Antes de Empezar:
La siguiente historia tiene alto contenido maduro, lo cual incluye lenguaje obsceno, violencia y contenido erótico. Si crees que esto puede herir tu susceptibilidad u ofender tus creencias, te pido atentamente que no continúes leyendo; existe un amplio catálogo de fics a los cuales podrás acceder de este mismo Fandom.
10- Una Pasión Compartida
-¿Todo bien, mi Lady?- preguntó Chat Noir corriendo al lado de Ladybug.
Ella ladeó la cabeza y volteó a verlo, con una sonrisa confianza.
-Todo excelente, gatito.
-¿En serio? No me has rechazado tanto como sueles hacer.
-Estaba asumiendo que ya habías entendido el mensaje.
-¿De qué te mueres por mí?- inquirió Noir agitando las orejas.
-No lo has entendido- replicó ella encogiéndose de hombros.
Ambos saltaron desde lo alto de un edificio, llegando a su objetivo. Dos policías voltearon a verlos, reconociéndolos al instante; se encontraban atrás de una gran hilera de autos, así que difícilmente serian vistos desde ahí.
-Ladybug y Chat Noir.
-¿Cuál es la situación, oficial?- inquirió Noir adelantándose.
-Tres asaltantes con cuatro rehenes- explicó el oficial señalando el interior de una tienda de ropa de la cual apenas se podía ver su entrada-. Todos empleados; al parecer era algo casual y se les salió de las manos.
-¿Están en peligro los rehenes?- inquirió Ladybug mirando hacia el lugar.
-Armas blancas y parecen nerviosos- respondió el oficial-. Siempre que los rehenes no intenten nada…
-Armas blancas. Eso es más tranquilizante- exclamó Noir sonriendo.
-No te confíes, Noir- replicó ella.
-¿Entraran?- preguntó el oficial.
-Si. Denos unos minutos y terminaremos- pidió ella.
Ambos héroes saltaron al techo e ingresaron rápidamente al lugar. La tienda estaba silenciosa, y en calma; se podían escuchar unos susurros al fondo, mezclados con sollozos.
-Los rehenes- susurró Noir aguzando sus oídos.
-Una entrada, el techo y los rehenes- anunció ella pensativa-. Pero no había nadie vigilando el techo.
-¿Crees que hayan podido evacuar el edificio antes?
-No lo creo- respondió ella pensativa-. Sera mejor que tengamos cuidado. Ve a revisar las salidas y yo voy por los rehenes.
-Es peligroso…
-Estaré bien. Hagámoslo rápido.
Noir asintió de mala gana.
Para Ladybug no supuso mayor problema dejar fuera de combate al único asaltante que vigilaba a los rehenes. Tras ponerlos a salvo temporalmente, escondiéndolos en el almacén; regreso al lugar. Los oficiales habían asegurado que se trataban de tres asaltantes, de los cuales solamente tenía uno fuera de combate. Noir aún no se había aparecido, y si debía ser sincera eso la ponía un poco nerviosa.
Avanzó cautelosamente hasta que un hombre fornido le salió en el frente. Portaba un cuchillo en la mano, que le temblaba levemente mientras no le quitaba una mirada penetrante de encima. Ella acarició con su pulgar el yoyo, sopesando si el delincuente se rendiría por las buenas o sería tan estúpido para intentar atacarla. Bien, siempre que Hawk Moth no decidiera intervenir, seguramente saldría bien librada de aquello.
-No hagas esto más difícil- ordenó ella con serenidad.
-Esto no tenía por qué suceder así- la voz del hombre era temblorosa y chillona, algo desentonaba de sobre manera con su aspecto rudo y poderoso.
-Los empleados no fueron heridos, y ya no tienes donde escapar- comentó ella con seguridad-. Hazte un favor amigo, y no me hagas lastimarte.
-Quiero que me dejes ir…- exigió el tipo con mirada hostil.
-¿Honestamente piensas que voy a hacerlo?- inquirió ella con una mano en la cadera.
-No soy un sujeto honesto- replicó el hombre agachando la mirada-. Por ejemplo, soy bueno actuando…
Unos brazos la rodearon, tomándola con fuerza y levantándola del suelo.
-La tengo…- dijo una voz áspera detrás de ella.
Y una alarma interna se disparó. El otro sujeto sonrió con satisfacción, dando un paso hacia ella; sus fuerzas le abandonaron y su vista se nubló, haciendo todo más oscuro. Fue como hundirse en un pozo. Era incapaz de respirar, aunque su atacante no apretaba con suficiente fuerza como para superar las suyas; sintió un escalofrió recorrer todo su cuerpo y su corazón detenerse un segundo… tal vez treinta. Antes de acelerarse nuevamente, llevando con cada gota de sangre el pánico por cada rincón de su cuerpo.
Ellos la usarían, no tenía ninguna duda de aquello. La usarían una y otra vez, hasta sentirse satisfechos; tal vez incluso se la llevarían con ellos. La golpearían si intentaba resistirse, la matarían tal vez…
-¡Chat!- gritó con todas sus fuerza, cerrando los ojos.
Pocos segundos después cayó al suelo. Abrió los ojos para ver a Noir inclinarse hacia ella intentando ayudarla a levantarse.
-¿Ladybug? ¿Estas…?
Se arrastró por el suelo y corrió. Salió corriendo del lugar, aterrorizada ante la idea de que aquellos sujetos pudieran alcanzarla; cruzó entre los policías que ingresaban al lugar, y escapó fácilmente de las garras de Noir. Pero aun sentía las sombras de aquellos sujetos persiguiéndola de cerca, tratando de cubrirla. Corrió con todas sus fuerzas, dejando detrás el lugar y a un confundido Chat Noir acabar el trabajo.
Aun enfundada en su traje de Ladybug, entró a la habitación, casi rompiendo la puerta de un empujón y encontrándola vacía en su totalidad; cerró la puerta tras de sí y se recargó contra la misma, con su cuerpo temblando. El silencio no tardo en recuperar su despiadado reinado de terror, que le permitió a sus pensamientos comenzar a tomar forma. Sus piernas no le dieron para más y se desplomó, deslizándose contra la madera al igual que sus lágrimas resbalaban sobre sus mejillas: silenciosas y con rapidez. Cerró los ojos sintiendo un nudo en su garganta y esa horrible presión en su pecho aumentar, mientras cada vez le costaba más y más trabajo tomar siquiera un suspiro de aire fresco.
Gabriel no estaba ahí. Ella había regresado corriendo al hogar del señor Agreste, sin apenas pensar al respecto; invadida por el pánico, la furia y la desesperación, sin siquiera darse cuenta de a donde se dirigía o los motivos que la impulsaban a continuar, corrió todo el trayecto hasta llegar a la mansión, buscando el confort en los brazos del hombre que la había ultrajado. Porque Gabriel era fuerte, era listo, era imponente y cálido; hasta ese momento no había tenido un contacto "rudo" con ningún hombre, y ahora se daba cuenta que no confiaba en ninguno. Pero Gabriel… Gabriel no la lastimaría, se lo prometió. Tenían un trato y ella cumpliría su parte y él… él la defendería, la cuidaría. Solo él la tocaría. Era un trato justo. Un trato justo.
Apretó su mandíbula, mostrando sus dientes en una mueca adolorida y encajó sus dedos en sus brazos, aferrándose a un dolor físico para tratar de distraer su mente, para intentar olvidar los gruesos y toscos brazos ajenos a su alrededor, aprisionándola; para olvidar el rostro de satisfacción de aquellos malhechores. Su aliento en su nuca, cálido y húmedo; aquellos ojos perversos observándola con diversión. El pánico estaba creciendo y no servía de nada; inconscientemente el dolor físico que ella misma se causaba, la alteraba aún más; su corazón acelerado le dolía, le advertía de un inminente peligro: de su total perdición. Esos hombres la encontrarían, la encontrarían y ella no sería capaz de hacer nada para evitar que ellos…
Levantó sus manos y las colocó en su cabeza. Cerró los puños, apresando su cabello con fuerza. Sus brazos temblaban, pero la adrenalina no le había fallado del todo; y quiso aferrarse con esas fuerzas a su cordura, como si se le escapara entre los dedos: así que los cerró con desesperación. Su cuero cabelludo empezó a advertirle que se estaba haciendo bastante daño, en forma de un ardor en toda la cabeza; y ese dolor, esa nueva y extraña sensación fue bien recibida. Y por primera vez, su garganta le permitió dejar escapar un sollozo; una serie de chillidos, no obstante bastante silenciosos, que de lejos casi podían parecer una risa histérica. Y tal vez lo eran; era bastante obvio que no pensaba con claridad.
Alzó sus codos y la cabeza, dispuesta a dar un fuerte y rápido tirón que la devolviera de nuevo a su mundo de serenidad y fortaleza al que estaba acostumbrada; necesitaba ese dolor, deseaba ese dolor para lograr recuperar su cordura. Para dejar de tener miedo, y olvidarse de esas manos desconocidas recorriendo su cuerpo con lujuria. Una cordura artificial, pero una cordura al final de cuentas. Y tenía poco tiempo, talvez segundos, antes de sentir…
Sus manos. Sus manos la tomaron por las muñecas, con firmeza pero siendo suficientemente delicado. No necesitó mirar, porque reconoció el tacto al instante; aun así, abrió los ojos de golpe, con las lágrimas saliendo abundantemente de sus ojos enrojecidos. Sin soltarse el pelo, parpadeo para despejar sus ojos de la humedad y lograr el contacto visual. Gabriel, de cuclillas y con su habitual ropa elegante, la observaba con dulzura… con dolor. Sus propios ojos brillaron al ver al hombre que había venido buscando; fue un hechizo, poderoso y magnético, que casi detuvo el tiempo. Su mirada era una mezcla de sentimientos, sentimientos poderosos que la invadían, que buscaban descifrarla; pero no había palabra que ella pudiera pronunciar en aquel momento.
-No te hagas daño…- pidió Gabriel sin romper el contacto visual.
Y fue como una orden para ella. O tal vez una petición tan dulce que no fue capaz de negarse; su corazón se tranquilizaba, y de pronto no había nada más porque temer. El dolor, el dolor seguía ahí; el dolor físico, que ella misma se provocó, y también…
Abrió sus manos y su cabello cayó al frente, cubriéndole parte del rostro; fue una sensación agradable, un cosquilleo que la alejaba de ese mundo de dolor, un gesto infantil. Gabriel posó una rodilla en el suelo, entre las piernas de ella; Marinette borró la mueca en su rostro, aunque la intensidad en su mirada, y las lágrimas, seguían presentes. Eran marcas, huellas dolorosas, pistas anhelantes que no deseaban hablar pero que pedían… pedían algo más. Solo la respiración agitada, y sus ocasionales gimoteos silenciados, daban constancia de que el tiempo seguía su irrevocable avance mientras ambos se miraban mutuamente. Ella anhelante, él indeciso. Ambos cómplices y culpables.
En un movimiento suave, soltó una de sus muñecas y su mano, grande y cálida, acarició su mejilla. Sus dedos bajaron con suavidad, erizando su piel donde tocaban y haciéndola estremecer, hasta su cuello; la tibia sensación resultaba un bálsamo para su destrozada cordura. Con el pulgar, levantó un poco su barbilla, en lo que le pareció un movimiento de duración eterna. No opuso la más mínima resistencia, y alzó la cabeza; el pulgar de Gabriel se elevó un poco más, rozando sus labios, y limpió la mucosidad en un solo movimiento, grácil y sencillo como era su costumbre. Ella casi se sintió avergonzada, pero no tuvo tiempo de ello cuando el hombre se inclinó hacia ella y la besó en los labios. Su corazón se aceleró nuevamente, y dejó caer sus manos sobre los hombros del mayor, cerrando los ojos; nuevamente su mente se nubló, pero ahora no había temor ni desesperación.
Sus lenguas juguetearon entre ellas y con sus labios, deleitándose en una danza lenta de dulzura y anhelo; su corazón se regocijo a un nuevo ritmo, talvez igual de acelerado pero con diferencia satisfactoria y placentera. Fue ella la que no pudo evitar morderlo cuando Gabriel intentó alejarse. El quejido del mayor rompió el hechizo que había en ella.
Marinette abrió los ojos y observó a Gabriel relamer sus labios, pero sin ninguna expresión hostil en su rostro. Ella sonrió entonces y limpió sus lágrimas con un movimiento torpe de sus manos, quitando también su desarreglado cabello de su rostro.
-Lo lamento…- se disculpó ella. Gabriel se puso de pie y le ofreció una mano a la chica, la cual aceptó la ayuda, aun con la voz temblorosa-. No quise…
Pero Gabriel ignoró por completo las palabras de la chica. La jaló contra su cuerpo y la tomó de la cintura, apretándola contra su cuerpo; ella alzó la mirada hacia él, sintiéndose sorprendida y avergonzada en partes iguales. Sentía la pierna de Gabriel apretada contra su entrepierna, y a un conocido apretándose contra su vientre por debajo de la ropa del otro; además de sus senos contra el pecho del mayor. Se sentía confundida porque, técnicamente, Gabriel ya había visto demasiado de ella en otras ocasiones; pero ahora el contacto era más cálido, más íntimo… y eso la asustaba, pero también le gustaba. El traje de Ladybug era lo único que llevaba encima cuando se transformaba, y sentía ese contacto más vergonzoso que cualquier otro anterior.
La tomó de la cintura, antes de bajar sus manos a su trasero y apretarlo suavemente, soltando un suspiro; ella se estremeció, pero no dio indicio alguno de estar disgustada. Reposó una de sus manos en el pecho de Gabriel, sobre su fina camisa de corte ingles, y le dedicó una media sonrisa; un pacto silencioso, y la primera aceptación. Para ambos quedó claro lo que eso significaba. Gabriel se inclinó nuevamente y la besó con pasión, empujándola hacia atrás.
Ella retrocedió unos pasos, besando con igual pasión, pero más torpeza, a Gabriel; tras un par de paso chocó contra una superficie, y antes que pudiera reaccionar, el mayor la tomó de la cintura y la alzó. La sentó sobre una mesa, dejándola de besar para admirarla brevemente, con una sonrisa de satisfacción. Ella se encogió de hombros.
-Te queda bien el traje…- susurró acariciando su cabello.
-Es unitalla- respondió ella en la que seguramente fue la respuesta más estúpida que pudo haber pensado. O al menos eso sintió ella, y sonrió avergonzada.
-¿Cómo se quita?- inquirió él acercándose.
Ella dibujo una línea con su dedo en su cadera, y una delgada línea se trazó donde antes era un traje de una pieza; repitió el proceso por en medio de su abdomen hasta llegar a su cuello, y hacer que sus senos quedaran liberados de la presión del ajustado traje, aunque aún recubiertos. Gabriel le sonrió. Aunque no parecía particularmente sorprendido por esto; y a ella eso no le importaba. Nada le importaba.
Acercándose, beso apasionadamente su cuello, abriendo levemente su cuello. Las caricias fueron justo como las había imaginado tantas veces… No, fueron aún mejores. Las grandes manos de Gabriel la avergonzaban un poco, al sentir que tenía un cuerpo demasiado infantil para un hombre, pero este no parecía tener ningún problema ni reparo en tratarla como mujer. Apretaba sus senos, lamia su cuello y respiraba sobre su piel, deleitándose en el cuerpo de la adolescente; y ella… ella solamente cerraba los ojos, y con las manos en los costados trataba de temblar lo menos posible y guardar silencio. Se sintió totalmente desorientada, mareada; su cabeza daba vueltas, sus piernas temblaban, y su respiración de volvía mas y más agitada. Y otra parte más de su cuerpo reaccionaba con más rapidez, podía sentirlo; la excitación que la invadía ya era innegable e incontrolable.
De un tirón rápido y limpio, sintió la parte baja de su traje bajar por sus piernas hasta las rodillas. Abrió los ojos y miró a Gabriel, que observaba la zona que había liberado. Ella desvió la mirada, sonrojada, y abrió un poco las piernas; Gabriel dejó caer la pieza al suelo, para colocarse entre las piernas de ella y acercarla más a la orilla. Lo rodeó con sus piernas al mayor.
-¿Q-qué debo hacer?- inquirió ella en un susurro nervioso.
-Relajarte…- respondió quitándose las gafas.
Sus dedos la invadieron. Sus labios se entreabrieron contra su voluntad, en una expresión combinación de sorpresa y placer; no cabía duda que el hombre era igual de hábil en la confección que en la intimidad. Bastaron unos segundos para que Marinette aferrara sus dedos con fuerza en la camisa del hombre, soltando pequeños gemidos sin atreverse a cruzar mirada con el causante de su actual estado. Entrecerrando los ojos, se estremeció en los brazos de Agreste, llegando a la cúspide del anhelado orgasmo. Su ritmo bajó, pero no dejó de acariciarla suavemente.
El desabrocho su pantalón, liberando su miembro. La tomó de la cintura y se acercó, frotándolo en la entrada de su húmeda intimidad. Ambos miraban atentamente hacia esa zona, esperando la culminación de algo que llevaban ya tiempo deseando. Ella estaba nerviosa y avergonzada, pero no tenía miedo; ciertamente no sería su primera vez, y en esta ocasión realmente lo deseaba. Estaba a punto de decirle a Gabriel que estaba preparada, cuando la puerta se abrió a unos metros de ellos.
-Papá, necesitaba pedirte…
En el umbral de la puerta, un chico rubio los observaba atónito. Su rostro en primer lugar reflejo sorpresa, luego una profunda confusión; Gabriel se enderezó, pero atino a no voltearse, sino simplemente girar el rostro. Para cuando hizo eso, el rostro de su hijo ya estaba pálido y reflejaba una combinación de tristeza y decepción. Marinette, es decir Ladybug, apretó con fuerza sus piernas alrededor de las de Gabriel y cubrió su rostro contra el pecho del mayor.
-Adrien, sal de aquí- ordenó Gabriel no pudiendo ocultar su vergüenza.
-¡¿Pero qué demonios…?!- exclamó con incredulidad y tapándose la cara con una mano.
-Ella es Ladybug, pero no es un buen momento para presentaciones…
Adrien salió, azotando con fuerza la puerta. Justo a tiempo, antes que los aretes de Ladybug le indicaran que su tiempo había terminado. Y eso era lo que sentía. Que su tiempo había terminado; abrazó con fuerza a Gabriel y volvió a llorar, a llorar con fuerza.
-Lo arruine…- susurró ella. Gabriel no respondió nada, solo… acarició su cabeza en silencio hasta que su traje desapareció.
Corenote:
Este es un capitulo que también me costó bastante trabajo escribirlo. En un principio me propuse hacer la escena con un akumatizado, pero no me agradaba la idea de dejar a un Akuma suelto, así que opte por este enfoque distinto. Sinceramente, sé que la introducción es algo apresurada, pero lo cierto es que no me interesaba mucho y ya tenía tiempo tratando de diseñar esa escena; confío en que haya quedado lo suficientemente orgánica solo para dar el nexo al siguiente punto: la mayor escena Gabrinette hasta el momento.
Nuevamente, Marinette se roba el protagonismo, y aunque tenía pensada una escena de Gabriel… Creo que el capítulo ya está demasiado extenso para darme ese lujo. En su lugar, esta escena queda para el siguiente capítulo.
Sé que tarde mucho desde la última actualización, pero por favor no olviden comentar. Eso me anima muchísimo a continuar con mis fics. Espero lo hayan disfrutado y hasta pronto!
