Nota de la Autora: IMPORTANTE! LEER POR FAVOR!

El siguiente capítulo contiene Lemon. Para quienes no sepan lo que es: tiene algunas escenas un poco subiditas de tono. No muy recomendable si no estás realmente enterado. Por algo el fic está calificado de Mature, accedes bajo tu propio riesgo y por éso sufres las consecuencias, no digan que no se los advertí.

Muy bien, tanta advertencia aburrida y fatalista me parece una exageración, porque en verdad estoy segura de que todo el mundo, bola de curiosos, lo terminará leyendo xD…

OK. Tengan compasión. Es mi primer Lemon. Y tenía ganas de hacerlo.

NO ES ESTRICTAMENTE NECESARIO PARA LA TRAMA, PUEDES SALTARTE ESTE CAPITULO SI DESEAS, NO ES ESENCIAL PARA LA HISTORIA.

Pero en verdad me gustaría que lo leyesen y que opinasen, porque en verdad, no estoy segura si estoy completamente conforme con como me quedó.

Capítulo 10

La observé fijamente desde donde estaba parado intentando que ella no se diese cuenta. De alguna manera habíamos terminado en mi apartamento después de una dura tarde de entrenamiento y yo la tenía allí sentada en mi cocina con una taza de té caliente en la mano, con la mirada perdida y sonriendo silentemente mientras respiraba con dificultad de lo cansada que estaba.

Yo me encontraba igual de exhausto mientras me apoyaba contra la repisa, parado y lejos de ella, sólo para evitar tentaciones.

Se veía tan hermosa y tan inofensiva mientras se encontraba allí, perdida en sus pensamientos. Sin embargo yo sabía que el campo de batalla la gente solía salir impresionada de lo erradas que habían sido sus primeras impresiones.

El cabello desordenado caía sobre su cara e hizo un intento de colocárselo detrás de la oreja en un gesto sutil e irresistible, por lo menos para mí. Sus ojos brillaban como siempre, sus labios rosáceos estaban entreabiertos y sostenía la taza de té caliente suavemente entre sus dedos como si estuviese acariciándola.

Nuestros ojos se encontraron y aparté la mirada bruscamente mientras ella sonreía. Me dí la vuelta apoyándome en el fregadero para que ella no viese lo azorado que me había puesto. No podía más, tenía que decírselo, pensé con una determinación inusual.

Sentí un escalofrío de la emoción, sería que por fín me atrevería a decirlo? Me atrevería a decir aquello que me había guardado para mí mismo durante la mitad de mi vida? No podía seguir viviendo así, sabiendo que en cualquier momento ella podría dejarme solo, sabiendo que cualquiera podría quitármela, tenía que decirlo, tenía que terminar de decirlo. Sin embargo…temía, temía que mis sentimientos no fuesen correspondidos, temía que aquél fuese el final de lo único que tenía, aquella profunda amistad que me había cambiado la vida. Jamás podría seguir viviendo así, pero jamás podría soportar el hecho de perderla.

-Sakura-Chan…,- Comencé impulsado por una determinación no muy común en mí.

Mierda, me miraba intrigada, que podría hacer ahora? Terminaría de decir lo que quería decir o me acobardaría al último momento?

-Si?-Respondió, todavía con la taza en la mano mientras se paraba de su asiento tal vez con intenciones de oirme mejor.

Cerré los ojos mientras intentaba calmar mi respiración.

-Sakura-Chan…-Comencé de nuevo.- Siempre he querido…siempre he querido decirte algo pero creo…creo que jamás he tenido el valor suficiente…

Asintió con simpatía, mientras sus orbes verdes me atravesaban y el pulso se me aceleraba.

-Yo…lo que quería decirte,-Respondí nervioso mientras miraba el piso.- Es que…- Sentí mi corazón palpitar furioso contra mi pecho y los pulmones estremecerse por falta de oxígeno.- Yo…te amo.

Observé su reacción de reojo, había agarrado la taza fuertemente y tenía la impresión de que se estaba quemando sin darse cuenta, su boca se había abierto de la sorpresa y sus ojos se habían agrandado a límites insospechados.

Bien, ya había comenzado, ya no podía detenerme, jamás podría fingir que nunca había dicho éso.

-Yo…te amo. Y siempre te he amado, pero jamás… jamás me había atrevido a decírtelo, Sakura-Chan. Te amo más que a nada en este mundo y siempre lo he hecho. Ya sé que…tu sólo me ves como un amigo y nada más…y que quieres a otro, pero…

Otro. Sería demasiado insoportable para mí llegar a mencionar el nombre de Sasuke. Su cara había perdido toda perplejidad y sólo me miraba fijamente escuchando con atención mientras su rostro se coloreaba casi imperceptiblemente.

-Pero…-Continué.- Necesitaba decírtelo. Decirte que lo eres todo para mí, y que para mí no eres sólo una amiga, que eres mucho más. Que eres mi razón para estar aquí, la única razón por la que todavía vivo, y sobretodo que eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida, que eres la única en mi vida y que siempre lo serás no importa lo que hagas…y también quería decirte que…no importa si no me amas y si amas a otro, nada de lo que hagas podrá nunca matar mi amor por tí…sólo quiero verte feliz.

Bien. Había terminado, con un color parecido al de un tomate manzano y con un increíble revuelo de emociones en mi interior, pero lo había hecho, lo había dicho y había terminado. Había dicho todo de una, y pensé con inquietud que tal vez a ella le podría haber costado entenderme de lo rápido que lo había dicho todo y lo incoherente que había sonado. Estaba nervioso. Ahora sólo quedaba ella. Ahora me volvía a mirar perpleja, mientras dejaba la taza de té en la mesa y avanzaba hacia mí.

Sentí miedo, sentí un miedo terrible de perderla en aquel momento y deseé no haber abierto la boca. Se acercaba a mí y pude apreciar que ella también se encontraba nerviosa. Tuve ganas de correr en aquél momento mientras se encontraba a menos de veinte centímetros de mí. Se había parado y me miraba.

Me sumí en la luz de sus ojos verdes y me perdí en el olor a flores que despedía su cuerpo, como si fuese lo último que haría en la vida. Quería recordarla y recordar aquél momento por el resto de mi vida porque estaba seguro de que nuestra relación jamás volvería a ser lo que había sido y que sería reducida, desde aquél día, a un cortés compañerismo.

-Naruto.- Oí su dulce voz como a través de un sueño y sentí con impresión sus suaves y pequeñas manos a ambos lados de mi rostro.

-Naruto…-Volvió a decir Sakura-Chan una vez que había captado mi atención.- Qué tonterías dices?

Tonterías? Me pregunté perplejo. Acaso pensaba que estaba bromeando? Acaso se lo estaba tomando como un juego? O es que acaso creía que lo que yo decía no era cierto, que me encontraba confundido y que en verdad no la amaba?

-Có…?-Comencé a decir pero ella me interrumpió.

-Qué tonterías son esas de que amo a otra persona?

Volví a observar sus ojos verdes, ahora plagados de calidez y sentí cómo bajo el tacto de su piel mi cara volvía a enrojecerse. No entendía nada. Pero…Sasuke…qué había de él? El amor de su vida…sería que acaso…? Completé la pregunta en mi mente con escepticismo. No. Ella nunca sería capaz de amarme a mí. A aquél tonto, a aquél mal estudiante, a aquél impulsivo imbécil que la había amado con locura desde que era un niño. No, ella siempre había soñado con un príncipe azul, no con su valiente corcel.

-Qué… qué dices?- Pregunté cada vez más nervioso por la cercanía de nuestros rostros y la manera en que acercaba el mío al de ella. La miré embobado, jamás había lucido tan hermosa, aunque reconozco que era algo que afirmaba más de una docena de veces al día. Sonreía de una manera en la que nunca la había visto sonreír.

-Sabes…sabes cuánto he esperado para que dijeses eso que acabas de decir?- Me susurró mientras nuestros labios se acercaban peligrosamente.

Abrí los ojos desmesuradamente todavía analizando lo que acababa de decir.

Sentí una inmensa calidez extenderse por cada centímetro de mi cuerpo mientras la alegría inundaba mi mente y embotaba todos mis sentidos. Acaso había dicho…acaso había afirmado que me quería?

Me había quitado un enorme y angustiante peso de encima. Me había abierto las puertas al paraíso, me había hecho parecer todo tan insignificante, me había hecho no tener más miedo y me había hecho el hombre más feliz que podía haber nunca existido en la tierra. No había palabras para describir lo que sentí en aquél momento, me sentí de pronto inderrotable, me sentí como el rey del mundo, con ganas de saltar de la emoción, de afrontar cualquier reto, sentí sudores recorriéndome todo el cuerpo, mientras temblaba de la emoción y la miraba a ella, y sentía que no cabía en mí la dicha, mientras la miraba y me recordaba a mí mismo todos aquellos sueños junto a ella que pensé que nunca iba a cumplir.

Y desde aquél momento, sentí que ya no era sólo yo, yo no importaba en absoluto, éramos nosotros, desde aquél momento me había alistado irremediablemente y con la mayor entrega del mundo a pasar el resto de mi vida con ella, a continuar haciéndola feliz, a hacer cualquier cosa que ella me pidiese, a protegerla con mi cuerpo y alma y a amarla todos y cada uno de los días de mi vida, con la mayor entrega y con los mayores sacrificios, pero a amarla, más de lo que nunca había amado alguien.

Ahora sólo estábamos ella y yo y ése era el momento que importaba.

Sin poder contenerme la besé con una ternura desaforada, sus labios eran lo mejor que había probado en mi vida, sabían a té, sabían a miel, sabían a ella. Eran aquellos los labios por los que me había desvelado noches enteras, aquellos los besos que había ansiado toda la vida, aquellos los momentos que había soñado, y eran todos aquellos momentos que sin poder evitarlo se estaban haciendo realidad.

Me sentí desfallecer mientras colocaba mis brazos alrededor de su estrecha cintura. Me sorprendí al medir la pasión desesperada con la que respondía a mis besos, y nos encontramos en la necesidad de fundirnos en el largo y febril instante que ambos habíamos soñado durante tanto tiempo.

Pronto nos vimos en la necesidad de respirar, me separé momentáneamente de ella mientras sonreía y ví sus ojos verdes cargados de aquella ternura y aquella pasión, más que con la que la había visto observar a Sasuke tantos años atrás.

Ella sonrió también probablemente al darse cuenta de la manera en la que la observaba. Jamás había sido tan feliz en toda mi vida.

Comenzamos a besarnos de nuevo, no había nada que nos pudiese separar el uno del otro, absolutamente nada. Y nuestras muestras de cariño cada vez se hacían más efusivas y más exaltadas mientras mi cuerpo se veía recorrido por pequeños escalofríos llenos de ardor.

Me estremecí de dicha cuando me dí cuenta de que Sakura-Chan había tomado un suave impulso y cuando me constaté de que sus piernas ahorra rodeaban mi torso mientras me abrazaba y me besaba amorosamente. La sostuve y dejándome llevar por una pasión salvaje mientras no dejaba de besarla, dejé que los instintos nos condujesen en un viaje accidentado hacia mi habitación.

La deposité, todavía sin separarme de ella, en mi cama deshecha mientras sentía cómo acariciaba mi espalda por debajo de la camiseta con una pasión inusitada. Sentí cómo me hacía inclinarme hacia ella hasta quedar en una posición comprometedora y cómo de alguna extraña manera lograba deshacerse de mi camisa.

-Sakura-Chan,-Murmuré impotente mientras me besaba amorosamente el cuello y mientras me daba cuenta de que ella también se había deshecho de su camisa.

Se detuvo para mirarme con ternura. La observé detenidamente, observé su piel blancuzca ante la luz del atardecer, sus inocentes y pequeños pechos entre aquel sujetador negro que los hacía lucir tan provocativos, aquellos pechos que a mí me parecían infinitamente perfectos, observé la felicidad que emanaba de cada uno de sus poros y conteniéndome y haciendo uso de la poca fuerza de voluntad que me quedaba ante ella, le susurré con una voz ronca no muy propia de mí:

-Sakura-Chan, no creo que estés…que estemos preparados para ésto.

La pasión que sentía en cada milímetro de mi mente y cuerpo debió de haberse traslucido en mi voz, así como el esfuerzo que estaba haciendo por darle un paro a la situación pues me volvió a mirar con sus ojos verdes y supe que estaba viendo a través de mí, leyendo cada uno de los pensamientos que surcaban por mi mente.

-Naruto…-La oí susurrar.- Qué es lo que pasa?

La miré de nuevo, parecía demasiado bueno para ser cierto, no podía creer que hubiésemos llegados a tales extremos, no cabía en mí de mi gozo, sin embargo me encontraba un poco inhibido, por todos aquellos recuerdos y todos aquellos pensamientos que insistían en hacerse notar en mi consciencia, pensamientos que me apartaban irremediablemente de ella. Sentí cómo mis ojos eran atravesados por su mirada y cómo captaba exactamente cada uno de los hilos de mi pensamiento y cómo los procesaba mientras me preguntaba:

-Naruto, en verdad piensas, todavía sigues pensando, que amo a Sasuke?

Rehuí su mirada, no queriendo admitir lo que había leído de mi mente.

-De verdad piensas que te estoy mintiendo? Que te estoy usando? Piensas que yo sería capaz de hacerte éso?

La miré dolido y pude ver que luchaba por no llorar, busqué inconscientemente sus manos y las apreté entre las mías.

-Sakura-Chan, no llor…

-Naruto, entiéndelo. Estoy aquí. Podría estar en cualquier otro lado, pero estoy aquí. Contigo. No con él. No con nadie más. Tú deberías de entenderlo, deberías de ver que ya no siento nada por él que no sea amistad, deberías de tener la suficiente confianza en mí y deberías de conocerme lo suficiente como para ver que ya no soy la niña tonta que era antes, que he crecido, y que la he dejado, tal como lo abandoné a la falsa y platónica idea que tenía de él.

Asentí. Sí, lo sabía. Lo había sabido desde hacía mucho tiempo, desde el primer momento en que la ví hacía tres años y medio, después de mi entrenamiento, desde el momento en el que dejé de verla como una niña para verla como una mujer.

-Estoy aquí. Contigo y para tí. Así como tú lo estuviste para mí todo aquél tiempo en que lo necesitaba, aquél tiempo en que me negaba a ver lo que en verdad estaba pasando…

-Sakura-Chan…- Comencé a decir para advertirle que no era necesario que continuase, pero me hizo un gesto con la mano y continuó hablando.

-En verdad es tan difícil de ver que he cambiado? Es tan difícil de ver que ya sé lo que quiero, que siempre lo he sabido, pero que he preferido ignorar? Es tan difícil entender que ahora…ahora y siempre has sido tú? Has sido tú a quien siempre he querido, a quien siempre he amado, y a quien siempre he buscado?

Es tan difícil para tí aceptar que ya no estás solo, que ahora somos tú y yo, que te amo como nunca he amado a alguien antes? Es tan difícil creerme, Naruto?

Sacudió la cabeza durante un instante mientras cerraba los ojos para impedir a las lágrimas escapar y levantó luego la cabeza orgullosamente con los ojos brillantes y con un intento de sonrisa en los labios.

-Es tan difícil creer…que de alguna manera quiero y estoy dispuesta a compensarte absolutamente todo, aunque se me vaya la vida en ello?

Observé las lágrimas que surcaban su hermoso rostro, y sus suaves manos intentando limpiarlas mientras apartaba el rostro para que no la viese llorar.

-Soy una imbécil,-Murmuró ante mi silencio.- Siempre tengo que terminar llorando.

-Al menos tienes buenas razones.- Fué lo único que acerté a decir mientras le limpiaba las lágrimas y le acariciaba las mejillas todavía un poco azorado por aquel discurso.

Me sonrió entre sus lágrimas intentando contener la risa.

-Te amo, Sakura-Chan,- Dije de un impulso mientras la sentía de nuevo buscando mis labios.- Y sí te creo.

Respondí a sus cálidos besos con ternura, la ternura que siempre reservaba para ella, y solamente para ella y que poco a poco se fue convirtiendo de nuevo en pasión. Sus manos que hacía un momento habían rodeado mi cuello se desembarazaron para tomar las mías y deslizarlas suavemente por su cuerpo, casi sin que yo me diese cuenta y detenerlas en sus suaves y pequeños pechos. Yo que comenzaba a perder el control de mi mismo en aquel momento, dejándome llevar por la calidez del momento, sentí como mis sentidos se reactivaban, y perdiéndome en sus ojos, plagados de un amor al que me costaba acostumbrarme, le susurré, no queriendo forzarla a absolutamente nada.

-Sakura-Chan…

-Qué pasa?- Me miró de nuevo comprensivamente, sabiendo que algo se encontraba mal pero intuyendo a la misma vez que estaba a punto de perder el control sobre mi mismo.

-No…no creo que sea lo mejor…no quiero que te arrepientas luego.

No. Jamás podría obligarla a nada. Jamás me lo perdonaría a mi mismo si llegaba a hacerle algo con lo que ella no estuviese de acuerdo, jamás le haría nada en contra de su voluntad, jamás sería capaz. Jamás me perdonaría el hecho de que se arrepintiese luego de haberme amado, que se arrepintiese de ese atardecer que estábamos viviendo, jamás me perdonaría si llegaba a querer olvidar todo lo que estaba pasando y todo por lo que habíamos pasado.

Se acercó de nuevo a mí mientras me respondía en un susurro que me estremeció de arriba a abajo.

-No lo haré. Jamás he estado tan segura en mi vida como lo he estado de ésto. Puedes confiar en que no me arrepentiré, nunca, jamás.

Me volvió a besar apasionadamente, segundos después, yo volviendo a hacer un esfuerzo, ahora estaba seguro de que el último, le dije con seriedad:

-Sakura-Chan, no quiero hacerte daño.

Vi a mi amada pelirrosa sonreír con ternura y reir para sí misma. Busqué con la mirada en su hermoso cuerpo aquella cicatriz apenas imperceptible de aquella herida que me me había hecho creer que la perdería. No, jamás podría hacerle daño, primero muerto antes de hacerle daño.

-No lo harás.- Murmuró en mi oído hechizándome de nuevo con su cercanía.-No podrías hacerme daño ni aunque quisieses.

De qué manera me podía comprender ella. Comprendía perfectamente que hacerle daño iría completamente en contra de mi naturaleza.

-Es…estás segura?-Tartamudeé nervioso por lo que estaba a punto de suceder.

-Puedo aguantar.-Murmuró confiada con una sonrisa mientras comenzaba a besarme.- Además, no creo que duela tanto.

Jamás hubiese pensado que la primera vez fuese a ser así. Desde aquél momento creo que ninguno de los dos se hizo responsable de sus acciones.

Jamás hubiese soñado en un momento tan mágico como lo fue aquél, mis sueños nunca hubiesen podido abarcar tal cantidad de felicidad, de pensamientos, de pequeños momentos que esperaba poder guardar en mi memoria para siempre. Mis sueños habían sido un esbozo, una esperanza a algo muchísimo más grande.

Allí, mientras nos desvestíamos silentemente, presas ambos del amor que nos envolvía a cada uno, mi universo había cambiado totalmente y me sentía atrapado en aquél sentimiento de que nada volvería a ser como lo era antes, y de que todo sería mucho mejor, que mi mundo estaba dando un giro de ciento ochenta grados, que nuestros mundos habían cambiado en su totalidad, y que ya habíamos dejado de ser Sakura y Naruto, para convertirnos en amantes, en almas permanentemente inundadas de amor, en criaturas que vivían completamente a partir del otro, en un hombre y en una mujer.

No sentí ninguna vergüenza ante mi desnudez, y al verla allí, como tanto tiempo la había soñado, recorriendo aquél frágil y etéreo cuerpo que había imaginado y que conocía a la perfección, supe que ella tampoco. Recorrí cada uno de los recovecos de su ser, sus pechos de niña, su cuello con olor a rosas, su piel suave como el terciopelo, aquella pequeña barriguita que me resultaba tan natural, aquellas caderas, sus piernas bien formadas y su estrecha cintura. Y me dí cuenta de que nuestros cuerpos parecían pertenecer el uno al otro, formar una sola unidad, encajar como piezas de un rompecabezas.

La ví ruborizarse mientras la miraba por la profundidad de mi mirada y el profundo amor que irradiaba.

Sentí sus apasionados besos, correspondientes a los míos, intercalados con suspiros de amor, mientras metía sus manos entre mi cabello y lograba situarla de espaldas a la cama colocándome con toda la sutilidad de la que fuí capaz.

Besé cada uno de los milímetros de su cuerpo, cada uno de los centímetros de su nívea piel, formando un camino de besos desde su boca hasta su vientre deteniéndome momentáneamente en su cuello, y en cada uno de sus pechos.

Sus caricias en mi espalda y los suspiros de gozo que exhalaba no hacían sino embotarme la mente, nublándola con aún más amor. Me deslicé por su cuerpo e introduje momentáneamente ,como pidiendo permiso, uno de mis dedos en ella. Sentí como se estremecía y exhalaba un gemido de placer.

Sí, se encontraba lista, la miré por unos segundos antes de seguir, conociendo las dudas que se abrían dentro de mí, me sonrió inspirándome confianza mientras asentía.

Ya, me había dado su permiso. Sentí cómo uno de sus brazos me rodeaba la espalda y cómo buscaba con una de sus manos una de las mías. La estreché fuertemente y todavía temblando del intenso nerviosismo y de la inigualable pasión que sentía en mi interior, mientras sentía como sus piernas rodeaban mi torneada espalda y cómo se encorvaba para facilitarme el trabajo, logré abrirme camino hacia ella, y tomando un impulso penetrarla en el clímax de mi amor y derribaba aquella barrera, la única que nos separaba de pertenecernos totalmente el uno al otro.

Sentí cómo apretaba mi mano con toda su fuerza y cómo reprimía un grito mientras me clavaba por el dolor las uñas de su mano izquierda en mi espalda, y sentía sangre resbalando por mis muslos.

Suspiré de gozo mientras sentía a su cuerpo estremecerse de una mezcla de dolor y placer debajo del mío, y mientras esperaba a que se acostumbrase observé su cara muy cerca de la mía, y pude notar que apretaba los labios y cerraba los ojos con suavidad mientras las lágrimas resbalaban por su blanca piel

-Estás bien?-Susurré preocupado momentáneamente dispuesto a parar si ella lo quería así. Infinitamente consternado por su bienestar, por su comodidad y por lo que pasaba por su mente en aquél momento. Sentí inmediatamente, con una preocupación que no me dejaba disfrutar enteramente del momento, deseos compartir su dolor y no ser el causante de éste, quería ayudarla con todo mi corazón en aquella muestra de fortaleza que estaba dando.

Abrió los ojos, y observé en sus ojos verdes un destello de felicidad sobrenatural mientras sonreía y me murmuraba tranquilizante:

-Estoy bien, no te preocupes, no pasa nada, sigue.

Sentí sus labios posarse sobre los míos y saboreé el salitre de sus lágrimas mientras me disponía a seguir con sus indicaciones. Confiando totalmente en lo que me había dicho.

En un momento infinito todo desapareció, el tiempo dejó de existir, el pasado dejó de importarnos y el futuro dejó de preocuparnos, sólo existíamos ella y yo, y el amor que nos profesábamos, existíamos solamente el uno para el otro, existíamos como un solo ente, como un solo ser, entregándonos en cuerpo y alma, entregándonos a nuestras pasiones, a nuestros sueños a nuestros deseos, viviendo, despertando, volviendo a vivir, volviendo a despertar.

Nos agitábamos en un dulce vaivén de emociones, mientras la hacía mía y mientras ella me hacía suyo una y otra vez, y sentíamos estremecerse de placer cada uno de los centímetros de nuestros cuerpos, que ahora pertenecían enteramente el uno al otro.

-Sakura-Chan, te amo.- Le susurré mientras sentía sus tiernos besos.

Le murmuré una y otra vez que la amaba en una letanía interminable, en suspiros intercalados por gemidos y demostraciones de placer, que hacían que me hinchase aún más de pasión, que hacían que mi mundo diese vueltas y que la felicidad, el gozo y el amor que sentía en aquel momento se intensificasen aún más.

Exhaló un gemido de intenso placer que me estremeció de arriba a abajo mientras sentía salir de mí aquél chorro de amor imperecedero y me perdía totalmente en su cuerpo y su alma.

Podía haber estado pasando cualquier cosa en aquél momento, pero nada nos importaba, sólo nos importaba el hecho de estar el uno con el otro, completamente compenetrados en aquél acto de amor, dándonos todo lo que podíamos y más, queriéndonos como sólo nosotros podíamos haberlo hecho, como nadie nunca había amado jamás. En mi mente sólo estaba ella, con su sonrisa, con sus ojos plagados de entrega, con sus pequeños e irresistibles gestos, con su sensual ser, con su fuerte personalidad, sólo estaba ella, y el futuro que labraría junto a ella, el futuro que compartiríamos, y la vida infinita llena de amor que viviríamos hasta el final de los tiempos.

Nos encontrábamos exhaustos. Aún más exhaustos me refiero. Todo había terminado en un momento, pero para nosotros no había hecho nada más que empezar, había sido apenas el inicio de una larga lista de momentos inmemorables que viviríamos el uno junto al otro.

Observé su cara tranquila y plácida mientras sus ojos se le cerraban y su respiración agitada se calmaba. Observé su cara soñadora de donde habían desaparecido las ojeras y las preocupaciones, y la luz reflejarse en sus largas pestañas, mientras sus suaves y tan ansiado labios se curvaban ligeramente en una pequeña sonrisa.

No pude evitar pensar en lo vulnerable que se veía de aquella manera, se veía como una pequeña niña (Mi pequeña niña) cansada, inocente y frágil, con un halo de felicidad que había suplantado instantáneamente al de tristeza que solía llevar.

No pude soportar el fugaz deseo que se avivaba en mí cada vez que la veía, aquél deseo de protegerla, así fuese con mi vida. El deseo de alejarla de todo mal y acercarla aún más a mi pecho, para que pudiese dormir en paz, libre de todo tipo de preocupaciones.

Intentando no despertarla me erguí para cogerla y acunarla suavemente entre mis brazos. Abrió los ojos durante un momento y me sonrió mientras sonreía complacida. Estabamos desnudos pero nos habíamos acostumbrados totalmente a nuestros cuerpos y lo veíamos como la cosa más natural del mundo, se acurrucó contra mí cerrando los ojos de nuevo, y mientras observaba de nuevo aquél hermoso cuerpo de diosa griega, a la luz de la luna, me asaltó una pequeña idea que me hizo estremecerme de una felicidad infinita.

Qué pasaría…qué pasaba si estaba embarazada? No me pude contener al imaginarme la idea, habría sido una bendición, habría sido la mejor cosa que me hubiese podido pasar en la vida. Se abrieron ante mí las enormes puertas de la felicidad, llenas de imágenes y esbozos de un futuro en conjunto.

Pareció darse cuenta de mi emoción y abrió los ojos perezosamente mientras renunciaba a la idea de dormirse. Observó mi cara que irradiaba felicidad y se irguió un poco para besarme con una sonrisa.

Correspondí a su beso con ternura volviendo a sentir aquél revuelo de emociones mientras cerraba los ojos. Todavía no podía creerlo, no podía creer que horas antes había creído que la perdería para siempre, que jamás sería mía, que tendría que renunciar a ella por toda la eternidad. Todavía no podía creer que aquello fuese verdad, que no fuese uno de esos tantas veces repetidos sueños.

La estreché entre mis brazos colocándola contra mi pecho, todavía acunándola en aquella actitud amorosamente protectora.

-Eres mía, lo sabías?- Murmuré mientras la oía reir suavemente y mientras sus orbes verdes me atravesaban- Y no te voy a dejar ir nunca, jamás seré tan tonto, Sakura-Chan. Eres todo lo que siempre he querido en mi vida, y siempre me tendrás lo quieras o no.

-Naruto-Kun…- La oí susurrar suavemente mientras los pelos se me erizaban de gozo por aquél cariñoso sobrenombre murmurado de entre sus labios.- Nunca me iré.

Sentí cómo cogía mi cara entre sus manos y cómo se sentaba para besarme con todo el amor del que era capaz. Correspondí a sus besos, bajo la luz de la luna, mientras la rodeaba con mis brazos una vez más.

Sentí cómo se despegaba de mis labios y cómo, mientras yo besaba su cuello me susurraba al oido aquél esperado:

-Te amo.

Mi cuerpo se estremeció de dicha, y volví a buscar sus labios y su mirada iluminada mientras sentía mi faz enrojecerse y los ojos llenarse de lágrimas interminables de felicidad.

-No sabes cuánto he soñado con ésto.- Le murmuré al oído.

La ví sonreir con ternura y volvió a acurrucarse contra mi pecho dejándose acunar por mí.

-Naruto-Kun…- La volví a oir.

-Mmm?-Inquirí, empezando a quedarme dormido yo también.

Sentí cómo se volvía a acercar a mí con aquella mirada tierna en sus ojos verdes, y oí cómo me susurraba con una voz muy diferente:

-Eres un baka.

Al principio pensé que había oído mal.

Pero mi mundo comenzó a estremecerse desde sus cimientos cuando me dí cuenta de que había oído bien, y que había captado bien aquél tono asesino que conocía tan bien, mezclado con un deje de amargura. Sentí aquél enorme palacio de cristal desmoronarse ante mi vista.

La observé, e intuí que algo andaba mal, muy mal, si hubiese podido ver mi cara en aquél momento hubiese visto una cara llena de miedo, incertidumbre y terror.

Su cara estaba marcada por la dureza, y todo el calor que me había inundado minutos antes comenzaba a convertirse en un frío asesino. Sus ojos, segundos antes llenos de ternura ahora me miraban con aquella furia que tan bien conocía, sólo que ésta vez era una furia verdadera, no una furia de juegos como lo era cada vez que yo hacía una estupidez.

-Có… cómo?- Pregunté angustiado, mientras sentía cómo el universo se me venía encima, y cómo ella se soltaba de mi agarre.

-Naruto, por el amor de Dios! Deja ya de tener sueños cochinos conmigo, maldito pervertido!!- La oí gritarme mientras sentía un golpe increíblemente doloroso rebotando en mi confundida cabeza.

Desperté sudando frío, y sintiendo un enorme dolor de cabeza, en el sitio exacto donde ella me había pegado. Estaba amaneciendo, busqué con desesperación, a mi lado en la cama deshecha, su cuerpo, pero no encontré a nadie, me dí cuenta de que estaba en pijama, y de que la cama se encontraba revuelta pero limpia desprovista de cualquier signo de sangre virginal. Recuerdo haber pensado con incomodidad que necesitaría una ducha fría.

De pronto recordé sus últimas palabras, y sentí toda la frustración agolparse a mi cara.

Mierda!

Me levanté de la cama arrollando todo a mi paso, derribando la mesilla de noche y destrozando la mesa de comedor con la cena de la noche anterior, destrozando todo lo que en ella se encontraba.

Sentí cómo las lágrimas recorrían mi cara, y cómo la tristeza embargaba mi corazón frustrado.

Todo había sido tan real, todo había sido tan real, pero había terminado siendo un puto sueño, otro puto sueño, peor y a la vez mejor que los demás. Por que éso era todo lo que alguna vez sería, lo máximo que llegaría a pasar entre ella y yo, todo era un sueño, todo sería siempre un puto sueño.

-Qué carajos pasa conmigo!!- Grité con toda la fuerza de mis pulmones.

El mundo se enmudeció momentáneamente y la única respuesta que pude percibir fue el sonido de los potes de ramen rodando por el suelo.

Todavía sin descargar del todo toda la rabia que sentía aquella terrible mañana del mes de octubre, agarré uno de los pocos platos que no se había roto que se encontraba en el aparador y lo estrellé estrepitosamente en contra de la pared y todo lo que se encontrase en ésta.

Oí el estrépito de un cuadro caer y el del cristal y el de la porcelana al romperse en millones de pedazos y diseminarse por toda la habitación.

Todavía ahogándome entre mis lágrimas, todavía con el corazón en un puño, extrañando la compañía de Sakura-Chan más que nunca, me acerqué a aquel cuadro que reconocía tan bien, y con aquel horrible remordimiento de conciencia instantáneo, pasé la mano por el cristal roto, cortándome irremediablemente, pero ningún dolor era comparable al que sentía en aquél momento, al descubrir que todo siempre sería un sueño sin cumplir, al descubrir que era imposible que ella me amase alguna vez.

Observé a través de las lágrimas aquella antigua foto del equipo siete que tanto había anhelado ver, aquella foto que ahora se manchaba de sangre, y mientras me sentía morir, acaricié con un dedo su imagen, la imagen de aquella niña sonriente, de aquella mujer por la que daría la vida, de aquella amiga, aquella confidente, de aquél amor verdadero, de aquél primer amor, de mi alma gemela, que sin embargo, nunca podría ser mía.

Notas de la autora:

Antes de que comiencen a decir que soy una malvada sin corazón, quiero decirles lo mucho que me costó escribir ésto, y lo mucho que me costó terminarlo de ésta manera, si hay algo que me resulta difícil es hacer a mi pobre Narutín sufrir en extremo y les puedo decir que estuve a punto de echarlo todo a la basura y decidir que no terminaría siendo un sueño, pero descubrí que era inevitable para la trama :O… Quedó tan… angst…Mierda, lloré escribiéndolo, lloré cuando terminé. Y soy una patética del coño. Pero espero que les haya gustado.

Por favor, por lo que más quieran, por Narutín, por Sakura-Chan, por que hubieses deseado que ésto no hubiese sido un sueño, podrías apretar el botón de abajo que dice GO? Y mandarme un pequeño review… contándome lo que hubiese debido mejorar, lo que hubiese debido incluir, y sobretodo que tal les pareció el lemon? Que en verdad no fue un verdadero lemon… sino un lemon… sentimental. :P Porfis?

Probablemente no volveré a subir nada hasta la semana que viene, o hasta que hayan dejado reviews, por éso me despido por tiempo indefinido y dejo de darles la lata, ne?

Besotes!