Capitulo 10
-Dohko? – La voz llamó cuidadosamente como si temiera las consecuencias de sacar al portador de ese nombre de aquel trance. Uno profundo aparentemente, pues fue hasta que tocó con suavidad el hombro del moreno que éste reaccionó.
-Ah, Shion… ¿listo para irnos?
El peliverde enarcó una delineada ceja, asintiendo con un movimiento de cabeza como respuesta. Se encaminó siguiendo al otro, que aun perdido en sus pensamientos avanzaba distraído con destino a la sala de exhibición.
Shion sintió arder la boca de su estómago. Aquella nota que su esposo recibió -hacia casi una hora atrás- realmente lo tenía alterado. No sólo había conseguido con su contenido, borrar el gesto de eterna afabilidad de su apuesto rostro, también logró que se encerrara en un preocupante mutismo. Dohko no solía permanecer callado, si no hablaba de algo en específico se dedicaba a divagar sin sentido sobre todo y nada a la vez; sin embargo, lo que fuese que estuviera escrito en aquella nota, lo mantenía silente.
Llegó al costado del moreno, que ahora se detenía justo ante la puerta del ascensor. Alcanzó la mano de Dohko con la propia y entrelazó sus dedos tiernamente. El de ojos verdes se sorprendió ligeramente por el acto, mas dentro de sí lo agradeció con una tenue sonrisa, justo ahora necesitaba del apoyo del hombre al que amaba.
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El teléfono resonó un par de veces antes de que Shura lo pudiera alcanzar para responder a quien se encontrara del otro lado de la línea. Aun no pronunciaba sonido alguno y la otra persona exigía respuesta a su pregunta.
-¿Regresó Kanon?-
La alterada voz de Saga dejaba en claro lo desesperado que se encontraba por tener alguna noticia de su gemelo. El pelinegro sintió un hueco en el estómago al escucharle.
-Todavía no, por qu---
-¡Llámame de inmediato si lo hace!- interrumpió autoritario el peliazul, colgando de inmediato. El menor sólo pudo resoplar al repetitivo tono que emitía el auricular, para luego depositar el teléfono nuevamente en su base.
Giró su vista para encontrarse con la preocupada mirada avellana de Aioros, que también había acudido a responder el teléfono. El mayor de los Belier, sonrió apenas y regresó al estudio donde había permanecido desde la partida de Saga.
Shura volteó entonces su mirada a Dino quien levantó la vista y se encogió de hombros, mientras seguía bebiendo la cerveza que tenía en mano. Shura arrugó ligeramente el rostro ante esa actitud y cruzó los brazos sobre el pecho, en claro desacuerdo.
-¡¿Qué?!- exclamó fastidiado el mayor luego de un par de minutos de absoluto silencio entre ellos. La penetrante mirada violácea de Shura cuando estaba molesto era una de las pocas cosas que lograba incomodar a Dino.
-Arregla lo que hayas hecho. –
-¿Qué¿Yo?- bufó incrédulo- ¿Cómo es que esto es mi culpa?
-Cuando esos dos pelean, generalmente es tu culpa.
-¡Hey! Eso no es justo, sólo hice eso…mmm…-Dino hizo un gesto de cálculo mental que casi enseguida se convirtió en uno de incomodidad. Aclaró su garganta-…olvídalo
-Dino…
-Sí, sí… -replicó el mayor, moviendo una mano para desestimar la advertencia que se escondía en la voz del menor al pronunciar sólo su nombre. Se levantó del sofá donde había estado, sin mucho ánimo de escuchar algún otro reclamo y salió de la casa.
Shura resopló cansado, se dio la vuelta hacia la cocina nuevamente. Era su turno de preparar algo para la cena o para llamar a las pizzas, lo que fuese estaba bien por él.
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-¡¡Naah!! – gritó Milo de pronto, sorprendiendo con su altisonante queja al joven de liliáceos y largos cabellos que abría la puerta de la habitación.
-¿Qué te sucede? – cuestionó preocupado Mu al notar que los colores en el rostro del peliazul se habían esfumado de sus agraciados rasgos.
-Ah, eres tu…-exclamó aliviado- ¡qué susto me diste! –concluyó arrugando ligeramente el rostro, mientras llevaba una de sus manos hasta su pecho y con teatralidad arrugaba la tela bajo sus dedos.
El menor sonrió divertido por la actitud de Milo, incluso cuando éste lo apresuró a entrar a la habitación cerrando la puerta luego de inspeccionar rápidamente el pasillo.
-¿Qué hiciste esta vez? – Inquirió con la misma diversión en su voz, mientras dejaba sus libros sobre el escritorio que compartía con Milo en el cuarto y se dirigía hacia su armario para sacar algunas ropas.
Milo tembló ligeramente al recordar su travesura; al momento le había parecido insuperable pero ahora que sabía debía enfrentar las consecuencias no creía que fuese una buena idea. Levantó sus ojos al muchacho y se acercó a él con una sonrisa nerviosa.
-Ehmm… Dime ¿qué tan vengativo es tu hermanito?
-Hn? Eso depende…-murmuró el menor, meditando su respuesta- ¿qué tan pesado fue tu broma ahora?
-No querrás saber –replicó el otro rodando los ojos- pero no creo que le haya gustado nada, nadita nada.
-Para que estés tan asustado, debió ser algo muy serio.
-¡Hey, yo no estoy asustado! – gimió ofendido- sólo… soy precavido.
El menor entrecerró un poco los ojos y enarcó una ceja, un gesto casi idéntico al de su temible padre. Aun así, Milo estaba seguro que la gélida mirada que Camus le había lanzado antes que desapareciera de su salón de clases, fácilmente haría añicos cualquier gesto de Shion.
Mu tomó su mochila y se encaminó a la puerta al notar que Milo no diría nada más.
-Bueno, mientras no te metas con su 'arte' tendrás una oportunidad.- reveló el menor sujetando el pomo de la puerta dispuesto a abrirla y cruzar el umbral para irse a su entrenamiento.
-… - Milo tragó en seco.
-E-Eso no incluye su escuela ¿o sí? – preguntó incierto y rogando a cualquier deidad que existiera por una respuesta favorable. Sin embargo, Mu volteó a verlo sorprendido, y su rostro entonces portó un gesto de consternación. Se acercó nuevamente a Milo y con ceremonia puso sus manos sobre los hombros del otro.
-Estás frito – sentenció trágicamente, para luego darse la vuelta y salir de la habitación, dejando tras de sí a un completamente pálido Milo.
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La exhibición de las cuatrocientas piezas del mundo Asirio que Dohko había organizado esa noche marchaba a la perfección. Tanto su discurso como la explicación al inicio de la velada habían cautivado a los asistentes, quienes ahora recorrían la sala llenos de interés, haciendo comentarios sobre las piezas, al igual que sobre el Doctor De Rozan.
Sino se sentía sumamente orgulloso de poder compartir ese momento con Dohko y por supuesto, de estar a su lado. Nunca imaginó cuando recién conoció al optimista hombre, que sólo meses después estaría casado con él.
¿Por qué te casaste con él?
Recordó la pregunta que tantas veces escuchó en la voz de cada uno de sus hijos. Aunque cada uno la había pronunciado con un todo diferente, cuando Aioros lo hacía con amabilidad, Camus lo pronunciaba con desafío. La curiosidad había sido lo que llevó a Aldebarán a cuestionarle, mientras de Aioria lo había hecho con incredulidad. Mu lo hizo con diversión y Shaka, como siempre, lo había hecho con una serenidad impresionante; sólo buscando una respuesta nunca juzgándolo.
¿Por qué te casaste con él?
Una tenue sonrisa apareció en los labios del peliverde. Él sabía perfectamente bien la razón de porque se había enamorado del moreno, de porqué se había casado con él. Pero aun no estaba dispuesto a compartir esa razón con nadie.
Shion volvió a sonreír al presenciar como importantes inversionistas se acercaban a su esposo ofreciéndole financiamiento y propuestas de trabajo realmente benéficas para la carrera de Dohko. Sin embargo, cuando su pecho se sentía explotar y le era difícil no partir los labios en una extensa sonrisa, era cuando Dohko murmuraba un "debo consultarlo con él, mi esposo" y entonces tomaba su mano y le regalaba un dulce beso a su dorso. Presentándolo de esa manera ante todos.
Cuando el moreno actuaba así, Shion no podía evitar sentir que sus mejillas se acaloraban e incluso un ligero escalofrío alborotar su corazón. Sin embargo, Shion no podía olvidar esa molesta sensación que le embargaba cada vez que observaba como Dohko se quedaba pensativo y llevaba su mano al bolsillo derecho de su oscuro saco de casimir, en donde había depositado la infame nota que recibió horas antes.
La velada transcurrió a su propio ritmo, pero para el cabeza de los Rozan simplemente no pasó lo suficientemente rápido. Dohko era el responsable del evento, pero su joven asistente de largo cabello negro llamado Shiryu y procedente de China al igual que él, le aseguró que él se encargaría de todo al final de la exhibición. El perceptivo joven había notado el distraimiento en el que su jefe se encontraba, así que le ofreció permanecer en su lugar hasta el cierre y así, él podría retirarse con Shion a la hora que deseara.
Dohko no solía tomarle la palabra, aunque el joven fuese sumamente competente; sin embargo, en esta ocasión no había nada que deseara más que retirarse de ese lugar, llamar a sus hijos y pensar.
Encontró al peliverde observando un antiguo blasón bizantino, se acercó a él y tomó su mano. El ojirosado se sobresaltó un segundo, mas al percatarse de Dohko a su lado entrelazó sus dedos y le miró expectante.
-Vámonos – El moreno susurró la palabra y Shion asintió como respuesta, encaminándose junto al de ojos verdes hacia la salida. En silencio recorrieron el pasillo y con el mismo mutismo subieron al ascensor.
Dohko nuevamente se sumía en sus pensamientos y Shion no podía hacer más que dedicarle preocupadas miradas. La campanilla del elevador no hizo mella en el moreno, que cual autómata simplemente siguió la inercia del cuerpo de Shion, quien les llevó de regreso a la habitación que compartían.
Más preocupado que molesto –aunque no negaría su molestia- Shion se decidió a exigir una explicación al moreno una vez dentro del cuarto. No podía seguir fingiendo que no tenía importancia.
Sin embargo, antes que el peliverde pudiera vocalizar palabra alguna, la voz de Dohko se escuchó de pronto y se escuchó tan pesada que Shion tuvo que contener el aliento.
Lo que dijo, no fue menos impactante.
-Martha está aquí, y quiere hablar de Shura.
Continuará….
