Chapter 10
La realidad para Noiholt era que, por muy bien que se sintió con el apasionado beso que Leon le dio horas atrás, ahora que tenía la cabeza fría nuevamente… veía las cosas de una perspectiva diferente.
Se dio cuenta de aquello cuando abrió los ojos en medio de la oscuridad, presa de una gran agitación y sudando frío gracias a su maravillosa pesadilla. Gorilas, perros, zombies, sapos mutados, Leon… Ada. Qué apropiado…
Suspiró, alzándose para quedar sentada en la cama. Notó que sentía angustia palpable, como si pudiera tocarla… lo que faltaba, ahora me volveré una de esas mujeres que lloran, comen chocolate y ven teleseries. ¿Podría mi vida tener un poquito menos de drama?
Agradeció para sus adentros el tener habitación sola, odiaría tener que compartir su tristeza o que le hicieran preguntas… no dudaba que Robert y David fueran buenas personas, pero eran demasiado "animados" para ella. Mucho. Se sentía cohibida en su presencia y lo único que deseaba era que no la tomaran en cuenta, que no trataran de averiguar sobre su vida… tengo serios problemas sociales, pero es mil veces mejor así.
Volvió a acostarse, cerró los ojos y trató de conciliar el sueño. No tenía sentido preocuparse más por temas que no podía resolver.
Pero a la noche siguiente, lo mismo pasó. En el día cada quien investigó su parte, reportaron a Leon que a su vez entregó la información a Hunnigan, y luego a descansar pues tenían esa noche libre. Robert y David habían invitado a Leon y Noiholt para salir de copas, pero ambos se excusaron con diferentes razones. El primero debía preparan algunos informes más, y la segunda argumentó que le dolía la cabeza. Por suerte no me hicieron más preguntas…
Sólo quería dormir y olvidar sus pensamientos. Pero alrededor de las 2.00am, abrió los ojos de nuevo, igual que la noche anterior. Sentía la misma angustia cambiar el ritmo de su respiración. Mejor saldré un rato a caminar… necesito aire fresco.
Se vistió con ropa abrigada, era invierno en Munich y el clima amenazaba con nieve y lluvias en todo momento, aunque parecía que por el momento sólo estaba helado. Decidió no avisarle a nadie… ¿para qué?, no era necesario. Iba a dar una vuelta alrededor del hotel y regresaría en breve. Bajó las escaleras, ignorando los ascensores. Mejor bajar a pie en vez de arriesgarse a encontrar a alguien que le hiciera demasiadas preguntas. Pasó raudamente la recepción y llegó a las frías calles de Munich… solitarias y cubiertas por la neblina. Casi no se veía nada.
Caminó. Sólo eso. Sus pies se movían mecánicamente, sin seguir órdenes desde su cabeza… era eso lo que quería. No pensar. Y ojalá, no sentir. Mientras andaba, veía a su alrededor y se daba cuenta que cada vez se alejaba un poco más… pero en ese momento, no importaba.
Y de pronto, la sintió. Estaba justo detrás de ella… – Scheiße – murmuró – me tienes Ada, muéstrate.
Escuchó atentamente cualquier cambio en la respiración de la mujer que estaba a sus espaldas… pero nada ocurría. Hasta que de improviso, la sintió moverse. Noiholt se giró rápidamente, bloqueando un golpe que iba directamente a su nuca. Se agachó, alargando un brazo para golpear el estómago de Ada, pero no llegó a concretarlo, pues ella era muy rápida. Ada se echó velozmente hacia atrás y trató de sacar su pistola, pero Noiholt la bloqueó una vez más, golpeando sus piernas para hacerle perder el equilibrio. La morena usó su mano y suspendió su figura en perfecta perpendicularidad, acto seguido cayendo suavemente sobre sus tacones. Intentó golpear a Noiholt de nuevo, pero todos sus golpes fueron bloqueados… y viceversa.
Después de 3 minutos tratando de noquearse la una a la otra y fallando, se detuvieron frente a frente, jadeando por el esfuerzo. Ada sonrió coqueta y la alemana volvió a apreciar lo hermosa que era.
– Sólo quería decir "hola" – ronroneó la morena.
– Bien. Hola – saludó, neutral.
– Eres de pocas palabras.
– Sí.
Ada acomodó su cabello y sacó una cigarrera de plata, con un encendedor. A continuación, caminó un par de metros y tomó asiento en una banca solitaria, algo escondida. Llamó a Noiholt con la mano para que le hiciera compañía. Mientras la alemana caminaba hacia ella, se cruzó de piernas y acomodó su abrigo.
– ¿Fumas? – preguntó Ada.
– Casi no.
– Eso es más un "sí"… ¿quieres un cigarrillo, nena? – ofreció.
Noiholt cogió uno y lo encendió. La morena hizo lo propio, y ambas aspiraron suavemente, saboreando aquel tabaco de tan buena calidad.
Pasaron un par de minutos así. Ninguna rompía el silencio.
Sin embargo, fue Ada la que habló primero.
– ¿No me preguntarás por qué te he seguido? – sonrió.
– No.
– Qué directa… pero te lo diré igualmente. Hay información de utilidad que podría entregarles…
– ¿Segura que quieres hablar conmigo y no con Leon?
– Oh, más de dos palabras en una frase, todo un logro… – ronroneó – no busqué a Leon porque él es tan… correcto, que el origen de esto le impediría recibirlo. Dudo que tú tengas esa clase de escrúpulos. Tampoco digo que carezcas de criterio, pero pienso que eres un poco como yo en ese sentido… con tal de solucionar algo, eliminas tus prejuicios.
– No lo entiendo. ¿Estás con ellos o con… bueno, nosotros o quien sea?
– Creo que la explicación más exacta sería "estoy conmigo".
– Interesante.
– ¿Qué cosa?
– Eso de que no contestas nada con claridad – observó, aspirando su cigarrillo.
– Veo que has pasado un tiempo con Leon… sin duda él te dijo eso.
Noiholt clavó sus grandes ojos color cielo en los de Ada, analizándola impunemente. Ésta se dio cuenta, pero no hizo nada por impedirlo… de cierta forma, no tenía nada que ocultar.
Luego de un minuto, la alemana suspiró.
– Lo quieres.
– ¿Qué cosa?
– A Leon. Tú lo quieres.
– Oye… – Ada sonrió, incómoda – no sé a qué viene tu comentario, pero debes saber que me di cuenta perfectamente de tus sentimientos por él cuando nos encontramos ayer. Y aunque no lo hubiera notado… tu frase "¿qué haces, perra?" habló por sí misma.
– No pude evitarlo.
– Mira Noiholt, a pesar de lo frío que es mi trabajo, yo te entiendo. Es fácil enamorarse de él.
– Él también te quiere, Ada – murmuró, bajando la cabeza.
– Nosotros no podemos estar juntos.
– ¿Cuál es el significado real de esa frase?
– Qué lista eres, alemana.
Ada tiró su colilla al suelo, sin preocuparse de aplastarla con el pie pues el frío de Munich se encargó de apagarla completamente.
– Sería más fácil para mí si no lo quisieras – habló Noiholt, saboreando su tabaco.
– ¿Por qué?
– Sería una competencia sin reglas. Yo podría hacer cualquier cosa para estar con él, y no me sentiría mal al respecto.
– ¿Pero en este caso no puedes?
– No.
– Pues yo no veo la diferencia. El resultado siempre será el mismo para Leon y yo.
– ¿Por qué lo dañaste cuando estuvieron en Raccoon?
– ¿En serio crees que lo he dañado?, es algo relativo.
– Dime al menos eso.
– Qué pregunta… – suspiró, poniéndose de pie – te diré que le haría más daño estando con él.
– Himmel…
– Eres una buena chica.
Noiholt apagó su cigarrillo y espiró el humo, acomodándose en su abrigo de piel sintética y notando recién que estaba muerta de frío. Pero era más que el clima, sentía el hielo en su pecho, por dentro. Ada se acercó a ella y le dio un suave toque en la mejilla.
– Revisa esta información si lo deseas… o puedes entregársela a Leon sin verla, es tu decisión – le entregó un mini disco.
– Bien – respondió, tomándolo y guardándolo en uno de los bolsillos de su abrigo.
– Para ti – le entregó la cigarrera – por si lo necesitas. Y… cuida de él. Es bastante confiado.
Esa última frase fue como una puñalada al corazón. Levantó la mirada, y sus ojos celestes no detectaron malicia o sarcasmo en el semblante de Ada… tal parecía que era sincera en su petición. Noiholt asintió suavemente, no sabía qué decir.
La morena sonrió, y girando sobre sus talones, caminó en alguna dirección, desapareciendo en breve.
Fue como sentir en la piel la llegada del invierno. Era tanto el frío de su corazón que su sangre circulaba espesa por su cuerpo. Esto duele mucho…
Entalló el gorro peludo de su abrigo en la cabeza y miró hacia todos lados… estaba sola, eran las 02.27am y el clima amenazaba con ponerse a nevar. Pero no había nadie alrededor que la viera, o la molestara, o le preguntara qué hacía allí en la madrugada. Así que en vista de las circunstancias, hundió la cara entre sus manos enguantadas y desahogó todo el dolor de su encuentro con Ada. Esa mujer había logrado herirla en lo más profundo de su alma y lo peor, ni siquiera era malvada. No podía, no sentía deseos de venganza.
Y en todo caso, ¿de qué me tendría que vengar?, lo quiere… es sincero su sentimiento… yo no puedo sentir rabia ante eso, aunque sí me duele. Y Leon también la quiere… ¿qué puedo hacer?, ¿es que sólo soy su premio de consuelo porque no puede estar con ella…?
El dolor aumentó con ese último pensamiento. Premio de consuelo…
Leon estaba comenzando a inquietarse por Noiholt, cuando la vio llegar. Se había percatado que no se encontraba en su habitación cuando fue a buscarla para ver cómo se encontraba, pues no habían tenido oportunidad de hablar durante el día. Y como nadie contestó, decidió marcharse para volver más tarde… y ver que no había vuelto aún.
Tomó una chaqueta abrigada y recorrió el hotel buscándola. Preguntó a recepción y le confirmaron que la vieron salir alrededor de media hora antes. ¿Por qué Noiholt iba a dar un paseo a las dos de la mañana con el terrible frío del invierno alemán?, aunque fuera su país natal, no tenía sentido. Decidió esperarla alrededor de la entrada y si no aparecía luego, tendría que ir por ella asumiendo que estaba en problemas.
Mientras pensaba en eso, la vio. Llevaba un abrigo de piel sintética negro, botas altas y guantes de lana. Iba caminando a paso rápido y aparentemente no se dio cuenta que la esperaba, pues tomó una dirección diferente y no se acercó a hablarle.
Leon se dio vuelta y decidió darle alcance. La atajó de un brazo cuando llegaba a una de las escaleras contigua a los ascensores.
– Hey… ¿dónde estabas?
– … – quería decirle que sólo había salido a dar una vuelta porque tenía nostalgia de su país –sólo di una vuelta… – consiguió decir, sin atreverse a darle la cara.
– Así veo, me refiero a que ni siquiera me avisaste. ¿Estás bien?
– … – quería decirle que sí, que estaba estupendamente, que era feliz con tan sólo tenerlo cerca de ella – algo…
– Noiholt, date la vuelta – le ordenó, preocupado.
La chica le hizo caso. Se giró hacia él, su cabeza aún amparada por el gorro peludo de su abrigo. Leon chasqueó la lengua y tiró de él, liberándola de su protección. Se encontró con un escenario que no esperaba, pues frente a él veía una alemana de piel más pálida que de costumbre, ojos hinchados, nariz enrojecida y labios morados, casi azules por el frío. Frunció el ceño.
– ¿Te das cuenta que estás al borde de la hipotermia? – la regañó, mientras jalaba de su brazo para guiarla hacia los ascensores – te llevaré a mi habitación, porque tengo la chimenea encendida y necesitas calor de inmediato.
– No te molestes, también tengo… – pero dejó de hablar, porque cuando vio a los ojos de Leon, se dio cuenta que estaba furioso y que sus palabras sólo echaban pólvora a la mecha. Bajó la cabeza y mordió su labio inferior, sin saber qué hacer.
Leon había apretado el botón para llamar a los ascensores, pero Noiholt sólo pensaba en escapar. En salir corriendo donde nadie la viera o le hicieran preguntas. No quería enfrentarse a los cuestionamientos del agente. Y que averiguara que había pasado esa media hora fuera con Ada, fumando como si fueran amigas de toda la vida… se le revolvió el estómago de pensar en el interrogatorio que se armaría.
Apenas el ascensor abrió sus puertas, Leon metió a Noiholt dentro de él con escasa delicadeza. Apretó el botón para llegar al piso donde se alojaban, y esperó que empezara a subir.
Parecía demorarse una eternidad. Nunca le había desesperado tanto un elevador.
Se giró hacia Noiholt, que continuaba con la cabeza gacha y los labios morados… ¿qué había pasado con aquel lozano tinte rosa que recordaba?, más que eso… ¿por qué tenía tan mal semblante?… maldito ascensor, te agarraría a patadas para que te apures…
Avanzó un par de pasos y tomó a la chica por los hombros, haciendo que ésta levantara la mirada, sorprendida. Acto seguido, la abrazó con fuerza, guiando su cabeza rubia hacia su pecho para encontrar algo de calor.
– ¿Qué está mal? – preguntó Leon, pegando su mejilla a la congelada de ella – ¿qué no me has dicho?, te fuiste sin avisarme… ¿y si te hubiera pasado algo? – Noiholt se mantenía en silencio… no sabía cómo responder a esa pregunta – háblame… no sabes lo difícil que es adivinar qué te ocurre. ¿Has dejado de confiar en mí?
– ¡No! – exclamó, saliendo de su mutismo.
– ¿Qué es, entonces?
– … – quería decirle que no era nada, inventar que estaba con el periodo y por eso andaba sensible… cualquier cosa que la hiciera olvidar lo que había pasado en verdad.
En ese momento el ascensor por fin llegó a su destino. Leon se alejó un poco de Noiholt y la cogió del brazo nuevamente, llevándola a su habitación. Mientras sacaba la llave, observó que la chica parecía estar un poco más compuesta que cuando llegó. Abrió la puerta, la hizo entrar y cerró de inmediato. Tiró el llavero a cualquier parte y le quitó el abrigo, de nuevo sin ninguna delicadeza. La empujó hasta quedar frente a la chimenea y le ordenó con la mirada que no se moviera de ahí hasta que recuperara el color.
Por mientras, él volvió a su laptop y continuó escribiendo lo que parecía ser un informe.
Pasaron unos minutos que a Noiholt le parecieron eternos. Usó su habilidad para no hacer ruido y se desplazó como un felino hacia su abrigo, sacó el mini disco y se colocó sigilosamente tras Leon. Alargó la mano antes de decir nada.
– Este mini disco tiene información de utilidad – dijo, preparándose para la pregunta que no quería escuchar.
– ¿Cómo lo conseguiste?
– Me lo dio Ada… – murmuró.
Leon se dio vuelta en su silla, cruzándose de brazos con expresión extraña. Noiholt observó atentamente sus ojos, buscando algún signo de necesidad, de deseo, por la morena. Quería saber qué tanto le había afectado saber que estuvo con ella a espaldas de él. Pero sólo encontró confusión, probablemente no sabía qué pensar al respecto.
– ¿Ya lo has revisado? – dijo Leon, finalmente.
– No. Lo recibí hace poco.
– ¿Cuándo?
– Ahora que estuve fuera…
Parece que Leon no había relacionado su salida con la obtención de ese disco. Y ahora se veía… confundido aún, enojado… ¿triste?
Noiholt tragó saliva. Tal parece que tendrían una larga noche de conversación.
Hola a todos! :) espero que este capítulo sea de su agrado ^^
Tal parece que Ada no sólo afecta la salud mental de Leon, también la de la pobre Noiholt xD
Fatty Rose Malfoy: Aunque Ada no sea mi favorita para Leon, su personaje igual me gusta mucho *.* creo que se nota en este capítulo xD ¿te he dejado con la intriga otra vez? :D
Jennifer: Pues sí, Ada hará de las suyas en esta historia ^^ tiene harta cuerda aún jajajajaj, le va a hacer la vida de cuadritos a la pobre alemana xDDD
Ary Valentine: linda! *.* te dio risa lo del beso francés?, es que se vería extraño si ponía "entonces Leon usó su lengua como una máquina de caricias", aquí no pega, en otro fic mío usé esa frase (con Ranma, creo) pero ahí sí quedaba bien, aquí no hay lemmon (aún) xDDDD
Jajajaja, ese David parece que le despertará el gen "celos" a Leon, mmm… no me spoilearé, pero quien sabe xD
¿Ada al carajo?, leí eso y me maté de la risa xDDDDD wajajajja!, Leon es un playboy lindo… *.* es un playboy "perdonable" :P
No puedo dejar de nombrar a Shock Theater y Sarah XX que me siguen y aunque no siempre pueden dejarme review, sé que siempre me leen ;) gracias!
Nos vemos en el próximo :D
