CAPÍTULO 10: EL BRAMIDO DEL TORO DE ORO
Tan enorme como Aldebarán, y tan musculoso como él. Así era el hombre que tenía Seiya ante él, vistiendo la armadura de oro de Tauro.
- Si quieres llegar hasta Shiro, solo podrás hacerlo derrotándome Pegaso.
- Eso es lo que pienso hacer. ¡Y luego iré a salvar a Atenea!
- Poco me temo que podrás hacer por ella. Debe estar ya a punto de morir.
- ¡Cállate!
Seiya comenzó a dejar salir su cosmos y preparó su ataque.
- ¡Meteoros de Pegaso!
Marcus ni se limitó a moverse, sino que se limitó a cruzarse de brazos y recibir los golpes de lleno. Pero al parecer no le hicieron ningún efecto.
- ¿¡Cómo!?
- ¿Te sorprendes caballero? Ya deberías saber que algo así no basta para hacer mover ni un dedo a un caballero de oro. Sin embargo, eres demasiado maleducado. ¿Cómo puedes comenzar un combate sin ni siquiera dignarte a presentarte ante tú rival?
- ¿¡Como dices!? ¿¡Crees que tengo tiempo para presentaciones!?
Seiya saltó en el aire y concentró de nuevo su cosmos en su puño, para lanzarla luego de golpe.
- ¡Cometa de Pegaso!
Un enorme cometa comenzó a avanzar peligrosamente hacía Marcus, quién no daba muestras de preocupación ante este nuevo ataque.
- Ya te he dicho… - Marcus se apartó un poco, metió la mano dentro del cometa y luego estrelló a Seiya contra el suelo - ¡Qué no ataques sin haberte presentado antes!
La fuerza de Marcus al lanzar a Seiya contra el suelo hizo que este se quebrara en cientos de pedazos en un diámetro de varios metros. Seiya logró reincorporarse con dificultad.
- Eres de lo que no hay. No has cambiado nada en tu comportamiento. Sigues siendo demasiado impetuoso.
- ¿Qué?
- En el pasado eras igual. Atacabas sin pensar en cuanto se trataba de algún asunto relacionado con Atenea.
- ¿Cómo que en el pasado? ¿Qué quieres decir con eso?
Marcus lo miró por un momento. Lo miró directamente a los ojos y comprendió que, tal y como Shiro le había dicho anteriormente, ya no era el joven caballero de Pegaso que ambos conocieron en la guerra santa.
- Entonces, es cierto que te reencarnaste sin recordar nada. Muy bien, te lo explicaré.
El viento comenzó a hacer moverse las hojas de los árboles. Muchas comenzaron a caer al suelo. Las que no lo hacían, bailaban al son de la suave brisa.
- Desde el principio de los tiempos, Atenea ha salvado nuestro planeta de incontables intentos de invasión por parte de los dioses del Olimpo. Sobre todo del dios de los muertes… Hades – Hizo una pausa y se encaminó hasta un árbol en donde se sentó debajo de él - . En el caso de sus enfrentamientos contra Hades, siempre había un caballero que sobresalía como el protector de la diosa Atenea.
- ¿Un caballero protector de Atenea…?
- Era el caballero de Pegaso.
- El caballero de… ¿Pegaso?
- Tú.
- ¿Yo? ¿Cómo que yo?
- Se dice que tú valentía en la guerra hizo que Atenea te diera el don de la reencarnación. Otros dicen que fue por tu propio deseo de proteger a la diosa lo que te hacía reencarnarte siempre que ella volviera a este mundo. Es algo que ni nosotros mismos entendemos.
- Que yo he…
- Seguramente no recordaras nada de tus vidas pasadas, pero eres el único de todos nosotros que ha luchado en más de una guerra santa. Nuestro destino quedó sellado con la penúltima gran guerra.
- ¿Qué quieres decir?
- Según nos contó el Patriarca de nuestra era, los doce caballeros dorados éramos muy parecidos a los de su época. Eso quiere decir, que nos reencarnamos tras la última guerra. Pero en esta ocasión, hemos comprobado en que no nos parecemos en nada. Debió ser porque nuestras almas fueron selladas en el inframundo de Hades, como castigo por levantarle la mano a un Dios.
Seiya no podía asimilar nada. ¿El había participado en las batallas de la lejana era mitológica? Si que recordaba que Hades dijo algo de que ya le había visto en una ocasión, pero no le dio importancia en ese momento. ¿Sería verdad lo que este caballero de oro contaba?
Fuera como fuese, su prioridad eran encontrar a Saori. Y sin saber porque, también sentía la necesidad de encontrar a Shiro. Tenía que hallar respuestas. Pero es posible que este caballero de oro pudiese dárselas.
- Entonces dime. ¿Cuál es mi relación con Shiro?
- ¿Mmm? ¿Relación? – Marcus miró a Seiya con curiosidad.
- ¿Qué es lo que sabe el de mí? ¿Qué relación tengo yo con él?
Marcus no respondió, solo se dedicó a mirarle mientras la suave brisa entonaba una hermosa melodía al mover las hojas.
- Lo siento, pero yo no puedo decirte nada.
- ¿¡Eh!? ¿Por qué no?
- Si quieres hallar respuestas, tienes que ir a buscarlas y descubrirlas por ti mismo caballero.
Esto impacientó a Seiya. No podía esperar. ¿Cuál era su relación con el caballero de oro? ¿Y por qué este caballero que tan bien parecía conocerle no le contaba nada?
- Y ahora… - Marcus se levantó – Continuemos con nuestro combate. Solo que espero que esta vez seas más educado. No me gusta enfrentarme contra un rival al que no sé como dirigirme por su nombre.
Seiya vaciló un momento. Le parecía una tontería, pero ese caballero de Tauro tenía una fuerza que no recordaba haber visto en Aldebarán. Esta claro que iba a costarle derrotarlo.
- Me llamo Seiya, caballero de Pegaso.
Marcus hizo un gesto de afirmación con la cabeza.
- Mi nombre es Marcus, caballero de oro del signo de Tauro. Y ahora, tras habernos presentado como es debido – Marcus se cruzó de nuevo de brazos – podemos seguir con el combate.
Sin esperar más, Seiya atacó.
- ¡Meteoros de Pegaso!
Se repitió la misma situación. El caballero de oro no esquivo el golpe, sino que lo recibía sin inmutarse tan solo un poquito.
- ¡Ahora verás!
Seiya comenzó a avanzar a la vez que atacaba, y cuando estuvo cerca de Marcus, saltó en el aire y comenzó a lanzar sus meteoros a través de las piernas. Pero parecían causar el mismo efecto.
- ¿Vas a terminar con el juego de una vez? Porque creo que ahora me toca atacar a mi.
Del cuerpo de Marcus comenzó a salir una potente aura dorada que impresionó a Seiya. Nunca había sentido algo así.
- ¡Q-Qué cosmos tan inmenso!
- ¡Prepárate caballero! ¡Recibe mi ataque! ¡El Gran Cuerno!
No pudo ver nada. Nada más que algo lo golpeó violentamente y lo hizo caer al suelo de cabeza. Una fuerza descomunal que, de no haber llevado la armadura, le hubiese destrozado.
- N-No puede ser… n-no… he podido… v-ver nada…
- Siento si me he sobrepasado chico, pero esto es una pequeña venganza.
- ¿Q-Qué has dicho?
- Ya me han contado que al caballero de Tauro de esta época le derrotaste tú, de la manera más deshonrosa que hay para un caballero de este signo….
Seiya calló y recordó el momento en el que venció a Aldebarán. No solo superando su velocidad, sino también…
- Cortándole su cuerno. Te haré pagar por ello caballero.
- Ugh… no voy a dejar que me derrotes… tan fácilmente… - De nuevo se puso en pie, aunque escupiendo algo de sangre por la boca. Al verle de nuevo en pie, Marcus sonrió.
- Me gusta tú actitud chico. Veamos que haces frente a esto.
De nuevo un cosmos inmenso surgía del cuerpo de Marcus. Este, lanzó una gran cantidad de energía a través de sus manos.
- ¡Titan Nova!
El suelo se partió en millones de pedazos y hubo una gran explosión. Seiya se protegió con sus brazos, esperando poder sobrevivir a ese poderosísimo ataque. La explosión hizo estremecerse a toda la isla.
TEMPLO DE ZEUS
Boreas miraba desde la entrada del templo al lugar de donde provenía la explosión. No hacía falta pensar mucho para saber quién había sido el causante.
- Ese idiota… Si sigue así destrozará toda la isla.
- Es cosa de Marcus, ¿no es así?
Al girarse, vio que a su lado se encontraba Narciso.
- Si. Solo el es capaz de crear tal explosión.
- Será posible. Usar tanto poder para aniquilar a un caballero de bronce.
- Ya sabes que Marcus, sea el rival que sea, siempre lucha en serio.
- Pues debería calmarse un poco. Si no, no dejará nada para nosotros.
- No seas así.
Se estremeció. El destrozo había sido descomunal. Seiya se había salvado gracias a que saltó a tiempo en el aire y pudo esquivar el golpe. Pero aún así recibió un gran daño en todo su cuerpo.
Todo el suelo había quedado, en un diámetro de más de cien metros, completamente destrozado. Los árboles habían desaparecido por completo. Se encontraban en medio de un pequeño desierto en medio de un bosque.
- Es impresionante…
Marcus miró al caballero de bronce sonriendo. Sabía que lo esquivaría.
- ¿Te ha gustado mi pequeña demostración? He usado la técnica al mínimo para que pudieras apreciarla caballero. Espero haya sido de tu agrado.
De nuevo se estremeció. Si usando su poder al mínimo esta técnica era capaz de causar semejante destrucción… ¿cómo sería si usaba todo su poder?
- Pareces sorprendido caballero. No sé de que te extrañas. Además, dentro de los caballeros de oro soy el que tiene el ataque más poderoso.
- ¿Cómo has dicho?
- Sin duda no estoy en el grupo de los más fuertes de nosotros, pero si supero en resistencia y fuerza física a los demás caballeros de oro. Lo que acabas de ver es algo que no solo se lograría usando un enorme cosmos, sino que también se precisa de una enorme fuerza física que te permita realizar tal ataque.
- Entonces… ¿tú eres el más fuerte en cuanto a poder ofensivo?
- Más diría en cuanto a poder destructivo. Mi fuerza ofensiva destruye y destroza por mi enorme fuerza física. Pero te diré, que aquel al que buscas encontrar es mucho más poderoso que yo.
- ¿Aquel al que busco? ¿Te refieres a Shiro?
Marcus asintió.
- Su fuerza destructiva no es para nada comparable a la mía. En ese aspecto yo soy el más poderoso de los doce caballero de oro. Pero sin embargo, mis ataques alcanzan un radio muy grande, por lo que cuando me enfrento a un solo rival no pueden resultar muy efectivos. Shiro por el contrario, es el más rápido de los doce caballeros de oro. Además de poseer una increíble fuerza y un cosmos muy superior al mío.
- ¿¡Qué has dicho!?
¿Era eso posible? ¿Un cosmos aún superior al de Marcus? Si eso era así… ¿Seiya sería capaz de hacer algo contra él?
- Pero para evitar mi diferencia contra un solo adversario… preparé una técnica para ocuparme de uno de manera individual.
- ¿Q-Qué preparaste una?
- Prepárate caballero. Porque ahora vas a ver mi técnica más mortífera.
Marcus se inclinó, colocándose en una posición como si fuera a salir disparado a correr los cien metros lisos. A Seiya no le costo demasiado adivinar como sería el golpe.
- ¡Me va a embestir!
Del cuerpo de Marcus comenzó a salir un tremendo cosmos que comenzó a rodearle el cuerpo.
- ¡Embestida de Toro!
Salió disparado, a una velocidad increíble que Seiya jamás imaginó. Intentó esquivarlo, pero no tuvo tiempo de apartarse y le dio de lleno, haciéndolo volar por los aires.
Marcus freno en seco y salto en el aire a toda velocidad, luego, como impulsado por una pared invisible, embistió de nuevo a Seiya, lanzándolo contra el suelo arenoso y generando un pequeño geiser de tierra.
Gracias a la arena, el daño del golpe se redujo, pero no dejo de ser mortal. Apenas se podía tener en pie cuando se levantó.
- M… maldita sea… A pesar… de ser tan grande… se mueve a una velocidad impresionante…
- ¿Ya te vas a rendir chico? Deberías. Estás hecho polvo y apenas te tienes en pie.
- ¡De eso nada!
- Muy bien, pues acabaré contigo usando de nuevo el mismo golpe.
De nuevo atacó con la embestida, pero esta vez Seiya se preparó.
- ¡Cometa de Pegaso!
El ataque golpeó de lleno a Marcus, pero no pareció hacerle ningún efecto. Saltó en el aire para esquivarle, y, como supuso, Marcus lo siguió para embestirlo. Lo volvió a esquivar la segunda vez y luego la tercera, por lo que Marcus se estrellaría a esa velocidad contra el suelo.
- ¡Ahora! ¡Meteoros de Pegaso!
Antes de tocar el suelo, Marcus se traslado hacía la derecha y esquivo los meteoros, luego se impulsó desde el suelo y se lanzó de nuevo contra Seiya, quién no pudo esquivar en esta ocasión la embestida y la recibió de lleno.
- ¡¡¡¡Uaaaagh!!!!
- ¡¡¡¡Muere caballero!!!!
Agarrándolo por los brazos, se apoyó en su espalda presionando con la rodilla y lo estrelló contra el suelo, causando de nuevo un enorme temblor.
Desde la lejanía, en la copa de un árbol, Shiro miraba el combate.
- ¿Acaso eso es todo lo que puedes hacer Seiya? Eres mucho mejor que eso – Pensó.
Marcus se limpió las manos y la armadura de polvo. Estaba claro que el combate ya había terminado. Había usado casi toda su fuerza física para ese último golpe, así que era imposible que un cuerpo tan pequeño lo resistiera. Una verdadera lástima.
- Es una pena chico, estoy seguro de que hubieras sido capaz de hacerlo mucho mejor. No me guardes rencor.
Se iba a marchar del lugar cuando algo le hizo detenerse. Una sensación que le hizo ponerse alerta y girarse instintivamente.
Ante el, Seiya estaba de nuevo en pie. Se balanceaba y casi no podía mantenerse en pie, pero ahí estaba.
- No me lo puedo creer. Con ese golpe debí destrozar por completo su cuerpo y aún así… ahí esta.
Entonces se fijo en sus ojos. Su mirada estaba perdida.
- N-No puede ser… ¿¡está inconsciente!?
Del cuerpo de Seiya comenzó a salir un brutal cosmos que hizo retroceder a Marcus. Retrocedía de miedo ante ese inmenso cosmos.
- ¿C-Cómo es posible que estando inconsciente pueda explotar semejante cantidad de cosmos?
Lo miró de nuevo. En el pasado ya sabía que ese chico no era normal. Pero ahora estaba más que seguro. Era un auténtico monstruo.
Seiya lanzó su golpe. Al igual que pasó con Raiden, los meteoros que lanzó rodearon a ambos y crearon un remolino a su alrededor. Seiya alzó el puño y Aldebarán no pudo evitar salir volando por los aires y comenzar a recibir los miles de golpes del ataque de Seiya. Finalmente cayó a Tierra, desprendiéndose de su cabeza el casco.
- E-Es increíble… de no ser… por mi fuerza defensiva y la armadura de oro… ahora mismo estaría… muerto… ugh…
Se puso de nuevo en pie y miró a Seiya. Su armadura había resultado dañada por ese golpe, pero gracias a ella estaba aún con vida. Algo que agradecerle a la armadura de oro. Se limpió la sangre que le salía de la cabeza y se preparó para acabar con el caballero de bronce lo antes posible.
- Perdóname caballero… pero debo acabar contigo antes de que te conviertas en una amenaza…
Marcus concentró su cosmos y preparó su ataque más poderoso.
- ¡Titan Nova!
El ataque fue directo hacía Seiya, quién alzó las manos y lo detuvo sin ningún problema, desviándolo hacía el cielo.
- ¿¡C-Cómo!?
No creía lo que sus ojos veían. ¿Qué le había pasado a ese hombre que tenía ante el? Ya no era el mismo que hacía unos minutos.
- ¿A-Acaso el estar inconsciente ha despertado su poder oculto? ¿Tanto potencial tenía este caballero en el pasado que ni yo mismo me di cuenta?
En ese momento, Seiya recobró el sentido. Se sintió perdido y perplejo. Lo último que recordaba era haber recibido el golpe de Marcus y perder el conocimiento. Pero ahora, estaba de nuevo en pie y su rival, no solo había perdido el casco, sino que también parecía haber sufrido muchos daños.
- ¿Q-Qué ha pasado aquí?
Como pensaba. Seiya no era consciente de nada y al estar inconsciente había despertado sus poderes ocultos. Estaba claro que de nuevo, la superioridad de Marcus era clara.
- Esto me lo has hecho tú, Seiya.
- ¿¡Qué!? ¿¡Yo!?
¿De nuevo había pasado algo estando el inconsciente? ¿Qué pasaba cuando perdía el conocimiento?
- El poder oculto que posees escapa a tú imaginación caballero. Siento decirte esto pero… voy a matarte.
Seiya retrocedió unos pasos. Marcus expandió su cosmos y se preparó para realizar su golpe directo de nuevo. Con sus heridas, Seiya pudo hacer poco por esquivarlo.
- ¡Embestida de Toro!
De nuevo cayó al suelo, dolorido, lleno de heridas y cansado, casi sin poder moverse.
- Se acabó caballero.
EN LA ZONA OESTE DE LA ISLA
- ¿Estás ahí, Castor?
- Si mi señor.
De la sombra, Castor salió y se arrodilló ante su señor. Su cuerpo estaba cubierto por una armadura dorada. La armadura de Géminis.
- Lamento mucho la muerte de tu hermano Pólux.
- Al fin y al cabo, esto es una guerra mi señor. Es normal que se pierdan vidas.
- Y su sacrificio no será en vano, te lo prometo.
- Estoy seguro de ello… - Castor alzó la mirada para ver a su señor – Mi señor Urano.
