Cuando Rose salió de la habitación de William ya era media tarde. La joven miró por una de las ventanas, sorprendida por la hora. Vio a lo lejos como los campesinos recogían los aperos de labranza y a los pastores traer de vuelta el rebaño. Todo el mundo volvía a sus respectivos hogares antes de que se les echase la noche encima.

Se apartó de la ventana y fu hacia su cuarto. No le sorprendió encontrarse a su familia al completo por los pasillos, escrutándola con severas miradas. Rose no se atrevió a mirar a su tía a los ojos, pero por lo demás actuó como si la situación la sorprendiera. Los saludó amablemente, y fingió sorprenderle sus ojos acusadores.

-Rose –dijo su madre. Parecía turbada-. Ha pasado algo, algo grave.

-No entiendo qué tiene que ver eso conmigo, Madre –respondió Rose, tan tranquila que incluso ella misma se sorprendió.

-A tu tía le ha desaparecido un libro de la biblioteca –se apresuró a añadir su padre-. Dice que fuiste tú –hizo una pausa dramática-. ¿Fuiste tú, Rose, le cogiste el libro a tu tía?

Rose se encogió de hombros con sorprendente naturalidad y sonrió. Ahora sí que se atrevió a mirar a Neriah.

-No tengo ni idea de lo que puede contener ese libro. Espero que lo encuentres, Tía, pero yo no lo encuentro.

Observó que tanto su padre como su madre emitían suspiros de alivio. Sus abuelos parecías más relajados. Sólo su tía conservaba el gesto serio.

-Lo siento, Rose, pero tu palabra no es suficiente. Déjanos registrar tu habitación.

La joven volvió a encogerse de hombros. Respiró hondo.

-Por supuesto, lo entiendo –acto seguido los condujo a su habitación. Ella misma abrió la puerta y los invitó a pasar-. Os rogaría que no me desordenéis demasiado la habitación.

Rose se cruzó de brazos y se sentó en la cama. Se apoyó en una de las barras que componían el dosel y esperó. Vio como toda su familia ponía literalmente su cuarto patas arriba. Pasado un buen rato, el único mueble que aún se hallaba libre del registro era el arcón. Al verlo, Neriah fue hacia el objeto y lo abrió. Empezó a sacar la ropa de Rose.

-Hay un fondo falso, por si te place mirar ahí –apuntó Rose, impasible y sonriente-. Pero ya os aseguro que no vais a encontrar ese libro por aquí.

Al oírla, su tía empezó a rebuscar por el fondo del arcón, pero Aurora se precipitó hacia ella. La tocó un hombro, tajante.

-No –dijo. Neriah asomó la cabeza y miró a su sobrina con gesto enfadado. Aurora no le hizo caso y se volvió hacia su hija-. Te creo, Rose, lamento mucho haber dudado de ti.

-Está claro que aquí no sacaremos nada en limpio. Vámonos –añadió Philip.

El grupo se marchó en silencio. Mandaron a un par de doncellas a que recogieran el estropicio dejado. Rose permaneció allí, sentada en la cama, sin moverse ni un centímetro. Observaba a las doncellas con gesto gélido, impasible e impenetrable. Las dos mujeres se afanaron por terminar su trabajo, más por el súbito terror que les inspiraba la princesa que por otra cosa.

Sólo cuando éstas se marcharon Rose dio rienda suelta a toda la euforia acumulada. Rió de pura felicidad; era una hechicera poderosa, que no necesitaba conocer inútiles hechizos como los demás, tenía en su poder un libro que le daría toda la satisfacción que podía desear…Y lo mejor, tenía a alguien que la amaba, alguien en quien podía confiar.

Recordó el trato que tenía con William. A partir de ahora, cuando salieran, ella practicaría y aprendería el lenguaje arcano. Siempre irían solos; quizás algún día los acompañaría el criado de William, que era sordomudo, y en consecuencia inofensivo.

Cerró los ojos y se durmió al instante, con una plácida sonrisa en el rostro. Cuando Aurora entró, ya por la noche, para ver como estaba, no pudo evitar conmoverse. Luego le diría a su marido que había visto a la Rose niña aflorar en el cuerpo de la Rose adulta.


-Os digo que esa chica tiene mi libro.

Ahora que ni Aurora ni Philip estaban presentes, Neriah se estaba desquitando de lo lindo. Se sirvió una copa de vino llena hasta los topes y se la bebió en dos tragos. Cogió otra vez la botella y volvió a llenarse la copa.

-Y os juro que nos ha toreado, nos ha toreado bien. No sé dónde demonios lo tendrá escondido, pero…

-Neriah, basta, ¿de acuerdo?

Aunque sereno, el tono de voz de su hermana era tajante. Neriah la miró, enfadada. Apretó los labios.

-Aún no me lo creo –dijo Stefan, sentado en un sillón frente a la chimenea recién encendida-. Se me hace raro imaginarme a Rosie como…-vaciló-. Como una…

-¿Como una bruja? –farfulló su cuñada, resignada-. No, la verdad es que nadie se lo imaginaba.

-Y creo que tú la que menos –se apresuró a añadir Fleur, con un amago de sonrisa divertida-. Tenemos en casa a una chiquilla capaz de vencer a la todopoderosa Maleficent, Stefan, fíjate.

-Vete al cuerno. Si no queréis creerme allá vosotros. Seré yo la que se ría cuando Rose provoque una catástrofe. Dirá "¡Oh, cuánto lo siento, fue sin querer!" y sus padres se lo creerán a pies juntillas.

El matrimonio intercambió una mirada preocupada. Fleur palmeó amablemente el hombro de su hermana.

-Vamos, Neri, sólo bromeaba.

-Ese es el problema, que aquí solo se bromea mientras esa chica sigue haciendo lo que le viene en gana.

-¿Y qué quieres que le hagamos, Neriah? No hemos podido encontrar ese maldito libro en su habitación.

Stefan sonaba molesto, casi furioso. Neriah se apartó de ellos con violencia y se acercó a la ventana. Casi había anochecido del todo, pero aún se podían ver los últimos rayos de sol en el horizonte, tiñendo de aloque una parte cada vez más pequeña del cielo.

No, no sabía qué hacer. Aurora y Philip no verían con buenos ojos cualquier medida que ella pudiera intentar. Se negaban a aceptar la verdad; para ellos Rose seguía siendo su bebé, su Rosie, una criatura completamente inocente. No podía volver a acusarla porque nadie la creería. Además, la situación era demasiado delicada; Rose iría directa a la hoguera si todo ese asunto salía a la luz. A priori, su sobrina era intocable…

…Intocable, pero no del todo. Neriah esbozó una sonrisa sin apartarse del alfeizar de la ventana. Algún día Rose cometería un error, algún día se descubriría ella sola. Y Neriah estaría allí, por supuesto, estaría allí para arrebatarle el libro e impedir que la muchacha siguiera maquinando. La detendría, claro que sí.

"Pero tiempo al tiempo", se dijo. "Tiempo al tiempo…"