Me he inspirado en este capitulo con la canción – Black Mirror – Arcade Fire.
CAPITULO 9
Espejo Negro
"The black mirror knows no reflection
It knows not pride or vanity
It cares not about your dreams
It cares not for your pyramid schemes
Their names are never spoken
The curse is never broken"
Hakuba sonrió satisfecho cuando comprobó que se encontraba en la calle que el papel indicaba. Había tenido que recurrir a los antiguos archivos del instituto Ekoda para saber la dirección. Miró con atención los diversos números de las pocas casas que se hallaban en ese excéntrico y deshabitado vecindario. Anduvo por la calle, observando las añejas casas de alrededor, dándose cuenta que no había ni un alma paseando por allí. Al cabo de unos minutos, se paró frente una mansión rodeada por un extenso jardín selvático y descuidado. La enorme casa parecía sacada de un cuento fantástico. No, más bien, de una novela de terror. Le pareció que era una casa muy antigua, quizá tenía hasta siglos, a la que nadie se había molestado a cuidar ni a restaurar. Las paredes estaban despintadas y descoloridas, el tejado parecía que se fuera a desmoronar en cualquier momento, las grandes ventanas parecían oxidadas y las puertas estaban desgastadas y roídas. Hakuba arrugó la nariz con una expresión desagradable en su rostro. Miró el número de la mansión. El numero trece. Sí, era este.
Le extrañó saber que una persona tan presumida y vanidosa como Akako viviera en una casa en aquellas condiciones. Pero se encogió de hombros, llegando a la conclusión que la gente como ella tan solo vivían para el culto de uno mismo y de su apariencia. Se adentró al jardín boscoso, esquivando la maleza por el camino, y se plantó frente la gigantesca puerta de madera que, en su opinión, estaba en un estado deplorable. Vio el timbre a un lado y lo apretó, oyendo como contestación un terrible chirrido que le provocó un desagradable escalofrió por la columna dorsal… ¡Ni si quiera se habían molestado en reparar el condenado timbre!
Ante su fastidio, la puerta empezó a abrirse con un desagradable crujido al cual Hakuba tuvo que hacer el abominable esfuerzo de no taparse los oídos y aguantar el sonido estoicamente, como el hombre educado que era. Sin embargo, no pudo evitar torcer la boca en una mueca de desagrado y alzar las cejas al ver el horrible personaje que se hallaba tras ella. Un hombre de ancha espalda, cuerpo pequeño, jorobado y cara de duende con un problema de bizqueo le miraba curioso desde su desaventajada altura y Hakuba tuvo que admitir que la madre naturaleza no era tan sabia como decían. Adivinó que era el mayordomo por sus ropas, aunque esas mismas estaban desaliñadas y sucias, además de anticuadas. El detective ingles carraspeó y rezó interiormente para que su cara no desvelara sus pensamientos.
- Perdone… - Empezó Hakuba educadamente, enseñado su encantadora sonrisa - ¿Está Kuroba Kaito en casa?
- ¡No!
Seguido de esa escueta contestación, el mayordomo cerró la puerta con una fuerza inimaginable – teniendo en cuenta la estatura del hombrecillo y la enorme puerta – y Hakuba casi se quedó sin nariz… ¡Será posible! ¡Pero qué falta de modales! En esa casa pasaba algo, de eso estaba seguro. Y si pensaban que con un simple portazo detendrían a Saguru Hakuba, estaban muy equivocados. Había venido con el objetivo de averiguar qué le pasaba a Kaito y eso era lo que haría. Dio un paso hacia atrás para contemplar la inestable mansión y sonrió divertido. Esto se ponía interesante.
Rodeó la casa con paso tranquilo, con las manos entrelazadas en la espalda, tanteando el terreno en el que estaba jugando. En la parte posterior, encontró una ventana entreabierta a un metro y medio de altura. Perfecto. Miró a ambos lados disimuladamente para comprobar que no había nadie a los alrededores y cogió impulso para enfilarse por la ventana. No le costó mucho, pues su apreciable altura de metro ochenta le facilitó considerablemente el trabajo. Le costó medio minuto en estar dentro de la casa.
Mientras se arreglaba los puños de la camisa y se quitaba de las pantorrillas el polvo que había recogido en el alfeizar de la ventana, observó cautelosamente el interior de la mansión. La ventana daba a un pasillo húmedo, oscuro y con corrientes de aire. Realmente, parecía un castillo encantado sacado de un cuento de terror. Contempló las innumerables velas y los muebles arcaicos y roídos a lo largo del pasillo, decidiendo en silencio qué dirección debería tomar. Decisión difícil, pues lo único que se veía era oscuridad y la tenue iluminación de las velas.
Decidió ir por la izquierda. Estuvo caminando con cuidado para no tropezarse con nada, pues la luz era un bien escaso en esa casa y apenas veía donde ponía los pies. A lo largo del pasillo, divisó una sutil luz solar en una de las puertas entreabiertas. Se aproximó hacia ella y echó un vistazo colándose en la estancia sin mover la puerta ni un milímetro pues estaba seguro que esta crujiría ante el movimiento y lo delataría. Se quedó en un rincón oscuro de la habitación, admirando desde allí la majestuosa y vieja ventana que filtraba la luz en la estancia. Parecía la única habitación que disfrutaba de la luz del sol. Delante de ella había una gran butaca terciopelada que, aparte de los pocos muebles deteriorados que había, parecía que era lo único de importancia en esa habitación.
Oyó un suspiro profundo venir del corredor y se adentró más en el oscuro rincón. La puerta se abrió provocando un leve chirrido y de allí apareció el androide en cuestión. Este no se percató de su presencia ya que, con su patente aire distraído, se dirigió directamente hacía la butaca y se desplomó para contemplar la ventana y lo que había afuera. Por su comportamiento, Hakuba dedujo que era su costumbre sentarse en ese sillón y contemplar el exterior. Hizo el ademán de aproximarse y bombardearle con preguntas sobre su misterioso cambio de actitud para averiguar más sobre sus sospechas. Pero se abstuvo de hacerlo, llegando la conclusión que lo echaría fuera alegando que estaba en una residencia donde no había sido invitado y lo podía acusar de allanamiento de morada. Y con razón, ciertamente.
Ya se encargaría después de las preguntas, no quería arriesgarse a que le echarán sin antes averiguar más sobre el lugar. Quizás encontraba algo de importancia para su investigación. Así pues, con un sigilo admirable, deslizó su elegante cuerpo fuera de la estancia y se adentró de nuevo en el lúgubre corredor. Ahogó un grito de sorpresa cuando vio el enano mayordomo viniendo hacia él con un montón de enormes libros en sus manos que le dificultaban la visión. Hakuba aprovechó esta ventaja para esconderse rápidamente entre un reloj de pie y un armario del pasillo que estaban camuflados entre la profunda oscuridad. El desaliñado hombrecillo pasó por delante de él sin advertir su presencia y se dirigió al final del pasillo hasta desaparecer en la oscuridad. Hakuba salió del escondite haciendo tambalear el reloj y sujetándolo para que no cayese. Miró donde el mayordomo desapareció entre las sombras y frunció el ceño, curioso.
Con las manos en los bolsillos, se dirigió hacia donde había ido el hombrecillo para saber qué tramaba. Al final del largo corredor, había una gran puerta entreabierta y supuso que el mayordomo había entrado de allí. Se escondió a un rincón, esperando que el duendecillo enano saliera para meterse él. Cuando el mayordomo salió y se fue dando torpes pasos hasta perderse en el lado opuesto del pasillo, Hakuba salió del rincón y, con mucho cuidado y sigilo, metió la cabeza en la habitación para comprobar que no había nadie. Se sorprendió al ver la extraña y tenebrosa sala que se hallaba ante sus ojos. Se adentró en ella, contemplando la lúgubre decoración hecha a base de candelabros, gruesos libros y objetos extraños y singulares. Había una enorme caldera en medio del cuarto, como si fuera parte de un ritual, un enorme espejo al fondo y una bola de cristal en una esquina. Además, necesitaba una limpieza a fondo ya que motas de polvo revolteaban por el lugar y telarañas adornaban algunos objetos y paredes.
Después de recorrer la habitación con la vista, cogió un candelabro y se puso a inspeccionar esa rara estancia. Posó su vista suspicaz hacia el enorme espejo que había en el fondo y que ocupaba toda una pared de la habitación. Se aproximó a él, curioso, y cuando se paró delante del espejo se sorprendió al comprobar que no mostraba su reflejo. La superficie era negra como el carbón y profunda como el océano atlántico. Se movió un poco para corroborar si era verdad que no reflejaba nada e incluso tocó el espejo con el dedo índice dándole golpecitos con este. Al final, se rindió. Rió algo sarcástico al pensar qué utilidad podía tener un espejo tan grande que no reflejaba ninguna imagen. Se encogió de hombros y se giró para ojear algunos libros que estaban allí tirados.
Se aproximó a una especie de escritorio viejo y con mugre y dejó el candelabro a un lado para ojear los libros distribuidos sin orden alguno. Abrió el primero, no sin antes soplarlo un poco para limpiar los restos de polvo acumulado, y se quedó atónito al ver que no entendía ni una palabra de lo que decía. Era un abecedario desconocido. Símbolos de carácter simple, trazados aleatoriamente y que se asemejaban a unas figuras geométricas complejas. Al principio, le pareció griego o bizantino, pero después comprendió que se trataba de una escritura más arcaica y quizás pertenecía a una lengua muerta. Frunció el ceño, enojado e impotente, cerró el libro y lo dejó al lado, tomándolo por imposible. Abrió otro libro con la portada forrada de un rojo opaco y con unas letras doradas. De nuevo, aparecían los mismos símbolos desconocidos que el libro anterior. No obstante, en este había algunos dibujos y parecía, dada la distribución de los párrafos, que eran recetas. A Hakuba se le desencajó la faz al ver los insólitos dibujos de aquel libro. Aparecían rituales de tortura, formulas extrañas, objetos raros… Además de ingredientes desagradables ilustrados como ojos de tritón, alas de murciélago, diferentes tipos de insectos, piel de serpiente, patas de conejo, cuernos de rinoceronte, babas de sapo…
Parecían un libro de recetas de conjuros…Sacudió la cabeza. Vaya estupidez, la magia no existía. Akako debía ser una fanática de las novelas de terror y de ciencia ficción. Oyó una voz prominente detrás de él cuando estaba echando un vistazo a un dibujo de una disección de un cuervo.
- Vaya, vaya… ¡Pero mira quién tenemos aquí! - Dijo una voz ronca y profunda con un tinte de ironía – Si es el príncipe de los detectives.
A Hakuba se le heló la sangre al darse cuenta de que fue descubierto. Dejó el libro al escritorio y se dio la vuelta lentamente con el porte confiado pero con los músculos en tensión. Pero cuando alzó la vista, no vio nadie. Todo estaba como antes. El fuego de la caldera hervía y la luz de las velas bailaba al son de una música incorpórea. Frunció el ceño ¿Fue su imaginación?
- ¿Pero que os parece? – La grave voz volvió a hacer presencia - ¡El príncipe de los detectives se ha quedado mudo!
Saguru buscó desesperado donde provenía la voz.
- ¿Quién anda ahí? – Preguntó con valentía.
- Al fin has venido, esperaba tu llegada… - Continuó la voz – Pero has venido demasiado tarde… - Rió misteriosamente – O quizás demasiado pronto.
- ¡Muéstrate!
- Estoy delante de tus narices, idiota.
Hakuba dirigió la vista hacia donde provenía la voz y descubrió una bola de cristal en un tablero que brillaba con una gran intensidad. Se aproximó a ella cautelosamente, viendo los diferentes colores y sustancias que se mezclaban dentro de esta. Acercó su rostro a la bola con una ceja alzada, con una confusión y una curiosidad creciéndole en el interior. Dio unos suaves golpecitos con el dedo índice a la bola, y clavó la mirada, intentando descifrar su mecanismo.
- ¿Qué es esto? – Preguntó el detective con una voz cargada de incredulidad – ¿Una broma?
- Más te gustaría – La voz lanzó unas cínicas risas – Te encuentras delante del Señor de las Tinieblas.
- Por favor… - Rió sarcástico - ¡Vaya tontería! ¡La magia no existe! – Alzó un dedo en el aire con porte autosuficiente – La ciencia es lo único que proporciona respuestas fiables. Esto seguro que se trata de una broma de mal gusto.
- ¿Así que una broma de mal gusto, eh?
Hakuba notó que el suelo empezó a temblar moviendo todos los objetos de la estancia, la luminaria de las velas osciló y la luz de la bola de cristal se oscureció, volviéndose en un tono rojo intenso. Hakuba dio unos cuantos pasos hacia atrás mientras se tambaleaba por la vibración del suelo y veía salir de la bola un humo rojo y negro. Chocó contra la caldera que estaba detrás de él y se agarró a ella, pues los temblores no cesaban, mientras no despejaba la vista de la bola, quedándose atónito y conmocionado. Una espesa neblina roja inundó el lugar y de la bola empezó a salir una sombra grande, oscura y profunda, que se elevó hasta el techo. Una cabeza humana salió de las sombras, con una faz bella de ojos rojos, piel pálida, orejas puntiagudas, pelo rubio y dientes vampiricos. La cabeza lo miró desde arriba con un aire arrogante y superior, sonriendo maliciosamente enseñando en el proceso sus colmillos afilados. La imagen del Señor de las Tinieblas resultaba terrorífica, con ese cuerpo hecho de neblina negra, dejando solamente ver su cabeza de tez blanca y esos ojos rojos tan penetrantes, de seguro capaces de leer tu mente. De repente, el Señor de las Tinieblas extendió más su cuerpo negro y nebuloso en forma de alas negras y, con una rapidez extraordinaria, bajó hasta donde estaba el detective inglés, quedando tan solo a pocos centímetros de su cara y flotando en el aire. Hakuba contuvo la respiración, petrificado, sin ser capaz de pensar por primera vez en la vida.
- Has cometido un terrible error al burlarte del mismísimo Señor de las Tinieblas… - Dijo con tono severo y grave – No te puedes ni imaginar el poder que poseo, Saguru Hakuba, príncipe de los detectives. – Sonrió, malévolo – Lo sé todo de ti. Y por ese error, podría hacerte desaparecer de esta tierra y enviarte directamente al infierno. – Ensanchó su sonrisa - O quizás, podría hacer que tu suerte cambiase para siempre y seas un desgraciado por el resto de tu vida, o quitarte tu inteligencia y tus conocimientos que son tu más preciado don, o deformarte esa bonita cara que tienes… Puedo destrozarte, Hakuba. – La sonrisa se borró de su rostro de repente, adquiriendo una expresión seria – Pero no lo haré.
El Señor de las Tinieblas se distanció del rostro de Hakuba, permitiendo así que Hakuba volviera a respirar tranquilo, aunque manteniendo la mirada en él.
- ¿P- porqué? – Susurró Hakuba - ¿Qué quieres de mí?
- Vaya… - Sonrió divertido - Eres tan listo como aparentas.
- ¿Por qué? – Repitió, intentando reencontrar la serenidad en sí mismo.
- Estoy obligado por culpa de un antiguo tratado a prestar mi ayuda a la familia Koizumi siempre que lo deseen y esa bruja mimada de Akako esta abusando de ese poder, no dejándome en paz – Frunció el ceño, hastiado – Y ya estoy harto – Volvió a sonreír malévolamente – Quiero desvaretar sus planes o, como mínimo, ponerle algunas piedras por el camino – Volvió a aproximarse a su rostro con rapidez – Y tú, detective metomentodo, eres mi gran roca.
- Akako no es una bruja.
- Sí, lo es – Respondió el otro, impertérrito – Y una de muy poderosa.
- ¿Quién eres tú exactamente?
- El Señor de las Tinieblas o… Más vulgarmente conocido como Lucifer - Rodó los ojos y se distanció otra vez de él, nunca le había gustado ese último nombre.
Hakuba aún no podía creer lo que estaba sucediendo. Él, que era una persona entregada a las ciencias y las pruebas empíricas, ahora estaba delante del mismísimo Lucifer que necesitaba su ayuda.
- ¿Qué quieres que haga?
- Oh, nada en especial…Tan solo quiero ofrecerte mi ayuda.
- ¿Qué tipo de ayuda? – preguntó con una ceja alzada, desconfiado.
- Te facilitaré la información que andas buscando. – Sonrió, burlón – Visto lo visto, ni en un millón de años hubieses obtenido la respuesta.
- Claro que sí – Respondió, petulante – Soy uno de los mejores detectives de Japón e Inglaterra.
- Por muy buen detective que seas, si no crees en la magia y en las artes oscuras, nada tienes que hacer – Sentenció Lucifer – Bien, si lo que quieres saber es qué le pasa a tu amigo Kaito Kuroba, debes escucharme atentamente.
Hakuba asintió, interesado y atento.
- Kuroba fue hechizado por Akako que, te repito, es una bruja. Kuroba esta bajo su yugo desde ya hace cuatro años.
- ¿Por qué querría Akako hechizar a Kuroba?
- Porque Akako siempre ha sido adorada por todos los hombres, como debes saber muy bien – Sonrió con burla y Hakuba frunció el ceño – Pero tanto yo como el Espejo Negro le pronosticamos que Kaito Kuroba no lo haría nunca. Akako siempre ha sido muy vanidosa, así que ya te lo puedes imaginar.
Hakuba se mantuvo en silencio, procesando la información. Así que todo había sido cosa de Akako, Kaito no tenía ninguna culpa… ¡Y pensar que durante todos esos años le dieron la culpa a él! Tenía que decírselo pronto a Aoko, ella sobretodo tenía que saber la verdad.
- ¿No existe ninguna poción para romper el hechizo?
- No – Dijo Lucifer, destrozando las esperanzas de Hakuba – Pero hay algo que sí puedes hacer.
- ¿Qué es?
- Debes que llevarte a Kuroba de esta casa – Dictó Lucifer – Llévatelo lejos de Akako durante bastante tiempo. Y debes procurar que eche de menos su antigua vida, antes de ser hechizado. Ese es el único modo de romper el hechizo. Pero debes darte prisa, ya hace cuatro años de esto y si su verdadera esencia que duerme en su interior se enamora de Akako de verdad, no habrá solución para él.
- Bien.
- Te costará echarlo de esta casa, va contra sus nuevos principios – Le explicó Lucifer mientras su cuerpo de sombras empezaba a evaporarse, desde la punta de los pies difusos subiendo hasta la cabeza – Buena suerte, príncipe de los detectives, la necesitarás.
El Señor de las Tinieblas se evaporó en un espeso humo negro y rojo y retornó a la bola de cristal, haciendo temblar y gruñir el suelo de nuevo. Hakuba suspiró, ahora sereno. Tener enfrente a Lucifer no era una sensación muy tranquilizadora y cómoda. Se rascó la nuca para después cruzarse de brazos, pensativo ¿Y ahora qué haría? Kuroba y él nunca se habían llevado demasiado bien, si le intentaba sacar de allí no era seguro que le hiciera caso. Y si se enterara Akako… Ahora que sabía que era una bruja y viendo lo que le había hecho a Kuroba, no era una buena idea. Estaba en una encrucijada. Lo más sensato sería avisar a Aoko, explicarle todo y hacerla venir allí para convencer a Kaito de que se largase de este horrible lugar. Sí, esto es lo que haría.
Cuando ya se dirigía hacia la salida de esa habitación, oyó un taconeo de zapatos decidido y algo apresurado venir hacía allí. Así que se escondió detrás de un escritorio lleno de probetas y elixires. La verdad, ya empezaba a estar un poco harto de esconderse. La puerta se abrió de golpe, con la majestuosa y elegante figura de la bruja en el umbral de la puerta y con el horrible mayordomo pisándole los talones. La bruja paseó su mirada violeta llena de suspicacia por toda la estancia para después entrar con aplomo.
- Se lo he dicho, mi ama, no he dejado entrar a nadie – Le dijo el mayordomo con gran respeto.
- Ummm… - Refunfuñó Akako sin dejar de mirar por los alrededores – Yo he oído algo.
- Quizá ha sido el Señor de las Tinieblas, señorita – Propuso el hombrecillo.
- ¿Lucifer? ¡Ja! – Rió ella irónica – Ése no puede aparecer sin mi presencia… ¡Lo tiene prohibido!
- Pero entonces…
Akako mandó a callar al mayordomo alzando una mano y se paró en seco. Dirigió la vista hacia el escritorio lleno de probetas y pociones y la miró con odio y suspicacia. Extendió el brazo en dirección al escritorio, con la palma de la mano abierta en un abanico y fijó su mirada en un punto en concreto, contrayendo su cara hasta el límite. Una aureola violeta a su alrededor apareció, haciendo que el pelo de ella perdiera gravedad y se elevara, al igual que su ropa y los elementos que estaban a su alrededor. El cuerpo de Hakuba que estaba detrás del escritorio empezó a elevarse, saliendo de su escondite para quedar flotando en una postura rígida y dolorosa delante de la bruja.
- ¿Crees que puedes engañar a la gran bruja Akako, estúpido detective? – Le espetó ella con gran rencor y altivez en su voz - ¿A mí, a la heredera de los Koizumi?
Hakuba sintió que su cuerpo estaba paralizado y le costaba respirar. Su garganta estaba contraída y tenía la visión borrosa. Un calor insoportable corría por sus venas, sofocándolo y ahogándolo, mientras veía la cara de ira y de enfado de la bruja que tenía delante… ¿Iba a morir? Akako rodó un poco la palma de la mano extendida, permitiéndole a Hakuba poder respirar con mayor facilidad, pero aún con el cuerpo paralizado y flotando.
- ¿Qué has venido hacer aquí?
- Vengo a llevarme a Kuroba.
Akako apretó los dientes con fuerza y cerró la palma de su mano con vigor, haciendo que todos músculos del detective inglés se contrajeran de golpe, provocando un horrible dolor que Hakuba tuvo que sofocar con un estruendo y atormentado grito.
- Kaito no se irá de aquí… - Le clavó una mirada asesina – ¡Nunca!
Acto seguido, apartó la mano alzada de un manotazo para que después Hakuba chocase contra la pared de piedra y cayese en el húmedo suelo, soltando otro aullido de dolor. Akako respiró agitada, dado al esfuerzo psíquico y espiritual que acababa de hacer y la rabia y el trance de su interior. Hakuba, con la respiración acelerada y entrecortada, yacía derrotado en el suelo. No podía moverse, su cuerpo aún seguía agarrotado y notaba que la sangre no acababa de llegar a su cabeza porque se mareaba. Con el esfuerzo propio de un titán, intentó incorporarse dando un puñetazo en el suelo y consiguió alzar un poco la cabeza para contemplar la bruja.
- ¿C-Como puedes hacer…esto? – Exclamó él, desde el suelo - ¿Es qué no tienes sentimientos? ¡Kaito es un humano! ¡Tiene derechos! No… No puedes apropiarte de su vida de esta manera… ¡Tienes que dejarle ser libre!
- ¡Tú no sabes nada! – Gritó ella, aún con la respiración agitada - ¡Nada!
- ¡Lo único que sé es que has hecho que el autentico Kuroba desapareciese! – Vociferó el otro, consiguiendo al fin sentarse contra la pared - ¿No te das cuenta? No tiene sentimientos, ni pensamientos, no tiene vida…se comporta como si fuese… como un androide… ¡Y es por lo que tú le has hecho!
- ¡Basta! – Chilló desesperada - ¡Cállate!
Alzó las dos manos hacia él, elevándolo en el aire otra vez y situándolo delante el Espejo Negro. La aureola violeta de Akako se intensificó aún más, sacando varios destellos de su esbelta figura. De nuevo, los músculos de Hakuba se pusieron todos en tensión de golpe, causándole un dolor aún más fuerte y punzante que antes, retorciéndose del sufrimiento.
- ¡Recibirás lo que mereces! – Exclamó la bruja con gran ira en su voz.
Una ráfaga de viento apareció de la figura de la bruja, revolviendo todos los objetos, libros, papeles y rompiendo probetas y frascos, empujando a Hakuba hacía atrás, pero sin moverse, recibiendo los golpes del viento por todo el cuerpo. Entre esa maraña de objetos danzando por la habitación al son del viento, podía ver la mirada de locura y tenebrosa que le dirigía Akako. Y ahora supo que moriría. Allí moriría. En manos de una bruja… ¿Quién lo habría dicho? Siempre se había imaginado morirse de viejo o quizás en medio de una aventura que tuviera que ver con algún homicidio interesante. Pero no. No moriría en manos de la racionalidad y el empirismo. Sino de la fantasía y la ciencia ficción…
Una imagen de una mujer de ojos almendrados y pelo castaño claro se cruzó por la mente. No… Él no quería morir. No. Tenía cosas que hacer aún, le quedan cosas por hacer. Se sintió con fuerzas renovadas e intentó luchar contra el hechizo de Akako. Consiguió mover los brazos y la cabeza, pero tanto su cintura como sus piernas seguían paralizadas en medio del aire. Akako se dio cuenta de sus progresos y decidió cerrar ya con el hechizo. Dirigió su atención al Espejo Negro que estaba detrás de Hakuba.
- Espejito, espejito en la pared… - Susurró la bruja con voz tenebrosa - ¡Haz que este mortal no pueda volver!
La superficie oscura del Espejo Negro se volvió una masa liquida y esponjosa, y surgieron unos tentáculos negros y elásticos que salieron del espejo y atacaron a Hakuba. Unos tentáculos envolvieron sus piernas, otro su cintura, otro un brazo y otro en el cuello. Los tentáculos ocasionaban una fuerza que le estrujaba y, lentamente, le atraía hacía el Espejo Negro. ¿Qué pretendía? ¿Encerrarlo en aquel espejo? Hakuba gritó desesperado, intentando luchar con los oscuros tentáculos, pero era inútil. Cuando más fuerza hacía, más fuerte era el agarre de los tentáculos ocasionándole dolor. Mientras, Akako aún originando el hechizo con las manos alzadas, reía descontroladamente, saboreando ya la victoria.
- ¿Qué está pasando aquí?
Akako paró de reír de golpe y giró parcialmente la cabeza para ver a un Kaito confundido y sorprendido en el umbral de la puerta, atraído por el ruido y los gritos que salían de esa habitación. Hakuba, después del trance causado por la sorpresa, reaccionó.
- ¡Kuroba! ¡Kaito! – Suplicó Hakuba cada vez más envuelto entre los tentáculos y extendiendo el único brazo que tenía libre - ¡Ayúdame, por favor! ¡Ayúdame! ¡Ayúdame a salir de aquí!
Kaito aún confundido, pero reconociendo que Hakuba estaba en peligro, se dirigió con pasos torpes hacia él con intención de cogerle el brazo sin apenas cuestionarse nada. Cuando estaba a pocos centímetros de tocarle la mano, la voz de Akako le hizo parar en seco.
- ¡Kaito no lo hagas! ¡Es un traidor! – Le mandó Akako desde su posición, aún maquinando el hechizo - ¡Te lo ordeno yo, Akako!
Ante la orden, el cuerpo de Kaito se quedó rígido y bajó la mano. Como un androide.
- ¡Kaito! ¡Kaito, por favor ayúdame! – Siguió gritando Hakuba, cada vez más cerca del espejo - ¡No le hagas caso, Kaito, ayúdame!
Kaito tragó saliva, sin dejar de contemplar la imagen del detective adentrándose cada vez más en el Espejo Negro, teniendo ya las piernas dentro. Paralizado, asustado, indefenso.
- No…No puedo… - Susurró el androide.
- ¡Sí, sí puedes! – Insistió Hakuba - ¡Tan solo tienes que darme la mano y tirar! ¡Ayúdame!
- ¡No, Kaito, no lo hagas! – Gritó Akako desde atrás.
- ¡Ayúdame, Kaito!
El virus de su interior empezó a ocasionar pequeñas explosiones dentro de su cuerpo y originó unas punzadas agudas y afiladas en el cerebro, enrabiado por no hacer nada por el detective. La voz del virus le susurraba, encolerizado, que le ayudara. Pero él no podía moverse, no podía, su mente no le respondía, estaba completamente nublada, sin poder razonar. Lo único que podía hacer era estar ahí parado, contemplando como el Espejo Negro engullía poco a poco el cuerpo de Hakuba, y escuchar esas suplicas y esa quebradiza voz pidiéndole ayuda. Las ráfagas de viento provinentes de Akako le golpeaban tal como hacía el virus de su interior, provocándole una inestabilidad y un malestar inaguantable… Torbellinos interiores y exteriores, dolor, caos, incertidumbre… ¿El virus o Akako? ¿Ayudar o no al detective? ¿A quién tenía que hacer caso? ¿Quién de esas dos partes era él?
Finalmente, el cuerpo de Hakuba entró por completo, quedando tan solo la cabeza.
- ¿Por qué Kaito? – Gritó Hakuba con un último aliento - ¿Por qué no me has ayudado?
La cabeza de Hakuba fue engullida al fin y su cuerpo quedó flotando dentro del Espejo Negro, siendo el único reflejo que se hallaría a partir de ahora. Los ojos de Saguru siguieron abiertos, viendo todo lo que ocurría fuera del espejo, en un estado de inconciencia, en un estado de hibernación permanente. Pero, al contrario que Kaito, no se olvidó de todas sus expectativas, metas y relaciones sociales. No. Quedaron en él, en su mente, torturándolo, haciéndole recordar cada instante que estaba encerrado dentro de un espejo y que nunca podría salir de él. Creándole una añoranza difícil de saciar y una ansiedad que se daría cuenta que sería crónica por el resto de sus días dentro el espejo. Viendo el tiempo pasar, la vida seguir, sin él.
Kaito observó el cuerpo del detective flotar dentro del Espejo Negro y sintió el arrepentimiento y la desesperación correr por sus venas. Impotente, cayó de rodillas contra el suelo de piedra y se agarró la cabeza con las manos trémulas, apretujándola y casi tirándose del pelo.
- ¿Qué he hecho…? ¿Qué he hecho….? – Susurró con voz desesperada, notando que todo él temblaba - ¿Por qué no lo he ayudado?
Akako se aproximó hacia él, con aspecto de cansada. Esos hechizos eran demasiado potentes y agotaban en seguida.
- Tú no has hecho nada.
Kaito alzó la mirada hacia la figura de Akako, observándola con ojos atormentados haciendo que Akako tragarse con dificultad.
- ¿Por qué lo has hecho, Akako?
- Se lo merecía – Contestó secamente – Se estaba metiendo donde no le llamaban.
- ¡Pero no tenías porque haberlo hecho! – Exclamó – ¡Esto esta muy mal, Akako, muy mal!
- Kaito, se lo merecía – Repitió contundente.
- Debes librearlo, Akako, debes hacerlo…
Akako notó sus dientes crujir.
- ¿Quién eres tú para darme ordenes?
- ¡Pero debes hacerlo, Akako! – Insistió - ¡Esto no esta bien! Si le hubiese ayudado…Si lo hubiese ayudado…
Pero no había podido. Su cuerpo no le respondía, ni su cuerpo ni su mente, no era propietario de nada. Ahora lo veía claro. Aoko tenía razón. Era un androide. No tenía que hacerse ilusiones de nada, aunque le gustara el chocolate, hiciera magia y volviera a ser Kid seguiría siendo un androide. No podía pretender ser alguien que no era… Porque lo cierto era que él…
- ¡Tan solo soy un maldito androide! – Gritó golpeando el duro suelo de piedra con un puñetazo.
Akako, al ver la agitación descontrolada de Kaito, tomó una decisión. Dio un paso hacia adelante y extendió el brazo hacia Kaito y le tocó la frente. Cerró los ojos y recitó unas palabras arcaicas mientras su cuerpo volvía a envolverse en una aureola violeta. Kaito ahogó un grito pues sentía que le escocía el cerebro y, segundos después, cayó desplomado al suelo. Akako dio unos pasos hacia atrás, observando el cuerpo de Kaito inconsciente en el piso, respirando cada vez más cansada.
- Lo olvidarás todo, Kaito, olvidarás todo lo de hoy y volverás a ser la persona sumisa de antes.
Acto seguido, Akako ordenó al mayordomo – el cual lo había observado todo desde un rincón – que se lo llevara a su habitación para que descansase. El mayordomo, obediente, cogió a Kaito por las axilas y lo arrastró fuera de la estancia. Akako se recostó contra el escritorio, agotada. La magia negra consumía gran parte de las energías del emisor. Miró al producto de su último hechizo, enjaulado e inmóvil, dentro del Espejo Negro. Causaba una visión terrorífica y encantadora a la vez. Parecía un príncipe dormido, expectante a que le salvarán. Lástima, nadie lo podría salvar jamás. Se dirigió hacia él con paso elegante y se paró delante del Espejo Negro para observarlo atentamente. Él tenía los ojos abiertos aunque sin ninguna expresión en su hermoso rostro.
- Tu castigo por fisgonear e intentar estropear mis planes será quedarte encerrado eternamente – Dijo Akako severamente a pocos centímetros de la figura de Hakuba – Con los ojos abiertos, para que puedas ver lo que te estás perdiendo estando aquí dentro.
- Hoy te has excedido, Akako – Susurró una voz grave en un rincón de la sala – No deberías haber practicado tanta magia negra en un solo día.
Akako miró a la bola de cristal con enfado. Curiosamente, ese maldito Señor de las Tinieblas siempre hablaba en el momento más inoportuno.
- Métete en tus asuntos, Lucifer.
- Debería recordarte que tus asuntos son los míos, querida Akako. – Contestó cínicamente – Y llámame Señor de las Tinieblas – refunfuñó – Sabes que no me gusta Lucifer.
- Lo sé, por eso lo hago – Sonrió burlona.
- Sabes que te estas metiendo cada vez en más problemas ¿No Akako? – Continuó Lucifer, ignorando su infantil burla – A diferencia de Kuroba, este detective te será muy difícil esconderlo. Es famoso, tiene familia y de seguro que lo buscarán.
- Que lo busquen – Dijo vanidosa – No lo encontrarán jamás. Nadie sabía que vendría aquí y nadie sabe que estuvo aquí.
- Excepto Kuroba.
- Él lo ha olvidado todo. Me he encargado de eso.
- Akako, te estás arriesgando demasiado. – Advirtió severamente – Ha sido muy mala idea hacerle otro hechizo al mago cuando el anterior aún no se ha completado. Recuerda que Kuroba aún no es del todo tuyo… Si sigues así, harás que la verdadera esencia del chico dormida en su interior en vez de desaparecer, explote…Y si lo hace, Kuroba enloquecerá. Perderá la cordura y, poco a poco, morirá.
- No permitiré que pase eso.
- No me gusta como estas haciendo las cosas.
- Repito: No es asunto tuyo.
- Si no eres capaz de llevar esto, los espíritus de las Catacumbas Infernales pueden castigarte muy severamente por no asumir ni preveer las consecuencias de tus actos. Sabes que son mucho más poderosos que yo…
- ¡Cállate! – Exclamó la bruja - ¡Todo esto lo sé muy bien, no hace falta que me lo digas!
La estancia se sumió en un silencio incómodo y tan solo se sentía la respiración acelerada de Akako.
- Te estás descontrolando, Akako – Sentenció Lucifer.
Con esta ultima frase, la luz de la bola de cristal se fue apagando, señal de que el Señor de las Tinieblas había abandonado la bola y había regresado al Infierno. Akako dio unos pasos hacia atrás hasta chocar contra la húmeda y dura pared. Dejó deslizar su cuerpo por ella hasta quedarse sentada en el suelo. Se puso las manos en el rostro, rendida y agotada, dándose cuenta que se le estaba escapando todo de las manos.
"Mirror, mirror on the wall
Show me where their bombs will fall
Black Mirror, Black Mirror, Black Mirror…"
Fin capitulo 9
Ummm...¡vale, alto el fuego! Sé que soy muy cruel. Pero ya dije en su momento que esta historia va para largo, asi que aqui esta una complicación más para que la historia siga.
Me ha salido un capitulo muy oscuro ¿verdad? Aunque tengo que decir que siempre he tenido ganas de escribir algo así y he disfrutado haciéndolo. Lo cierto es que lo he disfrutado mucho, quizás es el que considero que me ha salido mejor… Eso sí, me gustaría oír vuestras opiniones
Juju… ¿Habéis visto la paradoja de los hechizos? Kaito posee el cuerpo para desplazarse y seguir en el mundo, pero su mente pertenece a Akako. En cambio Hakuba es del revés. Posee su propia mente, pero su cuerpo esta encerrado en un espejo.
Sharyl21: Holaaa! no, interminable no será, pero como has visto en este ultimo capitulo las cosas se complican muchoooooo! y no para bien. Akako ha actuado, como adelanté, y el pobre Hakubaa (aun siendo yo la responsable de esa abobinación, me sabe mal porque en el fondo lo adoro!) de tanto meter sus narices en lugares peligrosos, al final ha salido mal parado! Me alegra que te guste Chikage! es un personaje que no sale mucho en Magic Kaito y que creo que es importante en la vida de Kaito ¡Muchas gracias por seguir este fic con tan entusiasmo! Por cierto, ¿te ha gustado el señor de las tinieblas?:):)
karimariesk: Uahhh! una vieja conocidaa!:D:D me alegro que sigas este nuevo fic, el cual he comenzado con mucho empeño! Bueno, lo de acabar antes de febrero, no se yoooo! es mucha presión! pero lo tendre en cuentaaa! mirare de esforzarme para acabar antes! (aunque no prometo nada, la inspiración llega cuando llega, y ahora estoy en racha pero no se si durara muchooooo :S:S) Que te ha parecido este ultimo capitulo?
Lady Paper: ¡Vaya! ¿Otra vez el fanfiction este te la esta jugando con los reviews? Tengo que admitir que nunca me ha pasado, pero a Saori le pasa muy a menudo también...No sé que pasa la verdad, pero debe ser cosa de los administradores o algo así...¡Bueno, valoro mucho tu esfuerzo por dejarme un review, de verdad! Lo cierto es que la idea del palomar me vino de repente, mientras escribía el capitulo 7...al principio queria que kaito hiciera más trucos pero despues me vino la idea de hacer un palomar ¿Pues donde debe guardar kaito a sus preciosas palomas? Espero que no te haya descorazonado este último capitulo jeje! siempre he tenido ganas de hacer un capitulo como este, oscuro, lleno de magia y tenebrosidad, con algo de intriga ¿Qué te ha parecido Lucifer? jaja!
Clara: ¡Contigo quería hablar! Si no fuese por tu comentario del primer capitulo de este fic, el señor de las tinieblas no hubiese salido más. Te explicaré: me preguntaste en un review que qué era lo que el señor de las tinieblas debía a la familia de los koizumi, pregunta que yo no tenia respuesta pues pensaba que ya no saldría más. Pero cuando estaba haciendo esye capitulo me pregunté que cómo hakuba iba a averiguar que kaito estaba hechizado si no cree en a magia y...¡paff! me acordé de tu comentario y decidi hacer salir al señor de las tinieblas , alias, lucifer. jeje! Muchas graciass! gracias a ti, me ha salido redondo! aunque espero que no me odies por el giro de la historia... porque te prometo que tendrá un final feliz! Ah! y aun espero la historia de Kaito y AOkoooooooo!:D:D:D
Shulia: Oummmmmm...! no me odies, por favor! en tu anterior review tuve que darme contra el canto de una mesa, porque te vi muy ilusionada en los progresos de kaito, que me senti mal al saber lo que venia el proximo capitulo! y ahora...Paff! te estropeo la ilusión! este capitulo ha sido como un "reset", y Akako ha hecho que kaito vuelva al punto de partida...Lo siento, lo siento! pero te prometo que eso no quedara así, no, no, de ningun modo! Aunque espero que te haya gustado el capitulo a pesar del final XDXD Muchas gracias por todo tu apoyo! lo valoro mucho, al igual cuando dices que escribo tan bien :D:D
Saori Kudo:Vale. Lo sé. No te ha gustado mucho...¿verdad? XDXD Aquí la felicidad se ha ido por la taza del vater (perdon por el vulgarismo). Aunque espero que esto no te induza a hackearme el ordenador y matar a akako. No aún, jujuju! Se que ya estas harta de sufrimiento, pero es que soy la maldad en persona juasjuajsuas! nono, ahora en serio. Este capitulo, el cual lo he hecho con todo el entusiasmo del mundo, tiene su sentido. Y aunque Hakuba haya quedado atrapado, su desaparicion no será en vano. Tendra sus consecuencias. Y el personaje de Kagura (la cual me alegro muchooooooo que la adores!) no ha acabado su tarea. Ah, no. Y Aoko, claro esta, sera aún su fantasma y el virus, de momento, no se ha vuelto "loco". jusjus! Lo de la suegra que no le contó lo de que kagura estuvo con kaito a aoko...Tengo mi porqué, tu tranquila. Chikage es muy lista, no por nada es la madre del ladrón más genial del siglo. Bueno... ¿Te ha gustado lucifer? siempre he tenido ganas de hacer un capitulo oscuro como este, y aunque este lleno de sufrimiento e intriga, me ha gustado hacerlo! Muchas gracias por tus comentarios , de verdad que me alegran el diaa!:D:D
aural17:Uuuuuuuh. no me mates, porfavor! jejje! yo quiero a saguru, de verdad! pero no he podido evitarlo! Es decir, lo he hecho por mis motivos!(que no pienso desvelar, claro esta!)Pero no pensabas que akako se quedaria de brazos cruzados cuando le invaden su territorio verdad? es mala, pero no tonta! Lo de Kagura- Aoko, en verdad tienes razón. Son primas segundas xdxd. pero claro, como es la hija de su prima y es muy pequeña, a parte de que se ocupa de ella, le llama tía. no sé, pensé que quedaba mejor! xdxd habra un capitulo que dira como fue kagura a vivir con aoko, y lo entendrás mejor! muchas gracias por todos tus comentarioss! de veras!:D:D:D:D
Miina Kudo: Juju...Se que me repito más que el ajo, pero...NO ME ODIES! Se que - en la ausencia de tu amado shin - adoras al detective ingles, pero te suplico que no me odies porfavooooor! Todo tiene su sentido, tiempo al tiempo! aun falta para la matanza de akako, aunque si seguimos así, el club anti- akako que se ha creado por mi culpa, la matara antes de tiempo! ya os veo a las hermanas Kudo (saori y tu) hackeando mi ordenador y trasgirbersando mi fic!jajajajaj! Me alegro que te gusta la relacion hakuba - aoko- kagura - kazuha! jeje! la desaparicion de hakuba traera grandes consequencias, ya lo veras! Espero que te haya gustado este ultimo capitulo a pesar de todo!:D:D:D:D
Proximo capitulo: Kagura.
BESOS!
LittleThief03
