Traducción autorizada por dracosoftie

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a dracosoftie, traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: A través de una serie de correos electrónicos de un sitio de citas online, Harry cree que ha encontrado a la pareja perfecta. ¿El vínculo que han formado podrá sobrevivir después de que sus identidades sean reveladas?

Gracias por esos 53 comentarios.


Capítulo 10

—Parece que como si estuvieras en mejor estado de ánimo—dijo Blaise, secamente, frunciendo el ceño cuando Draco sólo se limitó a sonreír. Ayer ya se llevó bastantes reprimendas, y todavía estaba un poco enfadado con el rubio—¿Quieres compartirlo?

Los labios de Draco se curvaron de nuevo, sus ojos se quedaron en blanco al recordar ligeramente la excelente paja con Gryffin la noche anterior.

—No.

Blaise sonrió, incapaz de permanecer enfadado con Draco por mucho tiempo. El rubio también lo sabía, y con frecuencia lo utilizaba sin piedad en su propio beneficio.

—¿Entonces, has visto a Nev?

—Lo hice, y tienes suerte de que no hechice por llamarlo vía Flu. Honestamente, Blaise, soy un adulto. No necesito que cuides de mí.

Draco frunció el ceño por un momento mientras hojeaba una pila grande de pergaminos y mensajes que Madge le había dado en el mismo instante en el que entró en la oficina. Se había perdido varias reuniones importantes en el día de ayer, pero no estaba de ánimo para poder quedarse.

—Debe de haber algo de la Junta de Zonificación del Callejón Diagon en ese montón—dijo Blaise señalando una pila—Tomé tu reunión con el Director de Planificación. Sin duda no estaba contento al ser tratado por mí en vez de ti, pero le dije que sin duda estarías en la reunión de la junta, el lunes por la noche.

Draco asintió distraídamente, localizando el mensaje del mago en cuestión. Abraxas Wedgewick. El hombre era un absoluto snob y Draco tenía la sensación que gracias a su apellido estaba engrasando las tuercas de su propuesta, un cambio agradable, ya que por lo general ha funcionado al revés. Le hizo una nota a Madge para que enviase un pase gratuito al club, una sociedad exclusiva, donde los sangre puras (y mestizos, desde hace unas décadas) de élite se reunían para jugar a las cartas y fumar. Nunca había ido allí y sólo su familia lo mantenía para momentos como ese. Él no era ninguno de esos viejos tontos que ponían demasiada atención a la pureza de sangre y al viejo dinero.

—¿Theo va a estar allí?—preguntó, aun tomando notas en un pedazo de pergamino.

—Puede que llegue un poco tarde, pero sí. Freddie tiene cita con el médico y quiere estar ahí con él—dijo Blaise, sonriendo cuando la cabeza de Draco se alzó con el ceño fruncido—Sólo es una revisión rutinaria. Nada de qué preocuparse.

Draco asintió, volviendo a su trabajo. Había conocido a su hija de Ginny y Theo unos días antes, cuando los visitó en el hospital. Draco sonrió, al recordar lo tonto que se había sentido mientras buscaba por los pasillos de la planta de recién nacidos de St Mungo, con la esperanza de ver a Gryffin. Sabía que el hombre tenía un amiga allí, y él había esperado que sus caminos se cruzasen. Por supuesto, no tenía ni idea de cómo era Gryffin, o si la amiga del hombre todavía estaba en el hospital, no obstante, él lo esperaba. Se había preocupado de que tal vez, Ginny fuese la bruja a la que Gryffin había aludido, pero ella le había asegurado de que su parto había sido sencillo, cuando le había preguntado. Nada que ver con el horrible calvario que Gryffin le había comunicado.

—¿Cómo está Ginny?—preguntó Draco, presionando un interruptor sobre su escritorio para llamar a Madge. Tenía una gran cantidad de papeleo firmado que tenía que ser enviado.

—Genial. Estuve cenando anoche en su casa. Ella absolutamente brilla, y si Theo es más feliz creo que estallará—dijo Blaise, sonriendo con cariño al pensar en la pareja y en su pequeña y perfecta hija.

—Bien, bien—murmuró distraídamente, con la atención puesta en la pantalla de su ordenador. Se había prometido a sí mismo no revisar el correo electrónico de Magical Dating Online, antes de haber acabado con el papeleo de su mesa, pero estaba teniendo problemas para luchar contra la tentación.

—El acuerdo Stevens está finalizado—dijo Blaise, divertido por la evidente distracción de su amigo.

Draco tarareó en señal de aprobación, mordiéndose el labio mientras intentaba decidir qué hacer a continuación. Su casilla de correo electrónico estaba llena de mensajes y algunos de ellos podrían ser urgentes. También tenía unas cuantas cartas que leer y responder y una docena de contratos que requerían su atención antes de que pudieran ser enviados por la tarde.

—Hablé con el proveedor que Theo quiere usar y parece que vamos a tener una buena oferta por los muebles que aprobó para el club—continuó Blaise, disimulando una risa cuando Draco se volvió bruscamente en su silla, ahora frente a la pantalla del ordenador.

—Es una buena noticia—murmuró Draco, esperando a que la maquina se encendiese y dando golpes ansiosos con el pie mientras esperaba que el monitor se encendiese.

—Por supuesto, todo depende de si conseguimos el cambio de zonificación—dijo Blaise, sin molestarse en ocultar su sonrisa, ya que Draco no estaba mirándolo.

—Por supuesto—dijo Draco, sus dedos volando a través del teclado mientras se conectaba a su correo electrónico, entrecerrando los ojos mientras examinaba los nuevos mensajes en busca de si Gryffin le había escrito.

Blaise resopló cuando la atención de Draco se fue totalmente a la pantalla, asumiendo que el misterioso Gryffin le había escrito.

—Un par de cosas más sobre el procedimiento acerca de la reunión de lunes por la noche—dijo Blauise, su cuerpo se tensó mientras forzaba la voz para mantener la calma—Wedgewick ha pedido que vayas desnudo. Es una mera formalidad, la verdad. Simplemente hará que sea más fácil para ti cuando quieras cambiar favores sexuales por los votos que necesitas.

Draco asintió distraídamente, las palabras de Blaise no las escuchadas hasta que él saltó de su silla. Lo hizo cuando la puerta estaba aún abierta antes de sentir un leve escozor en el culo por culpa de una maldición, pero el dolor no fue suficiente para limpiar la sonrisa de su cara.

Draco puso los ojos en blanco, volviendo su mirada hacia la pantalla. —Imbécil.

Para: IntrospectiveIntellectual . MagicalDatingOnline uk

De: MustLoveQuidditch . MagicalDatingOnline uk

Viernes, 27 de junio 2008 1:59 am

Re: Gracias

Sly,

Debería estar en la cama, ya que por la mañana temprano tengo una reunión, - y sólo unas pocas horas a partir de ahora, en realidad – pero no puedo calmar mi mente lo suficiente como para poder dormirme. Es posible que necesite un calmante o una poción para dormir para poder conseguirlo, ya que cada vez que cierro los ojos siento tu mano en mi polla.

Ha sido increíble – casi tan maravilloso como lo había imaginado las numerosas veces que últimamente me he masturbado, pretendiendo que mi mano era la tuya y estaba en mi polla. Y esta noche, lo he conseguido. Mierda. He pensado que enviarte un correo pueda ayudarme a conseguir sacarte de mi mente para poder dormir, pero ha ocurrido lo contrario. Es ridículo, realmente, que un hombre de mi edad no sepa controlar mi libido. Suelo tenerlo. Eres el responsable de estos impulsos incontrolables.

Supongo que no puedo hacer nada. Voy a recrear de nuevo mi fantasía favorita – una repetición de esta noche, con mi material de masturbación. Dulces sueños, si lees esto antes de irte a dormir, y buena suerte si lo lees en la oficina. Me disculpo por la situación que espero que te encuentres, pero no me atrevo a arrepentirme de mis palabras – ya que mi pensamiento de estar masturbándote – haga que te pongas tan duro como tú haces ponerme a mí.

Hasta la próxima,

Gryffin


Mierda, pensó Draco secamente, ya que la puerta era el único impedimento de que él se frotase la polla completamente endurecida. Suspiró, mirando el reloj. Tenía una reunión en diez minutos, y Madge volvería en un momento con más papeleo que firmar.

Haciendo une mueca, cogió su varita, lanzando un rápido hechizo para aliviar su erección. El hechizo no duraría mucho, pero podría soportarlo hasta el almuerzo, cuando podría aparecerse en casa para aliviar el problema que Gryffin le había causado. Draco sonrió, al recordar la noche incómoda de años atrás cuando el profesor Snape reunió a todos los chicos de primer año para tener una charla de sexo con ellos, y había sido más mortificante para Draco ya que era su padrino, así como el jefe de su Casa. Severus les enseñó el útil hechizo, que Draco había utilizado en más de una ocasión en sus primeros años en Hogwarts.

Gimió cuando los pensamientos de Severus le llevaron a pensar en la confesión de Gryffin. Estaba casi seguro de que el profesor que había afectado tanto a Gryffin no era más ni menos que Severus Snape, un maestro de pociones excepcional. Su erección surgió con renovado interés ante el pensamiento de un joven Gryffin masturbándose con furia en algún rincón abandonado. Draco nunca había tenido fantasías sobre el hombre, pero coincidía que la voz de Sev había sido definitivamente digna de hacerse una paja.

El tío Sev enseñó durante… ¿veinte años? Draco se preguntó esperando que poder redirigir sus pensamientos lo suficiente para evitar el uso del hechizo de nuevo. No era doloroso, pero no era una sensación cómoda. Así que Gryffin no puede ser terriblemente mayor que yo. Incluso puede tener casi mi misma edad. Es decir, si estaba, hablando de Sev. Draco suspiró con decisión, levantando su varita y lanzando el hechizo de nuevo.

Algo Pluvia—dijo, haciendo una mueca ante la fría sensación servida adrede.

—...lo siento terriblemente, pero su reunión de ayer fue inevitable—Blaise estaba justo detrás de la puerta, con tono conciliador y sincero.

—…una ofensa—una coz desconocida decía, claramente molesta. Draco intentó escuchar, pero no pudo escuchar el resto.

—Y me disculpo—dijo Blaise, la molestia subyacente en su voz era audible sólo para aquellos que, como Draco, lo conocían bien.—Pero él tiene un hueco ahora, si quiere verlo. Estoy seguro de que al señor Malfoy no le importará. Tiene otra reunión en breve, pero nunca se había visto voluntariamente a rechazar este tipo de clientela tan valiosa como usted, señora Atanier.

Blaise llamó a la puerta bruscamente, aparentemente anunciando su presencia. Draco sabía que era un espectáculo para la mujer que lo acompañaba – Blaise era muy consciente de los hechizos de amplificación que Madge había colocado en el pasillo para que nadie pudiera acercarse sigilosamente a su jefe.

Draco asintió con la cabeza, enviándole un silencioso agradecimiento a Blaise por calmar la situación y por haberle ayudado a saber quién era la mujer – sin duda la bruja enfurismada lo estaría más si él olvidaba su nombre.

—Señora Atanier—saludó, poniéndose de pie, rodeando la mesa, yendo hacia la mujer de mediana edad para darle un beso a su mano extendida. Ella y su marido eran dueños de varias farmacias grandes alrededor de Gran Bretaña e Industrias Malfoy los había estado aconsejando sobre la compra de bienes raíces e inversiones empresariales durante años—¿A qué debo el placer de su visita?

Ella se ablandó visiblemente ante el gesto, las líneas apretadas alrededor de su boca sombría desaparecieron mientras sonreía como una niña.

—El hijo de la señora Atanier, tenía una cita con usted ayer, señor Malfoy—dijo blaise, sus labios se curvaron en una sonrisa, que sólo Draco pudo ver, ya que se quedó en el umbral—Su cancelación fue bastante incómodo para él, y la señora tuvo la amabilidad de venir en su lugar hoy para resolver la misma cuestión.

Blaise se detuvo, entrando a zancadas en la habitación con una gruesa carpeta. Ah, pensó Draco, donde en su rostro había una máscara de educado interés, eran las inversiones que el idiota de su hijo insistía en hacer. Cogió el archivo, asintiendo secamente a Blaise, que reflejaba sus acciones anteriores, inclinándose ante la bruja.

—Tengo confianza en que el señor Malfoy será capaz de ayudarle, señora—dijo amablemente, mostrando sus sonrisa más irresistible—Estoy muy contento de haber tenido la oportunidad de charlar. Tiene la costumbre de monopolizar a nuestros mejores clientes con más encanto.

Ella se sonrojó ante la mirada agradecida de Blaise, acariciándose el dorso de la mano, que todavía le hormigueaba el beso de Draco.

Blaise le guiñó un ojo a Draco mientras se retiraba de la habitación, deteniéndose de nuevo y sonreír al ver la entrepierna de Draco, levantando una ceja. El rubio se sonrojó, avergonzado de que el mago de piel oscura hubiese escuchado el hechizo y agradecido por retrasar a la señora Atanier en el pasillo para que el hechizo funcionase.

"Me debes una", Blaise articuló en silencio antes de partir, simulando nauseas a medida que la bruja se sentaba en frente al escritorio de Draco.


—Oh, por amor de…—susurró Hermione, golpeando a Harry en las costillas. Se había quedado dormido… de nuevo.

La cabeza de Harry se balanceó, y sus ojos se abrieron de golpe. Hermione suspiró, inclinándose para ver varias páginas del manuscrito abierto delante de él. Todavía estaba revisando las ediciones —la fase final, gracias a Dios—y Harry había estado dormitando una y otra vez la última hora.

—Tú fuiste el que quiso tanto control—susurró ella, sus labios rozaron el oído de él mientras se inclinaba para complacerla—Tú fuiste el que luchó por estar involucrado en el proceso de edición. Ellos no haces esto por la mayaría de escritores, lo sabes. Al menos podrías fingir interés.

Harry se sonrojó, llegando a ajustarse sus gafas, su mano vaciló cuando se dio cuenta de que no las estaba usando. Estudió la pálida mano frente a él, sus uñas pintadas y una fina capa de vello rubio. De acuerdo, pensó espeso, parpadeando para tratar de orientarse. Su corazón dio un vuelco cuando se dio cuenta de que se había dormido durante la reunión editorial. ¿El glamour había desaparecido? Miró frenéticamente a Hermione, que ella negó con la cabeza, inmediatamente entendiendo su angustia. Sus hombros se relajaron un poco, con la espalda recta todavía, ahora completamente despierto debido a la adrenalina.

—Estamos a punto de acabar—dijo la mujer adusta sentada en la mesa, mirando a Harry—A menos que tenga alguna objeción, señor Evans.

Harry echó un vistazo a los papeles que tenía delante de él, las ediciones ya se habían examinado la noche anterior. Había sido incapaz de dormir, incluso después de su paja a las dos de la madrugada, así que había preparado café y trabajó un poco.

—¿Señor Evans?

Harry alzó la mirada, frotándose la cara. Sabía que el glamour lo disfrazaba, pero estaba agotado. No se quedó dormido hasta después de las seis de la madrugada, eso le dejó dos horas para dormir antes de despertarse e ir a su reunión de las nueve de la mañana. Miró la larga mesa de conferencias, con cajas de comida a medio acabar, tazas de café vacías y pergaminos descartados. Habían estado trabajando todo el día.

—No, nada.—dijo, con la voz un poco áspera por el desuso. No se le permitió un papel muy activo en el proceso de edición. Como Hermione había dicho era un milagro absoluto que le dejasen estar allí y sólo porque ella había insistido. Las primeras veces no tuvo ese privilegio, pero como novelista best-seller, tenía un poco de voz.—Gracias. Es fantástico. Brillante trabajo, el de todos.

Los editores y publicistas cansados, brillaron ante la alabaza, algunos de ellos dando aplausos espontáneos. Esta era otra de las razones por las cuales se le había permitido entrar, un lugar en que la mayoría de autores se les negaba la entrada – su encanto y su modestia -. A todos ellos les encantaba trabajar con Harry, ya que rara vez se retrasaba en las fechas de entrega o ponía peros sobre ediciones o horarios publicitarios. James Evans era un gran trabajador, un escritor talentoso y un hombre de versatilidad agradable.

—Es innecesario, pero gracias—dijo, sin saber si el rubio que sentía en sus mejillas se mostraban a través del glamour.

Se puso de pie cuando todo el mundo lo hizo, recogiendo sus notas y el manoseado manuscrito. Se dio cuenta de que iba a ser sermoneado por Hermione, ya que su espalda estaba, ya que su espalda estaba completamente recta y sonreía forzadamente mientras aceptaba las gracias y felicitaciones de casi una docena de personas diferentes, cuando iban a las oficinas editoriales.

Él la miró con cautela, sabiendo que esperaría a que estuvieran solos antes de ponerse con él. Así que se sorprendió cuando ella pasó junto a él, dirección Flu. Él iba primero para abrir las defensas de Grimmauld Place.

—¿No vas…

—Necesitas dormir—dijo rápidamente, poniendo los ojos en blanco, cuando sus manos volaron a su cara otra vez, comprobando que el hechizo aun estaba intacto.

—No es necesario ser capaz de ver los efectos para darse cuenta de que has estado despierto toda la noche—susurró ella, inclinándose más para que no la escucharan—¿Qué está pasando? No quiero saber qué hiciste ayer por la noche, James, pero estoy aquí para decirte que ¡casi pierdes en todo lo que ha trabajado!

Tragó saliva con dificultad, sabiendo que ella tenía razón. Había sido increíblemente temerario al aventurarse en su glamour hoy. Fácilmente podría haberlo perdido media docena de veces hoy, cuando se había quedado dormido o simplemente estaba en babia.

—Lo siento…

Ella bufó y puso los ojos en blanco—No me pidas perdón a mí. Ganaría más dinero si supiesen quien eres. Tú eres el único que quiere mantenerlo en secreto.

Él suspiró y asintió. No entendía por qué insistía en ocultarse tras un pseudónimo, y se sentía un poco culpable por ello. No necesitaba el dinero – no con las bóvedas de los Black y Potter y las propiedades obtenidas al alcanzar la mayoría de edad, pero sería un mundo diferente para ella y Ron. James Evans era un hombre muy conocido, y tenía bastante tirada. Pero como Harry Potter, fácilmente hubiera podido duplicar las ganacias de los libros vendidos.

—Sabes que te daría…

Sus ojos brillaron, y dio un paso atrás, un gesto inconsciente de instinto de supervivencia.

—No empieces—dijo ella, con baja y peligrosa.

Habían tenido esta conversación muchas veces. Quería compensarla por no ganar la misma cantidad que si fuese Harry Potter su cliente, pero ella no quería hablar de eso. Diantres, le encantaría comprar una casa a ellos, o abriles una cuenta en Gringotts, pero ni siquiera lo consideraría.

—Me voy, antes de que digas algo que me enfade—dijo ella, con expresión tensa.—Pero te voy a decir esto de nuevo. ¡Tienes que conocer a ese hombre!

Harry abrió la boca, pero ella levantó la mano, deteniendo su protesta.

—No lo hagas. Sé que tiene que ver con él. Cada distracción o problema que has tenido en los últimos meses se debe a él—dijo, con voz blanda—Yo sé que crees lo que estás haciendo, pero necesitas estar con él en persona. O por lo menos saber quién es. Estás muy metido en esto.

Abrió la boca, incapaz de encontrar palabras para refutar sus afirmaciones.

—Lo sabes, también—dijo ella, con ojos tristes.—Estás a punto de enamorarte de él y no sabes quién es.

Harry asintió con la cabeza, encogiéndose de hombros. Era cierto. Él sabía lo tonta que era la situación - ¿y si Sly era un seductor? ¿Y si no era como parecía en sus correos? – Se había permitido involucrarse emocionalmente con un completo desconocido.

—En unas semanas—dijo sin convicción, encogiéndose de hombros. Sly no podía antes de esa fecha, y Harry estaba ocupado con las cosas de la boda y el libro. No había ninguna razón para tratar de adelantar la cita.

Hermione se apoyó en sus hombros, llegando a darle un beso. Sus labios se apretaron con la barba en su mandíbula, oculta por el glamour.

—Duerme un poco.

—Lo haré—prometió, devolviendo el beso antes de que ella entrase en la chimenea y se fuera vía Flu.


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a los comentarios.

-Guest: Espero que te fuera bien, ya que la escena fue muy subidita de tono. Un abrazo.