Lo sé, sé que había prometido que actualizaría el lunes pero me fue imposible debido a unos problemillas técnicos. Pero no me he retrasado mucho esta vez.

Además este capítulo viene cargado de bastantes cosas. Espero que os guste. Dejar una review para comentarme que os parece, me haría muchísima ilusión.

Actualizaré tan pronto como sea posible.


~ Capítulo 8. Kiss, Kiss, Bang, Bang ~

Los días siguientes a aquella primera noche con Edward estuve de un extraño humor. Sin duda, esa había sido uno de las mejores noches de mi vida pero una pequeña vocecita en mi cabeza me decía que aquello no estaba bien.

No es que yo tuviera un estricto código moral o algo por el estilo pero sentía que ese tipo de acuerdos no eran para mí y aunque sonora un poco exagerado me sentía usada.

A pesar de todo eso quería volver a ver a Edward. Había sentido algo especial aquella noche, algo más que los orgasmos que me había dado, como una especie de conexión que quería volver a sentir sin ningún género de duda.

Aquellos días intenté mantenerme lo más ocupada posible para no pensar en él pero me sorprendía rememorando aquella noche constantemente, sobre todo en clase lo que era altamente inconveniente pues esos recuerdos traían también un sonrojo en mis mejillas.

"¡Señorita Swan!" el grito del señor Carter me había sacado de mi ensimismamiento.

No había nada más que enfadara más al profesor Carter que la gente que no prestaba atención en sus clases. Pero esos días aquello me estaba suponiendo un esfuerzo titánico, no solo porque llevaba más de una semana hablando del proyecto de literatura mundial de Goethe, sino porque Edward se hacía paso en mi mente en todo momento.

"Lo siento profesor Carter" dije intentando parecer lo más arrepentida posible.

Pero cuando la clase finalizó el profesor me retuvo en mi asiento. Pensé que seguramente querría echarme la bronca de manera más privada. Cogí aire y mi estómago se revolvió, no me gustaban nada esas situaciones y no sabía como hacerles frente, me ponía muy nerviosa.

"Señorita Swan..." comenzó al tiempo que tomaba una silla y se sentó enfrente de mí. "Últimamente ha estado muy distraída en mis clases"

Abrí la boca para intentar justificarme, pero él levantó una mano para detenerme mientras me lanzaba una mirada furiosa, ese hombre a veces daba miedo.

"Y realmente me importa una mierda"

Pensé que había oído mal, nunca había escuchado al profesor Carter hablar de aquella manera, siempre se había comportado de manera muy seria y fría, como una especie de máquina.

"El caso es señorita Swan que he leído con mucho detenimiento su último trabajo y me he quedado francamente sorprendido."

Hice una mueca pues no estaba muy segura de que aquello fuera un cumplido. ¿Estaba insinuando que en un principio yo le parecía una mediocre? Dios, prácticamente me había dejado las pestañas haciendo aquel maldito trabajo.

"Ha quedado libre un puesto libre en la revista de crítica literaria de la Universidad y le he recomendado. Es un trabajo pequeño y no está remunerado, pero es una oportunidad por la que mataría mucha gente"

Mi boca debió alcanzar el suelo en ese momento, el profesor Carter tenía razón, aquello era una oportunidad única. Eso significaba que debía apreciar mi trabajo.

Pero las clases y el bar ocupaban casi todo mi tiempo. No creía que fuera capaz de hacerlo.

"¿Me lo puedo pensar?" le pregunté apenas en un susurro pues en ese momento le tenía algo de miedo.

Él soltó un bufido y movió la silla hacía atrás, poniendo una gran distancia entre los dos, estaba enfadado.

"Espero que no sea tan estúpida como para rechazarlo"

Y con un gesto de la mano me despidió.

Ahora era yo quien estaba enfadada, me habían dado ganas de darle con al carpeta en la cara de besugo que tenía. ¿Era realmente necesario que me hablara así?

Pero tenía razón, hubiera sido una estúpida sino hubiera aceptado aquella oferta. Aunque aún no tenía muy claro que quería hacer en el futuro trabajar en la revista e la universidad me daría grandes oportunidades donde quiera que fuera.

Debería hacer auténticas malabarismos con mi tiempo para poder hacerme cargo de todo, pero aquello merecía la pena, aunque mi vida social se redujera a la comida en las escaleras entre clase y clase.

Así que al día siguiente me dirigí al despacho del profesor Carter para aceptar el trabajo, él con un gruñido me dio un papel con la dirección a la que debía presentarme en una hora.

Entré en el edificio algo desconcertada, era un sitio agradable pero se parecía más a un edificio de una gran empresa con sus grandes cristaleras que a uno de la universidad.

Tomé el ascensor hasta la cuarta planta y busqué el despacho número 3, aquel sitio parecía enorme. Abrí la puerta y me encontré en una sala llena de mesas con ordenadores de última generación; en uno de los lados había grandes ventanales desde los que se veía uno de los jardines del campus lo que hacía que fuera un espacio muy luminoso.

Me recibió una chica de pelo negro, piel oscura y una gran sonrisa. Era mucho más alta que yo, pero también mucho más femenina.

"Hola, soy Isabella Swan"

Le tendí la mano temblorosa con una tímida sonrisa. Presentarme y conocer gente nunca se me había dado muy bien.

"Yo soy Leah, la fotógrafa" me hizo un gesto para que la siguiera hacía un pequeño despacho que se encontraba en la parte posterior de la sala.

"Irina, la editora no está hoy, tenía que atender unos asuntos fuera, así que me ha encargado a mí que me ocupe de ti"

Leah se sentó en la la mesa que había allí yo yo me senté justo enfrente de ella. Estaba algo nerviosa y no sabía que hacer con mis manos, así que las crucé en mi regazo.

"Irina me ha dicho que tu trabajo es excepcional" me pasó una copia del trabajo que había hecho para el profesor Carter, aunque este tenía algunas anotaciones "Ha señalado algunas cosas, no es que estén mal, sino para que entiendas como hacemos aquí las cosas. Además aquí tienes unos ejemplares atrasados que te darán algunas pistas"

Tomé en mis manos todo aquello y de pronto me sentí algo abrumada ya que nunca había hecho nada así y no estaba segura de estar preparada para ese trabajo. Nunca había sido muy buena bajo presión.

¿"¿Qué me dices?" Leah me preguntó después de unos segundos de silencio "¿Te unes a nosotros?" su mirada era expectante pero su sonrisa cálida.

"Claro" dije intentado parecer segura, recurriendo a todo el valor que me quedaba.

La sonrisa de Leah se hizo aún más ancha.

La siguiente hora Leah me estuvo explicando como funcionaban las cosas allí, yo tomé nota de todo aquello pues me parecía demasiado como para poder acordarme. Leah respondió con paciencia a todas mis preguntas que eran muchas. Sonreí cuando me dijo que los libros que reseñara me los regalarían, eso sin duda sería lo mejor del trabajo.

Cuando yo me preparaba para irme sentí detrás de mí como la puerta de la sala se abría, la cara de Leah dibujó una gran sonrisa mientras corría hacía allí.

"No esperaba que vinieras a buscarme"

Cuando me giré sentí como si mi mundo se hubiera puesto del revés. Leah se encontraba en los brazos de Jacob.

Aquellos brazos que me habían sostenido a mí en tantas ocasiones, eso abrazos que yo tanto había echado de menos y tanto había anhelado.

Sentí como las lágrimas acudían a mis ojos humedeciéndolos. Pero entonces la realidad me golpeó, aquella era la chica por la que Jacob me había dejado, de la que me había dicho que estaba enamorado.

De ella.

No de mí.

Una ola de odio recorrió todo mi cuerpo y sentí ganas de gritar, pero tenía que contener, tenía que hacerlo. No podía humillarme de aquella manera, demostrarle aunque fuera mentira que eso no me dolía profundamente.

Después de unos segundos los ojos de Jacob se fijaron en mí. Al principio demostraron una gran sorpresa pero pronto aparecieron en ellos confusión y por último tristeza. Apartó con cuidado a Leah y los dos me miraron.

"Isabella, este es Jacob mi novio" dijo Leah con una gran sonrisa que a mi me dio ganas de vomitar. Pero su sonrisa pronto desapareció al ver nuestras caras.

"Bella" dijo apenas Jacob en un suspiro.

Lo único que yo quería era irme tan rápido como pudiera, pero mis músculos parecían incapaces de responder.

Leah pareció entender de pronto todo lo que estaba ocurriendo y su semblante se volvió serio. Se giró hacía Jacob y pareció preguntarle algo con los ojos a lo que él respondió asintiendo la cabeza.

"Oh, ya veo" las palabras se escaparon de su boca.

Ese se había convertido en el momento más incómodo de mi vida. Apreté mi carpeta y las revistas contra mi pecho, como si aquello pudiera protegerme.

"Tengo que irme"

Comencé a caminar unos pasos inseguros y la cabeza gacha ya que no me atrevía a mirarles a la cara.

"Bella, espera un momento" me dijo Jacob al pasar por su lado y realmente parecía haber dolor en su voz.

"Tengo que irme... de verdad, no... no puedo quedarme"

Me marché tan rápido como pude sin esperar respuesta.

Cuando alcancé el ascensor permití que las lágrimas descendieran por mis mejilla, eran lágrimas de tristeza pero sobre todo de rabia, al final que había mostrado todo lo vulnerable que no quería que ellos vieran.

Y una vez más volví a maldecir la ciudad de Nueva York por lo que pequeño que estaba resultando últimamente. ¿No era esa ciudad lo suficientemente grande como para no tener que encontrármelos nunca? La respuesta parecía ser un rotundo no.

Estaba ya cansada de todo aquel dolor, ya había pasado suficiente tiempo y todo lo que quería hacer era olvidar, borrar de mi mente todo aquello.

Cuando salí del edificio intenté recomponerme tanto como pude, saqué el teléfono de mi bolso y llamé a Alice.

"¡Bella!" su voz era cantarina como siempre, lo que hizo que me sintiera un poquito mejor.

"Los he visto" la voz se quebraba en mi garganta.

"¿A quiénes?"

"Jacob y..." ni siquiera podía decir aquella palabra y de nuevo volví a llorar.

"Bella, tranquila" Alice estaba realmente alarmada, siempre se había preocupado demasiado por mí.

Le conté todo lo que había ocurrido aquel día mientras me alejaba de aquel edificio, no quería que fueran a encontrarme en aquel estado. También le dije lo miserable que me sentí, Alice me comprendería inmediatamente.

"Ven para casa, veremos una película y tomaremos un helado. Te sentirás mejor, te lo prometo"

"Creo que voy a dar un paseo, necesito despejarme un poco"

"¿Quieres que te acompañe?"

Sonreí pues me estaba pareciendo ver a Alice coger el abrigo y dirigirse a la puerta de nuestro apartamento.

"No, Alice, no hace falta. Además, ahora, después de hablar contigo me siento un poco mejor" no estaba mintiendo "No tardaré mucho, te lo prometo"

Al pulsar la tecla de finalizacion de la llamada vi en la pantalla que tenía un nuevo mensaje de texto, suponía que era de Rosalie preguntándome que tal me había ido.

He vuelto.

De nuevo el estómago me dio un vuelco, solo que esta vez de emoción y anticipación. Aquel mensaje significaba que Edward quería volver a verme, algo de lo que había empezado a dudar en los últimos días.

Entonces recordé que aún no había hecho la visita que tenía planeada a la sección de linceria de los grandes almacenes.

Llamé a Alice que se excitó por el plan y se relajó al encontrarme de mejor humor.

Sin duda, aquello era lo que necesitaba.

~ o ~ o ~ o~

Como todos los miércoles Rosalie vino a nuestro piso para cenar y ver una película. Era nuestro momento para ponernos al día, pero sobre todo para cotillear ya que la facultad era demasiado pública para eso.

"¿Comida china o pizza?" preguntó Alice mientras sostenía el teléfono en una mano y en la otra sostenía los folletos de los restaurantes.

"¡Pizza!" exclamamos Rosalie y yo a la vez.

Mientras Alice encargaba la comida Rose y yo nos sentamos en el sofá con unas copas y una botella de vino barato.

"Alice me contó lo que ocurrió esta tarde. ¿Estás bien?" preguntó con el ceño fruncido.

"La verdad Rose, estoy harta de sentirme así, tan mal. Tengo la sensación de que me paso el día llorando" di un trago a la copa mientras Rosalie asentía "Ahora lo único que me preocupa es lo que va a pasar en la revista"

"¡Y con Edward" Alice se sentó en el sillón blanco y se sirvió un poco de vino.

La verdad es que cada vez estaba más nerviosa respecto a él, sobre todo al no saber qué es lo que iba ocurrir.

Había decidido no responder a su mensaje ya que no estaba muy segura de qué ponerle. Pero me había pasado toda la tarde mirando el móvil por sí había vuelto a escribir y cada vez que lo hacía y no encontraba nada me sentía más y más frustrada.

"¿Así que vas a quedar con él otra vez?"

Yo tan solo me encogí de hombros, no me sentí muy cómoda hablando de aquello.

"Es muy guapo" señaló Alice.

Yo me reí pues aquello era más que evidente. Pero Edward era también oscuro, enigmático y también peligroso.

Me armé de valor para preguntarles a Rosalie algo que llevaba mucho tiempo deseando saber.

"¿Emmet te ha dicho algo de él?"

Alice se inclinó un poco hacía delante mostrando así su interés.

"No mucho, solo me ha dicho que es un buen tipo aunque tiene sus manías"

Aquella era una respuesta demasiado vaga.

"¿Que manías?"

Rosalie dio un largo suspiro.

"Como que desde hace unos cuantos años no ve a Edward con la misma chcia dos veces seguidas, que parece utilizar a las mujeres para su propia satisfacción sexual"

Aquello me dolió.

Pero Rosalie tomó aire y se acomodó en el sofá para poder mirarme mejor.

"¿Estás segura de esto?" me miró con algo de censura lo que me molestó por lo que fruncí el ceño "No me malinterpretes, yo nunca juzgaría nadie por esos, sabes que yo lo he hecho en algunas ocasiones. Solo me preocupo por tí, ese no parece ser tu estilo"

Rosalie me conocía demasiado bien, sabía que aquella no era mi forma de ser y que me sentía incómoda con ello. Pero ese día me había declarado en rebeldía.

Toda mi vida había sido una buena chica y responsable y había actuado en consecuencia, haciendo lo que todo el mundo esperaba que hiciera. Pero lo único que había conseguido a cambio era dolor, por lo que pensé que me vendría bien un cambio.

"Además, Edward no me gusta" sentenció Rosalie.

"Eso no es una novedad Rose" Alice se rió. Yo le agradecí que acudiera en mi rescate con una sonrisa "¿Qué hay de tí? ¿Emmet es tan fuerte como parece?"

Rosalie se ruborizó ligeramente, algo que no creía que fuera posible.

"No lo sé"

"¿Cómo?" Alice se levantó del sillón totalmente sorprendida.

"Quiero esperar. Saber si realmente le gusto" dijo secamente, ahora era a Rosalie a la que no le gustaba ese tema de conversación.

"Alice, no todos son como tú: adictos sexuales" bromeé.

"Envidia" me sacó la lengua.

Esa noche las tres brindamos por los nuevos comienzos.

~ o ~ o ~ o~

La mañana siguiente aprovechando que tenía la mañana libre decidí ir hasta la librería de Midtown Center ya que llevaba unas semanas queriendo comprar unos libros.

El tiempo era muy desapacible, llovía a cantaros por lo que ese día el transporte público sería terrible.

Me armé de toda la paciencia que pude para atravesar la ciudad. Dos trenes, cuatro pisotones y un intento de caída después estaba en la tienda.

Sabía lo que quería por lo que me dirigí rápidamente a la segunda planta, donde se encontraban los libros de bolsillo pues los otros eran demasiados caros para mi maltrecha economía.

Ya tenía dos en mi manos y estaba decidiéndome cual me llevaría de entre otros dos, pues no podía permitirme llevarlos todos cuando sentí que alguien se acercaba demasiado a mi espalda.

Me puse tensa inmediatamente.

"Hola" susurró en mi oído.

Conocía ya bien aquella voz sexy que me dejó paralizada. Su aliento pareció acariciar mi piel.

Poco a poco me di la vuelta para mirarlo. Me sonrojé al instante, estaba resultando más complicado de lo que me había imaginado. No sabía que me iba a poner tan nerviosa en su presencia aunque conociéndome debería habérmelo imaginado.

Cuando vi sus ojos verdes clavados en los míos recordé aquella noche y me sonrojé tanto que me puse prácticamente de color púrpura.

"Edward, ¿qué haces...?" me corté inmediatamente, ¿qué demonios estaba diciendo? Como siempre que me encontraba frente a él perdía toda capacidad de razonar.

Edward se debió de dar cuenta y sonrió. Me cogió los libros que tenía en las manos y leyó los títulos, luego frunció el ceño.

"El extranjero, La náusea, El proceso, El anticristo y El lobo estepario. ¿Estás bien?"

Yo le miré extrañada.

"¿Qué quieres decir?"

Edward posó los libros sobres uno de los mostradores donde se encontraban las recomendaciones de la librería.

"Todos esos libros son demasiado deprimentes" metió las manos en los bolsillos "Después de leer cada uno de ellos estuve una semana hecho polvo"

"Eso seguramente es porque eres una nenaza" bromeé "No sé, a mí me gustan, sobre todo últimamente. Encuentro algo reconfortante en ellos.

La cara de Edward se llenó de sorpresa pero luego volvió a fruncir el ceño.

"Eso seguramente es porque eres muy rara" me dijo utilizando las mismas palabras que yo había empleado "Algún día tendrás que explicarme eso"

Eso me dejó algo desconcertada no tenía sentido que hablara de un futuro, para él solo existía el presente. Sacudí mi cabeza intentando evitar aquellos pensamientos.

"De todas maneras" continué mientras volvía a coger los libros "no me decido, no sé si llevarme El anticristo o El lobo estepario, ¿tú que me recomiendas?"

Por suerte los nervios parecían haber desaparecido y me sentía muy a gusto hablando con él. Lo miré fijamente mientras estudiaba mi pregunta.

"La esperanza es el peor de los males, pues prologa el tormento del hombre" su cita de Nieztche me dejó impresionada, pero no estaba muy segura de si había una doble intención en ellas "Tiene algunas cosas muy interesantes pero me gustó más El lobo. De todas maneras, ¿no te gustaría leer algo más animado?" con la mirada examinó uno de los mostradores, finalmente cogió un ejemplar de La conjura de los necios "¿Algo como esto?"

Rechacé el libro con un movimiento y negué con la cabeza.

"Ni hablar, el autor se suicidó después de haber escrito ese libro. Eso si que es deprimente"

El rostro de Edward se tensó al instante, noté como apretaba los dientes y los puños. Vale, aquella conversación de repente se había convertido en algo muy macabro. Tenía que aliviar ese tensión.

"¿Y tú estabas buscando algo o tan solo estabas practicando tu hobbie favorito?"

"¿Qué hobbie?" ahora parecía desconcertado.

"Acosarme"

Edward soltó una gran carcajada que hizo que algunas de los otros clientes se giraran para mirarnos.

Suspiré aliviada por dentro al ver que se había relajado. No me gustaba el Edward tenso.

Me dirigí a la caja para pagar los libros Edward me siguió a través de la tienda.

Cuando me puse en la cola él se colocó a mi lado, muy cerca. Se inclinó para decirme algo en el oído y su nariz rozó mi mandíbula haciendo que sintiera de nuevo aquella electricidad.

"Vine a buscar un libro, pero he encontrado algo mejor"

Volví a sonrojarme y me quedé sin aliento, sin duda Edward sabía utilizar todos y cada unos de sus encantos.

Por suerte la cola avanzaba rápidamente y pronto me vi sacando la tarjeta de crédito para pagar.

"¿No te llevabas El anticristo?"

"No soy una compradora compulsiva" sonreí levemente "Con esto tengo suficiente lectura, además no creo que mis estanterías soporten más peso"

Le mentí, Edward no tenía porque saber que mi cuenta corriente no estaba atravesando un buen momento. No era necesario sabía que se compadeciera de mí.

"Te lo puedo comprar yo" ante mi mirada fulminante se encogió de hombros "Tomatelo como un regalo"

"No es necesario" le dije con mi tono más cortante.

"¿Por qué?" ahora me miraba con curiosidad.

"Por que no lo es"

Se pasó la mano por el pelo en lo que yo supuse era un gesto de frustración.

"Eres muy cabezota"

"Lo sé" le dije mientras cogía la bolsa que me pasó el dependiente.

Salimos a la calle donde aún continuaba lloviendo, abrí el paraguas y Edward se colocó también bajo él haciendo que estuviéramos muy cerca, podía notar su calor.

"¿Te apetece tomar algo?" me preguntó.

Negué con la cabeza "Tengo clase en media hora, tengo que irme ya o llegaré tarde?"

"¿Por qué me da la sensación de que siempre estás huyendo de mí?" sus ojos verdes se clavaron en los míos con una intensidad que me estremeció.

"Por que será verdad" le dije antes de girarme para bajar por las escaleras del metro.

~ o ~ o ~ o~

El jueves por la noche fui a trabajar como de costumbre. Era una noche muy tranquila ya que el frío parecía hacer que la gente se quedara en su casa y no quisieran salir a tomar algo.

Aro daba vueltas de un lado a otra sin saber que hacer ya que Jane, Alex y yo lo teníamos todo controlado. Me estaba poniendo nerviosa.

"Aro, sino tienes nada que hacer mejor vete a casa" le dijo Jane.

"ES que tengo que hacer las cuentas al final de la noche" señaló la caja registradora "Es una tontería que me vaya para volver en dos horas"

"Si quieres me puedo encargar yo" le dije con una sonrisa, prefería quedarme media hora más que verle rondando por ahí con las manos en los bolsillos.

"¿No te importa?"

"Claro que no"

Aro me devolvió la sonrisa "Bueno, entonces tómate un descanso y cuando vuelvas me iré"

Cogí mi abrigo y el bolso "Estaré fuera, si me necesitas avísame"

Abrí la puerta y apoyé mi espalda contra la pared aspirando aire. Hacía muchísimo frío pero prefería quedarme fuera para tomar aire y despejarme un poco.

Saqué una chocolatina de mi bolso y la abrí ligeramente, le di un pequeño mordisco pues me gustaba saborearla lentamente. Cuando alcé la vista vi que por la calle se acercaba un chico balanceándose, sin duda llevaba unas copas de más.

Cuando se acercó más me di cuenta con horror de que era Jacob, estaba completamente borracho.

"Bella, dios, tenías que verte" me dijo arrastrando las palabras.

"Jacob será mejor que te vayas"

Tenía los ojos vidriosos y apestaba a alcohol, una conversación con él en ese momento no sería lo mejor para ninguno de los dos.

"No, tengo que hablar contigo. Quiero aclarar las cosas" se acercó aún más "Te echo mucho de menos"

"Jacob, por favor..." le supliqué también con mis ojos. "Estoy en el trabajo"

"Quiero que sigamos siendo amigos"

Dio un traspiés y lo agarré para que no se cayera pero él aprovechó para cogerme entre sus enormes brazos y estrecharme contra él. Por un momento me sentí completamente bien, segura y querida pero me di cuenta de que eso ya no lo tendría, nunca más.

Intenté apartarme de él intentando luchar contra las lágrimas de mis ojos.

"Suéltame Jacob" pero me apretó más contra él, no podía soportarlo más "Por favor, suéltame"

Noté por el rabillo de mi ojo que alguien venía, supliqué que fuera Aro para que me ayudara.

"Suéltala"

Pero nunca había tenido mucha suerte y esa voz pertenecía en el que se había convertido en el protagonista de mis pensamientos. La noche no podría ir peor.

Jacob me soltó pero se quedó mirando a Edward extrañado.

"¿Y tu quien coño eres?"

Edward no respondió, se quedó allí plantado mirándole fijamente.

"Bella" Jacob volvió a fijar su atención en mí "Por favor, escúchame"

No quería hacerlo, no quería volver a sentirme mal en su presencia, quería dejar de sufrir y de sentirme mal, pero había dolor en sus ojos y no soportaba verlo así.

"No creo que ahora sea el mejor momento..."

"Yo te sigo queriendo" me cortó y yo me quedé helada "Nunca he dejado de hacerlo, aunque tu pensaras que sí"

"Jacob..." le dije duramente "No quiero hablar de esto. Tu, tu no estuviste... dices que me quieres pero no me lo has demostrado. Nunca"

Sabía a donde conducía esa conversación y realmente era lo último que quería en ese momento, pero aún así no pude evitar decir aquello, era demasiada la rabia que aún tenía dentro de mí.

"Tienes que saberlo, aunque tu creas que no fue así, no solo Alice y Rosalie, yo estuve allí aunque tu no puedas recordarlo, lo estuve pero..."

"CALLA, CALLA" le grité y tiré la chocolatina casi intacta al suelo. No quería escuchar eso no de su boca. Noté como regresaba aquel horrible dolor a mi estómago, crucé mis brazos sobre él intentando detenerlo.

"Bella, tienes que saberlo, yo estuve contigo allí"

"HE DICHO QUE TE CALLES JACOB" grité aún más fuerte y el dolor se intensificó, las lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas abrasándolas.

"Por favor, escúchame"

"NO, no quiero oírte, NUNCA. TE ODIO" lloraba ruidosamente, había perdido todos los papeles "Fue todo tu culpa, si no me hubieras dejado yo no habría vuelto antes a Forks y entonces..." me corté pues ni siquiera podía continuar hablando. El dolor era tan fuerte que mis piernas ni siquiera podían continuar sosteniéndome y me caí en la acera.

Noté como Edward se acercaba a mí, había olvidado su presencia. Sus brazos me rodearon pero no podía soportar tampoco su contacto en ese momento, me sacudí para rechazarlo y cuando le miré vi algo de dolor en sus ojos.

"Edward, por favor, vete" apenas logré decir entre sollozos.

"No Bella" sacudió su cabeza "Te llevaré a casa"

No podía con todo aquello y no soportaba que él hubiera visto todo aquello. Además todavía me tenía que hacer cargo de Jacob, que ahora estaba llorando. A pesar de todo lo que le había dicho aún me seguía preocupando por él.

"Edward, por favor, te lo suplico, vete"

En ese momento la puerta del bar se abrió y salió Aro, cuando me vio se acercó corriendo hacía mí. Sabía que él podría ponerlo todo bajo control.

"Bella, ¿qué ha pasado?" entonces vio a Jacob y aunque no sabía mucho lo comprendió al instante "Vamos adentro"

Me sujetó un brazo y me ayudó a levantarme pero aquel dolor continuaba dentro dentro de mí y grité con toda la fuerza que tenía, parecía que algo se estaba desgarrando de nuevo dentro de mí. Edward me cogió del otro brazo para ayudarme. Le miré y parecía realmente desconcertado.

"Vete" le dije intentando que mi voz no se rompiera por el dolor "No quiero que estés aquí"

Sus ojos mostraron su dolor por mi rechazo pero no me importó, sería mejor que se fuera no quería que viera lo que venía después.

Cuando lo vi alejarse por la calle mientras Aro me llevaba dentro del bar aún sentí una tristeza mayor. Después de lo que había ocurrido estaba segura de que no querría volver a verme nunca.


¿Qué os ha parecido?