La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Muchas gracias a todos aquellos que leen y disfrutan de esta y todas mis historias, que alguien se tome la molestia de leer lo que uno escribe es muy valioso.
Este es un viaje complicado, estresante y lleno de baches, y a pesar de frustrarlos y hacerlos llorar, espero que me acompañen hasta el final. He escrito varios fanfics Swan Queen, pero debo confesar que este es mi favorito, y lo dedico a todos aquellos que leen en silencio y a aquellos que me dejan saber sus pensamientos en cada review.
ADVERTENCIA: Esta historia es Swan Queen, y tiene contenido Captain Swan, si a usted no le gusta, por favor no lea.
CAPÍTULO 10
—No me hagas esto, Swan.
—No estoy haciendo nada.
—Pones al chico por encima de mí. Deberíamos estar viviendo juntos como prometiste.
—Henry es mi hijo, está por encima de todo.
—Y lo entiendo. No tengo nada en contra del chico, pero esa bruja lo ha puesto en mi contra.
—Regina es su madre. No hagas esto más difícil.
—No entiendo por qué tienes que ir a hablar con ese grillo.
—Mira, Killian —dijo Emma perdiendo la paciencia—. Te llamaré cuando me desocupe.
—Sé que piensas que soy un muy atractivo idiota, pero he aprendido que tú nunca me llamas. Creo que voy a esperarte aquí, así sabré que voy a verte de nuevo.
Emma no iba a contradecirlo, llevaba todo el día discutiendo. Henry hizo una real y completa rabieta, lloró, gritó y azotó varias puertas. Ella nunca había tenido que lidiar con nada de eso, verlo así la tomó por sorpresa, tuvo que ceder a lo que él quería, así que lo llevó directo a la práctica de béisbol. Utilizó el tiempo libre para ir a la estación; George había pedido reunirse con ella, tenía seis hojas que contenían las nuevas reglas de su trabajo, la primera, usar uniforme. Después de refrenar durante tres horas sus impulsos de golpear a George directo en su rostro, lo último que necesitaba era tener que buscar a Henry porque él no la había esperado en el campo, tuvo que arrastrarlo fuera del restaurante de la abuela ante las miradas de reproche de todos los presentes, y luego amenazarlo con llamar a Regina si no se daba una ducha. Sintió un inmenso alivio cuando su padre llegó para invitarlos a almorzar, envió a Henry con él, y se quedó en casa para limpiar el desastre que su hijo había dejado en el baño.
No tenía tiempo ni ganas de escuchar las quejas de Killian, quería desaparecerlo. Se supone que los novios deben ayudar o al menos distraer. Si Killian quería quedarse en su casa, esperándola sin hacer nada, no iba a interferir, siempre y cuando no tuviera que enfrentar una nueva discusión.
Así que estaba física y mentalmente preparada para su batalla real. Estaba segura que Regina iba a lanzarla debajo de un tren y volver sus restos cenizas. Ponerse de acuerdo con respecto a Henry nunca antes había sido posible, estar frente a un supuesto psicólogo no iba a hacer ninguna diferencia.
Henry corrió a los brazos de Regina, provocando una punzada de envidia en Emma.
Los papeles se habían invertido, y no se sentía nada bien. Era horrible, cansado, e injusto. Emma no quería ser la mamá terrible y odiada por su propio hijo, ni siquiera sabía cómo hacerlo, debía imponer más castigos o ceder en todo. Se dejó caer en el sofá frente a Archie, dispuesta a escuchar cualquier cosa que pudiera ayudarla a resolver su actual situación.
—¿Cómo has estado Henry? —Preguntó Archie.
—Deberían preguntarle eso a Emma, llevó a vivir a ese sucio pirata a su casa.
Regina respiró profundo, sintiéndose agradecida por estar sentada en el extremo opuesto del mismo sofá en el que ella y Emma estaban sentadas, y más aún por tener a Henry separándolas. Ella no estaba lista para escuchar eso. Ni siquiera sabía cómo sentirse.
—Esto es lo que ha estado pasando. Siento que lo próximo que haga él va a tomarlo y publicarlo en el periódico —Emma se quejó con Archie.
—No necesito hacerlo. Tu novio es un pirata, va a robar o intentar matar a alguien, y lo pondrán en la última página del periódico porque es un borracho.
—No me hables de esa manera. Soy tu madre.
—No. No lo eres.
—Regina —Archie notó que Regina parecía distraída—, ¿tienes algo qué decir?
No. Esa era la respuesta honesta que ella quería dar.
—Quiero… estamos aquí porque quiero solucionar esto por el bien de Henry. Hemos dejado que esto lo afecte y no estamos logrando manejarlo.
—¿Qué opinas, Emma?
—Lo mismo que ella.
—Ella quiere que yo viva con ese pirata, ¿no vas a decir nada?
¿Qué podía decir Regina?
No quería decir nada. Quería arrancar a Emma de su memoria. Tomar la misma poción que usó para olvidarla cuando decidió concentrarse en ser feliz siendo la madre de Henry.
—¿Mamá? —Insistió Henry, creyendo necesitar ser rescatado.
—Emma es tu mamá.
—No.
—Ella te quiere… más que a nadie.
—No es cierto.
—Puedo entender que estés molesto, pero… deberías intentar darle una oportunidad a… Killian. Él es la persona que ella ama, y al parecer, con quién desea compartir su vida.
¿A quién le dolieron más esas palabras?
El Doctor Hooper no podía descifrarlo, pero comprendía la importancia de su significado.
XXXSQXXX
REGINA
—Había olvidado que seguías aquí.
Empujé a Lily a un lado, y me abrí paso en el departamento de Mary Margaret. Mi cachorra está durmiendo en el sofá.
—¿Cómo te fue en la terapia? —preguntó Mary Margaret.
—Estupendo —tomé un poco de agua del refrigerador, pero cambié de opinión y me serví algún tipo de alcohol que había sobre el mesón de la cocina.
—¿Quieres contarme qué tan perfecto te fue?
—¿Por qué sigue ella aquí?
—Ella está presente. Si ustedes no hubiesen arruinado la vida de mi madre y por ende la mía, yo no estaría aquí.
—Tú no estarías aquí si yo no hubiese sacado de su miseria a tu madre. Eres tú quién está en deuda conmigo, si quieres ponerte técnica. Todos en este maldito pueblo deberían organizar una fiesta en mi honor por haberlos librado de sus miserables vidas.
—Es una buena idea —Mary Margaret tenía la habilidad de provocarme querer matarla—, podríamos celebrar tu cumpleaños, un poco atrasado pero…
—Olvídalo.
—Nosotras tuvimos nuestra propia celebración, estoy dispuesta a repetirla —¿Por qué diablos sigue en Storybrooke? Es que nunca voy a poder librarme de las mujeres con las que me he acostado.
—Oh, por favor. No quiero recordarlo. Verlas desnudas va a quedar marcado en mi memoria para toda la vida.
—Lo único bueno que al parecer logré conseguir de eso.
—No hieres mis sentimientos, Regina. Y ni siquiera te engañas a ti misma.
—Basta. No quiero oírlas hablar de eso. Puedes, por favor, contarme cómo te fue en la terapia con Henry y mi hija.
—Muy informativa. Debería estar celebrando, saber que ella y ese hombre asqueroso están viviendo juntos lo pone todo en perspectiva; no es como si fueran a casarse, tener hijos y un perro, a lo mucho se pondrán un bar de mala muerte o naufragarán en ese horrible barco.
—Esa es la vieja Emma que conozco. Fingir es su especialidad. Que no te sorprenda si la vez convertida en la esposa ideal.
—Es un pirata inservible, solo sabe emborracharse y fracasar en cada cosa que hace.
—No me agrada que mi hija esté con un hombre así, no es lo que quiero para ella.
—Es exactamente lo que merece. Son tal para cual.
—Regina. Entiendo que estés molesta.
—No. No entiendes nada. Tu hija prefiere revolcarse con ese idiota, que se maquilla más que ella, porque es incapaz de asumir una verdadera responsabilidad. Al menos ahora va a tener que esforzarse si realmente quiere ser la madre de mi hijo, porque no voy a facilitarle nada, voy a dejarla ahogarse en pataletas y recibir exactamente lo que merece. Desde el día en que llegó a esta ciudad dio por sentado ser madre.
—Regina.
—No. No me hables. Porque tanta idiotez tiene que ser genético. Mientras tú te la pasas con esta mujer haciendo quién sabe qué, tu familia se aleja de ti cada vez más; y sinceramente estoy cansada de repetir el mismo discurso, en especial cuando es evidente que nadie lo escucha.
Tomé en brazos mi cachorra y salí de allí. Había terminado de jugar con todos ellos. No más. Tenía que preocuparme de vivir mi propia vida.
XXXSQXXX
Estaba en un conflicto. Solo me quedaba media botella de vino blanco, y nada de sidra, y el resto de alcohol en la casa simplemente no era de mi agrado en ese momento, lo último que necesitaba era despertar al día siguiente con un terrible dolor de cabeza, pero tenía la necesidad impetuosa de ahogarme en alcohol. Fue deprimente meterme en la tina y beber solo tres copas de vino. Una muestra más del desorden en el cual se había convertido mi vida.
—Hey. ¿Estás cómoda en mi cama?
Mi cabello goteó sobre Nay. Ella dio un pequeño ladrido y se tambaleó entre los pliegues de su colcha.
—Es una colcha muy cara la que te compré, si orinas en ella voy a ponerte un pañal, y no te va a gustar dormir en tu propia cama en lugar de en la mía.
Le hablaba a un perro, ¿podía ser más patética?
Nay ladró, seguramente de acuerdo conmigo.
Me puse algo cómodo, y luego de darle de comer a Nay me senté con ella en el jardín, esperando que eso tuviera alguna influencia en su aprendizaje. No quiero tener que desinfectar mi casa todos los días solo porque ella es incapaz de aprender buenos modales. Pero no voy a juzgarla antes de tiempo; le daré un voto de confianza y veré más videos en internet sobre cómo educarla.
—Somos una familia real, Henry, tú y yo —no debería mal acostumbrarla a dormir conmigo en mi cama pero no era una noche en la que quisiera dormir sola—. No necesitamos a nadie más. Todas las familias son diferentes.
XXXSQXXX
Lo último que esperaba a primera hora de la mañana era recibir a Ruby Lucas en mi puerta.
—¿Podemos hablar?
—No.
—Lo siento. Estaba molesta con Emma y me desquité contigo.
—No encuentro ningún sentido a eso.
—Yo sabía lo que estaba pasando, y también sabía que ella te encontraría, tiene instalado algún tipo de rastreador en tu teléfono. Sé que no justifica lo que hice, pero… sigo pensado que toda la situación entre ustedes es absurda. No sé qué pasa con ella, y si sirve de algo creo que es una idiota por haber elegido a Hook. Y David también es un idiota por haberte culpado por la muerte de Neal.
—He hecho peores cosas. ¿Por qué disculparse con la Reina Malvada?
—Me estoy disculpando con Regina, y lo hago porque estaba en un mal momento cuando te invité a salir. Creo que nos habríamos llevado muy bien si yo no hubiese sido una completa perra.
—Bien. Gracias. Ahora sal de mi porche antes que decida convertirte en algo peor que un perro.
—Puede que hayas perdido tu toque, pero sigues siendo jodidamente sexy —su sonrisa descarada enfatizó sus palabras.
Me he vuelto débil.
XXXSQXXX
EMMA
Tres horas libres. Era la peor madre del mundo, pero durante esas tres horas no tenía ningún remordimiento. Todo el drama que me rodeaba sirvió para que los cambios en el trabajo pasaran desapercibidos, ni siquiera me molestaba usar uniforme, y hacer todo el papeleo había conseguido distraerme lo suficiente para no escuchar a Regina entrar a la estación.
—Sé que pusiste un rastreador en mi teléfono, quiero saber si hay algún otro del cual debería saber.
—¿De qué estás hablando?
—No me hagas perder el tiempo, sabes perfectamente de lo que estoy hablando.
—No te lo diré.
—¿Perdón?
—Soy responsable de la seguridad de todo el mundo, y tú eres la única que siempre se mete en problemas.
—Estoy tan cansada de esto. ¿Qué es lo que tengo que hacer para deshacerme de ti?
—Creo que las dos estuvimos en la misma terapia en la que Archie nos recalcó, que debido a Henry, estaríamos unidas por siempre.
Ella no parecía en absoluto feliz, y no podía culparla.
—¿Y qué piensa tu extraordinario novio sobre nuestra eterna unión?
—Mira… sobre eso…
—No me interesa escucharte. Compartimos a Henry y esa es la única conexión que vamos a tener.
—Estoy de acuerdo —dijo Killian.
Lo único que deseé en ese momento fue desaparecer. ¿Era tan difícil tener un poco de tranquilidad?
Regina respiró profundo, dio media vuelta y caminó hacia él.
—Mantente alejado de mi hijo o te aseguro que perder la otra mano será el último de tus problemas.
—Lo único que me importa es Emma.
No era como si esperara que él mantuviera su boca cerrada, pero lo que me sorprendió por completo fue el cambio de actitud de Regina.
—Deberías esforzarte mucho más en satisfacer sus necesidades, no quiero tenerla buscando mi cama porque sigues siendo insuficiente —fue como ver a la antigua Regina que solía esperarme sentada en el escritorio para hacer mi vida imposible.
—Se lo haré saber mientras estamos en la cama —genial, eso era exactamente lo que necesitaba. Solo tenía que haber mantenido la boca cerrada.
—Eso seguro te ayudará, es evidente que es en mí en quién piensa cuando está contigo.
¡Qué diablos!
Se fue así, sin más, lanzando una bomba que sabía nos haría explotar. Mi boca estaba abierta y mi cerebro tratando de procesar lo que acababa de suceder.
—¿Escuchaste lo que me dijo?
—Es a ti a quién no quiero escuchar en este momento —caminé hacia él para empujarlo fuera de mi oficina.
—No puedes hablar en serio.
—Killian. Si quieres que esto funcione necesitas hacerte a la idea que Regina siempre va a ser una parte de nuestras vidas. No espero que te agrade, ni que seas su mejor amigo.
—Bien. Porque eso nunca va a pasar, amor.
—Solo mantente alejado de ella.
—Es ella la que debe alejarse de nosotros.
—Hablo en serio. Sin importar lo que diga o haga, déjala en paz.
—¿Por qué la defiendes? Ella te odia.
—Tiene todas las razones para hacerlo, y lo último que quiero es tener más problemas con ella.
Escucharlo quejarse era una pérdida de tiempo; lo dejé irse molesto a su barco. Henry era el único problema del cual tenía que ocuparme. Tras recogerlo de su práctica y esperar que se diera un baño, lo llevé a comer fuera. Pasar tiempo de calidad con él era muy importante.
—Es como en los viejos tiempos —dije, conduciendo la patrulla con Henry de copiloto—, podemos trabajar en alguna misión.
—Puedo quedarme con mamá si tienes que trabajar.
—Es mi semana contigo.
—Entonces prefiero quedarme en tu casa, soy grande, puedo quedarme solo.
Estacioné la patrulla a un lado de la carretera, y aunque Henry miraba todo el tiempo por la ventana, puse toda mi atención en él.
—No me apartes, Henry. Haré lo que sea para compensar lo que pasó con Regina. Quiero que volvamos a llevarnos bien, me importas, y te quiero.
Él no dijo nada.
—¿Recuerdas lo que dijo Archie? Todos tenemos que poner de nuestra parte.
—Pero a ti no te importa si somos o no una familia.
—Claro que sí… sé que lo que hice no estuvo bien, pero nunca quise lastimar a Regina… si pudiera volver el tiempo atrás haría todo lo posible porque sigamos siendo amigas. ¿Puedes darme una oportunidad para poder arreglarlo?
—Te daré una oportunidad cuando vuelvas a llevarte bien con mamá.
—Henry.
—Tú no entiendes.
—Explícame. Estoy aquí. No voy a ir a ningún lado.
—Te traje aquí… no querías quedarte… y creo que sigues sin querer hacerlo.
—Eso no es cierto.
—¿Entonces por qué insistes en alejar a todas las personas que te aman?
XXXSQXXX
Henry y yo no hicimos ninguna operación encubierta. Le propuse que después de nuestra actual rutina: recogerlo de su práctica, bañarse, y almorzar juntos; lo llevaría al refugio, podría ser algo así como el ayudante de David, pero esa tampoco fue una opción aceptable; lo odiaba menos que a mí, pero seguía estando molesto con él. Era de esperarse que Regina tuviera una propuesta mejor, entre las conversaciones telefónicas que ellos tenían a diario ella le dijo que hablaría con Belle para que lo aceptara como ayudante en la biblioteca. Ella incluso hizo una donación a la biblioteca que le permitía a Belle pagarle un pequeño sueldo a Henry.
El otro trato que tuve que hacer fue prometerle a Killian que lo compensaría la siguiente semana, necesitaba tiempo para solucionar las cosas con Henry. Fue mucho más comprensivo de lo que yo esperaba, me hizo sentir aliviada poder tener un problema menos y concentrarme en poner al día todo el papeleo atrasado en la estación; no iba a darle ningún motivo a George para que pudiera despedirme.
—¿Tienes un minuto?
Mary Margaret entró, cerró la puerta de la oficina y se sentó en una silla frente a mí.
—Estoy muy ocupada.
—No te quitaré mucho tiempo.
—Está bien —sabía que ella no desistiría.
—Quiero ayudarte con Henry. Sé que las cosas no están bien, pero puedo ayudarte a recuperarlo.
—¿Por qué?
—Por qué sé lo que es querer recuperar el amor de tu hijo.
—Estoy bien por mi cuenta.
—Al menos podrías intentar pensar en mí como tu compañera de cuarto. Solíamos llevarnos bien. Te ayudé con Henry; puedo hacerlo otra vez.
—¿Y ponerte en contra de Regina? Y yo que pensaba que habían vuelto a ser superamigas.
—No tengo que estar en contra de ella para estar de tu lado.
—Gracias, pero no estoy interesada.
Fingí organizar un poco el desorden que había sobre mi escritorio.
—Ni siquiera vas a escuchar lo que tengo que decir —guardó silencio intentando provocarme—. Está bien, seguramente en unos años cuando Henry sea un adulto y pueda pensar mejor las cosas decida enviarte una invitación a su boda.
Eso logró provocarme. Si alguien era capaz de aferrarse a su terquedad y odiarme por el resto de su vida, era Regina… y Henry. No estaba en condiciones de negarme a aceptar cualquier tipo de ayuda.
—Ok. Te escucho.
—Es un plan con muchos pasos, y debes seguir cada uno de ellos. ¿Estás dispuesta a hacerlo?
—No presiones.
—Está bien. Iremos paso a paso.
—¿Cuál es el primero?
—Killian Jones. No voy a inmiscuirme, no seré el tipo de madre que le dice a su hija con quién salir. Pero puedes pedirle un tiempo, ir más despacio, no vivir juntos. No estás pensando casarte con él ¿cierto?
—Volvamos a lo de no inmiscuirte.
—Tienes razón. Eres una mujer adulta, hecha y derecha; sé que no vas a casarte con él. Te apoyaré en lo que sea que decidas… mucho más adelante, por ahora debemos concentrarnos en Henry, y hasta que su relación mejore, lo correcto sería no involucrar a Killian, en especial porque no es una relación seria ¿cierto?
—Lo es.
—¿Lo es?
—¿Tienes algún problema con eso? —me crucé de brazos esperando lo que sea que me contestaría.
—No. Pero Henry… ya sabes lo que él piensa. Lo odia.
—Esto no se trata de Killian, se trata de mí, me odia. Está convencido que voy a salir huyendo y abandonarlo.
—Eso hace las cosas más fáciles. Es como la primera vez que llegaste aquí, solo que esta vez no es en una maldición en lo que tienes que creer… es en nosotros, tu familia.
—No sé qué más esperan de mí. Lo último que me falta por hacer es tatuarme sus nombres. Estoy aquí. No soy yo quién echó todo a perder.
—Nadie te culpa… Mira —se sentó en el filo de la silla para acercarse un poco más a mí—. Regina vivía en el castillo, se casó con mi padre, cuidaba de mí, pero nunca fuimos una familia, nunca nos dejó entrar en su corazón.
—¿Viniste aquí solo para convencerme de no casarme con Killian?
—No. Quería invitarte a una reunión, es algo así como una sorpresa. Nos perdimos el cumpleaños de Regina, y pienso que deberíamos hacer algo especial, para recordarle que la queremos. Haré una cena, solo para la familia, y luego creí que sería divertido ir a un bar fuera de la ciudad; invité a unos cuantos amigos de ella, es una lista muy corta, pero la idea es que ella lo pase bien.
—Me odia. No va a pasarla bien conmigo allí.
—Está enojada. Regina está acostumbrada a que nunca luchen por ella. Si eras honesta con querer ser su amiga, no debes dejar de intentarlo. Y te aseguro que no hay mejor forma que ganarse a Henry.
—Tengo mucho trabajo.
—Te dejaré continuar. La cena es mañana a las siete en punto. La abuela dijo que no tenía ningún problema en cuidar a Henry.
Lo que Mary Margarte me dijo, no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Fue imposible concentrarme en el trabajo. Necesitaba hablar con Archie.
Lo encontré saliendo de su consultorio y lo abordé de inmediato.
—Sé que no tenemos una cita, pero necesito preguntarte algo.
—Claro. Dime en qué puedo ayudar.
—Obviamente se trata de Henry. Estoy respetando sus emociones y mostrándole lo mucho que me importa, pero él sigue enojado conmigo.
—Esto es un proceso, Emma.
—Lo sé. Pero no quiero pasar un año con Henry odiándome, quiero un atajo que resuelva esto cuanto antes.
—No hay atajos, ni soluciones mágicas. Las relaciones requieren esfuerzo. Los problemas no se resuelven de la noche a la mañana.
—Dijiste que era muy importante que Regina y yo pudiéramos resolver nuestras diferencias y conseguir tener una relación cordial. Mary Margaret parece creer que la solución mágica para recuperar a mi hijo es Regina.
—Obviamente ella es muy importante para Henry, es su madre.
—¿Crees que si nosotras volvemos a llevarnos bien hará que Henry deje de odiarme?
—Ayudará. Pero los problemas van mucho más allá de eso. Es algo que viene desde el momento en que Henry descubrió que fue adoptado.
—Él la odiaba menos cuando no nos la pasábamos peleando. Ella se esforzó por llevarse bien conmigo y con mis padres. Es eso lo que tengo que hacer.
—Me parece que estoy siendo utilizado como una caja de resonancia en dónde depositas tus pensamientos para escucharlos en voz alta —suspiró exasperado.
—Funciona para mí —sonreí.
—¿Funcionó con tus padres?
—Gracias Archie. Hablaremos de todo lo que quieras en la próxima reunión.
Moría de ganas por hablar con Henry, pero esperé el momento adecuado. Aproveché el tiempo para pensar muy bien lo que iba a decirle, no podía echarlo a perder.
Terminamos de cenar, y justo antes que se encerrara en su habitación, le conté lo que Mary Margaret tenía planeado para el día siguiente.
Henry tampoco tenía ningún problema en quedarse con la abuelita de Ruby; me siguió a la sala, ansioso por saberlo todo.
—Es una sorpresa.
—¿Por el cumpleaños de mamá?
—Sí. Es idea de tu abuela, ya sabes cómo es.
—¿Tú vas a ir?
—¿Te parece bien? No quiero molestarla.
—Es una cena familiar, pero seguro que no quieres ir.
—Iré. Iremos.
Su expresión cambió por completo, parecía feliz, obviamente lo disimulaba muy bien, pero se acercó aún más y se dejó caer en el sofá junto a mí.
—No tengo un regalo. ¿Cómo voy a conseguir algo tan pronto? Gasté todos mis ahorros.
—No te preocupes por eso, podemos ir juntos a buscar algo; pagaré por tu regalo si me ayudas a escoger el mío.
—¿Le comprarás un regalo? —preguntó sorprendido.
—No puedo llegar con las manos vacías.
—Es cierto. A mamá le gustan mucho los regalos, debemos conseguir algo especial y divertido. Ella tiene muchas cosas, así que será un poco difícil conseguir un buen regalo. Ahora soy grande, una tarjeta horrible hecha por mí no será suficiente.
—Puedes regalarle una piedra y ella estará encantada.
—Pero esta vez tiene que ser algo genial, para compensar todo lo malo.
—Es cierto. Haremos algo muy especial.
—¿Podemos usar magia?
—Podemos ir fuera de Storybrooke. Salir temprano e ir a un gran centro comercial. ¿Qué dices?
—Está bien.
XXXSQXXX
Sabía muy bien que comprar un regalo para Regina no sería fácil; empezando por el hecho que nunca antes había comprado un regalo de cumpleaños a nadie. Demasiados años atrás, los cumpleaños representaban una sola cosa para mí: soledad. No era algo que quería recordar, y las personas que pasaron por mi vida no fueron memorables.
—Quizá solo tengo que ponerte un lazo —intenté bromear con Henry—. Estoy segura que eres el mejor regalo que alguien ha podido darle.
—No soy un cachorro —frunció el ceño.
—Lo eres, y la mejor parte es que no muerdes sus zapatos ni mojas sus alfombras.
—Voy a contarle que me comparaste con un perro.
—¿Cuándo te volviste tan quisquilloso y chismoso? ¿Dónde está tu sentido del humor?
—Lo perdí cuando intentaste quitarme a mi mamá —eso borró mi sonrisa.
Dos horas lejos de casa, varias vueltas dentro de un centro comercial, y mi hijo seguía odiándome. Debería darle de beber una poción mágica que lo haga olvidarse de las últimas semanas; ese sería un buen regalo para Regina, podríamos volver a ser amigas, compartir tragos, tener cenas familiares, planear paseos. Al final siempre estuvimos destinadas para odiarnos. Ella jamás va a perdonarme, y si lo hace, no será antes de veinte o treinta años.
—No hay nada que podamos darle —Henry parecía frustrado—. Venir aquí fue un error. Comprarle zapatos o una cartera, no es suficiente para mamá.
—Lo sé. Pero viniendo de ti todo lo que importa es el gesto. Puedo apostar que ella siempre va a preferir una tarjeta hecha por ti o…
—No tengo cinco años. Le he dado un montón de tarjetas, todavía las tiene guardadas. Quiero darle algo más.
—¿Qué te parece si le compramos un collar? Le podemos hacer grabar algo.
—No. Tú puedes darle uno si quieres, pero yo prefiero seguir buscando.
Caminamos por varias calles; Henry, siempre, dos pasos por delante de mí. Tras entrar y salir de varias tiendas, un lugar absolutamente raro llamó su atención. Cruzó la calle y corrí tras él. El lugar olía a incienso, de esos raros que huelen a gato, y había un gato disecado con una placa dorado indicando que era el amado Don Burbujas al cual siempre extrañarían; era una imagen escalofriante. ¿Quién diseca a su amado gato? Era como estar en esa vieja película del Cementerio de Mascotas.
—¿Puedo ayudarles en algo? —preguntó la dueña del lugar, una pelirroja con grandes lentes cuadrados que casi cubrían la mitad de su rostro.
—Busco algo especial para mi madre. No pude estar en su cumpleaños, y quiero compensarla.
—Entiendo. Quieres hacerle saber que lo sientes y que la amas —dijo aquella mujer, con una brillante sonrisa—. Dime lo que le gusta, quizá pueda ayudarte.
—Le gustan las manzanas, los caballos, también le gusta cocinar y leer un montón de libros. Cree mucho en la magia. En otra vida fue una reina y todo lo que siempre quiso fue ser libre y feliz.
Todo lo que siempre quiso fue ser libre y feliz. Escucharlo hablar sobre ella me hizo sentir… triste.
Después de todos los errores que cometí, me esforcé por no pensar en Regina, ignorar el problema y fingir que tarde o temprano pasaría; de pronto era como si mi mente me jugara una mala pasada, porque todo en lo que podía pensar era en ella, la forma en que siempre intentaba hablar conmigo sobre las cosas que quería.
Tuve que sentarme, dejarme caer pesadamente en la única silla que encontré, recordándome que debía respirar. ¿Por qué ella iba a enamorarse de mí?
Era absurdo. Imposible.
Y sin embargo, no solo dijo que estaba enamorada de mí, sino también que me amaba.
—¡Emma! —Mis ojos se enfocaron en Henry—. Tenemos que seguir buscando.
—Sí… claro… dame un minuto.
—¿Vas a comprarle algo?
—Sí.
—Te espero afuera.
No pude detenerlo. No quise. Necesitaba un segundo, o más bien, diez.
—Tengo algo que quizá pueda gustarle.
La dueña de la tienda se acercó a mí, puso en mis manos un pequeño cofre redondo de color bronce, la tapa estaba cubierta por pequeñas piedras de color rojo vino, y los alrededores tenían ramas con espinas. La caja por si sola era preciosa, y la joya que había en su interior lo era aún más.
—Si decide llevarlo, puedo ponerle una inscripción.
XXXSQXXX
REGINA
Necesitaba suavizante para ropa, y comprar nuevos calcetines para Henry.
Llevaba toda la mañana hacienda una lista mental mientras arreglaba la casa. Tenía sidra recién hecha, pero era necesario reponer el mini bar, lo cual me recordó lo mucho que Henry estaba creciendo, debía tener un mejor cuidado con las bebidas alcohólicas en la casa, en especial si iba a tener como referente a ese pirata alcohólico.
Tomé en brazos a Nay y la llevé conmigo al estudio. La cocina quedó impecable, al igual que las habitaciones superiores, pero todavía me faltaba toda la planta baja. Recogí los papeles del viaje que había planificado, y que aún seguían en la papelera; no tenía ningún sentido guardar nada de eso. Encendí la chimenea y los lancé en ella.
El sonido del timbre atrajo mi atención. Apenas abrí la puerta lamenté haberlo hecho.
—¿Qué demonios haces aquí?
—No tienes muy buenos modales para ser una Reina.
—No creo que tengas idea de los modales que solía tener, era la Reina Malvada ¿recuerdas?
—Sí, sí. He venido a molestarte, pero no por mucho tiempo.
—¿Qué quieres, Lily?
—¿Querer? Quisiera estar entre tus piernas todo el fin de semana pero he venido para hablar sobre mi madre.
Es como si hubiera algo en mí que atrajera como un gran imán a todas las personas molestas en cada mundo existente.
—Te he dicho más que suficiente.
—Vamos. Ni siquiera tienes algo mejor que hacer. Te la pasas encerrada. ¿Es alguna vieja costumbre? ¿Acaso no sabes cómo divertirte?
—No perderé mi tiempo contigo.
Ella empujó la puerta antes que yo pudiera cerrarla. Su mano se enredó en mi cabello y simplemente me besó. Puse mis manos contra su pecho y la empujé lejos de mí usando mi magia, era blanca otra vez.
—¡Qué diablos! —Se quejó al impactarse en el suelo.
—Vuelve a intentar algo así y vas a perder la lengua.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Te he tolerado suficiente…
—La pasamos bien, tuvimos sexo, no es como si tuviéramos una vieja rencilla que resolver.
—No me interesa tener nada contigo. Estás sobrevalorándote, querida.
—Puede ser cierto —se levantó del suelo—, pero ¿no has pensado que tu vida podría ser menos dramática si dejaras de comportarte como una ex Reina Malvada? Eres la única que parece no estar viviendo su vida; incluso Emma, con todos los problemas que siempre ha tenido, está siguiendo adelante con ese sexy pirata.
Sus palabras me golpearon con fuerza, recordándome el lugar en el que me encontraba cuando todo empezó. Seguía estando en un círculo vicioso, comprometida a seguir arruinando mi vida debido a las decisiones de los demás.
—¿Vas a dejarme entrar sí o no?
No solo la dejé entrar. Cerré la puerta y la besé.
—Esto no significa nada.
—Sé cómo divertirme, estoy dispuesta a enseñarte.
Llegamos hasta el sofá, pero caímos sobre la alfombra, al menos no era mi espalda la que iba a estar adolorida al día siguiente. Sus manos buscaron el filo de mi blusa, pero la detuve.
—Necesito tomar una ducha primero.
—No. No es cierto.
Iba a protestar, a decirle que había pasado todo el día limpiando la casa, pero el teléfono me dio una mejor excusa.
—Debes estar bromeando —dijo, al verme levantar para tomar el teléfono.
Era Emma.
—No contestes —dijo ella, parada detrás de mí.
—Puede ser por Henry.
—Entonces volverá a llamar.
Me quitó el teléfono y lo lanzó al sofá.
Levanté los brazos y la dejé quitarme la blusa, mis manos la imitaron y me apresuré a quitarle brasier.
El teléfono volvió a sonar. Tuve que contestarlo. Solo que quién llamaba era Mary Margaret.
—Regina.
—¿Qué sucede?
Lily me llevó devuelta a la alfombra, intentando quitarme el teléfono.
—Quería invitarte a cenar. Estoy preparando algo especial.
—No. No puedo —dije mirando fijamente a Lily.
—Henry va a venir. Es a las siete en mi casa.
—Está bien.
Corté de inmediato. El teléfono cayó al piso, al igual que mi espalda. Lanzó mi brasier al aire; sus manos apretaron mis senos y su boca besó mi cuello. Desabroché a ciegas su pantalón.
—Espera —se levantó para desvestirse—, dame un segundo y te desnudaré también.
—Tengo todo el tiempo del mundo —me sostuve sobre mis antebrazos para disfrutar mejor la vista.
—Alguien parece mucho más relajada.
—Se supone que ese es tu trabajo.
—¿Vas a pagarme? Te advierto que mis servicios no son baratos.
—Tendrás que darme una demostración.
—Recuerdo haberte dado una muy buena demostración.
—Fue muy deficiente.
Me quitó los leggins bruscamente y se tomó su tiempo en quitarme las bragas. Apoyé mi cabeza en la almohada y Nay me sorprendió lamiendo mi mejilla.
—No. Nay —intenté alejarla, pero ella no quería desistir—. No es momento de jugar.
Lily la tomó y la puso sobre el sofá. Nay siguió ladrando.
—Listo. No más interrupciones —el teléfono sonó en ese preciso momento—. Ni siquiera eso va a detenerme.
Su boca rozó la piel de mi estómago, su lengua dejó un rastro húmedo hasta llegar a mi clítoris, y el maldito teléfono no dejaba de sonar.
—No te detengas…. Oh. Sí.
Creo que el timbre sonó, pero no podía prestarle atención a nada más que no sea el intenso placer que Lily me estaba dando.
—¡Regina!
Mis ojos se abrieron y lo primero que vi fue a Emma. Por un momento creí que mi mente me estaba jugando malas pasadas, pero Lily se puso de pie entre nosotras, recordándome la imagen exacta que Emma acaba de presenciar.
—Esto se está volviendo una muy mala costumbre —Lily le dijo a Emma.
—Esto es… ¡Que mierda significa esto, Regina!
Logré ponerme mi blusa y mis bragas, simplemente porque no quería tener una discusión estando desnuda.
—Acabas de verlo con tus propios ojos. ¿Mi lengua en su vagina necesita explicación?
—Lily —La tomé del brazo y la halé lejos de Emma.
—No tienes que darle ninguna explicación, Regina.
—Puedo hablar por mí misma.
Una nube de humo blanco desapareció a Lily, justo delante de mis ojos, y no fui yo quién lo hizo.
—¿Qué hiciste? —pregunté enojada.
—La envié lejos de aquí, ¿qué esperabas?
—¡No puedes hacer eso! ¡No puedes entrar aquí e inmiscuirte en mi vida!
—Mejor yo, que Henry. Él pudo haber entrado…
—No metas a Henry en esto.
—¿Intentas vengarte de mí acostándote con mi ex?
—¿Tú ex? —eso me tomó por sorpresa.
—¿No lo sabías? Por favor, Regina. Estoy harta de tus malditos juegos. Al menos deberías buscar una forma más madura de lidiar con tus celos.
—Sal de aquí.
Creí que se iría, caminó hacia la puerta pero regresó, y no podía lucir más furiosa.
—¡No voy a irme! ¡Merezco una maldita explicación!
Su descaro me provocó risa.
—Planeaste esto ¿no es así? —me sujetó con fuerza del brazo, acercándonos—. ¿A qué estás jugando?
—A diferencia de ti, no juego a nada.
Las viejas costumbres tardan en morir. Me acerqué a ella, sintiéndome como la villana que solía ser; mis labios casi rozaron los de ella.
En ningún momento se apartó.
—Fuera de mi casa.
Fui feliz al verla descomponerse. Una satisfacción momentánea, porque en cuanto me soltó y se fue sin decirme nada, fui yo la que parecía romperse, incapaz de sostenerme en pie. La nariz fría de Nay rozó mi pierna, recordándome que estábamos solas.
XXXSQXXX
MARY MARGARET
Entré en la cripta, empujé el ataúd del padre de Regina a un lado y bajé los escalones. Tomé cada ingrediente que necesitaba, asegurándome dos veces de elegir el correcto.
Guardé todo en mi bolso, y salí de allí.
Lo que Lily me dijo, me hizo comprender exactamente lo que tenía que hacer.
