríamos a nuestra hija a esos reconocimientos si creyéramos, aunque sólo fuera por un instante, que hay alguna esperanza? Eres tú quien debe entrar en razón, Sasuke. Mebuki es la madre de Sakura. Ha cuidado de la chica desde que era un bebé recién nacido.

¿Quién puede saber mejor que ella lo grave que es la discapacidad de la niña?

En circunstancias normales, Sasuke no habría podido discutir aquello. Pero dada la franqueza con

que el juez le había hablado en una ocasión anterior, él sabía que había muchas más cosas en

juego de lo que a simple vista parecía. Una locura, hereditaria. Palabras muy desagradables, que constituían el mayor temor de los Haruno. Un temor tan agobiante que, por razones diferentes,

ninguno de los dos podía reconocerlo. Kizashi debido a su carrera, y Mebuki por el sentimiento de culpa.

Si examinaban a Sakura... si se descubría que su desorden mental se debía a una locura

hereditaria y no a los efectos de una fiebre muy alta, ellos temían tener que pagarlo muy caro: Mebuki en su matrimonio, por los engaños de los que se había valido hacía treinta años; el juez,

perdiendo su credibilidad política. En lugar de correr ese riesgo, mantuvieron a Sakura, su vergonzoso secreto, oculta del mundo.

—Podríamos mantener en secreto el viaje a Portland —dijo Sasuke—. Nadie tiene por qué saber

que un médico la ha examinado.

—No daré mi autorización para que la sometan a ningún examen —dijo Kizashi con firmeza.

Sasuke no necesitaba la autorización del padre, y los Haruno lo sabían. Sin embargo, no creyó que

fuera prudente recalcarlo.

—Entiendo.

—Por favor, ten la certeza de que queremos a nuestra hija —agregó Kizashi.

Con una expresión adusta en el rostro, Sasuke observó a aquel hombre, a quien alguna vez había

admirado tanto. Si creía querer a su hija, entonces debía darle a la palabra amor una definición

completamente diferente de la de Sasuke. No sólo por su renuencia a dejar que examinaran a la

joven, sino también por todo lo que había pasado antes: la insulsa ceremonia de la boda, la fiesta

en el jardín que tuvo prioridad sobre las necesidades de Sakura y muchas otras cosas que Sasuke no

pudo recordar en ese momento. ¿Amor? Que Haruno siquiera se atreviese a usar esta palabra era

una farsa.

—Si creyéramos que los exámenes podrían revelar algo nuevo, fuese lo que fuese —prosiguió

Kizashi—, habríamos llevado a Sakura a Portland hace muchos años.

Silencio. Un silencio palpable y acusador. En aquel momento, Sasuke supo que los Haruno se

opondrían hasta el fin de sus días a permitir que los médicos vieran a Sakura. Si les llevaba la

contraria, las cosas se pondrían feas. Muy feas.

Necesitaba pensar las cosas detenidamente antes de tomar una decisión, no porque le

importara particularmente salvaguardar la relación que tenía con sus suegros, sino porque la

felicidad de Sakura podía estar pendiente de un hilo. Si, como Tsunade sospechaba, la chica podía sentir afecto, entonces seguramente quería a sus padres, lo mereciesen o no. Por su bien, Sasuke no

quería provocar un distanciamiento, al menos sin una buena razón.

Sin duda confundiendo el silencio de Sasuke con un cambio de actitud, Mebuki recobró la

compostura ligeramente. Con un tono de voz más tranquilo y moderado, volvió a hablar.

—Sé lo muy engañoso que puede ser el comportamiento de Sakura, señor Uchiha. De vez en cuando puede hacer gala de cierto grado de lo que podría parecer una inteligencia normal,

pero enseguida experimenta una regresión. Créame. Aunque odio usar esta palabra, mi hija es una

idiota. Nada en el mundo podrá cambiar eso.

Tan agotado que no podría describirlo con palabras, Sasuke suspiró y volvió a frotarse la cara con una mano. Casi no había pegado ojo la noche anterior. Sakura... con su dulce rostro y sus perplejos

ojos verdes. No podía quitársela de la cabeza. Quizás Tsunade y él estuviesen aferrándose

desesperadamente a una falsa esperanza. Pero tenía que cerciorarse de eso, ¡maldición!

—Lo siento. —Trató de escaparse por la tangente—. Creo que no debí venir aquí. Os he

alterado a los dos y, si tenéis razón, lo he hecho sin motivo alguno. Es sólo que yo... —Se encogió

de hombros—. Anoche... al verla... tuve la seguridad de que había alguna esperanza.

Miró a Mebuki a los ojos y pudo ver su dolor, y supo que ella creía de todo corazón que su hija había heredado la locura de su familia. ¿Sería posible que fuera tal su certeza al respecto, y que tuviera tanto miedo de que su esposo se divorciase de ella, que no quisiera ver ninguna otra posibilidad?

—No hay ninguna esperanza —dijo ella con voz trémula—. Bien sabe Dios que quisiera que la

hubiese. Por el bien de Sakura, tiene usted que sacarse todas esas dudas.

Por el bien de Sakura. Sasuke se mordió la lengua para no decir nada que luego pudiera lamentar.

—En los últimos tres años, su condición ha empezado a deteriorarse —señaló Mebuki—. Tanto es así que agredió físicamente a su cuidadora. Si permitimos que siga teniendo ese tipo de

comportamientos, será necesario internarla en un hospital psiquiátrico, señor Uchiha. Sé

que usted vino aquí esta mañana con las mejores intenciones y que no es una mala persona. Pero

debe usted confiar totalmente en mí. Yo no ideé por placer todas esas reglas que Sakura debe seguir. Lo hice para salvaguardar su futuro. Por esta razón, debe usted hacérselas cumplir, tal y como prometió que lo haría. De lo contrario, no habrá quien la controle, y todos mis años de trabajo habrán sido en vano. No quiero que mi hijita termine en un manicomio.

—Yo tampoco quiero eso. Créame, por favor. —Desde luego que le creemos —intervino Kizashi.

Sasuke se puso de pie.

—Siento mucho haberos importunado de esta manera.

—Tonterías —lo reprendió Mebuki—. Sakura es nuestra hija, y la amamos.

Aquella palabra de nuevo. Amor. Sasuke habría querido preguntar a aquellas personas si

entendían su significado.Kizashi se levantó y abrazó a su esposa.

—Así es. Me alegra que hayas venido a vernos para hablar de las inquietudes que tenías. No habríamos esperado que fuese de otra manera.

Mientras Sasuke se despedía de los Haruno y se marchaba de su casa, miles de preguntas le

daban vueltas en la cabeza, y ninguna de ellas se podía responder de una manera sencilla.

¿Estaban los padres de Sakura tan absortos en sus propios asuntos que no podían ver los de Sakura?

¿O acaso Tsunade y él estaban arremetiendo lanza en ristre contra molinos de viento?

—¡Señor Uchiha! ¡Señor Uchiha! ¡Espere un momento, por favor!

Sasuke oyó esta voz justo al llegar a la calle, tras salir del camino de entrada a la casa de los

Haruno. Tirando de las riendas de su caballo negro para que se detuviera, se volvió ligeramente

sobre la silla de montar y vio a Mebuki salir corriendo de la sombra de un frondoso roble para atravesar el jardín. Llevaba una falda con mucho vuelo que caía hasta el tobillo y se agitaba detrás

de ella como una bandera azul. Desde la distancia, él casi habría podido creer que aquella mujer

era Sakura, con su pelo rosado y su cuerpo delgado. Este pensamiento hizo que se le secara la

garganta. Sintió una pena infinita. Si Mebuki estaba en lo cierto, Sakura nunca podría hablar, y mucho menos llamar a alguien.

Ella se detuvo al llegar al canal de desagüe que se encontraba junto a la calle, apretándose el

vientre con una mano como si intentase recuperar el aliento penosamente. Sasuke esperó con

paciencia hasta que ella pudiera hablar. Él notó que incluso después de correr para salvar la

distancia que los separaba, la mujer aún estaba pálida. Los ojos de la madre buscaron su mirada.

—No podía permitir que se marchara sin hablar con usted de un asunto de gran importancia

para mí.

—Por supuesto. ¿De qué se trata?

La mujer trago saliva y tomó aire con gran dificultad.

—Debo pedirle un favor muy grande, señor Uchiha. De ahora en adelante, por favor, no

me haga preguntas acerca de la condición de Sakura frente al juez. Si tiene usted alguna inquietud,

hable conmigo en privado.

—¿Por qué debo ocultarle mis inquietudes al juez? — Sasuke trataba, sin éxito, de interpretar la

expresión del rostro de su interlocutora.

—Mi esposo no se encuentra bien. No quiero que se le moleste con tales nimiedades.

¿Nimiedades? Apenas pudo contenerse para no echar por la boca sapos y culebras. ¿Pensaba

que el futuro de Sakura era una nimiedad? ¿Hasta dónde era capaz de llegar aquella mujer para proteger su posición de respetable esposa del juez? Sasuke comprendió que no le interesaba saberlo.

Sobre todo, si Sakura era el cordero que ella quería sacrificar.

—Lo siento —dijo él fríamente—. No sabía que el juez estuviera mal de salud.

—Ya, bueno, a él no le gusta hablar de esto. Después de todo, tiene que pensar en su carrera.

Sí, desde luego, la asquerosa carrera del señor juez. ¿Cómo pudo habérsele olvidado?

—Tengo esperanzas de que Kizashi mejore con el tratamiento apropiado y con un poco de

reposo. Sin embargo, lo mejor, por el momento, es evitar perturbarlo. Temo que cualquier tipo de agitación, especialmente si está relacionada con Sakura, pueda hacerle sufrir una recaída.

Al mirar a la mujer a los ojos, Sasuke vio el temor que se reflejaba en ellos; pero sospechó que era

por ella misma, no por su esposo. Después de todo, la mujer tenía un secreto que proteger. La

ironía de todo aquello era que su marido ya sabía que era posible que la locura fuese cosa de

familia y, por razones que Sasuke desconocía, no se lo había dicho a ella. Sasuke supuso que Haruno debía de creer en el antiguo adagio que decía que reconocer algo era darle validez.

¿Cómo podían dos cónyuges vivir en la misma casa, hacer el amor, tener hijos y, no obstante, ser tan poco honestos el uno con el otro?

Todo lo que Sasuke quería era alejarse de aquellas dos personas. Estar lejos para poder pensar.

Tenía algunas decisiones que tomar. Decisiones muy importantes. Por el bien de Sakura, tenía que

cerciorarse de tomar las adecuadas.

—Tendré presente el estado de salud del juez antes de venir a hablarles de mis

preocupaciones. Como le dije, no tenía idea de que él estuviera enfermo.

Mebuki cerró los ojos por un momento. Cuando volvió a abrirlos, unas lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas.

—Sé bien que tiene usted un mal concepto de mí, señor Uchiha. Cree que no merezco

llamarme madre, ¿no es verdad?

Decir eso era quedarse corto, pero Sasuke pensó que no servía de nada herirla. Ella era una mujer tan pusilánime, que apenas podía soportar mirarla.

—No soy el tipo de hombre que hace juicios precipitados sobre las personas.

—Independientemente de lo que pueda parecer, he hecho lo que he considerado mejor para

mi hija. —Hablaba con voz trémula—. Siempre. No ha sido fácil. El resto de mi familia también me exige tiempo. Pero la he tenido en casa, y en ningún momento me he enfadado con ella por todos los apuros que me ha hecho pasar. Creo que muchas madres habrían optado por el camino más

fácil.

Sasuke no ponía eso en duda. Supuso que Mebuki, a su lamentable manera, había hecho su parte

correspondiente de sacrificios maternales. Ella parpadeó y se secó las mejillas con una mano.

Había algo en la expresión de su rostro —Sasuke no sabía qué—que casi hacía que la compadeciera.

—De ahora en adelante, sólo hablaré de mis preocupaciones con usted. —Tras decir esto, se quitó el sombrero y le dio un suave golpe al caballo con las rodillas para que empezara a andar—. Que tenga usted un buen día, señora Haruno.

Ella alzó una mano.

—¡Espere un momento, por favor! Deme unos minutos más de su tiempo y luego dejaré que se marche.

—Dígame.

La mujer se mordió el labio inferior.

—Sé que nos ha prometido que nos devolverá a Sakura después del nacimiento del bebé. Pero, entretanto, hay algunas cosas que debería usted saber de ella, cosas que no pude decirle la otra

noche frente al juez. Debido a su estado de salud, ¿entiende usted?

—¿De qué cosas me está usted hablando?

Se retorció las manos.

—Haga lo que haga, nunca permita que Sakura se acerque a un gato sin supervisión. Y, si tiene

invitados en casa con niños pequeños, no debe tolerar en ningún momento que ella se quede sola con uno de los críos. Bajo ninguna circunstancia.

—¿Le importaría decirme por qué?

—¿Acaso no es obvio? Ella no lo haría a propósito, como se imaginará, pero temo que le haga daño a un niño o un animal. —De nuevo se le llenaron los ojos de lágrimas, y las comisuras de su

boca empezaron a temblar—. Sólo haga caso de lo que le digo. ¡Por favor!

Tras decir estas palabras, la mujer se dio la vuelta para alejarse de allí y volvió sobre sus pasos para cruzar el jardín. Él la siguió con la mirada durante largo tiempo.

Al regresar a Uchiha Hall, Sasuke se dirigió a su estudio, donde esperaba encontrar un poco

de soledad. Pero Tsunade tenía otros planes para él. Antes de que pudiera ponerse cómodo en su silla, llamó a la puerta y, acto seguido, entró sin pedir permiso. Simplemente con mirarla supo que

no se conformaría más que con una narración completa de su conversación con los Haruno.

—¿Qué ha ocurrido?

Sasuke se levantó y se dirigió al aparador, donde sirvió dos copas de coñac. Como él rara vez bebía a una hora tan temprana, el ama de llaves arqueó las cejas al recibir una copa.

—¿Tan grave es?

Sasuke se volvió hacia las ventanas acristaladas que daban a la parte occidental de los jardines.

—Digamos simplemente que, después de hablar de nuevo con los padres de Sakura, estoy más

confundido que nunca. —Guardó silencio por un momento, observando con ojo crítico los

arbustos esculpidos que rodeaban los arriates de rosas—. Maldición, Tsunade. Tenía tantas

esperanzas anoche. Estuve despierto hasta el amanecer. Miles de ideas me pasaron por la

cabeza... que ella no es una retrasada como piensan sus padres, que a lo mejor la fiebre la afectó de alguna otra manera que ni siquiera hemos tenido en cuenta. Quizás en su capacidad de hablar, o de oír.

Tsunade estaba aparentemente tan frustrada como Sasuke

—Bueno, pues su oído está bien, téngalo por seguro. Cuando la llamo, ella casi siempre se

vuelve al oír su nombre. —Frunció el ceño, pensativa, y frotó la copa entre sus manos—. Pensé que éste era el motivo por el cual usted quería que un médico la examinara, señor, para saber qué

tiene exactamente.

Sasuke se rio amargamente.

—Si decido someterla a unos exámenes médicos, o llego a sugerir siquiera que me gustaría que

ella se quedase aquí después de que nazca el bebé, tendré que librar una verdadera batalla.

—Los Haruno ya no tienen ningún derecho legal. Usted puede hacer lo que le dé la real gana.

—Es verdad, pero ellos son los padres de Sakura. Si estás en lo cierto, y ella puede establecer

vínculos afectivos, un distanciamiento sería... —Sasuke dejó que su voz se fuera apagando. Después de un momento, dijo—: No quiero partirle el corazón sin que haya un buen motivo.

—No, no queremos eso. Tengo la sensación de que esa pobre chiquilla ya ha sufrido lo

suficiente en su corta vida.

Tan brevemente como le fue posible, Sasuke le contó todo lo que se había dicho durante su

conversación con los Haruno, incluyendo las extrañas advertencias de Mebuki: que nunca se debía dejar a Sakura sola con un gato ni con un niño.

—Eso es absurdo —dijo Tsunade enfadada—. La chica es inofensiva.

—No lo fue anoche al agredir a la señora Karin —le recordó Sasuke—. Y tampoco se portó como

un ángel cuando la traje a casa en el carruaje.

—¡La provocaron y perdió los estribos!

Sasuke no podía negarlo. Miró fijamente las profundidades del color del ámbar de su coñac.

Cuando volvió a alzar la vista, había tomado la decisión de contarle todo lo ocurrido a Tsunade,

incluso lo relacionado con el tío de Mebuki y el temor de los Haruno de que su hija pudiera estar loca.

No se permitió pensar que estaba faltando a la promesa de guardar el secreto que le había hecho a Kizashi Haruno. Tsunade nunca repetiría lo que él iba a contarle, y el futuro de Sakura estaba en juego.

Mientras él hablaba, Tsunade se puso lívida.

—¡Dios bendito! —susurró ella cuando él terminó de hablar—. La chica no está loca, señor. Apostaría la vida por ello.

Sasuke pensaba lo mismo.

—Sin embargo, creo que los Haruno temen que pueda estarlo, lo cual explica su renuencia a

permitir que un médico la reconozca.

Tsunade negó tristemente con la cabeza.

—¿Porque un médico podría descubrir que ella no está simplemente tocada, sino

completamente loca?

—Un descubrimiento semejante podría destruir la carrera política de Kizashi Haruno y, si esto

sucede, su esposa parece creer que se divorciaría de ella.

—En otras palabras, los árboles no les dejan ver el bosque.

Sasuke dejó escapar un suspiro.

—No lo sé. A lo mejor somos tú y yo quienes no estamos viendo las cosas con claridad. Sólo el tiempo lo dirá, supongo. —Miró a Tsunade a los ojos mientras una leve sonrisa se esbozaba en sus labios—. Por suerte, aún tenemos suficiente tiempo. No estamos precisamente jugando mientras Roma arde. Ella sólo está embarazada de cuatro meses. Tenemos cinco meses más para observarla

y tomar una decisión. Si después de unas pocas semanas los dos tenemos la plena certeza de que se puede hacer algo para ayudarla, la llevaré a Portland, y que sus padres se vayan al infierno.

Tsunade alzó su copa.

—Brindo por ello.

Sasuke no pudo menos que sonreír.

—No será nada agradable. Si decido ir en contra de su voluntad, se enfrentarán a mí con todas sus fuerzas.

—Pues encontrarán en nosotros dos las hormas de sus zapatos. —De los ojos del ama de llaves

salieron algunas lágrimas cuando bebió el resto del coñac. Agitando una mano frente a su cara,

parpadeó y tomó aire a través de los dientes—. ¡Dios! ¡Esta cosa me hace arder desde la cabeza hasta los pies!

Sasuke se rio.

—Bueno, ¿entonces hemos llegado a una decisión?

—Es más bien una decisión a cambio de otra; pero sí, hemos llegado a una decisión. Llevaremos a la chica a Portland para que un médico la examine.

—Si vemos indicios de que tiene capacidad de aprender —apuntó Sasuke.

—Estoy segura de que así será.

—No te hagas demasiadas ilusiones, Tsunade. No quiero verlas truncadas. Hemos de ser prudentes.

—No se truncarán —le aseguró ella con un brillo desafiante en los ojos—. Es posible que la

chica no sepa matemáticas ni ninguna de esas cosas, pero tiene la capacidad de aprender. Apuesto

mis queridas ligas a que es así.

—Espero que tengas razón. —Más tranquilo de lo que se había sentido en muchas horas, apoyó

un hombro contra la pared—. Hay otro problema que no hemos tratado: tenemos que conseguir otra cuidadora. Sé que tienes mucho trabajo, y no puedo esperar que asumas la responsabilidad

adicional de cuidar de Sakura. Tenemos que contratar a otra persona. ¡Ah!, y a propósito, ¿dónde está ella ahora?

—En su habitación. Le pedí a una de las criadas que se quedara con ella mientras yo venía a

hablar con usted. Kakashi ya ha arreglado la puerta, por cierto. Cambió el revestimiento y la cerradura. Quedó como nueva.

—¡Qué rápido lo ha hecho!

—Sí, bueno, tuve que darle la lata. Usted ya conoce a Kakashi. Si es posible dejarlo para

mañana... —Su voz se fue apagando.

—Siento mucho que hayas tenido que trabajar más de la cuenta, Tsunade.

Ella hizo un gesto con la mano para desestimar las disculpas.

—No me molesta cuidar de la chica. Por lo que a mí se refiere, ella puede seguirme mientras yo

hago mi trabajo. En casa de sus padres no la encerraban en su habitación, ¿verdad?

—No.

—Bueno, entonces, si huye de mí y sale corriendo, no pasará nada. Sabemos dónde

encontrarla.

Sasuke reconoció, asintiendo, que ella tenía razón. Su principal preocupación era que, dado que le

gustaba deambular por el bosque, Sakura se atreviera a alejarse de la casa y se hiciese daño. Hasta que diera a luz, era preciso tomar medidas especiales para garantizar su bienestar.

—¿Estás segura de que no te molesta cuidar de ella? Por razones obvias, no quiero que salga

sola de casa.

—No me molesta. —Tsunade lo observó durante un momento—. En cuanto a no dejar que salga sola, quizás pueda usted encontrar tiempo para acompañarla.

—¿Yo? —Esta sugerencia cogió a Sasuke desprevenido. Después de la reacción física que la cercanía de Sakura le produjo en el carruaje aquella mañana, no le hacía ninguna gracia la idea de quedarse a solas con ella—. Creo que sería mejor que le pidiera a uno de los empleados de la casa

que la acompañe.

Tsunade torció el gesto.

—Señor, después de lo que pasó con la señora Karin, ¿cómo puede siquiera ocurrírsele una

idea semejante? Debemos tratar a Sakura como un miembro de su familia. Ella no es una mascota a

la que cualquier persona que esté disponible puede sacar a pasear.

Sabiendo que el ama de llaves tenía razón, Sasuke dejó escapar un suspiro.

—Miraré mi agenda para ver si puedo tratar de pasar un poco de tiempo con vosotras todas las

tardes. —Rogó que la irlandesa no le preguntase por qué necesitaba su presencia. Tras sacar el

reloj de su bolsillo, miró la hora. Aquella tarde había quedado con dos hombres que estaban

interesados en comprar una de sus yeguas—. Bueno, pues, ya que hemos resuelto esto, supongo

que debo...

—Hay otro pequeño asunto —le interrumpió Tsunade.

Sasuke puso cara de sorpresa.

—Como le dije anoche, de alguna manera tiene que lograr que Sakura entienda que su cuerpo

está aumentando de tamaño debido a que está esperando un bebé. Se sigue negando a comer.

Sasuke gruñó.

—Tsunade no creo que ella entienda nada de lo que yo le diga.

—Entonces hágale un dibujo.

—¿Un dibujo? Yo no sé dibujar. Además, la chica se pone muy nerviosa en mi presencia. ¿No

sería mejor que una mujer se lo explicara?

Un brillo se reflejó en los ojos de Tsunade.

—No me mire a mí. Yo tampoco sé dibujar. En cuanto a que yo deba explicarle lo que está

sucediendo, considero que es una tontería. Usted es el marido de la chica.

—Soy su marido en el sentido menos estricto de la palabra.

—Situación que debe usted rectificar. Se lo he dicho desde un principio. —La chica es...

—Encantadora.

—Ningún hombre que tenga un poco de decoro...

—Y también muy dulce.

—Tsunade, por el amor de Dios, sé razonable.

—Me parece perfectamente razonable. —Ahora la mujer discutía alegremente—. Según la ley, ella ya es su esposa. Además, está esperando un bebé que llevará su nombre. Usted mismo ha dicho miles de veces que no tiene ninguna intención de casarse con otra mujer. ¿Por qué no hacer de éste un verdadero matrimonio?

Tsunade dejó que la pregunta quedara flotando en el aire, puso su copa en el aparador y salió de la habitación. Una vez que se hubo marchado, Sasuke se quedó mirando el suelo con la mirada perdida.

Un verdadero matrimonio... Cerró los ojos para intentar ahuyentar este pensamiento, pero

negar la realidad del mundo que lo rodeaba no ayudaba en nada a aliviar el dolor de la soledad arraigada en lo más profundo de su ser.

¡Holis! He aquí el octavo capítulo y yo odio cada ves mas a los padres de Saku. ¡Bravo Tsunade! Que les parece esta particular ama de llaves? Nos leemos pronto