Capítulo diez

Marea de recuerdos


La casa de Miura seguía siendo tan cómoda y pequeña cuando estacionaron el auto negro de Kyôya frente a la puerta; Mukuro les esperaba del otro lado de la calle con un libro, Romeo y Julieta, sujetó en la mano derecha. Kyôya se acercó, con pasos fuertes y enojados, como era de esperarse en sus reacciones cuando estas concernían a Rokudo. Reborn se quitó la fedora, cosa que se le estaba haciendo costumbre.

—¿Tienes el libro?

—Lo tengo. Por cierto, es un placer verlos, sobre todo a ti, Kyôya, siempre es un placer.

Kyôya gruñó, como lo llevaba haciendo en todo el caso, arrebató el libro de las manos juguetonas de Mukuro y comenzó a leer, la primera página dictaba.

24 de septiembre de 1997

Shin programó mi parto para el 13 de Octubre. Dice que el bebe es un poco pequeño y que podría dificultarse el parto. Sin embargo ya he decidido un nombre para él: Tsunayoshi. He comentado esto con Timoteo y ha dicho que es un nombre espectacular, que el nombre también pensaba dárselo a un hijo suyo.

He tenido un mal presentimiento y se lo he comentado a Knuckle; me ha vuelto a recetar las pastillas para la depresión; no he tomado un solo frasco y le he preguntado si las pastillas caducan; me ha dicho que no así que las conservo, no sé cuándo vaya a necesitarlas.

Iemitsu ha pedido verme, pero me he negado esta vez; he comprendido las palabras de Timoteo y ha terminado por convencerme. No soy la mejor opción para Iemitsu ni él la mía. Lo amo, como tal vez no amaré a nadie, sé que me ama y eso es más de lo que hubiera deseado.

No voy a resistir más tiempo esto, por eso acepté la oferta de Timoteo, me mudaré a Tokio, a una pequeña urbe. Le daré a Tsunayoshi una buena vida. Tal vez, en el futuro, lo lleve con mis padres.

Tal vez.

Tal como lo decía la carta, todo esto hablaba casi después de tener a Tsuna. Así que el 13 de Octubre… el mismo día que Reborn cumplía años.

Kyôya leyó la misma página que él, Mukuro sonreía. —¿Lo has leído? —Soltó con dureza el detective menor.

—Una que otra página, sí. Es… interesante. —La sonrisa indicaba que ya había leído su mayoría. —De todas formas, Shin es el nombre del padre de Miura Haru, lo que quiere decir…

—Él está aquí.

Mencionó Kyôya y vieron el auto llegar al frente de la casa de Miura Haru. El hombre que salió del auto era muy diferente al cuadro que Reborn había pintado en su cabeza. Regordete, de ojos chiquitos y un poco calvo, alto, casi tanto como el propio Reborn. El hombre solo tuvo que observarlos a los tres para que una mueca de desagrado se pintara en sus labios; sin embargo dio pasos decididos hacia la entrada de su casa y los espero, la impaciencia pintada en cada centímetro de su rostro.

—Vamos.

Los más jóvenes siguieron al detective mayor hacia la casa de los Miura, Mukuro no tenía nada que ver ahí y Kyôya se encargó de hacérselo saber con una mirada desaprobatoria; Mukuro continuó caminando, ignorando deliberadamente la mirada; el caso de Nana y su hijo se había mencionado a lo largo de la semana y Mukuro, siendo la persona que era, deseaba informarse más sobre el tema.

Shin, con sus pequeños ojos verde oliva, esperó hasta que todos estuvieron ahí, su mirada, al final, sólo fue para Reborn. —Haru me informó sobre su visita; me gustaría que esto no se alargara demasiado, debo volver al trabajo mañana al medio día y comienzo con una operación.

Reborn sonrió. —Claro, si usted coopera con nosotros esto no debería de tomar demasiado tiempo; ¿vamos a dentro?

Shin, con su pequeña cara redonda y sus ojos pequeños, hizo una mueca de desagrado antes de permitirles pasar. Evidentemente Haru no se encontraba en casa o si lo estaba no parecía querer salir a verlos. Las once de la noche daba un aspecto diferente a la casa a diferencia de a media tarde. El hombre depositó todas sus cosas del trabajo en un taburete cercano a la puerta y luego se encaminó a la sala.

—Tomen asiento. ¿Se les ofrece algo? —Los tres negaron con la cabeza, Reborn y Mukuro se sentaron, Kyôya permaneció de pie, a un lado de la chimenea donde descansaba el retrato de Tsuna. —En ese caso, ¿En qué puedo ayudarles?

—Sospechamos que usted sabía acerca del nacimiento y la instancia de Tsunayoshi, el hijo de Nana Kurokawa.

Shin pareció meditar su respuesta antes de contestar. —Sí, sabía acerca de él; fui yo quien atendió el parto.

Hubo un momento de silencio antes que Reborn volviera a hablar. —¿Era consciente que Nana Kurokawa no había registrado al menor?

—No lo sabía. —Y pese a su cara de póker parecía decir la verdad.

La fedora se movió un poco, mostrando una sombra perfilada sobre sus ojos. —¿Podría explicar su relación con Nana Kurokawa? De la casualidad que usted es, probablemente, la única persona que es totalmente consciente del hecho que Tsunayoshi existe.

El hombre colocó los codos sobre las rodillas, parecía cansado. —No tengo nada que decir sobre eso.

—Puede que usted sepa mentir mejor que su hija; sin embargo, según el reporte que obtuvimos; da la casualidad que usted se mudó, a esta casa, dos meses antes que Nana Kurokawa, y cuatro meses después del nacimiento de su hijo.

Kyôya sonrió al verlo encerrado, contando que él había sonsacado esa información de Haru debía de sentirse realmente muy orgulloso.

—¿Qué quiere saber? —Exigió el hombre, el mal humor saliendo a flor de piel.

La sombra que proyectaba la fedora desapareció y los ojos de Reborn fueron fríos pozos oscuros. —Su relación con Nana Kurokawa y la familia Sawada.

El breve momento de silencio bastó para que todos ahí se tensaran, Kyôya se separó, parcialmente, de la chimenea; Shin comenzó lentamente. —No es un secreto; le debía un favor a Timoteo Vongola y me pidió cuidar de Nana Kurokawa y su hijo.

—¿Por qué? —La voz tenue y fría de Kyôya se alzó.

—Cometí errores, Timoteo me ayudó y esa fue mi forma de devolverle el favor. —Ante la cara de insatisfacción de todos Shin soltó un bufido. —¿Todo esto será usado en mi contra?

Gracioso, fue todo lo que pasó por la mente de Reborn. —Usted no es un sospechoso… ¿o sí?

—No lo creo… ¿Ustedes quieren todo, no es así?

—Me alegra saber que nos entendemos. —Mukuro sonrió, Reborn, que conocía su actitud, sonrió de igual forma.

Shin suspiro. —No creo que Haru lo recuerde; pero hace, más o menos, diecisiete años… yo no tenía nada. Tenía un empleo en una pequeña clínica, vivía en un departamento… realmente no tenía nada. Conocí a la mamá de Haru ahí, Haruhi, en la clínica; me casé con ella el mismo año que la conocí y poco después nació Haru. No lo tenía todo, pero nosotros estábamos bien así.

Kyôya frunció el ceño. —¿Y dónde entra la familia Sawada ahí?

Shin lo miró antes de soltar una risa suave. —Para ser de la policía careces de paciencia. —Kyôya arrugó la nariz; Reborn y Rokudo soltaron una risa sarcástica, no podían estar más de acuerdo. —De momento a otro Haruhi enfermó; el médico encargado de la pequeña clínica era… decían que era bueno; no era más que una estafa. Mentía, daba enfermedades falsas y con ello lograba vender sus medicamentos. —Shin mostraba aflicción; su voz el único sonido en la instancia. —No sé por qué decidí llevar a Haruhi a otro hospital… le detectaron Leucemia mieloide aguda. La enfermedad ya estaba demasiado avanzada; Haruhi murió días después. —Si estaba o no molesto nadie lo supo. —El hospital en que la ingresé era muy caro; pedí muchos préstamos y… un día tenía que pagar. El día llegó demasiado pronto y me llevaron con su jefe al ver que no les iba a pagar; Timoteo estaba ahí, me preguntó la razón por la cual no podía pagar, sabía que para ese momento mentir era demasiado tonto; conté todo. Y… de repente tenía otro trabajo, un mejor departamento y Haru asistía a una escuela prestigiada… incluso me dieron la entrada a la universidad de Tokio para estudiar una especialidad…

Demasiado surrealista. —¿Timoteo te cobró el favor?

—No… no de esa forma… fue… diferente. —Shin se recargó en el respaldo del sofá. —Me preguntó si podía cuidar de Nana; le debía demasiado, así que acepté.

—¿Y entonces?

—Timoteo no pretendía hacer daño a Nana; era cuidarla. Su mundo es peligroso y Nana estaba en constante peligro al relacionarse con Iemitsu, su hijo. Obviamente no hice bien mi trabajo.

Reborn se quitó la fedora, peinó sus cabellos hacia atrás y volvió a colocársela. —¿Qué sucedió?

—En los últimos días nos realizaron una auditoria; el hospital estaba demasiado ocupado y no pude ver mucho a Nana. De cualquier forma, cinco días antes de su muerte tuvimos una discusión. —Los ojos de Kyôya le incitaron (de forma fría) a continuar. —Nana decidió hacerse una revisión a una clínica que, de alguna forma, tiene que ver con el hospital; todo el archivo se unió y me enteré que tenía Leucemia… hace más de cuatro meses ella lo sabía. Estaba molesto por qué Nana no se había dado tratamiento. No lo tomó bien… además… ella se portaba extraña.

Shin se detuvo, intentando dar un nombre. —¿Paranoia? —Sugirió Reborn, Shin lo miró.

—Sí, algo así. Primero me dijo que no le interesaba tener o no Leucemia… me habló sobre Tsunayoshi; y que debía de alejarlo de él. No sabía de quien me hablaba; pero enseguida me acusó de trabajar con él y… todo fue muy confuso. Me cerró la puerta y no volvió a abrir; ni siquiera venía a ver a Haru, aunque le llamaba por teléfono.

Todo indicaba que Nana ya estaba mal cuando todo sucedió.

—¿Nana sabía que usted trabajaba para Timoteo?

—Lo sabía; yo no estaba ocultando nada. Como dije; Timoteo no quería provocarle algún daño, su intención era proteger a Nana.

Reborn no parecía aceptarlo. —Sin embargo fue el mismo Timoteo quien decidió que Nana y su hijo debían de separarse.

—Yo no sé qué pase por la cabeza de Timoteo; si necesita saber algo debería de preguntárselo a él.

Razonable.

—Esto sería todo… por ahora.

Shin no pudo verse más cansado que en ese momento.

≈O=O≈

Kyôya se sentó frente a su escritorio con los dos diarios enfrente; Mukuro se recargaba en el escritorio; Reborn estaba cerca de Kyôya.

—Deberíamos intentar buscar a Timoteo —Sugirió Mukuro. —Si lo que dijo ese hombre es verdad Timoteo Sawada debe saber más que cualquiera.

Gruñido, ese era Kyôya. —¿Tú qué más quieres? Lárgate, este caso no te concierne.

—Como siempre, eres el reflejo de la amabilidad.

—Che… —Kyôya se levantó. —Me voy, leeré esto y te informaré si algo aquí es importante. —se dirigió a la salida y en ningún momento volteo.

Reborn se irguió. —¿Piensas participar?

Mukuro se encogió de hombros. —Tal vez, no tengo demasiado que hacer. De cualquier forma, ¿cómo está ese niño? Escuché que tuvo un ataque de pánico cuando se encontró con su padre.

—No lo sé, se durmió y Kyoko se quedó con él —Reborn se sacudió la chaqueta. —Y seguro esperan por mí, pasa de la media noche.

Una risa sarcástica de Mukuro. —Ve a casa papá.

Su mirada oscura era demasiado como para que Mukuro pudiera continuar sonriendo. —Nos vemos, Mukuro.

Pese a ser más de media noche, Tokio estaba a reventar; Reborn viajaba en el auto patrulla a una velocidad moderada. Al igual que muchos otros oficiales, su departamento estaba en una zona centrada de Tokio, con la capacidad de poder llegar a cualquier lugar sin tener que desviarse demasiado. Su departamento en especial tenía buenas vistas de la ciudad. La torre, los edificios y muchas más pequeñas peculiaridades.

La peculiaridad que más le gustaba se encontraba dentro de su departamento que, al verlo llegar, saltó de su lugar hasta estar frente a él y poder taclearlo mientras envolvía sus brazos menudos alrededor de su cuello. Tsuna había crecido, al menos, dos centímetros desde que había salido de su antiguo hogar, podría juzgarlo como parte de su nueva dieta, pero todo apuntaba a que se trataba de su estado de ánimo.

—Bienvenido a casa. ¿Cómo te fue?

Sus ojos brillaban, suavemente, profundamente, Reborn estaba atraído a ellos. —Bien… ¿Cómo te encuentras? —Tsuna le miró con confusión. —Te pusiste realmente mal después de ver a tu padre.

Perturbación; Tsuna tembló sobre él antes de forzar su agarre en el morocho. —No… no lo sé. No sé quién era… ¡Pero no quiero que se acerque! Me da miedo.

Reborn rodeó su cintura. —Si no sabes quién es, ¿cómo puedes asegurar que no querías verlo?

Tsuna se removió, pero no se separó. —Algo dentro dice que no es bueno, que no debo de acercarme a él… estoy asustado porque eso dentro de mí se pone ansioso… no me gusta.

Justo lo que pensaba, Reborn lo apretó un poco más cerca y le besó con suavidad. Tsuna parecía a gusto ya que se apretó contra su pecho y abrió la boca. Fue un beso suave y cándido; un poco violento; el beso tenía la personalidad de Tsuna en cada momento, en cada parte. Reborn disfrutó cada segundo.

—¿Ya has comido? —Fue la primera frase que salió cuando se separaron, Tsuna brillaba en un rojo intenso mientras asentía con suavidad. —Entonces vamos a la cama.

Tsuna se soltó y salió corriendo a la habitación; Reborn se quitó la fedora y la dejó sobre el sofá antes de seguir al menor a la habitación. Tsuna estaba en proceso de colocarse la camiseta grande cuando Reborn llegó ahí, el menor sacó la cabeza antes de sonreír y correr, una vez más, a la cama y aventarse a ella. Reborn lo hizo todo más despacio antes de subirse a ella con el pijama ya puesto.

—Reborn…

Tsuna llamó suavemente, Reborn no fijo la mirada en él, pero sintió como el castaño se subía sobre su estómago y lo miraba con ojos brillantes, dejó caer, casualmente, las manos sobre su cintura y sintió su piel, era caliente y suave, justo como lo maginaba. Tsuna brilló en carmín antes de apretarse sobre él.

—¿Puedo estar contigo para siempre? —Sin respuesta, Tsuna continuó. —Yo… te amo Reborn. A veces… no estoy seguro… porque sé que tú no pretendías nada de esto; pero eres el único que me hace sentir así. —Parecía que estaba a punto de romper en llanto. —Siempre he sentido que estaba en una nube, quería salir y saber que pasaba… pero no podía, tenía miedo… si… afuera de su esa nube estás tú… entonces yo quiero salir contigo.

Pasó la mano en la mejilla caliente y Reborn sonrió. —¿Por qué no sales? Tal vez encuentres algo mejor que yo.

Tsuna se exaltó. —¡De ninguna manera! No hay nada… nada mejor que tú.

El cuento de nunca acabar; Tsuna se apoyó con fuerza contra él, no tenía caso discutir algo con un necio. Reborn rodeo su espalda y lo dejó dormitar, de momento a otro Tsuna volvió a elevar la cabeza, el tono brillante en sus mejillas alertó un poco al detective.

—¿Está bien si nosotros hacemos eso, Reborn?

—¿Eso?

La intensidad del carmín se elevó. —Sí… relaciones… eh… ¿Dos hombres pueden tener hijos?

Se sentó en su lugar, su espalda contra el respaldo de la cama y Tsuna sobre sus piernas. —No y no. No pueden y tú y yo no haremos eso.

Un puchero de desagrado salió en la boca del menor. —¿No podemos? ¿Por qué?

—Ya te lo dije, duele mucho y tú eres muy chico.

Fue un breve silencio antes que Tsuna lo abrazara del cuello y pegara sus bocas con violencia. El primer contacto fue doloroso, la fuerza provocó que sus dientes chocaran y Reborn se golpeó contra la pared detrás de él; sin embargo el beso que continuó lo tomó mucho más desprevenido. Era caramelo dentro de su boca; la pequeña lengua intentando forzar a la suya a participar, sin embargo no tuvo que esperar demasiado cuando Reborn lo sujetó de la cintura y lo besó con violencia.

Debía de hacerlo parar de una forma u otra.

No se detuvo. Tsuna se forzó un mejor lugar sobre sus piernas, se empujó él mismo hacia Reborn, todo entre ellos era apretado: sus cuerpos unidos, sus ropas y el beso que se llevaba en ese momento. Reborn aceptó que no iba a parar el beso, porque era demasiado como para hacerlo (Tsuna tenía una peculiar forma de besar, toda su boca sabía picante y dulce; dulce canela).

Tsuna se separó del beso, soltó un jadeo e intentó recuperar el aliento, Reborn besó su cuello en ese instante; la piel se estiró contra su boca sin dejar marcas, una forma de besar sin rudeza. La voz infantil salía en pequeños gritos y jadeos, sorpresa y placer en los sonidos.

¿Parar? Reborn no iba a hacerlo ahora. Era mayor y sabía lo que hacía, por ello tenía entendido que todo era un error y nunca debió de haberlo permitido. Era un detective de 28 años y Tsuna una víctima de 15 años. Pero si algo regía la vida de Reborn era una sola idea: Vida solo hay una. Y en esa vida, Reborn ya había tomado su decisión. ¿Qué era egoísta? Pues sí, pero eso no podía importarle menos. Era un hombre frío, sin culpas y con una conciencia que bien pudo haberlo convertido en un asesino. Bianchi tenía razón en ese aspecto: no sentía culpa y nunca tenía remordimientos, sus decisiones las tomaba sin vacilar… y si se equivocaba le daba igual.

La vida perfecta, si le permiten opinar.

Tsuna lo miró a los ojos. —¿Entonces sí?

No contestó. Le besó con más dulzura, calmando su alterado corazón, casi lo envió al aturdimiento. Tsuna se relajó, su cuerpo caía pesado contra Reborn, respiración relajada, casi dormido. Lo dejó sobre la cama y esta vez Reborn estuvo sobre él. Observó sus pequeños labios entre abiertos y sus ojos brillantes, siempre profundos, observándolo con deleite; ni siquiera parecía ser un niño, mucho menos inocente.

Retiró la camisa y tuvo revelado todo el cuerpo menudo, ya no estaba tan flaco y parecía haberse formado mejor desde la primera vez que lo vio. Se sentía más llenito y descubrió que le gustaba tocar la piel de su estómago y su abdomen, era lindo y redondo. Tsuna parecía haberse nublado de pasión ya que le observaba con ansias; casi con placer.

Tomó su mentón y lo movió hacia otro lado, la piel de su cuello fue para él. Besó y degustó, era suave y un poco salada, pero le agradó; Tsuna parecía disfrutarlo también. Soltaba el aire con suavidad, a veces gemía y sus manos se mantenían sujetando la almohada bajo su cabeza.

Reborn se sentía aturdido por el olor, era suave, demasiado suave… luego se dio cuenta porque, Tsuna olía a lavanda; el aroma era fresco y dulzón en partes iguales, de donde olería a lavanda no tenía idea, pero le gustaba, el aroma casi le daba otro aspecto al acto.

Tsuna se quejó por algo, Reborn entendió que se estaba tomando todo con mucha calma, pero esa era su especialidad, ser amoroso y molestar a sus amantes. Jugo con su cuerpo, pasó las manos en sus costados con lentitud y suavidad, estiró el resorte de sus boxers pero no los quitó, sólo jugo, se divirtió con el cuerpo del castaño y terminó satisfecho cuando se dio cuenta que el menor estaba tan excitado que su cuerpo parecía convulsionarse con cada roce.

Había preparado todo su cuerpo, pero sólo le faltaba una parte. Volvió a su rostro para besarlo, sus manos se dirigieron sobre los boxers; los deslizó y encontró el miembro erecto con líquido pre-seminal en la punta; sonrió con burla y dejó sus labios. Paseo la boca por su cuello, bajó a su pecho (mordió un pezón para deleitarse con el sonido de un gemido ronco) y continuo en su abdomen (jugar con su ombligo también fue divertido, más con el suave movimiento de sus caderas que realizó el menor). Entonces llegó al miembro y, aunque nunca lo había hecho, lo metió en su boca. Un ronco sonido salió de los labios del otro, todo su cuerpo se convulsiono y casi al instante sintió un líquido caliente en su boca; se retiró.

—Fue más rápido de lo que pensé.

Tsuna no parecía haberlo escuchado ya que se deshacía en la nebulosa de su propio orgasmo, supuso que eso bastaría así que se separó del menor y se dejó caer contra el respaldo, eso debía de bastar por ahora.

Alguien no compartía su opinión.

—¿Reborn? —Reborn no respondió, Tsuna se sentó en las rodillas. —¿No piensas hacer más?

—¿Más? Creo que eso es más que suficiente para ti.

Tsuna no parecía conforme con ello, se levantó de su lugar y se sentó sobre Reborn, su cuerpo estaba caliente cuando el detective le rodeo la cintura, en la misma posición que el comienzo. El castaño se dejó caer con fuerza sobre su regazo y fue evidente la erección que se encontraba debajo del pijama del mayor.

—¿Y tú? —Se removió, tenía un trasero redondo y esponjoso, podía sentirlo bastante bien. —¿No quieres hacerlo?

—Claro que quiero. —Reborn lo apretó contra su erección, Tsuna tembló con anticipación. —No sé si sea bueno llegar hasta el final ahora.

—Es bueno —Tsuna sonrió. —Hazlo.

Realmente no le importaba hacerlo, pero no quería. Tsuna se restregó con más voluntad y Reborn se declaró perdedor.

Estiró una mano en dirección del menor y Tsuna tomó los dedos con su boca; parecía disfrutar mientras paseaba la lengua entre sus dedos. Reborn retiró la mano y adentró dos dedos al instante. Tsuna estaba húmedo y tembloroso ahí abajo; tan caliente que los dedos de Reborn entraron casi al instante. Estaba apretado también y Reborn se encontró apresurando la preparación casi con desesperación; Tsuna sobre él jadeaba con sorpresa e incomodidad, sus muslos rodeando su cintura y sus brazos rodeando su cuello.

—¿Te duele? —El castaño negó con la cabeza, sus ojos en lágrimas y su rostro brillando en carmín. —Respira ahora.

Retiró sus dedos, bajó los pantalones y lo dejó caer con fuerza en su erección; Tsuna soltó un grito de sorpresa y dolor, sus ojos crecieron y las lágrimas brotaron con más fuerza. Reborn se mordió la lengua, el placer recorriendo su cuerpo desde la espina dorsal, todo su cuerpo vibraba; la lavanda llenando la instancia casi le hace correrse.

—Tranquilo, tranquilo… Te lo dije, sería doloroso. —Tsuna recargó la frente en su clavícula, Reborn acarició su nuca. —Respira con calma, poco a poco.

Su respiración se reguló con tranquilidad, Tsuna parecía quedarse dormida, sin embargo se separó y lo miró a los ojos, lágrimas se deslizaban aún, pero sus ojos brillaban con pasión, con deseo y anhelo. Se movió, fue un movimiento de cadera que mandó a Reborn un escalofrió de placer.

Con manos y piernas Tsuna se elevó, la longitud moviéndose a través de él y luego se dejó caer. El calor, el encierro y el aroma, Reborn supuso que no iba a soportar mucho, pero al ver a Tsuna vibrar sobre él se dio cuenta que el castaño tampoco.

Minutos, segundos, sus embestidas se hicieron profundas y en un momento de confusión la espalda de Tsuna estaba contra el respaldo de la cama mientras Reborn continuaba entrando y saliendo de él. Tsuna se tocó a sí mismo poco antes de correrse, fue tan fuerte que todo alrededor de Reborn lo apretó, resistió, jadeaba con fuerza una vez se recuperó de su pre-orgasmo; Tsuna parecía de gelatina mientras golpeaba contra él, terminó casi enseguida, fuera de él.

Lo besó con suavidad mientras lo cargaba al baño, Tsuna se quedó dormido en la bañera.

Reborn sonrió con burla al dejarlo en la cama dormido en la mañana mientras él se iba al trabajo.

≈O=O≈

Alaude le esperaba en su escritorio cuando llegó, no se veía molesto, como de costumbre, la seriedad era la que ocupaba la mayor parte de su expresión, se saludaron con un asentimiento.

—Tengo una noticia sobre tu caso. —Alaude le extendió una carpeta, Reborn la tomó y frunció el ceño con mucha molestia. —Ha sido cancelado…

—¿Por qué?

—Timoteo Sawada.

Reborn apretó el folder en sus manos. —¿Qué tiene que ver?

—Mandó un comunicado a nuestro jefe… entonces él dijo que se cancelaria el caso.

Entonces tenía razón al sospechar de ese hombre, no debían ser diferentes de mafia. —¿Y Tsunayoshi?

—Quédatelo. —Alaude se irguió en su lugar. —Si las cosas son como pienso no podrán tomar a Tsunayoshi, porque Yamamoto y Luce dieron su testimonio que el niño no está en condiciones de quedarse con él. —Reborn no sabía eso. —No les quedará de otra que continuar con el caso… De todas formas Timoteo Sawada ya me debía esto.

Reborn sonrió, el caso de Bianchi había sido similar, se había cerrado el caso por un mensaje de Timoteo al jefe de Alaude.

—¿Y?

Alude le miró. —Sigue investigando, yo me haré responsable de todo lo que suceda ahora. —Reborn aceptó. —Por cierto, Adelheid tenía algo que decirte, pero tuvo que irse; en cuanto vuelva quiere hablar contigo.

—Bien… me voy entonces.

Alaude lo detuvo. —Kyôya irá a tu departamento más tarde.

Reborn aceptó antes de marcharse.

≈O=O≈

¿Te gusta? Puedo darte mucho más, soy tu papá.

¿Mi papá?

Así es, tu papá… sólo quiero estar contigo bebe.

Sus mejillas se tiñeron de carmín antes de sonreír.

Si… ¡Quiero ir contigo!

≈O=O≈

Kyôya corrió a la habitación cuando escuchó gritos, se detuvo frente a la cama donde el castaño se retorcía, Kyoko intentaba despertarlo pero no parecía funcionar. Kyôya se acercó y lo sujetó de los hombros apartando a Kyoko, la chica se alejó; el detective lo abrazó y le acarició la espalda, el menor continuaba revolviéndose en sus brazos.

—Tranquilo —su voz suave surgió, Kyoko estaba sorprendida. —Tranquilo, tranquilo…

Continuó con esto mucho más hasta que Tsuna dejó de removerse y luego se despertó, tenía los ojos nublados y Kyôya se sorprendió, todas las veces anteriores los ojos del castaño eran claros y penetrantes, ahora parecía casi sin vida.

Kyoko se acercó. —¿Tsuna?

Los ojos chocolate comenzaron a recuperar vida, entonces Tsuna reaccionó y los miró. —¿Kyoko… Kyôya? ¿Sucede algo?

Kyôya supuso que si sucedía algo, sólo no sabía qué.

~0~

-Nixse