Capítulo 9

Después de esa noche las cosas no cambiaron mucho, Seiya se vea a escondidas con la princesa todas las noches aunque debían ser muy cautelosos para que nuestra condición no quedara al descubierto, muchas veces pedían de mi ayuda para apoyarlos en sus locuras, la princesa en verdad era un mujer bastante audaz para la época y el Zar lo sabía muy bien, es por eso que siempre la protegía con no menos de 10 guardias a su alrededor, ¿cómo se escapaba por las noches? Simple, Seiya se escabullía con maestría en el palacio y entraba por su ventana, eso era lo más sencillo, y luego siempre lograban distraer a los guardias para salir por un pasadizo secreto escondido en la recámara de ella. Sin duda era un amor salvaje, tan salvaje que llevó a mi amigo a la destrucción…

En momentos como estos lo extraño, llevo tantos siglos en soledad que quisiera escuchar aunque sea un reproche de su parte, pero es inevitable sentir agobio al saber que no volverá, que hasta a un ser inmortal como nosotros nos llega la hora.

Llevábamos varios años en Moscú, la princesa y Seiya seguían con su romance a escondidas, aunque era un secreto a voces en la sociedad. Yo como siempre cubriéndole las espaldas con el Zar y siempre lo persuadí de que las habladurías eran solo eso y nada más. Con el tiempo creo que Seiya se fue enamorando del espíritu libre y joven de aquella bella dama, de su rebeldía, era como un espíritu del bosque, como las ninfas, tal vez es por esto que le confesó nuestro más oscuro secreto. Quise matarlo cuando me lo dijo, ella no debía enterarse, pero ya estaba hecho y no había vuelta atrás.

La primera vez que ella nos vio con otros ojos, ya sabedora de nuestra naturaleza, nos dio una mirada de reproche, de condenación más nunca de temor, ella no temía a nada, sin duda era muy fuerte. Recuerdo que se acercó a mí y tomó mi rostro en sus manos

-Ahora comprendo ese gélido mirar y la falta de tibieza en sus manos.

-Y no nos temes? Somos criaturas muy peligrosas, predadores, ahora ya no estas a salvo entre nosotros- fue mi fría respuesta

-No, yo no temo morir, es más, me intriga saber más sobre ustedes, la cuidad hace un par de años habla de criaturas nocturnas pero siempre creí que eran supersticiones absurdas de plebeyos ignorantes, pero ahora veo que los tenía más cerca de lo que creí.

-Y no te sorprende?- La miré fijamente

-En cierto modo, sí, pero ya creía que Seiya no era un ser humano ordinario.

-Ves? Soy muy bueno en lo que hago!- reía Seiya ante las palabras de su princesa.

-Que modestia!- le dije sin dejar de mirar a Rei.

-Claro, ella se merecía saber nuestros dones- aclaró Seiya como excusándose de habérselo contado.

-No me debes explicaciones inútiles, lo hecho, hecho está, ahora debes preocuparte que nadie más lo sepa, ya sabes que pasaría, esta cuidad ya no es la misma que cuando llegamos, se ha expandido bastante y una revuelta podría ser perjudicial para nosotros.

Ambos asintieron ante mis advertencias, yo sabía que ahora había que ser mucho más cautelosos que antes, pero no pude imaginar que el Zar tenía algo entre manos.

Así pasaron los noches con tranquilidad, ellos seguían en su romántica esfera de pasión, mientras que yo les cuidaba el pellejo; una noche como cualquier otra, muy poco después del atardecer me tocó ir a palacio por petición del monarca, cuando entré, me esperaba con su séquito de guardias en la entrada, quedé bastante impresionado, eran unos 200 hombres dispuestos a dar su vida por su rey, los observé con desprecio y seguí mi camino hacia donde estaba el Zar, me esperaba con una mirada acusadora, él sabía algo que yo estaba tratando de esconder…

-Su Excelencia, lo esperaba- me dijo cuándo me presenté ante él

-Buenas noches Majestad- hice una reverencia ante él- de qué trata el asunto tan importante que debe discutir conmigo.

-Es sobre su protegido y mi hija- me dijo sin rodeos, sin duda Rei heredó el carácter de su padre.

-Se refiere a Valois?- dije aparentando incredulidad

-Exactamente, mis hombres han seguido a mi hija y saben que ésta se encuentra en su mansión, tiene algo que decir al respecto?

Se me agotaban las palabras, él lo sabía, y si decidía mandar a sus guardianes a la mansión yo no estaría allí para protegerlos.

-Pues creo que sus hombres Majestad, deben de informarle mejor, su hija debe estar en sus aposentos, y le aseguro que el Duque de Valois no se encuentra en la mansión, está de viaje por Europa- le dije tratando de convencerlo de su error.

-Ya basta de engaños!- gritó azotando lo copa que tenía en las manos contra la pared- lo sé desde hace mucho tiempo, sólo esperaba el momento perfecto para concretar mis planes.

-Y qué es lo que sabe? Majestad?- pregunté con arrogancia, de cualquier modo yo podría persuadirlo de sus ideas.

-Tienes idea de lo que he hecho con personas que han sido menos altaneras conmigo? Te aprovechas de tu posición ante mí, pero es hora de terminar con esto. Sé que ellos son amantes los he visto por los pasillos descaradamente demostrándose pasión. Sólo te llamé para que lo supieras y fueras testigo de su ejecución.

-Ejecución?- ahí estaba, nuestro más grande temor, cómo explicar que no moriría?

-Y tu castigo será la muerte por conspirar contra la corona y proteger a un traidor. Guardias!- gritó el Zar y en un segundo vi como una montaña de brazos de abalanzaban contra mí. A pesar de mi gran fuerza no pude más que someterme, no podía dejar en evidencia mi propia naturaleza, me llevaron a los calabozos y me dejaron allí esperando mi ejecución.

Pasaban las horas y trataba de sentir la presencia de los amantes ya descubiertos en el palacio, pero no sentía nada, tal vez aún no los encontraban, yo estaba tranquilo, después de todo lograría salir del calabozo sin mucho esfuerzo pero debía esperar. Cuando eran cerca de las 3 de la madrugada, llegaron 5 guardias con Seiya encadenado y lo encerraron en el calabozo junto al mío. Seiya los miraba con odio y se mofaba de ellos

-Jajajaja y creen que aquí voy a quedarme? Ya verán lo que les pasará cuando salga- les advertía mientras los guardias lo miraban con desprecio

-Ya ves lo que nos sucedió por tus imprudencias? Te dije que debías ser cauteloso! Pero a ti se te ocurre revolcarte con tu princesa en los pasillos del Palacio! Que imbécil eres! Estúpido! Ahora tendremos que irnos de este lugar para siempre! Te lo advertí y me arrastraste contigo! Jamás debí ayudarte!- le reproché con toda la furia que tenía dentro, quería desangrarle, quería cortarle la cabeza, estaba realmente furioso.

-Tranquilo Excelencia, no te alteres, ya saldremos de esta, además ya quería irme de aquí jajaja- dijo en su típico tono de burla.

-Excelencia? Deja de decir estupideces y piensa en lo que haremos para salir victoriosos de esta. Además, qué pasara con la entrometida de tu princesita? ya sabes lo que le pasará?.

A Seiya le cambio la mirada por completo a una que jamás había visto en él. Era angustia y preocupación, realmente estaba enamorado de ella.

-Con que no habías pensado en ella…lo más seguro es que su padre la condene a la muerte, ya sabes cómo son estos tipos y su orgullo herido, con suerte la enviarán al exilio, y todo por tus estupideces!-seguía gritándole.

-AAAAA!-gritó Seiya lleno de impotencia al saber el destino de su amada- Debemos salir de aquí en seguida Darien- y diciendo esto, de un solo golpe derribó la reja que lo separaba de la libertad, el guardia que estaba sentado observando nuestra discusión se puso de pie para volver a encerrarlo pero Seiya le cayó encima exterminándolo al instante, bebió toda su sangre y con ella supo los planes malévolos del Zar- Estamos en peligro- fue lo que me dijo antes de derribar la reja que cubría mi calabozo.

-Qué fue lo que viste?- le pregunté intrigado.

-El Zar sabe de nosotros, sabe qué tipo de criaturas somos, está planeando matarnos al amanecer- me dijo con el rostro desfigurado.

-Antes debemos ir por la princesa, ella no puede correr la misma suerte- le dije para hacerlo reaccionar- debemos huir con ella.

-Sí, seguramente la tiene encerrada en su alcoba, vámonos.

Y nos fuimos a la habitación de la princesa que estaba protegida por 4 guardias armados con espadas. Al vernos, los guardias se prepararon para luchar, no fue difícil esquivarlos y matarlos al instante, bebí de ellos para saber exactamente lo que planeaba hacer el Zar, Seiya abrió de golpe la puerta y ahí estaba la princesa con la cara llena de golpes y la espalda sangrando por las heridas propinados por los latigazos de su padre.

-No hay que perder tiempo- Les dije- Esto es peor de lo que esperábamos.

Seiya tomó en sus brazos a Rei y salimos inmediatamente del palacio con rumbo hacia hacía nuestro carruaje, nuestros caballos transilvanos corrían a una velocidad difícil de alcanzar por otros y nuestro destino sería España, pero nos refugiaríamos algún tiempo en Alemania para distraer a la guardia imperial. El viaje a Alemania duraría varios días, pero era la única opción que teníamos de salir los tres con vida.

Cuando íbamos saliendo de Moscú, un grupo de 300 guardias imperiales nos interceptó haciendo que volcara el carruaje, en el accidente la princesa salió gravemente lastimada, Seiya estaba lleno de ira, su princesa iba a morir y él viviría para siempre sin ella, se abalanzó sobre los guardias eliminando a la mayoría de ellos, su fuerza era impresionante, estaba poseído por la rabia, cuando yo recuperé el equilibrio luché junto a él para librarnos de aquellos molestos guardias, pero cuando creímos que saldríamos victoriosos, más y más guardias llegaban, eran un mar de golpes y espadas que sentíamos caer sobre nuestras heladas pieles pero sin efecto alguno de muerte, ninguno de ellos se sorprendió, sabían muy bien con qué tipo de criaturas estaban lidiando, el agotamiento era evidente, si bien los golpes y las estocadas no nos herían, el cansancio de la lucha se apoderaba de nuestros cuerpos, hasta que en un intento desesperado nos abatimos ante todos ellos y sin percatarnos de la presencia del Zar entre la multitud, una fuerte punzada se hundió en mis entrañas sin dejarme realizar movimiento alguno…

-Una…espada de... plata?- balbuceé ante el inminente dolor que ésta provocaba dentro de mí

-Darien!- Gritó Seiya cuando vio mi sangre muerta derramada en el piso- inmediatamente se dirigió hacia mí, siendo víctima de nuevos golpes.

La daga estaba enterrada al costado de mi abdomen, sentía como el filo de la plata clavaba dentro de mis entrañas y destruía todo a su paso…¿acaso había llegado mi hora?